CAPÍTULO 22
Abro los ojos y miro el techo perdida. Estoy en la cama. Los recuerdos todavía están vivos. Sasuke ha matado a un hombre ante mis propios ojos. Me entran escalofríos solo con pensarlo.
—Por fin te has despertado. Se acerca sentándose junto a mí mientras su mano aprieta la mía. Me observa, o mejor dicho, me estudia, y yo intento interrumpir dicho molesto contacto visual. —Te has desmayado. El médico ha dicho que estás bien.
—Explica. Reina el silencio. Yo no sé qué decir y también él parece en apuros. Debería decir algo, pero en mi cabeza solo aparecen imágenes de él matando por mí. —Sakura, lo que ha pasado esta noche… —Suspira mirándome a los ojos.
— No debía suceder, pero no permitiré que nadie te haga daño. Te protegeré siempre, incluso a costa de perder mi propia vida. —Explica serio. Lo sé, ya lo he visto. Él es capaz de todo, y nada y nadie podrá detenerlo. Se me cae el alma a los pies porque ya no lo veo con los mismos ojos. Lo que ha pasado me ha cambiado definitivamente, ha cambiado todo dentro de mí.
—¡Has matado a un hombre! —Le recuerdo con frialdad. No tenía elección, lo sé, pero no habría querido verlo, ser testigo. Soy tan culpable como él, he asistido a un homicidio.
—Lo he hecho y lo volveré a hacer mil veces si eso significa tenerte a salvo. —Responde decidido. Otro punto sobre el que no tengo dudas. ¿De verdad quiero estar junto a un hombre así? Luego recuerdo aquellas palabras antes de que Dimitri llegara, no quiero tenerte encerrada en mi castillo. Necesito saber algo más, pero no cambiaré idea, no quiero casarme con él. —Has dicho que sería libre… ¿a qué te referías? Se endereza y se acerca aún más. Mi corazón late con fuerza, y es él quien desencadena este efecto en mí.
—Quisiera ir a España y conocer a tu padre, quisiera conocer tu vida y formar parte de ella. Tocada y hundida. Quiere dejarme libre. Puedo volver a casa. No, no es posible, demasiado fácil. Río con tristeza y él me mira severo.
—Me han secuestrado, ¿cómo reaccionará mi padre cuando te vea? Te mandaría a la cárcel y arrojaría la llave. ¿Por qué quieres ilusionarme con algo que no sucederá nunca?, ¿te divierte tomarme el pelo, Sasuke? Se pasa la mano por la cabeza mientras los músculos de su rostro se contraen.
—A este punto debería decirte algo sobre tu secuestro. Trata de mantener un contacto acercando la mano, pero yo la aparto bruscamente. Lo presiento, dirá algo que no me gustará.
—¡Habla! —Ordeno impaciente. Me dirige una mirada severa, duda y al final decide hablar.
—Nadie sabe que te han secuestrado… Arrugo los labios mientras él me examina. ¿Qué novedad es esta? Yo creo que está tratando de confundirme y esto me hace pensar que tiene que ver con el papelito que uno de sus hombres me había entregado.
—Continúa… —Digo. Veamos dónde quiere llegar, tengo curiosidad. —Tu padre y tus amigas piensan que te has tomado un año sabático. Cada dos semanas reciben una carta donde describes los lugares que has visitado y donde aseguras que estás bien. Lo miro patitiesa. Parece demasiado serio, no está mintiendo. Se me cae el alma a los pies.
—¿Piensan que estoy dando la vuelta al mundo? —Pregunto con un hilo de voz asustada por una posible confirmación. Asiente y abro los ojos de par en par. Nadie me creerá porque todos piensan que soy una persona insensible que se ha marchado a saber dónde sin dar demasiadas explicaciones.
No consigo hablar, estoy intentando procesar la información recibida. Este es el motivo por el que estaba tan tranquilo, no corría ningún riesgo. Tenía todo planificado, tenía un plan. Todo ha sido realizado concienzudamente, la única que conoce la verdad soy y yo y nadie me creerá.
—Sakura, nunca he querido secuestrarte realmente, pero necesitaba tenerte toda para mí. Sé que es muy egoísta por mi parte, pero creía que con el tiempo, estando junto a mí, me aceptarías como soy. ¡Oh Dios mío! Es un manipulador, alcanza siempre sus objetivos. Debía imaginar que detrás había un plan elaborado, él no deja cabos sueltos. Nunca comete ningún desliz, no alguien de su calibre.
—Di algo… ¿Qué debería decir? Me ha dejado sin palabras. Me ha hecho creer que estaba prisionera cuando todos pensaban lo contrario. ¡Pero qué digo!, ¡soy una prisionera! Nunca me permitiría marcharme. Necesitaba solo tiempo para que yo aceptara
por agotamiento y cansancio la situación. Y por si fuera poco hay una recompensa por mi cabeza de dos millones de dólares. Y luego la verdad llega como un fuerte bofetón. Él quería que me quedara embarazada, entonces ya no tendría otra opción excepto quedarme con él para siempre. Sin embargo, ahora la situación ha cambiado y usa la única carta a disposición: me pide matrimonio. El año está acabando y el único modo para tenerme es que me case con él. Es escalofriante pensar lo retorcida que es su mente.
—¡Yo no quiero casarme para ser libre! —Protesto abriendo los brazos. Sorpresa por mi reacción, se levanta, retrocedo y explota. —Ambos sabemos que no es esta la razón. Tú no me quieres, este es el problema. Su tono es duro. Tiene de nuevo esa expresión fría. Ríe tristemente pasándose la mano por el cuello.
—No sería suficiente una vida entera para que hacerte cambiar de opinión. Nunca me querrás. —Comenta Sasuke. No me mira, observa fijamente un punto impreciso por la ventana y suspira.
—¡No es verdad! —Exclamo sorprendiéndome incluso a mí misma. Igual de desconcertada que él me restriego las manos y lo observo. Es esto lo que trato de negarme a mí misma. Lo amo retorcidamente. Nuestro amor no es sano, pero es así. Él me hace daño, pero es el único que me hace sentir bien, sentirme amada.
Una parte de mí lo odia por haber manipulado mi vida, otra parte lo ama. Un amor así nos destruiría a ambos. Estamos hechos el uno para el otro, pero no estamos destinados a estar juntos. Pertenecemos a dos mundos diferentes que no se pueden unir porque reinaría el caos. Se acerca titubante, me acaricia la mano y solo entonces se relaja. Entrelaza los dedos y me mira con amor.
—Yo haría cualquier cosa por ti, Sakura. Lo sé, te he visto matar a un hombre por mí. Me has encerrado en tu castillo aún sabiendo que sería un blanco fácil para tus enemigos. Decido jugármelo todo porque necesito saber algo más para decidir qué hacer.
—Déjame marcharme… —Suplico.
—Si te dejo ir, no volverás nunca más. ¿Volvería donde él? Una idea se me pasa por la cabeza. ¿Y si no sabe nada del papelito que me dio uno de sus guardaespaldas? Eso querría decir que tengo una posibilidad de retomar mi vida. Me da un vuelco el corazón. ¿Retomar mi vida es más importante que estar con él? Si no lo intento, no tendré la certeza.
Estoy tomando en consideración la posibilidad de escapar de nuevo y descubrir cómo sería volver a mi vida, sin él. Si las palabras escritas en ese trozo de papel son verdad, quiere decir que esta es la última noche juntos. Algo en mi interior grita peligro y tal vez sea eso lo que siempre me ha atraído de él. Sin pensarlo demasiado me acerco y lo beso. Quizás sea un beso de despedida, porque ya he tomado una decisión.
Mañana me marcharé. La idea de que sea la última noche con él me hace desearlo ávidamente, por última vez. Ya no sentiré su perfume, no veré más esos ojos que me han hechizado y lo que me más echaré en falta será su voz. Le acaricio el rostro y me pierdo en sus ojos. Es extraordinario lo que siento, pero al mismo tiempo es aterrador. No es un amor normal, es esencial, de vital importancia.
—Si me quieres de verdad, debes dejarme elegir. No responde, me envuelve entre sus brazos fuertemente atrayéndome hacia él. Estoy paralizada en un limbo y es frustrante.
—Necesito más tiempo, Sakura, si te dejo ir, te perderé para siempre. Tengo que dejarlo escapar. Esta vez me da a elegir y elijo marcharme. Debería ser feliz, podré retomar mi vida, y sin embargo, no lo soy. Me entran ganas de llorar, pero me contengo. Lo abrazo fuertemente consciente de que mañana, en un modo u otro, todo cambiará. Ya no habrá un "nosotros". No me importa si es una trampa, quiero arriesgarme. En el peor de los casos seguirá enfadado.
—Creo que es mejor consultarlo con la almohada. Mañana hablaremos de ello más detenidamente. —Sugiere. Ya no habrá un mañana para nosotros. No puedo permitir que lo haya. No quiero ser la causa de numerosos homicidios y de una pelea entre clanes. Lo conozco demasiado bien como para saber que si permanezco aquí, se casará conmigo con o sin mi permiso; y pasaré toda mi vida asistiendo impotentemente a la eliminación de cada amenaza que se presenta.
Asiento y apoyo la cabeza en la almohada. No creo que consiga dormir. Espero a que se marche, pero se queda sentado observándome. Conozco esa mirada. Me quiere. Yo también lo quiero, pero no así. No puedo desearlo y escapar al mismo tiempo, tengo que ser decidida y elegir lo que es mejor para mí. Me he enamorado de él, aún sabiendo el error que cometía. Tenía una idea equivocada de quién era y de lo que podía hacer, pero verlo en persona es otra historia, cambia todo.
—¿Puedo quedarme? —Pregunta. Es una de las pocas veces que pregunta, normalmente lo hace y ya está. Desde que perdimos a nuestro hijo, no hemos vuelto a tener momentos íntimos. Nuestras noches acababan con él susurrándome al oído que me amaba. No lo pienses, no esta noche. El instinto me impulsa a arrastrarlo y a tumbarlo junto a mí. Se acabó. Quiero desearlo por última vez.
Aprovecharé esta última vez, recordaré este momento en mi corazón para siempre. En silencio deslizo mi mano por su pecho, aunque tenga puesta la camisa consigo sentir su calor. Con los dedos temblorosos suelto uno a uno los botones de los ojales.
—¿Qué estás haciendo? —Pregunto. Observo la suave piel del tórax y no logro resistir a la tentación de pasar los dedos por encima. Rodeo el contorno de cada músculo y estos se contraen.
—¡Detente, de lo contrario no seré responsable de mis acciones! —Advierte con la respiración entrecortada. No quiero que se detenga, esta noche quiero tenerlo todo para mí. Esta noche, por primera vez, estaré a su disposición. Siempre seré suya, aunque no nos volvamos a ver. Mi corazón le pertenece, permanecerá para siempre aquí con él. Desciendo con los dedos hasta tocar la hebilla del cinturón.
—¿A qué estás jugando, pequeña? Detiene mis movimientos suspirando y yo lo miro sorprendida. Esta es mi parte descarada y solo con él consigo mostrarme completamente como soy. Lo empujo obligándolo a tumbarse. Podría detenerme en cualquier momento si quisiera, pero no lo hace.
—Te deseo. Nada de juegos esta noche, solo nosotros dos… —Susurro sobre su piel. Me pone a horcajadas encima de él mientras nos miramos. Lleva su mano a mi hombro, la deja caer hasta que encuentra mi mano, la lleva a la boca y la besa. Locura. Me inclino trazando su cuerpo con pequeños besos. Está intentando contenerse, pero me deja actuar. Sé que quiere tocarme.
—¿Qué pretendes de mí, Sakura? Me ayuda a desnudarme y sigo sin responder a su pregunta. Deja que haga lo mismo con él y cuando estamos desnudos nos tumbamos en la cama, uno de frente al otro.
—Quiero todo de ti, Sasuke. —Pronuncio esas palabras con sentimiento mirándolo a los ojos. Mírame porque te darás cuenta de que estoy diciendo la verdad. Extiende la mano rozando el perfil de mi cuerpo mientras me devora con los ojos.
—¿Y yo?, ¿tendré todo de ti, Sakura? Siempre espera mi permiso, nunca está seguro de lo que pienso y esta misma noche, lo estará.
—¡Todo! —Afirmo. Sus ojos brillan, el corazón me da un vuelco. Mañana acabará todo. No volveré a ver esos ojos azul oscuro como la noche que consiguen regalarme un instante de Paraíso. Sus manos juegan con mi cuerpo con la seguridad de quien tiene una larga experiencia y sabe lo que hace.
Me acaricia lentamente y yo correspondo. Se acerca y cuando mi piel roza la suya un escalofrío me recorre. Me acaricia el seno, lo admira y luego lo besa. El tiempo se detiene, el silencio reina. Solo nosotros, dos almas condenadas a sufrir por amor. Él me masajea, me venera y me penetra lentamente haciéndome arder de deseo cada vez más. Se aparta y vuelve a comenzar con lánguidas caricias.
Concentra su atención de nuevo en mis senos, con los dedos aprieta uno de los pezones y lo besa. Al final detiene sus movimientos dejándome jadeante y deseosa. —Eres solo mía y esto no cambiará nunca. Se pone encima cubriéndome con su poderoso cuerpo mientras envuelvo los brazos alrededor de su cuello.
—Mi corazón te pertenece. —Admito mientras aprieto las piernas a su alrededor. Complacido me muerde el labio, lo devora ávidamente y después me regala uno de esos besos que me corta la respiración.
Esta noche será inolvidable porque por primera vez todo es diferente. Esta noche nuestros corazones se han encadenado, para siempre. Hacemos el amor mientras me susurra palabras sentidas que provienen del corazón. No quiero pensar en mañana.
Esta noche me encuentro en un lugar escondido, donde ninguno podrá encontrarnos. Y aquí permanecerá mi corazón, mi amor por él y mi felicidad. Cuando retome mi vida, ya no tendré mi corazón, él ya no estará conmigo.
