CAP 29
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"Sin retorno"
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El espejo le devolvía la mirada en aquellos momentos y por un instante, se dio cuenta de lo acabado que se veía.
Qué gracioso.
Siempre se había visto a sí mismo como un auto ligero, clásico, elegante, de bastante atractivo para las damas y a veces, para los autos masculinos según se lo pidiera el trabajo pero en aquellos momentos de alguna manera, sentía como si hubieran pasado miles de kilómetros por encima de su cuerpo sin que hubiera podido frenarse a tiempo para darse cuenta de que quizá, se estaba sobrepasando; pero ahora, mientras se preparaba para su siguiente trabajo se daba cuenta de que desde hacía unos meses se había estado perdiendo de algo y que esto comenzaba a reflejarse en una expresión cansada y casi desconocida para sí mismo, una mirada a la que le faltaba aquel brillo con el que solía seducir y encantar a los autos que había a su alrededor.
Sin embargo ahora no podía pasar al lado de ningún reflejo sin darse cuenta de lo mucho que había cambiado en cosa de casi un año, tan solo habiendo pasado por la experiencia del secuestro.
Su cuerpo ya no mostraba rastros de haber sido tocado o violentado, su pintura brillaba como si fuese nueva y todas sus insignias estaban en su lugar.
Excepto él mismo.
Después de lo ocurrido en su misión casi desastrosa con aquel agente principiante, le habían felicitado casi a regañadientes por haberse mantenido mientras iba regresando de poco en poco a sus actividades regulares en actividades de campo pero aún sin que le liberasen para ser líder de equipo o como para mandarle en misiones en solitario; todavía desconfiaban de él y a decir verdad ni él mismo se sentía todavía con las fuerzas o el valor de tomar cualquier trabajo donde no pudiese sentirse seguro de que regresaría a su apartamento que ahora lejos de ser una casa se había convertido en una prisión de cerrojos y cortinas cerradas que no sentía ni el más mínimo deseo de volver a abrir.
Simplemente en cuanto se liberaba de algún trabajo regresaba a su hogar, recogía el pequeño paquete que tuviese siempre a la puerta de su entrada y se metía en el interior para tirarse en la cama, poner el televisor sin verlo realmente y dormir mientras que sostenía con fuerza lo que fuera que le hubiese llegado aquel día, dejándose ir sobre el pequeño paquete en sollozos que a veces conseguía controlar pero que le recordaban lo mucho que le habían destruido en cuestión de semanas. Pero aquel objeto… eso que le hacía llegar desde tan lejos y solo para darle una especie de soporte, siempre había conseguido hacerle sentir solo un poco más seguro.
No tenía ni la más mínima idea de cómo lo había conseguido… pero lo había hecho.
Lo había encontrado
Y la verdad era que no le había interesado averiguar el cómo.
Todavía recordaba cómo había sido el llegar un día a su apartamento para toparse con un cartero que parecía fruncir el ceño mientras que murmuraba algo acerca de que detestaba ir hacia aquella zona porque siempre batallaba con las numeraciones o los nombres de los habitantes del edificio; y no podía culparlo, aunque era uno de los muchos centros de descanso que le ponía Chrome a sus agentes, todos venían con nombres falsos o números que cambiaban cada cierto tiempo para evitar cualquier ataque.
Sin embargo en cuanto el auto que llevaba la correspondencia le llamó, se dio cuenta de que si había creído por unos instantes de que se trataba de algún error… con la única pregunta dirigida a su persona, este pensamiento se había desvanecido.
-Finnley McDougal?
Por la expresión del cartero estaba seguro de que se había puesto lívido. Y aún así había conseguido controlarse lo suficiente como para asentir y que aquel vehículo le entregase el pequeño paquete lleno con tantos sellos, estampillas y notas de verificación de aduanas que dejaban en claro que ese paquete había recorrido un largo trayecto; casi en automático había firmado, apenas y dándose cuenta de los cientos de errores graves que estaba cometiendo como espía tan solo por aceptar aquello y haber colocado su rúbrica pero sencillamente, estaba en un ligero estado de atontamiento que no le permitía pensar con claridad.
Y en cuanto aquel auto se hubiese retirado, había ingresado en su casa para abrir el paquete.
Hubiera podido tratarse de una bomba y le hubiera importado muy poco puesto que en esos momentos y a esas alturas de su vida, se sentía demasiado perdido en sus pensamientos y en sus emociones como para poder concentrarse en nada que no fuese moverse día a día, tratando de recuperar un poco de su objetivo de vida; y entonces, había ingresado el pequeño aditamento imantado y con puntas de presión para sostener objetos pequeños en el interior de la caja de cartón para sacar de esta, entre plástico de burbujas y papel grueso, una pequeña esfera con un líquido azul aceitoso en su interior que pretendía ser el mar mientras que se mecía frente a un escenario en miniatura que ahora veía, se trataba de una bonita playa cerca de una ciudad.
Daytona Beach, Florida
Había llorado con fuerza, aferrado a aquel pequeño objeto como si hubiera sido lo más valioso de su vida. Y realmente lo era.
Era lo único que le traía a la memoria el hecho de que quizá, en alguna parte del mundo no estaba tan solo como se sentía. Y el hecho de que cada semana encontrase ya aquellos pequeños paquetes de correo uno tras otro casi de forma religiosa, solamente le hacían emocionarse un poco con el pasar del tiempo para que llegase la hora en que las paqueterías hicieran las entregas a la puerta de su casa; ese momento de tomar el pequeño presente, sin importar lo que fuese… un pequeño llavero, una fotografía de algún paisaje especialmente bonito, algún recorte de periódico donde apareciese algún misterio resuelto que ambos sabían, lo había trabajado el propio espía y que le indicaba que el auto más joven seguía al pendiente suyo…
El momento más ridículo y cursi de su vida al recibir una rosa con una pequeña nota de lo mucho que era extrañado…
Dónde se hubiera visto que a un espía de su categoría… o de su antiguo nivel, le enviasen una rosa como si se tratase de una conquista femenina?
Y sin embargo la había conservado con el mismo fervor con el que mantenía cada pequeño obsequio dentro de su apartamento, con tal de aferrarse a ellos para mantenerse cuerdo dentro de lo que cabía y en medio de toda su desesperación.
Pero no era suficiente y lo sabía.
No le bastaban solo las pequeñas muestras de afecto del otro auto, los pequeños recordatorios que nunca respondía pero que le hacían saber que seguía en su mente…
Una voz repentina le hizo dar un respingo y despertar del ensueño en el que se había metido, parpadeando varias veces antes de comenzar a lavarse el rostro en un intento de despertar de alguna manera y recomponerse para lo que estaba por venir
Aún y cuando ya le estaban dejando asistir a misiones más serias, a pesar de que se estaba esforzando en verdad sencillamente sentía que nada iba a ser jamás como antes; aún tenía que tragarse en silencio las burlas y menosprecios de sus compañeros agentes y el que los jefes no dejasen de verle con vergüenza o con fastidio, pudiendo escuchar en más de una ocasión como alguno murmuraba nuevamente lo inútil que había comenzado a volverse y que quizá era una carga de recursos monetarios que Chrome no estaba tan dispuesto a pagar.
-Agente McMissile?
Le dolía la cabeza
Odiaba sentirse tan frustrado y confundido, detestaba sencillamente el darse cuenta de que por mucho empeño que le pusiese no se podía concentrar del todo en su trabajo como de antaño y que parecía que una y otra vez, una barrera imposible de franquear se interponía entre el pensamiento cuerdo, lógico y frío del súper espía que había sido y el auto derrotado y con temor que ahora, con un reflejo de dudas en la mirada le devolvía un gesto agotado y pesado desde la superficie plateada del espejo.
-McMissile, me está escuchando?
El aludido levantó la mirada
-Leland… qué se supone que haga ahora? –suspiró pesadamente mientras que unas pequeñas arrugas se marcaban por debajo de sus ojos –yo… yo no soy esto… estoy perdido… necesito ayuda…
Musitó muy por lo bajo antes de volver a verse en el reflejo delante suyo para continuar acomodando su carrocería, inspeccionando cada minúsculo detalle en esta mientras repasaba cada espacio, cada compartimento y gaveta retráctil que dejaban salir las armas y los aditamentos a los que solía recurrir en todos sus trabajos, ya fuese para escapar de una situación delicada como para luchar por su vida; entornó un poco los ojos al pensar en aquello y entonces, casi con un escalofrío le pareció escuchar su propia voz hablando con un eco pasado que le molestaba y le provocaba hacer una mueca de incomodidad:
"Estamos para servir incluso con nuestros cuerpos y vidas de ser necesario… por la seguridad del pueblo… las vidas de muchos autos están siendo sacrificadas por cada segundo que me estás haciendo perder…"
"LA QUE ME IMPORTA ES LA TUYA!"
Sus ojos se abrieron de golpe y su corazón se detuvo por un segundo, pareciéndole sentir los ecos de aquel grito reverberando por todo aquel baño en el que se estaba arreglando; la sorpresa era evidente incluso en la imagen delante suyo y por un segundo, sus ojos se humedecieron con el reconocimiento de aquello que había estado matándole durante aquellos meses.
No era feliz.
Retrocedió un poco ante la pesadez de aquel descubrimiento, sintiéndose como si de alguna manera aquello hubiera estado aplastándole contra el suelo y por primera vez fuese consciente de esa enorme pieza de desesperanza que llevaba en el techo; como espía y británico inglés de alto nivel tenía todo lo que cualquier auto en el mundo mataría o se vendería con tal de obtener: tenía dinero, tenía una buena posición incluso y a pesar de su caída puesto que seguía sirviendo en las fuerzas de inteligencia británicas, su trabajo era muy especial y específico todavía, con todo aún su reputación se movía entre quienes no sabían de sus problemas más recientes y todavía había autos con experiencia que parecían comprender un poco mejor la situación en la que se había encontrado y lo respetaban.
En términos mundanos… realmente, seguía siendo un maldito auto afortunado que lo tenía todo.
Pero en cuestiones de la vida… en lo referente a sí mismo… eso significaba nada
Ese firebird que aún se reía en la oscuridad de sus pesadillas, que aparecía en cada sombra cuando se encontraba a solas y cuyos ojos dorados le habían quemado en lo más profundo… con tan solo una sonrisa y un movimiento le había arrebatado la confianza, la seguridad y el orgullo que sentía por sí mismo tanto de forma externa como interna, llegando hasta el propio auto que alguna vez había soñado con luchar fervientemente a favor de una justicia idílica pero que había estado cuidando en el rincón más profundo y alejado de su mente y corazón.
Joan Ferret simplemente, había extendido una de aquellas garras… y había destrozado al verdadero Finn McMissile, ese que había estado enterrado y supuestamente protegido en el fondo de su corazón y alma.
Y justo cuando parecía que estaba ahogándose en silencio, recostado en el fondo de un pozo infinito…
"No me importa que tan oscuro o que tan abajo tenga que ir… si ahí es donde estás, entonces ahí iré por ti sin pensarlo…"
Había aparecido él.
Un muchacho inexperimentado, uno que era demasiado joven para conocer acerca de los horrores de la vida y del cual el McMissile había decidido ignorar las profundas y fieras cicatrices que recorrían el alma del menor por poner las suyas por encima a pesar de jactarse de ser el protector de todos los coches en el mundo; y su ego no había significado nada para aquel chiquillo que sin pensarlo había regresado aquel día en que se hubieran conocido al verle herido y expuesto ante sus enemigos, sin apenas esperanzas de sobrevivir para arrancarle de las garras de un demonio que no dudaría en hacerle cosas peores.
En medio de una situación en la que sus propios compañeros le habrían abandonado por poner su misión encima de cualquier cosa, un niño, un desconocido que no le debía nada había decidido que su vida tenía valor de alguna manera y que tenía que rescatarla sin importar que a cambio recibiese desprecios e insultos continuos por parte suya.
Ese niño solo era… un auto más…
Un rostro en medio de una multitud. Un vehículo clasificado en un grupo que generalmente los espías menospreciaban y tenían por solo fachadas bonitas y luces efímeras en medio de un mundo que solo les usaba antes de desecharles.
Y sin embargo, había descubierto que no eran tan diferentes.
Y ese auto que él creía igual a todos los demás se había convertido en un individuo único como nadie y relevante en cada uno de los puntos de su vida, una estrella fugaz que se había asomado para alegrarle en sus noches y que había expuesto su propia existencia tan solo por jurar proteger la suya que ahora sentía que de alguna manera quería que trascendiera solo porque ese chiquillo creía en que lo haría; porque ese mocoso malcriado, inocente e ingenuo hasta el borde de la locura había decidido que valía la pena soportarlo todo, atravesarlo todo, mantenerse firme ante todo con tal de durar toda una noche a su lado, secando sus lágrimas y dejándole sacar su voz desde lo profundo de su pecho, un grito de dolor, de rabia y de humillación que no había soltado en años y años de estarla acallando porque un espía no tenía permiso de tener ninguna emoción que no fuera ofrendada a su trabajo, a su nación… y a los suyos.
Alguien… que sincera, pura y honestamente había jurado amarle por encima de todo y por sobre cualquier cosa en el mundo y que había llevado ese sentimiento hasta el final, soportando un dolor que la mayoría de los espías en Chrome podría jamás imaginar porque para ese impertinente auto, primero estaban la cordura y la vida de un Aston martin que de principio no habría dudado en sacrificarle junto con su familia…
Jadeó
No lo merecía. Por Mills, no lo merecía en su vida, no merecía tenerlo tan enterrado en su alma, en sus pensamientos, en su locura, en todo lo que ahora era y en lo que se había convertido… en cada respiro que daba y que se volvía más y más pesado con cada día, cada semana, cada mes que estaban lejos el uno del otro…
Se cubrió el rostro con una llanta para luego, golpearla con fuerza en el lavabo que tenía delante mientras que un par de lágrimas escurrían
De jamás haberse permitido llorar, ahora cuando pensaba en él, en lo que le había ocurrido, en todo el caos que eran sus emociones y que lo ahogaban hasta grados insoportables, estas acudían inmediatamente como si no fuera capaz de guardarlas por más tiempo; y había tenido suerte de no haberlas mostrado enfrente de los demás puesto que el llanto era conocido por ser reflejo de debilidad y lo último que necesitaba en aquellos momentos era que dijesen que Finn McMissile se había vuelto débil, que ya no era capaz de mantenerse duro y frío porque durante ese año no había sido capaz de volver a tragarse el llanto cuando más desesperado se encontraba…
Pero era culpa suya
Lo sabía, todo lo que ahora era, toda su debilidad… eran única y exclusivamente culpa suya.
MALDITO FUERA LUCKY DAYTONA!
Volvió a jadear intentando tragarse la desesperación que ahora empezaba a contraer y apretar su pecho al grado que convertía el aire a su alrededor en algo sólido y difícil de respirar.
Cómo se atrevía?... cómo siquiera tenía el atrevimiento de haberle hecho eso, de haber retorcido su vida al grado que ya no la reconocía, de haber volteado sus sentimientos, ideas y análisis al grado de que ya ni siquiera quería voltear a ver lo que había sido porque se avergonzaba de ese auto en el pasado? Cómo siquiera había concebido la idea de haberle hecho soltarse de todo aquello en lo que creía, de haber retado incluso a esa autoridad a la que él solía tener por encima de todo porque finalmente aceptaba, que solo era un número más para estos y que le darían la espalda tanto cómo él se la hubiera dado a los demás?
Por qué?... por qué después de haber sido tan enfermizamente egoísta, egocéntrico y capaz de hacer tanto daño… tenía que haber llegado ese auto a derrumbar todos sus miedos y a ofrecerse a sí mismo como sacrificio ante una muerte a la que él había seducido por décadas?
Por qué no era capaz de abandonarlo?
Por qué no lo pensaba siquiera antes de quemar todo su futuro y toda la vida que tenía por delante con tal de hacerlo feliz a él?
Abrió los ojos casi con horror
Feliz
Ese estúpido, imbécil, cabeza hueca… maravillosamente único e idiota corredor solo buscaba hacerlo feliz
A él
Entre tantos otros en el mundo que podían haberle correspondido de igual manera… lo había elegido a él, a un auto demasiado grande, demasiado rígido, demasiado frío…
Demasiado acostumbrado a la oscuridad
Pero eso no había importado al final
Volvió a tallarse los párpados esta vez con el limpiaparabrisas
Definitivamente era estúpido
Lucky era estúpido. Adorablemente estúpido e imbécil, haciendo todas las cosas que no debía mientras intentaba salvar a un coche que merecía su condena. Porque él era consciente de eso, lo que le había ocurrido en aquella bodega se lo merecía y hasta había quedado debiéndole a la vida todavía un poco más; en Chrome siempre se hablaba sobre la justicia y el mismo la había utilizado para predicarla desde su punto de vista delante del joven corredor que le retaba a cada momento pero no podía negar el otro lado de esa verdad: sus llantas nunca iban a dejar de estar corruptas y sucias porque a final de cuentas, todos los espías que servían a la agencia tenían las llantas manchadas de sangre inocente. De cada auto que sacrificaban mintiéndose durante las noches en vela al recitarse a sí mismos que todo era por el bien de los demás, que cada compañero que dejaban morir era el precio a pagar por la seguridad del mundo y que cuando fuese su turno, tendrían que aceptarlo gustosos y orgullosos de hacerlo…
Todo ello dejaba una herida y una marca que nunca iba a ser borrada de sus cuerpos ni sus mentes
Y aún con todo… había un sitio en el mundo en el que existía un auto al que eso no le importaba. Lo cuál era ridículo y al mismo tiempo reconfortante porque… cómo podría siquiera pensar que sería capaz de tener una oportunidad, siquiera mínima, de encontrar una esperanza en medio de todo aquel torbellino que siempre amenazaba con acabar con él?
Era una oportunidad de redimirse… o de perdonarse pero…
Abrió los ojos con agotamiento
-MCMISSILE!
-No es necesario exaltarse, agente Rickford… -dijo en un tono bajo y elegante el Aston martin cerrando los ojos un segundo para luego, retroceder despacio observándose el cuerpo al completo por si había olvidado la revisión de algún compartimento –le he escuchado desde la primera vez…
Un escalofrío lo recorrió
Se sentía asqueado de su propio cuerpo pero… Lucky siempre le decía que lucía bonito.
Que tonto, tonto… era ese corredor
Verlo bonito a él
Sonrió débilmente y negó un par de veces con la cabeza, realmente que las ideas sobre la elegancia y las cosas atractivas de la vida estaban bastante volteadas en la cabeza de ese crío endemoniado. Y lo peor era… que era la única vez en que sinceramente se había sentido halagado de gustarle a otro auto, porque sabía que se lo decía con la misma emoción y sinceridad con la que le decía que le amaba.
-Vaya que se tomó su tiempo…
La voz burlona y prepotente del otro auto a través del pequeño dispositivo plateado de Chrome hizo que los ojos verdes del McMissile lo observasen con un gesto desdeñoso e irritado; cada que uno de ellos hablaba aquel pequeño objeto soltaba destellos azules que solamente arrastraban aún más los recuerdos del viejo auto. Ya ni siquiera había tenido la oportunidad de preguntarle al chico cómo era que había conseguido su intercomunicador pero cuando le había encontrado simplemente, no se había sentido con los ánimos para cuestionarlo.
Y ahora, el nuevo que utilizaba solo servía para recordarle que dentro de sus nuevos trabajos, el de tomar el mando no era una de sus preocupaciones aunque…
Porqué siempre tenían que tocarle los compañeros molestos?
Aunque era agradecido también: al menos no le había tocado el mclaren…
Negó un par de veces con la cabeza, tratando de serenarse y concentrarse para no empeorar aún más una situación que a duras penas y estaba mejorando, antes de volver a alzar la voz para que el pequeño aparatito la detectase y se activase, conforme él mismo se daba una última pasada con cera
-Necesitaba poner atención a los detalles –respondió con calma el mayor, pareciéndole que escuchaba un suspiro paciente del otro británico lo que solo le había provocado a entornar los ojos –algún problema?
-Por supuesto que no, cuando se trata de usted… prefiero pecar de precavido –respondía aquel otro espía lo que hizo enderezar un poco más al auto plateado que observó el intercomunicador con mayor frialdad
-Qué debería entender con ello, agente Rickford?
El silencio se volvió pesado conforme pasaban los segundos y el corazón del inglés plateado comenzaba a latir un poco más rápido de lo que quería; simplemente la tensión que sentía en aquellos momentos ante las palabras del otro auto… estaba a punto de estallar en rabia como no lo hacía en muchos meses…
-Nada en especial –respondió aquel agente y el inglés mantuvo su gesto de desconfianza hasta que finalmente el otro auto habló con una ligereza que le hizo fácil detectar que seguramente, sonreía burlonamente desde el otro lado del intercomunicador –sencillamente será algo de reconocimiento, nada en lo que tenga que resaltar o llamar la atención… entendemos que a final de cuentas esa era su mejor habilidad, incluso dentro de nuestras filas…
Eso sí lo había entendido y había palidecido de golpe
No porque significara que estuviese al corriente de lo que le había ocurrido en aquellas infernales bodegas… sino por lo que estaba implicando al respecto de Chrome en sí.
Cuando habían murmurado acerca de cómo, a pesar de sus errores cada vez más graves había conseguido conservar de alguna manera el trabajo… sencillamente no había querido entender pero lo hacía, había intentado ignorar el trasfondo de las palabras de los demás espías… pero sencillamente, comenzaba a volverse una situación insostenible; apretó los dientes con rabia, más que dispuesto a decirle que por él podía ir a lamerle los tubos de escape a los jefes inmediatos si eso le daba tanta envidia pero se contuvo.
Una respuesta de esas solo parecería confirmar lo que todos pensaban de él y además, no solía ser el tipo de respuestas que él daría con tanta ligereza.
-Fantástico –resopló para sí mismo rodando los ojos conforme se ajustaba la pequeña placa frontal con el dibujo del moño negro –ahora también te robo las respuestas, niño
Entornó los ojos por unos segundos antes de percibir como su intercomunicador volvía a dejar escapar un brillo suave y la voz de su compañero volvía a dejarse escuchar
-Mira McMissile, la misión de hoy es muy sencilla… recuerdas ese pequeño USB que tenías que recuperar hace tiempo con tu compañero y en el que arruinaste…? bueno, los atraparon, no importa, el caso es que a donde vamos podrían tener información sobre quién lo posee ahora así que… solo necesito que me cubras la espalda y todo saldrá bien, no es algo que vayas a poder arruinar tan fácil, verdad?
El auto del otro lado del dispositivo dejó salir una risa divertida mientras que el Aston martin volvía a tragarse con amargura la sensación de humillación e impotencia al saber que por el momento, no le quedaba más que callar; era casi como estar nuevamente en la academia donde los mayores siempre abusaban de los más jóvenes al faltarles conocimiento pero de todas maneras, él siempre había tenido a Leland a un lado para animarlo y para conseguir que saliese adelante para mostrarles a todos aquello de lo que era capaz.
Y ahora él ya no estaba
Y el único otro auto que se preocupaba por él estaba demasiado lejos de su alcance y era debido a su inmadurez al tratar con cualquier relación probable.
Bajó con dolor los párpados observando el suelo, por cuánto tiempo más tendría que soportar aquello y por cuánto más sus jefes sentirían que el castigo había durado lo suficiente? Por cuánto tiempo más tendría que permanecer silente y sumiso ante los compañeros que abusaban de él hasta poder alcanzar nuevamente un rango donde ya no tuviese qué soportar más el ser pisado como si nunca hubiera sido nada? Hizo una mueca, vamos… había luchado contra villanos, contra autos verdaderamente malévolos, situaciones realmente tensas…
Cómo era posible que no pudiese soportar un poco más, solo… solo unos días más, unos meses más… unos años más…?
"Pues verás que con tantos huecos que tienen ustedes para las armas, sin contar los biológicos podríamos sugerirle unos cuántos sitios para meterse ese USB junto con el intercomunicador, quien sabe y finalmente encuentre algo que le haga feliz…"
Sin poder evitarlo dejó escapar una pequeña risa divertida y dolorida
A esas alturas y si no supiera que se trataba de su mente realmente hubiera creído que el Ford se encontraba a su lado, bastante irritado en contra de su compañero y mostrando su enojo con una discusión bastante acalorada, especialmente porque él ya estaría defendiendo estúpidamente la reacción de su compañero debido a sus errores pasados, alegando que aquello era parte de su trabajo y que debía de aceptar el castigo; y entonces, aquello proseguiría con el Daytona ahora soltando un largo discurso que le haría enfadar, acerca de lo estúpido que era un trabajo donde no se preocupaban por sus empleados y donde para ganar puntos había que destruir de forma sustancial a quienes debían de ser de apoyo.
Y seguramente terminarían a los gritos una y otra vez hasta que el auto de ojos azules se le ocurriera decirle algún cumplido antinatural para los autos de su tipo que le haría ruborizar hasta las ventanas laterales.
Casi podía verlo… podía sentirlo…
Se movió hacia el pequeño dispositivo, aún con aquellas imágenes en mente que le causaban una especie de dolor y de nostalgia que lo llenaba todo en aquel recinto.
Uno defendiendo con ahínco y casi con desespero las mentiras a las que se aferraba tan desesperadamente sin comprender por qué el chico estaría tan interesado en defenderlo incluso de sí mismo mientras este continuaba en sus intentos de convencerle de que no se merecía sentir aquellos ataques sin importar que tan soso, aburrido o estirado fuese, todo para finalizar nuevamente con alguna palabra cariñosa hacia su parte mientras le frotaba el capó y le recordaba lo mucho que lo quería… y que al menos a él si le importaba lo que sintiera.
Sacudió la cabeza.
Otra vez se estaba distrayendo con pensamientos que no lo estaban ayudando y que solamente incrementaban su ansiedad y su dolor sobre el hecho de que ya no se sentía ni a gusto ni cómodo con su trabajo, con sus compañeros o con el sitio donde vivía; con una de sus llantas estiró el pequeño dispositivo sin pensar, dejando de escuchar lo que fuera que ahora estuviese diciendo su compañero conforme su estómago se revolvía e intentaba volver a tomar control de su cabeza y de sus acciones… pero…
Nuevamente, aquel auto, ese monstruo infernal con el que había empezado todo…
Y el auto con el que todo había acabado, observándole a través de un cristal el día en que le hubiese abandonado colocando un océano entre ambos…
Qué estaba haciendo?
-MCMISSILE!
El aludido frunció el ceño
Tenía que verlo de forma lógica.
Él era viejo. Un auto que ya había pasado por todo en aquella vida, experimentado, de mundo como solían decir los demás, había ido a la guerra, había sido herido, había estado a punto de morir, había sido un sobreviviente, había visto de primera mano qué tan profunda o extrema podía ser la maldad de un vehículo cuando se le dejaba explayarse de esa forma, había sentido en su propio cuerpo la victoria y la más terrible de las derrotas, había estado en la cima y en el infierno… su comportamiento durante todos sus años había ido desde lo más honorable hasta llegar a lo reprobable y lo cuestionable, según lo exigiese el trabajo y había tenido a todas las féminas que hubiera deseado a su disposición, ya fuese como parte de sus misiones o porque sencillamente, estas se le ofrecían por ser quien era…
Los placeres físicos de la vida no le habían sido ningún problema hasta el momento… pero entonces, aquel auto le había provocado sentir tanto asco de sí mismo que sencillamente, estaba desesperado por no saber qué hacer consigo mismo.
Había descubierto en consecuencia, que su estado emocional y espiritual a diferencia de todo lo demás estaba tan vacío como lo estaba una pelota de ping pong.
Y el chico…
Bueno…
Tenía que admitir que se había sorprendido de saber que era virgen. Ya se lo había dicho en alguna de sus discusiones pero no le había creído del todo realmente, después de todo, corredores?... en cuanto a experiencias físicas estaba seguro de que todos tenían sus kilómetros pasados y de sobra más que el espía más antiguo que tuviese Chrome a su servicio; pero el crío se lo había dicho y él no había querido oírlo porque… cómo iba a ser un niño capaz de mantenerse de esa manera en medio de todo ese mundo que lo rodeaba? Una parte de sí siempre había sabido que el crío era demasiado inocente e ingenuo incluso para su propia seguridad, además de que por la misma diferencia de edades el menor era demasiado testarudo y parecía no ser capaz de comprender cuáles eran los límites entre hablarle de forma correcta a sus mayores o a sus iguales.
Porque siempre había sido así con él.
Le trataba de igual.
Tembló con fuerza mientras que recordaba la necesidad tan necia de protegerle a pesar de que él, tratándose de quien era como espía realmente no necesitaba protección.
Excepto de él mismo.
-Maldición… maldición… -soltó con verdadero dolor apretando los dientes mientras tragaba pesado
Por qué?
Por qué lo necesitaba?
Porqué lo necesitaba tan desesperadamente que dolía a pesar de haberse jurado que eso era una mentira?
Sencillamente, ya no podía más.
Había llegado a un nuevo punto de quiebre pero si no se permitía aceptarlo entonces, sencillamente el resto de su vida seguiría por el mismo camino de aquellos meses en los que se había sentido tan perdido que le estaba costando demasiado el siquiera pensar en volver a vivir como si nada hubiese pasado.
Solo quería… volver a su lado.
Dejó escapar el aire dentro suyo.
Eso era lo que quería. Quería, anhelaba desesperada y dolorosamente volver a su lado, pegarse a su cuerpo para entender que era real, que su calor era verdadero, que su corazón seguía latiendo y que lo que había sucedido en esa maldita bodega podría ser la pesadilla más real de su vida pero no significaba nada, siempre y cuando pudiera esconder el rostro debajo del otro auto y saberse protegido por este, sin sentirse avergonzado de tener más de 50 años y aún así sentir el terror y el pánico de verse herido y utilizado hasta los niveles más humillantes de cualquier auto; estaba desesperado por recargarse en su costado, sentir su respiración cerca de su oído y escuchar su voz llamándole suavemente por su nombre mientras le aseguraba que todo estaría bien y que sin importar el mundo y lo que hubiera en este, siempre iba a ser suyo y siempre estaría a su lado.
Constante, fiel, firme… sin dudar y sin abandonarle incluso si la distancia trataba de interponerse y ya se lo había demostrado.
Amándolo a él.
Tanto como él también lo amaba.
-Lo amo… -dijo con un hilo de voz mientras abría los ojos con alarma
No podía
Eso era matarlo, era asesinar al chico, significaba una condena para ambos debido a su trabajo.
Apretó los ojos para finalmente, negar con la cabeza. Era peligroso… era riesgoso… y el niño había ido detrás suyo a pesar de las heridas que había recibido a cambio y aún le seguía buscando incansablemente; él le había dicho a Mate que aquella profesión tenía demasiados riesgos y que el tener a alguien cercano era peligroso pero… así como ellos aceptaban lo que significaba su trabajo… no lo hacían también sus parejas, comprendiendo totalmente qué era lo que significaba estar con alguien como ellos?
Apenas y pensándolo hizo aparecer en su pequeña pantalla de visión una de las tantas imágenes que le habían sido enviadas cada cierto tiempo por sus dos amigos
Mate y Holley
Ambos juntos y felices, aún escribiéndole y enviándole imágenes de lo que era su vida juntos, habiendo contraído matrimonio al que no había podido asistir debido a su estúpida obsesión con Chrome… el nacimiento de la bebé de ambos que también se había perdido…
Ahora se sentía tan miserable por haber hecho aquellas cosas pero… ahora entendía.
Realmente lo hacía
El por qué Holley había permanecido en lo que adoraba hacer sin arrojar a un lado la oportunidad de ser feliz con el auto que ella amaba tanto.
Se giró de golpe y se retiró la placa con el moño del frente y lo arrojó hacia un lado con una expresión seria, nerviosa y angustiada pero al mismo tiempo, decidida.
Maldito fuera ese crío. Preocupándolo de esa manera, volteando su maldito mundo de cabeza mientras se daba cuenta de que le era imposible volver a su antigua vida por mucho que luchase por ello por el simple hecho de que jamás podría volver a ser el antiguo Finn McMissile que creía que el mundo giraba solamente por sus ideales y por lo que supuestamente luchaba; pero esa batalla ya no era suya solamente, ya no era él y su pensamiento por su cuenta sino que había alguien más a su lado, alguien que también peleaba tan solo para que él no tuviese que cargar con todo el peso de lo que era o de quien era.
Alguien que le veía más allá de la fachada que daba al mundo. Que le veía como el auto que escondía en su interior y que creía muerto por culpa de aquel auto de ojos dorados pero que había resurgido, tímidamente porque había alguien que literalmente, había nadado hasta lo profundo de su alma con tal de hacerle revivir; siempre había creído que sería Leland quizás, algún día… pero por el contrario, se había topado con que el elegido ni siquiera se acercaba a lo que alguna vez hubiese imaginado
Y lejos de molestarle… le llenaba a tal punto que le hacía palpitar con fuerza el corazón y no pudo menos que sentirse feliz y satisfecho de finalmente, poder aceptar aquello
Que tonto había sido
Porqué había tardado tanto en aceptarlo?
Sonrió nuevamente y comenzó a conducir a la salida de aquel sitio dispuesto a hacer lo que era lo correcto. Empezando por regresar a su lado y hacerle saber a los gritos si era necesario que no estaba dispuesto a volver a pasar por el miedo de tener que perderlo; que no pensaba tolerar que volviese a hacer alguna imprudencia porque de ahí en delante no creía que pudiera seguir viviendo si lo perdía de verdad, que no podía borrar de su cabeza la imagen de su figura a punto de morir pero estúpidamente, levantándose y sonriéndole mientras trataba de no preocuparlo por lo ocurrido pero ya no más.
Él sobreviviría a lo que la vida le pusiera por delante.
Y más valía que ese corredor imbécil hiciera lo mismo porque no se había condenado a una existencia de amarle tan solo para perderle, no iba a jurarle y a entregarle su vida, su existencia y su cuerpo tan solo para volver a pasar por el infierno de verse perdido en medio de la nada.
Si iba a estar a su lado… era porque ese chiquillo infeliz no lo iba a volver a lastimar nunca más.
Y no se iba a poner en peligro otra vez.
-MCMISSILE!
El aludido entornó los ojos
-Ah, ya cállate! –espetó el espía observando el pequeño dispositivo para luego, arrojarlo al suelo y aplastarlo con una de sus llantas, terminando este en miles de pequeños fragmentos
Seguramente aquello ameritaría una fuerte llamada de atención por parte de sus superiores pero… ya no le importaba.
Eso no importaba.
Lo que tenía delante de ahí y hacia el futuro era mucho mejor que lo que dejaba atrás y si acaso no podía regresar… entonces que así fuera.
Aquel… era un camino sin retorno.
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