17. Enfermedad
POV Death Mask
Toco la dolorosa herida, te busco una y otra vez pero no puedo verte. Aún cuando estás junto a mí y no puedo ayudarte.
Lies and Truth —L'Arc en Ciel—
Cuando Afrodita llamó para preguntar si podía atender a uno de sus amigos que se había metido en una pelea, jamás imaginé que mi paciente sería Camus. Verlo llegar un sábado por la tarde a mi consultorio, con un moretón sobre el ojo izquierdo que resaltaba de más por lo palidez de su piel, una herida en la misma mejilla y el labio roto, fue algo realmente digno de ver.
— Cubo, ¿quien te hizo eso? — dije mientras revisaba su ojo.
— DM, cierra la boca— me regañó Afrodita.
— No te preocupes — intervino Camus. — Creo que, si me va a atender gratis, es justo que conozca que sucedió.
— Te escucho — no esperaba menos.
La verdad moría de curiosidad por saber quién lo había dejado así, ¿morbo?, pero por supuesto. No lo imaginaba iniciando una pelea como borracho de cantina, más bien apostaba por un intento de asalto.
— Hace tres meses terminé con Milo, y... — hizo una pausa larga — bueno, para no entrar en banalidades, lo extraño y no sé si tomé la decisión correcta. Esta mañana fui a buscarlo a su casa, necesitaba verlo, hablar con él y comprobar que no estoy cometiendo el peor error de mi vida. Pero no lo encontré. El que abrió la puerta fue uno de sus hermanos que obviamente me corrió del lugar.
— Y, ¿te lanzó la puerta en la cara o el muy salvaje te corrió a golpes? — indagué mientras vertía alcohol sobre una gasa para desinfectar las heridas.
— Si vas a preguntar idioteces mejor cállate — volvió a quejarse Afrodita.
Volteé a ver a Afrodita, para que dejara de molestar pues sé que él también moría por conocer lo sucedido. A lo cual sólo esquivó mi mirada.
Camus hizo un gesto para que lo dejáramos continuar. — Su hermano dijo que él no estaba y me pidió que lo dejara en paz, que ya había causado mucho daño. Los golpes fueron porque intenté entrar a su casa y me puse a gritar que no me iba a ir hasta hablar con Milo — confesó abochornado.
Imaginarlo haciendo semejante drama era muy divertido, tanto que casi me solté a reír, pero la mirada de Afrodita me hizo desistir en el acto.
— ¿Y Milo estaba ahí?, dime que no te partieron la cara en vano.
— No. ¡Auch! — se quejó cuando aplique la gasa sobre su mejilla.
— Lo siento, pero tengo que desinfectar bien — argumenté antes de continuar con mi labor.
— ¿Qué te hizo dudar? — lo cuestionó Afrodita, por fin dejando ver su curiosidad. — Estabas muy decidido a olvidarlo.
— Hace un par de días dormí con Isaac y, mientras lo hacíamos — susurró — sentí que estaba traicionado a Milo. Creo que cometí un error.
— ¿Por qué lo dejaste? — quise saber.
— No lo sé. Todo me estaba asfixiado. Ya eran tantas peleas, tantas decepciones. Sentía que, si no le daba un alto a todo, lo iba a terminar odiando. Cuando ví que era más feliz sin mí, tuve miedo de que él me abandonara; así que me fui primero.
— Básicamente: lo dejaste por cobarde. No, déjame hablar pececillo — detuve a Afrodita y encendí mi cigarro. — No sé qué pasó entre ustedes y tampoco es algo que necesito saber. Sólo te diré esto porque eres fastidiable y te aprecio — vi cómo apenas si asintió con la cabeza. — Todas las parejas tiene problemas, ¿cierto? Pero cuando el miedo y la soberbia sobrepasan a la confianza y el amor, creo yo, que lo mejor es cortar por lo sano. Sacarlo de tu vida.
Lo noté reflexionar sobre mis palabras.
— Sólo piénsalo — continué. — Tu orgullo y terror a ser abandonado fue lo que te motivó a decir: "basta", en lugar de quedarte a solucionar. No sé si sus problemas tenían arreglo o no pero, si vivían como perros y gatos, ¿por qué seguir ahí? Tu mismo lo dijiste: sentías que podías llegar a odiarlo, ¿para qué regresar a eso? — vi dudas en sus ojos. — Tuviste los pantalones para alejarte, ahora tenlos para aceptar las consecuencias.
— DM — me amenazó Afrodita.
— Cálmate pececillo. Sé que no es mi asunto pero darme un tiempo con Helena me está volviendo un poco sentimental. Además, no quiero que este cubo se regrese a su refrigerador cuando por fin logramos que se una a nuestras parrandas.
— Gracias — dijo Camus. — Sabía que dentro de ese muerto corazón tuyo, no todo está podrido.
Todos reímos con ese último comentario, pero lo que dijo era cierto: mi corazón no estaba del todo muerto y el de Camus tampoco. Sólo está contaminado de un virus llamado Milo, el cual necesita tiempo, y el cuidado de las personas adecuadas, para sanar de esa enfermedad que lo hizo dependiente a un ex-amor y le impide ver hacia adelante.
Nota de autor:
DM siempre es todo un caso, pero es un buen amigo, cuando se le necesita.
Gracias a quienes siguen esta historia y a Arodnas por ayudarme ha corregir este capitulo, quedo mas a DM gracias a ella.
Nos vemos en el capítulo 18.
