Un error le ha costado todo.
Por un solo momento ha dudado y, repentinamente, el mundo se volvió oscuro, el dolor comienza a avanzar por todo su cuerpo como una nube de insectos que no puede detener. Con sus ojos cerrados sabe que todo es oscuridad, a través de sus parpados lo que es un infinito velo negro de muerte se convierte en una blanca luz que la fuerza a abrir los ojos y verle. Su rostro de ojos pequeños y apariencia de rufián está prácticamente sobre ella y, aun así, siente que se encuentra lejos, su voz no es más que un zumbido en sus aturdidos oídos, le escucha quejarse en silencio, eso es lo único que sabe con seguridad.
Aceptando su inevitable muerte había olvidado por completo donde estaba, todo vuelve al observar los edificios falsos y vacíos de Karakura, en la distancia el autoproclamado Rey de Hueco Mundo se aleja flotando, su figura negra ondea en el viento como una falla en la misma realidad, puede escuchar su risa todavía reverberando en el interior de esa nube oscura que le ha envuelto.
Mientras que antes pudo zafarse de su magia haciendo que Omaeda le corte un brazo ahora le es imposible, apropiadamente ya no puede escapar de la vejez, el tiempo la consume a un ritmo dolorosamente lento, no necesita bajar la mirada para saber que ya no hay piernas debajo y su torso comienza a desaparecer. Lo único que le trae paz en ese momento es el hecho de que ya no puede sentir dolor, tal vez es que el mismo es tan fuerte que la ha roto completamente, observa el cielo con su rostro de nada mientras la figura de alguien que conoce se encuentra borrosa gritándole.
¿De todas las personas que podían venir en su ayuda tenía que ser él? Es algo patético, la verdad, morir en brazos de Hisagi, el que vio sus partes más vulnerables ahora tiene un primer plano de sus últimos momentos.
- Shuhei – Dice en un murmuro débil, él deja de perder la calma por un momento, sus fuertes brazos sostienen lo que ahora es un simple torso que pesa menos con cada segundo en esa tierra – Deberías haberme dejado, cumplir tu deber como Shinigami –
- Sabes que no hubiese podido hacer eso – Lagrimas comienzan a brotar del rostro en frente suyo – Tenia que intentar… –
El ruido que escarba en su oído mientras su cuerpo se desvanece también puede oírse de él, diversos agujeros en su cuerpo que se hacen más grande dejando a su paso una falta de existencia, también ha sido afectado por el mismo ataque probablemente intentando rescatarle.
- Eres un idiota –
La aprieta contra su pecho, la figura pequeña que se encoje con cada momento, ella siente un calor extraño que contradice todo lo que sabía de la muerte, se siente a gusto y, aunque solo les quede segundos de vida, puede sentirse suficientemente cercana para decirlo. Abre sus labios pero nada sale, puede que ya le falten los pulmones o parte de ellos, ha dejado de sentir hace rato y sus ojos funcionan de milagro, ve encima suyo la figura del teniente quien sorprendentemente no rompe en llanto. Él continua hablando, ella ya no puede oír ni responder.
Ojalá podría haberle dicho, aunque sea una vez…
Ahora lo único que puede hacer es aferrarse a él durante esos últimos momentos y esperar que todo termine, ese momento exacto donde sus ojos dejan de funcionar y el dulce murmullo de su voz desaparece para siempre.
El ciclo de la vida continúa, eso es lo que siempre han aprendido.
Tal vez volverán a encontrarse, con otros nombres, personalidades y recuerdos, tal vez el mismo destino continúe riéndose de ellos y los junte una vez más.
Entonces ella no perderá el tiempo y le dirá…
