Capítulo 18

Galletas y dulces.

Por suerte la hierba que se acumulaba en aquella zona le servía de perfecto cojín.

Quinn trataba de acomodarse junto al árbol, dispuesta a seguir con su dibujo del imponente roble que había elegido como modelo.

La mañana fue especial. La ruta a caballo por el margen del lago había sido una experiencia inolvidable, y más aún con la compañía de Rachel, que había conseguido que por primera vez montase a caballo y fuese ella quien guiase al animal. Disfrutando como una niña pequeña el día de su cumpleaños.

Un paseo que terminó con un agradable picnic en la zona este del bosque, justo en el lado opuesto del lago a donde se encontraba el campamento.

En aquel instante, tras casi 3 horas después de haber regresado al campamento, los alumnos ya se disponían a disfrutar de la hora de dibujo que el profesor Miller exigía que llevasen a cabo durante la estancia en el lugar.

El contrapunto a todas aquellas aventuras, lo ponían las intensas agujetas que comenzaban a abordar el cuerpo de la rubia. Montar a caballo había sido una experiencia inolvidable, sí, pero las consecuencias para alguien que no lo había hecho en su vida, venían envueltas en aquellos dolores que se apoderaron de sus piernas, glúteos y caderas.

Sólo la hierba del lugar permitía un confortable asiento para poder continuar con su proyecto. La calma en el bosque era perfecta para aquella actividad, y Quinn disfrutaba con ello.

Su reproductor de música volvía a ofrecerle parte de la inspiración que necesitaba, aunque no demasiada teniendo en cuenta el lugar dónde se encontraba. La armonía, la tranquilidad de estar a solas en mitad de aquel bosquecillo era perfecto para ella, excepto cuando algo la interrumpía.

Como por ejemplo Dave y Melanie.

La pareja caminaba de la mano, y con la guitarra de Dave en uno de sus hombros. Ambos parecían ausentes, sin percatarse de la presencia de la rubia bajo aquel árbol.

Quinn observó la escena y se puso en alerta. Que ambos chicos caminasen por allí tomados de la mano, no era un buen síntoma. Algo estaba sucediendo, y el plan podría verse destruido si no hacía nada por evitarlo.

Tenía que hablar con Rachel para buscar la fórmula de evitar que los dos estuvieran a solas. No dudó en cerrar su bloc y regresar al campamento, dispuesta a planear alguna estrategia con la morena.

Rachel permanecía absorta, sentada en una silla mientras observaba su propio dibujo, varios metros más allá. Trataba de sacar algún parecido a la realidad, pero no terminaba por conseguirlo.

Ella, a diferencia de Quinn, permanecía en la zona de acampada, junto a varios compañeros más y el profesor, del que obtenía los consejos adecuados para poder empezar a dibujar, nada más y nada menos que una panorámica del lago.

Algo que, según Miller, era sencillo para ellos, pero que Rachel seguía viendo como una auténtica utopía.

—Rachel —la llamó cuando apenas estuvo a unos metros de la chica.

—Hey… Quinn, mira… ¿Tú crees que eso parece el lago? —le preguntó señalándole hacia el dibujo que permanecía apoyado sobre una mesa.

—Pues… No quiero ser cruel, pero, solo veo manchas.

—Puedo decir que es abstracto… ¿Crees que lo aceptará el profesor? —preguntó completamente seria.

—Pues no lo sé, pero me temo que vas a tener que usar mucho tu imaginación para explicarle lo que es.

—Ok. Gracias por deprimirme, Quinn —masculló regresando a su dibujo—. Empiezo a echar de menos las uvas.

—Poco a poco, Rach… Seguro que lo consigues —le dijo tratando de sonar con dulzura, y acercándose de nuevo a ella— Oye, ¿te queda mucho aquí?

—¿Cómo?

—¿Qué si Miller ya te ha dado los consejos, o tiene aún que darte alguno más? —cuestionó lanzando una mirada a su alrededor.

—No creo. Ya nos ha dado una pequeña clase a Nicolas, Peter y a mí.

—Ok. Entonces, ¿puedes dedicarme unos minutos?

—¿A ti? Claro, para ti siempre tengo tiempo —soltó esbozando una divertida sonrisa— ¿Qué te pasa?

—Pues, vengo a darte una mala noticia. Y tenemos que hacer algo para evitar que sea aún peor —le dijo tomando asiento junto a ella.

—¿Una mala noticia? ¿Qué pasa?

—He visto a Dave y a Mel juntos, de la mano…

—¿Dónde?

—Por el bosque. Es probable que vayan al lago, y será que conozco demasiado bien a Dave, pero la sensación que me ha dado es que no van precisamente a ver mariposas.

—Ok. Me estás diciendo que hemos perdido el juego.

—Mmm, no. Por eso he venido a buscarte. Tenemos una última oportunidad de interrumpirlos, o hace algo antes de que sea demasiado tarde.

—Quinn, ¿no crees que ya es absurdo? Quiero decir, duermen juntos… ¿Quién te dice que no…?

—No han hecho nada, te lo aseguro.

—¿Por qué estás tan segura?

—Porque conozco a Dave, y si hubiera pasado algo así, ya me lo habría dejado entrever. Es un fanfarrón… Guapo y encantador, pero un fanfarrón, al fin y al cabo.

—Ya… ¿Estás segura de que no compartís genes?

—¿Cómo?

—Es una broma…

—¿Me estás llamando fanfarrona? —le cuestionó confusa, y Rachel comenzó a negar sonriente.

—No, Quinn… Lo digo por lo de encantador y guapo.

—Oh… Vaya —balbuceó desconcertada por la respuesta.

—Ok. No desviemos el tema —interrumpió la morena al notar el gesto de Quinn —. ¿Cuál es el plan si queremos molestarlos?

—Pues no lo sé, por eso mismo he venido a buscarte. Tenemos que pensar en algo ya. Si no, va a ser tarde —respondió recuperando la compostura—. Dave está usando su lado más romántico. Aunque no se crea mucho lo que le dije de que debía ir con calma, sé que lo tiene muy presente. Y está siendo más… conquistador, que de costumbre.

—Ok. ¿Y qué podemos hacer? Vamos ahí con ellos, y les molestamos. Yo puedo ser muy intensa si me lo propongo…

—¿Si te lo propones? —masculló con sarcasmo, provocando que la morena le regalase una desafiante mirada— Ok. No, no podemos hacer eso. Sería demasiado evidente.

—¿Entonces?

—No sé, tenemos que hacer lo posible porque regresen, que estén a solas no es bueno. Suficiente es que duerman juntos.

—Podemos llamarles por teléfono y decirles que regresen o…No sé.

—Eso no va a funcionar. Dios — se lamentó—, no quiero perder esta guerra.

—Pues no sé, Quinn, si ese alce estuviera aun por aquí podríamos, hacerle creer que está por el campamento —sonrió tratando de animar a la chica—, o le mandamos a los salvajes boyscouts.

—¿Boyscouts? —repitió alzando la mirada hacia ella—. Eso es, los salvajes.

—¿Qué? ¿Que se te ha ocurrido? ¿Quieres que le mandemos a esos niños?

—No, pero me acabas de dar una idea genial. Vamos al campamento de los chicos, tengo que hacer negocios con ellos.

—¿Qué?

—Vamos…Acompáñame, tengo una idea genial —le insistió ofreciéndole la mano, pero Rachel la rechazó.

—¿Quieres ir al campamento de esos salvajes?

—Sí…Vamos, no tenemos tiempo que perder.

—Pero…espera Quinn, yo no puedo ir. Esos chicos me la tienen jurada. Yo…

—Mmm, tienes razón —se detuvo—. Y no podemos perder tiempo. Mejor ve a la carpa y trae mi mochila, la que está con mi ropa de baño. Yo voy a ir a negociar con los salvajes.

—¿Para qué quieres la mochila?

—Ahora lo verás. Tú saca la ropa y tráela vacía. Y espérame en los baños… ¿Ok?

—¿En los baños? Ok… Ok —se dijo así misma, porque Quinn ni siquiera aguardó a aquella respuesta.

Realmente no tenía ni idea de lo que pretendía hacer, y tras ver como desaparecía por el camino que llegaba hasta el campamento norte, Rachel optó por recoger su material de dibujo y el de Quinn, y llevarlo hasta la tienda de campaña, dónde tras acatar las órdenes de la chica, terminó de vaciar la mochila que le había indicado. Y se trasladó hacia los servicios, esperando impaciente la llegada.

Quinn ya se adentraba en el campamento de los boyscouts, donde la primera en percatarse de su presencia, era la chica de las dos enormes trenzas que ya había visto en el primer y desafortunado encuentro con Rachel.

—Hey tú. Vosotros vendéis galletas, ¿verdad?

—¿Quién eres? —la niña no respondió a la pregunta de Quinn. La miró extrañada mientras se llevaba un pequeño silbato a los labios. Probablemente, el arma que usaban para avisar de algún peligro evidente.

—Soy Quinn Fabray, y he venido a comprar galletas. Hace un par de días me vendisteis una caja. ¿Lo recuerdas?

—Sí, pero yo no tengo galletas, tienes que pedírselas a nuestro monitor o a Charlie.

—Ok. ¿Y puedes avisar a alguno de tus monitores o ese tal Charlie?

—Sí. Pero no puedes moverte de ahí. Si pasas esa valla, te podemos detener —le dijo en tono amenazante, y Quinn asintió conforme alzando las manos—. No te muevas, ¿eh?

—No pienso moverme de aquí. Prometido —susurró cuando la niña ya emprendía una rápida carrera hacia una de las cabañas, y apenas unos minutos más tarde, regresaba con la compañía de un chico al que también pudo reconocer.

Era el mismo que había amenazado a la morena con uno de los globos, y probablemente el que se lo lanzó pillándola desprevenida.

—Eh tú, ¿qué buscas? —preguntó desafiante al llegar frente a ella.

—Tranquilo soldado. ¿Tú eres Charlie?

—Sí, y no me gusta hablar con extraños. No puedes estar aquí.

—Lo sé, por eso no he pasado de esta valla. He venido a hacer negocios contigo.

—¿Negocios? Habla.

—Quiero galletas. Una caja.

La postura de Quinn frente al chico era de completa y absoluta seguridad, jugando un papel que parecía divertirle.

—¿Traes el dinero? —le preguntó. Quinn sacó de su bolsillo un billete de 10 dólares y se lo mostró—. Bien, Melissa, ve a por una caja de galletas y tráelas.

La chica obedeció sin dudarlo, y corrió hacia la primera de las cabañas que se distribuían en aquella zona.

—Quiero algo más.

—¿El qué?

—Globos.

—Nosotros no vendemos globos.

—Lo sé, pero sé que tú tienes, y yo estoy dispuesta a comprarlos.

—¿Para qué los quieres?

—Eso es asunto mio. Dime… ¿Cuántos globos me das por 5 dólares?

—Cinco.

—Já…Mínimo quince. Esos globos valen centavos.

—Diez.

—Ok…Trato hecho, Una caja de galletas y 10 globos.

El chico accedió y sin dudarlo, se acercó también a la cabaña, donde minutos antes se había colado la pequeña. Apenas unos segundos más tarde regresaba portando una caja de galletas, y una pequeña bolsa con los globos.

—Dame el dinero.

Quinn entregó el billete al chico, tratando de mantener la compostura y mostrarse seria.

—Espero que haya diez globos y no me estés engañando —espetó al tomar la bolsa entre sus manos.

—No. No hay diez globos, en realidad hay 11 globos. Te regalo uno porque me caes bien —respondió esbozando una traviesa sonrisa.

—Ok. Pues muchas gracias. Y ahora regresa con tu monitor y no vuelvas a hablar con desconocidos. ¿Entendido, soldado?

El chico ni se despidió. Guardó su billete en uno de los bolsillos de la camisa, y volvía a correr hacia las cabañas, dónde parecían que estaban el resto de chicos de aquel campamento.

Quinn regresaba hacia el suyo, feliz no sólo por haber conseguido su objetivo y la forma en la que lo hizo, sino porque además llevaba una caja de galletas, las preferidas de Rachel. Y eso le provocaba una incontrolable sensación de bienestar.

Casi diez minutos más tarde, se colaba en los servicios para encontrarse con ella.

—¿Por qué has tardado tanto?

—Estaba haciendo negocios —le respondió asegurándose de que estaban a solas —¿Has traído la mochila?

—Sí, claro. Aquí está —le dijo mostrándosela—. ¿Has comprado galletas? —cuestionó al descubrir la caja entre las manos de la rubia.

—Así es.

—¿Y a qué se debe esto? ¿Vamos a atacar a Dave y Mel con galletas?

—No, las galletas son para ti —musitó regalándole una sonrisa— A esos dos los vamos a atacar con esto —respondía sacando la pequeña bolsa llena de globos de su bolsillo.

—¿Globos?

—Prepárate Berry, nos vamos a divertir.

Rachel se lamentó, y no dejó de hacerlo ni desde que Quinn sacó el primero de los globos y se dispuso a llenarlo de agua, ni durante todo el trayecto desde los servicios hasta la orilla del lago, dónde lograron encontrar a la pareja hablando tranquilamente.

—¿De verdad que vamos a hacer esto? —preguntó dejando la mochila repleta de globos llenos de agua en el suelo.

—Shhh…No hables, tenemos que hacerlo sin que nos vean —susurró Quinn escondiéndose tras uno de los enormes árboles que rodeaban el bosque.

Dave y Mel aparecían a lo lejos, sentados de espaldas a ellas. Los chicos se mostraban tranquilos, con Dave tocando algunos acordes de guitarra mientras Mel lo escuchaba.

—No creo que esto esté bien, Quinn. ¿Vamos a lanzarles globos?

—¿Conoces alguna forma de interrumpirlos más divertida?

—No, la verdad es que no…Pero míralos, solo están hablando —dijo justo cuando en ese instante, Mel posaba su cabeza sobre el hombro del chico, y la escena se volvía realmente romántica.

—¿Tú crees? Te recuerdo que esa chica está dispuesta a conquistar a Finn…—esgrimió sin perderlos de vista— ¿Te da pena?

Rachel se transformó. Fue recordarle ese hecho, y su rostro cambió por completo.

—No, no me da pena —masculló—. Quiero estamparle 20 globos solo a ella.

—20 no, pero dos o tres sí. Vamos, tenemos que buscar un lugar más cercano. y a cubierto.

—Allí —señaló Rachel hacia un grupo de árboles que quedaban en el lugar perfecto para realizar los lanzamientos.

—Ok. Pero debemos buscar… Mmm, mira eso —señaló hacia uno de los laterales.

En el margen izquierdo se alzaba un pequeño montículo de uno metros entre la cima y el suelo, que eran suficientes para ofrecerle una mayor seguridad.

—Podemos lanzar los globos desde esta zona y luego escondernos en ese recoveco.

—Ok. Yo me voy hacia la derecha y tú quédate por esta zona. Si les atacamos por los dos francos, no sabrán hacia donde ir. Cuando los lances, corre hasta la parte trasera, ¿Ok?

—Ok. ¿Cuántos cojo?

—Los que quieras…—Quinn abrió la mochila para ofrecérselo. Estaba divirtiéndose, y no solo por lo que estaban a punto de hacer, sino por la actitud que habita tomado Rachel.

—Me temo que solo puedo con tres.

—Da igual. Tú lanza los que puedas. La cuestión es mojarlos y conseguir que se vayan.

Rachel asintió y tras coger tres de los globos, abandonó la posición para colocarse en el lugar acordado con Quinn.

Las miradas entre ellas se volvían más y más cómplices a cada segundo. Una señal de Quinn le hizo indicar que todo estaba listo para comenzar el ataque, y Rachel esperó la orden para lanzar los globos.

Debían estar sincronizadas. Era esencial para provocar el desconcierto en el objetivo, y que no descubriesen a ninguna de las dos. Permitiéndoles el tiempo necesario para que pudieran esconderse.

—3…2…1…

La cuenta atrás de Quinn surtió efecto, y una lluvia de globos cayeron de golpe sobre la pareja, provocando varios sustos y el desconcierto que esperaban tanto Rachel como Quinn. Quienes, tras lanzarlos, no dudaron en rodear el montículo y encontrarse en la parte trasera.

Para su suerte, un corte en la pared de la pequeña montaña otorgaba un cobijo inesperado a ambas, que no dudaron en adentrarse en la pequeña apertura.

—No me lo puedo creer, le he dado de lleno a Mel —murmuraba entre carcajadas Rachel, mientras Quinn trataba de silenciar su risa.

—Yo creo que le he dado a Dave. Le he lanzado tres de golpe. Ha sido genial — espetaba completamente emocionada.

—Sí, ha sido divertido. Dios, los hemos empapado.

—Shhh…No grites, nos van a escuchar.

—Nos van a matar cuando se enteren.

—Mejor que no lo hagan. Ahora tenemos que guardar silencio para ver que hacen. Y si se van o… Mierda. Dave está como loco —añadió tras escuchar los gritos del chico, y la sarta de improperios que salían de su voz.

—Oh dios, nos van a encontrar —susurró Rachel permitiendo que los nervios comenzaran a adueñarse de su cuerpo.

—Shhh. Silencio, Rachel…

—Deja que vea dónde están —espetó asomándose hacia el exterior, buscando el lugar dónde se encontraban los chicos—. Oh mierda, mierda —esgrimió retrocediendo—. Mel viene directa hacia aquí. Nos va a ver.

—No jodas. Ven, vamos, ven metete aquí —tiró del brazo de la chica que volvía a asomarse con cuidado.

—Viene Quinn, viene derecha hacia aquí… ¿Qué vamos a decir?

—No lo sé. Shhh… No hables. Está ahí —susurró tirando aun más de ella al notar como el crujir de las hojas y las ramas bajo los zapatos de Mel, se hacían cada vez más cercanos.

—¿Qué hacemos Quinn?

—Esconder la mochila. Vamos, dámela —la morena se desprendió de la mochila que aun contenía alguno de los globos, y Quinn la coloco a los pies, perfectamente camuflada por ella.

—¿Y ahora? Dios Quinn, está ahí al lado…—volvía a susurrar acercándose lo más que podía a la rubia, evitando que ninguna parte de su cuerpo quedase visible fuera de la franja, algo que sólo conseguía si se abrazaba a la chica.

—Sólo se me ocurre algo —murmuró Quinn abrazándola.

—¿Qué?

—Si nos encuentra, vamos a fingir que… Que estábamos…

—¿Besándonos?

—Es lo único que puede creer si nos ve así, Rachel. Si no va a pensar que estamos escondiéndonos y…

—Shhh —la silenció.

Melanie estaba a escasos metros de ambas, rodeando en aquel instante la montaña y a punto de descubrirlas. No podían acercarse más la una a la otra, no había espacio entre ambas. Quedó patente cuando Quinn tocó la pared de la montaña con su cabeza y podía sentir la respiración de Rachel a escasos centímetros de su boca.

—¿Crees que se lo creerá? —susurró Rachel sin apartar la vista de sus ojos.

—No podemos hacer otra cosa. O ¿sí? —replicó Quinn con apenas un hilo de voz, y Rachel sucumbió.

No supo por qué, no supo cómo ni que era lo que le empujó a hacer lo que hizo, pero sus labios destruyeron el escaso espacio que los separaban de los de Quinn, y terminó dejando un leve roce sobre ellos.

Un roce que terminó convirtiéndose en beso, y que Quinn aceptó como si toda su vida hubiera estado esperando ese instante.

Se separaron, pero apenas duró un segundo, el suficiente para volverse a mirar a los ojos y permanecer frente a frente, buscando ese roce de nariz, recuperando de nuevo el beso y olvidándose de por qué estaban en aquella situación.

Un porqué que llego en forma de interrupción por parte de Melanie que no pudo más que exclamar un "Ups", al descubrirlas en el escondite.

—¿Mel? —reaccionó Rachel tras escucharla.

Quinn aún permanecía ausente, tratando de asimilar lo que acaba de ocurrir.

—Lo siento chicas, no…no pretendía molestaros —se excusó.

—¿Qué…qué haces aquí? —preguntó tratando de recomponerse ante el mutismo de Quinn, que seguía completamente en shock.

—Estoy, digo, estamos buscando a unos…A no sé…

—¿No sabes? —cuestionó Rachel al fin saliendo del pequeño enclave que las mantenía ocultas.

—Alguien…Nos lanzó globos de agua a Dave y a mí y…

—¿Globos?

—Hey Mel… ¿Los has encontrado? —el chico escuchaba la conversación y se acercaba por la trasera de la montaña.

—No Dave…—respondió— Son…son…bueno…

No terminó la frase. El chico ya llegaba al lugar y se sorprendía al encontrarse con Quinn y Rachel.

—¿Habéis sido vosotras?

—¿Qué? ¿Qué dices?

—No Dave, ellas no han sido…

—¿Os han lanzado globos de agua? —cuestionó Quinn reaccionando al fin.

—Sí… ¿Qué hacéis aquí?

—Seguro que han sido los boyscouts…A Rachel también le lanzaron uno ayer, ¿Verdad?

La morena asintió sin apartar la vista de Dave, que confuso no parecía creer una sola palabra.

—¿Qué hacéis aquí? —volvía a cuestionar.

—Vamos, Dave —interrumpió Mel—. Vamos en busca de esos mocosos…— Añadió tirando del brazo del chico, apartándolo de la zona y dispuesta a seguir con el rastreo de los culpables de aquel desastre. Algo que hizo a regañadientes, y sin dejar de cuestionar con la mirada a la pareja, mientras Quinn y Rachel aguantaban con firmeza el escrutinio.

Ninguna de las dos dijo nada, hasta que el silencio a su alrededor volvía a hacerlas respirar. El silencio y la vergüenza al ser conscientes de lo que habían sido capaz de hacer por una simple broma, o venganza. Como quisieran llamarlo.

—Todo salió perfecto, ¿verdad? —fue Rachel quien tomó la palabra al tiempo que sacaba la mochila del interior de la zanja, y se la colocaba, todo ello sin mirar a Quinn en ningún momento.

Gesto que la rubia agradeció.

Permanecía apoyada sobre la pared, temblando. Y no precisamente por el encuentro con Dave y Mel.

—¿Vamos?

—No sé si puedo andar…—confesó. Algo que terminó por hacer que Rachel la mirase por primera vez.

—¿Qué ocurre? ¿Te encuentras mal? —cuestionó confusa, y Quinn terminó deshaciéndose de los nervios dejando escapar una sonrisa— ¿Qué ocurre, Quinn? — insistió al ver la reacción.

—Rachel Berry —susurró Quinn buscándola con la mirada—. ¿Me acabas de besar? —preguntó sin borrar la sonrisa de sus labios, y la confusión en Rachel se hizo más patente. No tenia ni idea de si estaba bromeando, o, por el contrario, tal y como ella pensaba que iba a suceder, iba a recriminarle su gesto— Me has besado… —añadió ante el mutismo de la morena, y esa vez lo hizo a modo de afirmación. De sentencia.

—Tú también lo has hecho —se excusó esquivando la mirada. Quinn dejó escapar una nueva sonrisa, esta vez acompañada por una pequeña carcajada—. ¿De qué te ríes? Te recuerdo que la idea fue tuya.

—Cierto…

—¿Entonces? ¿Por qué te ríes?

—Me parece divertido —musitó saliendo al fin del escondite— ¿A ti no?

—¿Qué es tan divertido?

—Rachel Berry y Quinn Fabray besándose en mitad de un bosque. Apuesto a que hemos hecho realidad uno de los mayores sueños de Puck —bromeó.

—Quinn Fabray, eres una imbécil —le recriminó dándole la espalda y comenzando a caminar.

—¿Por qué?

—Te estás riendo de mis besos. No tiene gracia.

—No te equivoques —replicó siguiendo sus pasos—. Yo no me rio de tus besos, me rio de lo que acaba de suceder. Es tan surrealista que solo podría aparecer en uno de los sueños de Puck. Y a la vez…

—¿Y a la vez qué?

—Dulce.

—¿Dulce? —masculló girándose hacia ella— ¿Te ha parecido dulce?

—¿A ti no?

—No sé, no lo he pensado.

—Vamos, Rachel. Te ha encantado, no lo niegues.

—¿De qué hablas? —esgrimió recuperando el paso delante de ella.

—Hablo de que estás deseando volver a besarme —bromeó, y lo hizo con toda la intención. La reacción que ambas habían tenido tras el beso, solo tenia dos formas de ser erradicada. Una, ignorarlo por completo y hacer como si no hubiera sucedido nada. Algo que se les antojaba imposible viendo como ni siquiera lograban mantenerse la mirada por mas de diez segundos. Y la segunda opción era el camino del humor. Tomarlo como algo divertido con lo que poder reírse, como dos verdaderas amigas podrían hacer. Y Quinn decidió que esa era la mejor de las opciones para salir airosa de la situación. Para que esos nervios que se habían acumulado en su estómago, y el escalofrío que recorrió todo su cuerpo por culpa de aquel beso, quedase en una simple anécdota.

—¿Qué? Vamos Quinn, eso no te lo crees ni tú.

—Apuesto a que estás deseando abrazarme.

—Deja de decir tonterías.

—Te lo voy a demostrar —masculló Quinn, que un despiste de la morena, sacó de la mochila que ella misma portaba uno de los globos, y terminó explotándoselo sobre la cabeza. Rachel ni siquiera fue consciente de lo que había sucedido, hasta varios segundos después, en los que pudo entender que el agua la empapaba, y Quinn, tras ella, la miraba sonriente con los restos del globo aún entre sus manos.

—Oh dios… ¿Qué…qué diablos haces? —espetó desconcertada.

—¿Y ahora qué? ¿No quieres abrazarme? —bromeó Quinn adelantándole el paso sin dejar de reír. Gesto que al fin la hizo reaccionar.

—Quinn Fabray…¡Estás muerta! —exclamó tras lanzarse una mirada a si misma, y sacudir el resto del agua que seguía empapando su pelo y la camiseta.

—Eso será si me alcanzas —le replicó la rubia segundos antes de emprender una trepidante carrera a través del bosque. Al tiempo que Rachel reaccionaba, de igual forma, y comenzaba a perseguirla.

Ni 100 metros logró recorrer cuando se vio obligada a detenerse por culpa de la asfixia que ya se apoderaba de ella.

—¡Quinn! ¡Para!

—¡Ni hablar, Berry!

—¡Quinn, las galletas! —le replicó usando la mochila que portaba como excusa— ¡Las galletas! —insistió obligando a la rubia a que pausara la carrera. Algo que fue haciendo tras lanzar varias miradas hacia ella, y comprobar como Rachel ya se había detenido por completo, y observaba el interior de la mochila.

—¿Qué pasa? —preguntó desde una distancia providencial— No me vas a atrapar, Berry.

—Son las galletas, Quinn. Las hemos perdido.

—¿Qué? ¿Cómo vas a perder las galletas? Estaban ahí hace un minuto. No me vas a engañar, Rachel.

—Se han mojado, idiota —soltó tras lograr encontrar la excusa perfecta—. Un, un globo se ha explotado y se han mojado —se lamentó haciendo uso de sus mejores capacidades interpretativas. Tanto que Quinn terminó creyéndola, y comenzó a caminar hacia ella. Rachel mantenía la cabeza baja, sin apartar la vista del interior de la mochila, pero conociendo en todo momento la posición exacta de Quinn.

Verla acercarse cumplió su objetivo.

—¿Qué dices? ¿Se han mojado? —preguntó un tanto confusa.

—Sí…—balbuceó— Estaban justo debajo de los globos y…mira.

Picó. Quinn cayó por completo en la trampa de Rachel y no dudó en acercarse lo suficiente para echar un vistazo dentro de la mochila, dispuesta a ver como había quedado la caja de galletas que con tanta ilusión había comprado.

Lo que jamás esperó fue lo que sucedió en los siguientes segundos, cuando Rachel, con una rapidez inusual, sacó uno de los globos y se lo estrelló de frente, justo en el pecho, dejándola totalmente sorprendida, y tratando de asimilar lo que acababa de ocurrir.

—¡Cazada! —exclamó con una sonora carcajada.

—Oh dios…¡Berry! —gritó al tiempo que se abalanzaba contra la morena.

El forcejeo comenzó con un nuevo globo estrellado contra Quinn hasta que la rubia consiguió hacerse con la mochila, y derribar a Rachel, que terminó rodando por el suelo.

—Me las vas a pagar… —le amenazó Quinn cuando consiguió retenerla entre sus piernas, y buscaba otro de los globos en el interior de la mochila.

—No Quinn, basta. Estamos llenándonos de tierra. Basta —suplicaba intentando escaparse. Algo que no logró conseguir— ¡Quinn por favor, estamos en paz!

—No, ni hablar. Tú me has lanzado dos, y yo sólo uno. Estaremos en paz cuando este precioso globo termine mojando tu preciosa carita…

—¡No por favor, no! —esgrimía inquieta tratando de deshacerse del bloqueo al que la tenia sometida, justo cuando Quinn dejaba la mochila a un lado, y le mostraba el globo, sujetándolo sobre su cabeza.

—¿Estas preparada? —sonrió traviesa permitiendo que le globo se balanceara sobre ella.

—¡No Quinn, no! —llegó a gritarle, pero no obtuvo la respuesta deseada. Quinn sonrió tras acoplar el globo con sus manos, y dejó que la gravedad hiciera el resto tras aprisionarlo levemente.

El estallido se produjo en apenas un par de segundos, y el agua cayó como una catarata sobre el rostro de la morena, provocándole una estruendosa tos.

—Quinn, ¡me ahogo! ¡me ahogo! —espetó con apenas un hilo de voz.

—Pues respira —le dijo Quinn sin apartarse de su posición.

—Vamos Quinn…—masculló entre tos y tos— Me estoy ahogando, en serio —trató de convencerla para que se apartase de ella. Pero la rubia parecía divertirse, y en vez de dejarla, optó por sujetarle los brazos y mantenerla sujeta al suelo, evitando que los movimientos fuesen tan bruscos.

—A ver, Berry. Te voy a enseñar a respirar… Vamos, inspira, expira, inspira, expira —comenzó a dar indicaciones de forma divertida, consiguiendo que Rachel detuviera sus lamentos y comenzase a reír al ver que no surtía efecto en la rubia.

—¿Me vas a dar clases de primeros auxilios?

—Sólo te indico lo que debes hacer para sobrevivir a un globo de agua, y no seas tan dramática.

—Me estoy ahogando Fabray. Lo digo en serio. ¿Puedes hacer algo más aparte de reírte? —le replicó sin poder contener un nuevo ataque de tos...

—Sólo sé cómo hacer la maniobra de Heimlich y el boca a boca —respondió sin ser consciente de a donde podría llevarle aquella respuesta.

—La maniobra de Heimlich es para quienes se atragantan con algo, yo me estoy ahogando con agua.

—Entonces sólo puedo…—se detuvo.

—¿Qué puedes, Fabray? —preguntó traviesa, dejándose vencer por completo tras el forcejeo.

—Nada.

—¿Nada? Yo pensaba que ibas a utilizar la excusa del boca a boca para volverme a besar. Se ve que te ha gustado la experiencia —añadió sin dejar de sonreír.

—Eres tú la que me ha especificado que te ahogabas con agua. Así que veo más interés por tu parte en volver a besarme.

—Y tú sigues aquí, paralizándome en el suelo cuando ya has cumplido tu venganza de lanzarme el globo.

—¿Me estás retando? —la cuestionó Quinn olvidándose por completo de todo lo que había a su alrededor.

—Me sigo ahogando —se excusó Rachel fingiendo de nuevo la tos, aunque esa vez con menor intensidad, y sin siquiera apartar la mirada de sus ojos—, y no haces nada por ayudarme.

—¿Me estás pidiendo que te bese? —preguntó acercándose poco a poco.

—Te estoy pidiendo que me salves.

—Con un beso —susurró cada vez más cerca de ella. Tanto que Rachel ni siquiera ofrecía resistencia alguna.

—No lo harás.

—¿Me estás retando? —insistió.

—No lo harás —repitió Rachel dejándose llevar por el juego—. Eres Quinn Fabray, y yo Rachel frustrada Berry. Me odias… ¿Lo recuerdas?

—¿Y que tiene eso que ver con salvarte la vida? Soy un ser humano. Tengo compasión —susurró.

Había cambiado. El gesto de Quinn cambió por completo y comenzó a mostrarse distinto, eliminado cualquier vestigio de humor y transformándose en una extraña mueca de decisión que Rachel notó, y que hizo que ella también cambiara su estado. Estaba convencida de que Quinn se iba a apartar, que no iba a terminar haciendo aquello por mucho que tratase de ponerla a prueba. Pero parecía querer llegar al extremo para hacerla reaccionar, y se acercó tanto a ella, que sus ojos se desviaron hacia los labios por inercia, y un pequeño suspiro se escapó de los suyos.

—¿Lo harás? —cuestionó con apenas un hilo de voz, casi a modo de afirmación.

Lo hizo.

Quinn no iba a perder aquella batalla. Ni esa ni ninguna.

Siempre se había caracterizado por tener la última palabra. Lo hizo al vengarse de ella tras la broma de Chelsea. Lo hizo tras arrebatarle la pistola de agua en su jardín y devolverle el chorro de agua que había recibido ella misma. Lo había estado haciendo durante todo ese tiempo, con la broma de Dave, con la mentira a Mel, con las clases de dibujo, con las galletas.

Quinn había tenido siempre la última palabra o gesto, y ahora no iba a ser menos, aunque el motivo fuese besar a Rachel Berry.

La morena permaneció completamente inmovilizada mientras los labios de Quinn se posaban sobre los de ella, tratando de asimilar que realmente lo estaba haciendo, y que todo era una broma.

Se tenía que convencer de ello, pero le resultaba tremendamente complicado pensar que estuviese haciéndolo de verdad. Simplemente porque quería hacerlo.

Fue dulce, sin apenas intensidad. Sólo un beso, un tierno y lento beso que consiguió elevarla del suelo, que la permitió liberarse de las manos de la rubia que mantenían sus brazos atrapados contra la tierra de aquel bosque.

Rachel se impulsó sin separar los labios de Quinn, y consiguió reincorporarse hasta quedar sentada, con la rubia sobre sus piernas.

—Lo has hecho —susurró tras separarse por primera vez de la chica, y Quinn sonrió. Dibujó una traviesa sonrisa en su rostro al tiempo que mordía levemente su labio inferior, siendo consciente de lo que había sucedido, y sin apartar la mirada de la morena.

—¿Te he salvado? —acertó a cuestionar.

—Supongo —volvía a murmurar de forma casi imperceptible.

—Perfecto. Me debes una —susurró satisfecha al tiempo que se apartaba, y tras deshacer el bloqueo, recuperaba la mochila—. Me voy a duchar y a comer galletas… ¿Vienes? —preguntó divertida tras ponerse en pie.

—Sí, voy…— respondió sin apartarle la mirada.

—Ok… Vamos —dijo la rubia recuperando el trayecto hasta el sendero que las llevaba al campamento. Algo que Rachel iba a tardar en hacer. No podía. No reaccionó a pesar de saber que lo iba a hacer, y permaneció allí sentada, observándola caminar mientras se alejaba de ella—. ¡Vamos, Berry! —exclamó lanzándole una última mirada ya desde el sendero— Si sigues ahí, te van a atacar los saltamontes.

—Fuegos artificiales…—susurró Rachel—. Finn tenía razón. Besarte es cómo sentir fuegos artificiales en el estómago.

—¡Rachel! ¡Vamos! ¡Levántate! —volvía a gritar ya desde la lejanía.

—Como si fuera tan sencillo, Fabray —murmuró accediendo al fin a su petición—. Como si fuera tan sencillo.