Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom y Jam Filled Entertainment.

Disclaimer 2: Los materiales referidos y/o parodiados son propiedad intelectual y material de sus respectivos creadores.

Princesa Caída

Segundo Interludio

Tragos amargos

Royal Woods, Michigan

24 de julio de 2032

9:24 pm

La cochera de los Loud

-Lincoln, te dije claramente que me dieras la llave de 6/8 -indica Lana-, no la de 2/3.

-Pues disculpa por apenas tener tiempo para mi -escupe Lincoln, molesto mientras se limpia la grasa de las manos.

Las últimas tres horas se la pasaron arreglando el árbol de levas de Liberty. Al parecer, Lily, en su última salida al centro comercial, pisó el acelerador a fondo y forzó demasiado el motor, provocando una reacción en cadena que dejó a Lincoln sin transporte.

-¿Y por qué no renuncias si odias ese empleo? -inquiere Lana.

-¿Y quedar mal con Stella y verme como un patán? Yo paso -declara Lincoln antes de beber de una botella.

-Entonces no debiste aceptarle nada -replica Lana, encogiéndose de hombros.

-¿Sabes? A veces eres demasiado terca con lo que pides.

-Porque con esto se bien lo que quiero, tonto. Ahora necesito revisar la inyección estratificada de combustible. Luz, por favor -pide Lana, concentrada.

A regañadientes, Lincoln buscó en los cajones una lámpara. No le gustaba que Lana lo tratara de tan mal talante, pero eso se lo buscó tanto por permitir que Lily se llevara su auto como por ver que a esta las últimas semanas le haya ido mal y de malas trabajando con Lucy.

La siguiente media hora la pasaron tratando de ver por qué el sistema de inyección sigue fallando, aunque el cansancio ya era palpable en Lana.

-Perdón, Lana, pero me tengo que ir -bosteza Lincoln, aún sin poder encontrar la falla.

-¿No se suponía que mañana lo tenías libre? -increpa Lana.

-Tú lo has dicho. Tenía -explica el peliblanco-. Se supone que mañana lo tenía libre, pero no. El imbécil de mi jefe me sorprendió hablando con Stella de los planes que tenía para mañana, y ahora tendré que ser su caddy en el campo de golf de Fairview.

-¿Por lo menos te piensa pagar?

-Ni de broma. Me espera a las siete para despertarlo a las nueve.

-Eso ya es…

-Si, si, explotación y eso -corta Lincoln-. Buenas noches.

Molesta, Lana pateó una lata se pintura que fue a dar bajo el Beetle.

-Estúpido Lincoln -masculla, sin importar demasiado ser escuchada-, haciéndome arreglar su estúpido auto por culpa de la estúpida de Lily…

Un golpe a la altura de la ceja la distrajo. Había chocado su cara contra la portezuela del copiloto, misma que olvidó cerrar para tener el reproductor encendido aunque hacía rato que dejó de sonar.

Pensando en ello, vio una pequeña abolladura en la carrocería. Hace tiempo que no veía algo así, tan pequeño y, sin embargo, que pudiera ser solo una causa de accidentes fatales… o una mera cicatriz.

Recuerda demasiado bien cómo fue el origen de esa y otras abolladuras, así como lo que siguió.

~x~

El auto que Lincoln recién adquirió, a su ver, vale toda la pena del mundo. Es evidente que ese bicho alemán no tiene potencial deportivo como el que esperaba, pero para su hermano vale tanto como para gritarle a papá en la cara…

-¿Cuántas veces tengo que repetirlo? ¡No quiero ese pedazo de chatarra, papá!

El grito de Lincoln resonó en las habitaciones de la casa nada más entró. Habiendo llegado con él, tuvo que hacer una breve escala en la granja de los Miller y dejar su auto en un vallado, a buen resguardo -pensó- de casi todo, excepto el pavo Clarence, ya muy avejentado, y la piara de Virginia.

En todo el trayecto desde el aeropuerto, puesto que él debía esperar a alguien que lo recogiera y ella se liberó del trabajo en los corrales, se respiraba una tensión por aquella discusión. Lincoln solo le había pedido un pequeño préstamo para finiquitar el último pago, mientras que Lynn sr. sigue empeñado en legar la vieja Vanzilla.

-Sabes que no quiero que te emociones demasiado con un auto nuevo -intenta convencer Lynn sr-. ¿Recuerdas que quisieron que la botara para comprar un bonito pedazo de chatarra?

-Papá, el punto es que esa cafetera está a nada de ser chatarra, y la verdad no pienso tener mas que uno o dos hijos si es que me llego a casar -protesta Lincoln, exponiendo su punto-. ¿Ya viste el auto que tenía Zach cuando se fue de aquí?

-¡No me compares con tus amigos, hijo! -exige el calvo- A pesar del restaurante, no nos va tan bien como quisiera.

-¡Claro! Pero para una freidora y para remodelar el lugar hay hasta de sobra, ¿no?

-Eso es una inversión, es distinto.

-¡Mamá no dijo lo mismo cuando le pedí para completar el pago inicial! ¡Desde ahí, el que ha pagado he sido yo, papá! ¡Yo!

-Lo siento, pero la respuesta es no y es definitivo.

-¡A veces eres horrible!

Subiendo las escaleras, Lincoln fue a la habitación que en su momento ocuparon Luna y Luan, azotando la puerta en el proceso.

-¡Ese chico no entiende! -explota Lynn, viendo llegar a Rita desde la cocina con Lucy, llegada la noche anterior de Baltimore- ¿Qué fue eso de que le prestaste para un auto?

-Él mismo lo dijo -responde Rita con gravedad-, sólo fue para realizar el primer pago.

-Papá nunca fue así conmigo, ¿por qué tendría que hacer lo mismo que él?

-Cariño, tú no eres tu papá, así que deja de maldecir y salgamos un rato -sugiere Rita.

-Rita, no estoy de humor para eso.

-Como quieras.

Detesta esas peleas. Lo mismo fue con Lori y con Luna en su momento, fracasando con ambas. Ahora que Lincoln está en su segundo año, el chico había tenido planes desde antes para adquirir a su Liberty, y todo cuanto le pidió antes de llegar al aeropuerto y esperar al viejo fue una mano de pintura, la instalación de un nuevo equipo de sonido y un ambientador con aroma a menta con chocolate. El único obstáculo presente, para su desencanto, es nada menos que su padre.

-Sabía que Lincoln lo estropearía hoy -dice Lucy tras ella.

-Es algo privado, ya sabes -responde Lana.

-No es un secreto que Lincoln quiere imitar a Lori y a Luna, pero desconoce que él es un caso distinto -expone la gótica.

-No puede ser diferente.

-Hablando de cosas que obedecen a la teoría del caos -dice Lucy, cambiando el tema-, Lola me pidió… si a eso se le llama pedir… que vayas a recogerla de su reunión con el equipo de porristas a casa de Lacey Saint-Claire. Iría, pero no me gusta ver a ese montón de…

-¡Lenguaje, cariño! -reprende Rita desde la recámara.

-… de ese montón de idiotas rameras pretenciosas -remata, bajando la voz-. Lo más seguro es que el idiota que se babea por Lacey Saint-Claire intente algo conmigo, y odio a ese mocoso.

-¿Y qué gano con exponer mi trasero con esas brutas? -cuestiona Lana.

-Olvidarte de mi ropa sucia por un mes -ofrece Lucy.

-Me gusta cómo huele la ropa sucia de la mayoría.

-Mi postre por dos semanas -vuelve a ofertar la gótica, optando por la vía más fácil- y es un trato.

-Tres semanas.

-Dos semanas y media y es un trato.

-Hecho.

-Solo date prisa. Lola ni siquiera ha pasado la escoba después de aspirar la planta alta y Lynn quiere que todos estemos aquí cuando comience su fiesta.

No le gustaba negociar si en el trato no tenía nada importante a cambio. Lana, mejor que nadie, sabe que Lucy es quien más pronto se resigna a dejar los postres, más para aprovechar lo que le queda de su visita y llegar como si su figura fuera la de una mujer más bien inalcanzable desde que encontró a Silas en brazos de otra.

A diferencia de Lola, Lana no tiene muchas quejas sobre cómo es que Lucy está llevando su mando. Ya que es la segunda en cumplir sin chistar con sus tareas y reglas -siendo Lily la primera-, le da cierto trato preferencial que incluye negociar una o dos cosas por semana.

Pedaleando en su bicicleta, lo único que le molesta es tener que remolcar la que Leni le dejó a Lola en cuanto se fue. Puede que a su gemela no le guste moverse así, pero al menos puede disimular algunas cosas evidentes, aunque con otras la cosa era más que evidente.

La encontró en el asiento trasero del auto de uno del lanzador del equipo de béisbol, estacionado frente a la casa de Roxanne. Lana de verdad odia tener que interrumpir algo que le resulta asqueroso en el mal sentido, y más siendo la hora en que su usual matona está viendo Pasarela Penitenciaria presenta: Bellezas Latinas.

-¡Eres un maldito, Craig! -escucha gemir a Lola, dando de sentones sobre el chico en ciernes, un latino de piel pálida y cabello negro- ¡Me encanta…!

-Lola...-interrumpe golpeando la ventanilla. Esta sigue en lo suyo-… ¡Lola!

-¡Cómete mis senos, maldición! -ordena Lola, aún metida a fondo en eso- Ay, así… ¡más duro, amor! ¡Más!

Sin más opciones que una brusca interrupción, sacó un desarmador de su bolsillo, pinchó una de las llantas traseras e hizo el intento de golpear el toldo con el mango. Solo así reacciona, mas no de la mejor manera.

-¡¿Qué rayos crees que haces?! -cuestiona Lola, alzando la vista y exhibiendo su busto descubierto, dejando los sentones- ¿No ves que estoy ocupada?

-¡Ocupada mi trasero! -responde Lana- Sólo te escapas de casa cada tercer día para ir a revolcarte con cualquiera y Lucy ya no se cree tus cosas.

-¿Y qué esperabas de esa perra gótica? -cuestiona Lola- Si no le he dicho a mamá nada de esa espantosa rata voladora de su trasero es porque me tiene amenazada.

-¿Hablas del tatuaje que le mostró la semana pasada?

-Mmm… hermanas -murmura Craig, imaginando incluso un cuarteto con las dos gemelas y Lucy.

-¡Tú no te metas! -grita Lola, habiendo perdido todo interés en el chico, antes de volver con Lola- Mira -añade, buscando su bolso-, toma veinte y lárgate a casa de ese granjero.

-Lola, Lucy…

-¡QUE TE LARGUES! -ordena Lola, implacable.

De mala gana dejó la bicicleta, que -seguramente- llegará a casa en la cajuela hasta la casa de los Cluverius. Como siempre, dirá que el calor del momento en casa de Lacey fue abrumador y por eso y el esfuerzo que le significa pedalear al menos una milla le es pesado por la práctica. Esa excusa, por cierto, solo Lily, Lincoln, Lori y Luna se la creen, mas el resto (comenzando sorpresivamente por Leni) no traga ni de chiste que sea tan puritana como dice ser.

No le gusta nada que su hermana sea una mujer tan fácil. Es el tercer chico con quien se ve y la decimoquinta vez que la interrumpe en el mes, lo que solo pone el asunto aún más incómodo para sí misma. En cambio, Luan se casa el mes entrante, Lori acaba de regresar de un crucero por su aniversario, Leni acaba de divorciarse, Luna sigue con su pareja. Lincoln no ha tenido nada en la universidad, a Lisa eso le importa un carajo y a Lucy lo acaba de dejar el quinto chico, mismo al que define -con justificación- "un putrefacto despojo

Poco después, y habiendo llamado a Lucy para decirle que Lola de nuevo estaba con una nueva conquista, fue de nuevo a la granja de Liam.

Encontró al chico reparando el vallado donde este tiene pastando un rebaño de cabras. Dado que faltaba un último tramo justo debajo de un castaño muy viejo junto al auto de Lincoln, los animales ya están bien instalados y descansando plácidas en el otro extremo.

-Lana, que bueno que regresaste -saluda Liam, hastiado-. Necesito que me ayudes con las raíces de este castaño.

-¿Tienes problemas con él? -pregunta Lana, tratando de ver el problema en ello.

-Las estacas no entran con suficiente profundidad en el suelo y necesito quitar unas cuantas raíces -responde Liam, bañado en sudor-. ¿Tienes algo de tiempo para esto?

-Ya qué… de todas formas tendré dos semanas de postre en casa.

Los próximos veinte minutos se la pasaron quitando trozos de raíz en dos metros alrededor del hueco que Liam había cavado. La sensación de la tierra, demasiado seca para ser considerada como lodo pero aún con una notable humedad, le resulta muy confortable. Empero, había aromas un poco más interesantes que el olor del suelo húmedo.

Es inevitable comparar a Clyde con Liam. El afroamericano, ausente porque sus padres decidieron rentar su casa el año pasado y mudarse a Ann Arbor en lo que el chico termina sus estudios superiores, ha sido detallista con las pocas chicas con quienes ha salido, e incluso con ella ha mostrado ser comprensivo cuando tuvo su primer enamoramiento antes de rechazarla. Incluso durante el campamento que ambas familias tuvieron el año pasado previo a que los chicos dejaran Royal Woods él le preparó un pastel tipo Sacher que decoró a semejanza de un pastel de lodo, con todo y un gusanito de goma.

En oposición, Liam es diametralmente diferente. Hecho a la faena del campo y a las tareas rudas que implica una vida así, no le importa ensuciarse para que algo salga bien. A pesar de su interés cada vez más evidente en dejar la granja, tiene una buena comprensión de lo que piensa un animal. Amaestrarlo sin dolor, incluso, no es precisamente una persona cursi que le gusta dar rodeos. Como ella, directo y sin escalas en lo que haga o diga.

-¿Qué? ¿Tengo algo en la cara o qué pasa? -pregunta Liam, inquieto por la mirada de Lana.

-¿Eh? -responde Lana, distraída.

-Olvídalo, no importa. ¿Haz visto el hacha de mano?

-¿No está en el granero?

-La busqué hace rato allí y no estaba -dice el cobrizo, un tanto turbado-. ¿No la dejaste ayer en el tractor?

-¡No me mires así! -corta la rubia, defensiva- Debiste dejarla allá para darle filo.

Acalorada, Lana fue al tractor. El hacha, en efecto, estaba allí, justo en el asiento del mismo. Un par de muescas en el filo, óxido y el mango con signos de desgaste hacen ver que la herramienta vio tiempos mejores. Está claro que no había estado en el cobertizo desde hace mucho tiempo, y la cabeza está algo floja, como si al mango estuviese gastado o defectuoso.

Empuñando el hacha, Liam se percató de la falla en el momento que Lana descargó dos golpes contra una raíz gruesa muy nudosa.

-¿No olvidaste algo? -pregunta Liam al ver la cabeza del hacha sacudirse en el mango.

-No veo nada de malo -responde Lana soltando un nuevo golpe-, y si algo así pasara -descarga otro golpe- ya me habría dado cuenta de que algo…

Tres golpes más mientras hablaba y un ligero estremecimiento de la tierra la hicieron detenerse.

Liam recordó que, siendo ese el terreno donde usualmente él, su padre y su hermana trazaron y arreglaron el vallado para las cabras, siempre había raíces que obstaculizaron su trabajo. Ya le habían advertido que ese árbol se estaba quedando sin un buen agarre a la tierra, por lo que encontrar una de las grandes era cuestión de tiempo.

-¡A un lado! -grita Liam, empujando a Lana de donde estaba un par de metros.

-¿Pero…?

Ni uno de los dos estaba preparado. Lana nunca supo de aquella advertencia, y Liam no calculó hacia donde caería aquella mole viviente de la que surgieron aves, insectos y ardillas en busca de refugio. Hasta que escucharon el estruendo de acero, fibra de aluminio y vidrios dañados ambos se dieron cuenta del verdadero error que cometieron.

-¿Cómo le vamos a decir esto a Lincoln? -pregunta Liam, palideciendo ante la dirección que una simple tarea tomó.

-¿Que qué les vamos a decir? ¡Yo estaré muerta antes de la cena! -dice Lana, aterrada y tomando al cobrizo por los tirantes del overol- ¡Lincoln me encargó su auto y lo sabes?

-¡Al que va a matar es a mi! -replica Liam, hiperventilado- ¡Mi casa, mi árbol, su maldito auto!

Tratando de ver quién se hacía cargo, ambos no notaron que ni el teléfono de Lana sonaba como loco ni la llegada de la vetusta Vanzilla.

Del interior de la van de los Loud, habían bajado Lynn -ya con un notorio sobrepeso-, Luan, Benny -con Lara bastante inquieta en brazos-, Lincoln y sus padres. Estos últimos venían discutiendo desde la casa, lo que no les permitió ver el desastre hasta que voltearon a ver a la dupla.

-… te lo juro -habla Lincoln, exaltado luego de manejar tres millas-, ¡no les pedí mucho hace meses y no te pido mucho ahora! Por favor entiende eso.

-Pero nada -replica Lynn sr, molesto-. Vas a devolver ese pedazo de chatarra y

-¡Oigan! -grita Lynn jr, dejando caer de su mano una hamburguesa a medio comer- ¿Qué es esa cosa bajo el árbol?

-Es mi… ¡ESE ES MI AUTO!

El grito de Lincoln fue mucho peor de lo que Lana pudo haber imaginado. Esta, queriendo hacerse cargo, se acercó con todas sus alarmas resonando en la cabeza.

-¿Qué… demonios… HICISTE? -pregunta furioso Lincoln.

-Liam me pidió que cortara una raíz que le estor… -empieza a responder Lana, mas es cortada con un empujón.

-No debí confiarles mi auto, par de… de… ¡¿Por qué tienes que contradecirme siempre con tus estupideces?! -estalla Lincoln como nunca se ha visto, antes de dirigirse a la rubia- Una sola cosa, ¡una sola maldita y estúpida cosa te pedí! Pero ¿obedeciste? ¡No! No obedeciste porque querías jugar con tierra con Liam aunque ya estés muy grande para eso.

-Oye viejo, no le grites -interrumpe Liam.

-¡Ah! Ahora habla el defensor de los animales -continúa Lincoln, ahora sobre Liam- ¡La única voz autorizada para hablar por un animal que ni siquiera se hace responsable de sus actos!

-¡Lincoln Loud! -ataca Rita, no menos molesta-, ¡No tienes por qué hablarle así a nadie!

-¡Déjenme solo! -truena el peliblanco, tomando camino a casa y a pie.

-Vaya teatro de cumpleaños -dice Lynn jr, sorprendida por ese arranque de ira.

-¡Y feliz cumpleaños, cara de caballo! -remata el principal acusador, alzando el dedo medio sin importar consecuencias.

-¿Me llamó caballo? -cuestiona la cumpleañera, sintiendo que esta podría cobrarla después.

Aplastada, Lana solo se deja caer de rodillas. Una sola cosa le pidieron y no pudo ni cumplir bien. La recompensa de todo ello…

~x~

Todos los reproches, todos los insultos y lágrimas derramadas ese día… Lana no había olvidado eso. Le tomó mucho tiempo encontrar piezas originales o compatibles, y más aún entender diagramas alemanes de aquella pieza armada en México. Y todo cuanto le queda de ello es una ligera abolladura

De recordar un poco a Lola, se imaginó qué demonios estaría haciendo en ese momento. Si estaba en una de aquellas fiestas sobre las que Lisa pudo comentarle sobre actividades genéricas de una actriz porno.

No fue a cenar ni a una ni a otra casa. El estómago, a pesar del reclamo, tiene que esperar.

~o~

A Zach nunca le han gustado tres cosas en su vida. Que le mintieran, el atún enlatado y, sobre todo desde la secundaria, ser encerrado en un casillero.

Mientras revisaba las cosas que le quedaba por trasladar de su anterior residencia al condominio que comparte con Belle, se encontró con una vieja foto física de la sección de casillero de la planta baja de la preparatoria.

Recuerda cómo fue tomada esa foto. Fechada en la primavera de 2024 y captada con un dron de Stella, los chicos y él se veían llenos de buenas expectativas, a excepción de Rusty. Él ya se sabía condenado entonces a repetir el año, y las únicas opciones que tenía era trabajar para su padre en la tienda de ropa o desertar de la escuela.

De izquierda a derecha, con la casa de la filipina al fondo, veía a Clyde abrazado de Penelope, ambos en cuadro de honor y con una expresión melosa en la cara; Rusty, con una chica latina que nadie recordaría mas que como la novia de turno; Liam y aquella rockera, Tabby, mostrando ambos boletos para un festival en Alemania en el verano; Jordan chica, quien pretendía una sonrisa radiante a pesar de su desastrosa ruptura semanas atrás y a Stella, sorprendida por ver que Lincoln -cuyo rostro no aparecía, al igual que la mayoría del cuerpo de una chica gótica que reconoció como Lucy- era arrastrado a alguna parte.

Al centro, entre la chica de Rusty y Liam, estaban él y Renee. Por entonces, apenas salía de una esguince en la muñeca, y la que fuera su chica iba vestida para una convención de historietas ese mismo día. No precisamente a disfrutar de ella, sino más bien como cosplayer invitada del panel de comentaristas de la reedición de Crisis de Mazos Infinitos como la modelo genderbent de Spade Nifty.

~x~

De nuevo en el casillero.

Desde que entró a secundaria, la pandilla ha sido objeto de cierto desprecio promovido por algunos chicos populares. En especial por parte de un mastodonte que llegó de Chicago con quien Lincoln ya tenía un pequeño -y muy mal- antecedente.

-Disfruten su fin de semana, tontos -dice despectivo Hull (un mastodonte de piel bronceada y cara cuadrada que juega en el equipo de fútbol), antes de cerrar la última puerta de la sección B de los casilleros.

-¡Estoy harta! -maldice Stella desde su propio casillero- ¿No sabe nada del respeto a las mujeres?

-¿Qué esperabas? -responde Clyde desde el casillero de Liam- De no haber sido transferido, solo aguantaríamos a… ¡Oye! ¡Eso es espacio personal!

-Lo siento -se disculpa Jordan, con quien tampoco hubo piedad-. Buscaba la liga de mi trenza.

-Esa la tengo yo -responde Penelope con voz nasal desde el casillero de Zach, respirando sobre la nuca del pelirrojo.

-¿Alguien ha visto a Lincoln? -pregunta Zach. Nadie responde- ¿A Liam?

-Hull se los llevó al baño, loco -responde Renee, en el casillero de Rusty-. Dijo algo de un trago. ¡Rusty, ese es mi trasero!

-¡No puedo evitarlo! -admite el larguirucho, sintiendo ya una erección que, de ser bestial, ahogaría el poco espacio por debajo- Aunque… están suavecitas… ¡Auch!

El sonido metálico que resonó un momento lo provocó Renee, al dar un fuerte cabezazo a Rusty. Adolorido, no le quedó de otra que empujar y ser empujado contra la pared.

A eso, siguió un sonido más bien chorreante. Tanto Lincoln como Liam se veían patéticos, pues el baño que les diera aquella mole humana no fue precisamente en el área de duchas del gimnasio. El hedor, insoportable, pudo ahuyentar a más de uno, de no ser por la falta de olfato de Penelope por la ropa sucia de Zach, el poco espacio para escapar del confinamiento general y el que Rusty estuviera más ocupado conteniendo la hemorragia nasal que en los olores.

-Por lo que más quieran, ¡báñense primero! -acusa Renee, viendo cómo es que el casillero de Zach era abierto primero.

-Cuando le pidamos las llaves de las regaderas a la entrenadora Hotch, lo tendré en mente -responde Liam, abriendo con la combinación que todos en el grupo acordaron entre sí.

-Un consejo -secunda Lincoln-. No lleven menos de veinte billetes cuando se topen con ese cretino.

-¿Tenían planes para hoy después de los ensayos? -pregunta Zach, más preocupado porque la última obra escolar a presentarse, El zoológico de cristal, pueda salir mal.

-Iba a salir esta noche, pero creo que Stella lo pensará dos veces antes de acercarse -afirma Lincoln.

-Puedes pasar a mi casa -invita Stella-. Te dejaste una o dos mudas completas de ropa, y creo que un calzoncillo.

-Si, claro -secunda Jordan con reservas-, dejaste ropa interior en su casa.

-¿Y qué hay de mi? -cuestiona Liam.

-Lo siento, viejo, pero tendrás que ir desnudo por media Royal Woods -responde burlón Rusty-. O es a tu casa, la mía o la de Tabby.

-¿Y qué hay de Karla? -inquiere Clyde.

-Le ayudé con su mudanza el mes pasado y vendió lo que no podrían llevarse.

-Rayos…

-Solo se mudó a la zona del lago, no seas tonto. No es como si no quisiera verme de nuevo.

-Siempre te queda pedirle a Jordan su uniforme de gimnasia -dice resuelto Lincoln.

-¡Oye! -reprocha esta, un tanto ofendida.

-¡No lo culpes por ser de tu misma talla! -acusa Stella, riendo mientras le extiende su chaqueta a Lincoln para que la use como una especie de falda.

En cosa de media hora, habiendo salido de los casilleros, esperado a quienes tenían ensayo con la maestra Bernardo -que debieron justificar por qué no podían presentarse con el obvio permiso que la dramaturga dio dadas las circunstancias- y tenido que ir apenas cubiertos el cobrizo y el peliblanco y con el tiempo contado, se encaminaron a casa de Stella. Zach hacía, junto con Jordan, cobertura por detrás de ambos chicos, aunque notó que ella miraba engolosinada a uno de los dos. Incluso Rusty se tomó el tiempo de invitar a una chica que tiene fama de hacerse la difícil, y de no ser por su labia el rizo larguirucho no habría estado tan solo.

Eso, sabe el pelirrojo de corta estatura, le desagrada a Renee. Ello le arruinó un poco las cosas con Lincoln, cosa que él mismo aprovechó. No le gusta tener que dedicar un ojo a su chico y el otro para vigilar que nadie se meta. En especial si tiene hermanas chismosas.

De la nada, a Zach se le ocurrió hacer una pregunta a todos que, en general, era más que una obvia rutina.

-Oigan, ¿qué planean hacer para el fin de semana?

-Tengo dos días libres con mi papá para ir a visitarlo en Toronto -responde Penelope, cuyos padres se separaron recién-. Dice que pasar tiempo con Beth no me hará daño.

-¿Beth? -pregunta Liam, cubriendo sus genitales lo mejor que puede.

-La chica con quien se metió -afirma Clyde-. Por su edad, casi sería la hermana mayor de cualquiera de nosotros.

-La hermana que es un dolor de cabeza -añade la pelirroja.

-Qué suerte -responde Rusty-. Le dije al viejo que tenía planes para conseguir una motocicleta si la escuela falla y no me cree.

-¿Tú te quejas? -secunda Clyde- Mis papás y yo iremos a una sesión grupal con la doctora López mañana.

-Mi tía Sofia viene de Padua a quedarse dos semanas -añade Jordan con malestar-. Esa mujer se cree que por ser italiana es mejor que mamá.

-¿No eres italiana? -cuestiona Renee.

-Italoamericana -aclara Jordan-. La italiana era mi abuela, y su hermana menor se quedó a rehacer la propiedad.

-Oh…

-Se supone que tengo que trabajar en el restaurante antes de poder salir -dice quejumbroso Lincoln-. Ya saben, costumbre familiar desde que Lori se fue a Chicago.

-Ya somos dos -secunda Renee-. Papá no cree lo de la convención y quiere que tome algo serio como "administración de empresas" -añade remedando una voz más bien chillona.

-Anótenme en esa lista -tercia Stella-. Tendré que aguantar a mamá con su papeleo porque papá se torció el brazo por una vaca en el camino a Madison -añade dirigiendo sus ojos con resentimiento hacia el granjero.

-Todavía debo una semana de castigo con Hattie por el escape de Edwina -afirma Liam-. En serio que esa chica es peor que una vaca tonta desde que la echaron de Alabama.

-¿No es el lugar del "día de tirarse a los primos"? -bromea Zach.

-Ya les dije que ese es Kentucky -gruñe Liam-. ¡Y sólo fue una vez! No hubo nada de nada.

-Lo que digas, Cletus.

-¿Quieres visitar al oculista hoy?

-Hola, chicos -saluda una voz tras el grupo.

-Tenía que ser esa -maldice Renee por lo bajo.

Volteando, aunque con cuidado de tener cubiertos a Lincoln y a Liam, se percataron de Tabby. La rockera, que vestía unos vaqueros negros rasgados, unos deportivos de bota blancos, una blusa sin tirantes monocromática y su eterna chaqueta de cuero morada los había venido siguiendo un par de cuadras. Esta había salido un poco más tarde, debido a que esa era la última sesión del club de música por causa de recortes presupuestales a los que la dirección se había adelantado para prevenir protestas como la de 2017.

Zach no siente mucho aprecio por esta. La única ocasión que hablaron medianamente bien terminó con él sangrando de la nariz por un proyecto de biología que lo mandó a la enfermería. Ella, desprecia todo lo que tenga que ver con alienígenas, del mismo modo que a él le desagrada llevar el volumen por encima de la media. Por ello, la relación entre ambos apenas podría considerarse glacial.

Viniendo acompañada de por Gabby -su compañera en la clase de Cálculo Diferencial-, Tabby solo bajó los brazos y se acercó a Liam.

-Supe lo que les hizo ese mastodonte -continúa la rockera, sacándose la chaqueta de encima-. De no ser porque es esquinero del equipo de americano, hace tiempo que le habría dado una paliza.

-¿Americano? -cuestiona Renee en voz baja.

-Ya sabes… esa cosa del viejo cuero de cerdo ovoide…

-¿No quieres decir fútbol? -pregunta Clyde.

-Para ella y para mi eso es fútbol americano -aclara Jordan en voz baja-. Ya les explico luego.

-Por cierto -retoma Tabby-, la próxima vez querrás no llevarte tu ropa. Sé que no le gusta a tu mamá que dejes ropa cuando sales conmigo, pero eso se puede arreglar.

-Siempre que no se tope con Duncan... -repone Liam.

-¿Duncan? -pregunta Clyde.

-Su bull terrier -aclara el granjero-. No le gusta que me acerque a ella y destroza mis pantalones cada que puede.

-Otro Ajax… -suspira Lincoln, recordando ese mal trago de la primera fiesta a la que fuera invitado.

-¿Por qué mejor no vamos a mi casa? -ofrece Stella, previniendo cualquier intrusión de aquel par- Seguro solo está mi abuela y ya saben cómo es.

Con una general aceptación, todos se encaminaron allá.

Minutos después de que ambos apestados se hubiesen vuelto a bañar (solo para no levantar sospechas) y se vistieran (Lincoln fue lo bastante olvidadizo como para haber dejado casi dos mudas completas, aunque no dejó una trusa ni boxer), el grupo estaba en torno a dos cajas familiares de pizza sin queso. Tuvieron que soportar las quejas de Tabby sobre lo engañosa que era la publicidad de dicho tamaño, en especial por aquella patraña del queso extra.

-¿No puedes mascar con la boca cerrada? -pregunta Clyde, quejumbroso, luego de que le cayera un trocito de la boca de Rusty.

-Lo siento, no puedo evitarlo -responde el larguirucho cobrizo.

-Viejo -interviene Lincoln-, si quieres que tu novia siga contigo tienes que dejar algunos hábitos. A veces es molesto tener que soportar tus migajas.

-Me consta -tercia Renee, recordando las lecturas de cómics en ropa interior que dieron lugar a diversos malentendidos con Luna y Luan.

-No tienes que seguir con el sermón -corta Gabby, queriendo defender-. No es tan malo como se ve.

-Era él por el asunto de las mascadas o botarte por tu salchichita de cóctel -alcanza a murmurar Zach.

-¡Te escuché! -exclama Rusty, cubriendo una risita nerviosa de la latina.

-¿No tienes trajes qué organizar? -pregunta Jordan, ironizando la pregunta para desviar la conversación.

-Ni me lo recuerdes -responde el larguirucho-. ¿Cómo crees que voy a pagar la moto?

-Pensaba que ibas a vender algunas cosas -dice Zach-. ¿Crees que tu papá me venda esa lámpara de lava de 1963?

-Se la regaló a la señora Johnson cuando intentó salir con ella hace cuatro años. Quería que Rocky terminara en el cuadro de honor -detalla Rusty-, hasta que se enteró que él ya estaba ahí.

-¿Te la imaginas en ropa interior? -pregunta Stella, un tanto pícara.

-¡Stella! -reprochan las chicas en común, seguidas de una risa nasal de Penelope.

-Ni en un millón de años -responde Liam.

-No es como si ya lo hubieras hecho -bromea Clyde.

Zach prestó atención. Recuerda ese día en la piscina comunitaria, a sus quince, en que él y Clyde entraron por error al vestidor de mujeres y la encontraron totalmente desnuda. En ese tiempo, a pesar de Renee, no dudó en masturbarse con aquella imagen que a ambos se les quedó de la docente, con las piernas totalmente abiertas y recortando con tijeras su vello púbico.

-Una más y querrás tener de regreso a esa enana afrancesada -corta Penelope, a quien ya le habían confiado ese incidente.

Sin palabras, Clyde se limitó a morder una rebanada.

La charla se había vuelto lo bastante animada, e incluso la abuela de Stella se permitió el lujo de salir de casa para que los chicos tuvieran su espacio. La adolescente, sin confiarse, solo le aseguró que no harían nada que la avergonzara a ella o a sus padres, como en el último cumpleaños de su madre (Lincoln y su de nuevo novia fueron sorprendidos en el cuarto de ella estando solo en interiores) o en la Noche Vieja de 2021 (Liam la llevó a lomo de toro, lo cuál no habría tenido repercusiones de no ser porque el animal entró a la sala). O, al menos, eso es lo que aparenta hasta que Lincoln hizo una pregunta que casi provoca que algunos se atraganten.

-Estaba pensando -dice este, teniendo un trozo de la orilla en las manos mientras juega con él-. Nos conocemos desde hace mucho y no hemos hecho nada que el resto crea demasiado normal para recordar qué hicimos juntos antes de, bueno… ya saben…

-¿Antes de separarnos? -pregunta Clyde, quien se recostó sobre las piernas de Jordan sin motivo alguno.

-Eso suena demasiado cliché -especula Stella, descalza por comodidad sobre el brazo del sillón de la sala.

-Salir contigo no es precisamente algo normal, Lincoln -dice sin reservas Zach.

-¿Y tener amigos como ustedes es normal? -insinúa Lincoln, devolviendo la cortesía- ¡Vamos! ¿Quién cree que es normal hablar como si nada con una exnovia?

-¿O que su vecina de casillero de toda la vida volteé a verles el trasero? -secunda Penelope, imitando a Stella y bastante perdida en las horas precedentes.

-¿O saltar desnudos en una fiesta de verano? -apunta Tabby, señalando en el proceso a Jordan.

-¡Yo no salté desnuda! -replica exaltada Jordan, a quien esa memoria la atormenta desde que Mollie perdió con ella su record de bala de cañón.

-¿Y a quién le interesa ver un cuerpo plano? -bromea Rusty antes de eructar.

La tormenta de objetos y una eventual discusión no tardaron en caer sobre Rusty. En medio de francas risotadas, le parecía a Zach un momento de los que uno quiere preservar tanto tiempo como le sea posible con padres como los suyos. No fue hasta que Stella reparó en que un dron estuvo a punto de ser lanzado por Jordan, en un impulso por cobrarse por la nueva afrenta.

Dicho dron, una pieza negra no más grande que un gato con cuatro hélices, tiene una cámara según recuerda con la que hizo aquél proyecto de fotografía aérea el año pasado y espió a Liam durante su fugaz relación. Dos meses de mesada y estuvieron a nada de volverse chatarra.

-¡Baja ese dron! -pide Stella, estando el mismo a nada de ser lanzado.

-¿No lo escuchaste? -responde Jordan- ¡Me llamó plana!

-Tú no eres una plana -dice Renee, tratando de sonar conciliadora-. Me da pena decir esto, pero tienes un trasero que más de uno querrá llevarse a pasear.

-¿Desde cuando empezamos a hablar de traseros? -corta Lincoln.

-Es cosa de ellas, viejo -responde Tabby, bebiendo de una lata de cerveza.

-¿De dónde sacaste eso? -pregunta sorprendida Stella.

-¿Olvidan que esos patanes del club de deportes decían que era una zorra ebria? -contesta la rockera- Podré haberme acostado con tres o cuatro chicos antes que con este toro bramador -mientras habla, palmea la espalda de Liam-, pero ¿zorra? Ni que fuera esa perra mojigata Polly.

-Supongo que trajiste más -dice esperanzado Rusty.

-No -responde escueta Gabby.

-Lo siento, era mi última lata -responde Tabby, dando un último trago y aplastando la lata a una mano-. La última hasta que me largue a la estúpida Estatal de Pennsylvania.

-Eso debe doler -suspira Rusty, desanimado después de oír eso.

-No tanto como una resaca -dice Clyde, imaginándose lo que debe ser una mañana posterior a una borrachera peor a la única que vivió.

-¿Cómo la que tuviste después de beber una cerveza sin alcohol? -bromea Lincoln.

-Lincoln -gruñe por lo bajo Penelope, quien quería olvidar el último cumpleaños de la tía Brenda de Clyde, ya que en dicha fiesta ocurrió justo eso

-Oigan -llama Stella-, ¿y por qué no mejor salimos a tomarnos una foto o algo?

-Tenemos cientos de ellas en pareja o en grupo -alega Rusty-, ¿qué haría de diferente esta?

-Podría ser la última que nos tomemos juntos -estima Zach, un poco pensativo-, ¡quién sabe! En una semana iré a ver escuelas y es probable que todos estemos igual.

-Es cierto -secunda Renee-. ¿Qué tal si no tenemos otra oportunidad hasta el baile de graduación?

Les tomó mucho tiempo convencer a Rusty y a Penelope de ello. Al primero la idea sencillamente no le atrajo por su propio record escolar, mientras que a la novia de Clyde más que pena por lo poco fotogénica que cree que es por el exceso de pecas.

Parados frente a la casa, los murmullos no dejaban de fluir. A la par, Zach veía a Stella, más enfocada a enfocar el dron, y a Renee, que le tomó de la mano como si nada.

-Muy bien, ¡todos sonrían! -pide Stella, habiendo activado el temporizador de la cámara.

Hasta ahora todo bien. Contó para sí el tiempo mientras, a lo lejos, vio avanzar a Lucy con una cara de muy pocos amigos. Si viene por Lincoln, no pudo haberlo hecho en peor momento.

Tres… dos… uno…

-Vamos a casa, hermano -dice Lucy a nada de que sonara el obturador y tirando del cuello de la remera de Lincoln-. Me prometiste un viaje al Grano Quemado con el grupo, y no quiero prórrogas.

~x~

Queriendo recordar ese tirón, no dudó en dibujar una sonrisa. Esos días eran mucho más simples, días en los que su única preocupación era mantener un perfil bajo y no llamar demasiado la atención, no como ahora. Llegar a fin de semana cuando el dinero adicional escasea, comprar la despensa o el combustible, calcular el costo de su siguiente jugada...

Revisando tras la foto, se dio cuenta de algunas dedicatorias que recibió en su copia.

Nos vemos en Septiembre

XOXO Renee

.

Suerte en tu viaje, Zach

Nunca cambies

El Rust-man

.

Gracias por tu amistad

¡No dejes que los aliens te metan una sonda!

Penny Pessin

.

Llámame si necesitas descargarte

Clyde

.

Nunca bajes del 11

T.A. y L. M.

.

Te extrañaré, Zach

Stella

Una y otra vez, encontró muestras de afecto. Incluso Lincoln intentó recrear ahí mismo aquella caricatura de la pandilla tal y como era antes de la llegada de Stella, poco después de la mudanza de los Santiago a Chicago.

Con cierto malestar, a la cabeza le vinieron sucesos posteriores. La separación de Lincoln y Stella, la ruptura de Liam con Tabby por un malentendido de este con su prima, su accidente y convalecencia que le impidió ir al baile de graduación, el que Clyde por fin tomara la virginidad de alguien, ya que Penelope terminó por aterrarlo en ese sentido y el pleito de Jordan con algunas amigas.

Caminando a la recámara vio a Belle. Le sorprende que ella haya caído dormida, con la cámara encendida y con el trasero apuntando a esta. Totalmente desnuda, habrá sido un buen momento para despertarla en cuanto apague la cámara y cierre sesión para hacerlo todo privado.

La llamada de su jefe cortó todo pensamiento.

-Gurdle… -dice Alfonso Garza a modo de saludo con frialdad.

-¿Sí? -pregunta nervioso Zach.

-Derek quiere que mañana pases por él a primera hora. Estarás con él tres semanas en el campamento Willow Creek, a las afueras de Oakland. Considera eso tus vacaciones.

-¿Y qué tal si tengo pla-planes? -cuestiona Zach con atropello.

-¿Planes? -ríe Garza, despectivo- Yo no conseguí nada de lo que tengo cancelando planes.

-Pero señor, yo…

-Mañana a primera hora -cuelga.

Maldiciendo, Zach decidió no hacer nada esta noche. Está demasiado tenso como para pensar siquiera en una erección, por lo que tomó una sábana suelta, una almohada y se fue al sofá.

~o~

No es un hecho nuevo que Lincoln haya sido su amor imposible. Verlo cada vez más apegado a Ronnie Anne le carcome la razón, por lo que es más que probable el terminar involucrados en una situación poco menos que insostenible.

Es oficial. Una semana más y puede retornar a casa.

El exterminador le había dicho que no vio una plaga semejante desde que los Loud tuvieron termitas de una variedad africana en el 2017. Sin embargo, el daño en su casa fue comparativamente menor ya que fue una detección temprana, y no una avanzada y concentrada en dos habitaciones y la cocina del hogar.

Le tomó un buen tiempo reunir sus cosas, entre materiales, herramienta y la ropa que pudo sacar, mas aparte un par de camisas sucias de Lincoln. No eran precisamente sus favoritas, pero espera que no las extrañe.

Hace rato que Lana se había ido a dormir al lado. Con todo el escándalo que ambos armaban era casi imposible dormir, de modo que la única persona que se quedaba a dormir es ella misma. Ello, por añadidura, lo hacía tratando de imaginar que era ella, no la chicana, quien estaría embarazada de él y recibiendo todo el paquete.

Eso la tiene un poco trastornada. Dado que la habitación de huéspedes ya luce decoraciones en morado y naranja y tiene una cuna armada al lado de la puerta, siente que el espacio es reducido. Tanto más, porque está al lado de la recámara.

Cansada, se pregunta cuándo había sido el día en que Lincoln la rechazó con más amabilidad de lo que es posible incluso para él. Algo que, en medio del sopor, recordó…

~x~

Había pasado una de las noches más amargas de su vida, y no fue su culpa. De todas las personas en las que pudo haber confiado Jordan, Kat es quien más bajo había caído. Por toda la escuela aparecieron carteles con la leyenda Lincoln Loud y Jordan Rosato Reyes de la Graduación 2024. De un lado, la peor foto posible del peliblanco, recibiendo un balonazo en la cara en la secundaria. Del otro, una perra que seguramente está cubierta de lodo y debía verse repugnante.

Era oficial. Kat pasó de ser una amiga a un mero saco de basura. Que Jordan misma se haya decidido desde el quinto grado a invitar al grupo de Lincoln a sus fiestas y en la primera se humillaran él mismo y sus vecinos de casillero -quienes se ganaran así su respeto- es una cosa. De ahí a insultarlo deliberadamente y usando su propio nombre para bautizar a una perra con todo el aspecto de ser un animal idiota es demasiado incluso para su tolerancia.

Molesta, y luego de haber recogido y tirado todos los carteles que pudo encontrar, fue a su casillero.

Del grupo original de la zona de casilleros de la primaria, los únicos que coinciden todavía son Jordan misma, Lincoln y Zach, pero este tiene sus horas libres en tiempos distintos. El resto de sus vecinos conocidos son Artie y una chica de intercambio con la Academia Chávez de Chicago, una tal Sid Chang. Por lo menos agradece que está en un sándwich entre su amigo y su enamorado. En cuanto a la otra, sencillamente se detestan.

-¿Mudarse contigo? -escucha sorprendido a Lincoln mientras busca un libro de francés, idioma que no le gusta pero que se ha visto obligada a cursar para coincidir un poco más.

-Fue cosa de mis papás -responde Clyde, abatido-. Ya sabes, no quieren que me vaya demasiado lejos.

-¿Por qué no me dijiste eso? -pregunta decepcionado el peliblanco- Lynn conoce a una o dos personas allá.

-Ella fue a East Lansing -rectifica el afroamericano.

-Siempre tienes mi casa o la granja de Liam si te quedas en la comunitaria.

-No me recuerdes eso -replica Clyde.

-¿Es por lo de Lana? -cuestiona Lincoln.

Escucha esa charla intrascendente sin interés. La verdad, aunque Lana le agrade con todo y que sea una aburrida chica que le gusta heredar la ropa de su hermano, le parece que tiene gustos con los chicos algo cuestionables.

Inquieta, y habiendo dejado pasar el timbre un momento antes de atreverse a decir algo, se le ocurrió.

-Lincoln, quisiera que fueras conmigo al bai… ¿…le?

Frente a ella, y con el casillero del peliblanco cerrado. La única persona que se encuentra con ella es Sid.

-¿No tienes nada mejor que hacer? -cuestiona esta mientras alimenta a un pequeño tamarino en su casillero.

-¡No es de tu incumbencia! -responde Jordan, avergonzada.

Al menos agradece que esa chica no hable tan bien con Lincoln. Las cosas que le ha escuchado no fueron nada comunes, incluyendo ese molesto hábito de llevar animales a su casillero. Monos, lagartos, gatos, incluso llevando un cachorro de león de montaña que dejó a toda la sección de casilleros sin comida y sin algunos uniformes.

El resto del día en la escuela no fue para nada grato. Supo que tuvieron que sacar en camilla a Trent por una úlcera, el asistente de la directora decidió cancelar el club de gomitas por buscar eliminar a las entidades de menor arrastre y a una gótica la sorprendieron con una botella de vino tinto. En lo tocante a ella, las últimas clases del día eran Literatura, Filosofía (ambas con Liam, la primera con Stella, la segunda con Artie y Penelope) y Francés.

Dicha clase, impartida por DiMartino, no le era desagradable. Lo que le desagrada es que casi todos los estudiantes de dicho idioma eran chicos que a principios del curso anterior se inscribió al saberse que ella la impartiría. Tal fue el sobrecupo que, sin más, al menos tres cuartas partes de los alumnos inscritos fueron rechazados y enviados con distintos maestros.

El salón, dispuesto con veinticuatro escritorios dobles, no luce muy distinto. Al menos media docena de chicas, incluyendo a Jordan misma, son todo el potencial femenil del grupo. Casi todos los chicos preferían intentar ligar con la maestra o sonsacarle algún consejo de moda (ya que al menos unos dos o tres chicos son gay) a buscar anotarse un logro personal con una chica, por fea, antisocial o popular que sea.

-Bonjour, étudiants -saluda afable la docente, una vez entrada la mayoría.

-Bonjour, professeur DiMartino -devuelven casi todos.

Desganada, Jordan volteó a uno de los pupitres de la sala. Nota que Lincoln no había llegado.

-Antes de empezar, quisiera darles un par de anuncios -expone la maestra, sonando más como una amiga que como lo que es-. Ustedes serán el último grupo al que le de clases este año.

-¡Qué rayos dice! -maldice Joy, sentada en las primeras filas.

-Se veía venir -dice Mona, preparándose a sacar una de sus habituales cajas con algún postre horneado.

-¿Si, Jordan? -pregunta la maestra viendo que alguien alzó la mano.

-¿Es algo personal? -pregunta Jordan.

-Me alegra que preguntes. Verán… este verano voy a dejar un tiempo la instrucción -explica la bella mujer-. No me malentiendan, voy a regresar a diferencia de la mayoría de ustedes -dirige una mirada un tanto torva sobre Chandler, quien solo se inscribió para ocupar espacio mientras se hace el idiota o escribe cartas obscenas.

-De todos modos no tengo prisa por graduarme -responde este con sarcasmo.

-Si no tiene dónde más hacer el ridículo, hágame un favor…

-¿Un favor? -dice el pelirrojo, levantándose de su asiento.

-… y se larga de mi clase -remata la castaña.

Una risotada general bastó para que el pelirrojo saliera sintiéndose un campeón. Jordan, por supuesto, se había unido al resto de la clase. Ya en anteriores ocasiones él la había abordado sin éxito, aún durante su relación con Sadie, por lo que consideró eso como un triunfo para sí misma.

-Como decía antes de que me interrumpiera Chandler -retoma DiMartino con un dejo de autoridad-, lo que me alejará de los salones un tiempo lo pienso hacer público aquí y ahora… ¿ahora qué?

Unos tres golpes suaves a la puerta cortaron de nuevo el ambiente.

En cuanto la docente abrió la puerta, la figura de Lincoln se hizo presente. Por lo que Jordan pudo imaginar, este tuvo un fuerte percance que le obligó a llegar con la cabeza mojada y chorreando agua. Unas pocas palabras entre ambos y la puerta volvió a cerrarse.

-A lo que vine. Hoy, como es la última vez que los veré como mis estudiantes -vuelve a retomar la docente-, tendrán de primera mano sus calificaciones finales y veremos una película. Esto es porque… -se contiene un poco, emocionada-… la semana pasada… ¡me propusieron matrimonio!

El grupo de la tercera fila tras ella, Joy, Mona y Gabby, soltó un chillido estridente, mientras que las reacciones de los chicos fueron variadas, desde la resignación y una fría felicitación a una decepción general.

-Me tomaré el siguiente año escolar por otra razón -continúa-. Por eso le pedí a un cierto impuntual del día que fuera por un proyector y un Blu-ray al departamento de audiovisual, para ganarle un poco de tiempo. La otra sorpresa es que estoy embarazada -aumentaron los chillidos, mas los reclamos brillaron por su ausencia-. Como espero que sea un poco arriesgado, pedí permiso para ausentarme un año entero, así que los que vuelvan aquí el año entrante, y sé que serán dos o tres, pueden contar con que mi reemplazo haga lo que yo no pude.

-Genial -resopla Trent, tras ella-. Loud, el favorito.

-Trent, no te obligues a salir de clase temprano.

-Lo siento.

Una vez que Lincoln llegó con los aparatos, esta le fiera y realizó la instalación, buscó un asiento. Jordan le había ofrecido el lugar que quedó vacío, pero se retiró hasta quedar al lado de Emma y Chloe, aquél par de chicas con quien Clyde había querido salir en su momento.

La película elegida, 10 cosas que odio de ti, no le parecía tan buena. Le es demasiado shakespeariana, con una personal y muy desagradable referencia al primer hogar de los Rosato, aunque la banda sonora le da mucho a pensar.

.

Terminada la clase, y con el evidente pasmo en Lincoln de lo que debe ser uno de los peores días para ser él, trató de darle alcance sin mucho resultado.

-¡Lincoln! ¡Linc, espérame! -llama Jordan, un poco agitada al darle alcance en el estacionamiento.

-Ah, hola Jo -saluda Lincoln, ajetreado por tener que pasar a la secundaria por las gemelas y a la primaria por Lisa y Lily-. ¿Pasa algo?

-Este, bueno, yo…

-Habla rápido o sube -interrumpe Lucy-. No tenemos tiempo para lo que sea que quieras.

-Es sobre el baile de graduación -dice Jordan, presionada.

Al escuchar esto, Lucy decidió bajar. Desde el incidente del Sadie Hawkins que tocó a Lincoln, ha tenido cuidado de no meterse ni dejar que se metieran cuando fue su oportunidad.

Tomando asiento en el lugar del copiloto de aquella vetusta van, Jordan solo fue testigo de cómo es que el peliblanco encendía el motor.

-¡Maldita sea! -escupe Lincoln-. Si papá dice que vas a ser mía, que ni sueñe eso… en fin, ¿qué quieres?

-¿Puedo encender la radio? -pide Jordan, un tanto nerviosa.

-No veo por qué no.

No le tomó demasiado. Le costó trabajo encontrar una estación que, sabe, ambos disfrutan, donde lo mismo transmiten pop y electrónica que rock de la vieja y nueva escuela.

-No voy a mentirte, Lincoln -dice Jordan, tonando el asunto con seriedad mientras Vanzilla arranca-. Yo… siento mucho lo que pasó contigo y Stella.

-No pasó nada grave -excusa el chico-. Son cosas que tienen que pasar.

-Es la quinta vez que te pasa -corta Jordan-. Y dos veces con la tercera.

-Mira, si vas a criticar mi vida mejor te ba…

-¡No, no es por criticar! -corrige la chica-. Es solo que eres de los pocos que irán solos y, bueno… yo pensaba que

-¿Qué podías invitar a invitar a alguien que tuvo una de sus peores semanas? -pregunta retórico Lincoln- Aprecio el gesto, pero prometí a los chicos que iría con ellos sin pareja.

Sin pareja… sin pareja...

La idea se le antoja anticlimática. Ni en las películas ni en su vida ha visto que nadie a quien no le agradase le llame la atención ir solo a un baile. Si acaso, tal vez a las feas o a los antisociales de la promoción como Chandler o los góticos, pero a alguien popular como ella…

En la radio, por alguna razón, sonaba aquella canción de la película. Si Heath Ledger no la cantaba tan mal, su intérprete en la versión original no sonaba peor. Incluso podía decir que era una edición más trabajada, a pesar de que no le gustan las bandas de antaño.

You're just too good to be true

Can't take my eyes off of you

You'd be like Heaven to touch

I wanna hold you so much

At long last, love has arrived

And I thank God I'm alive

You're just too good to be true

Can't take my eyes off of you

-Ya llegamos -indica el peliblanco con una incómoda turbación.

Pardon the way that I stare

There's nothin' else to compare…

-¿Ya tan pronto? -pregunta Jordan.

-Si. De hecho ya habíamos pasado por Lana y Lola.

The sight of you leaves me weak

There are no words left to speak

But if you feel like I feel

Please let me know that it's real

You're just too good to be true

Can't take my eyes off of you

Nerviosa por lo que veía en el retrovisor, tan solo bajó antes de poder escuchar a Lola decir con toda convicción.

-Con que esa fulana te va a llevar al baile, ¿eh?

-No parece interesante -añade Lana, más ocupada en avanzar su tarea de álgebra que en otra cosa antes de que cerraran la portezuela y se pusieran en marcha a la primaria para ir por las dos menores.

I love you, baby

And if it's quite alright

I need you, baby

To warm the lonely night

I love you, baby

Trust in me when I say

Oh, pretty baby

Don't bring me down, I pray

Oh, pretty baby

Now that I've found you, stay

Un tanto desolada, fue a su habitación. Con aquella canción en mente, tomó su teléfono, buscó en internet la versión de Heath Ledger y se sumió en un lapsus depresivo al escuchar el coro.

And let me love you, baby

Let me love you

~x~

Es la primera vez en años que escucha esa canción de Frankie Valli. A pesar de todas las bodas a las que había ido como invitada, nunca nadie se la dedicó ni por un instante. Ni esa, ni ninguna otra canción.

You're just too good to be true

Can't take my eyes off of you

You'd be like Heaven to touch

I wanna hold you so much

No puede presumir de nadie a su madre. Botella de vino en mano, se lamenta de su propia suerte. Vivir, aunque sea temporal, bajo el mismo techo que la persona que ha querido para sí y no poder estrecharlo como quisiera. La misma persona que, hace unos momentos, tenía una sesión de masaje con su cónyuge con final más que feliz.

At long last, love has arrived

And I thank God I'm alive

You're just too good to be true

Can't take my eyes off you

No se dio cuenta de dos cosas. En sus manos, la botella de aquél vino chileno que su anfitrión recibiera de una de sus hermanas estaba vacía, y además Lincoln la estaba observando.

I love you, baby

And if it's quite alright

I need you, baby

To warm the lonely night

I love you, baby

Trust in me when I say

Oh, pretty baby

Don't bring me down, I pray

Cansado como estaba, este vio a su huésped. Jamás la había visto tan mal por algo que, desconoce, es responsable directo.

A tientas, más por la presión que siente en sus muslos y cadera que por otra cosa, avanza hasta darle alcance.

Oh, pretty baby

Now that I've found you, stay

Oh, pretty baby

Trust in me when I say

Oh, pretty baby...

A punto de caer del sofá, Jordan se sostuvo de último segundo. Esto no pasa desapercibido para Lincoln, quien decide ir primero a la cocina por algo de hielo y luego hacerle compañía.

-Hola -dice, más para cortar la tensión que pudiera existir.

-Lo… lo eché a perder -lamenta Jordan, hipando y con un fuerte aliento etílico.

-¿Qué echaste a perder? -pregunta con curiosidad Lincoln, llevando el hielo a sus muslos.

No obtuvo respuesta. Con la chica cabeceando de sueño por la borrachera, a este no le quedó de otra que cargarla lo mejor que puede hasta la recámara y darle a Ronnie Anne un pequeño descanso.

Estando arriba, y con Jordan en sueño profundo, se recuesta al lado de su esposa.

-¿Por qué la trajiste? -pregunta Ronnie Anne, cubierta de la cintura para abajo y mostrando sin pudor sus senos.

-Fue todo cuanto pude cargar con ella -resopla Lincoln, cansado por completo.

-No me gusta la idea.

-¿Cuál?

-Que ella duerma con nosotros en la misma cama -responde Ronnie Anne-. Solo… no me gusta.

-Odio reconocerle eso -discute Lincoln-, pero si no fuera por ella, pues… ya sabes. Ahora estaríamos como mis papás.

Acomodándose lo mejor que podían, la pareja no tuvo de otra que acostarse de lado, siendo Lincoln quien se puso detrás de su mujer. Sin objeciones, Ronnie Anne no tuvo de otra que ceder.

-Linc…

-¿Sí?

-¿Por qué te casaste conmigo? -pregunta la latina, cansada.

-¿Además del hecho de que mis hermanas y tu familia nos presionaran? -cuestiona el peliblanco.

-Si.

La respuesta, si bien flotaba en su cabeza, había vagado siempre. No se puso realmente a pensar en ello hasta ahora, y aunque el beneficio era mutuo, pronto (admite) van a tener que hacer público el embarazo. Pero, antes de eso, tenía un cabo por atar justo ahora.

-Porque eres mi mejor amiga -responde finalmente Lincoln, bostezando.

Con esa respuesta y un beso corto en los labios, ambos durmieron, dejando a Jordan con la duda hasta que amanezca

~o~

Nerviosa como pocas veces, Syd miró a Lola dormir. La envidia con la calma y la disposición con que esta ha estado tomando su rehabilitación física a pesar de que no está lista para volver al escenario.

No solo eso. Se imaginó el trabajo que le costó volver a una chica de una inicial posición arrogante que pasó por una crisis en alguien que, si bien comía de su mano, resultó ser mucho más que útil para su propio alzamiento e incluso admite como una igual. Más a su favor, ella levantó su incipiente estudio al nivel de poder pelear en desventaja con los Hermanos Bang o Ángel Ardiente y aún así asestar duros golpes de autoridad.

El sentido que a ello le diera desde que inició como actriz porno desde que cumplió los dieciocho al fin tuvo sus frutos.

Con las patas de Gavin sobre su muslo, acaricia de mala gana al mestizo. Como si no supiera lo que busca este, Syd se limita a mirar la cama y perderse un poco antes de dormir.

~x~

Recién ha salido de la bañera. La noche anterior había sido todo un desastre que la dejó con el ano casi insensible por el dolor, pero a su edad, y más con su experiencia, eso no debió de importar.

Mirando por la ventana su Mercedes sonrió para sí. Aquella zona de Redondo no era para nada problemática como los hoteles de Orange donde solía dormir hace seis años entre servicios y grabaciones. Mucho menos el cuchitril que ocupó hace tres en Chatsworth. Aquellas noches de parásitos de toda clase chupando de ella no eran, de ninguna manera, algo aceptable en su profesión, pero era moneda corriente. Había visto a varios hombres para quienes trabajó pagar buenos sobornos a médicos y funcionarios de salubridad para poner la vista a otro lado, dejando que las propias chicas sean quienes paguen por sus atenciones. Ella misma se había tratado por clamidia, lo que no fue agradable pese a haberse curado de ello.

Con el teléfono en el bolso, y habiendo elegido con cuidado su ropa, revisó cada detalle.

La blusa, blanca y verde, planchada y con perfume de trébol, se ve impecable como el resto de su ajuar. Los leggins de cuero plástico, aceptables, y eran mejores para la noche por el frío que pudiera hacer. El saco, de un verde más oscuro que el de la blusa, admite que es un poco de mal gusto para el día, pero al menos no huele a tabaco como la peluca negra que tuvo que usar la noche pasada. Las zapatillas, negras, no son muy elevadas, pero prefiere eso a los tacones de aguja.

-No, hoy la peluca se va a la basura -piensa en voz alta-. Apesta, no me gusta y además parezco estúpida cuando la uso.

Revisando en el refrigerador, solo encontró la ensalada de pollo que dejó antes del llamado, una botella a medio acabar de sangría y un cartón de huevo casi vacío. No era nada prometedor, y menos aún porque la fiesta de la noche será un evento más que pesado.

Decidió comer la ensalada de mala gana. Estos habían sido días en los que apenas y el bocado ha sido algo fresco, lo que ha estado afectando un poco su estómago. Cansada de pasar por McDonald's y Wendy's, ha tenido cuidado de pasar de las hamburguesas y papas para elegir alguna ensalada que en poco la dejan satisfecha consigo misma. El peso de esa decisión, no obstante, simplemente la dejan igual que si pidiera una Big Mac con queso extra.

Mientras daba cuenta de la última rodaja de tomate bañada en ese deleznable aderezo Mil Islas que le habían ofrecido en la tienda, sonó su teléfono. Más con ganas de no responder, lo hace con mal gesto.

-¿Diga? -pregunta al contestar.

-¡Sydney DeVine! Justo la chica con quien quería hablar -saluda jocosa una voz varonil.

-Lo siento… -dice aún con el bocado en su boca-…, pero ella no se encuentra.

-Vamos, nena -invita aquella voz-, ¿qué pierdes con firmar y trabajar para mi?

-Por lo que le supe a Tonya, la última fulana que trabajó contigo se contagió de SIDA -responde cortante la pelirroja de tinte.

-Son gajes del oficio -minimiza la voz.

-No me hagas ir a escupir tu oferta a la cara, Tino.

-Escucha -condiciona el llamado Tino, cambiando su tono de amable a intimidante-. Sabes que de no ser por mi seguirías chupando vergas en alguna esquina de Orange o dando tu culo por veinte billetes en Bel Air.

-No me intimidas.

-¿Intimidarte? ¡Oh, no, cariño! Te estoy dando una salida. Trabajas para mi o yo mismo veré que no trabajes en todo el estado.

-Como si no lo intentaras antes, cabrón. Hace dos años que estoy bien sin depender de ti, y no quiero soportar tus quejas y exigencias el resto de mi vida.

-¡Eres una ma…!

Colgando molesta, decidió apagar el teléfono.

Las calles del camino entre Redondo y Burbank, habitualmente animadas, hoy le parecen demasiado aburridas, justo como lo fue todo el periodo en Chatsworth. La única diferencia, obviamente, es que en ellas no había al menos una casa cada tres o cuatro cuadras a la que entrara una caterva de actrices y prostitutas que hicieran lo que ella.

Envidia un poco a aquellas mujeres con hijos que ve a su paso. No comprende lo que, para ella, es el tener que soportar las constantes quejas, chillidos y berridos de aquellas criaturas. El orden, para Syd, es que las mujeres que hayan dado ese salto suicida se queden en su lado de la acera y ella en el suyo, sin mantener a nadie como el perfecto inútil como ese idiota de Tino.

Le pasa con frecuencia. Primero ha estado evaluando la idea de ser madre para, después, rechazar con rotundidad esos pensamientos. No quiere perder su figura, invertir en un niño o tener que apegarse a alguien que solo le produciría dolores de cabeza. Mucho menos esperar a alguien a altas horas de la madrugada, alcoholizada y aturdida, mientras su hijo se mete en la cama con una zorra con cara de inocente o su hija se embaraza de un patán antes de que este se meta a su cama…

Definitivamente la maternidad no es una opción para sí misma.

.

La fiesta a la que fue invitada resulta ser un fiasco. Toda la comida se reduce a chatarra, como si de una fiesta de secundaria se tratara. Definitivamente tiene ganas de largarse, de no ser porque el alcohol es decente y la música está a todo volumen.

-Deja eso -pide Syd, evidentemente molesta-. Te he dicho que puedes dejar la botella.

-Ni siquiera has tomado tu segundo vaso -insiste una castaña, evidentemente borracha-. Deja que me llene el vaso, ¡te juro que es el último!

-Ya tienes como un galón de tequila encima -dice Syd, retirando con brusquedad la botella de escocés que tenía delante suyo-. Ni una más.

-Eres una aburrida -espeta la castaña, queriendo luchar por la botella.

-Ariana, ni se te ocurra -empieza a forcejear la pelirroja de tinte.

Ello no habría pasado a mayores, de no ser porque la llamada Ariana -una chica castaña, muy delgada que vestía en tonos neón- sintió una arcada y fue vomitando al baño.

Desdeñosa, Syd vació su vaso de un solo trago. No le gusta el sabor amargo del whiskey escocés, demasiado blando para ella, pero de eso al vodka con jugo de frutas o al tequila, es mejor que nada.

No pasó mucho tiempo en la barra. Siendo honesta consigo misma, Sid no ha pensado en quedarse mucho tiempo. Con suerte, podría tomar a alguno de los novatos que se la pasaban presumiendo en la sala con algunas ingenuas y una que otra, no tiene reparos en decirlo, puta.

-Vaya, vaya, vaya -saluda jactancioso un blanco obeso tras ella-, ¡pero si es Collie!

-No me llames así, Tino -dice despectiva Syd, sirviéndose un nuevo whiskey solo-. Hace tiempo que no tengo algo para mi.

-¿Y quién crees que pagó la botella que tan alegre vacías?

-Escucha bien, gordo -expresa amenazante la pelirroja de tinte-. Los dos sabemos que no abriste el culo para pagar por todo esto. Lo que bebo no es tu problema, y lo que pagas o crees pagar menos.

-Explícate, mujer.

-Te lo diré de la única forma que entiendes. No te metas con alguien que puede arrancarte las bolas de una mordida, y menos si interrumpes su bebida.

-Una ebria y un camarógrafo no hacen un estudio.

-Tampoco extorsionar a tu personal, y eso es lo que has venido haciendo toda tu vida.

-¿Te estás burlando de mi?

-Tú eres el chiste, y yo su remate -comenta Syd, vaciando ese nuevo vaso-. ¿O te crees que Stan es solo un camarógrafo?

-Tengo más de donde salió ese negro -desprecia Tino, acariciando su calva.

-Despides a más de los que contratas -sentencia Syd- y te tengo lástima. Adiós, imbécil.

Con la carcajada que soltó, a Syd le quedó claro que a ese hombre no le gusta recibir un no como respuesta, por lo que salió del lugar.

Haber trabajado con ese hombre lo resume como una pésima experiencia de la que aprendió a fondo. Tino (a secas, ya que su verdadero nombre era Craig Lizowski) no fue agradable mas que las primeras dos semanas que empezó con él. A partir de la tercera empezó a descontarle rentas, comidas, inclusive por artículos tan elementales en su profesión como condones -los mismos que suelen repartir a las afueras de las estaciones del subterráneo-, desinfectante y ropa. Por ello, hace dos años que lo abandonó, tomó las riendas de su vida y en cosa de año y medio se sintió en la cima.

Ese patán, pensó, es un caso perdido.

Todo lo que necesita ahora, reconoce, es un cigarrillo, una copa de absenta en cuanto llegue a casa y al menos unos días de vacaciones. No ha parado realmente desde que huyera de Seattle, y su cuerpo ya le exige un descanso más duradero.

Nada más salió, observa a una adolescente rubia y a un perro por demás mugriento. No es muy amante de los animales, pero por la cara que ambos tienen no han tenido un buen día. Los ve hambrientos, y ella, al parecer, venía de buena familia.

-¿A dónde crees que vas, blanquita? -pregunta, más por curiosidad que por el mero afán de echarla de allí.

-Nosotros solo estábamos d-de paso -responde la chica de forma atropellada.

-¿Ustedes?

-Mi perro y yo…

Pensando que se trataba de una chica más del montón como las que habían recurrido a ella en su momento, dudó. La propia Ariana fue una de ellas y ahora la pasa más tiempo borracha en fiestas mientras la estafan que en donde descansa, sea donde sea. Esta, en cambio, le permitió ir hacia su Mercedes e iluminar el lugar más de lo que el neón lo hacía.

-Luego me ayudan a lavar las vestiduras -resuelve Syd, sin tener una clara idea de porqué hace esto y encendiendo un cigarrillo-. ¿Qué hace una niña de papi como tú por aquí?

-Vine… -titubea-… por algunos castings que estaban realizando.

-¿Vienes con tu familia? -pregunta dando una calada y poniendo en marcha el auto.

Conforme la charla avanzaba supo algunas cosas de ella. Estaba resentida con sus padres, clásica historia de adolescentes fugados que usualmente no termina bien. En cuanto llegaron al motel Safari, dio una última calada al cigarrillo y se detuvo.

-Te entiendo, niña. Ve por tus cosas, que no me voy -indica Syd.

Por un segundo pensó en lo que podría ser de esa niña. Tiene una bonita figura, y sus senos se le antojaron desproporcionados para su edad. Empero, no quería iniciarla. No todavía

-A propósito -detiene a la chica ni bien esta abrió la portezuela-, me llaman Syd DeVine. ¿A quién saco del nido de chinches?

Contenida, la chica cede.

-Fogle -se presenta la adolescente-. Me llamo Lola Fogle.

-Bueno, Lola -dice Syd, tomando su bolso y sacando una tarjeta de crédito-, recoge tus cosas, di que vinieron por ti y paga lo que haya que pagar. Te quedarás conmigo.

-¿En serio?

-¡Vamos! No tengo todo el tiempo del mundo. Tienes cinco minutos -instruye.

Viendo como echaba la carrera, se dirige un poco al perro. No puede determinar a qué raza pertenece, pero juzgando por cómo se quedó en el asiento trasero no puede ser tan obediente o tan estúpido.

-¿Y tú qué miras? -pregunta en vano.

El perro, sin más, solo se echó a dormir.

~x~

Para ella no es un misterio. A los pocos meses supo que Ariana entró a una clínica de adicciones, mientras que Tino se vio envuelto en controversias que terminaron con él en la cuneta de la carretera a Chulavista, comido por animales carroñeros y con un hueco o dos en la cabeza, lo poco que pudieron encontrar de él que seguía medianamente intacto.

-Es una pena -dijo en voz baja, inclinándose sobre su rostro-. Ojalá que tu familia vea la flor en que te has convertido sin ver el cómo.

Despidiéndose con un beso corto en los labios, se retiró a su escritorio y fue a la gaveta donde tiene su absenta.

Miró con aprensión la botella. Bien trabajada, fue la última que adquirió mientras Lola estaba en coma. Esperaba que estuviera vacía, pero vio que es de una marca local mala. Llegó a preguntarse incluso qué tan mal estuvo para comprar algo así de inferior.

Asqueada porque el olor era incluso más repulsivo de lo usual, la arrojó al cesto de basura. Esa, se promete, será la última botella de absenta en su vida. La última que compra estando en un muy mal estado.

Lo que ignora es el efecto que lo dicho tuvo en Lola. Esta, en sueños, se preguntó por vez primera si las cosas habrían salido diferentes si no huyera en primer lugar.

~o~

En un principio tenía planeado no realizar este interludio. dejarlo en unos 17 capítulos, prólogo, recomendación de lectura (sí, sobre eso... fue el preliminar) y el epílogo. Sin más notas que las presentes.

¿Por qué cuatro relatos en uno y no una secuencia lineal con detalles menores esta vez? se deben pregun... mierda. Ya sueno a cierto farmacéutico a quien hasta su convivencia padre-hija le estalla en la cara. Pero sí. Les daré el motivo.

Me atrevo a decir que es para conocer detalles menores (Zach), parte de cosas que sucedieron (Lana y Jordan) y el contexto en que se dio un encuentro (Syd). Además, necesitaría distraerme un poco por pasar del físico al digital algo que, con suerte, saldrá en diciembre próximo y en lo que llevaba trabajando buena parte de mi hiatus forzado. Si no tengo al menos seis capítulos transcritos para entonces, lo dejo para marzo... si sobrevivimos a la pandemia, claro está.

Al cierre de la edición, noté un par de cosas de 10 cosas que odio ti. La escuela donde se desarrolla esa película se llama Padua. La ciudad italiana del mismo nombre, como saben, la vengo manejando como parte del HC de Jordan chica. Dos... el difunto Heath Ledger tenía buena voz. ¿Valdría decir que estuvo a nada de ser un actor completo?

Hora de responder a las reviews.

eltioRob95, para aclarar, Andrew (el chico que llena a Jordan de gases en su casillero en Lincoln Loud: Girl guru) y el aquí cretino Sully (sí, el antes conocido como Male Rocker) aquí la cagaron en serio. Sí, se lo merecen, y fue prudente que Grant se largara... se la debía, por decirlo así. Lo de Sam... viejo, eso lo dejé establecido. En el universo de este fanfic, Sam se cansó de la vida de un músico, tuvo un pleito sobre algo que Luna quería (maternidad) y terminó saboteado y una oportunidad de sacar provecho a lo ganado en el divorcio (El Balde de Sam... es curioso. En inglés el juego de palabras saldría más evidente). En cuanto a Kat y Mollie... si leíste el pequeño gran dolor de culo Deportación, ja. ¿Quién lo diría? Con todo sobre Ronnie Anne, aunque allí pagaron muy pronto y doloroso el precio. Sin embargo, aquí las dos tomaron caminos muy aparte en el mismo jodido estado (Kat, Osezna por la UCLA, Mollie, Troyana por la USC). De la segunda, confieso, decidí darle un pequeño giro con una rivalidad tipo puré de papa/gravy. Saludos hasta la marca de las reducciones.

J0nas Nagera, Belle podría haber aprendido una cosa o dos sobre una cosa o dos, pero no es de las personas que pudieran tropezar dos veces con la misma piedra. Sobre Jordan, la verdad quería que fuera algo más complicado como Lincoln saliendo MUY dolido de ver que a su taquito se lo está cenando un canoli XD. Lo que sí... Lisa. Tenía en mente que las dos menores del clan mantuvieran su pacto hasta un imprevisto de última hora que la dejó noqueada en la cochera de Lincoln. Ya pronto tendrás todo el paquete, tanto del asunto de Liberty como del quiebre en el viejo matrimonio.

Sin más por ahora, me despido. Recuerden esos dos metros de distancia, el gel antibacterial y el cubrebocas, señores.

Ahora...

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Sam the Stormbringer