Unos minutos después, Meiling todavía no había conseguido que su primo hablara o se moviera.

Él seguía mirando fijamente el cuerpo de Sakura.

-Syaoran... ¿por qué no reaccionas? ¿es que no te importa que haya muerto?-.

Syaoran no contestó.

Meiling lo golpeó en la cara con rabia.

-¡Qué te pasa!¡Tienes que decirme algo!- chilló.

De repente vio que en el rostro de Syaoran aparecía una media sonrisa.

-Ha funcionado- murmuró el chico.

-¿Qué?- preguntó Meiling, extrañada.

Se giró para mirar a Sakura y vio que su gran herida se estaba cerrando lentamente.

Meiling se quedó paralizada sin poder hablar mientras veía la herida cerrándose.

Syaoran se acercó a Sakura y soltó las ataduras de sus manos y de sus piernas.

-Ella... no puede ser... ¿al final la convenciste para que bebiera tu sangre?-.

-No, fue imposible. Pero conseguí que la tomara sin enterarse- respondió Syaoran en voz baja.

Meiling abrió mucho los ojos.

-¿Que hiciste el qué?- gritó ella.

-Estas últimas semanas estuve haciendo sus comidas... siempre ponía un poco de mi sangre en ellas, y en el agua que bebía también. Además, mientras dormía, a veces conseguía abrirle un poco la boca y dejar algunas gotas de mi sangre en su lengua. Le gusta tanto el sabor que se la tomaba sin darse cuenta-.

-Va a odiarte cuando despierte- contestó Meiling con voz dura.

Syaoran la miró, sonriendo.

-No lo hará, conseguiré que sea feliz siendo una vampira. Seguro que se alegra de no haber muerto-.

-Ella odiará ser vampira... ¿has pensando en lo que hará cuando vea en lo que se ha convertido? seguro que en cuanto salga el sol saldrá para que la luz la destruya-.

El chico frunció el ceño y apretó los puños.

-No permitiré que haga eso- gruñó, alterado.

Meiling resopló y abrazó a su primo.

-Espero que no te hayas equivocado... me voy con Tomoyo y con el pequeño, cuando ella despierte avísame. Seguramente intentará devorar a Tomoyo en cuanto la huela-.

Dicho esto, salió de la habitación a toda velocidad.

Cuando la herida de Sakura estaba totalmente cerrada, Syaoran la cogió en brazos y la llevó al baño.

Le quitó la ropa y lavó su cuerpo, quitando todo el sudor y la sangre.

La vistió con ropa de Meiling y la llevó a su cuarto, dejándola en su cama.

Se tumbó junto a ella y suspiró mientras la miraba.

-En unas horas despertarás... y volveremos a estar juntos, esta vez para siempre- murmuró mientras apartaba el pelo de su cara.

Poco a poco las cicatrices de Sakura se iban difuminando, y las oscuras ojeras bajo sus ojos estaban desapareciendo.

También su piel estaba cambiando, volviéndose mucho más pálida.


Tomoyo escuchaba con los ojos abiertos como platos lo que le contaba Meiling mientras le daba un biberón al bebé.

-¿En serio?¿Va a ser una vampira?-.

-Sí... y no sé cómo se lo va a tomar cuando despierte y vea lo que Syaoran le ha hecho- gruñó Meiling entre dientes.

Alargó sus brazos y cogió al pequeño.

Parecía un bebé de tres meses, tenía el pelo castaño como Sakura y sus ojos eran verdes... pero aparte de eso se parecía muchísimo a su primo cuando nació.

-¿Durante cuánto tiempo comerá alimentos humanos?- preguntó Tomoyo.

-No mucho, al año ya solo aceptará sangre- respondió Meiling, que seguía observando al bebé.

-Es muy tranquilo, no ha llorado ni una vez- dijo Tomoyo en voz baja

Meiling la miró a los ojos y sonrió.

-Este no es un bebé como los que tú conoces, Tomoyo... es inmortal y va a crecer muy deprisa, seguramente mucho más que Syaoran y yo. En pocos meses tendrá la apariencia de un niño de dos años, ya lo verás-.

Tomoyo pestañeó varias veces, confundida.

-Va a ser muy raro verlo crecer tan rápido- contestó.

Meiling miró al bebé, adentrándose en sus ojos verdes.

-Además... es mucho más inteligente que un bebé humano. Seguramente entiende todo lo que está pasando y sabe que le ha estado haciendo daño a su madre, pero al ser tan grande no lo podía evitar-.

Tomoyo se estremeció.

-Eso da bastante miedo- susurró, intentando controlar los escalofríos que bajaban por su espalda.

Meiling resopló.

-Miedo va a dar lo que pasará cuando Sakura despierte. Vamos, ayúdame a cerrar todas las ventanas. Ya mismo va a amanecer- respondió mientras se levantaba.


Syaoran seguía tumbado al lado de Sakura, observándola.

Ya no había ni rastro de ninguna de sus heridas o cicatrices, lo que significaba que pronto se despertaría.

Vio que el dedo menique de su mano izquierda empezaba a moverse, por lo que se colocó encima de ella para atraparla y que no pudiera escapar.

La siguió observando y sonrió cuando la vio apretar los ojos.

Sakura empezó a respirar algo agitada.

-Tranquila, estás conmigo. Todo va bien- susurró Syaoran en su oreja.

Finalmente, ella abrió sus nuevos ojos rojos y miró fijamente a Syaoran.

-Syaoran...- susurró casi sin voz.

-¿Cómo te sientes?- le preguntó el chico.

Sakura pestañeó varias veces y observó al chico, bajando la vista a sus brazos.

Frunció el ceño cuando vio que la estaba sujetando.

-¿Por qué me sujetas?¿Qué ha pasado?¿Y el bebé?- preguntó un poco alterada.

Syaoran sonrió y le dio un beso rápido en los labios.

-El bebé está bien, lo tienen Tomoyo y Meiling. Es un niño-.

Sakura intentó incorporarse pero Syaoran se lo impidió.

-Ya vale, suéltame. Quiero ver mi barriga- gruñó ella.

Syaoran suspiró y soltó los brazos de Sakura, subiendo sus manos hasta el rostro de la chica.

-Lo siento... pero no puedo vivir sin ti. Tuve que hacerlo- murmuró en voz baja.

Sakura abrió mucho los ojos y empezó a respirar muy rápido.

-¿Qué has hecho?- preguntó, casi gritando.

-Justo lo que estás pensando- contestó él.

Sakura se revolvió intentando librarse de Syaoran pero no pudo.

-¡Suéltame! Quiero verme- gruñó, enfadada.

Syaoran la levantó de la cama y se acercó con ella al espejo de su cuarto, dejándola de pie delante de él pero sin dejar de agarrarla por la cintura.

Sakura contuvo la respiración al verse.

Una chica idéntica a ella, pero más pálida y con unos ojos rojos como la sangre le devolvía la mirada desde el espejo.

Syaoran le levantó un poco la camiseta que llevaba puesta para que viera su barriga, que ahora estaba totalmente lisa y no había ni rastro de la herida.

Ella había dejado de respirar y se observaba en silencio, atónita y totalmente congelada.

Syaoran la abrazó desde atrás.

-Prometo que te ayudaré en todo, no dejaré que hagas daño a ningún humano y te enseñaré a controlar tus impulsos. Todo irá bien, confía en mí- dijo él mientras observaba el reflejo de ella.

-Como has podido...- murmuró Sakura entre dientes, todavía no podía creer que fuera una vampira.

Cerró los ojos y empezó a llorar.

-Es mejor que no llores a partir de ahora-.

Sakura se secó las lágrimas y volvió a abrir los ojos.

Se asustó al ver que tenía las mejillas llenas de sangre y sus manos también estaban manchadas.

-¿Qué es esto?-.

-El único líquido que tenemos los vampiros en el cuerpo es sangre... así que cuando lloramos, nuestras lágrimas son de sangre. Por eso es casi imposible ver a un vampiro llorar, es una mierda porque lo manchas todo y encima te deshidratas y te dan ganas de comer- respondió Syaoran en voz baja.

Otra lágrima salió de uno de los ojos de Sakura, era muy oscura.

Syaoran soltó a Sakura unos segundos y volvió con una pequeña toalla, limpiando su cara y sus manos.

-Te quiero demasiado como para dejar que mueras por algo que fue error mío-.

-Fue error de los dos- gruñó ella.

-Yo no debí dejar que esto pasara, Sakura. Verte morir ha sido muy difícil, no estaba del todo seguro de si quedaría algo de mi sangre dentro de ti-.

Sakura suspiró, aún se sentía muy confundida.

-¿Cómo...- empezó Sakura, pero se quedó en silencio.

Syaoran sonrió de forma traviesa.

-Te la echaba en la comida y en la bebida, incluso te daba unas gotas mientras dormías. No te enteraste de nada, ¿eh?- dijo con voz divertida.

Sakura bufó y dio media vuelta para mirar a Syaoran a los ojos.

-No tenías derecho a hacerme esto-.

Él levantó una ceja.

-¿No te alegras de seguir viva?-.

Sakura frunció el ceño y lo miró fijamente unos segundos.

Al final suspiró.

-Supongo que en parte me gusta poder volver a verte y abrazarte, pero... ahora soy un monstruo- respondió en voz baja mientras abrazaba a Syaoran.

Él correspondió a su abrazo, apretándola más fuerte.

-No, serás igual que siempre. Lo único que voy a echar de menos son tus ojos verdes, pero siguen siendo bonitos-.

Ella levantó la cabeza para mirarlo.

-¿Y mi olor?- preguntó ella.

Syaoran hizo una mueca.

-Me gustaba pero también me daba ganas de matarte... así que no, no echaré de menos tu olor. Además...hueles bien- murmuró mientras dejaba varios besos en su cuello.

Sakura sintió que el deseo la dominaba completamente y trató de abalanzarse sobre Syaoran.

El chico se rió y la estrujó más entre sus brazos.

-Tendrás que aprender a controlar tus impulsos, Sakura. Si no podrías intentar violarme delante de todos- dijo mientras seguía besando su cuello.

Ella resopló y dejó de removerse, quedándose quieta.

Syaoran se apartó de su cuello y la miró con incredulidad.

-¿En serio has sido capaz de parar?- preguntó, asombrado.

Sakura se encogió de hombros.

-Pues claro... ¿no debería poder?-.

Syaoran frunció el ceño.

-No, los vampiros normales tardan años en aprender a dominar sus impulsos. A ver, intenta controlarte- dijo antes de besarla profundamente.

Sakura sintió de nuevo una oleada de deseo invadiendo todo su ser pero se esforzó en no dejarse llevar y respondió a su beso sin intentar arrancarle la ropa.

Syaoran siguió besándola con mucha pasión unos minutos y se separó de ella, muy sonriente.

-Realmente eres increíble... eras una humana muy especial y vas a ser una vampira muy especial- murmuró, impresionado.

-A lo mejor es porque estoy tan convencida de que no quiero ser un monstruo que consigo ser capaz de controlarme-.

Syaoran se quedó pensativo unos segundos.

-Vamos a probar algo... voy a decirle a Tomoyo que venga- dijo, caminando hacia la puerta del cuarto para abrirla.

Sakura se quedó petrificada.

-¡No!¡Por favor, no quiero intentar hacerle daño a mi amiga!- gritó, asustada.

Ya con la mano en el picaporte, Syaoran se detuvo y la miró con cariño.

-No le harás nada, yo te sujetaré. Deja de respirar- añadió antes de abrir la puerta.

Sakura detuvo su respiración y miró a Syaoran con los ojos llenos de miedo.

El chico llamó a su prima y a Meiling y volvió a su lado, colocándose detrás de ella y sujetándola de los brazos.

-Inspira, Sakura- susurró en su oreja.

Ella cogió aire y notó algo tan delicioso que se le nubló la vista y dejó de pensar por un momento.

Gruñó y trató de zafarse del agarre de Syaoran.

-Así es como huele la sangre de los humanos- le dijo él.

Sakura se quedó quieta en cuanto escuchó sus palabras.

-¿Ese es el olor de Tomoyo?- preguntó, confundida.

-Sí, ese es su olor-.

Escucharon unos pasos por las escaleras y unos segundos después entró Meiling con cara de pocos amigos.

-Estás loco, primo- gruñó mirando a Syaoran.

Él sonrió de forma traviesa.

-Vas a alucinar con Sakura, puede controlarse-.

Su prima soltó un bufido.

-Eso ya lo veremos- respondió, mirando hacia la puerta.

Tomoyo entró con un bulto entre sus brazos.

Sakura volvió a dejar de respirar en cuanto la vio.

-Sakura...- murmuró Tomoyo, con lágrimas en los ojos.

Ella sonrió levemente al ver a su amiga, pero seguía sin atreverse a respirar.

-Coge aire, Sakura. Veamos lo que pasa- susurró Syaoran.

Ella negó con la cabeza.

-No te soltaré, Tomoyo está a salvo. Vamos, respira y trata de no atacarla- añadió el vampiro.

Sakura cerró los ojos y empezó a inspirar lentamente.