Capítulo 24. Prisioneros
El sonido de las cadenas al arrastrarse en el suelo y el tintineo de las gotas de sangre al caer, lograron sacarlo de su letargo, había perdido la cuenta de las horas que había permanecido en esa horrorosa habitación, lo único de lo que tenía conocimiento era que Voldemort se había ensañado verdaderamente con él y que estaba pagando con intereses el haberlo desafiado tantas veces. La sangre seguía cayendo en forma de grandes gotas desde su torso al descubierto, hasta el momento no había parte de su cuerpo que se hallara en perfecto estado, Voldemort y sus seguidores se habían encargado de lastimarlo hasta tal punto que su cuerpo había dejado de regenerarse.
- Vaya, que mal te ves – Theodore logró reconocer en medio de la poca iluminación el rostro de Harry que lo miraba con una pisca de diversión y repulsión en su rostro. Su ojo sano lo siguió hasta donde el moreno se sentó con toda la paciencia del mundo. – Déjennos solos – Habló Harry, los hombres que se mantenían vigilantes salieron de la sala de torturas sin decir ni una sola palabra y obedeciendo al hijo de su señor. Cuando todos se hubieron marchado, Harry se acercó apresuradamente a Theo y retiró de su estómago la barra de hierro que lo atravesaba manteniéndolo sujeto al suelo. – Amigo, ¿Qué te han hecho? – Nott no emitió una sola palabra mientras veía como Potter trataba de frenar la sangre que se negaba a dejar de salir a chorros, el pelinegro tuvo un par de arcadas mientras envolvía vendas alrededor del cuerpo del castaño y de no ser por su poca visibilidad, Theo hubiese jurado que Harry lo miraba con la culpabilidad reflejada en sus ojos verdes.
La puerta de la sala de torturas se abrió abruptamente haciendo que Harry saltara hacía atrás cayendo en la sangre derramada por Theodore. El chico miró hacia la puerta y vio a Luna correr apresurada hacía él, aunque su primera reacción fue molestarse con ella por su intromisión, al pensar con claridad en la presencia de la chica en la sala todas sus alarmas se encendieron, si Luna veía a Theodore en aquel estado lamentable, no dudaría en tomar medidas contra el asunto, pero sus pensamientos fueron muy lentos, pues ya la chica se encontraba viendo al castaño con expresión de horror en el rostro.
- ¿Qué le hicieron? – Gritó Luna tan fuerte que aquello había sonado como un chillido estruendoso. Harry giró su rostro en dirección a la rubia y lo que observó lo llenó de temor, los ojos de Luna parecían brillar en la oscuridad, su cabello se movía violentamente como si una ráfaga de viento estuviera pasando por la sala, pero aquel lugar no podía estar más aislado y hermético, por lo que Harry supo que aquello provenía de los poderes no explorados de su amiga; las luces que iluminaban pobremente la habitación se quebraron en mil pedazos, quedando casi en penumbras.
- Lu – le llamó Harry intentando que entrara en razón - ¿Puedes oírme? – Luna pareció volver a la realidad, pues sus ojos desencajados se fijaron en Theodore, que gemía adolorido con los brazos amarrados hacía arriba, de donde un par de cadenas lo sostenían con fuerza.
- Theo – Susurró Luna con voz entrecortada.
- No lo veas así, sal de aquí. – Le ordenó Harry con voz mandona, pero Luna hizo caso omiso y cuando el chico quería replicar ya la rubia estaba frente al castaño tomando en sus manos el ensangrentado rostro del muchacho.
- Harry – Le llamó girando su rostro hacia él - ¿Puedes vigilar que nadie venga? – Harry quería oponerse, pero el dolor reflejado en los ojos de Luna lo dejaron sin habla y se limitó a obedecer lo que ella le había pedido.
- Perdóname amor – Susurró Luna sollozando sobre el pecho de Theodore. El castaño no articuló ni una sola palabra, pero si hacía el esfuerzo por alejarse de la rubia. Harry estaba impaciente, su amiga había tardado más de lo esperado y los hombres empezaban a hacer especulaciones acerca de la lealtad de ambos; con la clara intención de sacar a Luna de la sala de torturas, Harry se disponía a abrir la puerta, pero se topó con Luna, cuyo rostro sonrojado demostraba que había estado llorando.
- Quiero que me ayudes a sacarlo de este lugar –Su voz había sonado entrecortada producto del llanto, pero a la vez estaba decidida, lo cual asustó a Harry pues sus planes podían venirse abajo.
- Luna, no podemos hacer eso – Le dijo el pelinegro en voz tan baja que estaba seguro que ella no había logrado entender, pero al parecer lo había hecho porque su rostro se endureció.
- No te estoy preguntando Harry Potter – Exclamó con firmeza – Voy a llevarlo a mi habitación para curar sus heridas y lo haré con tu ayuda o sin ella – Harry tragó grueso, dudó durante unos segundos si era viable ayudarla o no y luego asintió dándole a entender a su compañera que entendía la situación; le dijo a los hombres que aguardaban en la salida que le dieran una ronda a los prisioneros de los calabozos del sótano, en un principio los muchachos intentaron protestar, pero la mirada que Luna les dio bastó para marcharse del lugar y obedecer las órdenes que les fueron dadas. Harry cargaba sobre su hombro casi todo el peso de Theodore mientras lo llevaba casi que a rastras hacía la habitación de Luna, la rubia iba delante de ellos despejando el camino de empleados curiosos que se morían de ganas de saber que estaba pasando, el alivió de Potter fue enorme al darse cuenta que fin habían llegado al destino, depositó al castaño en la cama y se apoyó en el alfeizar de la ventana con el sudor bajando por su frente por el esfuerzo.
- Lu, esto nos traerá problemas – Le dijo Harry respirando entrecortadamente, pero Luna no escuchaba, ella estaba bastante concentrada en revisar y curar las heridas de Theodore con tanta devoción que al pelinegro le causó dolor ver a aquella pareja que tanto se amaba sufrir de esa manera. - ¿Cómo es que sabes tanto de medicina? – por primera vez después de algunos minutos solamente concentrada en Theodore, Luna miró a Harry y le ofreció una pequeña sonrisa que el moreno correspondió de inmediato.
- Estudié medicina, pero no obtuve el título porque mi padre y yo tuvimos inconvenientes y tuvimos que viajar hacía Raven. Tengo pensando terminar cuando todo esto acabe. – Harry la miró sorprendido, de todos sus compañeros con ella era con quien más tenía afinidad, no solo por el hecho de que ambos eran de bajo perfil y discretos, sino que los dos ocultaban grandes secretos que podían dejar sorprendido a cualquiera.
- Voldemort no tardará en darse cuenta de esto, intentaré idear algo para cuando llegue el momento, no demuestres debilidad, mantente firme en tu decisión y por favor…cuídate – Luna abrazó con fuerza a Harry, quien se despidió de ella con un tierno beso en la cabeza y salió apresurado de la habitación rumbo a los calabozos donde se hallaban el resto de sus amigos.
Theodore abrió sus ojos con pesadez y se encontró en una habitación totalmente diferente de la recordaba, por un momento pensó que todo se había tratado de un sueño, pero luego el dolor profundo que sintió en su espalda y estómago le confirmaron que no se trataba de una pesadilla, que seguía viviendo aquel horror, el castaño hizo amago de levantarse, pero una mano blanca y suave se lo impidió con sutileza.
- No te levantes, tú cuerpo se está regenerando, pero muy lentamente – Susurró Luna a su lado, la rubia mantenía un libro entre sus piernas el cual leía con avidez.
- ¿Dónde demonios estoy? – Preguntó con voz ronca. Ella no contestó, solo se limitó a seguir leyendo de su libro como si no lo hubiese escuchado. Theodore volvió a intentar levantarse y esta vez fue sorprendido por la rubia que lo había tomado por el pecho y lo obligaba a recostarse.
- Debes descansar – Dijo con voz mandona, a Theodore le molestó demasiado su tono de voz y el hecho de que no le diera más explicaciones a que solo debía descansar.
- ¿Y quién dice eso, tú? – Replicó con fastidio mirándola enojado
- Deberías escucharme una vez en tu vida – Exclamó Luna imperturbable
- Ya estoy cansado de escucharte – Le contestó Theo con el ceño fruncido – a ti y a tus mentiras
- ¿Cuáles mentiras? – Contestó Luna con expresión inocente lo que terminó por sacar de sus casillas al castaño, que se levantó tan de velozmente que no le dio tiempo a la chica de evitarlo.
- Ya estoy cansado ¿sabes? – Luna parpadeó un par de veces mirándolo fijamente sin saber que contestar – Acaso crees que soy tu mascota a la que llamas cuando quieres o un objeto desechable al que puedes usar y tirar. ¡Estoy harto de tu maldito juego! – Gritó tan fuerte el ex mercenario, que Luna estaba segura se había escuchado por todo el pasillo y eso le traería problemas.
- Yo no juego contigo – Contestó ella con seriedad. Theodore soltó una carcajada sarcástica que le heló la sangre a la rubia.
- ¡Que cínica eres! – Le replicó enojado – te acostabas conmigo y me decías que me amabas de aquí a marte y a la semana siguiente le prometías las estrellas a "Jake" – Exclamó haciendo comillas con sus manos. La bofetada que la chica le dio a Theodore también debió de escucharse con seguridad en todo el pasillo, el castaño la miraba con tanto odio que Luna se imaginó durante un segundo que él iba a reaccionar contra ella, pero no lo hizo, solo se limitó a sonreír con socarronería. – quiero que me digas ahora después de todo lo que ha pasado, ¿Él te hacía vibrar con cada caricia como yo?
- ¡Cállate ya! – Gritó Luna provocando que las lámparas que iluminaban la habitación estallaran provocando variedad de chispas de colores.
- ¿O qué? – La retó Theodore acorralándola contra la pared tratando de intimidarla, pero Luna no se dejó amedrentar por ese gesto, al contrario, pareció más amenazante al estar encerrada en medio de los brazos de él.
- ¿Qué pasa Theodore, te hago sentir nervioso? – Preguntó victoriosa mostrándole una gran sonrisa
- No, ya no causas ese efecto en mí – Repuso totalmente serio. La sonrisa en el rostro de ella se borró de inmediato, al principio Theo pensó que había sido por su respuesta, pero al darse cuenta de su mirada fija en la puerta se dio cuenta que varios ojos se fijaban en ellos, en especial un par de ojos cuyo odio se reflejaba tanto que parecía echar chispas.
- ¡Que significa esto! – gritó Voldemort fuera de sí. Luna empujó con fuerza a Theo lejos de ella, el castaño se volteó hacía Voldemort con gesto desafiante.
- ¡Padre! – Dijo Luna asustada
- Viejo no deberías entrar así – Exclamó Theo sonriente – Tú hijita y yo estábamos... algo ocupados – Añadió con algo de malicia, Voldemort parecía estar al borde de un ataque de ira, respiraba agitadamente y su rostro estaba tan rojo que se hacía muy parecido al cabello de Ron o Ginny.
- Padre te juro que… - Luna se acercó a él con gesto de disculpa, pero las palabras se quedaron en sus labios pues Voldemort no la dejó continuar al arremeter contra ella golpeándola con su bastón. – Padre… -Le llamaba Luna intentando que frenara su ataque, pero el hombre no parecía entender razones, la rubia sentía las miradas de asombro en los rostros de los empleados del lord y del mismo Theodore, que se veía bastante furioso - ¡Basta! – Gritó enojada arrebatándole el bastón - ¡No voy a permitir que me vuelvas a lastimar! – Voldemort se quedó asombrado mirándola con ira.
- Así que fue él – Susurró Theo más para él que para que cualquiera lo escuchara. Luna pareció comprender a lo que el castaño se refería pues soltó bruscamente el bastón de Voldemort y corrió hacía Theo tomándolo con fuerza de la cintura. - ¡Suéltame! – gritó furioso tratando de zafarse de ella, pero la rubia no le daba tregua, cada que él trataba de dar un paso ella lo frenaba. – Eras tú quién la golpeaba ¿No es así, maldito engendro? – Voldemort río estruendosamente provocando escalofríos en todos los presentes
- Sí – Admitió con orgullo mostrando en una sonrisa sus dientes pequeños y amarillos. – Mi hija siempre ha sido una niña difícil, ella no quería entender que tú no le convienes –Theo arrugó el ceño cuando escuchó eso, estaba empezando a entender muchas cosas
- Padre, esto no es necesario – Suplicó Luna
- ¡Cállate! – Siseó Voldemort molesto, la chica obedeció de inmediato. - ¿Quieres saber por qué te dejó? – Preguntó con una gran sonrisa en su rostro de serpiente – Yo se lo ordené y ella obedeció porque no te ama, sus ansias de poder fueron más grandes que el amor que decía sentir por ti – Theo miró a Luna directo a los ojos tratando de buscar respuestas, ella evitó su mirada y limpió una solitaria lágrima que recorrió su rostro.
- Así que esa es la verdadera razón – Exclamó con decepción. – Me alegra saber la verdad después de tanto tiempo.
- De nada – Susurró Voldemort –Ahora, lleven a este pequeño saltamontes a su cueva de soledad – Exclamó con voz cantarina
- Padre…- Habló Luna con los ojos llenos de lágrimas – "No lo lastimes más, por favor" –Articuló sin emitir sonido
- Llévenlo al calabozo, pero manténgalo separado de los demás. – Siseó Voldemort antes de salir hecho una verdadera tromba de la habitación – Cierren con llave la puerta, no permitan que salga de allí – Si su hija quería jugar sucio, él estaba dispuesto a jugar igual que ella.
…
Algo había pasado definitivamente, la lógica y el corazón se lo decían a cada rato, trataba de mantenerse sereno por el bien de Hermione, cuyo embarazo estaba a punto de finalizar, sin embargo, no dejaba de preocuparle el hecho que sus compañeros llevaran 3 semanas desaparecidos.
- Otra vez pensativo tío Blaise – Le dijo Donna llamando su atención, el trigueño sonrió a la pequeña antes de alzarla en sus brazos; en el tiempo que llevaban alejados de todo, la niña lo había hecho su figura paterna al no tener ni a su padre ni a su tío cerca de ella, la idea a Blaise no le desagradaba en absoluto y tal vez por eso había formado un vínculo especial con ella.
- Algo alejado de la realidad dulzura – Contestó el ojimiel
- ¿Tuviste noticias de mi papá o de mis tíos? – Blaise negó con la cabeza lo que ocasionó que la niña lo mirara con tristeza.
- No te pongas triste cariño, ya verás que pronto los veremos entrar por la trampilla de arriba para reunirse con todos nosotros. – Donna sonrió complacida, pidió a Blaise que la dejara en el suelo y se fue dando pequeños saltitos hacía la habitación de Astoria.
- ¿Tú también crees que eso pasará o solo lo hiciste para darle esperanzas a la niña? – Hermione, quien se encontraba en la cocina, salía de ella con el rostro algo apagado y un aspecto de cansancio que no había podido ocultar.
- Yo también lo espero – Admitió Blaise ofreciéndole una sonrisa sincera – Ya casi viene – Dijo mirando su enorme panza
- Si – Susurró la castaña – Hubiese querido que su padre lo viera nacer… - Blaise no supo que contestar, en ese momento cualquier cosa que dijera haría que Hermione se pusiera algo sensible. – Blaise, siempre he querido preguntarte, ¿cómo sabías que vendrían por nosotros?
- ¿Recuerdas cuando me oponía a quedarme con ustedes y que deseaba más que nada ir a la misión con los chicos? – Hermione asintió – Fue Luna quien me convenció de lo contrario, no me dijo mucho, a decir verdad, solo me dio a entender que tiempos difíciles se acercaban, que debía mantenerlos a todos ustedes a salvo y me pidió que por favor confiara en ella y que nunca perdiera mi fe… y eso he tratado de hacer.
- Entonces por qué no han regresado, ¿Crees que algo les pasó?
- Sin lugar a dudas algo les pasó, pero nosotros debemos esperar hasta que Luna nos contacte, no podemos arriesgar a los niños.
- ¿Confías en ella, Blaise? – Zabinni asintió sin dudar
- Esta guerra tendrá su fin solo si ella tiene éxito, por eso, toda mi confianza está puesta en ella, solamente en ella. – Hermione asintió entendiendo la situación, si él confiaba en Luna, entonces ella también confiaba ciegamente. Un dolor intenso recorrió su vientre y provocó que se arqueara violentamente, adentro él bebe se movía con desesperación y entonces Hermione supo que la hora había llegado, su hijo nacería y más pronto de lo que había esperado.
…
- ¡¿Qué carajos haces aquí?! – Gritó Pansy al ver la figura de Harry acercarse con sigilo hasta ellos
- Cállate – Le susurró Harry duramente, la pelinegra se apartó furiosa de los barrotes de la celda, no sin antes golpear uno de ellos.
- ¿Vienes a ver nuestra miseria, Potter? – Preguntó Draco desde un rincón oscuro de la celda
- No, quiero hablar con Ginny – Dijo con sinceridad
- ¡Pues ella no tiene nada que hablar contigo! – Replicó Ron levantándose de la banca donde estaba sentado.
- ¡Tú no sabes nada Ronald! – Exclamó Harry bastante enojado
- ¿Qué quieres? – Dijo Ginny con brusquedad, Harry retrocedió dos pasos al verla tan desestabilizada, su cabello largo y rojo estaba enmarañado y sucio, en su rostro un golpe adornaba su mejilla, sus ojos estaban rojos e hinchados y solo había pasado unas semanas desde que todo aquel plan había iniciado.
- Proponerte un trato, de hecho, quiero hacerlo con todos, pero creo que eres la más sensata de los presentes – Jacob bufó enojado al escuchar eso
- Nosotros no hacemos tratos con traidores – Siseó Pansy pateando el suelo con fuerza
- Y yo no hablo con niñas tontas – Le contestó Harry mordazmente, Pansy se cruzó de brazos y emitió un gruñido parecido al de una leona a punto de atacar.
- ¿Por qué tendríamos que hacer tratos contigo? – Preguntó Draco interviniendo en la conversación.
- Porque Voldemort por fin ha encontrado el escondite de Hermione y tú hijo y porque yo soy la única tabla de salvación que les queda – Draco se quedó pasmado en su sitio tratando de asimilar lo que Harry acababa de decirle, Voldemort había hallado a Hermione y a los demás, seguramente eso significaría el fin de todo, así que se armó de valor y se abalanzó sobre los barrotes de la celda
– Te escucho, Potter – Harry sonrió, ahora sí su plan podía ponerse en marcha.
…
Era la tercera vez de esa semana que Luna le llevaba a escondidas comida a Theodore, pero el chico siempre la rechazaba, la dejaba allí por días sin tocarla siquiera, solo recibía agua para hidratarse; Luna no sabía si su rechazo a comer era por temor a que la comida tuviese algo extraño o por simple rebeldía, en cualquier caso, aquello empezaba a preocuparle pues de seguir así no aguantaría mucho tiempo.
- ¿Por qué te molestas? – Preguntó Theodore con voz cansada, Luna no contestó. – Sé que eres tú, Lovegood… - Luna suspiró, era obvio que en algún momento se daría cuenta
- ¿Por qué no comes? – Le devolvió la pregunta y entró a la celda en donde él estaba encadenado en los pies.
- No quiero nada de ti – La rubia lo miró dolida y luego desvió su mirada hacía sus pies lastimados por los grilletes fijos en ellos.
- Blaise y los demás fueron capturados – Soltó de repente la chica, la mirada de Theo se posó por primera vez en Luna, la miró con curiosidad con una mezcla de terror e incredulidad, de repente la chica se vio acorralada contra la fría piedra del calabozo, los brazos de él estaban alrededor de ella impidiendo su escape, su mirada era tan fría que le quemaba, al punto de desear huir de allí despavorida.
- Sácame de aquí – Susurró tan bajo, pero tan amenazante que logró hacerla estremecer
- No…n…no puedo – Tartamudeó nerviosa
- Si no lo haces mis amigos van a morir ¿Eso es lo quieres?
- Nadie tiene porque morir si confías en mí y dejas todo en mis manos – Theo soltó una risa despectiva, que a ella no le causo nada de gracia. - Hermione tuvo ya a su bebé, es un niño, idéntico a Draco – La mano de Theo se posicionó violentamente sobre su barbilla en donde el castaño presionó con fuerza
- Si te atreves a hacerle algo a la familia de Draco, te juro que de una vez por todas voy a matar el maldito amor que siento por ti y lo convertiré en odio puro – Luna se asustó ante tal afirmación, sin embargo, se mantuvo impasible para evitar que él perdiera más el control. La rubia se salió de entre los brazos de él y pasivamente salió de la celda.
- Come algo, lo necesitarás para cuando todo esto estalle – Exclamó haciendo señas con sus manos y guiñándole un ojo antes de irse a su habitación.
…
Hermione estaba muy nerviosa, aún no sabía a ciencia cierta el plan que tenían Luna y Harry, pero le causaba mucho miedo el hecho de que su esposo y el resto de sus amigos estuvieran encerrados en sucias celdas. La puerta de la habitación donde estaba confinada se abrió suavemente y por ella ingresó Luna ofreciéndole una pequeña sonrisa.
- Hola – Saludo Hermione a su nueva acompañante, a Blaise y Astoria los habían encerrado en unas celdas lejos de los demás para evitar que estuvieran en contacto, Voldemort aún temía una revuelta antes de que todo acabara.
- Hola – le devolvió el saludo a Luna - ¿Cómo esta ese hermoso príncipe? – Dijo señalando al bebé envuelto en mantas que Hermione tenía en sus brazos.
- Dormido – Contestó la castaña mirándolo con ternura – Comió y se quedó profundamente dormido.
- Se parece mucho a su papá – Hermione asintió depositándolo cuidadosamente en la cama.
- ¿Qué vamos a hacer? ¿Ya me darás las instrucciones? – Luna negó con la cabeza un par de veces.
- Cuando todo acabe, o como dice Blaise "Cuando se vaya al carajo", tú deberás salir de aquí en compañía de Donna, por cierto ¿Dónde está? – Hermione arrugó el ceño y a Luna el gesto no le gustó nada.
- Lu, sé que me dijiste que no saliera de esta habitación, pero quería que Draco conociera a nuestro hijo, pero como no sé dónde está, solo conseguí perderme y en el pasillo me encontré con Voldemort – Luna se perdió todo el color de su rostro y Hermione se asustó al verla en ese estado - ¡Donna está bien! – Se apresuró a decir la castaña – le pidió a Voldemort que la llevara con su padre… y él accedió de buena gana, pero me prohibió ir con ellos, dijo que el ambiente no era el mejor para el bebé. – Hermione respiró profundo – Ese hombre me confunde, es demasiado amable conmigo y los niños, a veces siento que estoy de vacaciones.
- Voldemort es capaz de ser amable cuando desea algo en especial, algo debe traerse entre manos, así que mantente en alerta. Pronto vendré a visitarte para darte la ruta de escape. – Luna besó a el bebé en la frente y abrazó a Hermione antes de abandonar la habitación, ahora debía descansar el gran día se acercaba.
Próximo capítulo: La venganza de los caídos
