Con una lágrima de fe sobre tu piel
Olvidé la grieta que dejó tu amor
Pero ese instinto taurino de tu ser
Me obligó a azotarte, tiernamente
Sin dolor no te haces feliz
Sin dolor no te haces feliz
Sin amor
No sufras más
Toda esa noche provocaste ver en mí
Lo que a nadie muestro en la intimidad
Pero esa forma de mirada que hay en ti
Me obligó a matarte, lentamente
El Duelo — La Ley
Toda había comenzado como cualquier juego infantil; salido de la prolífera imaginación de un niño de cinco años.
Aquella tarde en que Saga lo vio por primera vez, nunca dimensionó la gravedad de su existencia. Esa tarde el gemelo se encontraba ensayando unas partituras que su padre le había dejado cuando sintió un pequeño pinchazo en la cabeza, un dolor al que no le dio importancia, más intrigado en lo que veía. Por un momento pensó que era una especie de fantasma, pero de ningún modo sintió miedo. Sus ojos no parpadeaban, eran azules como los suyos, pero parecían derramados, dándole una tonalidad rojiza, bastante perturbadora. Y su cabello era largo y grisáceo, como la ceniza que deja el fuego al consumirse.
Saga dejó su guitarra y se acercó a la cama de Kanon, donde él estaba sentado inmóvil, solamente observándolo. Saga ladeó su cabeza, y miró hacia la puerta; estaba cerrada ¿Cómo había entrado?
— ¿Quién eres?
El misterioso personaje sonrió. Por toda respuesta se encogió de hombros.
— ¿Puedes hablar?
Sí.
Saga dio un sobresalto al percibir muy nítidamente la voz de su enigmático visitante salir desde el fondo de su consciencia, como si el eco rebotara en su cabeza, acentuando el ligero dolor en sus sienes.
— ¿Qué haces aquí?
Vine a jugar contigo, Saga.
— ¿Jugar?
Sí, jugar. Solos tú y yo… porque yo estoy solo y si tú me dejas, moriré de soledad y tristeza ¿Eso es lo que quieres Saga? ¿Qué muera de tristeza?
— ¡No! Yo no quiero que mueras por mi culpa…
Entonces, ¿jugarás conmigo?
—Claro—sonrió el menor—puedo decirle a Kanon que juegue con nosotros, así ya no te sentirás solo.
Después, ahora sólo quiero estar contigo.
Saga dudó un momento, pese a no sentir miedo, en su interior sentía que algo no estaba del todo bien.
Parpadeó. Observó su habitación confundido, ¿se había dormido? El pequeño se quejó al intentar incorporarse, observó su cuerpo, le dolían los brazos y las piernas, también otros lados. Saga vio que traía desgarrada su camisa y no llevaba puesto sus zapatos, asustado se hizo un bollo en su cama y comenzó a llorar. No recordaba qué había sucedido. Y ahora que el llanto cobraba fuerza, también lo hacía el dolor en sus extremidades, sus brazos estaban lastimados, y sus piernas con moretones.
—Saga, ¿Qué te pasó?—dijo su hermano entrando en la habitación.
Y lo escuchó.
No digas nada Saga… no te creerán.
—Saga… ¡Te lastimaste! Llamaré a mamá.
Kanon salió de la habitación y Saga tuvo miedo, a tal grado, que comenzó a temblar y respirar pesadamente, se sentía sujeto a su propia cama, como si un peso extra lo aplastara, aunque no hubiera nada allí.
Ese día dijo que se había tropezado con la alfombra. Al siguiente dijo que se había caído de la bicicleta… al mes siguiente, que Kanon lo había golpeado.
Lo acusó de sus golpes en el rostro y su hermano se enfadó tanto con él por mentir, que terminó por golpearlo en realidad.
Saga se comportaba de una manera extraña, la criada de Asmita, quien era su mano derecha en la casa, fue la primera en escuchar al menor hablando solo, pero nunca le dio la importancia para comentarlo, era normal que un niño tenga amigos imaginarios.
Kanon te estorba ¿no es así? Si no fuera por él podríamos jugar todo el día, podríamos estar JUNTOS por siempre.
—Kanon quiere conocerte…
Saga, si Kanon no quiere jugar con nosotros a ESO entonces, no podemos jugar con él.
— ¿Saga? ¿Con quién hablas?
—Mamá sólo estaba…
No digas nada.
—Jugando.
— ¿Con Kanon?
—No, Kanon no quiere jugar conmigo…
El menor de los dos se encontraba encerrado en el armario, con una media atada a su boca. Aquel «juego» duró todo el día. Para cuando Kanon pudo salir de su prisión, rompió en llanto, esa noche no durmió en la habitación, tampoco las dos siguientes. Tenía miedo de su hermano.
Saga, comenzó a comportarse cada vez más retraídamente, en el kínder no socializaba con los demás niños, pasaba largas jornadas encerrado en su habitación. Sus padres comenzaron a preocuparse cuando las citas en el colegio se hicieron frecuentes. Saga golpeaba a sus compañeros sin razón aparente, él se defendía, diciendo que lo llamaban loco. Aspros pensó que era una etapa, que ya se le pasaría, pero Kanon estaba asustado, pues su hermano había dejado de ser su amigo, para convertirse en el amigo de alguien más, alguien que le obligaba a hacer cosas que Saga a veces no quería hacerlas. No lo conocía, pero a su corta edad no llegó a entender, que la persona con la que Saga jugaba, era él mismo.
Había noches en las que Saga se subía a la cama de su hermano y lo tocaba, Kanon no decía nada, de niños, eso era normal, pues desnudos se conocían hasta los recovecos más inhóspitos. Pero la manera en que Saga lo tocaba era distinta, siempre buscaba eso… esa parte suya que utilizaba para orinar. Y que solía estirarlo para juguetear con su longitud, inocencia, tan sólo eso.
Tan sólo eso.
Inocencia.
—Mamá, Kanon no quiere despertar.
Asmita se encontraba en el jardín compartiendo un té con su hermano, que había ido de visita.
—Déjalo Saga, anoche no quiso dormir y seguramente ahora está cansado—dijo la mujer con su armoniosa y bella voz.
—No mamá, estábamos jugando con mi amigo y él no quiso jugar… pero Kanon se lastimó… no sé cómo—se excusó enseguida el niño.
— ¿Se lastimó?—Asmita sintió un pinchazo horrible en el pecho, señal de que algo no andaba bien— ¿Pelearon?
—No…
—Saga, ¿Qué le pasó a Kanon?—Intervino Shaka en la conversación.
—No lo sé, está lastimado y no quiere despertar, pero no sé qué le pasó—algo en la mirada de Saga le dio escalofríos al joven.
Asmita se incorporó de su asiento y caminó rumbo al interior de su casa. La vivienda Argyropoulos mantiene estricta ubicación de cada mueble y objeto, nada—nunca—debe ser cambiado de lugar, orden de Aspros para que su mujer no tuviera inconvenientes, Asmita conoce cada rincón, por lo que se le hace fácil moverse por su residencia. Pero ese día, ese día en particular, algunas cosas, no estaban en su lugar.
— ¡Asmita!—gritó Shaka al verla resbalar por las escaleras, producto de un pequeño auto de juguete, que ahí había sido arrojado.
Shaka ayudó a su hermana y Saga comenzó a llorar, algo en esa casa se estaba convirtiendo en oscuridad.
— ¡Shaka ve a ver a Kanon! ¡Por favor!—exclama algo alarmada la hindú.
No pasó ni un segundo, cuando el claro grito de horror de la criada, los alarmó.
— ¡Señora! ¡Kanon está herido!—El grito fue claro y Asmita dejó el dolor que sentía por el golpe para correr escaleras arriba, su hermano iba detrás siguiéndole el paso. En la sala Saga lloraba sin consuelo y Aspros ingresaba a la casa.
— ¿Saga? ¿Qué sucede? ¿Por qué lloras?—dijo hincándose a su altura.
— ¡KANOONN!
El desesperado grito hizo que Aspros abriera sus ojos, mirara a Saga y la parte alta de su casa.
—Saga…—Aspros tragó saliva y un nuevo grito hizo que corriera escaleras arriba, sólo para encontrarse con la espantosa escena de Shaka sosteniendo a Kanon en brazos, con una mano en una herida en medio de su pecho… mucha sangre alrededor y Asmita empapada en ella, se había resbalado al entrar a la habitación.
El cuchillo estaba tirado a un lado de la cama.
Saga no recordaba absolutamente nada, de lo que había hecho.
—
—Saga, puedes decirme, quién hirió a Kanon.
—No sé… mi amigo me dijo que Kanon no quería jugar…
— ¿Tu amigo te pide que lastimes a Kanon?
—Dice que, si yo juego con Kanon él se siente triste y puede morir.
— ¿Tu amigo se encuentra aquí?
—No, no le gusta que nadie más que yo lo vea, es tímido.
Saga balanceaba sus piernas, que colgaban de la silla en la que estaba sentado.
— ¿Le digo un secreto?—habló el menor en voz baja—pero debe prometerme que no le contará a mamá y a papá porque mi amigo no le gusta que le cuente a los adultos.
—Puedes confiar en mí.
—A mi amigo no le gusta Kanon, a veces creo que lo odia, pero dijo que si yo lo tocaba él iba a jugar con mi hermano.
— ¿Si lo tocabas?
—Sí, ahí…el pito… le gustan los pitos. No sé por qué.
—Saga, ¿y tú hiciste lo que te pedía?
—Sí, porque quiero que mi amigo sea amigo de Kanon, él dice que sólo me quiere a mí, y que quiere que estemos juntos para siempre, pero yo también quiero jugar con Kanon, a veces se pone triste…
— ¿Recuerdas qué sucede después de jugar con tu amigo?
—No, mi amigo dice que no me preocupe y me cuenta todo lo que jugamos, yo no me acuerdo, despierto en mi cama, o en el suelo, antes me preocupaba, pero mi amigo dice que no debo hacerlo.
El psicólogo sintió un ligero escalofrió con los relatos del menor, era un caso sumamente complicado. Sin dudas había algo extraño allí. Generalmente cuando los niños desarrollan amigos imaginarios, no tienden a ser violentos, los personajes creados por la imaginación de los niños pasan a formar parte de su vida cotidiana y suelen desaparecer alrededor de los siete años.
Pero el caso de Saga era una excepción y mucho temía el especialista, que el niño sufría de una esquizofrenia inusitada. Es en casos extremos que dicha enfermedad se presenta en niños, la esquizofrenia viene con la adolescencia o la adultez.
Lo preocupante, era la pérdida de memoria que experimentaba el infante en los episodios en que se presentaba el amigo imaginario.
Kanon estaba fuera de peligro, pero Saga corría uno mayor, si dejaban pasar el tiempo.
Asmita lloraba sin consuelo sobre el hombro de su esposo, Aspros trataba de digerir lo que el medico les decía.
—Esquizofrénico… ¿está queriendo decir que mi hijo tiene problemas mentales?—Aspros se refregó el rostro con las manos—Tiene tan sólo cinco años ¿cómo es posible que Saga sea esquizofrénico?
—Saga sufre de periodos de amnesia, que se suscitan cuando su amigo imaginario aparece, él mismo reconoce que no recuerda absolutamente nada de sus juegos con el imaginario. La agresividad que presenta Saga ante Kanon, deriva de la amenaza que siente su huésped ante su hermano, el amigo imaginario que él ha creado manifiesta las emociones y manipula los sentimientos de Saga, quiero decir, que tal vez Saga no es consciente de que quiere ser el único y la presencia de Kanon le recuerda que son dos; que son gemelos.
— ¡Es ridículo!—explotó Aspros—Desde que nacieron, ya se notaba que eran muy distintos, pero sumamente unidos, siempre manifestaron su cariño y nosotros nunca hicimos algo para que se sintieran uno menos que el otro, mis hijos son unidos y se quieren…debe haber otra explicación.
—Mucho me temo que la hay…pero como la anterior, no es nada alentadora. Los discernimientos y fallos en la memoria de Saga, pueden deberse a algún tumor alojado en el cerebro del niño.
Tumor…
Aspros se puso pálido, tan pálido que asustó al médico y Asmita calló su llanto, intentando despertar de la pesadilla que suponía, estaba viviendo.
— ¿Un...? ¿Un tumor?—La voz de la mujer tembló.
—Es una posibilidad, por lo que creo conveniente comenzar con los estudios de inmediato.
Lo sometieron a decenas de estudios.
Ni las tomografías, ni las resonancias magnéticas detectaron algo. Aspros consultó a los mejores especialistas en neurología infantil. Pero Saga estaba sano.
Y él… no volvió a aparecer.
Saga acudió a psicólogos y psiquiatras por un periodo de dos años. Pero al cumplir los siete, incluso Saga se había olvidado de que alguna vez tuvo un amigo imaginario. Sin embargo, nunca olvidó que su hermano estuvo a punto de morir por su culpa. Kanon había sido operado de urgencia, con suerte la herida no llegó a perforarle algún órgano, sólo a lastimarlo.
Kanon también fue sometido a ayuda psicológica y el primer año después del suceso, Kanon no habló. Se hermetizó en la habitación de sus padres y no compartió cuarto con Saga, hasta que sintió que su hermano volvía a ser el mismo.
—Te prometo que cuidaré de ti siempre y si algún día llego a lastimarte, Kanon, prométeme que me matarás.
Los menores, no dimensionaron la gravedad de sus palabras y sellaron la promesa con un fuerte abrazo. Todo volvía a estar en calma. Saga era sometido a estudios de rutina cada año. El niño estaba sano.
Pero él estaba ahí, alojado en su subconsciente, recordando su presencia en algún sueño (o pesadilla). Se mantenía allí, suspendido en un letargo que Aioros despertó…
—
Día de la desaparición, horas antes.
Si bien a Valentine le pareció extraño la forma en que Saga le había hablado, no le importó demasiado, el sólo hecho de tenerlo entre sus piernas lo ponía a tal punto, que lo demás salía sobrando. Que fuera a su casa también era un movimiento arriesgado, pero bien podía alquilar otro sitio después.
Lo que Valentine no sabía es que, para él, no había un después…
—Ya pensaba que no vendrías…
—Dije que lo haría… no tengo mucho tiempo.
—No desperdiciemos tiempo entonces.
Valentine cerró la puerta un vez que Saga hubiera ingresado. Comprobó que no sólo la voz de Saga sonaba—distante—sino que su actitud era mucho más fría, casi parecía otra persona.
— ¿Así que aquí vives?—Saga dio un sondeo superficial a la sala del peli rosa, quien en ese momento, lo sujetó de la cintura, por detrás y pegó sus labios a la alba nuca del griego.
—La única parte que debe interesarte de mi casa, es mi habitación—le dijo ronroneando como gato, al tiempo que lamía el cuello y bajaba sus manos a la entrepierna de Saga.
—Como dije, no tengo mucho tiempo, así que tendrá que ser aquí—Saga sonrío.
El peli azul se agachó llevándose los pantalones de Valentine en el camino, tomó el sexo del chipriota, comenzando con una felación candente que hizo a Valentine elevarse al instante.
Valentine susurró por lo bajo su nombre, y luego, suspiró ahogado por última vez…
El cuchillo atravesó primero corazón, luego pulmón y para asegurarse, dio diez puñaladas más. Valentine se ahogó en su sangre mientras la vida se le iba con la estruendosa risa del menor.
Fue meticuloso, como un profesional al que no se le escapa ningún detalle. Limpió todo. Llevó a Valentine al auto de éste. Y marchó dejando, todo enfermizamente igual, cómo si él, nunca hubiera estado allí.
La zona rural donde estaba la estancia, no era transitada muy seguido, parecía una zona más bien desértica, ideal para cumplir con sus bajos deseos. Dejó el cuerpo en la sala de la estancia y fue en busca de Aioros.
Aioros se encontraba feliz, sentía que a pesar de los desaires de su padre, esa noche sería mágica. Además, no importaba lo demás cuando se tiene a un novio tan especial. Sí, Aioros estaba feliz de tener a Saga en su vida y eso lo demostró cuando, al escuchar el golpeteo en su puerta, abrió encontrándose con dicha felicidad; Saga.
Feliz.
La presencia de Saga, atizaba en él un deseo enorme. Saga no dijo nada, absolutamente nada, por enteros segundos. Mismos segundos que le tomó a Aioros darse cuenta de que algo no andaba bien. Y es que aquella mirada… el castaño no supo más nada después de ver como la sonrisa de su novio se iba deformando.
Saga lo había sedado.
—
El cuerpo parecía flotarle y pesarle a la vez, sus brazos los sentía extraños y a sus piernas las sentía ajenas. Era su cabeza la que pesaba más, cuando abrió sus ojos notó que la vista estaba borrosa, desenfocada, sólo luces y sombras podía llegar a distinguir. Pero no le impidió que sintiera su olor. Era evidente que estaba adormecido, por lo que tratando de sacar un poco de fuerzas, movió sus manos, y ahí comprendió, que estaba atado de pies y manos y que no estaba en su casa.
Aioros no era tonto, sabía que había sido secuestrado pero, ¿por quién? ¿Por qué?
El último recuerdo que tenía era Saga, su mirada y su deforme sonrisa. Sudó frío al sentirse observado, al sentirse penetrado por alguien, que desquiciadamente no le sacaba la vista de encima.
Giró su rostro, sólo para encontrarse con la borrosa imagen de unos ojos y cabellos azules, que reía, reía como nunca escuchó en Saga.
—Sa… Saga.
—Saga no está aquí, Aioros—incluso su voz le parecía ajena.
El castaño parpadeó sin comprender nada. Aguantó unos segundos para que su vista volviera a distinguir más que contornos y luces incandescentes. Es entonces que pudo distinguir a su novio, o al menos en cuerpo, era Saga.
— ¿Qué sucede? Saga, ¿qué está pasando?
—Sucede Aioros qué, me divertiré un poco contigo, antes de darle una lección a Saga.
No. Definitivamente esa no era la voz del gemelo, no era la misma. Y no le tomó más de un errático y doloroso segundo darse cuenta de la realidad tras Saga. Aquel secreto detrás de sus ojos.
— ¿Quién eres tú?—Aioros frunció el ceño.
«Saga» sonrió.
—El que se folla a tu novio cuando tú no estás—dijo grotescamente.
Esta vez fue el turno para Aioros de sonreír.
—Yo confío en Saga—sentenció con convicción pero la estridente risa le puso los pelos de punta.
—Observa Aioros—sacó un cobertor que cubría el cuerpo sin vida de Valentine. Aioros tuvo una arcada de impresión— ¿Ves éste sujeto? Saga se dejaba follar y drogar por éste hijo de puta y le encantaba ¡gozaba tanto! ¿Quieres escuchar cómo gemía? ¿Cómo pedía más y más?
Se acercó al oído de Aioros y lo lamió mientras comenzaba a gemir desenfrenadamente y susurrarle grotescas palabras. El castaño movía de manera frenética su cabeza para evitar escucharlas. Apretó sus parpados, asqueado, no se iba a dejar influenciar, no iba a dejar que quebrante su voluntad.
— ¿Tú mataste a ese sujeto?—pregunto apartando su rostro bruscamente.
Y es qué era difícil, porque ése era Saga. Su chico.
—Yo, él. Qué más da, ¿aún confías en Saga?—mantenía la sonrisa retorcida.
—Sí ¡yo confió en Saga!
—No deberías confiar ni en tu propia sombra. La vida ha demostrado que la confianza no es más que un mero y macabro invento, ¡todos mienten y todos lastiman! Es preferible desconfiar a ser lastimado con la mentira o mejor dicho, con la verdad.
Aioros quedó pasmado ante tan horrible juicio. Mientras internamente se devanaba los sesos buscando una salida, algo que ayudara a que Saga regresara.
— ¡Eres un ser horrible! ¿Quién eres tú?—volvió a preguntar.
—El Dios o el Demonio. El bueno o el malvado. Elige Aioros, ¿quién es Saga?—volvió a sonreír— ¿Lo viste bien Aioros? Ése sujeto disfrutaba del culo de Saga, así como disfrutaba de vender niños por el mundo para prostituirlos. Jodido ¿no? Si está muerto ¿no le hice un favor al mundo acaso?
Tragó saliva ante su pérfida sonrisa. Aioros sintió pánico, pero no por él, incomprensible. Sintió miedo por Saga. Ahora lo entendía todo… Aquello que tanto le atraía, aquello que tanto lo hipnotizaba. Su ofuscación.
Saga ¡y por Dios! Saga.
SU Saga… había sido capaz de asesinar, y si llegó a esos límites, ya no estaba tan seguro de salir bien librado de esa situación, porque entendía bien que a su alter ego, no le agradaba su presencia.
—Saga…—La primera de todas sus lágrimas comenzó a rodar por su rostro.
Tuvo miedo, pensó en su familia, pensó en su novio. Verlo de aquella forma era surreal y aunque sabía que debía hacerlo, Aioros era de los que nunca pudo odiar…
La pesadilla acababa de comenzar.
Gracias por leer.
