20.
El nuevo representante de Knife Of Day comenzó a frecuentar los ensayos de la banda y prohibió la presencia de acompañantes. No es que tuviéramos visitas a menudo, pero no dejaba de ser algo molesto porque nos la pasábamos la mayor parte del día encerrados en la sala de ensayo del señor T, quedaba poco tiempo para irnos a la gira y ciertamente era un esfuerzo necesario, pero no me sentía muy feliz con esa decisión inapelable.
Viviendo los inicios de nuestra relación con Sora, me molestaba no poder pasar más tiempo con ella, en parte porque se acercaba su examen de ingreso -lo que hacía que se la pasara estudiando - y en parte por mi acotado tiempo libre.
Además el tiempo no corría a nuestro favor porque también estábamos con la grabación de nuestro segundo disco. Debía quedar listo para lanzar la gira.
Las largas horas ante el micrófono de mis pesadillas mientras intentaba que cada toma de mi voz quedara lo mejor posible, sin permitir que se retocara mucho con programas informáticos, consumían mi buen humor. Necesitaba relajarme con urgencia.
Pero cada vez que creía hallar un leve momento de paz, aparecía Akiyama Takato.
Era excelente para gestionar todo tipo de asuntos de Knife Of Day, pero a veces se metía demasiado y eso ya dejaba de agradarnos, especialmente a Akira y a mí.
Habíamos tenido suficiente con Hiroki Fuji en el pasado, como para que quisiéramos a alguien que estuviera constantemente insistiendo en entrevistas que parecían surgir por arte de magia.
Pero Knife Of Day nunca había estado en boca de todo el mundo como ahora. Comenzábamos a ser masivos.
Y se anunciaron las primeras fechas, así que la prensa estaba desesperada por lograr conversar con alguno de nosotros. Decidimos que lo mejor era repartirse las entrevistas o apariciones en los medios, era la única forma de sobrellevarlo.
Hubo un día en particular en la que me sentí exhausto. Aquella noche habíamos quedado con Sora para salir, llegué tarde a mi casa y me di una ducha. Faltaban un par de días para el temido examen de mi novia y había querido distraerla para que dejara de estresarse.
Recuerdo haber salido del baño con los pantalones y la camisa a medio abrochar. Me senté al borde de la cama y vi la insistente lucecita del celular. Takato insistía con una entrevista a la que debía ir yo, era para una famosa revista de música y habría una sesión de fotos. Me abrumaba el solo hecho de que sería a primera hora del día siguiente y me enfurecí porque ni siquiera me lo había consultado previamente.
¿Y mi vida qué?
Sabía que Sora sería indulgente conmigo si le pedía para cambiar la fecha de nuestra cena, pero no quería dar el brazo a torcer.
Akiyama me iba a escuchar.
Dejé caer todo el cuerpo sobre mi mullida cama mientras pensaba qué responder.
Y me quedé profundamente dormido.
Cuando desperté era cerca de la medianoche, me costó ubicarme en tiempo y espacio, mi celular yacía en el piso, al parecer se había estrellado contra el suelo al caer desde la cama y podía ver que la batería había llegado al otro extremo de mi habitación.
Me levanté frotando mis sienes y bufando malhumorado, encontré la tapa trasera del móvil debajo de la cama y lo encendí. Poco a poco fui recordando la situación, mi enojo con Takato, mis ganas de salir y ver a…
Sora. La cena. Mierda.
Imaginaba el dolor de cabeza que tendría para hacerle entender a mi novia que me había quedado dormido y…
Negué con la cabeza. Ella no era así. Probablemente me perdonaría comprendiendo mi cansancio, hacía algunos días que me decía que debía descansar. Al fin mi cuerpo me había pasado factura, pero no quería que todo quedara así.
Vi las notificaciones de llamadas perdidas y los mensajes y me apresuré a marcar su número.
-Hola – sonaba cansada.
-Sora, lo siento. Me quedé dormido y mi celular se apagó. ¿Dónde estás? ¿Dormías?
-Ah… ¿Yamato cómo estás? Supuse que eso había pasado y pensé en que ya me avisarías cuando etuvieras despierto. Te estás sobreexigiend… - interrumpió el diálogo para bostezar.
-¿Te he despertado? – pregunté apenado, estaba molesto conmigo mismo por haberle fallado la única noche que era exclusivamente para ella.
-Si, pero no te preocupes, Taichi vino a casa y cenamos algo aquí hasta que se fue a descansar.
-Yo... Si no estás muy cansada quisiera verte.
-Intenta descansar, Yamato. Yo voy a estar bien. Durmiendo bastante – se rió un poco para quitarle el drama a la situación – podemos vernos mañana, te aseguro que ese será el peor día, y sí que necesitaré mucha más distracción.
Sonreí al escucharla. No estaba acostumbrado a ese modo de ser suyo, no se preocupaba por estupideces, simplemente le bastaba con que yo estuviera bien. No me pedía explicaciones y veía mucho más allá de su propio ombligo.
Odiaba entrar en comparaciones, pero ciertamente ninguna de las chicas con las que alguna vez había salido eran así, más bien me trataban como a un trofeo y querían saber en todo momento donde me encontraba, por eso me cansaba con rapidez de esas relaciones, aunque la peor siempre sería Kurumi.
Con sentimientos encontrados me fui a dormir, no sin antes programar el despertador, Sora tenía razón, mi cuerpo necesitaba recuperarse.
XxxxxxxxxxxX
Estuve varias horas en la dichosa entrevista, me hicieron fotos con diferentes vestuarios -lo cual aborrecí bastante- y finalmente salí de la gigantesca editorial cerca del mediodía y muriendo de hambre.
Mientras caminaba por las calles cercanas buscando un buen lugar para almorzar en paz decidí buscar mi móvil para hablar con Sora.
-¿Qué tal la entrevista? – fue lo primero que dijo.
-Bien, y muy aburrida.
-¿Dónde estás?
-Buscando un lugar para almorzar. ¿Nos vemos luego?
-Estaré en casa. Ya me di por vencida y no siento que vaya a entrarme más información en el cerebro.
-Iré en seguida.
-Tranquilo, come algo que te estaré esperando.
Colgué la llamada y finalmente mis pasos me guiaron hacia un buen restaurante en el que nadie me reconocería. Pedí algo rápido y media hora después tomaba el tren que me llevaría hacia lo de Sora.
Cuando llegué ella abrió la puerta del departamento y me recibió con una sonrisa radiante.
-¿Cómo está nuestro dormilón favorito? – la voz de Taichi sonó a mis espaldas y me giré para verlo aparecer en el pasillo justo detrás de mí.
-Queriendo tener un poco de paz con mi novia, gracias.
Taichi se rió.
-¿Lo has escuchado? El muy posesivo te quiere solo para él. – le dijo Yagami insolentemente a Sora, que puso los ojos en blanco.
-Y solo porque hoy estoy muy histérica antes del examen, me encanta su idea -dijo ella.
-¿Así que ya comienzan a dejarme de lado? ¿Después de todo lo que hice por ustedes, par de desagradecidos?
-Si, gracias por todo. Nos vemos luego – dije de modo cortante y con un dejo irónico.
-Ya váyanse a un hotel, avísenme cuando estén decentes para verme de nuevo.
Nos reímos y lo vimos alejarse.
-¿Qué quería? – pregunté mientras Sora cerraba la puerta detrás de mí e ingresábamos a la sala principal.
-Molestarte, por supuesto. Ayer estaba preocupado porque no aparecías, estaba peor que yo.
-Puedo imaginarlo.
-Al final él parece ser un mejor novio que yo y se preocupa más.
Me di cuenta de que estábamos solos y ella se burlaba abiertamente de mí. Estaba preciosa con un bonito vestido amarillo acorde al clima cálido.
-De verdad lamento lo de anoche – le dije.
-No tienes que explicarme nada – al fin se adelantó hacia mí y nos besamos con ganas. La había echado de menos.
-Hoy tengo todo el día para ti – le susurré en un momento en el que tomamos una bocanada de aire. Ella solo apoyó su frente sobre mis labios y se aferró a mí.
-Es todo lo que necesito.
Rodée su cuerpo con un brazo mientras que mi otra mano se ocupaba de mover sus cabellos para dejar su cuello más accesible para mi besos. Ella se dejó hacer y echó la cabeza hacia atrás, sonriendo ante las cosquillas que provocaban mis labios sobre su piel. Era una zona muy sensible para Sora y de a poco lograba acostumbrarse y no dar saltos impredecibles lanzando carcajadas o retorciéndose por un ataque de risa.
-¿Qué… tanto… tiempo… tenemos…? – le dije mientras besaba su piel al finalizar cada palabra.
-Mamá está… está en Kyoto. -dijo entre suspiros. Se alejó un poco de mí para que la dejara hablar tranquila y sin interrupciones -mi padre está enfermo y la única forma de que no esté en la oficina es que ella vaya a cuidarlo y lo obligue a estarse quieto.
-Me lo puedo imaginar.
Ella sonrió y se me acercó, aferrándose a mí y apoyando su frente en mi hombro.
-Así que espero que sea completamente cierto lo que dijiste y que de verdad todo este día sea para mí.
No lo dijo a modo de reproche, detecté un sutil tono juguetón, casi seductor.
No es que hubiéramos llegado a mucho desde que salíamos, era todo bastante reciente y sobre todas las cosas quería que todo marchara con calma, sin que se sintiera forzada a nada.
Lamentablemente la experiencia de Mimi con Fuji me había abierto los ojos y entendía lo complacientes que algunas chicas podían volverse para no ser abandonadas o para que no les reclamaran que algo estaba mal con ellas, así que no me sentía inclinado a dejarme llevar por muchos deseos que tuviera. Sora realmente movía muchas cosas en mí, quería que cuando el momento llegara ambos estuviéramos decididos.
Pero las hormonas a veces se tornaban difíciles, especialmente cuando a ella se le daba por besarme como lo hacía en ese momento. La aparté con suavidad cuando sentí que mis facultades mentales estaban rindiéndose ante el deseo y la observé.
Se vería bien con lo que fuera, de eso no había dudas. Sus cabellos estaban completamente desordenados y su melena caía sobre los hombros descuidadamente, mientras que sus ojos estaban clavados en mí y me contemplaban con intensidad. Recordé perfectamente esa mirada, la misma de aquella noche de la graduación, que me había dejado totalmente atontado. No la había vuelto a ver hasta ahora. Se inclinó levemente hacia adelante, pretendiendo aferrarse a mí y me dio un leve empujón. Caímos sobre el sofá. Ella se rió divertida al notar que yo me había ruborizado, pero acto seguido volvió a besarme. Sus dedos se enredaron en mi cabellera y volví a sentir un nuevo empuje de mis hormonas.
Si seguía así perdería la cabeza y sería capaz de proponerle algo que no estaba seguro que ella quisiera hacer. Quizás era muy pronto para los casi dos meses que llevábamos juntos.
Me limité a tomarla suavemente de la cintura para girarla sobre mí de modo que su espalda quedara apoyada en mi pecho. Respiré aliviado cuando comprobé que ella se dejó hacer y simplemente se quedó allí, con mis brazos rodeando su figura mientras su cabeza descansaba en mi hombro.
-Lo siento. Necesitaba un poco de aire -le susurré luego de besar su cabellera.
Ella se limitó a asentir con la cabeza.
-Creo que yo estaba dejándome llevar bastante -dijo.
-Y yo. Creéme que me fue difícil detenerte.
-Si. Creo que si me proponías algo ni siquiera iba a dudar – fue como si leyera mi mente.
-¿Algo? – me interesaba que hablara más al respecto, ciertamente desde que éramos amigos nunca la había escuchado hablar de ningún chico ni sabía si había salido con alguien, porque incluso cuando recién comenzaba a reconocer que ella me gustaba, había intentado olvidar el asunto distrayéndome con otras. Y ni siquiera habíamos hablado de mis citas en aquel entonces. No sabía nada de lo que había vivido con su ex novio, no recordaba que lo hubiera nombrado alguna vez. Así que no sabía gran cosa de sus experiencias previas, de hecho ni siquiera hablábamos de eso con Taichi, a lo sumo con los chicos de la banda.
-No te hagas el tonto, que lo pensaste tanto como yo.
-¿Ah?
Se apartó cuidadosamente y se giró para observarme.
-Tu cuerpo no puede mentir – dijo burlonamente.
Me ruboricé. ¿Ella hablaba de…?
Se escucharon golpes en la puerta.
Ella titubeó unos instantes mientras dirigía la vista hacia la puerta principal del departamento. Nos miramos. Era Taichi al otro lado reclamando nuestra atención.
-¿Siempre es tan inoportuno? -murmuré malhumorado. Justo cuando la conversación se tornaba interesante...
-No sabes cuánto. Lo padezco desde siempre. – ella me dio un rápido beso y se incorporó, yendo hacia su habitación a arreglarse un poco mientras que yo me dirigía al baño a lavar mi rostro y refrescar mis ideas.
Cuando llegué a la sala principal Taichi me observaba de arriba abajo buscando indicios de algo.
-Hace horas que los estoy llamando y ninguno contesta.
XxxxxxxxxxxxX
Aquella noche dormimos juntos, y no, no hubo nada de la pasión que habíamos experimentado más temprano.
Taichi, Hikari y Mimi se las habían ingeniado para pasar la tarde entera en la casa de Sora, con la tonta excusa de distraerla para que se olvidara de los nervios por el examen de ingreso al día siguiente.
Admito que todos nos la pasamos genial y hasta yo tuve tiempo de no pensar en Knife Of Day ni amargarme por el manejo que hacía nuestro nuevo manager.
Al menos había tenido la decencia de avisarle a Akiyama y a los chicos que después de la tediosa entrevista de aquella mañana me tomaría la tarde para mí, y no pusieron objeción alguna.
Así que a pesar de nuestra interesante charla interrumpida por el insistente Yagami y sus aires de hermano mayor celoso, cuando todos se marcharon a sus casas y yo me disponía a irme Sora me pidió que me quedara con ella.
Por supuesto no pude negarme.
Pero ya no se trataba de un capricho impulsado por el deseo. Era la simple necesidad de no pasar sola esa noche en la que sus nervios crecían con el avance de las horas. Ella estaba muy preocupada por poder ingresar a la Universidad con la que tanto había soñado, estudiando lo que más quería.
Dormimos abrazados, en su cama en la que apenas cabíamos juntos y con la única intención de disfrutar de la cercanía que ofrecía la noche, sin necesidad de explorar sensaciones agudizadas por la oscuridad.
En algún momento antes de quedarme profundamente dormido, recordé vagamente aquella no muy lejana tarde en la que me desvanecí a causa de la fiebre y arrastré a Sora conmigo para que quedara echada a mi lado, sin ser conciente de ello. Sonreí tontamente. El Yamato de ese entonces nunca habría imaginado la forma en la que todo se había transformado.
XxxxxxxxxxxxxxX
Desperté cuando sentí un agudo golpe en las costillas y a continuación caí de la cama en un estruendo, mientras el endemoniado despertador de Sora chillaba con fuerza y retumbaba en toda la habitación.
Mi adolorido cuerpo reaccionó con lentitud a la vez que ella de deshacía en disculpas por haberme golpeado con su codo de ese modo. Había sido totalmente impulsivo y a causa de lo inesperado de todo ni siquira había recordado que yo estaba allí.
Lejos estaba de ser el despertar que había imaginado exactamente, pero sin dudas era original.
-¿Qué hora es? – dije mientras me incorporaba lentamente con su ayuda y observaba a mi alrededor.
-Bastante temprano. Pero quería desayunar con tiempo de sobra.
-Si es que los nervios te lo permiten.
-Ja ja- dijo con sarcasmo - ¿por qué no mueves tu trasero y preparas el café?
-¿Yo?
-Si. Yo voy a vestirme y arreglarme. Sabes que con mi ansiedad soy capaz de echar la cocina abajo.
Me dio gracia pero le di la razón. Cuando estaba nerviosa todo lo que había en sus manos acababa en el suelo, y mejor ni imaginar lo que podría pasarle manipulando agua caliente.
Busqué mis pantalones en la habitación y luego me dirigí a la cocina mientras bostezaba, allí puse manos a la obra. Al cabo de media hora la mesa estaba servida y mi flamante novia apareció en la puerta de la habitación. Estaba radiante con su cabello suelto y un delicado vestido corto de color rojo oscuro y sin mangas.
-Comienzo a entender que la verdadera razón para que me quedara aquí era para hacerme tu esclavo, solo me querías para tomarte tu tiempo y arreglarte a gusto e ir bien guapa sin perder tiempo en preparar tu desayuno.
Ella sonrió ante mi comentario, se acercó a la mesa y bebió un sorbo de su taza de café.
-Ve a vestirte. Que así de vulgar estás guapo pero no quiero que te secuestren o te lleven preso cuando me acompañes.
Me observé y descubrí que tenía el pantalón desabrochado y la camiseta estaba bastante arrugada. A regañadines me marché y la escuché reírse. Para el altísimo nivel de estrés que debía estar manejando en esos momentos, sonaba bastante divertida. Por ese día se lo permitiría. Supuse que eso era un punto positivo a mi favor.
Cuando llegamos a la universidad de Tokio había otras muchas personas aguardando para entrar en ese dichoso examen. No logré pasar desapercibido y algunos fans se me acercaron.
Al menos Sora había previsto la situación y se había ocupado de darme pautas para no lucir tan desaliñado por el cansancio y ahora me observaba encantada, viendo como firmaba autógrafos o accedía a algunas fotos.
Sabía que no iba a aparecer Jun por allí así que estaba tranquilo.
Poco antes de que se hicieran las nueve de la mañana decidí acercarme a ella y distraerla porque comenzaba a observar signos de nerviosismo en la forma en la que observaba furtivamente la hora. Ya había hablado con sus padres y con Taichi y el examen era ahora inminente. Ella temblaba y reía compulsivamente y yo la abrazaba.
-Te irá genial. Sabes que tienes mucho talento y todas las aptitudes que necesitan.
-Si. Gracias – la besé justo cuanto las personas que allí estaban comenzaban a entrar. Ella observó a la gente a nuestro alrededor y suspiró – te llamaré en cuanto salga.
-Por supuesto. Yo estaré ensayando, pero no te preocupes, que a nadie va a molestarle que salga para conversar.
-Yamato, te quiero.
Y sin esperar respuesta se alejó, lentamente ingresó al edificio y desée que de veras le fuera bien.
Y yo también que la quería.
Me marché caminando hacia la estación más cercana, con mis manos en los bolsillos.
Sentí mi móvil sonando y contesté distraído mientras intentaba recordar cual era el tren más adecuado para ir a casa.
-Hijo, estoy detrás de ti. – la llamada finalizó y me giré sintiendo unos ligeros nervios.
Natsuko estaba allí.
De acuerdo, quizás no sería tan sencillo volver a casa.
XxxxxxxxxxxxxxX
