Personajes de Naoko Takeuchi.


Un par de semanas después de lo que había pasado, yo seguía sin poder dormir bien. Aun no me creía que Rei se hubiera quitado la vida, aun no podía creer que hubiera matado a Darien. A pesar de todo, no me sentía enojado con ella. Al contrario, seguía sintiéndome culpable por todo lo que había pasado. Sabía perfectamente que no había sido capaz de llegar a tiempo, no había sido capaz de entenderla y comprenderla a su debido tiempo. La había usado y me había portado mal con ella.

Yaten y Taiki se encontraban en la sala esperando a que saliera de mi habitación. Me encontraba terminando de hacer la maleta y ni siquiera tenía cabeza para pensar en otra cosa que no fuera lo sucedido. También pensaba mucho en Serena. Muchas noches tuve que frenarme a mí mismo para no ir a buscarla. Muchas veces quise llamarle por teléfono, ver su rostro. Sabía que debía estar completamente destrozada, sabía que estaba igual que yo. Pero ella había sido muy clara conmigo y no quería darle más motivos para molestarla. Sabía muy bien que jamás podría volver a verla de nuevo y que jamás podría hablar con ella otra vez.

Cuando terminé de preparar la maleta, la cerré con cuidado y salí a la sala con mis hermanos. Ellos se encontraban tomando cerveza y Taiki me ofreció una, la cual acepté sin dudarlo.

-¿Estás seguro de querer hacer esto?-preguntó Yaten mirándome con preocupación.- Puedo ir contigo, si quieres.

-No.-respondí antes de darle un trago a mi cerveza.- Necesito hacer esto solo.

-Yo creo que es una excelente idea.-intervino Taiki.- Creo que alejarte de aquí por un tiempo te hará muy bien. Necesitas ver cosas diferentes, estar solo, pensar las cosas… y cuando regreses, te sentirás mucho mejor y podrás atender tus restaurantes con una mejor actitud.

-¿Ya sabes cuánto tiempo vas a estar fuera?-dijo Yaten.

-Realmente no. No quise planearlo porque no quiero presionarme. Quiero regresar cuando esté listo.

-¿Y a dónde piensas ir?-dijo Taiki.

-Mi primer destino es Alemania, pero realmente no tengo nada trazado. Iré a donde me parezca en el momento, solo quiero despejarme.

-Por favor, recuerda estar en constante comunicación. Y si necesitas cualquier cosa…-respondió Taiki.

-Lo sé.-lo interrumpí.- Todo va a estar bien.

Le di un trago a la cerveza y los miré.

-¿Podrían decirme algo de Serena?

-Ella… está destrozada.-dijo Yaten.- No ha querido salir de su departamento en estas semanas. Las chicas han estado con ella, y dicen que casi no habla y que apenas come. Lita se ha estado encargando del restaurante…

Apreté los puños y agaché la mirada.

-Todo es mi culpa.-dije en voz baja.- Si yo…

-Basta.-dijo Taiki interrumpiéndome.- Tienes que dejar de culparte por todo esto. No tienes la culpa de que Rei haya tomado esas decisiones. Nadie podía saber lo que iba a suceder, tú hiciste lo que pudiste y… debes dejar de sentirte culpable. Perdónate. No es tu culpa que no hayas podido amar a Rei como amas a Serena. Rei estaba mal… y nadie sabe lo que pasaba por su cabeza.

-Yo… quisiera tanto poder hablar con ella… pero… me odia.

-No te odia.-dijo Yaten.- Es normal que haya reaccionado así, pero odiar no es la palabra. Dale tiempo de sanar y de entender lo que pasó… Serena es buena, y jamás te odiaría. Por ahora tú también tienes que sanar, y por eso te vas a ir.

-¿A qué hora sale el avión?-preguntó Taiki.

-En un par de horas.

-Entonces vámonos de una vez, nosotros te llevamos.-dijo sonriendo.- Ve por tu maleta.

Nos subimos al auto de Yaten y me llevaron hasta el aeropuerto. Había bastante tráfico, pero pudimos llegar a tiempo. Eran casi las 9 de la noche, lo que significaba que llegaría a Alemania al día siguiente por la mañana. Me despedí de mis hermanos dándoles un fuerte abrazo y los vi alejarse en el auto.

Entré a la terminal del aeropuerto y me dirigí a los mostradores de la aerolínea. Documenté mi equipaje, me entregaron mi pase de abordar y caminé hasta la zona de acceso y revisión. Aun faltaba una hora para que el avión despegara, así que aproveché para buscar algo de tomar. Me senté en uno de los bares a tomar un par de cocteles y cuando escuché el anuncio de mi vuelo, pagué y me dirigí hasta la puerta de salida.

Me sentía sumamente triste y vacío, pero tenía que seguir adelante. Tal vez mis hermanos tenían razón, tal vez necesitaba perdonarme y seguir con mi vida, pero no podía dejar de darle vueltas al asunto. Pensé en Rei y sentí cómo se me formaba un nudo en la garganta. Tenía que recordarla como lo que había sido: una mujer hermosa, inteligente, exitosa y brillante. Eso era lo que importaba, porque esa era su verdadera yo.

Cerré los ojos y me dejé llevar por el sueño una vez que el avión se encontraba en el aire.


3 meses después…

Cuando salí del restaurante eran apenas las 6:30 de la tarde. Mi cita con la terapeuta era a las 7, por lo que todavía tenía bastante tiempo de llegar. Las chicas me habían convencido de tomar terapia, ya que era la mejor forma de sanar y de sentirme mucho mejor. Todavía me sentía muy triste, y según la psicóloga, la tristeza de haber perdido a Darien nunca se me iba a quitar, pero con terapia y sanación podría llegar a tener una vida completamente normal y ser feliz.

Yo le había prometido a Darien que sería feliz a pesar de su ausencia, y no pensaba romper mi promesa. Me había costado trabajo aceptar ir a terapia, pero las chicas me hicieron ver que era lo mejor para mí. La verdad no sé qué hubiera hecho todos estos meses sin ellas, habían sido mi motor para seguir adelante. Nunca me dejaban sola y siempre estaban al pendiente de mí. Me costó trabajo levantarme de la cama y comenzar a salir de mi casa. Me costó trabajo regresar al restaurante y a la universidad, pero al final lo logré y la verdad era que me servía mucho para distraerme. Trabajaba el doble que antes, y lo hacía a propósito para pasar el menor tiempo posible en el departamento.

Incluso llegué a pensar en venderlo y mudarme a un lugar nuevo, porque no soportaba llegar todas las noches a ese lugar y recordar a Darien en cada rincón de la casa. La terapeuta me había dicho que esa no era la solución, pues solo sería huir de los recuerdos en lugar de sanar y perdonar. Ella me había ayudado mucho en dos meses de terapia que tenía con ella. Nos veíamos dos veces a la semana, así lo habíamos acordado porque yo se lo pedí. Me sentía muy tranquila después de cada sesión, y ella me había enseñado a perdonar poco a poco.

Todavía me faltaba mucho camino por recorrer, pues la terapia no arreglaba las cosas de un día para otro. Eso no me importaba, yo iría a terapia el tiempo necesario hasta sentirme completamente feliz otra vez. Extrañaba a Darien todos los días, todo el tiempo. No había un minuto del día en que no pensara en él o lo recordara. A veces sonreía con su recuerdo, a veces simplemente lloraba. Había aprendido a aceptar que él ya no estaba, pero seguía doliendo como el primer día.

También había aprendido a perdonar a Seiya. La psicóloga me había hecho darme cuenta de que él no tenía la culpa de lo que había sucedido y que no tenía caso guardarle rencor. Y aunque ya no me sentía enojada con él, yo seguía sin querer verlo o hablar con él. No estaba preparada. Aun no podía creer que ya hubieran pasado tres meses desde la muerte de Darien. Leía su carta todas las noches y miraba nuestras fotos antes de dormir. No dejaba de pensar en que ahora Darien estaba con mi padre y que los dos me cuidaban desde algún lugar. Cada vez que pensaba en ellos dos juntos se me partía el corazón, y muchas veces desee estar con ellos.

Al salir de la terapia, me subí al auto y me dirigí a casa de Mina y Yaten. Había quedado con las chicas de cenar con ellas. Tardé unos veinte minutos en llegar, y cuando entré a su casa ya todas estaban ahí. Saludé a Yaten cuando me abrió la puerta y luego nos dejó solas para que platicáramos con tranquilidad. Entre todas preparamos la mesa y Lita nos preparó unos tragos. Una vez que todas estuvimos sentadas, Amy sacó un sobre de su bolso y me lo entregó.

-¿Qué es esto?-pregunté con curiosidad mientras lo tomaba.

-Es un regalo de todas nosotras.-respondió Mina sonriendo.- ¡Ábrelo!

Abrí el sobre y dentro había un boleto de avión a Italia.

-¿Y esto?-dije sorprendida.- ¿Qué significa?

-Es un viaje, ya está todo pagado.-dijo Lita.- Sabemos lo mucho que siempre has querido conocer Italia, y pensamos que sería buena idea que te escaparas algunos días de aquí.

-Pero…

-Sí.-dijo Mina interrumpiéndome.- Además, le preguntamos a tu psicóloga y nos dijo que era una excelente idea. Es una distracción, necesitas ver otras cosas, hacer algo diferente.

-Yo también creo que es una muy buena idea.-intervino Amy sonriendo.- Como médico, puedo asegurarte que un viaje te ayuda a curar muchas cosas. Creo que te haría muy bien hacer el viaje.

-Yo… no sé qué decir…-dije con lágrimas en los ojos.- No sé si pueda… no sé si realmente quiero irme en este momento, no me siento preparada.

-Anda, acepta.-dijo Lita tomando mi mano.- Es una gran oportunidad, siempre has querido conocer Italia, ¿te imaginas comer todas esas cosas ricas? Parte de la sanación también es aceptar que tienes derecho a disfrutar y hacer cosas que te hagan felices…

-Y creo que Darien estaría muy feliz de que conocieras ese lugar que siempre has querido.-dijo Mina.

Me quedé pensando en todo lo que me habían dicho y hubo un silencio prolongado. La verdad era que todas tenían razón. Observé el boleto que tenía en las manos y lo leí detenidamente. El destino era Roma y la fecha estaba programada para el viernes, eso era dentro de tres días. Sabía que no habría problema si me ausentaba del restaurante un par de semanas, y las vacaciones de pascua comenzaban justamente el viernes. Las chicas habían pensado en todo y me limpié las lágrimas. Quizá no era tan mala idea aceptar.

-Bien.-dije mirándolas.- Sí iré.

Las chicas aplaudieron y gritaron, todas nos reímos y luego comenzamos a cenar. La noche transcurrió lentamente, hablamos de muchas cosas y reímos. Valoraba mucho el hecho de que ellas se esforzaran tanto en hacerme disfrutar de estos momentos. Me despedí de ellas poco antes de media noche y regresé al departamento.

A decir verdad, conforme iban pasando las horas, me sentía más emocionada por el viaje. Me hacía mucha ilusión conocer Italia y comer delicioso. Solo me iría dos semanas, pero trataría de aprovecharlas al máximo. El jueves por la noche preparé mi maleta y el viernes, Mina se ofreció a llevarme al aeropuerto por la noche. Era la primera vez que saldría de Asia, y eso también me emocionaba.

Llegué a Roma el sábado a las 10 de la mañana. En cuanto llegué al hotel, pude notar los deliciosos olores que emanaban de todos los comercios cercanos. Me moría de hambre porque todavía no había tenido tiempo de desayunar, y lo primero que quería hacer era dejar mis cosas, darme un baño y salir a buscar algo de comer.

Me sorprendí mucho cuando entré a mi habitación. Las chicas habían elegido un hotel increíble y mi cuarto estaba impresionante. Era grande, tenía una vista increíble y la cama estaba bastante cómoda. Me di un baño después de acomodarme todas mis cosas y una vez que estuve lista, salí del hotel a buscar algo de desayunar. Caminé por las calles angostas y no podía dejar de observar todo a mi alrededor. Sin duda alguna, Italia era sumamente diferente a Japón y Corea. La gente era muy diferente, el idioma se escuchaba muy lindo y todo olía increíble.

Los edificios antiguos, los monumentos, los museos, las calles, el café, la pasta, la pizza, todo era increíble. Me quedé cuatro días en Roma y aproveché cada día al máximo. Salía del hotel a las 8 de la mañana y regresaba hasta las 11 de la noche. Pensaba que sería muy difícil estar sola, pero la verdad es que lo estaba disfrutando mucho. La comida era tal como me lo imaginaba, todo sabía sumamente delicioso y no se comparaba con los restaurantes italianos que había en Tokio. A cada restaurante que iba, pedía mucha comida y me miraban extrañados, pero tenía que probarlo todo.

Según el itinerario de las chicas, tenía que tomar el tren a Florencia. Ahí estuve tres días y luego tomé un tren a Venecia. Cuando llegué, el lugar era impresionante. Me enamoré en cuanto puse un pie ahí. Todo lucía como si fuera una película. Los edificios, los canales, los lugares, todo parecía como una fotografía. El hotel en el que me reservaron la estancia parecía sacado de un cuento de hadas. Era pequeño a comparación de los otros, pero era sumamente elegante y acogedor. Parecía un castillo pequeño y yo no podía dejar de observar cada detalle. La ventana de mi cuarto daba justo a uno de los canales y pude observar desde ahí a la gente que paseaba.

Eran pasadas de las 7 de la tarde cuando salí del hotel a caminar un rato. Ya era demasiado tarde para visitar algún lugar, pero era la hora perfecta para buscar un lugar para cenar. Ya comenzaba a anochecer y pude ver a lo lejos la luna ascendiendo en el cielo. Recordé a Darien y sonreí mientras pensaba en él.


Me encontraba buscando un lugar para cenar. No había comido desde la mañana y moría de hambre. Esa noche había bastante gente en la calle, como si se estuviera celebrando algo. Tenía ya tres meses fuera de Japón. Había visitado Alemania, España, Inglaterra, Francia, Suiza, Bélgica, Austria y ahora me encontraba en Italia desde hacía un par de semanas.

Había visto lugares maravillosos y había comido cosas deliciosas e inimaginables. También había conocido a mucha gente increíble en mis salidas a beber un trago por las noches. Todo este tiempo fuera de Tokio me había servido mucho para despejar mi mente. Ahora podía pensar en Rei sin sentirme culpable. Poco a poco había aprendido a perdonarme y a darme cuenta de que lo sucedido no estaba en mis manos. Seguía sintiéndome muy triste por haberla perdido, y me dolía mucho que su vida hubiera terminado así, pero ahora tenía más claro todo.

Me sentía mucho más tranquilo conmigo mismo. Tampoco podía dejar de pensar en Serena. A pesar de todo, la seguía queriendo profundamente y me dolía pensar que ella estaba sufriendo. A pesar de estar tan lejos y a pesar de haber conocido a mucha gente, ella era la única que invadía mis pensamientos. Me hubiera gustado mucho compartir este viaje con ella, porque los dos siempre habíamos querido conocer Europa y probar toda la comida. Hubiera querido en ese momento estar con ella y tomarla de la mano mientras caminábamos por las calles de Venecia.

Mientras caminaba, pude notar entre la multitud a una chica de cabello rubio que llamó mi atención. Por un momento creí que me estaba volviendo loco y pensé que ahora estaba viendo a Serena en todas partes, pero conforme más me acercaba a ella, me sentía más convencido de que era ella.

Cuando la tuve cerca de mí, estaba completamente seguro de que sí era Serena y mi corazón latía con fuerza. De pronto me sentí sumamente nervioso por verla, ¿qué estaba haciendo ella ahí?

-Se… ¿Serena…?-dije torpemente cuando estuve casi frente a ella.

Sus ojos se encontraron con los míos y pude notar cómo ella también se ponía nerviosa. Serena se quedó inmóvil durante algunos segundos mientras me miraba confundida y luego se dio la vuelta, alejándose de mí. Agaché la mirada y sentí una opresión en el pecho. No sé por qué había pensado que sería buena idea acercarme a ella, cuando ella misma me había dicho que no quería volver a verme. Me di la vuelta y comencé a caminar cuando escuché su voz detrás de mí.

-Seiya…-dijo jadeando, como si hubiera corrido para alcanzarme.

Me giré para mirarla y la miré sorprendido.

-Lo siento.-me dijo sin mirarme.- Yo… solo no esperaba encontrarte aquí.

-Yo tampoco.-respondí.- Yo… es decir… no sé qué decir…

-Mira…-dijo interrumpiéndome.- Estoy muriendo de hambre y…

-Yo también.-sonreí.- Busquemos algo de cenar.

Caminamos en silencio durante un largo rato. Ni ella ni yo abrimos la boca para decir nada. Ella caminaba a mi lado, pero no me miraba. En cambio, yo no podía dejar de mirarla a ella. Se veía diferente, parecía estar tranquila y algo diferente. Su cabello rubio brillaba bajo las luces de las calles de Venecia y traté de aparentar que eso no me afectaba.

Decidimos entrar a un lugar pequeño en el que había poca gente. Era un lugar típico en donde vendían risotto y cangrejo. En el lugar solo habían otras cuatro personas aparte de nosotros. El mesero nos condujo hasta una mesa cerca de la ventana y nos sentamos el uno frente al otro. Ordenamos una botella de vino y la comida del día. Una vez que el mesero nos sirvió el vino en las copas, Serena me miró.

-¿Sabías que iba a estar aquí?-me preguntó antes de darle un trago a su vino.

-No.-respondí.- De hecho sigo bastante sorprendido por encontrarte.

-Entonces…

-¿Sucede algo?-pregunté confundido.

-Lo que pasa… es que… las chicas me regalaron este viaje. Dos semanas en Italia. Tengo ya una semana aquí, pero al verte… creí que ellas te habían dicho que estaría aquí.

-Para nada.-dije sonriendo.- Hace tres meses que no las veo ni hablo con ellas, tampoco a mis hermanos. Aunque de vez en cuando les envío algún mensaje.

-¿Qué quieres decir?

-Hace tres meses decidí irme de viaje, y desde entonces he estado viajando por Europa. Encontrarte aquí fue una total coincidencia.

-Ya veo…-dijo ella.- Así que has estado viajando… ¿y qué tal?

-Todo ha sido increíble…-sonreí.- Me gustaría que hubieras estado ahí, es decir… que hubieras visto todo esto…

-Me imagino.-dijo mirando por la ventana.- Italia también es muy hermoso.

El mesero regresó con nuestra comida y ambos nos dedicamos a comer en silencio. Ambos estuvimos de acuerdo en que la comida estaba deliciosa e intercambiamos opiniones al respecto. Incluso discutimos sobre la preparación y mi corazón comenzó a latir con fuerza. Hacía tanto tiempo que no hablaba de comida con ella que no pude evitar mostrar la emoción que sentía en ese momento.

Cuando terminamos de comer, pagué la cuenta y salimos de ahí. Caminamos en silencio durante un rato hasta llegar a los canales. Cruzamos uno de los puentes y nos quedamos justo a la mitad para observar a la gente que paseaba en las góndolas. Serena sonreía en silencio.

-Oye…-dije rompiendo el silencio.- Yo… quería pedirte perdón por…

-No.-dijo ella sin mirarme.- No tienes por qué pedirme perdón.

-Pero…

-Estoy yendo a terapia, ¿sabes?-me miró.- Y he aprendido muchas cosas. Una de ellas es que tú no tuviste la culpa de nada, y que muy idiota de mi parte haberte culpado. Sería yo quien tendría que pedirte perdón a ti.

-No…

-Fue por eso que regresé por ti hace rato que nos encontramos. No estaba preparada para verte, la verdad, pero me di cuenta de que era una buena oportunidad para hablar. Aunque todavía me duele mucho todo, y aunque mi corazón aun está roto, ahora me siento más tranquila. La psicóloga me dijo que ese dolor nunca se va a ir… que siempre me va a doler pensar en Darien, pero con el tiempo podré ser feliz otra vez…

Me quedé en silencio durante un largo rato sin saber qué decir.

-Me da mucho gusto que estés más tranquila.-logré decir.- Yo también me siento más o menos así.

-Sé que tú también perdiste a Rei… y me duele que su vida haya terminado así. Nadie merece morir así.

-Me costó mucho trabajo perdonarme.-admití.- Me sentí como una basura durante mucho tiempo…

-Creo que no es culpa de nadie.-me dijo.- Las cosas simplemente suceden…

-Has cambiado mucho.-dije.- Para bien… ahora eres mucho más madura e inteligente.

-Creo que es algo que Darien me enseñó.-sonrió.- Él siempre fue así. Seiya…-dijo mirándome.- Quiero que sepas que no te guardo rencor, y tampoco estoy enojada. Creo que los dos ya sufrimos bastante con nuestras pérdidas, y no vale la pena sentir enojo.

-Eso me da mucha paz.-respondí.- No podía vivir con la idea de que me odiaras…

-No creo que pueda odiarte. A fin de cuentas, eres una persona importante para mí…

-Y tú para mí.

Nos quedamos un rato en silencio mirando las góndolas y luego decidimos seguir caminando.

-Te acompañaré a tu hotel.-le dije.- Ya es tarde.

Pero cuando terminé de hablar, Serena se desvaneció y alcancé a tomarla entre mis brazos.

-¡Serena!-dije tratando de hacerla reaccionar.- ¡Serena!

Ella abrió un poco los ojos y nos sentamos en una banca cercana.

-Yo… de pronto me sentí mal…-dijo confundida.- No me siento bien…

-¿Qué necesitas?-le dije asustado.- Podemos buscar un doctor…

-No… no creo que sea nada grave…

Pero Serena de nuevo pareció desmayarse y esta vez tardó más tiempo en reaccionar. Cuando volvió a abrir los ojos, su rostro estaba cerca del mío.

-Creo… que… fue el vino… no lo sé…

-Lo siento, pero te voy a llevar a un doctor.-dije decidido.

Le pregunté a una persona que iba pasando por algún doctor y me dieron una dirección. Detuve un taxi y llevé a Serena hasta la dirección que me habían dado. Afortunadamente, cuando llegamos el doctor estaba disponible. Serena entró sola y me quedé esperándola en la sala. El tiempo pasó lentamente, los minutos pasaban y ni el doctor ni Serena salían.

Al cabo de un largo rato, el doctor salió del consultorio y se dirigió a mí.

-¿Qué sucede?-pregunté asustado.- ¿Ella está bien?

-Ella está bien.-respondió.- Está descansando, le di un medicamento para que sintiera mejor.

-¿Qué fue lo que sucedió?

-Primero tengo que felicitarlo.-dijo.- Porque va a ser papá.

Me quedé en silencio de la sorpresa y abrí los ojos como platos.

-¿Pa…papá?

-Así es. La señorita Serena está embarazada. Fue por eso que se desmayó. La revisé, le hice un ultrasonido y efectivamente, está embarazada.

-Vaya…-dije sorprendido.

-Tiene aproximadamente tres meses de embarazo, por eso es que los síntomas están apareciendo.

-¿Y va a estar bien?

-Perfectamente.-respondió.- No soy ginecólogo, pero todo parece indicar que está bien. Lo que yo recomiendo es que vayan a un ginecólogo lo más pronto posible. Me parece que fue el vino lo que la hizo sentirse mal. Dentro de un rato, ella se sentirá mejor y podrán irse al hotel.

-Gracias…-dije.- Esperaré aquí.

Cuando el doctor regresó al consultorio, tomé asiento y me quedé pensando en lo que acababa de decirme. No podía creer que Serena estuviera embarazada. Seguro que ella estaba más sorprendida que yo. La situación era un tanto extraña, jamás me hubiera imaginado a Serena embarazada, y menos en esta situación, pero, a pesar de todo… me sentía contento de saberlo. Pensar en Serena teniendo un hijo me hacía sentir feliz de alguna manera.

Al cabo de un rato, Serena y el doctor salieron del consultorio. Ella había recuperado el color de su piel y se veía mejor, aunque pude darme cuenta de que había estado llorando. Le pagué al doctor y salimos de ahí. Serena no se atrevía a mirarme y tampoco había pronunciado palabra alguna. Me di cuenta de que estaba resistiendo el llano y preferí no molestarla. Caminamos de regreso a su hotel en completo silencio.


No podía creer que estuviera embarazada. Simplemente me parecía una broma muy cruel del destino. Iba a tener un hijo de Darien… un hijo mío y de él… y aunque la noticia me hacía muy feliz, también me daba mucha tristeza darme cuenta de que el padre de mi hijo no estaba presente para enterarse. Darien siempre decía que quería tener hijos conmigo, que quería casarse… y ahora no estaba…

No podría compartir a mi hijo con él, no podría conocer a su padre nunca. En ese momento me sentí sola y devastada. Recordé que cuando Darien y yo dejamos el departamento para ir a la playa, no había llevado mis pastillas anticonceptivas. No las estuve tomando durante los días que estuvimos en la playa, y esa última noche que hicimos el amor… él había terminado dentro de mí.

Seiya caminaba a mi lado en silencio y agradecí que no me hiciera preguntas. Él seguramente ya sabía lo que me pasaba y no tenía idea de cómo había tomado la noticia. ¿Por qué de entre todas las personas tenía que ser él quien estuviera conmigo en ese momento? La vida me parecía una broma. A pesar de todo, me sentía sumamente feliz. Tener un hijo me hacía ilusión, sobre todo porque era como un regalo que Darien me había dejado. Me toqué la panza instintivamente y sentí inmensas ganas de llorar.

Caminamos hasta mi habitación y cuando llegamos a la puerta miré a Seiya. Él parecía algo avergonzado y cuando nuestros ojos se encontraron no pude evitar soltarme llorando. Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos y no pude contenerme más. Abracé a Seiya fuertemente y lloré en su pecho sin pudor alguno. Él me rodeó con sus brazos y no dijo ni una sola palabra durante todo el rato que estuve sollozando.

-Serena.-me dijo después de un rato muy largo en silencio.- Todo va a estar bien. No estás sola. Todo va a estar bien.

-Tengo miedo.-confesé entre lágrimas.- Tengo mucho miedo.

-Ahora tienes miedo.-respondió.- Pero eres una mujer fuerte, independiente, lo tienes todo…

-No.-dije separándome de él y mirándolo.- No lo tengo todo, porque él no está aquí.

Le di la espalda para poder abrir la puerta de mi cuarto y entramos.

-Es cierto.-me dijo.- Él no está aquí, pero… tienes a tus amigas… a mis hermanos… a mí… no tengas miedo.-sonrió.- Te prometo que todo va a estar bien.

Me quedé mirando a Seiya en silencio. En ese momento me sentía demasiado sola, demasiado asustada y demasiado confundida. Seiya me miraba confundido y no sabía qué hacer. Todo comenzó a borrarse de mi cabeza, todo comenzó a desaparecer a mi alrededor. Sentía una opresión en el pecho y de pronto…

De pronto y sin pensar absolutamente nada me acerqué a Seiya y lo besé. Algo dentro de mí sabía perfectamente que lo que estaba haciendo estaba muy mal. Sabía que no estaba pensando en nada y aun así tuve la osadía de lanzarme a los brazos de Seiya. Al principio Seiya se quedó inmóvil, no quería tocarme ni hacer nada, pero de pronto comenzó a ceder. Pude notar cómo aceptaba mi beso y cómo me correspondía. Sus labios comenzaron a moverse al ritmo de los míos y noté que rodeaba mi cintura con sus brazos.

Cuando menos lo pensé, Seiya y yo nos encontrábamos en la cama besándonos. Él comenzó a besarme en el cuello con cuidado mientras me desabrochaba la camisa con las manos. Mi mente comenzó a quedarse en blanco conforme iba sintiendo las manos de Seiya recorrer mi cuerpo.


Mientras Serena y yo nos encontrábamos en la cama, me detuve un momento a mirarla y de pronto sentí que todo aquello estaba mal. Ella se sentía sola y asustada, acababa de recibir una noticia que le cambiaría la vida y por eso se había lanzado a mis brazos. Ella realmente no quería acostarse conmigo. Ambos nos encontrábamos casi desnudos, pero cuando nos miramos a los ojos yo dudé.

-Serena, yo…no sé…

-Hazlo.-dijo sin dejar de mirarme a los ojos.- Por favor.

Sus ojos estaban brillosos a causa de las lágrimas y cuando la escuché pedírmelo, no pude resistirme más. Volví a besarla y a sentir su cuerpo. Poco a poco terminé de desnudarla y la besé en todo el cuerpo. Después me acomodé entre sus piernas y poco a poco me introduje en ella.