Capítulo 16: volviendo a escuchar el sonido de la realidad
Sin nada que agregar, los leo al final
The_Candy_Girl!
...
Kousei despertó con un dolor de cabeza terrible.
Tenía la sensación de que su estómago lo había abandonado y en su lugar, una bola de fuego reposaba intranquilamente en su interior, quemando todas sus entrañas; los músculos de todo su cuerpo estaban embotados; la luz que entraba por una de las rendijas de la ventana lastimaba sus miopes ojos cual rayo láser y una sed endemoniada quemaba desde sus labios hasta la garganta, como si hubiese pasado toda la vida caminando en medio del desierto.
Uno de los grandes problemas que los adultos nunca hablan acerca de la madurez era, definitivamente, la resaca. La última vez que había experimentado los estragos que hacia el alcohol en su cuerpo a tal extremo había sido en Viena, durante el compromiso de la Duquesa Nadja Preminger, cuando había sido contratado por Sir Harcourt, el prometido de la Duquesa. Aquel día había aprendido que el Clericot, por más inofensivo que pareciese, podía ocasionar una de las borracheras más mortales, en especial si se le combinaba con una amplia degustación de diferentes vinos de mesa.
Trato de combatir a la amnesia que acompañaba el exceso de alcohol…
¿Quién era? Ah sí, Arima Kousei, pianista y metrónomo humano rehabilitado.
¿Dónde estaba? En casa, o al menos a si se sentía la cama…
¿había vuelto a Tokio o eso era la siguiente semana?, ¿Cómo había llegado a su casa?, ¿debería de agradecer que no hubiera despertado en alguna esquina desconocida de la urbe?, ¿Cómo había terminado frente a una botella en un bar en primer lugar?, ¿tan siquiera había regresado con su cartera?
Recostado en lo que creía que era su cama, poco a poco, y con algo más que un esfuerzo moderado, el pianista comenzó a evocar en su memoria de los eventos de la noche anterior, siendo un cálido nombre lo que vino primero a su mente:
Kaori.
Las imágenes comenzaron a precipitarse en su mente, como instantáneas recién reveladas dentro de su cabeza: escenas fragmentadas de una película a la que el debió de poner muchísima más atención el día anterior, en lugar del licor de arroz. En ellas, Kaori Miyazono relucía tocando su violín frente a un auditorio lleno, como un portentoso acto de magia.
Quizá era el recuerdo o el efecto restante del alcohol en su organismo, pero visualizaba aquella escena como si la vísese a través del filtro de una película rosa, sin ser realmente consiente de lo que sucedía, como si el aire a su alrededor se hubiera transformado en una suave y espesa nube de algodón de azúcar.
¿Qué había sucedido exactamente?
Ah sí. Había abrazado a Kaori.
Kaori… y en esta ocasión, ella no se había esfumado en el ocaso, sino que había permanecido, mientras él había caído a sus pies como un humilde discípulo ante un acto milagroso.
Arima Kousei sintió como el calor inundo su cara al recordar el momento.
¿Qué demonios había hecho?
Recordaba sentirse obnubilado hasta la última neurona, al momento en el que dio cuenta que la joven rubia frente al escenario era de carne y hueso, y no una traicionera ilusión.
Mientras le inundaba la sensación más extraña de irrealidad sabía que, como todo protagonista, no debía dejar ir su "tiempo dorado" y simplemente dejo su lugar en el jurado y permitió que sus pies sigueiran el camino que su corazón había estado gritando tiempo atrás.
Corrió con todo lo que le podía ofrecer su condición física, no tan estropeada debido a las demandas de sus clases de solfeo y acondicionamiento musical. Y mientras lo hacía, sentía que finalmente después de todos aquellos largos años de vivir a medias, su corazón latía, y resonaba al compás de la vida.
De repente, como en las películas románticas americanas llenas de clichés, mientras tomaba entre sus brazos a aquella joven rubia de ojos azules y aspiraba aquella fragancia primaveral que emanaba de ella como si fuera cuestión de vida o muerte; El recordar su aroma y aquella sensación de calidez que le envolvía al momento de aquella caricia tan personal poco común en el país nipón. Sintió dentró de su corazón un "clic", que había transformado toda su realidad, en una parodia de algún manga shojo escrito por un fan despiadado.
Después de una eternidad contenida en 6 largos años, Arima Kousei sentía paz en su interior.
A su mente vinieron aquellas imágenes desordenadas, como una colección de fotografías entremezcladas por un fotógrafo apasionado, intentando buscar la más perfecta de una colección de imágenes excelsas: la silueta de la joven violinista bajando del escenario, el encuentro del cielo de su mirada con el mar de sus propios ojos, separados solo por una distancia finita y sus gruesas gafas para saltar a la siguiente escena, en la que después de la larga y tortuosa espera estaba abrazando a Kaori y sentía su cuerpo, delicado, frágil y cálido entre sus brazos, en un reencuentro perfecto. ¿Acaso ella temblaba?, ¿Eran sus propios brazos los que se estremecían? O, ¿podría ser que sus memorias las que le jugaban una mala pasada?
Recordó como lentamente se había puesto de pie para admirar su rostro angelical que no había cambiado en seis años. observo con desconcierto como dos hilitos plateados resbalaron de los extremos de sus ojos cerúleos, ella le estaba regalando una sonrisa con sus dientes blancos y regulares, pero aun asi se encontraba llorando.
Las manos de Kousei, con sus dedos largos y delgados de pianista, se alzaron para tocar aquellas gotas cristalinas del rostro de la joven ignorando que un llanto idéntico corría por sus ojos. Mientras secaba las lágrimas de la joven con su pulgar tuvo la inminente sensación que estaba tocando algo extremadamente fino y valioso. Ahora, visualizando aquella imagen a la distancia, se percató que ahora el, era al menos 30 centímetros más alto que la violinista.
"Kousei"
Esa noche ella había pronunciado su nombre con su cálida voz, pero su mente se negaba a aclarar más la escena.
La pianista acompañante de Kaori, había separado a la violinista con extrema facilidad de Kousei, y el no pudo obligar a sus pies a seguirla, se limitó a ver como ella se alejaba mirando una y otra vez hacia atrás.
De alguna parte, el juez Hanazawa Rui, había aparecido para arrastrarlo al escenario para la entrega de los premios y después...
El solo recordar la luz de los reflectores, el ruido de los aplausos y las ovaciones hicieron que su jaqueca volviera. Había demasiadas personas a su alrededor y otras aparecieron de tras bambalinas y apenas podía distinguir los cabellos rubios de su violinista entre los que la felicitaban por el primer lugar.
—Kousei! — le gritó la Kaori de la noche anterior, llamando su atención desde el otro lado del escenario y espabilando en ese momento a su yo actual con resaca –Veámonos mañana… ¡Donde nos conocimos por primera vez!... ¡estaré ahí esperándote! –terminó la joven antes de ser arrastrada por un grupo de personas fuera del escenario.
Él había asentido con la cabeza de manera entusiasta. Jamás podría negarse a una petición de la boca de aquella rubia resplandeciente. No recordó si el a su vez había replicado algo. Rogó a los dioses que no hubiera contestado alguna barbaridad o en algún idioma extranjero.
¡Por supuesto! Por ello había aceptado con facilidad la oferta de celebración de Hanazawa y los otros jueces en un bar de la ciudad. Estaba tan eufórico en aquel momento, que podría haber cantado toda la noche, o ¿lo había hecho? ¿Qué era lo que realmente había hecho en aquella posada la noche anterior?
Aun no recordaba cómo había regresado a casa, no obstante, Prefirió alejar aquellas imágenes borrosas de su mente y prefirió caer en el "si no me acuerdo, no paso": las aventuras de aquella noche pasaban a segundo plano comparado con la noticia del día. Kaori Miyazono estaba viva, y ese día él tendría una cita con la violinista.
¡Oh no! ¡La cita!
El pensamiento de la cita lo hizo despabilar lo suficiente para combatir la fatiga y el dolor de cabeza del alcohol. Lo importante de la noche anterior había sacudido su cerebro y le obligó a esforzarse por despertar por completo.
Finalmente, Arima Kousei, músico y pianista, iba a reunirse con Miyazono Kaori; después de todos esos años, estaría cara cara, reunido con la joven que 6 primaveras atrás le había devuelto a la vida, y en esta ocasión no sería con la imagen de aquella chica frágil del hospital a quien solía llevarle melodías y coplas para alegrar su sueño, sino con el gran fénix que había visto renacer en el escenario la noche anterior.
Buscó con su mano sus lentes para poder dar forma al mundo a través de sus miopes ojos, mientras soltaba un gran bostezo. Conocía la hora y la fecha exacta del reencuentro largamente esperado, no obstante, ¿qué hora era? ¿Las 6 o las 10 de la madrugada?
Después de rebuscar un poco entre las sabanas, logró hacerse con sus gafas y miro la pantalla negra de su teléfono, solo para darse cuenta que su reflejo era un desastre y prometer en vano que lo sucedido aquella noche no se volvería a repetir. Hizo clic en el botón de encendido y después de acostumbrarse al molesto brillo de su celular, revisó la hora: 11:33 tiempo de Tokio.
—¡oh! ¡no otra vez! —exclamó el joven saliendo rápidamente de entre el revoltijo de sabanas corriendo rumbo a la ducha.
Arima Kousei lanzo una maldición al aire, al tiempo de sentir el agua fría de la regadera tocar su piel. El pianista debía apurarse, porque si su mente no lo había traicionado la noche anterior, en menos de una hora se volvería a encontrar con la chica que le dio color a su mundo años atrás.
…
Kaori Miyazono se despertó con una sonrisa entre sus labios al tiempo que los rayos del sol le daban los buenos días. Al abrir los ojos ante ese nuevo día, se sintió tan fresca y relajada, como si aún estuviera dentro del más maravilloso de los sueños. Pellizco con cautela su brazo, solo para sentir el reconfortante dolor de la realidad.
No se había sentido tan viva desde hacía más de 6 años.
La noche anterior había sido todo un éxito: había ganado el concurso de música, obteniendo la calificación máxima para su categoría, y el mayor de los premios: el reencuentro con el joven que tiempo atrás, con su música, había conquistado su corazón de todas las formas en las que puede ser conquistado el corazón de una joven de 14 años.
Se levantó de su cama, estirándose como un gato frente a la ventana, saludando al sol, a la tierra y a los cielos, pidiéndoles con todo su corazón, que ese día fuese tan perfecto como la noche anterior. —Por favor, por favor, sé que no debo de abusar de su bondad, pero ¿puedo pedir por un milagro más?
…
La joven rubia se miró en el espejo y su sonriente reflejo le recordó como había superado su primera prueba verdadera en el mundo real, como había tocado su violín, conquistando a aquel público, volviéndolo suyo y, como Kousei había aparecido de la nada inundándola de calidez con su abrazo.
El simple recuerdo de su acercamiento hizo sonrojar a Kaori, recordando las palabras de su maestro Seiji: los milagros, al igual que las desgracias, siempre vienen de a tres.
Y la noche anterior ciertamente habían ocurrido tres milagros: regresó al apogeo de su pasado con una sola melodía, revivió su corazón al escuchar el sonido de su voz, la voz de Kousei, grave, melódica y masculina; y por último, volvió a sentirse completamente plena al tocar aquella gloria transitoria bajo los reflectores. Que esta vez nada de lo anterior se hubiese desvanecido con el sonido del despertador, era todo un deleite.
En sus labios, una sonrisa que se negaba a desaparecer, mostraba la aprobación por el conjunto que había escogido para su reencuentro en medio de los cerezos, en aquel parque, donde todo había empezado con una pequeña mentira en abril.
—Ha llegado el momento. —La joven rubia animó a su reflejo para dirigirse a si cita. —Vamos Kaori, después de todo este tiempo no querrás llegar tarde ¿o sí?
En su interior un burbujeo de emociones se arremolinaba ante la euforia de su encuentro.
La violinista tomó su estuche de su escritorio, se despidió de sus padres y salió rumbo a su cita con el pianista de tiempo atrás…
…
Mientras corría a todo pulmón, sudando hasta la última gota de alcohol que quedara en su organismo para llegar a tiempo, una melodía llego a sus oídos mientras se acercaba a su destino. Arima Kousei disminuyó su paso para escuchar aquella música dulce y cálida que le invitaba a adentrarse al punto de reunión acordado.
Ahí, como aquella primera vez, se encontraba la joven violinista como si no hubiese pasado un día por ella, tocando su melódica sobre el pequeño domo de juegos infantiles, como tiempo atrás, para el pequeño e intrigado público infantil que se había reunido a su alrededor. Inconscientemente, el joven pianista, que tenía el corazón en la garganta, pellizcó su brazo para asegurarse de que la visión frente a él no fuese una alucinación, y al tiempo de sentir la pequeña molestia sonrió, disfrutando el gran espectáculo que había traído de regreso en esta ocasión la primavera resplandeciente bajo los cerezos en flor.
Con el estuche y su pequeño bolso a sus pies, disfrutaba la visión de la chica frente a él, quien parecía vestida con el atuendo ideal para una cita: con sus zapatillas rojas de pequeño tacón, medias cafés, una linda falda con rosas impresas, que resaltaba su hermosa complexión junto con una delicada blusa blanca y un suéter pajizo para cubrir su cuerpo de los restos del frío producido por la primavera, Kaori Miyazono era la mejor postal con la que le había recibido su ciudad natal.
Kousei paso sus largos dedos entre su despeinado cabello, mientras daba un rápido vistazo a su teléfono: había llegado a tiempo por los pelos. Se preguntó a si mismo si no se encontraría demasiado desgarbado para su encuentro con su camisa negra de manga corta, jeans azul oscuro, zapatillas deportivas, sin olvidar su cartera: básicamente lo primero que encontró limpio dentro de su maleta. Sin embargo, todos esos pensamientos desaparecieron al momento en el que sus miradas se encontraron, y nada más a su alrededor importo.
—¡Kousei! —gritó la joven sin poder contenerse.
Kaori Miyazono estaba radiante: con su sonrisa como mejor accesorio, saludándole de manera efusiva desde su sitio, a lo que él correspondió con un suave movimiento de manos y una sonrisa simple conteniendo la emoción tras sus gafas.
En esta ocasión, la chica sonreía para él, y solo para él.
Kousei se acercó a la plataforma sobre la que se encontraba la chica, mientras su pequeño auditorio se dispersaba para continuar con su importante agenda de juegos infantiles y ofreciendo su mano, ayudó a bajar a la joven con cuidado.
—Muchas gracias Kousei. —Agradeció al tiempo que ponía los pies en el suelo.
—No es nada. —contestó el joven, de manera nerviosa. —Buenos días Kaori. Una disculpa por llegar tarde, veras que el cambio de horario, y… – el joven pianista se sonrojo, al tiempo que ambos eran invadidos por una vergüenza muy japonesa.
—No, que va, no es nada. Fui yo la que llegué muy temprano, estaba algo emocionada, y pues nunca quedamos en una hora… etto, Kousei… —Continuó la rubia apenada frente a su antiguo compañero y amigo.
—Dime Kaori. —Preguntó el chico algo preocupado por la joven, ¿acaso se sentía mal? ¿aún no estaría del todo recuperada? Si ella volviera a sentirse mal como antes…
—¿podrías soltar mi mano, por favor? —comentó casi en un susurro la chica mientras que el color de su rostro tomaba un tono rosado que hacia juego con las flores de cerezo.
—¡!Ahh sí! Si, si, si claro, claro. —Kousei, más rojo que un tomate, soltó su mano ante la petición de Kaori. –Una disculpa yo, yo, yo lo siento, se me paso, lo siento, ¡lo siento mucho! ¡Gomennasai!
—No es nada. —la chica negó con la cabeza y rio un poco. —Creo que ambos estamos algo nerviosos Amigo A
— Vaya que sí, bueno, lo importante es que ambos estamos a tiempo. —El también rió, ambos se estaban comportando como unos tontos. —Creo que es tiempo de seguir.
—Nee Kousei...—La chica hizo una pausa algo seria, lo cual llamo su atención, para continuar. —Tadaima Kousei, Tadaima.
—Okaerinasai, Kaori, Okaeri. –Respondió con una sonrisa cálida. —Ahora, ¿aún existen los takoyakis que estaban a dos cuadras de aquí? ¡Muero de hambre!
—No estoy segura, pero ¡vayamos a descubrirlo! —Continuó la chica y ambos iniciaron aquella cita que debió haber ocurrido demasiado tiempo atrás.
…
Después de comer algo rápido, ambos se encontraban sentados en un parque disfrutando de su compañía: como siempre y como nunca. Si bien habían pasado una gran cantidad de tardes juntos, en estos momentos el tener una conversación con ella y no un simple monologo, le resultaba fascinante a Arima Kousei, otorgándole un sentimiento acogedor que creía haber olvidado tiempo atrás.
—…Entonces, ¿Estás enojado conmigo por no haber respondido tus cartas? ¿Y por no haber dado señales de vida? —Preguntó la joven un poco tímida, mientras daba un sorbo a una bebida que habían comprado.
—No realmente. En un momento cuando regrese y no te encontré en el hospital, realmente me asuste, temí lo peor. –Por un momento, los ojos de Kousei se ensombrecieron, pero pronto recuperaron su brillo al mirarla con una sonrisa franca. —pero lo importante es… digo estas viva Kaori, y bueno, tu no supiste de todos esos años, como fueron, como transcurrió todo… lo importante es que estas aquí, despierta… a mi lado. ¡Sobreviviste Kaori! lo demás queda en segundo plano.
—¡Me alegro!… era algo que me tenía demasiado preocupada, que me fueras a odiar, por ser tan egoísta…
Kousei rio ante el comentario de la joven.
—¿Odiarte Kaori? puedo llegar a sentir muchas cosas por ti, pero jamás podría odiarte. ¡Te debo todo a ti! Mi carrera, mi vida, mi yo actual, todo es gracias a ti.
—¿A mí? —Kaori lucia sorprendida por la respuesta de Kousei.
—Sí, todo esto es tu culpa Kaori. —Continuó el.
—¿Cómo? no entiendo…
—Tú fuiste la que me devolviste a los escenarios, tú fuiste la que hiciste que volviera a escuchar el sonido de la realidad y alejarme de aquella… aquella oscuridad que yo mismo creé para protegerme del dolor de perder a mi madre… en su tiempo quizás no me di cuenta, pero estaba a punto de caer en un gran abismo. Ahora que miro hacia atrás de no ser por ti, por todos esos momentos juntos, todas esas experiencias, no sé qué habría sido de mí, pero definitivamente no sería yo mismo, ni siquiera sé si seguiría vivo…
—No digas estas cosas Kousei, yo, yo no pude haber hecho eso. —Kaori estaba sorprendía de las palabras que salían de la boca del joven. Dudaba que ella hubiera generado semejante impresión en él, tan similar a la impresión que él había plasmado en su alma tiempo atrás.
—Claro que lo hiciste Kaori, con esa carta que dejaste tiempo atrás.
¿Carta? ¿Qué carta? ¿Qué carta Kousei?… — la chica parecía desconcertada, pero de repente una vieja memoria vino a su mente, intrusa y vergonzosa. Aquella estúpida nota que había escrito por si acaso no sobrevivía… El rostro de Kaori Miyazono camino por todo el espectro del arcoíris al recordar parte de su contenido. —¡Oh no! ¡esa carta! ¡La leíste Kousei! ¡Ay no! ¡pero qué pena! —la rubia intento disculpar sus acciones del pasado. —Debo de decir que esa carta la escribí porque creí que iba a morir y, y…
—Asi es, la leí. —Contestó el pianista acallando a su mortificada interlocutora—, y tranquila, lo entiendo. Sabes, si bien hubieran sido las cosas más sencillas si me hubieses dicho que te gustaba, la verdad dudo que lo hubiese entendido bien del todo en ese momento, asi que no te preocupes, tus sentimientos me han ayudado a salir a delante. —Kousei miro a los ojos a su acompañante y con una sonrisa franca continuo. —Está bien, las cosas suceden por algo.
La actitud tranquila del Pianista le hacía ver más encantador de lo que ya era ante los ojos de Kaori. Su voz oscura y cálida reconfortándola pese a la vergüenza que le ocasionaba el recordar aquellos párrafos escritos tiempo atrás, además de saber que aquellas palabras egoístas se habían quedado guardadas en el corazón del joven hacían que en el suyo se arremolinaran: un torbellino de emociones que encontraban ligera calma al ver el rostro del apuesto joven que se encontraba a su lado.
—Oh Kousei, yo, yo lo que dije, lo que escribí, yo creí que me iba a morir, yo…—Kaori intentó excusar su escrito de nueva cuenta.
—Eso no importa, lo importante es que estas aquí Kaori, —le restó importancia— y que, gracias a ti, he podido recorrer el mundo, te debo todo lo que soy hoy. Sin ti, sin esos momentos, sin esas experiencias, sin esa carta, nunca hubiera tenido la oportunidad de poder seguir avanzando. Aquel encuentro contigo, estrepitoso y espontaneo, me ayudo a tener más experiencias increíbles. ¡Redescubrí la emoción de un escenario gracias a ti! Y de ahí no me he detenido, hasta el día de hoy.
—Pero si solo soy una violinista amateur que recién acaba de retomar sus estudios de violín.
—¿Y eso no te hace sentirte orgullosa? —Kousei rió ante la afirmación de la joven, ¿acaso ella no podía ver lo maravillosa que era? —¿De qué, recién retomando tus estudios, acabas de ganar un concurso de talentos variados? Sigues siendo la chica más increíble que he conocido Kaori, aunque tú no lo quieras ver.
—No lo soy Kousei, tu eres quien eres increíble. —negó la chica mientras daba otro sorbo a su bebida.
—Está bien, soy increíble. —reconoció con modestia el joven pianista, aceptando el cumplido de la violinista para su propia sorpresa. —Y lo he probado en todo el mundo, pero con ello he probado, —e hizo una pequeña pausa hasta que los ojos celestes de la joven cruzaron mirada con los suyos. —que, pese a su pequeño descanso, Kaori Miyazono, una talentosísima joven violinista rubia testaruda, que adora los canelé y quien me nombro su acompañamiento aun contra mi voluntad, y me hizo tocar una obra de una manera increíble, a priori, sin entrenamiento previo y de manera espontánea, con una pasión con la que jamás he vuelto a tocar en mi vida, quien con su violín puede conectar con toda una audiencia y hacer un recuerdo eterno en las memorias de quien le escucha con sus melodías alegres y vivaces, es más increíble que yo.
Kaori miro a Kousei con fascinación. Si bien en él podía reconocer los ojos añil de aquel músico de su infancia, dentro de él algo era diferente, y no era que le desagradase ese nuevo Kousei, al contrario, estaba muy encantada con aquella nueva versión del pianista que le transmitía una gran vitalidad.
—Ahora, Mademoiselle Kaori, si me concede el privilegio, creo que debemos tomar una nueva foto de este reencuentro ¿desho? La que me dejaste en tu testamento fallido necesita una urgente actualización.
…
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—No tienes misericordia verdad?
—Aprendí de la mejor. —Le dijo Kousei guiñándole el ojo.
Kaori rio, ambos caminaban saliendo del centro comercial con helados en mano, riéndose y poniéndose al corriente y aunque ahora tenía que mirar hacia arriba para que su mirada pudiese hacer contacto con los ojos añil del pianista, eso poco le molestaba.
—¿Y cómo sobreviviste en Francia?
—A decir verdad, tuve suerte, mucha pero mucha suerte. —se sinceró el joven. El hablar con la chica sobre su vida y sus problemas era como quitarse el peso de un piano forte de encima. —Hice buenos amigos rápido, intenté absorber todo el conocimiento lo más pronto posible para poder ponerte al día cuando volviese.
—¿No te sentías solo? —La voz de Kaori denotaba preocupación. Recordaba la vieja soledad del chico que había perdido a su madre y su camino tiempo atrás. —¿No extrañabas estar en casa?
—Era extraño sabes, digo, había ocasiones en las que me sentía como pez fuera del agua, pero logre salir adelante gracias a ti. —Kousei se rascó nervioso la cabeza, mientras le sonreía con cierta timidez. Era extraño, placentero y también vergonzoso, el recibir respuesta por parte de Kaori Miyazono en aquella tarde de primavera rodeados de etéreas flores de cerezos.
—¿A mí? —Kaori poca importancia le tomo la vergüenza del joven y contrario a ello, se sonrojo al imaginar como Kousei pese a la distancia aun la recodaba y se aferraba a sus pocas memorias compartidas.
—Si. —Dijo, mientras continuaba disfrutando toda aquella sensación surreal en su ser. —podemos decir que mi buena suerte en el extranjero es tu culpa. Cuando sentía alguna duda, no lo sé, todo lo que veía me recordaba a ti: a tu fuerza de ánimo, a tu idea de vivir al máximo el momento, y simplemente lo hacía, al pensar en ti sentía que podía superar cualquier obstáculo, que al igual que tu no podía esperar a que alguien sintiera misericordia por mí, y debía de intentarlo. Esa pequeña Kaori, que vive en mis recuerdos, jamás dejo que me rindiera. —Finalizó Kousei con una sonrisa.
La joven cambio el color de sus mejillas por uno similar a los de los tomates al oír la verdad tan cruda del hombre a su lado, ¿realmente aquel caballero era su viejo Amigo A?
Kousei no podía evitar disfrutar el verla agobiada por las declaraciones que acababa de hacer, pero finalmente su pecho descansaba al poder decirle todas aquellas palabras resguardadas por años en su interior, disfrutando del poder que en esos momentos generaban sus palabras sobre ella.
—¿Y tú?, —preguntó con cierta reserva el joven pianista a su interlocutora mientras pasaba sus largos dedos entre su negro cabello renegado. —¿Cómo lo has llevado? ¿Qué ha sido de ti… desde que despertaste?
—La rehabilitación fue muy dolorosa, pero supongo que un milagro tiene que costar. —Dijó la joven adelantando un poco el paso para que el no viese la sombra del dolor en su rostro. —El primer mes fue como estar muerta en vida… peor, porque lo sentía todo y no podía hacer nada: los aparatos, el respirador automático, el inicio de la dieta nuevamente, la sonda gástrica, el ser consiente durante las movilizaciones para evitar las llagas en mi cuerpo…. terapia cognitiva y de lenguaje porque no sabían en que status se encontraba mi cerebro, creían que quizás me había perdido en el abismo de mi mente, o que el tiempo que había pasado inconsciente había carcomido todo lo que quedaba de ser humano dentro de mi… la verdad es que no era asi, solo que no podía comunicarme, era demasiado doloroso… hubo momentos en los que de la nada, me quedaba sin fuerza siquiera para poder respirar y… fue…. Terrible. —el recuerdo de aquel tiempo le hizo estremecer, ensombreciendo sus ojos celestes. —Y lo que siguió fue aún peor; los siguientes 5 meses, las terapias fueron demoledoras: terapia con electrodos, ultrasonido, la hidroterapia y sentir como tus músculos no te pertenecen y te hundes en el fondo de la piscina… claro no dejan que te hundas, pero la presión del agua en el pecho… era como si me sumergiesen en brea. muchas veces deseé morir, y por momentos perdí la esperanza… —pese a la tristeza que marcaba sus recuerdos sonrió con poca confianza al joven para tranquilizarle un poco. —Pero bueno, sabes que soy testaruda…creo que finalmente pagué por todo el sufrimiento que les traje a todos…
—Oh Kaori yo…
—No. no digas nada.
—Si hubiese estado aquí…
—Hubiese sido peor. —Sentenció la joven. —Me hubiera matado que me vieses asi.
Kousei apretó el puño, la impotencia lo abrumo ante las tajantes palabras de Kaori. —Siempre he sido tan inútil…
—No digas eso. Fue mi decisión, simplemente no me sentía lista para enfrentar… todo. —Kaori intentó cambiar el tema y alegrarle. —Además, hiciste y haces aún demasiado por mí, amigo A; la doctora ponía las canciones que habías grabado para mí, y tus regalos en navidad fueron estupendos, gracias Kousei. —Finalizo la rubia regalándole una sonrisa perfecta. —Gracias por no olvidarme…
—¡KOUSEI!...
Los gritos de un hombre a lo lejos llamaron la atención de ambos músicos y la figura de un chico alto de cabello castaño corto se vislumbró, corriendo hacia ellos en medio de la multitud de las personas en el distrito de Sumire. Pronto el rostro del chico fue claro para ambos y la figura de un atlético y muy molesto Ryota Watari se mostró frente a ellos, enfocando toda su ira en el pianista e ignorando de tajo a la joven a su lado.
—¡Kousei! ¡finalmente te encuentro pedazo de idiota! —le reclamó el joven castaño tomando aliento de manera ligera después de su carrera.
—¡Watari! —el rostro del pianista se alegró al ver a su amigo. —¡Wow!, pero ¿qué haces aquí? –le preguntó al ahora futbolista profesional -yo te hacía aun dentro de la concentración de la Sub22, o bueno eso me dijo tu entrenador hace una semana…
—Sí, y yo te hacia un poco más inteligente amigo músico. —Le cortó el joven con evidente enojo en la voz. —¿Qué demonios pasa contigo?, me invitas a un concierto, ¡en el que ni siquiera te veo participar! ¡y al final te desapareces como Maradona del Antidopping!
—Watari, han pasado tantas cosas...
—Si claro. —interrumpió el deportista con cinismo su compañero. él no tenía tiempo para sus patéticas excusas. —Podría empezar a explicar cómo ayer, dejaste plant…—
—Kaori está aquí. —Esas tres palabras que pronunció Kousei, detuvieron las acusaciones furiosas del joven al introducir a la violinista a la conversación.
Watari volteó a ver por primera vez a la joven que se encontraba caminando al lado de su mejor amigo. En un inicio, no había prestado demasiada atención y había supuesto que su acompañante era su pequeña discípula Aiza Nagi o Koharu-chan, a quien el pianista consideraba como su hermana menor. No obstante, quien realmente se encontraba frente a él, no era otra más que su viejo amor de la infancia, quien, como años atrás le dedicaba una radiante sonrisa.
—Hola Watari. —Kaori Miyazono saludo tímidamente al joven futbolista, mientras el la veía con ojos como platos. La visión de Kaori era la de un ángel que se había posado en la tierra como en una segunda revelación milagrosa.
El tiempo se había detenido en su angelical rostro, como si esos seis años no hubieran hecho daño alguno en la joven: sus ojos cerúleos eran resplandecientes como el cielo del mediodía, su cabello rubio, brillaba cual los rayos del sol de verano y su sonrisa era como las estrellas más brillantes del verano. Toda la furia del joven se desvaneció de manera portentosa, siendo reemplazado por una confusión de sentimientos y pensamientos que invadieron su interior, dando como resultado el afloro de un par de lágrimas de sus ojos, mientras intercambiaba miradas tanto con su mejor amigo como con quien consideraba su primer gran amor.
-Te vi en una entrevista en la NHK hace un par de meses. –Le dijo Kaori tratando de aligerar la tensión que se había provocado por el repentino silencio de los tres jóvenes. –Debe de ser genial salir en cadena nacional.
Las palabras inocentes de la joven lo golpearon como un cañonazo directo a la portería y en ese momento su rostro fue casi idéntico al de su yo aturdido de 14 años, al recordar que en aquella entrevista varios meses atrás. Había roto de manera oficial con ella, por televisión, por cadena nacional, en Prime Time, y posiblemente con repetición en todos los programas de espectáculos internacionales y por internet.
—Ka… Kaori, no, no puede ser… -El rostro del joven había perdido todo color y en sus pulmones apenas había suficiente aire para respirar.
—Perdón Watari, gomen. —Se disculpó con una reverencia profunda la joven de ojos azules, sin entender la causa del balbuceo del joven. —Perdón por todo, yo…
—¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Cuánto? — El joven futbolista, pareció recuperarse del Shock inicial en el momento que la joven se había inclinado. ¿Por qué se estaba disculpando cuando lo que deberían de estar haciendo los tres era empezar a celebrar? Borró las lágrimas de sus ojos y en un arrebato de fraternidad digno de futbolistas latinos, la abrazo con tal efusividad que la levanto medio metro del suelo. —¿Qué demonios?, ¿estamos muertos Kousei?
—No, no lo estamos… es una larga historia. –Le respondió el pianista, tratando de placar la inoportuna ola de celos en su pecho. ¿Cómo es que en toda la tarde el solo había tenido la oportunidad de tocar la mano de la violinista y su amigo en estos momentos la abrazaba de manera descarada en público? –¿Podrías bajar a Kaori?, apenas si puede respirar. –Agregó el pianista con un poco más de acidez de la esperada – Definitivamente, si tú me acusas de volverme francés, yo estoy en todo mi derecho de acusarte ser brasileño indocumentado en Japón.
—Como sea, —dijo el Watari sin prestarle importancia a los comentarios de su amigo, mientras ponía Kaori en el suelo con suavidad- Esto es para celebrarse, ¡vamos todos a cenar!, yo invito, ¿va? ¡Esto debemos de festejarlo en grande! Si tienen tiempo, ¿verdad?
—Por supuesto. —contesto Kaori, y Kousei simplemente asintió. No había nada mejor en el mundo que compartir la felicidad del reencuentro con su mejor amigo.
—Perfecto vamos, por aquí está el restaurante de una de mis compañeras de preparatoria, Kotori san, es un lugar excelente, ¡les encantara! ¡Ah dios mío! ¡Kimochi!, ¡No puedo creerlo! ¡No puedo dejar de gritar, quiero correr, quiero saltar! ¡Qué felicidad! —Watari se puso en medio de sus dos amigos y pasando sus brazos sobre sus hombros, dijo alegremente. —Kaori-chan, Kousei, que bien se siente estar en casa.
Los tres sonrieron a aquella tarde de primavera, mientras se dirigían a continuar aquel reencuentro tan esperado, esa maravillosa ocasión que había logrado reunirlos después de una larga espera.
Continuará…
...
Hola a todos! Aquí, después de una larga espera, the Candy Girl lista para darles un final memorable. Sé que no tengo perdón de dios, pero chicos, eso que sucede entre mi tiempo de escritura y publicación, es a lo que llamo vida, ha hecho que me retrase. Amo esta historia, sueño con este final y por fin demostrárselos, porque lo veo en mi mente, pero nada mas no tengo tiempo de escribirlo!
Tengo la determinación de terminar este escrito para poder avanzar en otras historias que tengo en mente. Pero antes que nada debo crear ese final tan deseado por todos nosotros, en el que Kaori es feliz.
Ahora chicos pasemos a la sección de easter eggs que es algo simple, pero espero les haya agradado
Chicos si no saben quién es Diego Armando Maradona, a quien se hace mención durante la historia, les hace falta ver televisión xD. Es uno de los jugadores de futbol más sobresalientes de argentina, tanto por sus hazañas con el balón pie, como por su mano de dios, y sus escándalos en las drogas
Se menciona el distrito de Sumire, este existe como tal en Japón, y mi imagen de referencia al pensar en este lugar es de parte del anime de Shokugeki no Soma, gran anime de comida, que anteriormente les había puesto en un Easter egg.
En este barrio se encuentra el negocio de comida de una amiga de Watari, esta chica es Kotori chan, perteneciente al universo de Sweetness and Lightning, un anime rosa hermoso sobre comida, un papa soltero, su hija que es una sobredosis de dulzura y una estudiante de secundaria. Hoy en día están de moda los animes de comida, y realmente se los recomiendo
Básicamente son todos los easter eggs, peeero como detalle gracias a su fidelidad en la lectura de este fanfiction les dejo unas recomendaciones de animes de comida para el periodo de sequía de atrapada en ambar) que espero no dure demasiado y en estas vacaciones de verano ponerme al corriente con todo lo que les debo.
Estos son: shokugeki no soma, ristorante paradiso, restaurant to another world, sweetness and lightning, el café de el oso polar, tada kun wa koi wo shinai, y el menú de la familia emiya, si son de doramas, absolute boyfriend, es hermoso auqnue muy muy triste, pero hermoso. adoro la franquicia de fate, y tengo en mente un fanfiction de ellos. Pero bueno, primero, como les he dicho, hay que terminar con la historia de kaori chan.
Gracias a todos por los reviews, y no estoy segura si nos leen en otro idioma unos chicos que han dejado ciertos comentarios y no les entiendo del todo, por favor, pueden ponerlos sino en español al menos en inglés?, asi podre comprenderlos bien, pero de cualquier manera se los agradezco! No saben cuánto nos sirve saber que les está agradando la manera en que está escrito este relato con mucho, mucho, mucho amor, y por supuesto drama 😉
Watari está de vuelta! ¡Y vio a Kaori, y la pandilla se está reuniendo por fin! ¿Qué pasará? como se cerrará el ciclo?
Descúbranlo en la próxima entrega de su Fanfictión favorito de Shigatsu wa Kimi no uso: ¡atrapada en ámbar!
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Nota Adicional 2020:
Este capítulo esta hecho desde hace 1 año y medio…. Pero por ancas o por mangas no he podido subirlo, mis días han sido bastante difíciles, tumultuosos en este 2019 y 2020, tanto que mis recuerdos son ciertamente borrosos, de todas formas, me disculpo, eso de Balancear la vida personal y la laboral sin perder la cordura es algo difícil, y pues como verán no vivo de escribir fanfictions (ya no estamos en esos bellos tiempos de Alejandro Dumas donde se ganaba plata con los fanfictions del conde de montecristo) … en fin, no hay excusas, y pues de por si este año ha sido terrible, he decidido porque 2020 ha sido terrible para la gran mayoria, asi que al menos debo de contribuir con algo para hacer mejor este mundo y si es por medio de un fanfiction, #F*ck2020 terminare esta historia el cual tanto quiero y que en mi mente tiene un final que seguro amaran!
No sale de este año
Aunque una parte de mi al parecer no quiere terminarlo porque le encanta demasiado!
Gracias a los suscriptores y a todos sus reviews, gracias eternas, el ver que todavia me leen me hace feliz, mil gracias
Se que es algo tarde para un fanfiction de Your Lie in April pero deseo darle el final que merece Kaori, y chicos, definitivamente no este episodio (aunque si me tardo algo, no esta tan mal para que no se queden con un mal sabor de boca)
No olviden que esto funciona como con Chente (Vicente Fernández) ¡entre más reviews lleguen The_Candy_Girl sigue escribiendo!
¿Que pasará? ¿Finalmente actualizarán a tiempo? Sé que todos tienen sus dudas sobre este fic, hay varias líneas que aún no terminamos de tejer… Kaori gano… ¡así que aún nos falta ver su colaboración con Kousei! ¡Y muchas, muchas (ok quizás no tantas) pero muchas cosas más!
Esperen su próxima entrega de su Fanfictión mas tardado y favorito de Shigatsu wa Kimi no uso: ¡Atrapada en Ámbar!
Saludos a todos, abrazos a distancia y #F*ck2020
