Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la historia.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC
Cap. 17
Quizás el embarazo de Sakura hacía que su mente le jugara malas pasadas. Pero Sakura no parecía estar fantaseando cuando dijo:
—Sí, lo estás.
—Sakura...
—Son hombres lobo, Hinata.
—No me tomes el pelo. Sé que creía en las historias de Chiyo sobre hombres lobo en las Highlands como si fueran el evangelio y que éstas me asustaban, pero ya no soy una niña. Y de verdad estoy preocupada por estas voces.
—No estoy bromeando. —Los ojos jade de Sakura reflejaron su frustración—. ¿Te he mentido alguna vez?
—No.
—No miento ahora. Hay una raza especial que vive entre los clanes aquí en las Highlands.
—Los Kage.
—Así es. Naruto te ha hablado sobre ellos.
—Sí.
—No te ha contado todo si no sabes que ellos son hombres lobo.
—Los hombres lobo son sólo un cuento. —Hinata le recordó a su hermana tercamente.
—No, no lo son. Son de verdad y Naruto es uno de ellos. Creo que es hora de que te cuente la historia de cómo llegué a casarme con Sasuke.
El asombro de Hinata creció cuando su hermana le contó la historia. Con cada segundo se daba cuenta de que Sakura creía en cada palabra que decía, y si ella creía en ellas era porque probablemente era cierto, lo cual significaba que las historias de Chiyo también. Los hombres lobo eran reales.
Si alguien más hubiera afirmado algo semejante, Hinata le habría exigido una prueba, pero esta era su hermana. La única persona en el mundo que siempre la había amado y nunca le había mentido. Además de su absoluta confianza en su hermana, Hinata no podía menos que notar como algunos detalles de la historia de su hermana daban sentido a cosas que la habían aturdido desde que conoció a Naruto.
—Cuando un hombre lobo encuentra a su auténtica compañera, algunos son capaces de comunicarse mentalmente entre ellos —dijo Sakura—. Sasuke y yo podemos hacerlo.
—Naruto me llamó su auténtica compañera, creía que se refería a que yo era su amiga.
Sakura no se rió, pero Hinata debería hacerlo. Qué estúpida había sido al malentender palabras que explicaban tanto.
—Los lobos se emparejan de por vida y su lobo se ha emparejado contigo —dijo Sakura con absoluta seguridad—. Si bien es raro que un Kage se empareje con un humano, eso puede pasar. Soy una prueba viviente de ello. La existencia de nuestra hija y mi actual estado son pruebas adicionales de que Sasuke y yo somos compañeros sagrados. No entiendo como llegué a ser tan bendecida, ni como tú has llegado a compartir esa bendición con Naruto, pero es posible.
Hinata recordó la mirada posesiva del lobo, tanto en el bosque como después de haber matado por ella, y se sintió mareada.
—Esto no puede ser verdad. —Aunque sus dudas eran más palabras que convencimiento.
—Lo es. Nunca te mentiría o bromearía sobre algo tan importante. Sabes eso.
Hinata recordó el modo en que la voz le había gritado cuando el jabalí había arremetido.
—¿Él puede dirigirse a mí de esa forma todo el tiempo o sólo en momentos de gran emoción?
—Sasuke me habla de esa forma todo el tiempo, al igual que yo. Ino y su marido también son verdaderos compañeros con ese don. Por lo que sé, es posible hablar de esa forma todo el tiempo para los compañeros sagrados bendecidos con la comunicación mental.
—¿Por qué no me lo dijo Naruto? —¿Por qué no usaría su capacidad para hablarle de un modo tan especial? ¿Cómo podía privarla del sonido de su voz cuando su mundo entero estaba lleno de silencio?
—No lo sé. Él tampoco me lo dijo nunca cuando estuve aquí como su prometida. Sasuke tampoco fue quien me confió sobre la verdadera naturaleza de los Kage. Lo hizo Ino.
—¿Pero por qué lo esconden?
Sakura le dio una aguda mirada.
—De entre toda la gente tú deberías saber la respuesta.
—Porque las diferencias a menudo son vistas como amenazas.
—Exactamente. Si sus secretos fueran descubiertos, es probable que los Kage fueran cazados y destruidos como animales. Sabes lo que te podría haber pasado si la gente hubiera sabido de tu sordera; ¿cuánto peor si descubrieran que alguien es capaz de convertirse en un lobo? Los Kage son guerreros fuertes, pero escasos en número en comparación con sus pares totalmente humanos.
—Eso no explica por qué Naruto no me lo dijo.
—No, no lo hace. Sé que los Kage protegen los secretos de su raza muy estrechamente. Si se descubre que ellos han traicionado el secreto, o a alguien a quien se lo han dicho es encontrado haciéndolo, la sentencia es la muerte.
—Pero tú me lo has dicho —dijo Hinata, preocupada por su hermana.
—Claro que lo hice. Eres mi hermana y estás emparejada con un guerrero Kage. No eres un riesgo para la seguridad de la raza.
—Claramente Naruto discrepa.
—Él no es un hombre que confíe fácilmente.
Si la amara, confiaría en ella, pero no era algo que Hinata le mencionaría a su hermana.
—Y yo le engañé.
—Sí. Pero deberías entender la necesidad de los Kage de guardar sus secretos, así como él debía haber entendido tu necesidad de esconder tu aflicción y no haberte juzgado poco fiable debido a eso.
—Él se enfada mucho cuando llamo a mi sordera una aflicción —dijo Hinata, dándose cuenta de que si no cambiaba de tema pronto, rompería en pena por las implicaciones de lo que acababa de descubrir.
—¿Lo hace?
—Sí. Dice que no es una aflicción, sólo una dolencia y no una grave por la forma en que he aprendido a compensarla.
—Puede ser un hombre astuto.
—Sí. —Era todo lo que Hinata pudo hacer para mantener su fachada de normalidad ante su hermana. Su corazón se marchitaba en su pecho ante todas las conclusiones por las que Naruto le había guardado el secreto de los Kage.
¿Por qué debía recibir semejantes golpes cada vez que pensaba haber encontrado la felicidad?
—¿Estás bien, hermana?
Por primera vez en su vida, Hinata le mintió a Sakura.
—Sí. Por supuesto.
—Me gustaría ser una mosca en la pared cuando le des la noticia a tu marido de que sabes todo sobre su lobo.
Hinata no pudo impedir hacer una mueca para enmascarar sus rasgos.
—Estará aliviado, créeme. El lobo de Sasuke necesita mi aceptación y amor tanto como su lado humano. Le encanta que le rasque detrás de las orejas; apuesto que a Naruto también.
Hinata forzó una risa y una sonrisa que engañaría incluso a su hermana. Mantuvo la fachada para su hermana y los Namikaze hasta el final de la comida de la noche cuando se excusó hasta el día siguiente.
Esa noche por primera vez, Hinata eludió hacer el amor con Naruto utilizando la excusa del cansancio. Lágrimas silenciosas cayeron por sus mejillas en la oscuridad mientras su marido dormía junto a ella entre las pieles.
Él la había engañado como ella se lo había hecho, pero aún así la había condenado cruelmente por guardar sus propios secretos. Naruto dudaba de su amor hacia él, pero lo que era más importante y claro es que nunca la amaría.
No sólo no era una highlander de nacimiento, sino que no era una Kage. Sakura había compartido el papel que su humanidad había jugado en que Sasuke aceptara sus sentimientos por ella. Y ese hombre estaba tan locamente enamorado como ningún otro hombre jamás en la historia del mundo.
¿Qué posibilidad tenía Hinata de vencer un prejuicio tan perceptible y profundamente arraigado en Naruto?
Él no tenía ningún deseo de compartir su especial herencia con ella de ninguna forma. El lobo, que según Sakura necesitaba del amor y aprobación de Hinata, se ocultaba de ella. Incluso aunque podrían compartir el íntimo vínculo de hablar en la mente del otro, Naruto se contenía de hacerlo con ella.
Y eso era quizás lo que más dolía. Naruto debía ser consciente de la devastación que había experimentado Hinata al perder el sonido en su vida. Tener la posibilidad de oír otra vez, sobre todo la voz de su marido, era el milagro más asombroso posible.
Pero él se lo negaba porque compartirlo con ella sería compartir sus secretos también. Significaría confiar en ella. Algo que nunca haría por una mujer nacida y criada en el país que odiaba. La agonía de ese conocimiento hirió el corazón ya maltratado de Hinata.
Sakura había expresado el deseo de estar allí cuando Hinata encarara a Naruto con la verdad.
Sólo que Hinata no estaba segura que tuviera alguna intención de hacerlo. No tenía deseo de hacerle decir en su cara por qué no la creía digna de saber la verdad. Tampoco quería arriesgarse a que Sakura se involucrara en el problema con otro Kage. Sin duda Sasuke la protegería, después de todo Sasuke Uchiha amaba a su esposa, pero Hinata no quería arriesgarse a causarle a su hermana la pena más leve ahora que se marchaba.
Sakura nunca había hecho nada más que protegerla y animarla. Ella merecía lo mismo a cambio.
Al día siguiente, Hinata dejó su "cama" antes de que Naruto despertara, no tenía deseo de hablarle a su marido mientras su mente y emociones se encontraran en semejante confusión.
No sabía si podría perdonarle por negarle el sonido de su voz cuando él tenía el poder de entregarle semejante don.
Sus pensamientos eran un caos y no prestaba la usual atención mientras bajaba la estrecha escalera. Su pie aterrizó contra el peldaño, pero algo rodó bajo su zapato. Perdiendo el equilibrio, tropezó hacia delante. Se agarró desesperadamente a la pared, pero la piedra lisa no le dio agarre.
El terror la embargó. Iba a caer. Incapaz de detener el impulso, hizo todo lo posible para lanzar su peso hacia la pared, en vez de al vacío, y agachó la cabeza, rodeándola con los brazos, esperando evitar un golpe fatal mientras seguía golpeándose entre volteretas.
Ella gritó el nombre de Naruto en su cabeza mientras aterrizaba con un golpe seco en la base de las escaleras que hizo que sus brazos se agitaran involuntariamente. Su cabeza chocó contra la pared y fue lo último que supo.
Hinata despertó sobre las pieles en su recámara debido a una voz insistente exigiendo su atención. Naruto se inclinaba sobre ella, su expresión era una de fiera preocupación. O así lo parecía. Ella ignoró la voz en su cabeza, siendo consciente que la estaba llamando. Ella apartó la cabeza.
Él tocó su oreja, diciéndole que quería decirle algo.
Ella rechazó mirarlo.
—Caí rodando por la escalera.
Él tiró de su barbilla, oh, tan suavemente, que no tuvo otra opción que encontrar su mirada.
—No te preocupes. No estoy enojado porque hayas bajado sola las escaleras.
Ella no necesitaba su condescendencia.
—No fue mi error. Había algo en las escaleras. Eso rodó bajo mis zapatos y perdí el equilibrio.
—No es necesario que inventes excusas. —Naruto sacudió la cabeza—. Sasuke tenía razón, aunque eso me duela admitirlo. La escalera no es segura para una familia. Haré instalar una barandilla.
Ella ignoró su consuelo por la cuestión más importante a mano.
—Había algo en la escalera. Lo sentí bajo mi zapato.
—No lo había. Te encontré momentos después de que cayeras y allí no había nada.
—¿Me encontraste?
—Hiruzen lo hizo, quizás un segundo o dos antes que yo, y a pesar de su bravuconería, estaba muy preocupado.
Naruto frunció el ceño y giró la cabeza para mirar a alguien detrás de él.
Haku soportó el ceño fruncido de su laird con ecuanimidad.
—Hiruzen ha demostrado una y otra vez que no acepta a nuestra nueva señora. Conoce su hábito de bajar las escaleras antes que cualquiera por la mañana. Él es el primero en ir al gran salón por lo general. Podría haber puesto fácilmente guijarros sobre los peldaños, haberlos limpiado antes de que llegaras y descubrieras el cuerpo caído de tu esposa.
A Hinata no le gustó la posibilidad de que alguien de su clan hubiera intentado herirla, pero sabía que algo había estado en la escalera. Antes de que pudiera decir algo, Zabuza hizo notar su presencia.
Su mirada era un calco de la ferocidad de la de Naruto cuando contempló a Haku.
—¿Te atreves a acusar al consejero de nuestro laird de un acto equivalente a traición? Él es un leal Kage.
—¿Y porque es un Kage, es intachable, pero porque yo soy un simple humano, mi opinión no cuenta para nada? ¿Aunque yo sea el senescal de este feudo y me preocupe profundamente por la seguridad de mi señora?
Una calma peligrosa cayó sobre Naruto y Zabuza indicando que algo de lo que Haku había dicho les hacía parecer más que furiosos. Eso los hacía peligrosos.
Hinata reflexionó en su mente las palabras de su amigo y el entendimiento clareó. Haku se había referido a sí mismo como humano, no como highlander, lo cual implicaba que sabía la verdadera diferencia entre los Kage y el resto del clan. Y ni Zabuza ni Naruto habían sabido que él era consciente de su naturaleza verdadera.
La mirada que le devolvió a los dos guerreros más grandes era sulfúrica.
—¿Creéis que estoy ciego? Vivo aquí con todos vosotros.
—Es suficiente —gruñó Naruto mirando de lado a Hinata.
La mirada de Haku se volvió una de desprecio.
—Por supuesto, mantén a tu esposa, tu compañera sagrada, en la oscuridad.
—Vete —ordenó Naruto.
—¡No! —gritó Hinata—. Él es mi amigo.
—¿Desobedeces mi orden? —preguntó Naruto peligrosamente.
—Me ocultas demasiadas cosas; no me alejarás de mi amigo más querido.
—¿Qué te oculto? —preguntó él, tan claramente seguro de que su secreto estaba a salvo que se mostró genuinamente confuso.
Esto sólo la hizo enojar más. Y como Sakura sabía, cuando Hinata se enfadaba, guardaba silencio, no gritaba.
—No vale la pena hablar sobre eso.
Él la contempló, claramente desconcertado.
—Hinata...
Ella lo fulminó con la mirada, tanto muda como sorda.
—Tengo deberes que atender —dijo Haku en una obvia oferta para finalizar el punto muerto entre su laird y señora—. Necesitáis descansar.
Hinata le sonrió agradecida por su preocupación. Luego le dio a Naruto y Zabuza su mirada significativa.
—No le haréis daño.
Zabuza se tambaleó hacia atrás como si lo hubieran golpeado.
—No lo haría. Él es mi... camarada de armas. Siempre lo protegeré.
Haku parecía tan convencido de eso como ella lo estaba del amor de Naruto, lo cual quería decir que no confiaba en él.
—¿Hinata, qué demonios pasa contigo? —demandó su marido.
—Quizás mi caída me ablandó el cerebro —dijo ella con sarcasmo puro.
Naruto realmente pareció aliviado por la explicación.
Haku y ella compartieron una mirada de puro entendimiento antes de que el soldado pelinegro dejara el cuarto.
—Descansaré —dijo Hinata, sin mirar ni a su marido, ni a su leal guerrero.
Él le acarició la mejilla como Sakura a menudo hacía para conseguir su atención. Ella dejó que su mirada cayera en él sólo porque sabía que si no lo hacía no se desharía de su presencia.
—Primero beberás un poco del té que hice preparar a Sâra del recetario de mi madre.
Con su suerte, el té estaría envenenado.
—No.
—Insisto.
— Sâra me odia. —Alguien había dejado guijarros, o algo, en la escalera. Si no era Hiruzen, entonces quizás fuera la viuda.
—No beberé o comeré nada que haga ella. Y no te molestes en mentirme y fingir que alguien más hizo las preparaciones por ella. Puedo leer un rostro tan bien como los labios y sabré que no eres honesto.
—Yo no mentiría —dijo Naruto, la cólera finalmente encendió su mirada.
Hinata rechazó dignificar su ridícula afirmación con una respuesta. Por supuesto que él mentiría. O al menos retendría la verdad.
Como ella no rompió el silencio entre ellos, Naruto se giró hacía Zabuza y le ordenó:—Haz que uno de los pinches de cocina prepare la tisana.
Zabuza regresó diez minutos más tarde con una copa humeante. Hinata no había hablado y había logrado ignorar a su marido por el oportuno y simple acto de cerrar los ojos.
Naruto fue paciente con su mal humor así como solícito a lo largo de ese día y el siguiente, pero Hinata mantuvo las distancias. El hecho de que tuviera el peor dolor de cabeza de su vida hacía fácil mantener su actitud irritada. Ni siquiera la constante insistencia de Hanna nunca había hecho que la cabeza le latiera así.
Haku venía a visitarla dos veces al día, pero nunca los dejaban solos siguiendo los dictados del decoro, pero no le gustó eso porque no era su virtud lo que Naruto, Zabuza y Shikamaru protegían, sino sus secretos.
La tercera mañana, Hinata insistió en acudir al gran salón para tomar los alimentos de la mañana con Naruto y los otros guerreros.
Sâra expresó su preocupación por la salud de Hinata, pero esta no estaba de humor para jugar a la familia feliz con la viuda después de su trato frío y su intento de minar la autoridad de Hinata entre los otros miembros del clan que servían en el torreón. Simplemente pretendió no notar a la mujer que le hablaba.
El rubor que cubrió las mejillas de Sâra le dijo a Hinata que la sirvienta sabía que no le había contestado a propósito, así que no intentó hablarle a la esposa de su laird otra vez.
—¿Qué fue todo eso? —preguntó Haku mientras Naruto y Shikamaru estaban ocupados planeando su día con los guerreros—. Creía que intentabais ganárosla.
—Me he rendido. —Aunque sea por el momento—. No tengo el humor para tratar con ella en este instante.
—Ella tenía la esperanza de terminar su condición de viudez con Naruto antes que llegara el edicto del rey.
Eso podía explicar la inicial frialdad de Sâra, pero no la justificaba.
—Me informó de que había sido el ama de llaves durante tres años. Si Naruto hubiera estado interesado, se lo habría demostrado antes.
—Sin duda. —Haku frunció el ceño, pareciendo triste y derrotado—. Ahora aspira a un guerrero diferente.
—¿Zabuza? —preguntó Hinata intuitivamente.
—Sí.
Hinata le apretó la mano en silenciosa conmiseración.
Los ojos de Haku se ensancharon y luego articuló un gracias antes de apretar su mano en respuesta.
Zabuza cruzó los brazos, llamando la atención de Hinata.
—Si vosotros dos habéis terminado de agarrarse las manos, quizás te gustaría atender tus deberes, senescal.
Por lo que parecía ella no era la única gruñona por allí esta mañana.
La expresión de Haku se hizo más hosca.
—Voy donde el herrero a comprobar el progreso de los utensilios que nuestro clan llevará para comerciar a la feria. ¿Quisieras venir?
—Sí. Quiero darle las gracias a Magnus por el utensilio de horticultura que hizo para mí.
Naruto le tocó la oreja y el gesto familiar combinado con la distancia que ella había creado entre ellos hizo que Hinata deseara algo diferente. Ella volvió la cabeza para estar frente a él.
Él deslizó una mirada de preocupación a Haku y ella.
—Quizás deberías descansar otro día. —Obviamente, todavía estaba preocupado porque el senescal contara sus secretos.
Si su preocupación hubiera sido por su salud, lo habría escuchado, pero como su preocupación se centraba en que Haku le contara lo que ella ya sabía, la hizo más decidida a acompañarle.
—Estoy magullada, no rota. El paseo me hará bien.
—¿Crees que se lo dirá? —preguntó Naruto a Zabuza.
—Él dijo que no lo haría. Nunca he sabido que Haku rompiera su palabra.
—Ni yo. —Pero no podía menos que preocuparse. Naruto debía ser el único que le contara a Hinata lo de su auténtica naturaleza Kage, pero había notado cuando se hizo claro que Haku sabía el secreto más grande de los Kage, que si Naruto no lo hacía pronto, ella podría averiguarlo por otra vía.
—¿Crees que su hermana se lo haya dicho? —preguntó Shikamaru.
—No es muy probable, ya que si lo hubiera hecho, Hinata me habría encarado con la verdad.
Zabuza resopló. —O Sakura lo habría hecho cuando se diera cuenta de que has mantenido a su querida hermana a oscuras sobre tu lobo.
—Ella nunca ha sido tímida para expresar lo que piensa.
—Recuerdo eso —dijo Shikamaru con una sonrisa.
—El clan entero recuerda el que me haya comparado con una cabra.
A medio camino al muro exterior, Hinata se aseguró que nadie estuviera cerca para preguntarle a Haku:—Le amas, ¿verdad?
Haku no preguntó a quién se refería ni intentó fingir no saber de lo qué estaba hablando. Simplemente dio un suspiro derrotado y dijo:—Sí.
—He pensado mucho sobre eso.
—Le he amado toda mi vida. No recuerdo cuando fui consciente de querer besarle, tocarle como a un amante. Sólo sé que nunca he querido a otro.
—¿Nunca has encontrado atractivos a otro hombre o mujer?
Haku se sonrojó.
—Encuentro a muchos guerreros atractivos, pero el único quién me hace desear actuar según esos sentimientos es Zabuza. Lo deseo tanto que me estremezco. Un día estará obligado a notarlo. Y luego probablemente me matará.
—¿Por qué eres hombre?
—No, los emparejamientos entre los Kage pueden ser entre dos hombres o dos mujeres. No pasa a menudo, pero muchos de ellos reconocen la bendición de Dios en tal amor. Pero Zabuza estaría furioso de averiguar cuánto le amo porque no soy Kage. Cree que soy débil porque... —Repentinamente, Haku dejó de hablar.
—Porque no tienes la naturaleza del lobo al igual que él —terminó ella por el senescal—. Sakura me contó la verdad sobre los Kage cuando estuvo aquí.
—Naruto cree que aún lo ignoras.
—Lo sé. —Fue su turno de sentirse derrotada.
—Él es lento para confiar, pero eso llegará un día.
—Quizás cuando sea vieja y café. —Hinata suspiró—. Cuéntame más sobre Zabuza.
—¿No encontráis mi amor como una abominación? —preguntó Haku con un ceño de perplejidad.
—Por supuesto que no.
—Pero la Iglesia enseña eso. Aquí no nos preocupamos tanto de los edictos de Roma, pero siempre he sido llevado a creer que los ingleses siguen sus edictos sin chistar.
—Unos lo hacen, otros no. —Hinata se encogió de hombros—. La Iglesia también enseña que las mujeres son las últimas en el amor de Dios, incluso después de los animales de carga.
Los ojos de Haku se ensancharon con sorpresa.
—Nuestro sacerdote nunca sería tan tonto para decir tal cosa.
—Las mujeres del clan son feroces.
—Nay, nuestros guerreros lo echarían a patadas de nuestras tierras por tal estupidez.
Hinata sonrió.
—La Iglesia también enseña que un marido no sólo tiene el derecho, sino la responsabilidad de pegarle a su esposa.
—Ahora sé que me estáis tomando el pelo. Ni siquiera la Iglesia de Inglaterra diría una cosa tan terrible.
Hinata quiso llorar ante su inocencia.
—Es verdad. La abadesa dice que cuando la Iglesia enseña el abuso o el odio, debemos considerarlo con cuidado a la luz de la proclama de Cristo que el mayor mandamiento es amar a Dios y el segundo en importancia es amar al prójimo, y que todos los otros mandamientos y preceptos se desprenden de estos dos.
—Vuestra abadesa suena como una mujer sabia.
—Lo es. No creo que amar sea una abominación más de lo que creo que Dios me ama menos que a los bueyes de mi padre.
—Yo tampoco. Pero mi amor no tiene esperanzas.
—¿Estás seguro? —Le parecía que Zabuza tenía fuertes sentimientos por Haku, pero no sabía si eran amor. Así que prefirió no especular y animar las esperanzas de Haku.
—Sí, sobre todo desde que Sâra comenzó a centrar su atención en Zabuza.
—¿A él no le atraen los hombres como a ti?
—No lo sé. Los Kage de nuestro clan no son sexualmente promiscuos, pero Sâra es una mujer hermosa. Y es bastante raro para un guerrero Kage emparejarse con un humano, incluso más aún con un humano macho.
— Sâra puede ser hermosa, pero no es agradable.
—Desde luego es una molestia —concordó Haku con más vehemencia de la que hubiera mostrado desde que la mujer había comenzado a coquetear con Zabuza.
Cuando salieron del sendero que llevaba del castillo al muro exterior, un par de guerreros se les acercaron. Uno llevaba los colores de los Namikaze, pero Hinata no reconoció los colores de la ropa del otro hombre.
Después de que pasaron junto a Haku y ella, Hinata se dio la vuelta hacia el senescal.
—¿Quién es?
—Un mensajero del rey. —Haku ya había girado, y soltado la mano de Hinata, para regresar sobre sus pasos hasta la cima de la colina.
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Continuará...
