Hola chicas!

Pues que crceeeeeen?. Les traigo un mini capítulo! Pero sé que lo esperaban, por eso es pequeñito jajaja.

Espero les guste!

Gracias por leer y compartir.

Cuídense mucho, mucho!

Bendiciones, saludos y prosperidad para todas! o todos!

Moon

Capítulo 18

Narra Candy

Fijé mis ojos en el perfecto azul de los suyos. Y sin más preámbulo lo abracé, lo aprisioné entre mis brazos con tanta fuerza sin imaginar si quiera que lo dañaba o no. A los pocos segundos sentí su calidez envolviéndome y el tacto de sus dedos acariciando mis rizos. Quería inundarme de su olor para siempre…

Pero él nos separó. Tomó mi rostro lloroso y tras acunarlo, me preguntó con esa grave pero dulce voz que ahora me tranquilizaba.

—¿Qué sucede Candice..?

—Lo sé todo…

Su mirada cambió en ese segundo y su cuerpo se tensó.

Entonces terminé de comprender todo.

Este bello ser no sabía cómo reaccionar ante mi revelación, pues me he encargado de hacerlo sentir inseguro del amor que juro profesarle. Así que volví a clavar mi rostro en su pecho y me anclé a su espalda de nuevo.

—Perdóname Albert… he sido muy dura contigo y siempre has estado para mi aun sin que me diera cuenta.

Los músculos de su espalda fueron relajados de inmediato, y la unión de nuestros cuerpos se fundió más.

Su voz era el bálsamo que por años necesité.

—Ya no llores preciosa…Los dos hemos sufrido lo indecible, cada uno a su manera.—Acarició mi cabello al consolarme—. Lamento que no te hayas enterado por mi. Pretendía hacerlo pero…

—Sé que no te lo puse fácil estas semanas. Y que hace años también rompí el momento.

—Siempre te he amado Candy… desde la primera vez que te vi cuando eras una pequeña niña traviesa. En ese momento no sabía con exactitud cómo definirlo pues yo aun era menor; pero esta necesidad de verte, de escuchar tu risa y saber que te encontrabas con bien fue creciendo día con día hasta desbordar mi pecho y convertirse en amor. No puedo decir que "desearía cambiar el pasado", pues creo que si el destino acomodó todo de esta trágica manera es porque así debía de suceder. Pese a todo lo pasado hoy puedo tenerte frente a mi.

Alrededor de nosotros comenzaba a caer la noche. Estábamos un poco lejos de la entrada iluminada de la villa, así que solo nos cobijaba su contraluz junto con las pequeñas luciérnagas que refulgían inquietas entre nosotros., y aunque la temperatura comenzaba a descender, mi corazón se sentía templado e inquieto.

Pronto sentí como sus manos cálidas se colocaban sobre mi cintura, rodeándola, acariciándola con cautela.

Fijó de forma suave su frente a la mía. La punta de su nariz me rosaba por momentos provocando el temblor interno de mi cuerpo.

Me obligué a cerrar los ojos.

—Candy… —El choque lento de cada silaba prácticamente sobre mis labios me erizó la piel. Su aliento me provocaba y alteraba los sentidos.

—¿Sí…?. —Respondí casi imperceptible.

Su voz se volvió casi un susurro. Un varonil y erótico murmullo lento.

—No puedo besarte… —El contacto entre nuestros labios era casi palpable, pues me hablaba dejando aleteos entre nuestra piel.

—¿No…?. ¿Por qué...? —Solté desilusionada, pues lo deseaba con el alma.

—No me has dicho que me amas….

—Yo te a…

Sin dejarme terminar tomó mis labios, acercándome a su cuerpo en un abrazo tan implacable como sutil, fundiéndonos en un beso esperado por años. Estaba segura de que podía escuchar mi desbocado corazón, así como yo lo hacía con el suyo .

Una de sus manos se colocó entre mi cuello y la nuca. La otra oscilaba grácilmente entre mi talle y la espalda, quien por instinto se arqueó para dejarse hacer por ese hombre que me estaba torturando con gozo y de manera lenta, suntuosa. Nos estábamos reconociendo en este lenguaje tácito y corporal. Sus labios suaves acariciaron los míos sin premura incontables veces, explorándolos, mordisqueándolos seductoramente, reclamándolos como suyos; mientras por mi cuerpo subía un calor que jamás había sentido.

Este hombre era uno que nunca conocí. Un aura quemante emanaba de su ser con cada roce por el que me dejaba envolver. Lo sentía en el calor de su aliento incitante.

Mi inexperiencia no importaba pues mi cuerpo reaccionaba al toque del suyo. ¡Dios! con un beso lento me estaba llevando al mismo cielo o el infierno, pues estas brazas parecían estar despertando el deseo de la mujer.

Cuando abandonó mis labios me sentí desesperada, más comenzó a descender hasta llegar a mi cuello. Lo flexioné en un instante para permitir el contacto. Mis manos que ahora lo rodeaban jugaban con los suaves cabellos sobre su nuca.

La sensación de ser besada de esa manera y provocar las reacciones de este hombre me hacían sentir llena, desbordante, poderosa y explosiva.

Debería de haber parado esto hace mucho, pero poco me importó, pues la humedad entre mis piernas y esa sensación punzante tan nueva era embriagadora. Enloquecedora.

Quería más, mucho más.

Nuestros latidos eran presurosos, pero estábamos disfrutando del momento de una forma tan pausada y sosegada que aunque me estaba volviendo loca de placer, lo disfrutaba. Sus roncos jadeos varoniles me hacían sonreír en silencio, complacida, pues él se encontraba igual que yo.

Volvió a subir por mi cuello dejando un sutil rastro húmedo de sus besos sobre la piel.

Volvió a mis labios.

Mis cabellos sueltos ondeaban ligeramente y la mano en mi nuca me reclamaba de nuevo. Me acariciaba, me acercaba y alejaba a su entero goce. Me estaba dejando seducir a fuego lento entre sus manos. Moldeándome a base de fuego y lava.

Mis labios se sentían hinchados al igual que los suyos. Pero en lugar de molestarme me excitó más, ya que todo era más sensible.

Pronto sentí su lengua suplicando por explorar mi boca. Cuando lo hice, comenzó despacio a recorrer la mía en un trance tan íntimo, que danzaban como si esto hubiese ocurrido mil veces ya.

Nos pertenecíamos.

Nos deseábamos.

Sus manos bajaron hasta mi cadera y la firmeza de su apoyo me provocó haciendo que pegara mi cuerpo por completo al suyo, como si quisiera fundirme en él. En respuesta el beso se intensificó.

Se volvió húmedo y demandante.

Erótico y sexual.

Adictivo y peligroso.

No había palabras, solo acciones.

Soy una dama, pero que dama puede resistirse a las manos del hombre que ama bajando por su "derrière" mientras es aprisionada entre sus besos.

Los sonidos de su excitación en mi oído solo incrementaban el deseo, la humedad, el apego hacia su cuerpo firme, varonil.

El experimentar cómo sentía "aquella parte" entre sus manos mientras mordía mi labio y jalaba de él, hizo que un jadeó de instintivo placer saliera de mis labios.

Esto se estaba saliendo de control, pero ninguno de los dos pensaba, pues nuestros cuerpos decidieron callar todo buen y decoroso juicio.

Su respiración ya no era pausada, no. Era apresurada, desacompasada y deliciosa.

Sin dudarlo sería su mujer si me lo pidiera en este instante. Y él… él quería lo mismo yo pues su cuerpo lo delataba.

Lamentablemente no pudo ser.

Nos separamos abruptamente cuando escuchamos la voz de George acercándose.

—Perdóname Candy… yo.. no debí…Este es nuestro primer beso y no supe controlarme, no quiero que pienses que… —Reparó en lo que hacíamos con pena.

—Que quieres hacerme tuya… —Sonreí—. No pidas perdón de algo que yo también deseo Albert. —Le cerré un ojo aun con la respiración agitada.

Evidentemente lo dejé con la boca abierta. Es más, yo misma estaba asombrada por mi osadía. Pero era la verdad.

Tratamos de recomponernos lo más rápido posible. Cuando sucedió George apareció frente a nosotros, que ahora estábamos abrazados inocentemente, recargados en el automóvil.

La expresión del moreno fue de legítima alegría.—Quiero imaginar solo eso. Pues sería muy bochornoso pensar que pudo darse cuenta de nuestro beso arrebatado.

—Veo que por fin son novios. Me alegro por ustedes. Ya es hora de cenar. ¿Se unirá con nosotros señorita Candy…?.

—Por supuesto George. Muchas gracias.

Continuará…