Y como es costumbre he aquí el descargo de responsabilidad. Estos personajes no son míos, pertenecen a la increíble Stephanie Meyer y la historia es de la gran autora DeJean Smith, yo solo traduzco.
Gracias mil a mi querida amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme en una aventura más.
~EE~
Capítulo 19: Una ventana se abre
Edward acompañó a Bella hacia el comedor, el brazo derecho de ella entrelazado con su izquierdo, y él descansó una mano delicadamente sobre la suya. Ella le echó un vistazo a la mano derecha que cubría la suya, admirando la sutil fuerza de sus dedos al entrelazarse ligeramente con los suyos. Bella notó un brazalete de cuero negro asomándose en la orilla de su manga y se preguntó momentáneamente al respecto, antes de volver su atención a su piel tocando la suya. En la alta sociedad, era apropiado que el hombre ofreciera su brazo y guiara a la mujer de un lugar a otro, pero este contacto era mucho más. Su mano en la de ella la marcaba como comprometida a los ojos de cualquier otro pretendiente potencial y eso era completamente aceptable en la mente de Bella, sino por otra razón, para indicar que él tampoco estaba disponible.
Al caminar, ella le sonrió con serenidad, finalmente admirando su disfraz y por un instante, se quedó sin aliento. Vestido con un elegante traje de terciopelo negro con un bordado plateado alrededor de los puños y solapas cortadas de una forma que acentuaban perfectamente el ancho de sus hombros y lo estrecho de sus caderas. Muchas fantasías de medianoche se estaban creando gracias a la representación de Edward Cullen de Edmundo Dantés. Afortunadamente, con la hermosa morena vestida de color azul zafiro de su brazo, la atención de Edward estaba en su compañera y no en los pensamientos de otros. Realmente habría sido de mal gusto matar a alguien por sus pensamientos impropios en la fiesta de cumpleaños de lord Masen.
Afortunadamente para todos los implicados, la literatura francesa era un punto débil del conocimiento base de Bella, y solo recordó que El Conde de Monte Cristo estaba ambientado en la segunda década del 1800, no cuando fue publicado que no sería hasta casi dentro de veinte años a partir de 1827. Todo lo que le importaba a la señorita Swan en ese momento, era lo rápido que latía su corazón y la velocidad en la que su sangre pasaba por sus venas. Por el más breve de los momentos, temió que se desmayaría por el mareo. Bella cerró los ojos, tratando de recuperar el control de su respiración y calmar su acelerado corazón.
"Desearía poder leer tu mente para saber lo que estás pensando," Edward murmuró cerca del oído de Bella, ganándose un escalofrío en respuesta. "¿Tienes frío?"
Bella sacudió su cabeza pero no se alejó cuando él la puso un poco más cerca, envolviendo un brazo alrededor de su cintura. De hecho, disfrutó la cercanía y le sonrió con dulzura, ganándose una sonrisa torcida en respuesta.
Justo antes de entrar al comedor, Edward hizo a Bella a un lado detrás de una enorme maceta con una planta y por lo tanto, ocultándolos de miradas indiscretas. Ella lo miró expectante.
"¿Señorita Swan?" Preguntó bajito, girándola para que quedara frente a él y tomando delicadamente sus manos en las suyas. Edward miró hacia abajo viendo sus pequeñas manos envueltas en las suyas antes de mirarla a los ojos. Sus pulgares acariciaban con dulzura sus nudillos, ganándose una amplia sonrisa de Bella.
Ya estaban retrasados para la cena y sin duda, ella no deseaba ser el centro de atención al entrar más tarde de lo que era absolutamente necesario, pero por otro lado, Bella no deseaba poner fin a este tiempo a solas con Edward. Comer estaba muy sobrevalorado.
"¿Sí, señor Cullen?" Respondió ella, igualando su tono mientras la confusión marcaba su frente.
"Realmente deseo su permiso para preguntarle a su tía si puedo cortejarla."
Bella sintió que sus rodillas se debilitaban un poco antes de asentir de acuerdo, recibiendo una deslumbrante sonrisa en respuesta. Ella imitó su sonrisa mientras Edward llevaba lentamente una de sus manos enguantadas a sus labios y dejaba un suave beso en sus nudillos.
Edward echó un vistazo alrededor y comprobó que estaban solos en el salón antes de dar un paso hacia Bella.
"¿Señorita Swan?" Preguntó, mirando a sus chispeantes ojos.
"¿Sí, señor Cullen?" Bella lamió sus labios inconscientemente. De repente, su boca se sentía seca. Como el desierto del Sahara. Lo seco del desierto del Sahara en agosto.
"Realmente me gustaría besarla en este momento."
"Yo yo…"
"¡Allí están!" Exclamó L, apareciendo de pronto.
Bella y Edward se separaron de un salto, viéndose como un par de chicos de diecisiete años atrapados en el asiento trasero de un coche un viernes por la noche.
"Los estaba buscando por todas partes. ¿Todo salió bien con lord Masen?" Inquirió L, completamente ajena a lo que acababa de hacer. Su pregunta se encontró con un silencio incómodo.
L miró expectante de Bella a Edward, que la veían en silencio. De pronto, su boca se abrió y comenzó a balbucear, tapándose la boca con sus manos.
"¡Oh, lo siento mucho! Acabo de interrumpir su beso, ¿cierto? Por supuesto, no es tan malo como si hubiera interrumpido… er, um. Sí." L se sonrojó a un tono de carmesí que igualaría cualquier sonrojo que Bella había tenido en su vida. Tosió y recuperó la compostura antes de continuar. "Oh, queridos estoy tan… Solo iré a buscar a Will y preguntarle qué ocurrió y…" L se dio la vuelta y trató de alejarse antes que Edward la atrapara por el codo.
"¿Señora McCarty?" Edward comenzó a decir.
"Estoy segura que pueden volver a lo que sea que estaban haciendo una vez que me vaya y…" L trató de apartarse, pero fue en vano.
"¿Señora McCarty?" Edward dijo con un poco más de firmeza, tirando de su codo para llamar su atención.
"No es de mi incumbencia pero, en serio, detrás de una maceta es en realidad un poco cliché, ¿no cre…?"
"Liriope Missouri Hermitage Lawrence…"
"Oh, no acabas de decir mi nombre completo, Edward Anthony M…" Empezó a decir L antes que una mirada de Edward la silenciara.
"Señora McCarty…" Comenzó de nuevo.
"Edward, ¿hace cuánto me conoces?" L puso sus manos sobre sus caderas e intentó fulminarlo con la mirada, fallando miserablemente. "Nada de señora, por favor. Me hace sentir vieja y Dios sabe que no lo estoy."
Bella no vio el breve guiño que L le dio a Edward, así como la ausencia de McCarty de la lista de nombres.
"¿L?" Edward usó todo su encanto Cullen, haciendo una leve reverencia, provocando que el corazón de Bella se derritiera aún más.
"Mucho mejor." L se dio la vuelta para mirar a Edward, con una sonrisa beatífica adornando sus labios. "¿Qué puedo hacer por ustedes dos?"
"¿Me gustaría tu permiso para cortejar a tu sobrina?"
L miró de Edward a Bella que la miraba a ella expectante, esperando su respuesta. El silencio de L pareció continuar por horas cuando en realidad, duró solo unos segundos.
"¿Deseas ser cortejada por este joven, Bella?" Preguntó L, sus ojos centelleando con picardía. "Parpadea una vez para sí, dos para no si te quedaste sin palabras. O si él te chantajeó o algo igual de nefasto."
"¿Nefasto, L? ¿En serio?" Edward respondió con ironía.
"La palabra del día, Edward. El vocabulario nunca es demasiado grande. Hay otras cosas que no pueden ser demasiado grandes, pero este no es el momento ni el lugar para hablar de esas cosas, ¿eh?"
Edward se aclaró la garganta para traer a L al presente.
"Oh, sí. El asunto que nos atañe. Así que, ¿Bella?"
"Sí, tiíta," sonrió Bella, mirando a Edward con ojos grandes y dulces.
"Entonces, concedo mi permiso. Ahora, continúen y nada de ocultarse en las plantas. Cielo santo, ¿qué pensarían los vecinos?" L continuó parloteando para sí misma al marcharse por el pasillo.
"Ella es algo especial," murmuró Bella, observando a su tía dar un saltito cada tres pasos al desaparecer a la vuelta de la esquina.
"Siempre lo ha sido," comentó Edward con una pequeña sonrisa antes de volverse nuevamente hacia Bella. Se inclinó como si fuera a besarla.
Bella lo miró expectante, cerrando sus ojos mientras se acercaba. Pudo sentir su aliento rozar su mejilla justo cuando estaba a punto de besarla.
"¡Aquí estás, querida amiga!" Alice parloteó, apareciendo de pronto junto a Bella que suspiró decepcionada al mismo tiempo que se apartaba de Edward.
Edward tomó una respiración profunda para calmarse antes de darle a Alice una mirada fulminante que enviaría a alguien inferior a la tumba.
"¿Qué quieres, Alice?" Edward dijo con los dientes apretados, pronunciando cada palabra con falsa serenidad.
"¡Necesito hablar con mi nueva compañera de cuarto!" Alice dijo con una risita, dándole un manotazo juguetón a su pecho.
"¿Tú qué?" Bella tartamudeó, mirando a la joven con ojos confundidos.
"¡De eso es de lo que necesito hablar contigo!" Dijo emocionada, entrelazando su brazo con el de Bella y sacándola de detrás de la planta. "¡Vamos a ser compañeras de cuarto! ¡El señor Lawrence y lord Masen lo organizaron todo!"
Bella miró a Alice con incredulidad. Alice, por el contrario, dio de saltitos, con una enorme sonrisa adornando su rostro.
"¡Ven conmigo, y te pondré al tanto!" Alice arrastró a Bella a una banca en el vestíbulo de la Mansión Masen y empezó a hablar a un kilómetro por minuto.
Edward se quedó solo, observando a Alice parlotear sin parar, apenas dándole a Bella la oportunidad de responder. Cruzó los brazos con un puchero de disgusto, inclinando su cabeza para escuchar mejor a su hermana y a Bella. Demasiado preocupado por la oportunidad perdida de pasar tiempo a solas con Bella, Edward no vio a Becca dejar el comedor y caminar por el pasillo hacia él de camino a la cocina.
Becca se detuvo al ver al guapo y solitario caballero. Solo unos momentos antes, había escuchado a varias damas en el comedor expresar su decepción porque no estuviera presente y no faltaron las especulaciones de que encontró su propio entretenimiento en una esquina oscura. Después de semejante cotilleo, encontró muy extraño que estuviera solo y aunque no estaba interesado en él para ella, pensó que seguramente alguien había capturado a este excelente espécimen. Entonces Becca notó el objeto de la atención del señor Cullen sentada con la señorita Alice y sonrió para sus adentros.
"¿Señor Cullen?" Becca preguntó con timidez.
"¿Qué?" Edward dijo con brusquedad, mirando furioso a la ama de llaves que no retrocedió por su brusca exclamación. Su expresión se suavizó de prisa e inclinó su cabeza en disculpa. "Lo siento, Becca."
Ella en seguida hizo un gesto con su mano sin darle importancia.
"¿No debería estar cenando con todos?" Preguntó Becca, con la preocupación marcando su frente.
"Mi compañera de cena ha sido raptada por mi hermana," murmuró Edward, señalando a la pareja. Ahora, Bella se había unido a Alice en su entusiasmo y las dos se habían tomado de las manos, con la alegría evidente en sus rasgos.
"Ya están en el tercer platillo, creo," musitó Becca, colocando sus manos en sus caderas.
"Muy probablemente," respondió Edward, sin quitar nunca los ojos de Bella que levantó la vista y le sonrió mientras hablaba con Alice. Sus ojos destellaron una disculpa por su demora antes que fuera arrastrada de nuevo por los parloteos de Alice. Edward se encontró tramando velozmente las muchas formas en las que podría destruir la colección vintage de Chanel de Alice, ganándose un saludo de un solo dedo por detrás de la espalda de su hermanita, lo que no ayudó a calmar su ira.
Becca vio la intensidad en la mirada de Edward y sonrió. Era romántica de corazón y había visto el cambio de comportamiento del guapo abogado, una transformación que Becca atribuyó a la preciosa morena sentada en el vestíbulo. En su primera semana como empleada de lord Masen, el señor Cullen no le había dicho más de tres oraciones al entrar y salir de la casa. Aunque fue cordial, hubo cierta indiferencia en su actitud, una soledad de espíritu. Hablaba de forma concisa, con calma y sin emoción. Ahora, el señor Cullen parecía haber despertado de su estupor y estaba abrazando la vida al máximo.
"Podría enviar un poco de comida al salón de música si a usted y la señorita Swan les gustaría cenar en privado," murmuró Becca, sin saber si podía atreverse.
"¿Qué?" Edward giró su cabeza de golpe para verla.
"Podría colocar una mesa y hacer… olvídelo. Estaba hablando…"
"Eso sería absolutamente perfecto," Edward la interrumpió, honrando a Becca con una sonrisa ganadora.
"Lo haré en seguida," Becca sonrió antes de hacer una breve reverencia y desaparecer por el pasillo tan rápido como fuera humanamente posible.
Edward sonrió ampliamente cuando las imágenes de lo que Becca planeó organizar en el salón de música pasaron por su mente. Sería absolutamente perfecto para alguien como Bella, que no disfrutaba de banquetes lujosos y escenarios formales. Se relajó visiblemente y se recargó en la pared, cruzando los brazos sobre su pecho al esperar ahora pacientemente a que terminara la conversación de Alice y Bella.
Un cuarto de hora después, Alice acompañó a Bella de vuelta con Edward con una sonrisa presumida adornando sus labios. Bella parecía un poco abrumada pero aún feliz. Edward bufó suavemente cuando se dio cuenta que Alice estaba recitando mentalmente la última reseña de moda de Pantone.
Eso es lo que te ganas por amenazar los Chanel, Alice pensó con una sonrisa traviesa.
"Que tengan una buena velada si no los veo antes de que empiece el baile," Alice sonrió alegremente, dejando un veloz beso en la mejilla de Bella y partir en busca de Jasper.
"¿Señorita Swan?" Edward inquirió, presentándole un brazo. "¿Puedo acompañarla a cenar?"
"Ciertamente, señor Cullen," sonrió Bella, tomando su brazo. Su expresión cambió en seguida a una de confusión ya que en vez de entrar al comedor, Edward la llevó arriba.
"Becca ha dispuesto otros arreglos alternativos para la cena," explicó Edward, abriendo la puerta al salón de música.
Bella jadeó por lo que vio. El salón, iluminado por un solo candelabro de plata sosteniendo cinco velas resplandecientes, había sido preparado con una mesa pequeña e íntima cerca de la ventana llena de pequeños platos de comida, un par de copas y una sola botella de vino.
Edward sacó una silla la que Bella tomó sin demora, y una risita escapó de sus labios cuando admiró la sencilla comida colocada frente a ella.
"Sándwiches de jamón y queso," dijo Bella, haciendo un gesto hacia el plato, respondiendo a la pregunta tácita de Edward.
"¿Te gustan?" Inquirió, tomando asiento frente a ella y abriendo el vino.
"Me encantan," sonrió, sus ojos brillando bajo la luz de las velas. "Cuando lord Masen me invitó a un picnic, fue mucho más extravagante que esto, y le dije que unos sándwiches habrían sido suficientes."
"Quizás él le dijo algo a Becca y ella lo recordó." Edward sirvió elegantemente dos copas de vino antes de ofrecerle a ella la primera.
"Quizás." Bella aceptó la copa de vino tinto oscuro con una sonrisa que ocupaba todo su rostro.
"Por los simples placeres," brindó Edward antes de pretender tomar un trago.
"Por los simples placeres," Bella concordó antes de disfrutar de un sorbo.
Los dos se quedaron en un silencio amistoso por unos segundos antes que Edward le hiciera un gesto a Bella para que comenzara.
"Las damas primero," murmuró, tendiéndole un plato de rebanadas de queso.
Bella alcanzó una rebanada de cheddar pero sus guantes le impidieron que tomara un trozo. Sopló suavemente en frustración.
"No estoy acostumbrada a los guantes," murmuró a modo de disculpa, buscando un tenedor para tomar su elección. Pero, desafortunadamente, la mesa estaba intencionalmente sin utensilios.
"Toma," Edward ofreció, tomando un pedazo del tamaño de una mordida y acercándolo a los labios de Bella.
"Yo…" Bella miró alrededor con culpabilidad, como si la policía de la decencia estuviera oculta en las sombras, preparada para actuar con cualquier comportamiento impropio. Como si protestara, su estómago gruñó suavemente. Ella agarró su vientre y se sonrojó levemente por la vergüenza.
"No hay nadie aquí, Isabella," Edward le aseguró, notando el escalofrío de placer que provocó que la piel de sus clavículas se erizara ante la mención de su nombre propio. El impulso de seguir la línea con la punta de su dedo o su lengua lo atravesó, pero en seguida lo reprimió. Por ahora. "No diré nada si tú no lo haces." Sonrió y le volvió a ofrecer el bocado.
Bella sonrió con dulzura antes de aceptarlo. Los dedos de Edward rozaron ligeramente su labio inferior al mismo tiempo que sus dientes sujetaban el pedazo de queso, ganándose un suspiro de Bella. Ahora, Edward no tenía idea que Bella adoraba un buen queso cheddar y el gemido de placer que emitió cuando los sabores explotaron en su paladar, lo atravesó como si le hubiese caído un rayo. Mientras sus ojos estaban cerrados al saborear el bocado, Edward se movió discretamente en su asiento para mitigar lo que se estaba convirtiendo rápidamente en un problema en aumento.
"Está muy bueno, ¿no es así?" Sonrió, pretendiendo masticar y tragar cuando Bella abrió los ojos.
"Um… sí. Lamento eso." Bella murmuró algo sobre recibir el apodo de 'ratón' cuando era niña antes de mirar los platos frente a ella. Se decidió por un pequeño sándwich, pero una vez más, su naturaleza torpe se apoderó de ella y el sándwich se deshizo.
"Santo cielo," se quejó, recargándose en su silla y arrojando sus manos al aire en frustración.
Edward se rio entre dientes cuando reconoció la frase de Will saliendo de una Bella frustrada. Le tendió una mano, ganándose una mirada confundida en respuesta.
"¿Puedo?" Preguntó, con una ceja arqueada en expectación.
Dudosa, Bella le presentó una mano, sin saber qué iba a hacer.
En silencio, Edward se arrodilló frente a ella, tomando su mano enguantada en la suya. Bella jadeó al ver su familiaridad, pero no hizo nada para disuadirlo. Le gustó mucho el contacto y por un breve momento se preguntó qué pasaría si ella, involuntariamente por supuesto, lograba tirar de él hacia adelante solo un poco mientras ella se inclinaba hacia él. La besaría nuevamente o simplemente se disculparía y se apartaría. Su mente cambió de opinión incontables veces con respecto a si preferiría al caballero o al sinvergüenza. En ese momento en particular, el sinvergüenza estaba ganando y ella sintió que sus mejillas se teñían de rosa.
Antes que Bella pudiera actuar de acuerdo a sus pensamientos, Edward giró delicadamente su brazo de modo que los pequeños botones de perla quedaran hacia arriba. Él sonrió cuando escuchó que se atoró su respiración al sostener su mano mientras la otra subía lentamente por su brazo, sobre su codo y hacia la orilla de sus guantes blancos de seda. Edward había echado de menos la vestimenta formal de su juventud y aunque estaba seguro que encontraría a Bella atractiva con su uniforme normal del siglo XXI de jeans azules, sudaderas o camisetas de manga larga, la oportunidad de cortejarla en ropa más refinada y elegante, le proporcionaba una inmensa alegría.
Incapaz de hacer contacto visual, Bella vio cómo Edward desabrochaba muy lentamente el primer botón de sus guantes. Tres más le siguieron, dejando al descubierto cinco centímetros de piel de su antebrazo. Ella lo miró por entre sus pestañas, su boca abriéndose levemente como si una palabra fuera a salir de sus labios pero permaneció en silencio.
Con minuciosa lentitud, Edward desabotonó el guante hasta su codo antes de retirarlo, dejando al descubierto una pequeña marca en su piel donde presionó la costura. Acarició delicadamente la marca con un dedo antes de inclinarse hacia adelante y besar suavemente la parte interior de su codo, ganándose un jadeo cuando sopló levemente en el punto frío que sus labios dejaron.
"¿Esto es aceptable?" Preguntó en voz baja, levantando su cabeza para mirarla.
Bella asintió en silencio, mirando a sus ojos dorados. Un color tan peculiar, reflexionó ella. Dorado con pequeñas motas de marrón que parecían desplazarse y cambiar cada vez que tenía el valor de mirarlo a los ojos. No era que le temiera. Por el contrario, él la hacía sentir muy segura, como si la protegería hasta su último aliento. Pero cuando lo miraba a los ojos, sentía una calidez que nadie más la había hecho sentir. Era más que su sonrojo normal provocado por la vergüenza. Era algo físico. Era espiritual. Era emocional. Era exhaustivo y más que un poco abrumador. De repente, respirar adecuadamente fue lo último en su mente.
"Respira, Bella," murmuró Edward con una sonrisa de suficiencia, volviendo su atención a los botones.
Bella observó embelesada cómo desabrochaba hábilmente las perlas que faltaban y con cinco suaves tirones, retiró el guante de su mano derecha. Edward tendió el guante de satín delicadamente en el regazo de Bella, acariciando ligeramente su mano para restablecer la circulación.
Los dos permanecieron en la misma posición por lo que pareció una eternidad, Bella sentada delicadamente en su silla, su espalda derecha, sus ojos fijos en el caballero arrodillado apenas a una distancia adecuada de estar entre sus piernas. Se dio cuenta y cerró los ojos con fuerza. Oh, esto no era correcto. No era bueno. No… Oh, ¿a quién estaba engañando? Lo último que deseaba en ese momento era hacer lo correcto. Solo necesitaría dar un pequeño tirón a su mano y él caería hacia adelante.
Edward se quedó quieto, esperando escuchar sus pensamientos una vez más. Una vez más quedó decepcionado. Escuchó el acelerado latido de su corazón antes de que cerrara los ojos con fuerza, causándole algo de consternación. ¿Se estaba arrepintiendo de estar a solas con él? ¿Encontraba su frialdad física repulsiva y deseaba que soltara su mano?
Justo cuando Edward empezaba a aflojar el agarre de su mano, una risita estridente y un golpe sordo de un cuerpo golpeando una pared rompió el hechizo entre ellos. Bella estaba segura que escuchó una maldición bastante indigna de un caballero salir de la boca de Edward y en vez de ofender sus susceptibilidades, se encontró deseando escuchar más. Vio en silencio como él se puso de pie y se acercó a la puerta, poniéndole seguro solo un segundo antes que alguien tratara de abrirla.
"¿Qué?" Comenzó a decir antes que él le hiciera un gesto para que permaneciera callada.
"Hubiera jurado que este salón estaba abierto," una voz masculina que Bella no reconoció declaró, mezclada con decepción.
"¿Qué tiene de especial de todos modos?" Una voz chillona de mujer respondió. "Podemos ir a cualquier otro lugar. Esta es una casa enorme. Sin duda, hay una cama en alguna parte." Bella hizo una mueca por la agresión a sus oídos. Era ese tono fingido y empalagoso que algunas mujeres utilizaban a fin de hacer que un hombre se sintiera importante mientras le restaba a la mujer tantos puntos de CI como era posible.
"Tiene un piano." Otra sacudida al pomo de la puerta.
"¿Y?"
"Y tú. Sobre un piano. Mientras yo…" Afortunadamente la voz se apagó.
Bella habría jurado que escuchó un gruñido en el pecho de Edward. Se puso de pie alarmada, su guante cayendo al suelo.
Otra risita por detrás de la puerta provocó que hiciera una mueca. El sonido de un par de pasos aventurándose por el pasillo provocó que Bella se relajara un poco. Edward permaneció quieto, escuchando en la puerta.
"¿Edward?" Susurró, la preocupación marcando su frente.
Cuando no respondió, se acercó a él, tocando delicadamente su brazo con su mano desnuda. Él bajó la vista a su mano por un breve momento antes de encontrar su mirada inquisitiva.
"¿Todo está bien, Edward?" Susurró.
Volvió su rostro hacia ella, mirando fijamente a sus curiosos ojos castaños. Por el más breve de los momentos, Bella estuvo segura que sus ojos se habían vuelto negros, pero se dijo a sí misma que solo era la oscuridad del salón lo que hacía que se vieran así. Al menos, esa era la explicación más lógica que se le podía ocurrir.
Edward se le quedó mirando en silencio por otro momento antes que una débil sonrisa apareciera en sus labios. Bella podría jurar que vio sus ojos fundirse de ónix a castaño oscuro y finalmente a un color caramelo, pero lo atribuyó a sus ojos acostumbrándose a luz tenue en esta parte del salón.
"No es nada que puedas comprender," murmuró desdeñosamente con un tono cortante, llevándola de vuelta a la mesa antes de recoger su guante y entregárselo.
"¿Nada?" Chilló, parpadeando rápidamente con incredulidad. El caballero de hace solo unos momentos había desaparecido y en su lugar estaba el cretino arrogante y taciturno que conoció primero. Y no le agrado ni un poquito.
Edward se le quedó mirando en un silencio glacial, al darse cuenta que acababa de decir algo que no debía.
"Bella, yo…"
Ella hizo un gesto con su mano sin darle importancia pero él la agarró, rehusándose a soltarla cuando intentó zafarse.
"Bella, por favor, escúchame."
Bella cesó en sus esfuerzos de liberar su mano y le arqueó una ceja en anticipación a su explicación.
"No podías escuchar lo que él le estaba proponiendo, ¿verdad?" Preguntó, volviendo a meter un rizo con ternura detrás de su oreja.
Sacudió su cabeza despacio. Edward la giró con cuidado hacia el piano, parándose detrás de ella.
"Le ofreció traerla aquí," susurró junto a su oído. "Colocarla sobre mi piano." Edward arrastró suavemente el dorso de los nudillos de una mano por su mejilla, sobre su mandíbula y bajó por su garganta. "Empujarla hacia atrás hasta recostarla." Las puntas de sus dedos pasaron sobre su clavícula y su hombro, bajando por su hombro desnudo, de forma muy delicada antes que sus dos manos descansaran en sus caderas.
Bella tragó con fuerza al disfrutar la sensación de sus manos sobre ella. Se abrazó a sí misma, sin saber qué más hacer.
"Atraerla hacia él." Edward la acercó gentilmente a él hasta que su espalda estaba pegada a su pecho. Rodeó su cintura con sus brazos. "Y conocerla totalmente. En el sentido. Bíblico. Con sus manos, sus labios, su lengua y todo su cuerpo."
La respiración de Bella se atoró con cada palabra ya que las susurraba directamente en su oído. Sus rodillas se doblaron un poco y él apretó su agarre al sostenerla.
Sí, por favor, pensó, pasando su peso de un pie al otro en un intento de proporcionar solo un poco de fricción entre sus muslos. La imagen que él pintó en su mente se negaba simplemente a desaparecer y sintió que sus mejillas se enrojecían y su corazón latía con fuerza. Cuando pudo permanecer de pie sin ayuda, los brazos de él se aflojaron un poco pero Edward se rehusó a soltarla.
Lo que Edward no dijo, fue que el caballero en el vestíbulo no estaba imaginando a la mujer de cabello rubio dorado con él, sino que fantaseaba con un ángel en azul zafiro con cabello color chocolate y la celosa bestia en su interior había rugido a la vida demandando una compensación por la codicia demostrada.
Mía.
"De modo que tendrás que perdonarme si no estoy del todo bien en este momento," Edward susurró nuevamente cerca del oído de Bella.
Ella asintió en silencio ya que sentía la ira salir lentamente de su cuerpo. Ella asumió incorrectamente que era porque alguien deseaba profanar la propiedad de Edward o el que alguien se atreviera a proponer un acto como ese en el hogar de alguien más cuando en realidad, eran los celos porque otro hombre se atreviera a imaginar tales cosas con su Bella.
Bella se dio la vuelta en los brazos de Edward, muy contenta cuando continuó abrazándola. Apoyó su mejilla contra su pecho y le dio un rápido abrazo antes que su estómago volviera a rugir, provocando que soltara una risita nerviosa.
"¿Tal vez mi dama está lista para el resto de su cena?" Edward inquirió con una dulce sonrisa, cuando los últimos restos de su hostilidad salieron de su cuerpo.
"Quizás," ella sonrió en respuesta.
"Tienes llena la tarjeta de baile, después de todo," dijo bromeando, llevándola de vuelta a su asiento.
Bella se burló al tomar asiento y cogió un sándwich de jamón y queso con su mano ahora desenguantada.
"Dije eso solo como una manera de informar a lord Masen que no estaba interesada en su atención," resopló de forma atrevida antes de darle una mordida poco femenina a su sándwich.
"Ah, pero mi intención es hacer que cumpla con su palabra, señorita Swan," Edward sonrió, brindando con su copa de vino.
"Entonces, su vida y sus dedos están en sus manos, señor Cullen."
"Todo está en quién te guie. Te encontrarás en mis más que capaces manos."
Bella sintió que sus mejillas se teñían de rojo al preguntarse qué tan capaces era realmente sus manos, ganándose una sonrisa engreída en respuesta como si Edward pudiera leer su mente y supiera lo que estuviera pensando cuando en realidad, él estaba pensando en lo mismo.
"Alice y yo vamos a ser compañeras de cuarto," Bella comentó después de terminar su sándwich y agarrar un racimo de uvas.
"Debería empezar a rezar por ti ahora."
Bella se echó a reír y le dio un manotazo juguetón al brazo de Edward, ganándose una sonrisa en respuesta.
"Sé amable con tu hermana. Al parecer el señor Lawrence ha arreglado que ella y yo compartamos habitación aquí en la Mansión Masen. Ha sido contratada para decorar el Ala Este de la casa cuando la construcción esté completa, y yo continuaré enseñando a Alec y Jane. Ya que la casa de L se incendió y no voy a continuar abusando de tus padres…"
"Sabes que a Carlisle y Esme no les molesta en los más mínimo el que te quedes con ellos," interrumpió Edward.
"No tengo duda de ello, son muy amables, pero no deseo ser una inconveniencia para nadie. Y como ella se casará con Jasper Whitlock en el futuro cercano, Alice desea mudarse temporalmente de la casa de sus padres. L y el señor Lawrence se mudarán permanentemente a la casita en alguna parte de la propiedad, de modo que mi familia estará cerca. El alojamiento y la comida ahora serán parte de mi salario, aunque mis responsabilidades se incrementarán ya que seré una niñera de tiempo completo."
"Entonces, estaré excepcionalmente celoso de un par de niños de nueve años," Edward sonrió.
"¿Por qué?"
"Pasar todo el día contigo verdaderamente sería el cielo sobre la tierra."
"Me halaga, señor Cullen."
"No son halagos cuando es la verdad, señorita Swan."
Bella se levantó pero su pie se atoró en la orilla del mantel, empujando la mesa y provocando que el candelabro se volcara. Justo cuando era seguro que caería sobre ella, se encontró envuelta en los brazos de Edward y en medio de la habitación.
"¿Qué?" Balbuceó, sus ojos volaron del candelabro ahora derecho y completamente inmóvil al rostro apacible de Edward y de nuevo hacia la mesa. Mientras su mente trataba de darle sentido a lo que acababa de ocurrir, Edward la acercó a él y presionó sus labios a los suyos.
Los ojos de Bella se abrieron de golpe por el shock antes de relajarse en sus brazos, miles de ideas cruzaban su mente velozmente, desde el candelabro a cómo fue transportada por el salón de música en un parpadeo a su voz interna discutiendo con su lado racional que diera un paseo porque justo ahora no era el momento.
Por su propia cuenta, las manos de Bella subieron y agarraron delicadamente la cabeza de Edward, entrelazando sus dedos en los cabellos de su nuca. Lo acercó, recibiendo un dulce suspiro contra sus labios y abrió sus ojos para verlo mirándola con adoración.
"Coincido cada vez más con la idea del piano," murmuró Bella antes de cubrirse la boca con sus manos, horrorizada de haber expresado sus pensamientos en voz alta.
Tal vez Edward no la había escuchado. Tal vez solo pensó que lo había dicho en voz alta. Tal vez…
Bella levantó la vista titubeante, segura que había cruzado todo tipo de límites de cortesía y que el señor Cullen pensaría mal de ella.
Por la ventana abierta flotaban los sonidos de un cuarteto de cuerdas, provocando un suspiro melancólico de Bella. El baile estaba empezando y sabía que tendrían que regresar a la realidad y salir de la pequeña burbuja que habían creado solo para ellos.
"Supongo que deberíamos volver abajo antes que tu tía o, peor, Alice, vengan a buscarnos," murmuró Edward, doblando su servilleta y poniéndola sobre la mesa.
Bella no tenía ni idea de lo que Edward estaba pensando, de modo que simplemente asintió de acuerdo, con lágrimas de frustración inundando sus ojos. Se puso su guante de prisa e intentaba volver a abotonarlo, pero falló miserablemente. Un gemido de exasperación escapó de sus labios cuando empezó a quitarse el guante.
"¿Bella?" Edward inquirió, preocupado por su irritación.
Lo ignoró, incapaz de mirarlo a los ojos. Quizás si solo huyera del salón, sería mejor.
"¿Bella?" Preguntó con poco más de fuerza, tomando su mano.
Ella se quedó inmóvil, incapaz de hablar.
Edward levantó su mano y liberó gentilmente su labio inferior de entre sus dientes con su pulgar, rozándolo con dulzura. La diversión brillaba en sus ojos al inclinarse hacia adelante para susurrarle al oído.
"No podría estar más de acuerdo contigo," susurró, enviando escalofríos por su espalda.
~EE~
Awwww, sin duda Edward se siente como pez en el agua con las costumbres de ese tiempo. Ahora ya ha pedido permiso para cortejar a Bella, ¿cómo creen que funcione eso? Recuerden que Edward es un vampiro, ¿se dará cuenta Bella? ¿Lo aceptará? Y con Bella viviendo también en la Mansión Masen, mmm… los momentos que podrían robarse por ahí. Aunque L y Alice ya han probado ser unas aguafiestas jajajaja. Y no debemos olvidar que todavía acecha el peligro de James y Bree, ¿volverán a aparecer? Espero que hayan disfrutado de este capítulo y como siempre, estaré esperando ansioso sus reviews para saber qué les pareció. Recuerden que sus reviews es el único pago que recibimos por hacer esto para su diversión, y son nuestra cartas de recomendación con nuevas autoras al pedir permiso para traducir. Y no les cuesta nada, solo unos minutos de su tiempo y los deseos de ser agradecido :)
Muchas gracias por dejar su review en el capítulo anterior: Yessiferfics32, JessMel, Amy Lee Figueroa, Sully YM, Suiza-love, Shikara65, alimago, PRISOL, Vrigny, Rosii, jupy, bbluelilas, paupau1, sandy56, NarMaVeg, weirdandmore, kaja0507, Brenda Cullenn, Ilucena928, aliceforever85, Gabriela Cullen, Lizdayanna, EriCastelo, Tecupi, Pameva, rjnavajas, tulgarita, freed,m2604, Pam Malfoy Black, gabomm, Car Cullen Stewart Pattinson, glow0718, Ali-Lu Kuran Hale, patymdn, Lady Grigori, Adriu, alejandra1987, Manligrez, AriGoonz, saraipineda44, Liz Vidal, Aislinn Massi, piligm, lagie, injoa, PanquecitosConLeche92, Say's, Mafer, Kriss21, Tata XOXO, Lectora de Fics, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos el próximo, ¿cuándo? Depende de USTEDES.
