¡Hola a todos de regreso! Qué alegría verlos por aquí, e instálate, que se viene uno intenso.

Ok, siendo sincera, creo que esta historia ha crecido mucho a lo largo de los años. Y me ha visto crecer a mí, que comencé a escribirla cuando era una adolescente que no tenía idea de cómo planear una historia más allá de tener una idea de lo que quería que pasara, de a qué clase de dramas quería exponer a los personajes. Y sí, con el tiempo esas cosas comienzan a cambiar. ¿Que si tengo una visión todavía de hacia dónde quiero llevar esto? Claro, el final siempre ha estado pero si grabado con hierro ardiente en mi memoria. Ahora, sé que mi estilo de escritura ha cambiado, y la manera en la que abordo a los personajes también. Eso no significa que lo que estoy publicando últimamente no tenga nada que ver con lo que en un momento se tenía planeado, pero sí te pido que no desesperes, que el enfoque no ha cambiado de dirección. El hecho de que haya escrito tantos flashbacks tiene que ver más con explicar los hechos tal y como sucedieron, más allá de la memoria oral (originalmente la mayoría de esto se contaba en diálogos), Y sé que todo parece muy enredado ahorita, pero créeme que todo tendrá sentido en su momento. (Y también amigo lector mío, estamos hablando de una historia basada en Inception, ¿Qué más esperabas?)

Este capítulo está dividido en tres partes. Para la parte de enmedio, después del primer "-o-", te recomiendo escuchar una canción. Lo sé, lo sé; no puedo creer que estés escribiendo este tipo de fic, pero si tu historia es una de esas largas, no eres una puberta para estar recomendando canciones con tus capítulos. Lo sé. Pero, durante un largo tiempo, lo que se escribe aquí se vino cocinando cuando yo escuchaba esta canción, y creo que quedaría bonita. Y si eres de esas personas que no puede leer con música por que las letras de las canciones te distraen (como yo), te tengo una buenísima noticia: la canción está en francés, así que puedes leer y escuchar simultáneamente, sin problemas. Vamos, anímate a hacer el experimento; ya verás que lo vas a disfrutar. Y si no, siéntete libre de dejarme un comentario quejándote, también.

Se llama: La sentence - Camille Lou - 1789 les Amants de la Bastille

Le puedes poner "1789 la sentence" y te sale, es un álbum con fondo rojo.

Espero te guste. ¡A leer!


SENTENCIA

Vanessa.

Llamaron a la puerta. Yo, en medio de la investigación de un caso. Levanté la vista, esperando que el intruso se anunciara.

—Vanessa, abre. Soy Arthur.

Me puse de pie en un segundo.

—Tengo algo que decirte —insistió.

Pestañeé, ligeramente petrificada. Miré a la mesa a mi lado, en donde los expedientes de mi siguiente investigación yacían esparcidos y desarreglados. Miré luego el estado de la cocina, esperando que no estuviese tan desarreglada. Como si importara.

Le abrí la puerta, solo un poco, y la expresión de su rostro era una que no le había visto antes. Los ojos cansados, el porte roto en una línea desaliñada de la espalda que marcaba rendición.

—¿Cómo entraste al edificio? —Fue lo primero que pregunté. Ni buenas tardes, ni cuánto tiempo. Directo a la sospecha, como siempre.

—Alguien que vive aquí llegó a la par que yo, y me dejó entrar.

No supe discernir qué tanto grado de verdad había en sus palabras, Que algún residente del complejo le había abierto tenía que ser cierto, pero algo en mí me decía que no era por completo una coincidencia. Posiblemente supuso que de llamar al intercomunicador para pedirme que abriera el portón, lo hubiese ignorado. Me limité a asentir, descendiendo la mirada por él. Vaya. No solo su expresión, pero él mismo parecía estar en un estado de agotamiento completo. ¿Por qué había venido a mí así, tan de imprevisto y poco presentable?

—¿Me vas a decir por qué viniste? —mi tono al hablar resultó más seco de lo que deseaba, y lo que dijo a continuación me hizo perder la fuerza de las piernas a tal grado, que creí que caería al piso.

Mal había muerto. El resto de su discurso lo escuché a medias, como detrás de un cristal grueso. La imagen de él se me distorsionaba, y su voz también. No me di cuenta de lo aterrado que se había pintado mi rostro hasta que él mismo lo mencionó.

—¿Necesitas ayuda?

Me di cuenta de que me encontraba con la mirada perdida, y el cuerpo recargado en la pared, apenas sostenido. Mi respiración era muy tenue, y como cereza del pastel, el mundo empezó a dar vueltas. Algo que sí sentí, sin embargo, fue la fuerza de su mano, que me sostuvo antes de terminar de dar de lleno contra la loza.

-o-

Bebe, bebe tu pasado. Bebe hasta que no te queden lágrimas; bebe hasta que estés agotado. Eames era bueno bebiendo. Podía resistir varias copas sin siquiera ponerse alegre, o mareado. Tenía una conversación impactante. Leía a todo el mundo a su alrededor en cuestión, en minutos, para saber cómo dirigirse a ellos. No me sorprendía que fuese uno de los mejores en lo que hacía. Hubiera pagado cualquier día por verlo jugar una buena partida de póker.

Compartir el tiempo con él era una cosa sencilla, y me decía que eso era porque él era una de esas gentes diseñadas para agradar a los demás, que la sonrisa confiada y el tono de voz era una cosa prehecha, para lograr de los demás lo que a él se le antojase. Me recordaba un poco a Sebastian en ese aspecto, sin embargo, había algo diferente en el fondo de su presentación. Un tono genuino, una sinceridad que sabía jugar a la perfección, a pesar de no dejar saber ni ver nada demasiado personal sobre sí mismo. Y en esa calidad que le percibía yo me refugiaba, cada cuánto. Hablando de todo y de nada, se nos iban las horas un poco, y al llegar a la casa, me sorprendí a mí misma deseando que me tomase por alguien más cercana, varias veces. O por alguien qué desease, al menos. ¿Cuál es tu preferencia, Eames? ¿Qué te atrae? Hasta para eso era difícil de leer. ¿Estás haciendo tu trabajo, o solo eres un buen amigo?

Lo único que sé es que, por algún motivo, en un esfuerzo por no soltarme al llanto aquella noche fatídica, le llamé por teléfono. Él respondió más rápido de lo que esperaba. Tal vez era que tenía o el teléfono en la mano, tal vez era porque estaba preocupado de que hubiera hecho algo estúpido. Como fuese, se hizo presente al lugar en el que le di cita, y lo primero que hizo fue invitarme una copa. Me negué, y él no refutó. La cosa que yo quería era diferente, y sencilla. No pude soportarlo demasiado. Quería olvidar, y no podía permitirme embriagarme para eso, o rendirme a la anestesia que los narcóticos proporcionan. Entre la música estridente y la seguridad que aporta el anonimato, lo tomé del rostro. Sólo eso. Él hizo el resto, acercándome a sí con una fuerza que yo moría por sentir. Nuestros labios de juntaron, se fusionaron, se besaron. Sus manos grandes parecían abarcarme toda, mientras yo escondía mis miedos en lo que alcanzaba a tomar de su camisa. Hazme, deshazme. Estará bien, al cabo que es lo que busco.

Bebe, bebe en mí. Bebe como yo lo deseo. Bébeme en silencio, bébeme a oscuras. Bébeme hasta que olvide mi nombre, y el tuyo, que vergüenza tengo de haberte arrastrado conmigo hasta este lugar recóndito, en donde mis cicatrices estás expuestas. Bébeme, Dios maldito, Dios andante. Dios que andas en la tierra, caminando entre los que estamos condenados, entre los que no tenemos perdón. Bébeme, como ángel caído, y disfruta de tu condena por entregarte a las pasiones entre la calidez de mis carnes. Bébeme, que soy toda piel, que esta coraza ha quedado vacía en latigazos y puñaladas. Bébeme. Bebe.

Tenía su lengua en posesión de la mía. Tenía su cuello aprisionado con una mano, y con la otra su cabello. Él me tenía la espalda doblada, apenas respirando, en una concentración tal que se nos olvidó por un momento en dónde estábamos, hasta que una persona cualquiera se atrevió a chocar con nosotros. El momento de distracción que surgió de eso, aunque fuera por menos de un segundo, fue suficiente para darnos cuenta del error que estaba cometiendo. Me escurrí de entre sus brazos, lo empujé ligeramente, casi con miedo, como temiendo no tener la voluntad suficiente para realizar el gesto. Él quiso seguirme, pero negué una sola vez, en silencio. Él me miró, y leí su deseo. Sus ojos me pedían que volviera a sus brazos, aunque fuese un instante, pero yo solo me llevé la mano a la frente, en evidente frustración. Me di la vuelta, y me dispuse a perderme entre la gente, para volver a casa.

Sebastian tenía razón, solo sabía tomar malas decisiones, y mis impulsos terminarían por destruirme. Todos mis deseos se vengan. Todo lo que me ata, me deshace. No podía permitirme liberarme de un timador para buscarme a otro.

-o-

Volví a la razón sobre el sofá, recostada sobre su regazo. Observé la línea de su mentón, que se encontraba manchada de una ligera barba creciente. Sonreí. Quise tocarla. Levanté mi mano, ligeramente, con esa intención, y él se dio cuenta de que había despertado.

—No... No quería que fuera así. Quería que fuera algo con más tacto, pero parecía que querías que me fuera lo más rápido posible...

Yo negué con la cabeza, cerrando los ojos de manera dolorosa.

—No; bueno, sí... No sé —mi voz salió ronca, y solo de hablar, mi mente me llevó al motivo por el que había perdido el equilibrio en primer lugar. Me levanté, y lo miré desde mi nueva posición, tornando el cuello para comprobar en sus ojos que sus palabras habían sido verdad. Al primer choque, no tuve duda.

Las lágrimas salieron agrias, y todo lo que salía de mi garganta solo se convertía en sollozos. Quería hablarle, comunicarle que se largara y que me dejara sola con mi duelo, pero no salió de mí una sola sílaba coherente. Y supongo mi intención tuvo el efecto contrario, porque a continuación lo que sentí fue un par de manos cálidas sobre mis hombros. Mi respiración se cortó.

Esperaba que él hablara, que me sugiriese algo. Que me dijese que todo iría bien, pero quizá ni él creía eso. En cambio, me acercó a él, y me sostuvo en sus brazos tan fuertemente como sentía que no lo había hecho nunca, y yo me aferré a sus manos, y después de un buen rato entre gemidos de dolor, pude comunicar mi primer pensamiento coherente:

—Te dije que no la dejáramos sola.

Él no dijo nada. Hombre de piedra. Hombre estoico. Y, para mi más grande pena, me temía que así sería siempre.


¿Por qué crees que él capitulo tenga este nombre? Además de por la canción, mi razonamiento es que la sentencia va sobre ella misma; que ella auguria mal porvenir a sí misma, sentenciada por sus malas decisiones. ¿Creen que tenía razón?

No olviden que espero sus comentarios. ¿Te gustó la idea de la canción? ¿La escuchaste? ¿Te diste cuenta que incorporé un párrafo medio raro por ahí? ¿Quieres saber qué dice la letra? Sus comentarios me dan ánimos para seguir escribiendo, para seguir publicando. Y no olvides que quiero conocerte, a ti, lector que permanece en el anonimato.

Ah, y por cierto; ¿Qué loco, los impulsos que le salen a uno cuando está desesperado, no?

Besos.