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―Aun lo ves en tu mente, ¿no es así?

Spock abrió los ojos, había estado meditando en el balcón de sus aposentos. Desde que Romulo se había vuelto su residencia, se había visto involucrado en diversos… eventos, por decirlo de alguna manera, en pro de la resistencia alfa. En un inició la idea de un grupo de resistencia como ese le había parecido… increíble. No tardo mucho en razonar que la existencia de la oposición al poder era, de hecho, lógico.

―Saludos, capitana Charvanek― La romulana río suavemente, llevaba una botella de cerveza romulana en la mano, y camino contoneando las caderas hacía Spock. En todo ese tiempo, nunca había disimulado su deseo sexual por Spock, pero ambos estaban al tanto de que el sentimiento no era mutuo. Ella dejo caer su cuerpo en el cojín al lado de ese hombre, de ese alfa.

Ella era una beta, había nacido así, no tenía idea de lo que era ser un alfa u omega, y jamás entendería nada de eso. Aun así, se sentía profundamente fascinada por el aspecto de ese vulcano, por su porte, su cabello, la forma de sus orejas, sus cejas. Cada que abría la boca frente a todos los capitanes de la rebelión, era como un poema para ella en realidad.

―Ese omega no te merece, te arrogo a la muerte― Canturreó, ofreciendo el licor, a sabiendas de que Spock lo rechazaría.

―Estoy seguro de que debió ser obligado de alguna manera, capitana.

―Todos los omegas lo son, y al final, olvidan a su alfa.

Se quedaron en silencio, mirando hacía el cielo romulano. Spock había ascendido rápido como un líder de la resistencia, sus ideas habían agilizado los ataques del grupo, se habían hecho de mejores armas, de mejores equipos. Los Romulanos habían parecido reacios a su participación en un inició, ahora lo incluían como uno, le invitaban constantemente a las fiestas y los banquetes, a la bebida y la diversión. Él siempre se mantenía tranquilo, ajeno, pero agradecía el ser compañero de ellos.

Su padre sabía que estaba ahí. La resistencia se lo había dicho, le permitieron enviarle un mensaje donde les notifico que estaba vivo, y ahora formaba parte de ese equipo. Si lo pensaba bien, probablemente era un paso errado para volver con Leonard, pero creía firmemente que, de alguna manera, se volverían a ver y quizás podría recibir una explicación a lo ocurrido aquel día en el juicio.

―Hay una oportunidad de que vuelvas a verlo.

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La maternidad, a su edad, era un tema delicado. Le dieron una serie de panfletos, y al final termino accediendo ir a una colonia reproductora. Estaría bajo cuidados las 24 horas, y daría a luz bajo excelentes condiciones. Había realizado su maleta, tenía un duplicado de toda su investigación. Había incluso arreglado tener un laboratorio en aquella colonia. Zefram, al enterarse de su proceso de gestación, había insistido en darle una guardia para llevarlo a la colonia sano y salvo. No sabemos lo que los vulcanos pueden hacerte, le había dicho, estaban enfadados, le recordó.

Miró su aspecto frente al espejo de su hogar, intentando ver alguna diferencia en su aspecto, pero nada de eso, no más que el peso ganado y que sus pantalones quedaran muy levemente justos en algunas partes de su cuerpo. Suspiro, ¿cómo era posible que algo creciera dentro de él, siendo tan viejo y con el supresor? Puso ambas manos en su vientre, ¿sería un omega? ¿sería humano? Recordó al bebé Spock, con sus grandes orejas puntiagudas y su gran sonrisa de niño. Si, un bebé como ese podría ser algo lindo, algo a lo que aferrase… ¿su sangre sería verde?

El timbre de su hogar lo saco de su ensimismamiento, así que volvió a la puerta para abrir. Vio entonces a un James T. Kirk de aspecto pulcro, uniforme alineado. Sonrió radiante al ver a Leonard, y este al verlo a él. Se abrazaron efusivos, tres meses sin ver a sus amigos, ¡dios, cuanto se habían extrañado!

―Te ves maravilloso, el espacio te ha sentado genial― Le dijo Leonard, risueño mientras apretaba los hombros de Kirk, que río suavemente. ―. Supe que te enviaron a explorar los bordes del universo.

―Y he vuelto solo para llevar a mi mejor amigo a una colonia a la que espero vaya a realizar experimentos.

Leonard rio, pero negó con suavidad. Se miraron en silenció un par de minutos, Leonard sonriendo, Kirk arqueando las cejas. Procesando que estaba frente a su amigo que esperaba un bebé. Su gesto de sorpresa fue relativamente divertido a la vista del doctor, que dio otra risita. Entonces, ese chico de ojos azules se paro en el marco de su puerta.

Estaba de pie con las manos a los costados de sus brazos, miraba con recelo la habitación, y al sentir la mirada del confundido doctor, embozó una sonrisilla escalofriante, que de verdad se esforzaba por parecer tranquila. Como si quisiera que Leonard se sintiera cómodo y en confianza con él. Kirk miro sobre su hombro al notar la tensión, y volvió la vista la frente sonriendo levemente al otro.

―Este es Charlie Evans, mi primer oficial.

Leonard no pudo evitar cierto gesto, mezcla de incomodidad y dolor, pero asintió levemente mientras observaba al muchacho que estaba ahí de pie.

―Un placer, oficial Evans.

―Es usted un omega, ¿verdad? ― Susurró, sus ojos recorrieron a Leonard de pies a cabeza. ―. Los omegas son… interesantes.

Leonard sintió un escalofrío en la columna. Kirk puso la mano en su hombro con una pequeña sonrisa, entendía ese sentimiento incomodo en su interior porque también lo había sentido dentro de él.

―Nosotros te llevaremos seguro a la colonia, querido.