Capítulo 20.- Ley de Murphy, parte 1
(Perspectiva de Kagome)
2 semanas habían pasado e Inuyasha me había invitado hace un par de días como pareja para la fiesta de su empresa.
*Flashback*
- ¿De verdad quieres que vaya contigo? – pregunté.
- ¿Por qué no?, eres mi recién marcada novia youkai, yo veo que eres la pareja perfecta. Además, debo abrir el evento con un vals… ¿Me dejarás bailando solo? – exclamó mientras hacía un puchero.
- No tengo traje de gala.
- Es por eso que iremos a comprarlo hoy con tiempo de sobra, para que puedas decidir. Aunque yo creo que te verías perfecta incluso en un costal de papas – me sonrió y yo me reí.
- ¿Verás tu traje también?
- Por supuesto, tenemos que combinar. – musitó cerca de mi rostro, para luego cerrar el espacio entre ambos y besarme.
*Fin flashback*
Me levanté temprano, la fiesta era hoy y quería lucir perfecta. Había vuelto a mi casa hace un par de días, sentía que era demasiado tiempo abusando de la hospitalidad de Inuyasha, además de que aún no habíamos hablado sobre mi posible mudanza. Sin embargo, después de pasar tantos días allí ahora mi departamento se me hacía pequeño.
Me preparé un desayuno liviano, con tostadas y mermelada, acompañado del siempre perfecto café de caramelo.
Justo antes de entrar a la ducha mi celular vibró por una llamada entrante de Kouga, sonreí, extrañaba hablar con mi mejor amigo.
– Hola Kag – sonó su voz ronca apenas contesté.
– ¡Hola!, ¿cómo has estado?
– De maravilla, ¿y tú?
– Igual.
– ¿Estarás en casa hoy?, Sé que estuviste de cumpleaños y no aparecí, soy el peor mejor amigo de la historia.
– No te preocupes, sé que tienes mucho trabajo y todo eso. Sigo queriéndote. - Su risa sonó melódica del otro lado del teléfono.
– Tengo que recoger unos exámenes de mamá en el hospital de Tokio y pensé que podíamos compartir un rato.
– Si estaré, pero un poco ocupada, tengo una fiesta de gala hoy en la noche. Si no te molesta ayudarme a elegir un peinado y preparar mi vestido puedes venir.
– Suena a algo tedioso, pero de todas formas te extraño, así que pasaré un rato, estaré ahí en una hora más menos.
– Perfecto, te espero – corté.
Me metí a la ducha y recordé por un momento a Inuyasha, de seguro estaba colapsado viendo los últimos arreglos de la fiesta.
Sequé mi pelo con la toalla quitando el exceso de agua, una de las tantas ventajas de ser youkai era que mi pelo quedaba perfecto incluso si no me esforzaba en ello.
Cerca de las una de la tarde Kouga apareció en mi puerta con un peluche entre sus manos. Al verme de frente me abrazó con fuerza y yo se lo devolví gustosa, de pronto cuando lo sentí quejarse recordé que mi fuerza ya no era humana, si no demoníaca.
– Guau, ¿has estado haciendo ejercicio?, casi me has partido a la mitad.
– Lo siento, he estado entrenando bastante – mentí e intenté cambiar el tema de conversación – ¿ESE PELUCHE ES PARA MÍ?
– ¡Siii!, feliz cumpleaños atrasado – El peluche era un oso panda pequeño.
– ¡Muchas gracias! – Me miró extrañado fijamente.
– Estás más linda que de costumbre.
– Maquillaje – volví a mentir.
Como era costumbre, me pidió café de maquina mientras hablábamos de nuestras vidas. Me contó de cómo su relación con Ayame se había puesto más seria y como su madre respondía cada vez más a los tratamientos de su enfermedad. Aproveché de ponerlo al día con mi vida, le conté que Inuyasha era ahora mi novio y todo estaba saliendo a la perfección. La parte de demonios, transformaciones y marcas eternas la dejé fuera de la conversación por obvias razones.
– ¿A qué hora es tu fiesta? – preguntó.
– Inuyasha pasará por mí a las siete – miré el reloj y noté que ya eran las dos de la tarde – Debo seguir preparándome, pero puedes seguir tomando todo el café que quieras mientras yo doy vueltas por la casa.
– Avísame si necesitas mi opinión – exclamó mientras daba otro sorbo de su café.
'
Preparé mi peinado primero. Pensé en un principio en dejar mi pelo suelto como de costumbre, pero mi vestido era strapless y no se luciría lo suficiente con mis bucles estorbando, así que opté por una coleta alta y unos pequeños mechones enmarcando mi rostro junto a mi flequillo. Saqué el vestido de su envoltorio protector y entré en él. subí el cierre a mitad de espalda.
– ¿Kouga puedes venir un segundo? Necesito ayuda con el cierre – Gracias a kami tenía un mejor amigo que no intentaba nada más ni se pasaba de listo. Recordé la marca en mi cuello y la tapé con la coleta que era lo suficientemente larga.
– Kouga apareció bajo el marco de la puerta de mi habitación y me miró sorprendido.
– Wow, Kagome, el rojo te queda – exclamó mientras se acercaba para cerrar mi vestido.
Para cuando me miré en el espejo de cuerpo completo de mi habitación recordé por qué lo había comprado en primer lugar. El vestido era perfecto en un rojo profundo. El escote era en forma de corazón, sin tirantes y la tela se ajustaba como segunda piel a mi cuerpo desde mis pechos hasta un poco más arriba de mis rodillas, donde se abría en cola de sirena hasta el suelo. Ya quería ver la cara de Inuyasha cuando me viera. Había buscado específicamente un vestido en este color sólo después de que me había enterado de que era su favorito.
– ¿Se ve bien?
– Estás de infarto Kag, si no fuéramos mejores amigos quizás estaría jugando todas mis cartas para conquistarte – exclamó. Yo sonreí.
– Sólo me da lástima que los zapatos no se luzcan bajo la tela – exclamé triste, había escogido unos stilettos en rojo mate de 15 cm sólo para poder alcanzar los labios de cierto youkai sin esfuerzo.
'
Para cuando llegó Inuyasha, Kouga le abrió y se saludaron como si fueran grandes amigos de toda la vida.
– ¿Dónde está mi chica? – exclamó Inuyasha.
– Aquí – exclamé saliendo de mi habitación. El traje de Inuyasha era en negro, totalmente hecho a medida de sus músculos y era acompañado por un corbatín negro clásico que lo hacía lucir aún más estilizado. El bolsillo de su chaqueta formal llevaba un pañuelo rojo en el mismo tono de mi vestido. Ví en cámara lenta como me miraba de los pies a la cabeza y sus ojos cambiaron a anaranjado cuando pasó por mi busto.
– Oh gatita, no tengo palabras para expresar lo deliciosa que te ves en ese vestido, podría arrancarte la tela a mordiscos si pud…
– Recuerda que Kouga está detrás de ti. – dije riendo. Kouga había fingido no escuchar e Inuyasha sólo sonrió coqueto.
– Te he traído un regalo. – exclamó mientras sacaba una caja de terciopelo desde su chaqueta elegante – Creo que combinará perfecto con tu pulsera.
Abrió la caja y apareció un delgado collar de diamantes y cristales con el diámetro justo para quedar ajustado a mi cuello, lo miré impactada por unos segundos. Me giré para que me ayudara a colocarlo; cuando no sentí sus manos sobre mi piel miré por sobre mi hombro hacia atrás, sólo para encontrarlo embobado mirando mi trasero.
– Amor, concentración aquí arriba. – exclamé divertida, él me miró y mostró una de sus clásicas sonrisas torcidas.
– No es mi culpa que seas tan perfecta, no puedo ignorar tus curvas si están demarcadas en rojo – exclamó mientras pasaba el collar y lo ajustaba a mi cuello, tenía un calce perfecto – ahora si, tu vestimenta está completa… ¿Nos vamos?
– Nos vamos. – me acerqué y besé sus labios por un instante. Benditos zapatos de tacón, si bien aún era más baja que él, mi altura quedaba perfecta para alcanzar sus boca sin esfuerzo.
– Pásenlo bien, cuida de la chica Inuyasha – exclamó Kouga y yo recién pude recordar su presencia.
– Siempre – Inuyasha respondió mirándome fijamente con devoción.
– ¡Avísame si vuelves aquí o te quedas fuera! – gritó mi mejor amigo caminando hacia el baño.
'
Me impresionó lo sofisticado que era el salón de eventos cuando llegamos al lugar, el piso era de mármol blanco y las paredes eran altísimas con recubrimiento claro. Inuyasha dio nuestros nombres en la puerta e ingresamos sin problemas.
– ¿Dónde están Sango y Miroku? – pregunté curiosa.
– Miroku mencionó que llegaría un poco más temprano, así que asumo que deben estar dentro ya desde antes que nosotros. – respondió Inuyasha.
Caminamos en dirección al salón principal, tuve suerte de ser guiada por el anfitrión de la fiesta, porque me habría perdido sola. Caminé tomada de su brazo hacia un grupo de gente que destacaba por sobre los demás, pude distinguir dos cabezas con cabello plateado desde lejos, uno era Inu no, al otro no lo conocía. Inuyasha saludó con un abrazó a su padre.
– ¡Hijo mío!, has hecho un buen trabajo aquí, se nota que la has organizado con buen gusto y encima has traído a Kagome contigo – me miró y me sonrió; dios, no me acostumbraba a lo idéntico que era a Inuyasha – ¿Ha pasado tiempo no?
– Bastante – sonreí. Lo imponente que era provocaba en mí el instinto de hacer una reverencia.
– Querida te ves perfecta, la inmortalidad sienta bien en ti. – exclamó Izayoi, uniéndose a la conversación.
– ¿Cómo lo sabe? ¿Inuyasha le contó? – pregunté.
– No fue necesario cariño, mirándote puedo notar que tu belleza de hanyou se ha triplicado. – tomó mis manos y me sonrió – Además, puedo ver la no tan sutil marca un poco más arriba de tu clavícula izquierda. Espero mi hijo te dé toda la felicidad que mereces.
– Espero poder hacerlo tan feliz como él a mi. – sonreí. Era agradable sentir el cariño de mis ahora suegros.
– ¿Has recibido nuestro regalo? – La voz de Inu no resonó en el lugar.
– ¡Si!, muchas gracias, es precioso, completamente de mi gusto. – respondí recordando el collar fino de oro blanco.
– Me alegro – Inu no dibujó una pequeña sonrisa en sus labios. – Izayoi lo escogió para ti, mencionó que debía ser algo fino pero delicado, aunque yo elegí el material.
– Hacemos un trabajo en equipo perfecto. – exclamó Izayoi mientras nos abrazaba a mi y a su marido.
Inuyasha apareció nuevamente a mi lado luego de hablar con otras personas que habían pasado cerca de nosotros.
– Kagome quiero presentarte a Sesshomaru Taisho, mi hermano. – exclamó Inuyasha tomándome de la cintura con posesión. Giré un poco y comprendí que el otro sujeto de pelo plateado era el hermano que no conocía. A simple vista imponía tanto respeto como Inuyasha e Inu no, aunque su aspecto era mucho más sofisticado y su mirada un poco altanera. Sesshomaru tomó mi mano y depositó un beso en el dorso.
– Mucho gusto Kagome, me alegro de que mi hermano haya encontrado alguien que lo soporte. – musitó, sus ojos dorados me hicieron sentir incómoda y su voz ronca retumbó en mis oídos. No hubo ningún atisbo de sonrisa en su rostro.
– El placer es mío. – musité mientras sonreía por cortesía.
– Te presento a Rin, mi esposa. – Una mujer de cuerpo pequeño apareció a su lado y me sonrió, yo sonreí de vuelta.
Inuyasha me habló al oído para recordarme que el vals de presentación esperaba por nosotros. De un momento a otro los nervios me invadieron, no se me había pasado por la mente practicar ni una sola vez junto a él. Mientras caminábamos al salón central los invitados nos abrían camino para pasar. Soltó mi mano y me hizo un gesto de que lo esperara cerca y un instante después una voz profunda sonó desde el escenario.
– Con ustedes el anfitrión de esta hermosa velada dará un discurso de bienvenida, el escenario es suyo señor Taisho. – exclamó el animador.
Inuyasha subió al escenario a paso decidido, su postura erguida y su contextura hacían imposible ignorarlo. sentí suspiros a mi alrededor y supe que no mentía cuando me había mencionado que llamaba la atención de las féminas sin mayor problema.
– Muchas gracias. Es un agrado para mi compartir esta noche de celebración con ustedes, personas de confianza para mí y para mi familia. Espero esta velada sea inolvidable para cada uno de ustedes tal y como tengo certeza de que lo será para mí. Hoy tengo el agrado de presentarles a mi novia, Kagome Higurashi, la bella chica de rojo que me acompaña.
Oh oh… Sentí el foco de luz sobre mí y supe de inmediato que no quería tanta atención. Pude sentir los murmullos femeninos y masculinos, en definitiva los masculinos me agradaron más. Sólo tuve el instinto de sonreír y lo seguí.
– Kagome ha aparecido en mi vida cuando más la necesitaba y se ha transformado en un pilar fundamental para mí, es por eso que hoy daremos inicio a este evento juntos y espero que los próximos también. – me sonrió y se alejó del micrófono, el animador hizo un gesto para que el vals comenzara y la orquesta obedeció de inmediato.
Inuyasha bajó y caminó en dirección hacia mí. Al llegar extendió su mano y la que tomé sin pensarlo dos veces. Evocó una sonrisa torcida y yo me derretí internamente.
Mientras todos aplaudían caminamos hacia el centro del salón. La mano derecha de Inuyasha se movió a mi cintura mientras la otra tomaba mi mano. Posé mi extremidad izquierda sobre su hombro.
– Te ves encantadora – susurró cerca de mi rostro. Yo sonreí llena de amor.
Y de pronto él se movió y yo me dejé llevar, agradecí internamente que Inuyasha supiera como guiarme en los pasos y me sorprendió el que coincidiéramos bastante bien sin previo ensayo. Pude ver a la gente a nuestro alrededor sonreír genuinamente, excepto por algunas chicas que me miraban con odio, podía suponer el por qué, pero me concentré en seguir mirando a los ojos dorados que tenía frente a mí. Juntamos nuestras manos, dimos un medio giro e Inuyasha me levantó en sus brazos, sólo para bajarme lentamente. Justo antes de que la canción terminara, apoyó una de sus manos en mi espalda y me besó con tal ímpetu que mi espalda se curvó y mi peso quedó apoyado en su brazo. Cuando me levantó nos miramos y sentí que Inuyasha me devoraba con su cálida mirada. Los aplausos no se hicieron esperar.
– Creo que hay varias tipas que intentarán asesinarme esta noche después de esto.
– Creo que puedes defenderte bastante bien. – exclamó – Además no hay otra chica con la que pudiera haber disfrutado más este momento. – Subió mi mano que aún seguía enlazada con la suya y la besó educadamente. Yo hice una pequeña reverencia y luego me dio su brazo, el que tomé para salir del centro de la pista.
– Encuéntrame en los baños en 45 minutos ¿vale? Puedes estar con Sango mientras cierro algunos tratos importantes.
– Trato hecho.
Caminé buscando a Sango mientras intentaba rastrear su olor, ella me encontró antes y me abrazó.
– ¡Kag estoy tan feliz de que estés aquiii!, ese baile ha salido precioso. Miroku está acompañando a Inuyasha ahora. El rojo en ese vestido te queda perfecto.
– Gracias, el tuyo es precioso. – exclamé. Sango llevaba un vestido negro muy similar a las vestimentas griegas de la mitología.
– Tengo que preguntarte algo importante. – me miró seria.
– Dime.
– ¿Ha dolido cuando Inuyasha te ha marcado? – abrí los ojos de par en par – Siento ser tan directa, es que veo la marca ahí en tu cuello y quiero saber que se siente... por si Miroku alguna vez se decide. – puso sus ojos en blanco.
– Sólo ha dolido los primeros segundos, luego fue bastante placentero. – exclamé y pude sentir mis mejillas encenderse.
– ¡AAAA! Estoy tan feliz por ustedes. Sé que nos conocemos hace poco, pero te tengo una confianza inmensa Kag, confío en que eres la chica indicada para Inuyasha, lo has cambiado en un giro de 360 grados. Espero que él también te haga feliz, o aquí estaré yo para patearle su trasero.
– Él también saca la mejor versión de mi. – sonreí.
– ¿Te apetece si vienes a mi casa el otro fin de semana y me cuentas todo con detalles?, podemos pedir sushi y tener una tarde de chicas.
– Me parece una excelente idea, después de todo, ¿somos amigas no?
– Créeme, seremos inseparables.
Miroku apareció media hora después dándole un pequeño beso a Sango de sorpresa, ambos eran el uno para el otro, se veían felices juntos. Me pregunté internamente por qué Miroku aún no la había marcado.
– Inuyasha dijo que te esperaría donde acordaron en 15 minutos, pero se veía muy impaciente, así que es probable que ya esté en el lugar ahora mismo. – exclamó Miroku – Cerró los tratos en tiempo record.
Ambos me miraron con una sonrisa cómplice y yo me excusé mientras buscaba los baños.
'
Avancé por un pasillo más oscuro que el resto del lugar, cuando estaba por entrar al baño de mujeres un brazo cálido me agarró por la cintura, reconocería ese tacto en cualquier lugar del mundo.
– Hmm… Has llegado antes. – susurró Inuyasha en mi oído a mis espaldas.
– Tienes un mejor amigo que me dijo que probablemente estarías aquí con anticipación. – me giré y lo besé con pasión, a los segundos después él me acorralaba contra la pared.
– Sígueme. – tomó mi mano y me guió hacia el baño de mujeres.
– No crees que alguien nos verá allí dentro.
– Todos están comiendo en estos momentos, es el momento en que estarán vacíos. – era suficiente respuesta para mí.
Al entrar y cerrar la puerta tras de sí Inuyasha se lanzó sobre mí con una rapidez desmedida, besándome con desesperación mientras nos encerrábamos en uno de los baños individuales, me fijé en que cada baño era como un mini cuarto cerrado completamente, con lavamanos en cada uno de ellos, agradecí internamente. Si alguna tipa llegaba a entrar, no vería absolutamente nada. Entramos en uno de ellos e Inuyasha cerró con llave.
Me levantó el vestido sobre las caderas y agarró mi trasero con firmeza para sentarme en el lavamanos.
– Tenemos veinte minutos de diversión antes de que pueda entrar alguien así que … soy todo tuyo. – me mostró sus colmillos en una sonrisa torcida y pude sentir mis ojos arder - Tus ojos han cambiado de color, ¿significa que estás feliz de verme?
– Ansiosa, deseosa es la palabra que yo escogería. – exclamé mientras lo agarraba de las solapas de su traje para atraerlo hacia mí.
Me deshice de su chaqueta y su camisa en un rápido movimiento, pude notar cómo la Kagome youkai era mucho más ágil para estas situaciones sensuales, tomé nota mental de ello. Tracé sus músculos con mis manos desesperadas y mis uñas pronto dejaron leves marcas rojizas sobre su piel tersa. Mientras me besaba pasó sus manos por mi espalda, bajando hábilmente el cierre de mi vestido, me miró con deseo cuando notó que no llevaba sujetador bajo la prenda.
– Dios, ¿cómo puedes ser tan perfecta? – jadeó mientras se acercaba al lóbulo de mi oreja para morderlo suavemente y luego trazar un camino con su lengua hasta mi clavícula, desde donde bajó con besos cariñosos hasta mi pecho derecho. Aguanté un gemido cuando sentí su boca en mi pezón, en definitiva era uno de mis lugares favoritos. Enredé mis pequeñas manos en su cabello, para atraerlo más hacia mí. Cuando lo vi levantar su mirada esta había cambiado de oro derretido a lava ardiente. Me besó demandante mientras me tomaba de los muslos para acercarme a él. Sentí su entrepierna despertar al roce con la mía.
Bajé mis manos con una agilidad que no dejaba de sorprenderme y desabroché su pantalón en un hábil movimiento. Envolví su miembro con mis manos y lo masajeé. Pude oír el gruñido escapar de sus labios y su pecho vibrar.
– Tómame, ahora – jadeé.
Obediente acercó su miembro a mi entrada y me penetró de un solo golpe, yo gemí sin poder reprimirlo. Inuyasha tapó mi boca con una de sus manos.
– Me encantan tus gemidos, pero esta vez necesitamos ser un poco más discretos. – susurró. Yo asentí y el sacó su mano.
– Lo siento … Es que te he extrañado lo suficiente como para volverme loca.
– Me alegro de no haber sido el único. – exclamó mientras me embestía y yo me agarraba de su cuello.
El ritmo que comenzó lento pronto se transformó en desesperado mientras yo mordía su cuello para aguantarme los gritos. Inuyasha ya no necesitaba controlar su fuerza conmigo y eso me encantaba.
– Córrete para mí, quiero sentirte disfrutarlo. – susurró en mi oído para luego pegar su frente a la mía sin parar las embestidas.
Pronto alcancé el clímax y gemí en voz alta y ruidosa, Inuyasha me besó para acallar mis quejidos y yo agradecí internamente, mientras rasguñaba su espalda y él alcanzaba el punto máximo de placer, liberándose dentro de mí. Nos quedamos ahí un rato intentando acompasar nuestras respiraciones. Inuyasha de pronto recordó que la hora era importante y miró su reloj.
– Okey, nos pasamos por diez minutos, pero creo que estamos bien aún. – exclamó mientras recogía su camisa, corbatín y chaqueta y volvía a colocárselos – Te ayudo con el cierre, gírate.
Mientras lo subía lentamente dio un último agarre a uno de mis pechos, justo antes de cerrar, yo me reí y me giré para besarlo.
– Salgamos de aquí, ahora – exclamé, ya sin los pensamientos sucios en mi mente, estaba preocupada de que alguien nos encontrara.
Abrí la puerta del baño individual y me asomé yo primero, de esa forma si había alguna mujer al menos no parecería raro. No había nadie, así que abrí la puerta para que Inuyasha saliera tras de mí.
Estábamos por abrir la puerta principal del baño cuando una chica apareció. La recordé de entre la multitud mirándome con odio, okey, no me molestaba que ella justamente nos encontrara.
– Ups, Kag tenía problemas con su vestido, he venido aquí a ayudarla – exclamó Inuyasha, me reí internamente, excusa más torpe no había.
– Ya veo… - exclamó una chica que me miraba de arriba abajo con el rostro serio y cuando volvió su rostro a inuyasha sonrió coqueta. No estaba de ánimos para esto, hora de marcar territorio.
– La verdad es que hemos venido a coger aquí, mi vestido no ha tenido falla, salvo que el hecho de que el cierre baje rápidamente sea considerado como tal – exclamé enojada mirándola desafiante. Sentí mis ojos arder.
Inuyasha abrió los ojos mientras tosía para ocultar una risa, la chica sorprendida y molesta no sabía donde meterse, así que caminó a paso rápido y salió por donde mismo había entrado.
– ¿Qué ha sido eso? – exclamó Inuyasha mirándome divertido.
– Te miró como si fueras un pedazo de carne.
– Y ha quedado claro que soy tu pedazo. – agarró mi cintura y me besó delicadamente – Eso me encanta de ti, encuentras la manera de sorprenderme a cada segundo, amo que dejes en claro que soy tuyo, me ha vuelto loco. – exclamó mientras sus ojos cambiaban en un tono anaranjado.
– Salgamos de aquí antes de que seamos víctimas de nosotros mismos – exclamé riéndome.
'
(perspectiva de Inuyasha)
Salimos del baño riéndonos y tomados de la mano, de pronto me entraron unas ganas inmensas de vaciar mi vejiga, la fisiología no perdona.
– Adelántate, yo pasaré al baño. – avisé a Kagome, que me besó antes de responder.
– Buscaré a Miroku y Sango y te esperaré con ellos. – exclamó.
– Perfecto.
La besé una última vez y me metí al baño nuevamente, esta vez al de varones. Al terminar me lavé las manos y mojé un poco mi cara, que tenía sutiles gotitas de sudor en la frente y recordé lo que había pasado minutos atrás, amaba que Kagome siguiera todas mis ideas sucias sin dudar. Mojé un poco mi cabello para peinarlo y salí a paso rápido. Cuando abrí la puerta un olor conocido me invadió de golpe y sentí mis ojos arder, miré a todos lados y no la encontré. Cuando me convencí de que quizás era mi imaginación retomé el paso hasta que una voz detrás de mí me congeló.
– Hola Inu, ha pasado tiempo… - susurró una voz femenina que ya conocía demasiado bien. La rabia me invadió.
– Kikyo.
Eso ha sido todo por hoy. He querido dejarlos en suspenso por un par de días jiji. Intenté que el título del cap no lanzara un gran spoiler con respecto al contenido, pero la ley de Murphy siempre esta presente, después de todo si algo puede salir mal, probablemente saldrá mal.
Coméntenme que creen que pasará después de esto a ver si su sexto sentido funciona o no jsdnfjs
Prometo actualizar pronto!
Frani.
