Simbología

—Abcd || Diálogo de los personajes

«Abcd || Continuación del diálogo

«Abcd» || Pensamiento de los personajes

[FlashB] || Eventos pasados en la historia

[FlashF] || Eventos futuros en la historia

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Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de la mente de Rumiko Takahashi

Nota: Me tomé algunas libertades en el ámbito histórico, geográfico y social para mayor fluidez y comprensión en la historia.

Resumen del capítulo anterior: La misión de Tatsuo para recuperar el mapa en Hong Kong fue exitosa. Shinnosuke besó de forma sorpresiva a Akane mientras que Ranma tuvo un momento de reflexión sobre su estado emocional.

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Capítulo 19. Nadie dijo que sería tan difícil

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Noche | 1 de junio | Wakayama, Japón

Masumi y Ranma, aún convertido en mujer, regresaban a la mansión en absoluto silencio después del emotivo momento que vivieron en la pagoda. Marchaban bajo el manto estelar de la noche sobre una senda empedrada en medio del bosque. Sólo una suave brisa los acompañaba por el escabroso sendero, con algunos breves pasajes iluminados por el brillo lunar. El artista marcial reconocía similitudes entre el camino y su presente: en ambos reinaban la oscuridad y la desolación.

Saotome padecía un incómodo dolor de cabeza producto del intenso llanto que le embargó minutos antes. Se presionó la frente mientras cerraba los ojos, que estaban bastante hinchados, para tratar de mitigar estas molestias. La joven Tōdō percibió aquel gesto por lo que decidió darle un consejo.

—Toma un poco. —Le acercó la botella con el resto de agua que quedaba.

La observó un par de segundos, tomó el recipiente y bebió con avidez. Mantuvo el envase entre sus manos y permaneció callado el resto del trayecto. A pesar que la melancolía dominaba su corazón, advirtió con cierta tranquilidad que en la cima de aquel templo se había desecho de un peso enorme.

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Noche | 1 de junio | Nerima, Japón

La precipitación había cesado por completo unas horas antes de la medianoche. El cielo lucía parcialmente despejado, lo que permitía que una parte del firmamento nocturno luciera sobre la ciudad. La humedad aún permeaba en el ambiente mientras que varias gotas todavía permanecían aferradas al follaje de los alrededores del dojo.

La oscuridad dominaba la habitación de Akane, excepto por una pequeña lámpara de escritorio encendida. En aquel momento ella se encontraba sobra la cama, recargada sobre la cabecera con las manos sujetando sus piernas flexionadas. Miraba fijamente la pared y analizaba todo lo sucedido esa tarde con Shinnosuke.

Después de aquel beso evitó encontrarse a solas con su invitado ya que primero deseaba aclarar los pensamientos que le atribulaban. Durante la cena trató de mostrarse lo más natural posible. Empero, el huésped irradiaba inseguridad no vista en los días anteriores, denotando que algo le incomodaba.

Acabada la cena, este le pidió la oportunidad de conversar sobre la situación que vivieron horas antes, pero ella se negó a tal solicitud en ese momento. Le explicó que necesitaba aclarar primero sus confusos pensamientos. Él aceptó bastante resignado la negativa de la chica. En el fondo se encontraba temeroso de tener que partir a Ryugenzawa sin poder decirle todo lo que sentía.

La joven de pelo azul aguardó el resto de la tarde recluida en la recámara. Observaba por la ventana la precipitación mientras intentaba resolver el dilema que le representó aquella caricia.

«¿Por qué siento tanta culpa por lo que pasó? Ni siquiera quería hacerlo. Por un momento se sintió bien, pero sé que fue algo pasajero. No sentí lo mismo como cuando Ranma me besó. Aquella vez mi corazón latió tan fuerte que pensé que se me saldría por el pecho. Después solo quería que dijera que se acordaba de todo, porque eso quería decir que yo le gustaba.»

«Ahora lo único en que puedo pensar es que lo que pasó hace rato fue un error. Por más que quiero sólo puedo ver a Shinnosuke como un amigo. Es muy lindo conmigo y la paso muy bien con él, pero no creo que pueda llegar a más. Después de todo no he podido dejar de pensar en Ranma.»

Lo cierto es que sus sentimientos hacia el artista marcial se mantenían casi intactos, a pesar estar ausente ya varias semanas. Adicionalmente, aún alimentaba la esperanza de verlo de nuevo para desmentir las supuestas palabras que le dijo y poder continuar la relación que tenían.

Sin embargo, la presencia del joven guardabosque le hizo comprender que la relación que llevó con su ex prometido no siempre fue del todo de su agrado. Aunque con el paso del tiempo el compromiso mejoró notablemente, jamás tuvo un noviazgo como el que hubiese deseado tener. El poco valor del Saotome en temas sentimentales, el constante acoso de las otras prometidas y la persistente intromisión de los habitantes de la familia se los impidió.

Además, asimiló que necesitaba establecer un límite para la espinosa situación que atravesaba, en caso que las cosas no resultaran bien. Presentía que seguir esperando el retorno de artista marcial a su vida podría lastimarla demasiado y la estancaría en un continuo tormento.

Consideraba la posibilidad que un próximo reencuentro entre ambos podría no darse. El sólo imaginarlo le causaba un gran desconsuelo puesto que desde la angustiosa experiencia en Jusenkyo se arraigó en su imaginario la idea de que ellos, a pesar de todo, terminarían invariablemente juntos.

«Necesito hablar con Shinnosuke y dejarle en claro las cosas antes de que se vaya. Después entrenaré muy duro para ganar el torneo y demostrar que puedo ser la mejor. Allí será la última oportunidad para arreglarlo todo. Si eso no pasa, será mejor que siga mi camino, pero sin él.»

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Mañana | 2 de junio | Wakayama, Japón

El equipo ya estaba completo debido a que el guardián de ojos marrón llegó la noche anterior procedente de Hong Kong. Él mismo inició la reunión con el reporte acerca de la misión encomendada para recuperar uno de los mapas. Después del resumen dado recibió felicitaciones por parte de sus compañeros y el reconocimiento de su mentor por haber superado los problemas surgidos en aquel territorio.

A pesar de la satisfacción que generó en el grupo tener dos de los tres mapas, el estado emocional de cada uno era diferente. Kenzo se mostraba inquieto, al igual que Masumi, porque percibía que una gran amenaza se aproximaba a ellos. Hikaru irradiaba optimismo y entusiasmo por lo que hizo el Tatsuo en tanto Ranma se encontraba muy reflexivo por lo ocurrido el día anterior.

—Aún hay algo más que debo decirles. Al parecer los hombres de Jaan estuvieron vigilándome desde que aterricé en Hong Kong. Por suerte nadie me siguió hasta aquí, pero creo que debemos tener más cuidado —expresó con temor frente a sus compañeros el recién llegado.

—¿Cómo lo supiste? —preguntó la chica de ojos verdes, un tanto inquieta.

—El hombre que custodió el mapa se dio cuenta y me lo advirtió.

—Puedes tomar asiento —le indicó el maestro al expositor. —Lo que su compañero dijo debe preocuparnos. Es probable que nuestros enemigos se hayan puesto a la ofensiva así que debemos ser más precavidos de ahora en adelante. —Sacó una tarjeta postal bastante maltratada de la ciudad que acababa de visitar.

—¿Y eso que es, maestro? —preguntó la más pequeña.

—Es un mensaje que encontramos en la habitación del hotel donde nos hospedamos —confesó a sus pupilos mientras les extendía la postal.

En la parte posterior de la tarjeta estaba plasmado el texto "Tò peprōménon phygeîn adýnaton" con letra cursiva en un peculiar tono rojizo. Por los trazos se podía deducir que había sido escrito a mano. Los guardianes la revisaron con detenimiento, a pesar de no comprender su significado.

—La frase está en griego y significa "imposible escapar del destino". La encontramos justo cuando volvimos de revisar una pista sobre Deimos —explicó el hombre ante la duda que reinaba entre los alumnos.

—¿Por qué querrían dejarles esto? —dijo el chico de la trenza mientras la miraba.

—Para amenazarnos. Antes de venir mandé examinarla a un laboratorio. —Hizo una prolongada pausa antes de revelar un detalle importante de la investigación, y añadió—: El análisis arrojó que está escrita con la sangre de un hombre desaparecido en Fukuoka unos días atrás.

—¡Eso es bastante enfermo! —exclamó Tatsuo y enseguida le arrebató la postal al chico de Nerima.

—Es inminente que pronto nos enfrentemos a él, pero lo que más temo es que ese sujeto decida cómo, cuándo y dónde. Y si eso pasa estaremos en desventaja. Por eso voy a darles nuevas indicaciones de acuerdo con lo que está pasando.

»Hikaru y Tatsuo, quiero que revisen los mapas que conseguimos para que descifren la ubicación de las reliquias. Es importante que tengamos esa información respaldada por alguna emergencia. También evitarán salir fuera de la ciudad solos, a menos que sea algo prioritario —sentenció frente a ambos.

—Entendido —respondió al unísono la pareja, lo que provocó que ambos se ruborizaran.

—Masumi, necesito que analices toda la información que tenemos sobre Deimos. Debe haber alguna pista que nos ayude a saber dónde se oculta.

—Empezaré ahora mismo —enfatizó la joven bastante decidida.

—Ranma, tu seguirás con tu entrenamiento.

Mientras abandonaban el salón para comenzar con los deberes asignados, el heredero Saotome reconocía que los problemas no dejaban de manifestarse en su vida. «Debo estar más concentrado en todo lo que pueda pasar. El equipo cuenta conmigo.»

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Mañana | 2 de junio | Nerima, Japón

La joven de pelo azul aguardaba ansiosa en la recamara la llegada del chico del bosque. Después del desayuno le solicitó que subiera unos minutos más tarde para platicar sobre lo sucedido el día anterior. Cuando escuchó que llamaban a la puerta le indicó que pasara. Este tomó asiento en la cama junto a la joven mientras que ella se preparaba para iniciar aquella trascendental conversación.

—Shinnosuke, te invité aquí porque quiero hablar sobre lo que pasó ayer —admitió la menor de las Tendo.

—Akane, quiero hablar primero, por favor. Ayer abusé de tu confianza y te pido perdón. Me has ayudado desde que llegué y no tenía derecho. Fui impulsivo y me dejé llevar.

—Sé que esto no debió pasar. Eres una persona especial para mí y siento mucho que hubieras pensado otra cosa de mí. —Suavizó el tono de sus palabras pues entendía que tenía un poco de culpa al aceptar aquella caricia.

—Tú significas mucho para mí. Yo…—tomó las manos de la chica, la miró a los ojos y añadió—: te quiero.

Ella mantuvo el contacto visual sin mostrar un cambio en el semblante. Segundos más tarde se soltó del joven, se puso en pie y se alejó unos pasos dándole la espalda.

—Lo siento, pero no puedo. Estoy pasando cosas muy difíciles y no estoy lista para iniciar una relación. Eres un buen amigo y no quisiera perder tu amistad por eso. —Giró y lo observó mientras finalizaba de hablar.

—Si me dieras la oportunidad de…

—No más, por favor. Tienes una vida lejos de aquí. Debes volver y olvidar lo que sientes por mí —lo interrumpió bruscamente.

—Yo lo dejaría todo por ti. —Se puso frente a ella y la tomó de los hombros.

—Discúlpame, pero no quiero que hagas eso. Sí eres mi amigo, podrás comprenderlo, por favor.

El joven aceptó resignado que no podría ser el dueño del corazón de la chica de pelo azul. Pero lo que más le abatió fue el descubrir el verdadero motivo del rechazo, aunque ella se lo ocultara en aquel momento.

—Es por él, ¿verdad? ¿Aún lo amas?

—Sí —respondió bajando la mirada ya que aceptar aquello le hacía ponerse bastante sentimental.

—Entiendo. No te preocupes, me iré hoy mismo. —Caminó hacia la salida de la recámara.

—Yo no quise lastimarte —murmuró la chica antes que su amigo dejara la habitación.

—Lo sé. Tú nunca serías capaz de eso. Y no estoy molesto, comprendo que no puedo competir contra él. Debe ser el hombre más afortunado del mundo por tener tu corazón. Espero que regrese pronto. —Terminó la aseveración y dejó el cuarto.

Akane no quiso detenerlo pues estaba sumamente afligida por la tremenda coyuntura emocional que sufría. Además de padecer la disolución del compromiso, ahora sentía pena por desbaratar las esperanzas nuevamente de su viejo amigo. Cerró con llave la puerta, se sentó frente al escritorio y se recostó sobre este, ocultando el rostro entre sus brazos.

Un par de horas más tarde, Shinnosuke se despidió uno a unos de los habitantes del dojo. Agradeció todas las atenciones recibidas y les hizo la invitación a visitarlo cuando quisieran. La familia prometió hacerlo y le entregó algunas cosas para el camino. Antes de partir, se acercó a la menor de las Tendo y le brindó un afectuoso abrazo.

—Cuídate mucho, Akane. Cualquier cosa que necesites, sabes que puedes contar conmigo.

—Gracias. Tú también cuídate mucho.

Mientras el guardabosque se alejaba del dojo, ella recordaba que cada vez que se encontraba con él su vida daba un giro inesperado. Nuevamente suponía que no sería la excepción.

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Mediodía | 2 de junio | Wakayama, Japón

En las instalaciones para entrenar de la casa, Ranma le demostraba a Kenzo los avances que tuvo durante su ausencia. Para esto, realizó el mismo ejercicio que le explicó la primera vez: aplicó tinta en un puño, tomó asiento sobre el tatami cruzado de piernas con cada pie encima del muslo opuesto y meditó por una docena de segundos. Intentó golpear la palma con la extremidad manchada, logrando detener el impacto medio centímetro antes de hacer contacto con la mano.

—¡Sabía que lo lograrías! —Le mostró la señal de victoria y una enorme sonrisa como gestos de aprobación.

—Justo hace dos días que lo conseguí. La lluvia me ayudó bastante —confesó sonriente.

—Ahora seguiremos con la segunda etapa de tu entrenamiento. Ponte de pie y no te muevas, por favor.

El hombre presionó con fuerza los puntos del cuello donde había aplicado con anterioridad la "Punción Elepha". Saotome percibió un leve cosquilleo en la espalda, mismo que desapareció en unos instantes.

—Acabo de deshacer la técnica que hacía que tus músculos estuvieran más rígidos.

—Ya ni me acordaba de eso. —Palpó el punto que el maestro acababa de presionar.

—Es porque tu cuerpo se acostumbró al esfuerzo, como cuando te acostumbras a respirar en la montaña.

—Vaya, ahora me siento más ligero —expresó mientras estiraba los brazos.

—Ahora quiero que me muestres tu técnica de las castañas, por favor —ordenó el hombre, interrumpiendo sus estiramientos.

Saotome ejecutó con maestría aquel legendario truco. Al hacerlo percibió como los brazos se movían a una velocidad considerablemente mayor y con menor dificultad, similar al correr hacia abajo en una pendiente. Cuando terminó, contempló sus manos bastante sorprendido y jubiloso por la considerable mejoría en su agilidad.

—Tus músculos se ajustarán gradualmente conforme pasen los días —afirmó el hombre.

—¡Es perfecto! —expresó emocionado el artista marcial.

—Ahora quédate quieto, por favor.

El maestro se posicionó detrás del guardián en tanto este se mantenía firme sin hacer movimientos. De pronto, advirtió como el puño de su mentor apareció bruscamente por el costado del rostro, casi rozándole el cachete.

—¿Notaste algo diferente? —dijo a espaldas del muchacho.

—Un poco. Sentí que su golpe apenas me rozó. —acarició ligeramente su mejilla.

—Te sorprenderá saber que ni siquiera te toqué. Lo que pasa es que como puedes captar tu energía, ya eres capaz de distinguir la mía. Lo que realmente sentiste fue mi energía chocando con la tuya.

—Vaya, con qué así se siente.

—Así es. Y hora haremos esto más interesante. Prepárate, vamos a pelear.

Tomaron posición de combate en el centro de la habitación a corta distancia e iniciaron la contienda. El maestro Kusonoki lo atacó con diversos movimientos utilizando sólo los puños. Ranma los detenía o esquivaba con dificultad, aunque también arremetía contra él con lo mejor que tenía. El duelo se mantenía bastante equilibrado y la dinámica que imperaba era digna de una pelea formal.

«Está haciéndolo bastante bien así que ahora voy a ponérsela más difícil», razonó el hombre en aquel punto del encuentro.

El tutor aplicó mayor velocidad y fiereza en las acometidas y, además, comenzó a propinar sendas patadas combinadas. El aprendiz empezó a replegarse por la intensidad de la ofensiva en tanto era acorralado contra la pared. En la última embestida derribó al pupilo haciendo que cayera de espaldas, quedando a su completa merced. Una vez el suelo, le lanzó un golpe sobre el torso, que detuvo a pocos milímetros antes de hacer contacto.

—Estuvo bien para empezar. —Le tendió la mano para ayudarlo a levantarse.

—Eso lo dice porque me derribó. —Sonrió el chico cuando se puso de pie.

—Has detectado todos mis golpes y pudiste detener la mayoría sin hacerte daño. Te felicitó, aunque eso no quiere decir que ya no seguiremos entrenando. La dificultad será mayor en cada práctica y no te garantizo que siempre salgas ileso —advirtió el maestro.

—No se preocupe, así podré mejorar más rápido.

Ambos prosiguieron la rutina con gran intensidad, aunque el alumno siempre terminaba vencido. Pero eso no le daba mucha importaba ya que sentía que con cada fracaso su nivel mejoraba. En cambio, el mentor pronosticaba que al chico le faltaba poco para dar el salto a la siguiente etapa del adiestramiento porque le hacía emplearse con mayor vigor conforme pasaba el tiempo.

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Tarde | 6 de junio | Nerima, Japón

Aquel día la más joven de las hijas del señor Tendo había tomado un descanso después del arduo entrenamiento que llevaba días realizando. Bajo la tutela de su padre y del maestro Happosai tuvo severas prácticas con la finalidad de mejorar la resistencia y la velocidad. A pesar de considerar innecesario ese receso, decidió tomarlo para brindar a sus mentores un tiempo libre.

Esa tarde se reunió con las amigas del instituto para tomar un café. De regreso caminaba sola junto al gran canal cercado del barrio cuando se cruzó con una cara conocida. Ryoga acababa de llegar a la ciudad, tal como se lo prometió días atrás. Se saludaron cordialmente, este le entregó algunos presentes que le trajo de sus viajes y se encaminaron juntos hacia el dojo. Durante el trayecto ella le informó de los avances en las prácticas y los nervios que sentía por tener el evento muy próximo.

—Entonces has mejorado mucho desde la última vez que te vi, supongo —expresó con una gran sonrisa el joven Hibiki.

—Yo creo que sí. Pero dime, ¿vas a participar? —preguntó con mucha curiosidad.

—Sí. De hecho, aproveché mi viaje para dejar la solicitud personalmente —mencionó orgulloso, aunque omitió el detalle de haber llegado por accidente a Tokio, pues intentaba regresar a Nerima.

—¡Qué bien! Ya tendré a alguien conocido en el torneo.

—Ojalá no sea el único —espetó el joven de la pañoleta.

La joven calló durante unos segundos ante la incómoda declaración. El sólo hecho de imaginar que el joven de ojos azules no apareciera en el evento llevaba días mortificándole. Pero advertía que el momento de preocuparse por eso sería hasta el torneo, por lo que ahora debía concentrarse únicamente en el entrenamiento.

—Espero que no —mencionó esto muy seria.

—Verás que Ranma participará. Aunque de todas maneras esta vez yo le ganaré —declaró sumamente confiado en sus habilidades.

—Ojalá que vaya —dijo entre suspiros y guardó silencio.

—Akane, también regresé porque tengo una técnica que podría ayudarte —expresó un tanto arrepentido de haberla incomodado.

—¿En serio? —preguntó emocionada, con los ojos muy abiertos.

El chico respondió afirmativamente y comenzó a relatar la odisea que pasó para conseguir aquella información, en tanto ella lo escuchaba con atención. Le intrigaba descubrir esa técnica y además, le causaba gran regocijo el aprender nuevas habilidades, pues eso le ayudaría en su desarrollo como artista marcial.

Ellos no se percataron que una presencia entre las sombras había escuchado parte de la charla. Shampoo en ese instante realizaba una entrega a bordo de su bicicleta cuando observó a sus viejos conocidos y por curiosidad los siguió a escondidas. Por ello pudo escuchar acerca del torneo de artes marciales y el deseo de encontrar a Saotome en aquella competencia.

«¿Con que ese es tu plan, chica violenta? Estás planeando encontrarte con mi "airen" lejos de aquí, pero jamás permitiré que eso pase. Tú ya no eres su prometida, la única soy yo.»

La pareja despareció al girar en una esquina mientras la amazona maquinaba que hacer para encontrarse con el chico de la trenza y de paso como deshacerse de su eterna rival de amores.

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Mañana | 7 de junio | Fukuoka, Japón

Deimos leía el periódico a solas en un selecto café de la ciudad. Aquel lugar no estaba repleto, pero si tenía un cupo considerable. El hombre ocupaba una sencilla mesa rectangular cubierta con un mantel negro y un florero central; esta se ubicaba en una prolongación externa del negocio.

Bebía un "espresso" mientras afinaba los últimos detalles del plan que estaba por poner en marcha. El objetivo principal en esta ocasión sería el grupo que lideraba Kenzo, ya que tenía la imperiosa necesidad de conseguir los mapas y llaves que tuvieran los guardianes. Conocía de sobra el poder que le otorgarían los tesoros al que conducirían tales artículos, motivo por el cual toda su atención se había concentrado en ellos. Cabe mencionar que era una persona bastante persistente y, además, con un gran intelecto.

Durante sus años universitarios ocultó su verdadera personalidad para evitar generar sospechas sobre las turbias intenciones que tenía. Dentro del recinto académico vestía camisas de cuadros ceñidas a la cintura, toscos anteojos y su cabello siempre estaba repleto de vaselina. Mostraba un comportamiento retraído, temeroso y algunas veces hasta torpe.

Con esta fachada pudo acercarse a un prestigiado maestro de bioquímica en la institución. Le motivaba la investigación que este realizaba sobre las hormonas y los efectos en la conducta.

Pero bajo aquella pinta de intelectual se ocultaba una apariencia bastante seductora. Era un joven sumamente apuesto, de un rostro triangular con finas facciones y elegante perfil. Su espeso y alaciado cabello junto con el atlético cuerpo que tenía le hacían parecer más un modelo que un estudiante destacado. Adicionalmente, poseía una personalidad atrayente, encantadora y fascinante.

En la actualidad aplicaba la misma estrategia que en sus años mozos. A la vista de cualquiera se presentaba como un comerciante del ramo textil. Empero, tras bambalinas manejaba una inmensa red de actividades ilegales.

Todos los recursos que obtenía los usaba para seguir con la investigación que hurtó de aquel catedrático. Con ella perfeccionó diversos compuestos para conseguir el elixir que implantara el miedo en el ser humano. Ver las reacciones de una persona en ese estado le causada un enfermizo placer, por lo que buscaría hacerlo a gran escala.

Con todas sus conexiones del mundo criminal logró descubrir la leyenda de un poder mayor resguardado por un ancestral grupo. Y en fechas recientes había confirmado su autenticidad, por lo cual ahora estaba en la carrera por conseguir los dones legendarios, en competencia directa con el heredero Jaan.

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Tarde | 7 de junio | Nerima, Japón

Dos enormes rocas estaban colocadas una junto a la otra en el jardín de la residencia Tendo. Estas servirían para que la chica de pelo azul iniciara con el entrenamiento especial que recibiría por parte del joven Hibiki. Este se posicionó frente a una de las piedras y a continuación aplicó presión usando su "Truco de la Explosión". Esto la redujo a pequeños trozos que quedaron esparcidos por el suelo.

A continuación, se paró delante del otro peñón para mostrar los principios elementales de la técnica nueva. Controló la respiración, relajó los músculos, puso las menos en el plexo solar y después la tocó con el índice. Esta fue enviada un par de metros con extrema violencia. Akane y su padre observaron sorprendidos cómo logró tal proeza tan solo con el toque de un dedo.

—¿Cómo hiciste eso? —exclamó Soun.

—Puse gran parte de mi energía en el golpe. Esta técnica se llama "Toque Habu-kurage". Me la mostró un pescador en Okinawa. Se llama así por una medusa muy peligrosa que hay en los mares de la isla.

»Consiste en acumular gran parte de la energía y liberarla en un solo movimiento. Es algo parecido al truco de la explosión, pero con la diferencia en que el golpe en sí no es el que afecta, sino toda la energía liberada por este.

»Si se logra acumular la suficiente puedes derrotar a un oponente en un solo movimiento. Aunque al poner mucha te puedes quedar agotado y expuesto. Vi como la aplicaron en un hombre y es muy efectiva.

»Como me debía un favor me prestó este manual con las instrucciones. Prometí devolverlo pasando el torneo; así habrá tiempo para perfeccionarla. Pensé que podría ayudarte, con lo fuerte que eres.

—Hija, esa técnica es perfecta para ti. Creo que debes intentar dominarla de aquí a que empiece el torneo —afirmó convencido el dueño del dojo.

—Sí, papá. Gracias Ryoga —afirmó bastante congraciada con su amigo.

—No tienes nada que agradecer. Lo único que quiero es que ganes el torneo —afirmó visiblemente ruborizado.

—¡Eso haré! —afirmó bastante convencida.

Tomó posición frente a la roca, ajustó el cinturón del "gi" e inició el entrenamiento. Advirtió una gran emoción por mejorar el nivel de pelea que tenía y por dominar una técnica que le sería de mayor utilidad. Sentía un agradecimiento muy especial con sus seres queridos por ayudarle a sobrellevar cómo se sentía y por entrenarla para la competencia.

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Noche | 10 de junio | Wakayama, Japón

En el inicio del fin de semana los cuatro guardianes se trasladaban en un automóvil compacto por el centro de la ciudad. Aquella salida fue sugerida por el mentor pues pensaba que les ayudaría a liberar la creciente tensión de los acontecimientos que giraban en torno al equipo. Esa noche la joven Tōdō asumió la responsabilidad de conducir.

Horas antes, el grupo se reunió en la sala de la mansión para acordar la actividad que realizarían por la noche. Como tenían intereses muy diversos estaba siendo complejo decidir qué harían.

En principio de cuentas, a Ranma le resultaba difícil sugerir algo, fundamentalmente por dos motivos. En primer lugar, tenía pocas ideas ya que no salía mucho por las noches, ni cuando viajaba con su padre y menos cuando vivía en el dojo. Y en segundo, por la apatía que arrastraba desde varios días atrás a causa del endeble estado emocional que atravesaba.

Para Tatsuo aquel paseo era de poco interés pues, como se consideraba una persona bastante solitaria, prefería pasar sus recesos leyendo mangas o jugando videojuegos. Pero aceptó por el deseo de poder compartir tiempo fuera de casa con Hikaru.

Por otra parte, la joven Konoye se encontraba fascinada por aquella experiencia. Le encantaban las actividades en las cuáles pudiera expresarle libremente o relacionarse con más personas, gustos muy diferentes a los de su colega de ojos marrón. Por ende, le fascinaba cantar en el karaoke, el mayor de sus hobbies.

Por último, Masumi prefería en mayor medida realizar actividades serenas tales como exhibiciones, ir a museos, cines o funciones teatrales. Sus compañeros consideraban aburridos esos gustos. Aunque, si la compañía lo ameritaba, estaba dispuesta en hacer cosas más entretenidas, por ejemplo, acudir a eventos deportivos, sociales y nocturnos.

La pequeña de ojos verdes instintivamente sugirió su mayor afición, pero dos de sus compañeros se negaron rotundamente. El joven Hayashi tomó la palabra para recomendar que era mejor una actividad dentro de la casa; esto fue rechazado por las jóvenes ya que de una cosa estaban seguras: querían salir a divertirse.

—Podríamos ir a un festival, si tan solo hubiera uno—externó la hija de Kenzo con resignación.

—Ranma, has estado muy callado, ¿por qué no sugieres algo? —el chico le dio un ligero codazo para incluirlo en la conversación.

—Es que no tengo muchas ideas. Se los dejo a ustedes, mejor —externó Saotome algo fastidiado.

—¡Tú también tienes que opinar! —refunfuñó en tono infantil la guardiana de ojos verdes.

—Bueno, es que yo no soy mucho de salir por las noches —respondió algo tímido, evadiendo la mirada de los tres.

—¿Pero tenías amigos? ¿Acaso no sabías que hacían ellos para divertirse? —le increpó Hikaru.

—Pues no mucho que digamos. Creo que iban a los juegos de video, al cine, al boliche, de compras, yo que sé.

—¡Iremos al boliche! —exclamaron con enjundia las chicas después de mirarse en complicidad.

—¿A eso? —Tatsuo mostró poco interés en la elección.

—Sí, es perfecto. Es algo tranquilo, divertido y podremos comer ahí —explicó la chica Konoye.

—Yo no sé jugar —replicó el chico de ojos marrón, mientras lanzaba una mirada fulminante a su compañero de la trenza por haber dado semejante sugerencia.

—No te preocupes, nosotras te enseñaremos —agregó Masumi, dando finalizada la conversación con aquel acuerdo.

Esa noche arribaron a un establecimiento en el centro de la ciudad, el cual tenía su nombre en la parte superior con enorme letras neón. Apenas entraron vieron multitud de juegos de destreza y máquinas de videojuegos. Prefirieron ignorarlos y subieron al segundo piso donde se ubicaba la recepción y las pistas para la práctica del boliche.

Los muchachos se notaban noveles en aquellos menesteres ya que sólo conocían el juego por alguna referencia en películas o revistas. Ellas ya habían practicado aquel deporte de salón en un par de ocasiones por lo que les explicaron lo esencial.

—Mira Ranma, el objetivo del juego es derribar la mayor cantidad pinos que puedas en cada oportunidad. Serán diez juegos con dos oportunidades. Claro, si los derribas todos en la primera, ya no tienes la segunda. ¿Está claro? —explicó la joven Tōdō señalándola la línea que les correspondía.

—Más o menos. —El chico miraba intrigado como las bolas regresaban por la máquina.

—Vas a aprender rápido. Sigo yo, espera aquí. —La chica tomó su bola.

Ella hizo el lanzamiento con bastante fuerza, pero por desgracia sólo derribo la mitad de los bolos. En el segundo intento consiguió tumbar los restantes.

—Ven, Ranma. Es tu turno. Tómala para enseñarte cómo hacerlo. —le indicó que tomara la bola que le correspondía.

Le explicó cómo sujetar la bola y la técnica correcta para lanzarla sin sobrepasar el límite permitido. Este observó con atención y una vez que se sintió listo, realizó un potente lanzamiento con el cual derribó ocho pinos, quedando únicamente los de la orilla en pie.

—Vaya, pensé que no sabías jugar —declaró sorprendida la pequeña Konoye.

—Pues no. Pero puede que tenga ciertas habilidades ocultas —expresó con un gesto de soberbia.

—Suerte de principiante —mencionó la chica de ojos azules, meneando ligeramente la cabeza.

—Parece que alguien tiene un poco de miedo. —La observó de forma retadora.

—De todas maneras, yo haré más puntos que tú —declaró confiada chica de cabello castaño.

—Eso está por verse. —Saotome expresó esto mirando de reojo el tablero con el marcador, que ya le favorecía.

—Estas muy confiado, Ranma. ¿Quieres apostar? —La chica se puso frente a él.

Hikaru y Tatsuo lo vieron fijamente esperando su reacción ante el desafío. El joven de la trenza sintió el peso de las miradas, incluso la de ella, por lo que decidió no mostrar cobardía y respondió con bastante seguridad.

—Está bien. Si yo gano pagarás la cuenta de todos.

—Y si yo gano mañana irás conmigo de compras. ¿Trato hecho? —Extendió su mano para formalizar el acuerdo con un apretón de manos.

Saotome quiso retractarse apenas escuchó lo que estaba en juego pues odiaba ir al centro comercial, pero su orgullo quedaba de por medio. Con gallardía aceptó la apuesta ya que el espíritu de competencia era parte de su naturaleza.

Aquel juego comenzó a transformarse en una dura contienda entre ambos, pues se decían comentarios retadores, se alegraban de las "chuzas" logradas o se lamentaban emotivamente de los errores. Sus compañeros miraban asombrados como en ellos afloraban un carácter competitivo. Por este reto hasta se olvidaron de comer los snacks que compraron.

Casi terminaban la última ronda y ambos estaban empatados. La mayor de los guardianes hizo el último lanzamiento y no acertó a derribar todos los pinos, quedando a merced del chico de la trenza. Si este lograba derribar todos los bolos sería el ganador. La tensión imperaba entre el grupo ya que todo quedaba en manos de Ranma. De forma altiva, tomó la bola y volteó con su compañera.

—Voy a ganar —expresó con actitud triunfalista.

Tomó posición, acomodó el cuerpo, se encaminó con la bola y lanzó con decisión. Esta avanzó impetuosa contra los pinos restantes y los golpeó de lleno, provocando que cayeran estrepitosamente. Apenas iba a celebrar la victoria cuando contempló con angustia que dos bolos quedaban meciéndose. Lentamente detuvieron su oscilación, quedando firmes en posición vertical como mudos testigos de la derrota del artista marcial.

—¡Gané! —grito Masumi mientras saltaba de emoción.

—¡Maldición! —exclamó apretando los dientes su rival.

—Tienes un compromiso conmigo mañana —añadió de manera burlona.

—Lo que tú digas —refunfuñó poniendo las manos en los bolsillos.

El resto rio por aquel infantil gesto, lo que provocó que Saotome olvidara la derrota y se uniera a ellos en el ambiente festivo. El más agradecido de aquella salida fue el perdedor de la noche. Ranma dejó a un lado las penurias que sufría y disfrutó convivir con sus amigos, algo que no hacía desde semanas atrás.

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Mediodía | 11 de junio | Nerima, Japón

Aunque faltaban unos días para el inicio del verano, el intenso calor ya se dejaba sentir sobre Nerima. El primaveral sol dominaba el cielo con sólo un par de nubes como acompañantes. Estas apenas brindaban con su sombra un pequeño cobijo ante el fulgor del astro rey.

La familia Tendo se encontraba dispersa por toda la casa haciendo deberes, tomando un descanso o bien, resguardándose del inclemente clima. La mayor realizaba labores de limpieza cuando escuchó una voz familiar que llamaba desde la entrada. Presurosa pidió a la visita que aguardara un momento en tanto se desligaba unos segundos de sus quehaceres para ir a su encuentro.

Akane estaba en la habitación estudiando a fondo el pergamino que tenía las instrucciones de su nueva técnica. Como quedaba poco tiempo para el inicio del torneo, consideraba que debía asimilar aquel truco lo más rápido posible. Por ende, no escuchó cuando los visitantes arribaron al dojo.

Pero unos minutos después llamaron a la puerta de la habitación. Como acto reflejo pidió amablemente que pasaran porque pensaba que era una de sus hermanas o Soun. Grande fue su sorpresa al observar a una mujer de edad madura, vestida con un sencillo kimono azul y con el cabello castaño delicadamente recogido, bajo el dintel de la entrada a la recámara.

—Hola Akane —expresó la dama.

—¡Tía Nodoka! —exclamó ella muy emocionada de ver a la madre de su ex prometido.

—¿Puedo pasar?

—Claro, tía. ¡Qué gusto verla! —Le acercó la silla para que tomara asiento.

—Hace tiempo que quería visitarlos, pero no había tenido oportunidad —confesó la mujer.

Enseguida explicó brevemente los motivos de su larga ausencia, las complicaciones que pasó en ese tiempo y la añoranza por volver a verlos. Akane le mencionó que también ellos la echaron de menos desde que partió.

—¿Cómo has estado? —cuestionó de forma directa a la joven.

—Creo que bien. Sabe, estoy entrenando para competir en un torneo en Tokio en unas semanas.

—¡Fantástico! Sé que eres una mujer muy fuerte, por eso eres la indicada para mi hijo.

—¿Lo soy? —le sorprendió que la mujer siguiera considerando que el compromiso aún existiese.

—Claro que lo eres. Nunca lo he dudado.

—Gracias... aunque tal vez ya no quede nada entre Ranma y yo —confesó resignada ante la mirada de la madre.

—No digas eso, Akane. Yo sé que aún pueden salvar su relación. De corazón te lo digo.

—Tía, es que no sé cuánto más pueda esperar.

—Te comprendo. Cómo su madre quiero lo mejor para él y sé que contigo sería feliz. Pero entiendo que has esperado mucho y que tienes una vida por delante.

—¡Es que me duele mucho sentirme así! Y me da miedo seguir queriéndolo y que él ya haya hecho su vida en otro lugar. Me inscribí en ese torneo porque creo que tal vez exista la posibilidad de encontrarlo allí. Así podría verlo y aclararlo todo. Pero si no aparece, no sé si pueda seguir esperando por él.

—Lo sé y por eso no quiero presionarte. Sólo te pido que esperes hasta que así lo creas conveniente. —Puso su mano en la espalda de la joven. —Eres una gran chica y no mereces lo que te pasó. Cuando decidas seguir con tu camino, lo entenderé y lo respetaré.

—Gracias, tía. —Se abrazó de aquella mujer de manera conmovedora.

Después de aquella muestra de afecto, la mujer le indicó que lo que a continuación le diría debía quedar en secreto. Deseaba evitar que los patriarcas de ambas familias presionaran todavía más la situación emocional. De un bolso extrajo una hoja de tamaño mediano y se lo entregó a la chica. Quedó pasmada ante tal impresión, conforme unas cuantas lágrimas comenzaban a brotar.

—Ranma me lo envío hace unos días. Es de uno de sus viajes de entrenamiento. Mira lo que dice detrás.

Giró el lienzo y leyó unas notas al calce donde el chico de la trenza expresaba, de modo escueto, que estaba entrenando y que se comunicaría a la brevedad con ella. Esto llenó de alegría el acongojado corazón de la chica, ya que certificaba que su prometido había estado con bien desde que partió de la ciudad.

—Por esto quise venir, Akane. Quería que supieras que mi hijo está bien. —declaró a la joven mientras que ella aún observaba el dibujo entre sus manos.

«No le dije a Genma nada de esto porque sé que lo tomaría mal. Por eso vine contigo, porque sé que te serviría saberlo. Quiero que lo conserves. Sé que no tienes muchas fotos de él y creo que te servirá tenerlo aquí. Además, presiento que no será la última carta que me envíe.

—Gracias por esto, significa mucho para mí. —aseveró mientras sostenía el dibujo de su ex prometido.

Lo cierto es que la imagen resultaba una evidencia palpable de que el joven de ojos azules estaba con bien, a pesar de haber salido de Nerima hacía bastante tiempo. Aunque le tranquilizaba descubrirlo, también le preocupaba que ya se hubiese olvidado de ella. Ahora más que nunca sentía que iba en camino correcto con lo que había decidido días atrás: el torneo sería el límite para seguir aferrada a la esperanza de reunirse de nuevo con él.

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Ocaso | 11 de junio | Wakayama, Japón

Dos horas dentro del centro comercial causaron un enorme hastío en el joven Saotome. En contraparte, Masumi había disfrutado de aquella salida porque consiguió todo lo que buscaba y más. Descendían a través de las escaleras eléctricas a la planta inferior del complejo. Ranma cargaba una gran cantidad de bolsas con una parte de las compras.

—Creo que ya terminamos —expresó satisfecha.

—¿Estás segura? —Esperaba una confirmación para saber que volverían por fin a casa.

—Sí, ¿o quieres buscar algo más?

—No, para nada. —Rio de forma nerviosa.

—Como fuiste un buen compañero de compras, te invito un helado antes de volver a casa. ¿Cómo ves, vamos?

—Bueno, yo… —calló por varios segundos.

—Si ya quieres irte podemos dejarlo para después.

—Vamos —respondió bastante serio.

Lo cierto es que al joven de pelo azabache le fascinaba el helado, pero únicamente decidía comerlo convertido en chica. Le avergonzaba que la gente lo mirara haciendo tal actividad siendo varón porque parecía que esto era un signo de debilidad.

Desde que entraron a la heladería el muchacho se sintió observado por los comensales. Tomó asiento junto a la pared, agarró el menú que estaba en la mesa y ocultó el rostro tras este, aparentando revisarlo con detenimiento. Ella se percató de la sospechosa actitud por lo que intentó descubrir de que se escondía.

—¿Pasa algo? —le descubrió el rostro.

—Nada, sólo veía que escoger —se excusó con ella, aunque ya no se ocultó.

—Puedo ver que escondes algo.

—Es que yo no acostumbro comer helado como hombre, sólo como mujer. —Bajó la mirada pues develar aquel secreto le avergonzaba.

«¿Por qué le dije eso? Ya quedé como un idiota, seguro que se burlará de mí. Le hubiera dicho que mejor viniéramos otro día.» El chico cavilaba intensamente mientras ella lo miraba sorprendida por aquella explicación.

—¿Es sólo por eso? —Tapó su boca intentando ocultar la risa que le provocó el motivo.

—No te burles —refunfuñó un poco contrariado.

—Tranquilo. Es que me parece un poco gracioso que le temas a lo que piensen los demás de ti.

—Pues es que eso es algo que hacen solo las chicas.

—¿Por qué no miras a tu alrededor? Hay varios chicos y no los veo avergonzados. Relájate.

Ranma vio que frente a ellos una pareja de su misma edad comía helado y charlaban de modo ameno. Ya resignado decidió dejar de lado aquel prejuicio y pasar un buen momento. Después de leer las opciones a la carta, ella pidió una canasta imperial compuesta de una base de galleta en forma de cesta con una combinación de tres bolas de nieve de diferentes sabores, acompañada de chocolate líquido, rodajas de plátano y mermelada de fresa. En cambio, él escogió una copa llena de helado, cubierta con crema batida, jarabe de chocolate y coronada por una pequeña cereza.

A medida que el postre iba desapareciendo, también lo hacía la incomodidad del joven Saotome. En tanto, la joven Tōdō decidió que era una buena ocasión para tocar un punto importante que llevaba días queriendo exponerle.

—Oye, quiero decirte algo. —Dejó de lado el postre.

—¿Qué pasa? —expresó con la boca llena pues no cesaba de comer.

—Quiero pedirte disculpas por lo que te dije hace días. Fui demasiado dura contigo.

—Me lo merecía. Tú sólo querías ayudarme, pero yo fui muy grosero.

—Sólo creía que hablar sobre tus problemas podría ayudarte.

—Sabes… yo no soy muy bueno hablando de esas cosas. —se sinceró con ella.

—No hay problema, olvídalo mejor. —Sonrió ligeramente nerviosa.

—Es que si es un problema. Tal vez no decir lo que siento es lo que me ha hecho pasar por todo esto. —Miraba fijamente el resto del postre al realizar esa declaración.

—No voy a mentirte. Hablar sobre lo que sientes no siempre soluciona las cosas, pero si te da otro punto de vista de lo que te sucede.

Él guardó absoluto silencio porque en aquel momento algo desde el interior le indicaba que ya era tiempo de exponer parte de sus emociones. Siempre había eludido el hecho por el temor de sentirse vulnerable al hablar de lo que sentía.

La única persona con la que tenía altos niveles de confianza era la misma que le causaba enormes vuelcos en el corazón: Akane Tendo. Aquello le representaba un gran obstáculo que sólo en situaciones extremas pudo superar. Y cuando por fin manifestó lo que sentía por ella, sufrió un duro y terrible rechazo.

Sin embargo, con Masumi había logrado una gran confidencialidad e incluso presentía que podría convertirse en su mejor amiga, aun por encima de Ukyo, su más añeja amistad. Aquel razonamiento le brindaba seguridad para contarle parte de su pasado.

—Hace tiempo yo pasé por una fuerte desilusión, Ranma —interrumpió la reflexión de su colega. —Al principio pensé que sólo a mí me afectaba sentirme así, pero con ayuda de mis compañeros entendí que no sólo yo sufría, sino también ellos por cómo me veían o como los trataba.

»Unos años antes mi padre me cambió de escuela porque necesitaba que estuviera vigilando de cerca a la hija de un importante funcionario. Fue bastante difícil porque ese lugar estaba lleno de chicos muy superficiales y soberbios. Tú sabes, eran hijos de personas muy adineradas y poderosas.

»Me resultaba difícil lidiar con eso y además vigilarla. Pero un día lo conocí. Era el chico más lindo de toda la escuela. Y yo me enamoré de él. Nunca había sentido algo tan especial por alguien. Nos conocimos, nos tratamos y finalmente nos hicimos novios.

»Pero desde que comenzamos hubo ciertas cosas que pasé por alto y que después terminarían por echarlo todo a perder. Cómo yo era la hija de alguien poco conocido, en pocas palabras pobre, me dijo que debíamos ocultar lo nuestro en la escuela, según porque si sus padres se enteraban le prohibirían lo nuestro. Y como estaba muy enamorada acepté eso sin quejas.

»Cuando estábamos solos era tan atento y lindo conmigo. Pero en la escuela siempre me ignoraba o me evitaba. Le decía que me dolía como me trataba, pero siempre daba la misma razón y al final yo lo olvidaba. Por eso que me decía empecé a distanciarme de las cosas del grupo e incluso tuve problemas con papá, pues sentía que por su culpa no podía ser feliz con él.

»Una vez, después de un mal día, termine discutiendo con papá por esas mismas razones. Estaba tan furiosa que desahogué todo lo que llevaba dentro e incluso le grité. Claro que él no se quedó atrás y me regañó como no tienes una idea, pero no me importó. No me acuerdo bien que dijo, pero lo que si tengo presente fue lo que le respondí: le dije que no se metiera en mi vida, que eran mis asuntos. No me contestó y me dejó hablando sola.

»No sabes cuánto me arrepentí después por haberle dicho eso. Esa fue la razón por la que actué así contigo, pues recordé lo que había pasado. Y lo peor vino días después. Quise visitar a mi novio de sorpresa y también para contarle todo lo que me pasaba en casa, cuando lo vi con otra. Estaba abrazando a una chica de forma muy cariñosa en el jardín de su casa, enfrente de sus papás.

»Sentí que mi mundo se acababa por completo, todo lo que sufrí por él había sido en vano porque estaba saliendo con otra persona. Y el muy imbécil, cuando lo enfrenté, dijo que todo esto no habría pasado si yo estuviera a su altura. Ni siquiera lo negó y, es más, ¡confesó que ya tenía tiempo saliendo con ella!

»Caí en una profunda depresión después de eso. Era la primera persona que llegué a querer tanto y también la primera que me rompió el corazón. Y lo peor es que lastimé mucho a mi padre por todo lo que dije. Pasé tiempo sola, distanciada de todos en casa. Creo que Hikaru fue la que más lo sufrió después de papá, porque intentaba consolarme, pero yo me resistía y era grosera con ella.

»Estuve mucho tiempo así y me costó mucho superarlo. Pero me di cuenta que todo lo que viví fue un aprendizaje. Les pedí perdón a las personas que lastimé, me sequé las lágrimas y aunque tenía mucho dolor, seguí adelante. Ellos me comprendieron y después de cierto tiempo lo superé.

»Cuando te vi así no pude dejar de recordar todo lo que sufrí y entendí como te sentías. Ahora te digo esto porque tuviste confianza conmigo aquel día e hiciste lo que yo tardé mucho tiempo en hacer. Aceptaste lo que te lastimó. Y espero que pronto logres sentirte mejor.

El artista marcial estuvo escuchando tan atento el relato que desistió en terminar el postre para evitar perderse algún detalle. Captó el hecho que ella era la persona que más podría comprender el complejo momento que atravesaba en la vida y también asimiló que para poder superar aquello debía poner de su parte y dejar que el tiempo avanzara.

La estancia en el grupo le hizo ver que a veces resultaría difícil superar los problemas en solitario. Algunas veces necesitaría ayuda para conseguirlo. «¿Y cómo podrían ayudarme si no saben lo que me pasa?» Esta idea le apareció por su mente de imprevisto.

—Yo lo arruiné todo, sabes —reconoció de manera sincera, mirándola a los ojos.

—¿A qué te refieres? —Puso mucha atención pues esa declaración la destanteó.

—Lo que tenía con ella lo eché a perder por ser un idiota. Supongo que lo que mal empieza mal acaba, aunque no pensé que fuera de esa manera. —Cruzó los dedos en la mesa y emitió un gran suspiro antes de proseguir.

»Cuando cumplí dieciséis años mi padre me llevó a Nerima para comprometerme con una de las hijas de una amigo suyo, el dueño del dojo Tendo. Resultó que había hecho ese trato desde muchos años atrás y por eso fuimos a Nerima, para que hacerlo oficial. Yo sólo pensaba en volver a China para quitarme la maldición de las fosas, pero no tuve más remedio.

»Quedé como el prometido de su hija menor, Akane, aunque creo que eso ya lo sabes. Esa chica conmigo era terca, violenta y poco femenina, pero me pareció muy linda desde que la conocí. A pesar de eso, yo también fui grosero y poco caballeroso. Creo que fue porque ambos odiamos esa relación obligada así que en cada oportunidad peleábamos o discutíamos. Conforme pasó el tiempo vi que era una chica muy dulce, cariñosa y amable. Incluso arriesgó su vida por mí. La última vez casi muere en Jusenkyo por protegerme. Sin darme cuenta, me enamoré de ella.

»A pesar de eso fui un pésimo prometido, no la trataba bien, era poco cariñoso e incluso siempre la insultaba. Pero es que temía decirle lo que sentía y esa era mi manera de evitarlo. Cuando sentí que la perdía en las fosas le dije que la amaba. Pero como un cobarde me retracté en cuanto pude.

»Antes que me encontraras le acababa de decir lo que sentía. Le dije cuanto la quería, pero ella me rechazó diciendo que ya no sentía nada por mí. Incluso deshizo nuestro compromiso. Por eso tuve que dejar el dojo. Me dio mucho coraje porque por fin le había dicho que la era la única persona para mí. Quería quedarme a su lado, que las cosas cambiaran, intentar ser mejor. Pero todo se fue a la basura.

»Ella me echó de su vida y no la culpo. Cometí muchos errores creyendo que tenía seguro su cariño. No me di cuenta que poco a poco con mis actitudes e inseguridad iba acabando con todo lo que me quería.

»He pensado mucho en ella desde que dejé la ciudad. Aún no puedo dejar de extrañarla. Pero creo que ella ya pudo sacarme de su vida.

La joven Tōdō comprendió que su amigo mostraba avances en la superación del problema emocional que atravesaba. Prueba de esto era la confesión de su antigua relación, de sus profundos temores y del sufrimiento que le embargaba.

—Dicen que después de un fracaso en el amor debes vivir el duelo, aceptar tus fallas, entender tus aciertos y seguir con tu vida. Y veo que tú vas por buen camino.

—Estoy decidido en hacerlo. Hoy más que nunca quiero superarlo. Además, tenemos problemas más graves que enfrentar—aseveró preocupado por la advertencia del peligro que les hizo Kenzo.

—Es bueno que te decidieras. Pero no seas tan duro contigo mismo ni con ella. La vida da muchas vueltas y uno nunca sabe si alguien del pasado vuelva a aparecer en el presente o en el futuro.

—Puede que tengas razón. Pero por ahora voy a concentrarme en mi presente.

Ella sintió mayor tranquilidad al comprender que este asimilaba con relativa madurez el problema emocional que arrastraba desde Nerima. También repasaba en su mente un dicho que leyó un tiempo atrás: "Lo más doloroso de un adiós es no haber aprendido". Le alegraba saber que Ranma había aprendido más de lo que se imaginaba.

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Tarde | 15 de junio | Hokkaidō, Japón

Una bulliciosa tarde como cualquier otra transcurría en los terrenos del famoso parque Ōdōri, ubicado en el centro de Sapporo en la isla de Hokkaidō. Dicha metrópoli está rodeada de por una cadena de montes y posee un clima más gélido que el promedio en Japón, por lo cual tiene intensas nevadas en invierno y temperaturas bastante agradables en el verano. Debido a esto, el lugar es idóneo para los deportes invernales y particularmente, para un prestigioso festival de nieve.

Este espacio se compone de doce manzanas con una longitud total de un kilómetro y medio. Las secciones están separadas por calles y cruces peatonales. Cada una tiene diversos monumentos y estructuras con fines diversos, aunque todas poseen frondosos árboles y hermosos jardines. Desde las alturas puede divisarse como una hermosa línea que divide la ciudad.

El cotidiano ambiente se interrumpió a causa de un agudo sonido generado por un vehículo que se alejó intempestivamente del punto medio del parque. En ese lugar apareció de forma sorpresiva un individuo tirado en el suelo. Cuando este se incorporó los transeúntes notaron que lucía bastante desaliñado, sucio y desorientado. Aunque lo que encendió la alerta en los espectadores fue el arma de fuego que portaba.

De inmediato comenzó a gritar incoherencias hacia las personas que se encontraban a su alrededor. Parecía tener miedo hacia cualquiera. Intentó correr y ocultarse sin éxito pues el lugar lucía con bastante presencia.

Dominado completamente por la paranoia accionó el arma contra la población. Una lluvia de balas salió proyectada ferozmente en múltiples direcciones. La pistola que portaba era del tipo ametralladora, capaz de disparar en modo automático y de ser manejada por cualquiera sin conocimientos previos de tiro.

La multitud intentaba desesperadamente protegerse del atacante solitario. El accionar del arma, los lamentos, gritos y sollozos crispaban los nervios. Varios automóviles, en un afán por escapar de la dantesca escena, provocaron algunos accidentes y un tráfico descomunal.

La policía hizo acto de presencia a la brevedad y logró neutralizarlo en un par de minutos. Sin embargo, no pudieron dejarlo con vida ya que este jamás reaccionó a las peticiones de un cese al fuego. Recibió muchos impactos de bala, pero aún se mantenía en ataque. Parecía que el dolor le afectaba mínimamente pues persistía en su afán de disparar. Además, mostraba una fuerza y resistencia más allá del límite humano. Varios testigos reportaron que escucharon al sujeto repetir la palabra "demonio".

El hombre, presuntamente fallecido por el accionar de la policía, yacía sobre el pasto de un claro en el jardín de una manzana. Los cuerpos policíacos protegían el perímetro para dar plena seguridad y algunas ambulancias llegaban para brindar asistencia médica a los heridos. La histeria dominaba a varios testigos de aquella masacre en tanto el olor a sangre reinaba en el entorno.

La situación estaba parcialmente controlada cuando un terrible estruendo se escuchó a unas calles del atentado. Un vehículo tipo SUV o todoterreno, como se le conoce en algunos países, explotó en una intersección y empezó a ser consumido por las llamas. Aquello volvió a sembrar la incertidumbre y el desconcierto en la ciudad.

Un helicóptero sobrevolaba el parque y sus alrededores con la finalidad de prever posibles ataques. Los agentes del orden recorrían la periferia instando a la población que se resguardara en tanto las ambulancias iban y venían hacia los nosocomios más cercanos a la zona de la agresión.

Al mismo tiempo, un elegante personaje contemplaba con atención el espacio que ocupaba el parque desde el mirador de una torre de televisión. Con apoyo de binoculares, divisaba cómo aquella la zona estaba repleta de patrullas, ambulancias y policías. A lo lejos también observaba la humareda del vehículo incendiado.

Aquel hombre dejó los prismáticos y encendió un cigarrillo. Del auto siniestrado había sido expulsado minutos antes el paranoico sujeto que accionó el arma contra la gente. Este explotó con todos los tripulantes a bordo por lo que ahora las autoridades tendrían pocas pistas para descubrir el móvil del atentado. Todo aquello estaba perfectamente orquestado por Lord Deimos, el mismo que se hallaba fumando en lo alto de la torre.

«La trampa está lista y sin cabos sueltos, como debe de ser. Por fin es tiempo de conseguir lo que el tal Kusonoki guarda tan celosamente», reflexionaba el hombre mientras abandonaba el sitio.

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Continuará

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Buenos días/tardes/noches.

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Ranma entendió que ciertas de sus actitudes afectaron lo que llevaba con Akane. Aunque romper el compromiso fue parte de fuerzas oscuras, si seguía comportándose igual invariablemente podría terminar con ella. El problema es que tiene poco tiempo para reponerse, pues las amenazas que enfrenta el grupo no descansan.

Akane muestra mejor manejo en la crisis sentimental que sufrió. A pesar que todavía quiere a Ranma, entiende que todo tiene un ciclo y que cuando las cosas quedan fuera de nuestro control es mejor seguir adelante. Tiene el torneo en puerta y con ello, nuevos retos y emociones. Lástima por el buen Shinnosuke, por segunda vez fue rechazado.

Genjuro es un rival formidable para el grupo, pero Deimos también tiene sus habilidades. Ha movido sus piezas para poner a los guardianes en el lugar que le conviene. Y parecer ser un individuo al que no le importan los medios, sino el fin.

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