Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.
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Ravenna18: Muchas gracias por comentar, linda. Nos seguimos leyendo ¿verdad? Harry.
Guest: Gracias. Saludos, Harry.
A Frozen Fan: Lo de Winnie es verdad, pero esto ya es el siglo XXI y yo apuesto por Winona jejeje, me alegra que el fanart haya sido de tu agrado.
En cuanto a Hans y Maren, todo a su tiempo querida, todo a su tiempo, ¿alguien más entre Hans y Elsa además de Maren? supongo que tienes que leer para averiguarlo jojojojo. Diablos, señorita, usted sí que sabe como manejar la tensión sexual.
Muchas gracias de nuevo por dejarme topar pequeñas partes de BEMT, ese fic es arte. Saludos y abrazos virtuales mi estimada. Harry.
Elsa.
La segunda parte de la despedida comienza a media mañana, primero se reúnen para desayunar y después se marchan al spa. Elsa revisa su teléfono constantemente para ver si tiene algún snap del pelirrojo, decepcionándose cada que encuentra su bandeja vacía.
El momento de comenzar a arreglarse llega por lo que vuelven a sus habitaciones, las maquillistas y peluqueras se encargan de ponerlas presentables a tiempo para la ceremonia.
—Estás increíble— halaga Anna tras de ella.
—Tú también— Elsa sonríe.
Iduna entra apresurada.
—Hora de irnos— anuncia—, tenemos que llegar antes que Gen y sus padres. Kristoff y Olaf llegaron, deben irse con Punzie, Eugene, Winona y Merida en la misma limusina, su padre y yo pasaremos por Roy para irnos en el coche.
Las hermanas asienten, toman sus ramilletes y bajan hasta el hall para encontrarse con el resto de los muchachos, el chofer los lleva rápido hasta el salón.
—Esto debió costar una fortuna— Eugene silba al ver la decoración—, y ustedes sí que se ven bien.
Las cuatro damas de honor portan el mismo vestido en color azul rey que deja al descubierto las clavículas y que contrasta perfectamente con su piel blanca a juego con zapatos de tacón─ Merida incluida─ transparentes. Elsa lleva el cabello rubio en una apretada coleta alta, la peluquera ha logrado recoger los indomables rizos pelirrojos de Merida en un moño en lo alto de la cabeza con varios mechones sueltos para enmarcarle el rostro. A Anna, por otro lado, le han rizado el cabello en ondas mientras que Punzie solo lleva varias cuentas azules en el corto cabello castaño. Una cadena con un dije diferente─ regalo de su difunto abuelo materno─ cada una adorna sus cuellos. Un copo de nieve para Elsa, una flecha para Merida, un sol para Rapunzel y un muñeco de nieve para Anna.
—Quiero una boda así— dice la morena con ilusión, su compañero finge que no la escucha.
—¿Cómo me veo? —pregunta Olaf a la blonda. Elsa sonríe con ternura al contemplar a su amigo, se ha cortado y peinado el cabello negro, lleva unas gafas nuevas y un esmoquin bien planchado—. Traigo las gafas caras.
Elsa ríe ante eso antes de mirar a su hermano bajar de un elegante coche blanco junto a sus padres, un convertible en color negro y una camioneta de la misma tonalidad se estacionan más atrás.
—¿Me arreglas el moño? —Merida la jala aparte de Anna y Punzie—, Hans acaba de llegar junto a una tipa que se cae de buena.
Elsa, que finge acomodar un par de rizos pelirrojos, entrecierra los ojos.
—Me da totalmente igual, no puedo creer que tuvieras que traerme hasta acá para decirme esto. Además— añade para distraerse de la creciente colera en su interior—, no deberías estar viendo más mujeres, tienes novia y es preciosa.
—Esta tipa no es ni de cerca tan guapa como Winona, más te vale poner esa cara de póker tan tuya ahora mismo porque el hijo de perra se está acercando y no viene solo— advierte y Elsa, con molestia, no duda en obedecer cuando vuelven junto a los demás.
Sus orbes azules recorren a la chica junto al bermejo por pocos segundos, la joven va ataviada en un ajustado vestido color crema que marca las curvas y contrasta con la piel ligeramente bronceada, lleva unos zapatos de plataforma a juego y el cabello castaño oscuro recogido en una coleta similar a la suya. Sus facciones nórdicas se realzan con el maquillaje ligero. Merida ha tenido razón, aquella perra arribista se cae de buena. Olaf, parado a su lado la mira, embobado, hasta que la blonda enreda sus delgados dedos con los suyos.
"Ni siquiera la conoces, Elsa. No debes pensar en ella de esa manera" se reprende mentalmente.
—¿Ves, loca? —le dice el bermejo a Rapunzel—, mi novia es real y no un invento mío.
—Soy Rapunzel, pero llámame Punzie— dice su prima alegremente mientras le tiende la mano, la desconocida la sacude con una sonrisa pintada en la cara—. Soy la prima del novio.
—Yo soy Eugene, pero todos me dicen Flynn— el moreno le lanza una mirada coqueta que quita cuando las uñas de Rapunzel se ciernen sobre su antebrazo disimuladamente—. Primo de Hans, seguro que te ha hablado mal de mí.
—¿Este es el hippie mantenido bueno para nada del que te quejas? —pregunta la muchacha en dirección de Hans, Merida contiene una risa al ver la mirada desencajada de Eugene.
—El mismo, pero hazte para acá cariño, no quiero que se te pegue el olor a marihuana— Elsa finge que no nota como el colorado acerca a la castaña hacia él mientras sus orbes esmeraldas están fijos en ella—. Déjame presentarte al resto, pero no por eso más importante.
Merida y Anna bufan, Elsa logra mantenerse impasible. Kristoff, Olaf y Winona se miran entre ellos.
—La pelirroja de ahí— hace una seña con la cabeza en dirección de la escocesa— es Merida, también es prima de Roy.
—Ya veo— la desconocida le sonríe a Merida con empatía.
—La otra pelirroja, pero más enana y la rubia desabrida son las hermanas de Roland, el oxigenado es Kristoff, el paliducho se llama Olaf y ella es… pues no sé— los ojos color jade del muchacho no abandonan en ningún momento los de la rubia, analizando sus expresiones. Elsa crispa los puños con disimulo—. Honeymaren Nattura, mi novia.
—Discúlpame que te lo diga— dice Anna después de sacudirle la mano a Honeymaren—, pero te ves demasiado decente para salir con el inútil de Hans. Soy Anna, por cierto.
—¿No vas a saludar a mi novia, Elsa? —Hans tuerce la boca en una sonrisa calculadora, se vuelve hacia la castaña—. Tienes que disculparla, es una chiquilla frígida con aires de grandeza que mira a todo el mundo por encima del hombro.
"Maldito cabrón" piensa, pero curva la boca en una sonrisita encantadora y se aproxima hasta Honeymaren para apretarle la mano delicadamente sin soltar la de Olaf "que no te afecte, no sientas. No sientas".
—Ay Hansy, como te gusta hablar mal de la gente— dice con una sonrisa afilada que se vuelve amable cuando se dirige a Honeymaren—. Elsa Solberg, encantada.
—El gusto es mío— contesta la castaña—. Lo lamento mucho, Hans es un grosero de primera, si su Babushka lo viera…
—No es necesario que la señora esté presente— se mete Merida—, mi prima sabe cómo poner en su lugar a este cabrón— Hans le lanza una mirada acida—. No me digas que no te ha contado de la paliza que le puso Elsa el primer día de los ensayos.
Honeymaren mira a Hans de inmediato, pero el bermejo está pendiente de las manos unidas de Elsa y Olaf.
—Es cierto— confirma Eugene con una carcajada burlona—, no lo había escuchado gritar tanto como la vez que se cayó del caballo ese que su abuelo le regaló… ¿cómo se llamaba, viejo? ¿Catador?
—Sitrón, y no hables de él así. Es un caballo pura sangre que cuesta más que todas tus cámaras y aparatos de director de cuarta juntos.
—Ajá, mi padre tiene un montón de esos, como sea, gritabas igual que una niñita cuando Elsie te jalaba el cabello.
Hans abre la boca para decirle unas cuantas cosas a su primo, pero Aurora*, la organizadora, se acerca a ellos y no lo deja hablar.
—Ustedes tienen que irse ya— apunta a Kristoff, Eugene, Olaf y Winona—, las damas de honor deben esperar a la novia y el padrino al novio…
—Ya lo sabemos, lo ensayamos un montón de veces— se queja Eugene.
—Pues a sus posiciones ¡ahora! —los tres muchachos y Winona dan un bote antes de dirigirse a sus lugares—. Hans, lárgate junto a Roland ya— el ruso se aleja junto a su novia y Elsa suelta el aire que no sabía que estaba guardando—, la novia acaba de llegar, rápido chicas.
Genevieve baja de la limusina junto a sus padres, la madre de su cuñada se despide y se aleja en dirección de la capilla al aire libre donde se llevará a cabo la ceremonia.
—¿Lista? —pregunta Anna, sujetando su ramillete con emoción. Genevieve asiente y se aferra al brazo de su padre cuando la marcha nupcial comienza a sonar.
Las damas de honor hacen su entrada en una fila ordenada que inicia con Anna seguida de Punzie, con Elsa a continuación y Merida al final, se posicionan en sus lugares al lado de la novia, quien no tarda en entrar, Elsa sonríe al ver a su hermano enjuagarse una lagrima cuando sus ojos azules se centran en Genevieve.
La ceremonia termina hora y media después con los novios besándose y el atardecer a sus espaldas, los invitados aplauden y vitorean, incluso Elsa ve a Merida enjuagarse un par de lágrimas a escondidas porque ella también lo hace.
—Su mesa es la de allá— dice Aurora cuando todos se dirigen a la recepción—, a la derecha de la mesa de los novios y los padres.
—¿Por qué? —Merida arquea una ceja—, creí que las damas de honor y sus parejas se sentaban con el padrino y sus acompañantes.
—Roland lo cambió ayer, dijo que era para prevenir que Elsa y Hans no hagan una escena— explica con un encogimiento de hombros—. Ahora siéntense y disfruten de la fiesta.
Elsa no dice nada porque no le apetece sentarse con Hans y aquella chica a la que está esforzándose por no odiar injustificadamente y, al igual que en los ensayos, las ideas del colorado no son las mismas, porque el desgraciado corre a Lars para sentarse justo frente a ella, en el extremo izquierdo de la mesa de los novios.
Decide ignorarlo, concentrándose en Olaf a su lado.
—Entonces —comienza con una sonrisita dulce, el mejor amigo de su hermana siempre le ha parecido tierno, como el hermano varón pequeño que no tuvo—, ella te gusta ¿no?
El pelinegro se sonroja.
—¡¿De q-qué hablas, Els?! —chilla en voz baja. Elsa se inclina para susurrarle al oído con la intención que nadie más los escuche.
—De la novia de Hans, te vi mirándola.
—¡¿Yo?!
La blonda asiente.
—Es guapa, si me lo preguntas— comenta desenfadadamente.
—Bastante— acepta Olaf en un murmuro, volviendo a sonrojarse y desviando la mirada de forma avergonzada.
Elsa está por decir algo más, pero una notificación en su teléfono hace que se distraiga. Un gesto impasible se adueña de su semblante al mirar los emoticones grosero que le ha enviado Hans.
"[W]:👉👌"
Guarda el aparato de forma despreocupada, Olaf le pasa un cupcake del pequeño y hermosamente decorado estante a mitad de la mesa, Elsa toma la cucharita para probar la natilla, entonces una malévola idea se siembra en su cabecita rubia.
Sus orbes azules revolotean hasta dar con su objetivo, tal y como lo predijo, la mirada del bermejo se encuentra posada en ella. Toma la cucharita cargada de natilla y la lame despacio mientras adquiere una expresión coqueta y sugerente, sin dejar de mirar al pelirrojo.
Olaf le hace notar que le ha quedado natilla en la boca, extiende el pulgar para limpiarla inocentemente, ajeno al intercambio de miradas entre Hans y Elsa, cuando el muchacho suelta su boca, la blonda se muerde el labio ligeramente y aparta la mirada de forma triunfante al ver la ira calmada y fría en la cara del muchacho combinada con su mandíbula tensada.
—¿Me acompañas al baño? —le pregunta Olaf en voz baja. Elsa suspira con resignación, al igual que todos en la mesa, conoce perfectamente la manía del pelinegro por no ir solo a baños públicos después de perderse en uno cuando era pequeño.
—Seguro— le sonríe dulzonamente. Elsa se pone lentamente de pie, sintiéndose aliviada de ausentarse de la mesa y tener un tiempo sin estar bajo la mira de Hans, enreda sus finos dedos con los de Olaf y se marchan hasta donde están los sanitarios, cerca de la entrada.
Por el rabillo del ojo puede notar al bermejo levantarse rápidamente junto a Honeymaren. Otra idea le llega de repente calmando su sed de venganza, esa noche se siente creativa.
—Sé que es infantil y todo eso— está diciendo Olaf cuando llegan hasta los sanitarios—, pero es un trauma que simplemente no desaparece y yo…
—Bésame— lo corta Elsa en un susurro, arrinconándolo en la parte cubierta del pequeño edificio, puede escuchar las pesadas pisadas del colorado.
—¡¿Qué cosa?! —chilla Olaf en voz baja.
—¡Que me beses!
—Mira, me siento muy halagado que una chica tan guapa como tu se fije en mí, pero eres la hermana de mi mejor amiga y si te soy sincero, no me gustan las rubias… sin ofender— se excusa el pelinegro nerviosamente, el miedo se asienta en sus ojos negros cuando la blonda lo coge por las solapas del traje amenazadoramente.
—Vas a besarme y a toquetearme como si te gustara— sisea peligrosamente—, porque si no lo haces, te juro que haré tu vida miserable.
Olaf titubea temeroso, pero termina aceptando, Elsa enreda sus pálidos brazos en el cuello masculino y él apresa fuertemente la pequeña cintura de la blonda con una mano, lo besa fuerte y demandante mientras la otra mano masculina va en descenso por su espalda baja y estruja uno de sus glúteos con fuerza.
"Dulce venganza" piensa cuando escucha ciertos pasos detenerse a su espalda.
Hans.
Está seguro que va a romperse los dientes si sigue apretando la mandíbula así, pero no puede evitarlo.
Tuvo que tomarse un momento para recuperarse cuando la vio al llegar, enfundada en ese vestido azul que resaltaba la piel pálida que adoraba chupar, las zapatillas─ aunque no muy altas─ hacían que sus piernas delgadas parecieran kilométricas. Se veía como una reina.
Ha esperado que le dirigiera una mirada ácida cuando se acercó junto a Honeymaren, pero la muy desgraciada se mostró de lo más cómoda y relajada, como si aquella llamada y la pelea del primer día no fuesen nada, como si no le molestara que él apareciera con otra chica ¡hasta se había atrevido a saludar a Honeymaren con una sonrisa que logró engañar a todos!, menos a él, a la melenuda de Merida y al inútil de Eugene desde luego.
Encima se tomaba de la mano con el mocoso de Olaf.
¿Desde cuando eran así de unidos?, Hans sabe que son amigos, pero jamás se le ha pasado por la cabeza que pudieran ser más íntimos.
Le molesta pensar en ellos de esa manera.
Le molesta pensar en Elsa con alguien más de esa manera.
No le dirigió ni una sola mirada durante la ceremonia, mudando su gesto impasible a una sonrisa en toda la hora y media que duró. Le tiene mucho cariño a Roy, pero las ganas de golpearlo lo asaltaron cuando la organizadora les dijo que las damas de honor iban a sentarse en una mesa distinta a la suya, su plan de toquetear a la castaña frente a Elsa se fue al caño en ese momento.
Después comenzó a secretearse y a ser toda sonrisitas con el insípido de Olaf, la sangre se le calentó de coraje al ver al mocoso sonrojarse ante las palabras que la blonda le dedicaba al oído.
¿Qué carajos era tan privado como para que Elsa no pudiera decirlo en voz alta?, a varios metros del paliducho aquel de preferencia.
No ha podido contenerse y le envió un par de emoticones groseros, es consciente que estaba actuando como un chiquillo estúpido, pero no le importa.
Verla lamer la natilla de esa manera logró azorarlo, el resentimiento que le tenía por tratarlo como basura, golpearlo y coquetear con otro en sus narices se esfumó como el humo, lo único en lo que podía pensar era en salir de esa maldita fiesta con ella y tomarla como solo él sabía: desnudos y sudorosos sobre la mullida alfombra de pieles frente a la chimenea de la cabaña a las afueras de la ciudad.
No fue consciente que la miraba como un bobo hasta que el pulgar incoloro de Olaf le limpió el labio inferior cubierto del dulce del cupcake con una lentitud apremiante, la muy… casquivana hasta se mordisqueó el belfo coquetamente.
La ira volvió como un maldito tsunami, arrasando en su interior con fiereza, estuvo a punto de levantarse y dirigirse hasta Olaf para decirle un par de cosas de no ser porque Honeymaren lo cogió de la mano, ajena a la situación.
Ni bien pasan pocos minutos antes que el mocoso le susurre algo a la blonda en el oído, ella sonríe y se levanta, tirando de él en dirección de los baños.
—Maren, acompáñame— le dice el colorado, levantando a la castaña sin miramiento de la silla.
—¿Dónde vamos? —pregunta, dejando su propio cupcake en la mesa. Le dirige una mirada lasciva cuando nota que van a los sanitarios—, ya veo. No seas sucio, es la boda de tu mejor amigo…
—La única sucia aquí eres tú— replica, sin perder de vista al par frente suyo. Han entrado al pequeño edificio—, quiero orinar y solo te traje para que mis hermanos no te hostiguen con preguntas. Malagradecida.
La castaña le da un pellizco, el bermejo está por replicar, pero las palabras se le atoran en la garganta al entrar al edificio para toparse con semejante cuadro frente a él.
Elsa rodea a Olaf con fuerza, restregándose contra él mientras lo besa con fiereza, el mocoso la tiene aferrada de la cintura con una mano mientras la otra sujeta con fuerza uno de los redondos y firmes glúteos de la blonda.
Los deseos de arrancar a ese insípido bueno para nada de Elsa y golpearlo hasta que su estúpida cara pálida tome algo de color se apoderan de él, no sabe cómo, pero encuentra en sí mismo el suficiente autocontrol para no hacerlo.
Carraspea con fuerza y ambos albinos se separan de inmediato con las mejillas sonrosadas después del beso, Olaf tiene restos de lápiz labial por toda la boca, la mandíbula y parte de las mejillas. Elsa no luce un mejor aspecto.
—Lo sentimos, no era nuestra intención interrumpir— dice Honeymaren con una sonrisita alcahueta.
"Cierra la maldita boca, estúpida".
Olaf le susurra otra cosa a la blonda, ella asiente apaciblemente y se pierde en el baño para varones.
—Pierde cuidado— le contesta la blonda a Maren y ambas entran al de mujeres.
Olaf sale un par de minutos después, el lápiz labial se ha ido de su cara, pero el rosado de sus mejillas persiste.
—Ven aquí, mocoso— el bermejo ase el delgado brazo del pelinegro con fuerza, el otro muchacho ahoga una exclamación—. Eres un hijo de…
Se calla de golpe cuando Honeymaren sale del baño, levanta una ceja en su dirección, paseando los ojos ambarinos entre el brazo que sujeta al muchacho pelinegro y sus orbes de jade. Hans lo suelta y Olaf no duda en irse, no sin antes dirigirle una mirada de desprecio.
¡¿Cómo se atreve ese pedazo de alcornoque a mirarlo de esa manera?! ¡¿a él?!
"Me va a conocer" piensa, decidido a dejarle todo en claro.
—¿Pasó algo? —pregunta Maren.
—Lo único que pasó es que se estaba exhibiendo con Elsa— su novia arquea una ceja ante su tono molesto, se apresura a añadir—. Si Roland se llega a enterar que vi a su hermana metiéndose mano con un cabrón y no dije nada, es capaz de…
—Ya, ya— lo corta—, volvamos a la mesa.
—No, dije que quería orinar y eso haré.
—Como gustes, pero yo me voy. Muero por otra copa de ese vino.
"Al fin" ahora él arquea una ceja ante la facilidad con la que la castaña lo ha dejado ahí.
Entra al baño para varones y aguarda pacientemente, Elsa no tarda en salir, se ha limpiado el lápiz labial corrido y lo lleva nuevamente perfecto. Hans no duda en apresar su delgado brazo y tira de ella─ quien no tiene tiempo ni de quejarse─ dentro del baño, mira hacia todos lados para cerciorarse que nadie los ha visto y traba la puerta.
—¡¿Qué carajos te pasa?! —sisea la albina con furia.
—Eso mismo te iba yo a preguntar— contesta mientras aprieta su agarre en el brazo de la muchacha cuando ésta trata de zafarse.
—Déjame salir, inútil— logra soltarse del bermejo y hace amago de salir, pero el muchacho la apresa nuevamente—. ¡Que me dejes salir! ¡ahora!
—Tú no te mueves de aquí hasta que me aclares unas cuantas cosas— anuncia—. ¿Qué diablos está pasando entre tú y el descolorido de Olaf?, no me digas que te estás tirando a ese mocoso.
—¿Y si sí qué? —reta, dejando de pelear para liberarse. La bestia dentro de Hans brama, ¿celosa?, probablemente.
—No me mientas, pequeña enferma.
—El único enfermo eres tú, ¿por qué la has traído?
Hans sonríe con presunción.
—Porque es mi novia y puede acompañarme a todas las fiestas que quiera— contesta venenosamente—. Yo la quiero mucho.
La risa burlona que suelta le calienta la sangre de rabia.
—Pues no parece— replica—, porque si la quisieras tanto como dices, no estarías reteniéndome aquí contigo, te daría igual si dormí con Olaf o no. Si la quisieras un poco, no hubieras estado acechándome desde que llegaste.
El colorado gruñe, cabreado.
—¿Dormiste o no con Olaf? —vuelve a preguntar lentamente.
—Sí— responde, la colera brilla en sus orbes azules.
Hans la suelta bruscamente, se pasa las manos por los cabellos de fuego con exasperación y se pasea por el amplio pasillo del baño hasta que se detiene frente a ella.
—¿Qué carajos, Copito? —está seguro que la blonda puede ver en sus ojos la ira.
—¿Qué esperabas, eh? ¿acaso creíste que iba a ser célibe? — cruza los brazos frente a esos pechos que Hans adora—. Estás muy mal si pensaste que me quedaba esperando a volver a verte para tener sexo.
—Eso era porque tenías al bolsón de Hamada, pero ya no— no puede ser cierto que su Copito haya osado engañarlo.
Un momento.
¿Engañarlo?
—Las mujeres también tenemos cierto tipo de necesidades y cuando nos quedamos sin quien las atienda— susurra, acercándose a él de forma sugerente—, buscamos quien sea capaz de satisfacerlas como debe ser. Olaf es más hábil de lo que imaginas.
El pelirrojo la pega bruscamente a él, apresando la pequeña cintura posesivamente.
—Además— añade mientras le delinea la mandíbula con una uña francesa —, tu eres el vivo ejemplo de buscar a quien pueda complacerte. Hasta tu novia la hiciste.
—Mira lagartija…
—No se nota que me extrañaras tanto para esperar a verme.
—Deja de hablar de lo que no sabes— espeta.
Ambos se enzarzan en una batalla de miradas, retándose el uno al otro. Después de un rato de desviar la mirada a los labios del otro, Hans hace amago de atrapar la pequeña y sonrojada boca de la muchachita con la suya, pero la rubia se aparta.
—Aléjate de mí.
—No.
Elsa trata de poner distancia entre ambos, pero él no se lo permite.
—No pienso volver a hacerle esto a otra chica— dice la blonda en un susurro—, no de nuevo.
Hans la coge por detrás de la nuca, acercándola a él con fuerza, pega los labios a los de la blonda, demandante y con urgencia, ella trata de resistirse al principio antes de rendirse al beso, rodeándole el cuello con los brazos y pasándole las manos por el cabello, despeinándolo.
—Ya basta— susurra cuando se separan para recuperar el aire.
—Cállate de una vez— dice antes de atacar el cuello lechoso de la muchacha, aspirando entre besos el perfume olor a vainilla. El bermejo no pierde tiempo, levantando a Elsa por los glúteos y sentándola en el largo lavamanos de mármol, trata de volverá besarla, pero ella lo toma de la cabeza con firmeza y entierra la cara en su cuello, besando y repartiendo mordiditas, oliendo el aroma de su loción de afeitado y el de su costosa colonia.
Recorre una de las piernas blancas y suaves de la muchacha con una de las grandes manos, colándose bajo la fina tela del vestido. Elsa lo detiene, tomándolo de la mano cuando lo siente rozar sus bragas.
—Aquí no— susurra contra sus labios.
—Entonces ¿dónde?
—Tu ya sabes don…— dan un bote cuando aporrean la puerta de entrada al baño.
—Ya sé que están ahí y que es lo que hacen— suspiran de alivio al escuchar la voz burlona de Eugene—. El vals comenzará dentro de menos de diez minutos y Roy comienza a mirar alrededor del lugar buscando a su mejor amigo y a su hermana.
Hans baja a la blonda del lavamanos, la muchacha se arregla el vestido y el bermejo abre la puerta.
—Santo Dios— dice el moreno cuando los ve—, díganme que no tocaron las estrellas en este baño porque me vomito.
—Deja de lado la frigidez, que no te queda— lo corta Hans—. Todavía me acuerdo de cuando tuve que llevarme a Roland al sótano de mi casa para que tú y la hippiosa de Rapunzel pudieran ponerse presentables después de ponerse sucios detrás del tanque del gas.
Elsa mira a Flynn de inmediato.
—Esa es una historia para otro día— aclara el muchacho—. Ahora te recomiendo, Elsie— mira a la rubia—, que te limpies la cara, te retoques el maquillaje y te arregles ese vestido tan caro— la aludida no dice nada y entra a los servicios para mujeres, se vuelve hacia el bermejo—. Y tú límpiate la cara, el cuello, agradécele al cielo que traigo mi kit de belleza— Hans arquea una ceja—… ¡no me mires así, joder! Todo hombre que se respeta carga su propio kit y no debe considerarse nada gay.
—Como digas— responde el muchacho, recibiéndole a su primo un pequeño bolso.
—Péinate bien— instruye, siguiéndolo dentro del baño—, es la boda de su hermano, deberían esperar a que terminara para deshacerse cada uno de sus acompañantes y largarse a la cabaña, pero deciden meterse mano en un lugar público. Ay no, que gente.
Hans se limita a quedarse callado.
Elsa.
Vuelve a la mesa con una expresión de serenidad pintada en la cara, se sienta en su lugar junto a Olaf y éste finge que bebe ponche para no mirarla.
—¿Por qué tardaste tanto? —pregunta Anna, distraídamente.
—Estaba poniéndome un tampón— miente rápidamente. Kristoff y Merida le lanzan una mirada escrutadora—, este vestido costó una fortuna, no voy a arruinarlo.
Mira a Eugene acercarse junto a Hans, el colorado mira a Olaf con fastidio antes de irse a su mesa.
—¿Dónde estaba ese inservible? —pregunta Kristoff al moreno.
—Dándole duro a una botella de vodka.
—Pero hay vodka de sobra en esta fiesta— dice Winona como si nada.
—Es que tú no lo conoces, amor—responde Merida—, su abuela lo crió para pensar que está por encima de los demás y que deben besar el suelo por donde camina.
—Es un remilgoso— rebate Elsa. Winnie asiente con comprensión.
Roland y Genevieve se levantan para iniciar a bailar, las damas de honor y el padrino─ en compañía de sus respectivos acompañantes─ los imitan cuando las últimas notas de Give Me Love de Ed Sheeran están terminando.
Olaf le toma la mano y la coge por la cintura sin titubear, tiene las mejillas arreboladas y evita mirarla a la cara.
—Creí ver a un amigo de Tadashi cuando te acompañé al baño— susurra mientras bailan—, por eso te pedí que me besaras, para que le dijeran que ya tengo a alguien más. Jamás pensé que serían ese par de rusos.
La mentira se desliza de sus labios sin titubeos, el pelinegro la mira con sorpresa.
—Lamento haberte obligado a besarme— lo dice con tanta sinceridad porque es la verdad, Olaf siempre ha sido demasiado infantil para esos temas.
—Gracias al cielo que era por otra cosa— susurra, aliviado—, porque no encontraba la forma de rechazarte.
Elsa suelta una pequeña carcajada que atrae de inmediato la mirada helada esmeralda de Hans, quien baila lentamente con la arribista de su novia.
—Entonces— comienza ella de nuevo—, te agradecería mucho que ese beso se quedara entre nosotros.
—Sí, seguro— Olaf asiente—. ¿Pinky promise*?
Elsa mira el pálido meñique de Olaf extendido en su dirección y sonríe con nostalgia al recordar ese juramento que solía hacer cuando era una niña.
—Pinky promise— extiende su propio meñique.
Vuelve a mirar en dirección del colorado, sus ojos siguen posados en ellos. Aparta la mirada rápidamente.
Honeymaren también los mira.
ACLARACIONES:
Pinky Promise: promesa de meñique... no me juzquen, yo sé que ustedes aun lo hacen -.-
Aurora: Sleeping Beauty.
Antes que me digan mi precio, no, Olaf y Elsa no serán pareja, pero como el ruso se estaba pasando de listo, Copito le dio una leccion. No está de más que Hansy siga creyendo que alguien más pica de plato.
Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
