Capítulo 19 – The Fight
El frío viento proveniente de la tundra alzó ligeramente algo de polvareda acumulada en el mirador. La noche seguía sorprendentemente tranquila, ajena a la situación.
La luna iluminaba a todos como un foco teatral que espera a que comience el siguiente acto. Kate sonrió mientras se recolocaba de nuevo un mechón de su cabello.
- Tengo que reconocer que en algo sí que te estoy agradecida, maldito zorro. Y es que gracias a ti y a tus amiguitos hemos podido encontrar a Adam por fin. Cornelius supo esconderle bien. –Arrugó pícaramente la mirada. –Pero está claro que no lo suficiente.
Nick apretó la mandíbula.
Como te odio hija de puta.
Apenas unos instantes después unos sonoros aplausos comenzaron a resonar por todo el lugar. Nick movió ligeramente su oreja derecha y miró en dirección hacia desde donde provenían.
Por la escalera que previamente había bajado el grupo hacia a la urbanización apareció Grayson, con su uniforme negro y su parche en el ojo, portando una pérfida sonrisa en el rostro. Su zarpa metálica relucía bajo la pálida luz de la luna.
- Bravo señor Wilde, tengo que reconocer que tiene mucho mérito que hayáis estado tan cerca de escapar. Pero se acabaron los jueguecitos. –Tras él, aparecieron otros cuatro esbirros, los cuales portaban sus respectivas ametralladoras. El tigre alzó ligeramente su mano metálica en dirección al grupo de Nick. No dudaron en apuntar hacia ellos manteniéndose al margen de Grayson y Kate.
El enorme tigre portaba en la espalda una bolsa negra un tanto sospechosa que soltó justo delante suya, provocando un sonido seco. No le prestó ni un mínimo de atención.
Nick la observó y no pudo evitar gruñir ligeramente.
¿Qué es eso?
Grayson se acercó hacia el grupo lentamente. Sus enormes botas sonaban amenazantes en el asfaltado y algo arenoso suelo.
- Vaya, vaya. –Sonrió. –Menudo grupito más variopinto, ¿eh?
Les observó uno a uno con su ojo bueno. Se aproximó hasta Nick. La diferencia de tamaño entre el zorro y el tigre era descomunal, su presencia imponía. Una mezcla de miedo y respeto comenzó a revolver el estómago de Nick. Grayson le miró el brazo herido, que ya había perdido el blanco impoluto en las vendas.
- Veo que tu herida se recupera, pero no importa. –Se agachó hasta su oído. –Aunque cicatrice, ya te tengo marcado para siempre. –Sonrió y le dio un par de golpes con su enorme mano en el hombro.
Un sudor frío recorrió la espalda de Nick.
Cabronazo…
Grayson se cruzó de brazos y pareció mirar al infinito, divagando. –Nick Wilde. Ex-agente de policía de la ZPD. El que fue un héroe para la ciudad de Zootrópolis, hoy día no es más que un detective mediocre que sobrevive como puede. O como le dejan. –Grayson soltó una sonora carcajada. –No le diremos a nadie los problemillas que has tenido y tienes con la bebida, tranquilo. –Crujió sus nudillos.
¿Pero cómo…?
Judy miró hacia Nick con algo de temor en la mirada.
- ¿Qué pensaría la gente si supiera quién eres realmente? –El tigre miró de soslayo hacia Kate, la cual tenía un claro gesto de rabia en su rostro.
- Si, Nick Wilde. ¿Acaso alguien sabe lo que eres en realidad? –La guepardo volvió a mirar su tableta de forma sonriente. –Un asesino.
El zorro cerró con fuerza sus puños. Le hubiera encantado reprochar esa afirmación. Le hubiera encantado abalanzarse sobre ellos y destrozarlos uno a uno. Pero sabía que eso era imposible.
El resto de compañeros de Nick se miraron con incertidumbre en el rostro.
Un asesino…
Grayson se acercó en dirección hacia Judy mientras se frotaba las manos. –Ah, la encantadora Teniente Hopps. Todo un referente para la ciudadanía. Un icono. Servicial, valiente… –El tigre se colocó detrás de ella. Judy no movió ni un músculo. Se acercó hasta su oído. –Y, ¿leal?
La coneja apretó los labios con rabia al notar el aliento de Grayson en su oído. Nick observaba de reojo la situación.
- Tú no me conoces, Grayson. –Soltó con acidez Judy. Nick cerró los ojos durante un instante.
- Oh. Parece que la indefensa conejita tiene cojones. Menuda sorpresa. –Grayson colocó su enorme garra metálica en el cuello de Judy. Ésta se estremeció. Lo rodeó por completo usando únicamente su dedo índice y pulgar. Sonrió. –Te conozco muy bien. Sé muy bien como abandonaste a tu compañero a su suerte. –Un silencio incómodo cayó sobre sus hombros. –Perro ladrador… –Se tocó el colmillo derecho con la punta de su áspera lengua. –Os conocemos a todos muy bien.
La guepardo dio un par de pasos al frente en dirección hacia Claire. –Pero que muy bien. –Añadió Kate. La observó de arriba a abajo mientras sostenía su tableta con la mano derecha. –La hija de Cornelius. Fotógrafa. Brillante en su trabajo. Tiene exactamente la misma mirada de su padre.
Grayson sonrió ácidamente. –Sí, la misma mirada nerviosa y temblorosa que tenía su padre justo antes de que le rajara la garganta con mi zarpa metálica. Al menos es más agradable de ver que el carcamal de su padre. –Soltó una carcajada. Claire no aguantó. Gruesas lágrimas empezaron a brotar de sus ojos. Su mirada celeste se emborronó. Estuvo a punto de caer al suelo pero se mantuvo de pie a pesar de todo. Nick ardía en furia.
Maldita sea, Claire…
- Eres un hijo de puta, Grayson. –Se atrevió a soltar el zorro. Notó como todos los esbirros le apuntaron con sus ametralladoras.
- Cuidado Wilde. Aunque tengamos órdenes de no matar a nadie, puede que se me vaya un poco la mano. Ya pudiste comprobar de primera mano en el cuerpo de Cornelius que tengo un pronto, digamos, "complicado".
El tigre se acercó hasta Adam sin perder ni un ápice de bravuconería. –El pandita ayudante. El ojito derecho de Cornelius. Un muchacho prometedor. Algo gordito. Y todo un cobarde. Hacía tiempo que no nos veíamos, ¿eh? Desde que huisteis tú y el viejo como apestosas ratas del yacimiento de la Selva Blanca. –Grayson le cogió del mentón con poca delicadeza para que le mirara a su ojo. –No te haces una puta idea de todo lo que hemos removido para encontrarte. Pero tranquilo, puedes darle las gracias a Nick y compañía. Nos han llevado directamente hasta a ti.
Desgraciado. ¿Cómo han podido saberlo? Tiene que haber sido Max. ¡Seguro que ha sido él!
La boca de Adam comenzó a temblar, notaba como su cuerpo se tambaleaba. Los nervios le superaban. Grayson se percató de la mochila que llevaba en la espalda. –Imagino que aquí está lo que buscamos, así que si no te importa... –Se la quitó con un rápido movimiento de su enorme zarpa metálica. Adam se tambaleó en su sitio.
- ¡No! –Alcanzó a decir alzando las manos en dirección a la mochila, casi inconscientemente. Sin pensárselo, Grayson le dio un puñetazo en el estómago que le hizo caer de rodillas al suelo.
- ¡Cabrón! ¡No le hagas daño! –Gritó Judy con fuerza, impotente ante la situación. El tigre sonrió mientras observaba a Adam retorcerse en el suelo.
- Tranquila, conejita. Sobrevivirá. –Giró la mirada para fijarse en Gabriel. –Y aquí tenemos al pícaro del grupo, ¿eh? Gabriel… –Grayson dejó su nombre en el aire. –O tal vez debería llamarte Ethan.
¿Ethan? ¿Cómo que Ethan?
El grupo se extrañó. Gabriel abrió los ojos al máximo. Parpadeó. Se le secó la garganta, sus manos se entumecieron. En otras circunstancias a lo mejor hubiera respondido, pero se quedó sin habla. Grayson se fijó en el rostro de sus compañeros. –Oh, ¿no sabíais su verdadero nombre? Bueno. Todos tenemos secretitos. Y él también tiene unos cuantos. –Hizo especial énfasis en esa frase mientras miraba a Nick. Se colocó en frente de Gabriel. Chistó.
- Qué lástima. Los chicos como tú me dan auténtico asco y ganas de vomitar. –Le miró con enorme desdén. –Por lo menos tus compañeros son algo en la vida, ¿pero tú? –Le señaló de arriba abajo con su garra metálica. –Solo eres un pobre maricón que se cree muy listo y en realidad es un desecho social al cual nadie le quiere.
Nick apretó los dientes. La mirada bicolor de Gabriel se clavó en el rostro del tigre. Su cuerpo se tensó. –Qué miedito, tigretón. Tanta agresividad seguro que se debe a que te falta un buen polvo. –Le contestó.
No Gabriel, no es el momento…
Judy se tensó. Kate observaba la situación. El tigre se agachó para mirarle frente a frente. –Bueno, parece que es cierto que tienes agallas. Pero cuidado chico, a veces las agallas solo sirven para acercarte a la tumba antes de tiempo. –La sangre de Gabriel se heló a pesar de mantenerse firme frente a Grayson.
El tigre se giró y caminó lentamente hasta colocarse al lado de Kate. Dejó la mochila de Adam a sus pies.
- Se acabó el recreo. Hablemos de negocios. Vais a ayudarnos con la búsqueda de la Ciudad y el incentivo va a ser mi mochila. –Señaló la bolsa negra que había dejado en el suelo hacía un rato. Entrecerró su ojo y miró a Adam. –Vamos, pandita, ven a cogerla. –Desde el suelo, el panda, aún dolorido, le miró con temor.
¿Qué demonios? ¿Por qué Adam? Mal asunto…
- ¿Qué cojones tramas, Grayson? ¿Qué te ayudemos? No lo estarás diciendo en serio. –Dijo Nick con la mayor cantidad de rabia, impotencia e incredulidad que había sentido en su vida.
- Tú calladito, zorro. –Le atravesó con la mirada. Miró de nuevo al panda. –Vamos muchacho, no querrás que te peguen mis chicos un tiro por no venir a coger una mochilita de nada. –Los esbirros se enfocaron en él.
El panda estaba totalmente ido, la situación le colapsó. Se levantó poco a poco y caminó como pudo en dirección a la mochila de Grayson. Creyó que iba a desmayarse en cualquier momento. Le dolía mucho el estómago. Se agachó para cogerla, pero perdió el equilibrio y se quedó arrodillado frente a ella.
- Vamos chaval, ábrela. Estoy seguro que con lo que hay ahí dentro vamos a llegar todos a un acuerdo. –Grayson parecía estar regocijándose. Nick sintió un nudo en el estómago.
Adam miró instintivamente en dirección a su grupo. Las caras de sus compañeros estaban sombrías. Judy respiró hondo. –Está bien Adam, ábrela. Acabemos con esto. –Le dijo la coneja.
No sé si es buena idea…
El chico cogió la cremallera y empezó a abrirla. Un súbito olor nauseabundo inundó sus fosas nasales, se apartó involuntariamente. –Pero, pero, ¿qué…? –Musitó. Kate y Grayson sonreían. –Vamos pandita, no tengas miedo.
No…
Aguantando la respiración y con lágrimas en los ojos, terminó abriéndola del todo. Nick notó en su nariz ese olor y sabía exactamente cuál era. Era el olor de la muerte.
Adam comenzó a gritar y a revolverse en el suelo, parecía haber perdido el juicio en tan solo un instante. Lloraba. Se agarró la cabeza. –¡No! ¡No, papá! ¡Papá! –Era lo único que podía gritar el panda mientras rodaba por el suelo. Vomitó sin poder evitarlo.
Grayson se acercó hasta la bolsa, le dio un fuerte puntapié y de la misma salió rodando la cabeza de Maxwell Bennett, el padre de Adam, en dirección al grupo de Nick.
Judy la miró horrorizada. Claire se giró tapándose la boca. Nick cerró los ojos maldiciendo todo el árbol genealógico del tigre. Gabriel no daba crédito ante la situación.
- ¡Bastardo hijo de puta! –Espetó Nick con todo el odio y asco posible hacia Grayson.
El tigre ladeó suavemente su cabeza mientras sonreía. –Gracias, zorro. –Se cruzó de brazos. –Pues bien, ahí está vuestro incentivo. Si no queréis acabar como el papaíto del panda, nos ayudaréis. Sabemos que Adam sabe cositas, y queremos saberlas. –Dijo en un tono perturbadoramente divertido. Kate asintió.
Desgraciados. Estoy harto de todo. Necesito saber de qué van estos tipos.
–Pangea de las narices… –Nick apretó los dientes. –Hijos de puta. ¿Qué pretendéis? ¡Estáis locos! ¿Por qué tantas molestias para encontrar una fantasía absurda? ¡Sois unos psicópatas! ¿Qué narices queréis de nosotros? ¡Si no sabemos nada, joder! –El zorro intentó sonar convincente y seguro de sí mismo, pero estaba demostrando que la situación le había desbordado por completo.
Claire tenía la mirada enrojecida y el alma herida. Sabía que Pangea había acabado con la vida de su padre y ahora también con la del de Adam. No existían palabras para definir la rabia que sentía en esos instantes. Se sentía perdida, mareada y destrozada.
Judy era una profesional, sí, pero no podía evitar sentirse aturdida también por la situación. Su mirada violácea danzaba violentamente por todas partes como intentando encontrar una solución a un problema imposible de resolver.
Gabriel, si hubiera podido, se hubiera desvanecido de todo y de todos en un abrir y cerrar de ojos. Tenía la mirada fija en la cabeza del padre de Adam. Quería apartar la mirada, pero algo que no sabía explicar le impedía hacerlo. Tampoco podía quitarse de la cabeza que el tigre le hubiera llamado Ethan, un nombre que tenía más que borrado de su mente.
-Preguntas, preguntas, preguntas... –Dijo con sorna Grayson. –Demasiado quieres saber, pero no eres el único. Nosotros también queremos saber cosas. –Mostró ligeramente uno de sus colmillos. Su tono de voz se endureció. –Como por ejemplo, lo que le mandó el papaíto de Claire antes de que le capturáramos. Estamos convencidos de que es clave para encontrar la Ciudad.
¡El libro de recetas! Ni siquiera ellos saben nada sobre eso…
Kate comenzó a reír con suavidad. –Desde luego que no te haces una idea de lo mucho que estoy disfrutando de verte en esta situación, zorro. –Comenzó a teclear algo en su tableta mientras negaba ligeramente con la cabeza. –Menudas caras se os han quedado. Yo no me pensaría mucho lo de ayudarnos. –Miró fugazmente hacia la cabeza de Maxwell.
El enorme tigre bajó sus brazos mientras sonreía. Fijó su ojo en Nick. –¿Y bien?
No puedo permitir que les hagan daño. Claire… Adam. Gabriel... Judy. No, no puedo. No puedo dejar que muera más gente. Mierda. Quiero que todo acabe.
El zorro suspiró, completamente derrotado y sin saber realmente qué hacer. –De acuerdo, ¿qué queréis de nosotros?
Kate observó su tableta de nuevo y sonrió. –Creo que no nos corresponde a nosotros decírtelo. –La guepardo miró a Grayson como esperando su aprobación. El tigre asintió. Nick miró hacia Judy buscando complicidad y confusión. Encontró ambas cosas.
Kate pulsó un par de botones más de la pantalla táctil de su tableta y la giró en dirección hacia el zorro.
- Te presento a Deva Kruger, líder de Pangea. Lleva muchos días queriendo hablar contigo.
Una popular aplicación de videoconferencias comenzó a cargar y mostró en un par de segundos a una pantera rubia tecleando en un ordenador portátil. Sus afilados ojos de color gris parecían muy concentrados en algo.
La mitad derecha de su cara mostraba una belleza sin igual, pero la otra mitad estaba totalmente desfigurada. Su larga melena rubia y lacia caía sobre sus hombros. No dirigió su atención hacia la cámara por el momento. Comenzó a hablar.
- Gracias Kate. Grayson. Un segundo. –La pantera siguió tecleando con concentración. Nick se fijó que en la esquina superior derecha de la tapa del portátil estaban inscritas las letras "N.S.O."
¿Pero qué…?
Tras unos instantes, cerró el portátil de su lado y miró hacia la cámara. La definición era muy alta y se podía observar a la mujer con todo lujo de detalles. Tenía un porte galante, recto. Intimidante. –Señor Wilde. Señorita Hopps. –Hizo una breve pausa. –Acompañantes.
- Como bien le ha dicho mi ayudante soy Deva Kruger, la corporación Pangea es de mi propiedad y nos dedicamos a… investigar. –Esbozó una ínfima sonrisa. –Disculpen que no haya podido asistir a este esperado encuentro, pero la vida no es fácil cuando casi toda la población depende de nosotros.
Su voz sonaba extremadamente tranquila y aterciopelada. Segura de sí misma sobre todas las cosas.
¿Pero esta tipa…? ¿De qué va? La cosa es que su cara me suena, pero no caigo…
- Permíteme que te tutee, será más agradable para todos. –Sonrió ligeramente. –Al igual que tú, Nick Wilde, yo también fui popular hace tiempo, aunque digamos que ahora prefiero permanecer en un segundo plano. Invisible. No me interesan las muchedumbres ni el bullicio ni la fama ni la gente… –Juntó sus manos. –Por eso sé que puedo confiar plenamente en Grayson para que se encargue de los asuntos que yo no puedo atender personalmente.
Alzó ligeramente su cuello. Grayson, que permanecía en silencio, sonrió. –Seamos francos, la cosa no ha salido todo lo bien que yo esperaba. La huida del señor Geller y su ayudante del yacimiento, el accidente en la fábrica… –Inspiró. –No me gusta tener tantos obstáculos para mis propósitos. Es molesto. –Entrecerró sus ojos ligeramente a la vez que juntaba sus delicadas manos. –Y de entre todas las personas que pensé que acabarían implicadas, tú eras el último al que esperaba ver, Nick Wilde. Pero bueno, no pasa nada porque ahora ya estamos todos reunidos y en calma. –Dibujó una inquietante sonrisa.
¿Pero…? ¿¡Pero de qué va esta desgraciada!?
Nick no pudo contenerse. –Pero, ¿cómo eres tan hija de puta? Eres la responsable de la muerte de Cornelius. –Tragó saliva. –Y también del padre de Adam, ¡eres una asesina! –Miró durante unos instantes a la cabeza cortada del panda y apretó los labios. –Él me había…
Deva le cortó sin cambiar ni un ápice su tono de voz tranquilo y calmado. –Sí, te había contratado para encontrar a su hijo, lo sé. –Sonrió. –Bueno, pues puedes estar orgulloso Wilde, ya que le has encontrado. Y lo que es más importante, me has llevado directamente hasta él.
¿Pero cómo sabe eso…? No entiendo nada. Adam tenía razón, controlan todo… ¿Pero cómo? Que alguien me despierte de esta pesadilla.
- Te agradecería que no me volvieras a cortar Wilde, es de madrugada y me gustaría poder irme a la cama en breve, que mi día ha sido muy largo. –La frase sonó como una extraña mezcla de súplica, honestidad y amenaza. Nick miró hacia Judy, su ex compañera le miró llena de dudas.
- Grayson, si eres tan amable. –Ordenó la panera con diligencia. El fornido tigre se agachó para abrir la mochila de Adam y ahí estaba el artefacto. Lo cogió, lo mostró ante el objetivo de la tableta durante un par de segundos y lo volvió a guardar en la mochila.
- Perfecto. –Dijo satisfecha. –Ya veo que mi equipo ha conseguido el orbe que buscábamos, y eso son buenas noticias, por supuesto. –Chistó. –Pero nos falta algo más, algo que desgraciadamente no sabemos lo que es, pero esperamos que nos podáis dar aquí y ahora. Como habréis comprobado, el incentivo por ayudarnos es elevado. –Movió ligeramente sus labios hacia un lado. –Conservar la vida.
- Y creedme que por mucho que la teniente Hopps sea teniente policía, o queráis llamar no sé… –La mujer miró hacia el techo durante unos segundos con gesto divertido. –Al ejército, al cuerpo de élite de la ZPD, a quiénes se os ocurra. –Cruzó las manos. –Estáis solos en esto y nadie os podrá ayudar. Os lo garantizo.
Joder… ¿Tanto poder tienen?
Nick tragó saliva. –McCuerno, él era tu contacto en la policía, ¿verdad? –Intentó sonar decidido pero sonó más bien como asustado y desesperado.
Deva arqueó sus labios ligeramente. –Oh si, McCuerno. Fue un aliado interesante. Era un pobre desgraciado, en realidad. –Se reclinó ligeramente hacia adelante. –Pero no vayas a pensar que él era nuestro único aliado en el cuerpo.
Max… Seguro que es otro de sus aliados.
Nick miró hacia Judy, sabía perfectamente que ella entendería su mirada. Ella negó con la cabeza ligeramente como pudiendo entender lo que quería decirle.
- En fin. Basta de cháchara. –Deva colocó sus manos sobre la mesa. –Señorita Geller, si eres tan amable, danos lo que te mandó su padre.
Nick miró hacia Claire, la cual seguía con la mirada perdida y emborronada.
No, joder, no podemos dejar que se salgan con la suya. No sé muy bien por qué buscan la Ciudad, pero viendo todo lo que están liando por encontrarla... No. Me niego.
- Yo, yo no… –Balbuceo Claire. Miró a Nick, nerviosa. –No sé de qué me estás hablando.
- Bueno, pensé que esto iría más rápido, la verdad. No me gusta que me hagan perder mi valioso tiempo. –La voz de Deva se endureció ligeramente. Chasqueó sus dedos. –Grayson, si eres tan amable.
- Encantado. –Dijo el tigre mientras alzaba su garra metálica y comenzaba a caminar en dirección a Claire.
A Nick se le erizó el cuello. –¡No! Ni se te ocurra acercarte a… –Nick no terminó su frase. Se quedó clavado en su sitio. Sus orejas se movieron en dirección al oeste. Judy hizo lo mismo.
Grayson arrugó la mirada. Endureció su rostro. –¿Qué es eso?
Un sonido parecía provenir del cielo. Una especie de zumbido, cada vez más cercano.
- ¿Grayson? ¿Qué ocurre? No será… –La tableta estalló en mil pedazos haciendo que la imagen de Deva desapareciera ipso facto tras un chisporroteo. Una extraña daga plateada la atravesó por completo, perforando en su camino una de las manos de Kate. La guepardo soltó un desgarrador grito de dolor.
¿Pero qué está pasando? ¿Será…?
Sus pensamientos se disolvieron cuando desde el cielo, inexplicablemente, apareció la figura del encapuchado saliendo de una especie de gran forma triangular emborronada y temblorosa. Cayó en picado en dirección al esbirro con ametralladora más cercano a Kate. Sin que éste pudiera reaccionar, le rajó la garganta utilizando una afilada espada.
Le agarró por la cabeza y rebotó en su pecho para impulsarse hasta otro esbirro, el que estaba más cerca, clavando esta vez su arma en el pecho de su objetivo. De un grácil salto, sacó su espada del cuerpo del esbirro, viró en el aire, cayó delante de la bolsa que contenía el orbe, la cogió y se impulsó hacia atrás.
Señaló con su espada a Grayson y se colocó en frente de Nick.
¡El encapuchado!
- ¡Ostia puta! –Dijo en voz alta Gabriel sin poder evitarlo. Todos se quedaron en shock ante aquello.
- ¡Cabrón, me has jodido mi preciosa mano! –La rabia de Kate salió propulsada de su boca. Sostuvo la mano como pudo mientras gotas de sangre caían sobre el asfalto.
- Maldito gilipollas… –Grayson bramó. –¡Fuego!
Los cuatro esbirros que quedaban vivos comenzaron a dispararle, aunque fue totalmente en vano. Ese misterioso campo de fuerza que había visto Nick en la fábrica volvió a surtir efecto. El enmascarado estaba totalmente inmóvil y ni una bala consiguió rozarle.
El zorro no perdió el tiempo y se acercó hasta Adam, le agarró del brazo levantándolo del suelo y miró hacía Judy. Ella le entendió enseguida. Corrieron en dirección a su furgoneta para resguardarse tras una de las puertas abiertas de la parte trasera.
Los tiros cesaron. Grayson estaba totalmente enfurecido. –Ya nos estamos cansando de ti, bastardo. ¿Quién diablos eres?
La misteriosa figura bajó lentamente su espada.
- Estáis tan obsesionados con controlarlo todo que el privaros de saber algo os hace perder los estribos.
La voz masculina del misterioso encapuchado sonó suave, tranquila y serena.
- ¿Pero qué narices, Nick? –Espetó Judy al zorro mientras le cogía del brazo. –¿Ese es el misterioso encapuchado?
Miraban con obscena curiosidad desde su posición, siguiendo sin asimilar nada de lo que estaban viviendo.
Los esbirros miraron sus ametralladoras confundidos. Uno miró hacia los dos cadáveres de sus compañeros muertos en el suelo y comenzaron a temblarle las piernas.
La máscara dorada del encapuchado refulgía bajo la luz de la luna. Se colocó su espada en la espalda con un movimiento rápido y suave.
- Esto no os pertenece. –Dijo alzando la bolsa que había cogido. Miró también hacia el grupo de Nick. –No os pertenece a ninguno de vosotros.
Sigo sin tener muy claro si está o no está de nuestro lado.
- Bueno, al menos esto nos confirma que no tienes nada que ver con el zopenco de Nick y su tropa. –Grayson gruñó.
- No tengo nada que ver con él. Ni con vosotros. –Movió su cabeza lentamente, observando la situación y a todos. –Soy el Eco. Y no permitiré que mancilléis lo sagrado.
¿El Eco?
Nick y Judy no perdían detalle. Adam seguía ahogado en su llanto, algo ajeno a la situación. No podía asimilar que acababa de ver la cabeza cortada de su padre. Gabriel le acariciaba el hombro sin saber bien que decirle o qué hacer. El chico observó a Claire, la cual también estaba en shock.
- Así que "el Eco" –Dijo con burla Grayson. –¿Qué te crees, que estás en una especie de película de superhéroes o algo así, capullo? –El tono de voz del tigre fue agriándose cada vez más.
- Abandonad vuestra empresa, os estoy dando la oportunidad de redimiros. –Se cruzó de brazos. –Os estoy dando la oportunidad de no faltar el respeto al recuerdo del Altísimo.
Nick miró a Judy con incredulidad, ella le devolvió el sentimiento.
No entiendo nada de nada.
Grayson sonrió. –Vaya. "El Altísimo". Interesante, pequeño enmascarado. Veo que has venido muy bien preparado, incluso saltando desde el cielo en una especie de nave invisible. O cometa. O torpedo. O lo que cojones quieras. ¿Pero sabes? No eres el único con unos cuantos ases bajo la manga.
El cuerpo del encapuchado se tensó, abriendo ligeramente sus brazos. Grayson, sin previo aviso, activó un pequeño dispositivo en su muñeca que provocó un destello de luz delante de él que alcanzó al enmascarado. Parecieron salir chispas de electricidad de su algo menudo cuerpo. El misterioso chico se tambaleó ligeramente.
Cayó al suelo sobre una de sus rodillas y no perdió el tiempo. De una de sus botas sacó un pequeño dispositivo y lo activó, lanzándolo delante suya. Una onda expansiva en forma de muro de viento se abalanzó hacia el grupo de Grayson. Los esbirros y Kate salieron volando hacia atrás con torpeza, cayendo colina abajo y por la escalera envueltos entre gritos y quejas. Grayson colocó sus enormes brazos en frente de su cara y se clavó en el suelo, aguantando la embestida estirando su cuerpo hacia adelante.
- ¡Conmigo no vas a poder hijo de puta! –Gritó con tanta fuerza que pareció romper la fuerza destructiva de la onda expansiva del dispositivo del enmascarado. El viento no le movía ni un ápice.
El encapuchado agitó ligeramente la cabeza al ver la situación, se giró y lanzó la mochila con el orbe hacia Nick.
- ¡Llévatelo de aquí! ¡Vamos! –Ordenó.
Nick cogió la mochila al vuelo casi de milagro y se quedó totalmente en shock, no sabía qué hacer. Miró la bolsa, y luego de nuevo al misterioso enmascarado. Se fijó en como la inquietante figura felina dorada de su máscara le observaba. –¡Vamos idiota! ¡Largaos de aquí!
Judy agarró la bolsa de las manos de Nick, la lanzó al interior de la furgoneta, cerró las puertas traseras y le agitó. –¡Vamos Nick! ¡Vámonos! –Miró al resto. –¡Subid, deprisa!
- ¡No lo permitiré! –Gritó Grayson desde su posición. Comenzó a andar hacia ellos. El efecto de la onda expansiva comenzaba a desaparecer. Estaba solo frente al enmascarado y lentamente empezó a ganar terreno. Se acercó corriendo hacia él. Sus enormes pisadas resonaban más que antes. Sacó su revólver y lo encañonó hacia el enmascarado.
El "Eco" pulsó un botón en su muñeca y se levantó del suelo. De su extraña armadura y vestimenta parecieron salir unas cuantas más chispas eléctricas. Agitó su cabeza.
Parece que lo que quiera que haya usado Grayson le ha estropeado la armadura. Mierda.
Cogió su espada con decisión y se dirigió hacia Grayson. El enorme tigre se agazapó con agilidad, estirando su pierna hacia adelante para conseguir desestabilizar al enmascarado. Éste saltó para esquivar la pierna de Grayson, pero no vio venir el enorme puño del tigre contra su cara. El sonido metálico de su máscara resquebrajándose preocupó a Nick.
- ¡Vejestorio, entra ya! ¡Vamos! –Gabriel agarró a Nick por los hombros, obligándole a entrar en la furgoneta.
Nick asintió con algo de dificultad. Se colocó rápidamente en su asiento y vio como Judy no perdió el tiempo arrancando el vehículo. El zorro observó por la ventana del copiloto como aquel misterioso "Eco" estaba ahora a dos metros de Grayson con su espada algo ensangrentada. Había logrado herir a Grayson en uno de sus enormes brazos.
El tigre parecía estar en éxtasis. Se acarició su herida y restregó su propia sangre por su rostro. Nick se estremeció ante aquello.
La furgoneta viró hacia la carretera de descenso del mirador y Nick pudo ver como Grayson comenzó a correr en dirección hacia ellos. –¡No os iréis de aquí! –Comenzó a disparar su revolver en dirección a la furgoneta, apuntando hacia las ruedas.
El encapuchado, que había perdido un trozo de su máscara tras el tremendo puñetazo del tigre, le dio una patada lateral en el costado tras un impulso desde el suelo. Las suelas de sus botas se iluminaron, provocándole más velocidad. Grayson tropezó, cayendo al suelo.
Nick pudo observar parte de la cara de aquel misterioso chico, que ahora le miraba fijamente. Su pupila dorada se fijó en él y asintió. –¡Huid! –Gritó en dirección a la furgoneta, que ya estaba a punto de descender colina abajo.
De repente, el sonido de un tiro asustó a Nick. Desde el suelo, Grayson había podido darle al encapuchado con su revólver. Aunque no pudo observar bien dónde le había dado porque ya se estaban marchando.
¡Joder! ¡No me jodas que se lo ha cargado!
Con un trastabillado derrape, Judy tomó la carretera en dirección a la ciudad. Pisó a fondo el acelerador sin si quiera mirar por el retrovisor. Cuando se quiso dar cuenta, se percató de que estaba casi hiperventilando.
- Tranquila, tranquila Judy. Céntrate. Vamos. –Nick le puso su mano sobre la rodilla, tratando de tranquilizarla.
- Sí, sí. Tienes razón. ¿Estáis todos bien? –Dijo, nerviosa, mirando hacia las tres personas que llevaba detrás. –Pues claro que no estáis bien, yo tampoco lo estoy. –Se auto contestó.
- Vamos, respira Judy. Respira. –Nick miró por su retrovisor, viendo cómo se alejaban a toda velocidad de la zona. –¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Dónde vamos? –La voz de Nick sonó perdida y sin rumbo. Como el sentimiento general de todos.
Judy cerró sus ojos durante unos instantes. Agarró con firmeza el volante. Asintió –Creo… Creo que sé dónde podemos resguardarnos. O eso espero. No tardaremos mucho en llegar desde aquí. Una hora como mucho.
Nick tragó saliva y asintió. –Tenemos que desaparecer y asimilar todo esto.
La coneja asintió y se fijó en la carretera. –Mucho que asimilar, desde luego. –Guardó silencio.
El zorro perdió la vista y la noción del tiempo en el cielo desértico estrellado, sin poder dejar de darle vueltas la cabeza a todo.
Adam… Claire… Gabriel… Judy. Lo siento. Lo siento tanto…
