All For You
Capítulo 18
"Nada ha cambiado"
"Quiero encender la luz de tu corazón
Me das un amor que nunca cambia"
(N/A, notas de la autora)
-dialogo-
"pensamientos"
"recuerdos (dialogo)"
Narración
Las puertas del establo de la mansión Lakewood se abrieron permitiendo que los rayos del sol iluminaran más el lugar, dando entrada a un joven que se aseguró que cierta persona no descubriera lo que estaba haciendo. El suave relinchar de los caballos se hizo presente como un amistoso saludo. Se alegró al ver a todos y a cada uno de ellos, pero se fue dirigiendo especialmente a un hermoso caballo blanco, tan parecido e idéntico al corcel que tenía cuando era un niño.
-Lamento venir hasta ahora-decía mientras le acariciaba la cara, resoplo a modo de reproche, sin embargo lo miraba dulcemente-Y creo que no podre venir en mucho tiempo-de nuevo resoplo moviendo sus orejas hacia atrás-Pero seguiré visitándote, simplemente, creo, que ella no soporta la idea de que yo monte un caballo-el caballo resoplo ofendido-No, no es tu culpa, tampoco fue la de mi caballo en ese entonces, el imprudente fui yo, pero por ahora, quiero mantener las cosas en calma, mi deseo nunca ha sido agitar sus emociones-el caballo movió sus orejas denotando que ya no estaba enojado-Creo que también te diste cuenta de lo que realmente siento por ella y te agradezco que lo entiendas-sonrió mientras acariciaba nuevamente al caballo mostrándole su agradecimiento y cariño que en tan poco tiempo se había ganado-Es realmente difícil renunciar a lo que amas-era una frase más allá de su gusto por la equitación, una sonrisa contrariada surco nuevamente su rostro.
Los preparativos para la fiesta que se celebraría para anunciar el regreso del tío Abuelo al consorcio Ardley continuaban. Ante la insistencia de Candy por ayudar, Anthony se encargaba de darle tareas en las cuales Dorothy fuera su ayudante, como elegir el menú, las flores que adornarían el lugar, las mesas, el estilo de las sillas, los manteles, mientras que él se encargaba de las negociaciones con los proveedores. Sin embargo comenzaba a cuestionarse por qué la rubia solo se presentaba para ayudarlo después del mediodía, no quería asumir que ella se levantaba tan tarde. Por otro lado, después de haber ido al hogar de Pony y ver que su herida en la rodilla había mejorado bastante le pidió a Dorothy que también la ayudara con un asunto personal.
-¿Estas segura Candy?, en realidad tampoco sé cómo usarla-argumento insegura ante la petición de la ojiverde.
-No hay necesidad de que sepas hacerlo, solo quiero que estés allí mientras lo intento, hasta que pueda lograrlo-respondió con una sonrisa y después se dirigieron al patio trasero de la mansión.
-¿No prefieres que el joven Anthony te ayude de nuevo?-cuestiono nuevamente la joven mucama mientras que la pecosa tomaba la bicicleta que previamente había pedido prestada a uno de los trabajadores de la mansión.
-No, no quiero molestarlo con esto, no sé si tarde mucho en aprender-lo que en realidad le daba pena admitir, era que al tener a Anthony cerca la pondría nerviosa y con ello fallaría de nuevo, debía evitarse otra vergüenza.
Lo que no imaginaba es que después de un par de días mientras Anthony detallaba el presupuesto para el vino que se serviría el tan esperado dia, paso por un pasillo que daba hacia el patio trasero, en donde encontró la razón por la cual la rubia se presentaba ante él después del mediodía. A partir de ese día la fue observando, animándola en silencio al ver que estaba a punto de perder el equilibrio y caer, susurrando algún consejo esperando que ella lo captara con su instinto, hasta que un día finalmente ella pudo manejarla, logrando rodear a Dorothy sin dejar de sonreír. El galeno por su parte, estaba feliz de ver como lo había logrado, festejando a lo lejos, viendo como Candy bajaba de la bicicleta, abrazaba a su amiga y tomadas de las manos brincaban mientras daban vueltas celebrando un nuevo logro.
Ese mismo día en la tarde en el estudio, Anthony escribía entusiasmado algunas líneas de lo que sería una carta, sin embargo el sonido de la puerta lo interrumpió, indicando que entrara, siendo la ojiverde la que entraba por aquella puerta con un paquete en sus manos.
-Acaba de llegar esto-se fue acercando al escritorio sin poder evitar ver lo que estaba haciendo el rubio, no obstante respeto su privacidad al no concentrarse en averiguar que palabras estaban escritas.
-Por fin, deben ser las invitaciones-tomo el paquete, lo abrió confirmando su contenido-Solo faltaría poner a quien va dirigidas, sellarlas y enviarlas-dijo siendo una tarea que podía tachar de su lista-¿Me podrías ayudar?-la pregunta logro que Candy respingara pero sin decir una respuesta-¿Estas muy ocupada?-pero al prestar más atención, comprendió a que se refería.
-No, yo te puedo ayudar, dime, ¿qué puedo hacer?-respondió enérgicamente mientras se sentaba en la silla que le quedaba enfrente.
-Toma, esta es la lista de la mitad de los invitados-le extendió un par de hojas en donde venía escrito los nombres de las familias más adineradas del país-Apunta su nombre en el sobre y los vas sellando-del cajón fue sacando un par de sellos, extendiéndole uno a la rubia, quien se mostró maravillada al ver la agila con sus alas extendidas, distintivo de la familia Ardley.
-Yo, no creo que sea correcto que use el sello-menciono, sintiendo que hacia algo tan ajeno a ella y que solo los miembros como Anthony tenía el derecho de hacerlo.
-Candy, tienes el mismo derecho que yo de usar el sello, eres una Ardley-reitero el ojiazul con una sonrisa mientras le acercaba una barra de cera roja.
-Está bien-acepto más por el deseo de ayudarlo que convencerse a sí misma que aun seguía siendo una Ardley.
El rubio se aseguró que la lista que tenía la rubia no tenía el nombre de cierto actor. Al llegar el turno de escribir su nombre, vio lo concentrada que estaba Candy de sellar perfectamente las invitaciones, sonriendo para sí misma al ver el excelente resultado que lograba, sin importar que cuando llegaran a su destino, poco les iba importar su esmero al abrir ese sobre. Respiro hondo y escribió el nombre del actor, sellando el sobre y apilándola en medio de las invitaciones listas.
-"Veremos si realmente tomaste una decisión"-pensó mirando de reojo nuevamente a la ojiverde.
-Listo, esta fue la última-celebro la rubia dos horas y media después de escribir el destinatario y sellar los sobres.
-Muchas gracias-respondió el rubio, mientras Candy no evito estirar sus brazos y después hacer girar su muñeca por el esfuerzo que había hecho al escribir tanto
-Por cierto, no vi el nombre de los Legan en la lista, ¿tú la tienes?-la rubia quiso tomar la lista que tenía Anthony, pero él rápidamente la tomo de la mano.
-No, ellos no están invitados-la seriedad se hizo presente en el rostro del galeno, permitiendo que la rubia, pensativa, retirara su mano.
"¿Sera cierto lo que dijeron esa vez en la Gala?"-se cuestionó al recordar las palabras de aquella dama-Anthony, ¿acaso es verdad que tú los expulsaste de Chicago?-pregunto finalmente, logrando sorprender al joven, aunque sabía que tarde o temprano debía dar alguna explicación.
-Es verdad-respondió sin ningún remordimiento, causando que la ojiverde se sintiera ligeramente alarmada.
-Pero, ¿porque?-sabía que no podía ser una decisión tomada tan arbitrariamente, mucho menos que fue a causa de ese último encuentro con Neal, era prácticamente imposible que Anthony lo supiera, eso era lo que pensaba.
-Neal estaba involucrado con mafiosos, sus problemas con el juego hizo que apostara enormes cantidades que él no podía acceder aunque fuera una persona con privilegios, así que al no pagar, querían su cabeza-para la rubia aquello tenía sentido, sobre todo cuando se involucró en aquella pelea con unos maleantes que estaban sobre Neal-Eso de por sí sería un escándalo para la familia sobre todo para la tía abuela, fue por eso que él y los Legan se mudaron fuera de la ciudad, aunque la deuda se cubrió en su totalidad, eso ya dejaba una marca en él y su apellido-era una verdad a medias, sabia de su serio problema con las apuestas, incluso estaba dispuesto a que el mismo Neal resolviera sus problemas sin importar que consecuencias lo invadieran, pero lo sucedido con Candy, era imperdonable, por lo cual tuvo que pagar ese dinero con tal de librase de ese problema y que la rata de los Legan saliera del ciudad, no solo expulsado si no también como una escapatoria.
-Ya veo-estaba impactada por aquella aclaración, sabía que Neal era un irracional, pero llevarlo a arriesgar su propia vida, era demasiado-Lamento que hayas tenido que involucrarte en eso, permitir que la gente murmure que tú los expulsaste como si se tratara de un capricho-aquello hizo que Anthony riera, pero no podía desmentirla de que creyera eso, evitaba ser demasiado cínico.
-A mí nunca me ha importado lo que diga la demás gente, trato de que mis acciones vayan de acuerdo con mis creencias y mis principios-argumento firmemente logrando que Candy nuevamente lo mirara con ese brillo en los ojos.
-Sí, lo sé-respondió sin evitar sonreír tontamente, pero rápidamente sacudió su cabeza para regresar a la normalidad-¿Te parece si pido que envíen las invitaciones?-cuestiono mientras se levantaba de su lugar.
-No, espera, aprovechare también para que envíen mi carta-la detuvo nuevamente, sin notar que el color de la joven se había ido por un momento.
-¿Una...una carta?-cuestiono, otra vez la idea de que Anthony tuviera a alguien esperándolo en el viejo continente la invadió, no quería enfrentar esos horribles sentimientos como lo eran los celos, no deseaba actuar fuera de sí, nunca lo permitiría por mucho que llegara a doler.
-Sí, para mi padre, aprovechare para que le llegue más pronto-respondió con agrado mientras tomaba nuevamente su pluma para poder finalizar con la misiva, por medio de los contactos que se tenía de los Ardley en cada punto del país sería más rápido que las invitaciones llegaran a su destino, en vez de usar el tardado pero no menos eficiente sistema de correos.
-Ah, tu padre-Candy por su parte, sonrió con nerviosismo, estaba aliviada e intentaba de deshacerse de ese pesimismo que segundos antes la estaba invadiendo-¿Él está en Escocia?-esperaba no haber hecho una pregunta obvia y tonta, pero estaba curiosa por saber todo lo relacionado a Anthony.
-Sí, cuando se retiró de la marina ese ha sido su hogar, cerca del mar que tanto ama, siente que es el lugar que lo tiene más apegado a mi madre y a mí, por ser el país en donde se originó los Ardley, mucho más que aquí-se detuvo repentinamente al comprender que tanto su padre como Candy tenían algo ligeramente en común, les era difícil pisar Lakewood, siendo el lugar que tanto amaba su madre y también el lugar que la vio partir.
-Anthony-lo llamo casi en un susurro intentando que saliera de ese trance.
-Lo siento, me fui por un momento-no quería enredarse con la idea de que Candy y su padre tenían algo común: haber perdido a su ser amado en Lakewood.
-Descuida, es normal, debes extrañarlo, es agradable saber que está en lugar tan asombroso como Escocia, cuando fui estaba emocionada por ser el lugar en donde se tocaba la gaita-relato tan entusiasmada que no se dio cuenta que la mirada del rubio se mantuvo en un punto muerto en el papel, debía resistirlo y que ese recuerdo, aquella tarde de verano, junto al lago no lograra colapsarlo-¿Aun sabes tocar la gaita?-sin saberlo, aquella pregunta, logro que el joven aterrizara nuevamente a la realidad.
-Sí, claro, es una tradición que los varones Ardley lo aprendan y que jamás lo olviden, ¿te gustaría ver?-ofreció el joven, causando que de inmediato la rubia asintiera enérgicamente-Creo que guardan uno por aquí-se levantó del lugar para buscar en uno de los muebles alguna de las tantas gaitas que guardaban en la mansión, hasta que finalmente encontró uno en perfecto estado, un poco más grande al que usaba cuando era un niño. Lo tomo en la posición correcta, mientras Candy se volteo dejando que el respaldo de la silla quedara en su hombro derecho.
El joven galeno carraspeo un poco su garganta e inhalo profundamente antes de comenzar. Esas lecciones aprendidas nunca se olvidaban, sin embargo quería mantenerse concentrado para no cometer una imprudente equivocación enfrente de Candy, sin darse cuenta que en el rostro de la pecosa, las lágrimas comenzaban a surcar sus mejillas, los recuerdos se hacían presentes, los felices, los tristes también, no obstante el tenerlo al frente, tocando esa melodía, agitaba su corazón profundamente.
-Candy-al terminar, el ojiazul se dio cuenta del semblante de la rubia, dejo la gaita rápidamente, se acercó a ella, arrodillándose ante ella, tomo sus manos en un intento por calmarla, sin embargo causo que la reacción de Candy se intensificara-Lo siento-impulsivamente la abrazo logrando que la rubia comenzara a delirar con su calidez y el inconfundible aroma que Anthony desprendía-Por favor no llores-no podía entender porque lo hacía, se preguntaba si era por su recuerdo cuando fue obligada a ir a México, sus recuerdos en Escocia, sus recuerdos con él, con Terry.
-No estoy llorando de tristeza-comento aun con la voz entrecortada haciendo que el rubio la fuera soltando lentamente, arrodillándose nuevamente frente a ella esperando más detalles-Es de felicidad-la confusión se hizo presente en el rostro del ojiazul, logrando que Candy dejara escapar una sonrisa-Mis lágrimas son de felicidad, porque a pesar de que antes te había escuchado tocar la gaita, es la primera vez que te veo de frente haciéndolo-sin siquiera confundirlo o compararlo con el príncipe de la colina, ella solo veía Anthony y eso la hacía inmensamente feliz-Perdón por asustarte-su mano estaba a punto de moverse para secar sus lágrimas, pero una vez más eran retiradas por las cálidas y suaves manos del rubio, por un momento cerrando su ojos para disfrutar de esa sensación tan placentera.
-Descuida-respondió asegurándose que el rostro pecoso de la rubia quedara intacto-Tengo una idea, casi todos los preparativos de la fiesta están listos, ¿qué te parece si el siguiente fin de semana nos tomamos un día para hacer un picnic cerca del lago?, el clima ha sido bastante bueno últimamente- decía mientras daba a entender que la primavera ya estaba a nada de hacer su entrada, no había rastro de nieve, el sol brillaba y daba más calor cada día.
-Me encantaría- respondió intentando reprimir la emoción que le daba escuchar esa sugerencia. Se limitó a sonreír, no obstante, fue imposible contener la dulzura en sus ojos al cruzar su mirada con él. Por su parte Anthony, también estaba haciendo un esfuerzo por controlarse al escuchar su respuesta, pero cuando si mirada se cruzó con la de ella, de nuevo vio esa expresión que había visto esa noche en la Gala, fue imposible que su corazón no se dejara llevar, era imposible que aquello fuera una ilusión, sin ser conscientes de ellos mismos y sin tomar en cuenta que el otro estaba haciendo lo mismo, lentamente sus rostros fueron acortando su distancia, pero el golpe proveniente de la puerta logro sacarlos violentamente de ese trance.
-Pase-Anthony velozmente se levantó dando la orden intentando recomponerse, aunque internamente el caos nuevamente se hacía presente. La orden fue cumplida siendo uno de las mucamas quien abría la puerta.
-Solo vengo para avisarles que la comida ya está por servirse, los estaremos esperando-comento afablemente sin sospechar lo afectados que estaban los rubios después de haber sido interrumpidos.
-De acuerdo, muchas gracias-respondió el ojiazul y con ella la joven mucama cerro tras de sí la puerta, dejándolos nuevamente solos-Candy, adelántate primero, yo después los alcanzo-sin atreverse a mirarla se sentó de nuevo intentando retomar la actividad que horas antes había sido interrumpida.
-Sí, está bien-sin atreverse tampoco a mirarlo y tampoco a cuestionarlo, salió del estudio con pasos estrictamente controlados, hasta que finalmente salió, asegurándose que la puerta estuviera correctamente cerrada, recargo su espalda sobre ella, su respiración era agitada, puso su mano sobre su pecho, sintiendo que su corazón estaba a punto de estallar-"¿Acaso, nosotros?"-puso sus dos manos sobre sus labios, para evitar gritar, sonrojándose al saber que tenían la intención de culminar aquel deseo que llevaba días anhelando. Pero le costaba trabajo entender y creer que Anthony quisiera lo mismo, la duda comenzaba apoderarse de ella.
Mientras tanto, adentro, Anthony masajeaba su frente con una mano, mientras que con la otra tenía la pluma, aun incapaz de escribir una palabra, se sentía agitado, sin poder creer lo que estaba a punto de hacer, dejarse llevar nuevamente por el momento, aunque la situación fuera distinta, pensaba que tal vez fue su imaginación, que él se estaba dejando llevar por una ilusión, un espejismo. Sin embargo estaba completamente avergonzado de que ella quizá lo noto, era demasiado obvio para que no se diera cuenta, la forma en la que le hablo antes de irse era un prueba, ¿se atrevería a verla nuevamente a los ojos, con esa confianza?, inhalo y exhalo con fuerza, revolvió un poco su pelo para retomar la cordura y escribir aquellas líneas dirigidas a su padre, de ninguna manera escribiría lo que había pasado en ese tiempo que había interrumpido su escritura. Ni cambiaría su decisión en mandar todas y cada uno de las invitaciones.
Al día siguiente en la mansión de la familia Ardley en Chicago, fue de los primeros lugares en donde llegaron las invitaciones. La tía Elroy aprecio el esmero que estaba invirtiendo su sobrino nieto, no esperaba menos de él, lo único que esperaba era una reconciliación, y que el tiempo fuera clemente con ella. Mientras que Stear y Archie al abrir y leer lo que decía la invitación no pudieron evitar recordar a la persona a la que estaría dedicada aquella fiesta.
-¿Crees que el plan de Albert funcione?-cuestiono el mayor hacia su hermano, no quería pensar que era un ingenuo al creer en las palabras de su tío. Eso lo llevo a ambos a esa noche en donde revelo su verdadera identidad y aun así se les dificultaba dirigirse a él como tío.
"-Anthony ahora se encuentra en Lakewood preparando mi fiesta de bienvenida al consorcio Ardley, sé que lo primero que van a querer hacer es irlo ayudar, pero para esto mandare a alguien más-el silencio se presentó un momento, mientras que los hermanos Cornwell se miraban uno al otro, teniendo un nombre en mente-Sera Candy quien lo ayude y no solo eso, para que convivan, se abran uno al otro en ese lugar tan especial para los dos-recordaron que para Candy le era imposible pisar de nuevo Lakewood desde el accidente de Anthony, pero ahora que él estaba de nuevo con ellos, era posible que ella accediera a ir-Por eso no puedo permitir que ustedes vayan, sobre todo por Anthony, que sería capaz de escudarse con ustedes, con tal de huir de sus propios deseos, y si esta únicamente con ella, será imposible que no se deja llevar por el encanto de Candy-con una sonrisa, finalmente había explicado su plan"
-También quiero creerlo Stear, la única manera de saber si funciono, será el día de la fiesta-a pesar de que sonaba un plan tan sencillo, tal vez era lo suficiente para que ellos se dieran cuenta del amor que sentían el uno por el otro.
A pesar de lo sucedido aquel día en el estudio, ambos rubios solo se hablaron para lo necesario y siempre estaba alguien más presente, sin embargo era inevitable el nerviosismo que estaba por dominarlos y las noches en la que duda se hacía presente al no saber que pensaba el otro por lo que había sucedido, los días pasaron hasta que llegó el sábado en donde tenían planeado salir de picnic, por lo cual ambos se mentalizaron en actuar con normalidad.
Anthony estaba listo para revisar sus flores, portando unos guantes para poner algo de tierra en las rosas y evitar lastimarse con las espinas, no paso mucho tiempo cuando Candy se presentó ante él con su clásico pantalón de pechera.
-¿Puedo ayudarte?-cuestiono sintiéndose tranquila de que aquellas palabras salieran sin tartamudear, pero sin darse cuenta que el rubio la miraba fijamente, recordando aquel deseo que le había expresado a sus primos cuando llevaban poco de conocerla.
"-Llevaría todos los días los mismo jeans, y su sonrisa deslumbraría bajo el cielo-"
-Sí, claro-se fue levantando, se sacó los guantes y se los extendió a ella-Póntelos, también debes cuidar tus manos-
-Pero, ¿y tú?-a pesar de que los había tomado estaba dispuesta a rechazarlos si eso evitaba que el ojiazul se lastimara.
-Descuida, iré por otros-se alejó a unos metros y segundos después regreso con otros guantes casi igual de gastados.
Tú
Estuviste un poco raro hace un rato
He visto tu cara ponerse roja
Pareces avergonzado
Después de hacer el mantenimiento de las rosas, se dedicaron a regarlas, ambos a los extremos alejados a unos cuantos metros, pero mientras lo hacían silenciosamente, de vez en cuando uno miraba al otro al mismo tiempo que daba un paso para acortar esa distancia, cuidaban que el otro no lo descubriera, pero ya estando más cerca, se fueron acercando sin mirarse de nuevo al temer que fuera más obvio, no obstante al no hacerlo sus hombros chocaron cuando dieron ese último paso. Ambos se miraron avergonzados pero al final rieron excusándose de que estaban distraídos.
Y tú
Cuando nuestras miradas se encontraron
Tu enfoque, tu corazón temblaba
Y eso se veía tan bonito para mí
Más tarde en la cocina, Candy estaba por terminar de preparar los emparedados que llevarían ese día, los fue envolviendo y acomodando en el canasto en donde además llevaban algo de jugo en una botella de cristal y dos vasos para poder servirse, ya habiendo terminado su parte, se acercó de nuevo con Anthony quien se encargaría de preparar el postre, para ella era un deleite verlo con un delantal y tan concentrado al cocinar.
-Podrías ayudarme con el betún mientras veo si el pan ya quedo listo-decía mientras terminaba de poner el último ingrediente en el recipiente que se estaba calentando en la estufa.
-¿Solo tengo que cuidarlo?-cuestiono al no saber si debía ponerle algo mas o esperar algún tipo de reacción por parte de los ingredientes que aparentemente no estaban mezclados.
No tengo nada más que esperar hoy
Estás brillando
El cielo es alto y azul
-Hay que mezclaros, te enseñare como-sin pensarlo mucho se puso tras de ella, tomo sus muñecas, con la izquierda para tomar el mango y con la derecha le enseño el movimiento correcto para mezclar y que el betún saliera con la consistencia deseada, sin embargo Candy no sabía si concentrarse en las indicaciones, o del calor que invadía su rostro, mientras que el rubio al darse cuenta de la situación, sus ojos se cruzaron con los de ella, la fue soltando sintiendo también que su cara comenzaba a sonrojarse-Sigue así, yo voy a revisar el horno-el joven se alejó ubicándose frente al horno que por suerte podía darle la espalda a la rubia, cruzo sus brazos moviendo sus inquietos dedos de la mano derecha-"Estabas a punto de hacerlo de nuevo, será mejor que te comportes Brower"-mientras se regañaba a si mismo Candy noto que las orejas del rubio estaban rojas, lo cual la hizo sonreír y proseguir con la indicaciones del ojizul.
Y voy a seguir caminando, siento el viento
Sí, acércate
Este momento es perfecto
Ya tenían todo listo para partir, Anthony ya se encontraba afuera de la mansión, en la entrada principal, se sentía más calmado, no obstante toda esa calma de nuevo se fue volando cuando la vio salir, con un vestido con rayas blancas y purpura, mangas tres cuartos con un acabado acampanado, llevaba el cabello suelto, siendo adornado únicamente por un sombrero que la ayudaría con los rayos del sol.
-"Que hermosa"-fue lo que su corazón exclamaba al verla deslumbrante bajo la luz del sol, con esa preciosa sonrisa, su nariz respingada llena de pecas, sentía que ya no podría resistirse a ella por mucho tiempo.
Tú
Sigues parpadeando ante mí
Igual que las lindas palabras que dijiste anoche
Incluso hasta tu expresión
-Estoy lista, ¡vamos!-dijo con entusiasmo al llegar frente a él.
-Primero, te tengo una sorpresa-el ojiazul se movió un poco para mostrarle lo que estaba a sus espaldas, eran dos bicicletas pero una de ellas tenía un canasto adornado con listones y una campanilla que Anthony hizo sonar cuando se acercó a ella.
-¿Es para mí?-cuestiono emocionada acercándose a ella y admirando lo bonita que era a comparación a la sencilla que había utilizado para aprender a manejar-¿Pero cómo supiste?-aquella pregunta puso en jaque al rubio quien no se atrevía a decirle que la había visto a escondidas-Seguramente fue Dorothy quien te dijo que ya había aprendido-aseguro la pecosa y el galeno prefirió no desmentirla.
Y tú
En realidad, estabas secretamente deprimido
De que tal vez nos alejemos más
Aunque es un poco tonto
Emprendieron el viaje hacia el lago disfrutando del paisaje boscoso, entre sonrisas, mientras Candy hacia tocar su campana, hacia un sonido que bien podría representar la alegría que sentía en ese momento, quería disfrutar al máximo ese paseo con Anthony, sin pensar mucho lo que pudo haber pasado esos últimos días, quería sentirse libre por vivir ese precioso presente.
No tengo nada más que esperar hoy
Estás brillando
El cielo es alto y azul
Al llegar no pudieron evitar admirar el hermoso paisaje, la luz del sol reflejándose en las cristalinas aguas del lago formando un hermoso color azul que acompaña el verde de los árboles que se encontraban alrededor. Extendieron su mantel de cuadros rojos y blanco bajo la sombra de un inmenso árbol. Disfrutaron de la comida, Anthony elogiando los emparedados de Candy, quien le pidió que no exagerara tanto. La rubia disfruto el dulce sabor del pastel de chocolate, siendo su sabor preferido y siendo el de Anthony su favorito en el mundo.
Y voy a seguir caminando, siento el viento
Sí, acércate
Este momento es perfecto
Cuando terminaron de comer, jugaron póker siendo Candy no tan buena en el juego, Anthony a propósito le susurraba su partida para perder a propósito, al principio a la enfermera le pareció injusto, pero después le pareció divertido ver como el ojiazul fingía de forma exagerada lo indignado que estaba por perder, hasta fingir desmayarse. Al sentir que el viento estaba siendo favorable el rubio hizo lo posible por hacer volar un cometa, cuando finalmente lo logro, Candy lo celebro, pero rápidamente Anthony hizo que ella tomara el mando, siendo la primera vez para la pecosa sostener un cometa, no dejaba de exclamar lo alto que estaba y lo bonito que se veía. Para el rubio, verla de esa manera, sin duda seria uno de sus mejores recuerdos.
Las nubes se acaban de formar
La luz del sol se está derramando
No puedo aferrarme a esas cosas
Nuevos paisajes para dibujar
Sea perfecto para nosotros y dure para siempre
Ambos se recostaron sobre la manta admirando las nubes del cielo, adivinando la forma que tenían cada una de ellas, imaginando y relatando historias graciosas acerca del animal, persona u objeto que se formaba en el cielo
No tengo nada más por lo que sentir curiosidad hoy
Mi corazón está a punto de explotar
Por la dulce mirada que me estás dando
En un momento se miraron uno al otro, sin embargo lo que sus ojos vieron fue algo asombroso. Por un momento Anthony a su lado vio a la niña con la que había salido a pasear ese día que vendió su premio en el rodeo. Candy vio al niño valiente que no temía en construir su propio destino. Ambos sintieron que regresaban a ese día, de ese paseo inolvidable, sin tomar en cuenta los años y los sucesos que habían pasado al estar separados.
Gritaré en voz alta que te amo
Solo abrázame
Este momento es perfecto
Se habían quedado un momento en silencio admirando el cielo, hasta que Candy recordó un par de cosas que aun deseaba saber del rubio y que era un momento oportuno para averiguarlo.
-Anthony, ¿Por qué decidiste ser médico?-cuestiono sin despegar su vista del cielo.
-Por mi mamá-pero la respuesta del ojiazul logro atrapar la mirada de la pecosa-Creo que ya lo sabes, mi madre murió de una extraña enfermedad, los médicos en ese entonces no pudieron hacer nada porque no sabían cómo tratarla, ya sé que es demasiado tarde para tenerla de regreso, pero si puedo evitar que un niño pierda así a su madre, o cualquiera pierda a su ser querido, que una persona como mi madre con tantas ganas de vivir pueda sanarse, sé que hice un buen trabajo-a pesar de que estaban abordando ese tema, aun se sentía incapaz de hablar del grupo de investigación médica en Suiza, en donde había sido aceptado.
-Ten por seguro que tu mamá, en el cielo, estará muy orgullosa de ti-de eso no tenía ninguna duda, no solo por ser su prometedor futuro como médico, si no también por la maravillosa persona que era.
-Gracias-sonrió apenado y de nuevo dirigió su vista hacia el cielo.
-Por cierto, la vez que me quede en tu departamento-aquello hizo que la angustia comenzara invadir el acelerado corazón del rubio-En tu cuarto, vi un libro-dudando en preguntar acerca de la foto que estaba entre las paginas, a último momento decidió desviar el tema y sus ojos de nuevo a las nubes-¿Era el mismo que leías en la biblioteca, el del Cyrano?- igual si con esa pregunta, venia otra respuesta adicional que la llevara hacia esa foto, debía prepararse para escucharlo.
-No, era el Conde de Montecristo, también está en francés-recordó aquel libro en donde esperaba que ella no hubiera visto aquella foto que guardaba tan celosamente-Trata de un hombre que fue traicionado, enviado a la cárcel, todos creían que no volverían a verlo en la vida, pero regreso con otro nombre, enterándose que el amor de su vida, se había casado con la persona que supuestamente era su amigo, quería vengarse, recuperar a su amada, pero…-comenzaba a costarle trabajo relatar que no era del todo ajeno a él.
-¿Pero?-cuestiono la ojiverde intrigada.
-Ya era demasiado tarde y la venganza nunca fue la respuesta-dijo en medio de un suspiro mientras cerraba a sus ojos quedándose totalmente quieto.
-Anthony-lo llamo después de que espero varios minutos sin recibir algún comentario con respecto a la foto que estaba en el libro, giro para verlo, encontrando al joven con los ojos cerrados y con la respiración calmada-¿Anthony?-lo llamo de nuevo pero ahora con voz más baja, moviendo su mano frente a él sin conseguir una reacción-"Se quedó dormido, seguramente ha estado demasiado ocupado y no ha descansado bien"-repentinamente la culpa la invadió a pesar de que comenzaba embelesarse con esa imagen-"Lo mejor hubiera sido que descansara en la mansión y aun así quiso hacer el picnic"- se acomodó de lado sin poder dejar de verlo, era la primera vez que lo veía dormido, su pecho subiendo y bajando, para ella todo aquello era una bendición, sentía tanta paz, que finalmente también fue vencida por el sueño.
Un par de horas después, los ojos azules de Anthony se abrieron, sintiéndose totalmente revitalizado, pero con la sorpresa de que el sol estaba a punto de ponerse, haciendo que el cielo azul comenzara a teñirse de naranja. Su vista giro hacia donde estaba Candy, quien aún seguía dormida, se recostó de lado para poder admirarla mejor. Retiro cuidadosamente algunos mechones dorados de su frente que se pegaron por el sudor, con sus dedos aun deseaba tocar su rostro desde su nariz y cada una de las pecas esparcidas en sus mejillas, pero solo se atrevía hacerlo manteniendo sus dedos a una prudente distancia para no tocar su piel. Al terminar ese recorrido, sus ojos fueron bajando lentamente hasta detenerse peligrosamente a sus muslos, siendo el vestido un traicionero al no cubrirla adecuadamente o que ella inconscientemente se subiera su falda debido a que había subido la temperatura. Se fue enderezando, dándose cuenta que su cuello estaba empapado y su frente escurría en sudor, vivir varios años en Escocia, siendo un lugar más fresco, con pocos días con calor, lo habían mal acostumbrado al clima de Norteamérica. Pero al ver el cristalino lago frente a sus ojos, se le ocurrió una osada y desesperada idea para combatir el sofocante calor.
Minutos después los ojos verdes de Candy se abrieron, concentrándose primero en recordar en donde estaba y que estaba haciendo antes de haberse dormido, al tener finalmente su mente trabajando por completo, sintió que su alma se escapaba al ver que Anthony ya no estaba a su lado, se levantó apresurada y noto que cerca del canasto se encontraban los zapatos y la camisa perfectamente doblada del rubio, miro angustiada al lago hasta que finalmente lo vio emerger del agua, con el cabello totalmente mojado y el torso completamente descubierto siendo recorrido por las dulces gotas del lago, vio como usaba sus manos para quitarse el exceso de agua en sus ojos y después hacer lo mismo con su cabello. De nuevo esa sensación en su pecho cuando lo vio salir de la ducha, por suerte, en vez de una toalla, vestía sus pantalones.
-¿Seguiré soñando?-se preguntó, pensando que sin duda sus sueños cada vez eran más vividos y mucho más atrevidos.
-¡Candy, lo siento, no lo pude evitar, además el agua esta deliciosa!-exclamo a lo lejos con aquella deslumbrante sonrisa-¡Deberías de intentarlo!-se dio cuenta demasiado tarde que esa invitación bien podría interpretarse de manera sugestiva y fue imposible echarse para atrás cuando Candy, descalza, como si fuera atraída por el canto de la sirena se fue metiendo al agua sin despojarse de su vestido, conservaba su decoro al no querer que la viera sin él, sin embargo conforme iba avanzando las prendas se hacían más pesadas, por lo cual no tuvo remedio que quitarse el vestido, quedándose solamente con el fondo de su vestido que podía cubrir su ropa interior, era de color beige con tirantes y encaje en las orillas. Se sumergió totalmente en el agua, nadando hasta llegar hacia donde estaba el rubio.
-Tienes razón, es bastante refrescante- dijo castañeando los dientes, recuperando el aliento acostumbrándose aun a la temperatura del agua sin imaginar que también Anthony intentaba recuperar el aliento al ver tan de cerca a la rubia mostrando más de lo que se hubiera imaginado algún día ver.
-Se una manera para que te acostumbres-menciono en un breve destello de lucidez al quitar su atención por un momento del fascinante cuerpo de la rubia-A que no me alcanzas-el ojiazul sin darle tiempo para que la pecosa dijera alguna palabra, se sumergió al agua y nado hasta una parte más profunda del lago en donde podía cubrirlo hasta mitad del pecho, pero que a Candy le alcanzaba a cubrir hasta el cuello.
-No es justo, eres muy rápido y también eres más alto que yo, ¡Mira hasta donde me llega el agua!-exclamo al arrojarle agua al rubio fingiendo estar molesta, el rubio también hizo lo mismo para seguirle el juego, continuaron un buen rato hasta que el cuerpo de la enfermera se hundió por completo al acercarse a una parte mucho más honda. Alarmado, Anthony se acercó a ella para tomarla de la cintura y acercarla a él a una profundidad más segura.
-Candy, ¿estás bien?, lo siento no debí traerte a esta parte tan profunda-dijo aun sin soltarla y sin darse cuenta en que momento la ojiverde tenía sus brazos en sus hombros, posando sus manos atrás de su cuello.
-No, te aseguro que estaba a punto de salir-era verdad, esa era su intención, ponerse en una profundidad en la que pudiera sacar su cabeza al menos. Pero al ver a Anthony, sus ojos llenos de angustia, de su rostro preocupado, quería encontrar una manera de calmarlo. Lo que pudo hacer primero fue sonreírle para darle entender que estaba bien y más cuando eran sus brazos lo que la sostenía, vio cómo su expresión se suavizaba sin embargo, el silencio aun reinaba, aunque cada uno escuchaba el retumbar de sus corazones. Candy sin querer soltarse aún, no estaba dispuesta a desaprovechar el momento, la luz del atardecer reflejándose en su piel, tener tan cerca ese torso tan torneado, sus músculos como si estuvieran hechos de roca que le hacía desear algo que nunca jamás pudo haber imaginado anhelar, desde ver su mandíbula tensarse por unos segundos, sus hermosos y brillantes ojos posarse sobre ella, hasta llegar finalmente a ese lugar, ansiaba por probarlo, así que dejándose llevar finalmente por sus impulsos, acerco sus labios a los de él, sintiendo la suavidad de estos a pesar de que fue un breve momento, pero al ver la expresión de Anthony sintió una punzada en el corazón. Por su parte el rubio tenía los ojos complemente abiertos, estupefacto, sorprendido, no esperaba que realmente aquello sucediera, sin embargo su expresión bien se podría malinterpretar a que no estaba dispuesto a aceptar el afecto que encerraba ese breve beso-Lo siento, no debí hacerlo, perdóname-totalmente afectada, no se sintió capaz de mirarlo a los ojos, se soltó y rápidamente nado hacia a la orilla en un intento por no llorar-"Me equivoque por completo, él no siente lo mismo, lo malinterprete todo, soy una tonta"-el nudo en su garganta se hacía presente, pero lo único que quería aún más que romper en llanto, era alejarse de ese lugar.
-Candy-susurro finalmente, acercando sus dedos a sus labios, intentando convencerse que lo que había pasado, realmente había sucedido, sus emociones eran un completo caos, pero al momento de regresar al presente, se dio cuenta que Candy nadaba hacia la orilla habiendo malinterpretado por completo su reacción-¡Candy, espera!-el nado tan rápido como podía, como si su vida dependiera de ello, cuando finalmente llego a la orilla se dio cuenta además que la pecosa ya no contaba con su vestido que seguía flotando en el lago, así que mientras ella se ponía sus zapatos, él rápidamente tomo su camisa y alcanzo a ponerla sobre sus hombros-Usa mi camisa, de lo contrario te vas a resfriar-ella seguía dándole la espalda pero aun así accedió a ponérsela, siendo dolorosa aquella amabilidad-Candy, lo que acaba a pasar yo…-
-Descuida, entiendo, me gustaría que pretendiéramos que nunca paso-intentaba sonar calmada aunque seguía sin darle la cara, el aroma que desprendía esa camisa, causaba que aquellas palabras fueran aún más dolorosas y no deseaba hacerlo sentirse responsable por las lágrimas que comenzaba a derramar-Sera lo mejor para ambos-dijo justo antes de tomar su bicicleta y alejarse rápidamente de allí. Al llegar a la mansión lo primero que hizo fue correr hacia su habitación, al llegar a su cama, se quitó la camisa y sin poder evitarlo un segundo más lloro sobre ella, lloraría los suficiente para no hacerlo frente a él, no permitiría que él se preocupara por sus sentimientos, ni mucho menos reclamarle por aquel afecto que alguna vez sintió por ella, era inútil, él no lo recordaba y mucho menos lo sentía ahora, ¿pero porque sentía que dolía más, mucho más que esa despedida en Nueva York?, porque siempre había sido así, su corazón siempre había sido de Anthony y tenía que aceptar de una buena vez que no era correspondida.
-¿Candy, estás bien?- la cabeza de Dorothy se asomó por su puerta, y al verla en ese estado, sin pedir su consentimiento entro cerrando la puerta tras de si-¿Qué tienes Candy, que paso con tu vestido?-cuestiono al verla solamente con el fondo y con la camisa del joven Anthony cerca de su rostro empapado de lágrimas, permitiendo que se calmara un poco, la rubia le relato lo que había sucedido ese día y la forma tan desafortunada como había finalizado ese paseo-Oh Candy, lo lamento mucho, realmente no sé qué decirte, incluso me atrevo a decir que me siento culpable-comento afligida al haberle dicho días antes que había visto interés de Anthony sobre la pecosa.
-No, de ninguna manera Dorothy, yo soy la única responsable, no me obligaste a nada, solo yo-rebatió librando a su amiga de cualquier culpa que pudiera tener.
-Pero si soy responsable de tu bienestar, por lo cual te preparare un baño caliente y hare que te traigan la cena para que puedas descansar y no pesques un resfriado-respondió con aquella dulzura y afabilidad con la que siempre trataba a la pecosa.
Casi a media noche Anthony, con su pijama puesta estaba caminando de un lado a otro en su habitación, tratando de recapitular lo que había pasado y lo que había significado, porque era un hecho, ese beso, fue completamente real.
-¿Por qué se habrá ido así, habrá sido por mi expresión o realmente estaba arrepentida por haberlo hecho?-no deseaba que fuera esa segunda opción, pero tampoco la primera era tan agradable-Dijo que lo olvidara, ¿Cómo rayos voy hacer eso?-se preguntó incrédulo, ahora que sus pensamientos giraban al querer recrear la suavidad, el sabor de aquellos labios, la calidez de su cuerpo, lo placentero que era tomarla de la cintura, para después…tenía que concentrarse-Que lo mejor era pretender que nunca paso, no entiendo, si realmente no quería hacerlo, si se estaba retractando, ¿Entonces porque dijo que era lo mejor para ambos, acaso lo sabe, se dio cuenta de lo que siento por ella y no desea lastimarme?-sus peores temores estaban saliendo a flote, lo que tanto había estado evitando, quizá tal vez estaba siendo descubierto por la pecosa-Debería preguntarle y aclararlo todo de una buena vez-se fue acercando hacia su puerta para salir a buscarla, pero antes de ello vio el reloj, casi estaba por dar la una, era imposible encontrarla despierta-Es demasiado noche-desistió de su idea y mejor se fue a su cama e intentar descansar y más cuando sentía que el piso se movía ligeramente, pensó momentáneamente que era causa del cansancio-Mañana, sin falta, le preguntare-deseaba que ese destello de valentía persistiera a la mañana siguiente y más cuando temía por la respuesta, que tal si era la que menos deseaba escuchar y más si provenía de aquellos labios que tanto había disfrutado y que deseaba probar una vez más.
En la mañana, después de un merecido descanso, Candy se levantó con mejor ánimo, estirando sus brazos dándole la bienvenido a un nuevo y prometedor día, después de todo siempre que caía, lo único que quedaba era levantarse y eso era lo que haría. Solo quedaba esperar los días que faltaban para el día de la fiesta y quizá tomarse el resto de su descanso en Chicago, ya cuando regresara al hospital lo haría totalmente revitalizada y comportándose como lo profesional que era. Por hoy podía dedicarse un tiempo exclusivamente para ella después del ajetreo que tuvo ayer, salir y olvidarse por un momento de sus sentimientos hacia el rubio. Dio un profundo suspiro justo antes de entrar al comedor para tomar el almuerzo con el personal, sin embargo durante el almuerzo el rubio no se presentó, a lo cual uno de las mucamas fue enviada para avisarle al joven amo o darle la opción de tomar el almuerzo en su habitación, sin embargo, varios minutos después la misma mucama llego apresurada al comedor dirigiéndose directamente con Dorothy, quien al escuchar por lo bajo lo que decía se levantó rápidamente y ambas salieron del lugar. Candy al notar eso, no pudo más que angustiarse y un par de minutos después se encontraba afuera de la habitación de Anthony mientras las mucamas insistían para que las atendiera y no podían entrar ya que la puerta estaba asegurada.
-¿Qué sucede Dorothy?-pregunto la pecosa con preocupación.
-Es el joven Anthony, no responde y no creemos que haya salido porque su puerta está cerrada desde adentro-la rubia se fue acercando mientras escuchaba la explicación de su amiga.
-Anthony, abre, soy yo Candy-la ojiverde comenzó a golpear desesperadamente la puerta, pero no lograba escuchar respuesta alguna-¡Anthony!-
-¿Candy?, ¿Candy eres tú?-se alcanzó a escuchar quedamente desde adentro, enseguida se escuchó el seguro siendo liberado y el sonido del girar de la perilla, hasta que finalmente la puerta se abrió, dejando ver a un Anthony aun con su pijama, agitado, con los ojos brillosos, las mejillas sonrojadas y una seductora sonrisa dirigida únicamente hacia la rubia, que lo primero que hizo al comprobar que era ella fue salir de la habitación, tomar con ambas manos el rostro de la pecosa, acunándolo delicadamente entre sus palmas-En verdad eres tú, te he estado llamado constantemente desde mi corazón hasta que finalmente llegaste-su voz sonaba más ronca de lo normal, pero aquello hizo que sus palabras fueran más cautivadoras para Candy.
-Anthony, ¿estás bien?-sin embargo la rubia necesitaba mantenerse en la realidad y averiguar qué era lo que tenía el ojiazul entre manos.
-Ahora que estás conmigo, lo estoy-para Candy aquellas palabras se le hicieron tan familiares, pero no le dio tiempo de averiguar de cuando y donde provenían debido a que Anthony estaba por acortar la distancia de sus rostros, pero justo después de sentir su aliento rosar su labios, se había desvanecido en sus brazos haciendo que ambos cayeran de rodillas.
-Anthony, ¿Qué pasa, que tienes?-pregunto sobresaltada en miedo del grito de alarma de las mucamas al ver al joven amo inconsciente en los brazos de la rubia y como respiraba tan violentamente rápido, velozmente comenzó a examinarlo tocando su frente descubriendo la causa de su desmayo y también de su desvarió-Estas ardiendo en fiebre-de inmediato Dorothy fue a buscar a alguien que lo ayudara a encontrar un médico, a pesar de que sabía que Candy era enfermera, sabía que sus emociones no la dejarían pensar claramente en medio de la angustia-Descuida, yo te cuidare-tal vez más que ofrecer su servicio, estaba siendo egoísta al querer estar a su lado a pesar de todo.
CONTINUARA…
Hola
Se los adverti, les dije que le iba meter segunda(velocidad en coche standar) a la historia. ¿Que les pareció?, ¿Quisieron llorar?, ¿Dijeron Maldicion mentalmente?, ¿Se ilusionaron con ese final similar a la Gala?, ¿Que creen que pase con un Anthony con fiebre?. Pues les aviso que al siguiente capitulo en una de esas le meto tercera muajajaja, estoy trabajando en ello.
Y el plan de Albert, demasiado obvio, ¿no creen?, sencillo, pero puede ser efectivo.
Espero que hayan disfrutado de este capitulo y yo agradezco infinitamente sus comentarios y sobre todo su paciencia.
Songfic: This Perfect Moment - MIGYO
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Cuídense mucho y hasta la próxima.
#Quedateencasa
Besitos.
