Se habían transportado hasta el camarote de él, después de lo ocurrido en el cuartel militar. Ella desconocía, que ese hombre, podía formular hechizos como esos.
-No sabia que podías realizar hechizos- la depósito en la cama con cuidado -Tú no eres un simple vidente, ¿Verdad?-
-Mi hermana es una hechicera, pensé que eso te daría un indicio de algo- buscada algo dentro de una mesa de noche cerca de la cama -Bebe esto, preciosa- le entregó una pequeña botellita color azúl y ella, la miró dudosa -No te hará daño, lo prometo- apoyó una mano en su mejilla -Estas muy pálida, acabas de sufrir drenaje mágico-
-¿Cómo sabes todo eso?- bebió el contenido de golpe, que era amargo y espeso -¡Es horrible!-
Hizo una mueca al tragarlo y él sonrió, parecía una niña.
-Te hará bien- la besó en la mejilla -No te quejes y contestando a tu primera pregunta...- apartó el cabello de ella, colocándolo detrás de su oreja -Mi madre era hechicera y ella me enseñó todo lo que sé-
-Vaya, ¿Y tu padre? ¿Era un vidente como tu?- él asintió -Me hubiera gustado conocer a mis padres. Así sabría, el porque puedo usar la magia del silencio y porque Eyra es una alquimista-
Se recostó en la cama, mirando sus manos con tristeza.
-No pienses en eso- se recostó con ella y la abrazó -¿Por qué me llamaste?-
Preguntó besándola en la sien y ella volteó a verlo.
-¿De qué hablas? Yo no te llame-
Contestó sin entender lo que él decía.
-Si lo hiciste, mi amor- se removió inquieta ante esa muestra de cariño -Yo escuche tu voz en mi mente diciendo...- la tomó del rostro para verla a los ojos -Aren... Ayúdame- ella asintió, levemente.
-Tienes razón...- confesó al recordar que lo había hecho -Pero fue extraño... Toqué el colgante que tu me diste y tu nombre llegó a mi- miró el pequeño dragón que tenía en su mano -Es como si tu, tuvieras el deber de ayudarme... Fue muy raro- levantó sus ojos para verlo.
-Seguramente, ese sea mi deber en esta vida...- volvió a besarla -Cuidar de ti-
Ella asintió y cerró sus ojos, lentamente. Le había dado sueño y no sabía porque, pero estaba casi segura, que tenía que ver con el líquido azul que bebió.
Él la miraba intensamente, era tan hermosa y exótica, que no podía evitar el velar su sueño. Pero de repente, mientras la miraba, tuvo una revelación, se había enamorado de esa mujer.
-Eyra- Susurró a la chica dormida en su espalda -Gaviota, despierta-
Ella abrió sus ojos y no sabía donde estaba. Parecía una pequeña y humilde cabaña. A simple vista, se veía modesta, pero equipada para dos personas.
-¿Dónde estamos?- observó alrededor aún en su espalda -¿No se suponía que iríamos a El Dragón Negro?-
-No- la sentó arriba de una mesa -Esta es mi casa- volteó y la abrazó de la cintura.
-No sabía que vivías aquí- miró por la ventana -Estamos en el otro extremo del bosque- él asintió -¿Por qué me trajiste?- preguntó sonriendo.
-Quiero hablar contigo y en el bsrco, no íbamos a poder hacerlo- se sentó en una silla frente a ella -Eyra, ¿Por qué me trataste así hace unas semanas atras?-
Ella retorció sus manos y bajó la mirada. No sabía que decirle.
-Björn, sinceramente, no lo sé- confesó, después de levantar la vista.
-¿Cómo qué no lo sabés? Me trataste, como si yo hubiera sido el que quiso lastimarte- habló serio y frío como un témpano -Y fue todo lo contrario- reclamó -¿Por qué quieres estar lejos de mí?- respiró profundo para evitar levantar la voz -Yo nunca voy a lastimarte, Eyra. Si eso es lo que crees-
Confesó mirándola con tanto anhelo, que se debatía entre acercarse o simplemente, contemplarla, como la hacía siempre. Ella cerró sus ojos, era cierto, era lo que siempre hacía cada vez que un hombre se acercaba, después de lo que paso. Hacía todo lo posible para alejarlo de su vida, a pesar de tener buenas intenciones. Era muy triste, pero todos ellos después de ese traumático suceso, le recordaban a su agresor.
-Lo siento...- se limpió una pequeña lágrima que escapó sin querer -No lo volveré hacer, lo prometo- limpió otra -Ya no más...- sonrió bajando de la mesa y acercándose a él -Nadie me lastimará y me humillara, nunca más...- se inclinó tomándole el rostro -Porque tu... Viniste aquí para salvarme- él sonrió embelesado -Quiero empezar de nuevo...- le tomó de la mano -Hola, soy Eyra Smith, una humilde alquimista de Keisalhima... Es un placer conocerte ¿Björn?- esperó el apellido de él.
-Helsing- ella lo miró extraño -Es extranjero- los dos rieron -No te burles, el apellido de Aren es Fleming- rió, todavía más -¡Ven aquí!- tiró de ella y la sentó en sus piernas, haciéndole cosquillas -Eres hermosa cuando ríes, Eyra...- la besó en la mejilla -Espero que algún día te enamores de mí- rogó con toda su alma.
-Creo que...- lo besó en labios -Ya estoy un poco enamorada de ti, tan sólo, tengo que aprender a quererte- confesó, separándose de él -Ven conmigo...-
Aferró sus manos y lo condujo a lo que ella suponía, era una habitación.
En el camarote del capitán Ciro, una pequeña reunión con un reducido grupo de personas, se estaba realizando allí.
-¿Por qué estoy otra vez aquí, Ciro?- preguntó.
Él ya se imaginaba el porque estaban todos allí, pero tenía que reclamar, para no ser tan evidente.
-Deja el teatro para después- respondió enojado -Hace unos días atrás, te di la oportunidad de que hablaras conmigo y me dijeras la verdad- se acercó a él con ganas de estrangularlo -Y no lo hiciste...- lo rodeaba como un halcón a su presa -Ahora bien, ¿Qué crees que es lo que debo hacer contigo después de esto?-
-¿Castigarme?-
Respondió como un niño, cerrando un ojo.
-No te castigare, Seth ¿Ese es tu verdadero nombre? ¿No?- su hermano asintió y él, se sentó frustrado en su lugar -Tengo que decirlo y que me lancen por la borda por temor a la demencia, después de esto. Pero el Seth que tengo aquí en frente, me gusta más que el anterior-
-¿Qué?-
Preguntó incrédulo, al igual que todos los demás.
-Si, lo que escuchaste- frotó sus ojos agotado -Me agradas más ahora que antes- sonrió sincero -Y quiero que te quedes-
-Estoy de acuerdo con el capitán, me agradas más, hermano- dijo el primer oficial y apretó un hombro del alquimista -Antes eras bebedor, mujeriego, grosero y robabas cualquier cosa a tu paso-
-Entonces, no cambió en nada-
Comentó con burla la cazadora y rió sola a carcajadas. Nadie la acompañó, solo el hechicero que ahogó una risa, ya que la situación, era muy seria.
-¡Tu callate!- el ladrón la golpeó en la cabeza -¡Qué no sé que vamos a decirle a tu hermano!- ella levantó sus hombros, indiferente.
-Gia, esto es serio...- su otro amigo, la sostuvo de los hombros para mirarla a los ojos y que entendiera -Él te adora así o de otra forma, eres su hermanita, ¿Te das cuenta de lo grave que es esta situación?-
Ella asintió aterrada, su amigo tenía razón.
-Björn me matara y tu hermano también a ti, Eyra- apuntó a su prima -¿Cómo vamos a decirles que no pertenecemos aquí? Él no comprenderá que soy una alfa, que tengo un lobo oscuro como familiar animal llamado Levi y que voy a renacer, dentro de cientodos años en el futuro-
-Callate, Ivi- indicó su prima y mordió sus uñas nerviosa, mirando hacía la puerta -No sé que voy hacer...- expresó con pánico -Esto lo destruirá, como se lo diré ¡Hola Aren, hermanito! Hay algo que debo contarte, hace unas semanas cuando me desmayé, sufrí una sustitución de almas con una hechicera que nació hace cien años- caminaba de un lado a otro -No puedo decirle eso-
Todos las miraron en shock, se habían llamado por otro nombre y eran identicos a las de las brujas blancas. Esas muchachas, no habían contado la otra parte de la historia, tan solo, la de la sustitución de almas.
-¿Ivi? ¿Ivette?- señaló la menor de las guerreras a la cazadora, que levantó la vista, al reconocer su nombre -¿Eyra?- la vidente se detuvo y la miró -¿Qué no nos han dicho?-
-Se llaman igual a las chicas... No comprendo, pensé que todo terminaba en la sustitución de las almas-
Comentó la otra joven. Ella sabía la verdad, pero prefirió hacerse la tonta y dejar que ellos hablarán.
No había vuelta atrás, alguno de los cuatro, tenía que contar la verdad y todos, miraron al alquimista, que era el más "honesto" de ellos.
-Ya que...- frotó sus ojos exasperado y se acomodo mejor en la silla -Bien, todos nosotros, estamos entrelazados de una forma muy extraña, en esta vida y en la otro...- respiró profundo -Mi nombre es Dante Elric, soy un alquimista amestrisano...- miró a sus primos y a su hermano. Los primeros tenían ese apellido, ellos no -Y está es la verdadera historia de porque estamos aquí...-
Todos se pusieron comodos y escucharon atentamente, la narración de el origen de los cuatro y porque, de alguna forma u otra, el destino, los había reencontrado cien años después.
-¿Por qué me mirás así?- preguntó sonriendo, acostada sobre el pecho de él -Me pones nerviosa-
-No tienes porque- le acarició el cabello y la besó en la frente -Además, te miro así, porque aún no puedo creer que te hayas entregado a mi- ella bajó la mirada y mordió su labio -Ahora más que nunca, puedo decir que estoy enamorado de ti-
-Bueno, puedo vivir con eso- respondió -Por cierto, creo que debemos irnos- él fruncio el ceño -Ahora, las chicas y yo, somos fugitivas de la corte y necesitamos irnos lo antes posible de aquí- apoyó su mejilla en él -Nunca nos quisieron en este maldito pueblo, así que, lo mejor para nosotras será unirnos a Ciro y su gente-
-En eso tienes razón y yo, iré contigo- le acarició la espalda -Después de está noche, no voy a dejarte ir-
-¿Y tu hermana? ¿Y tus amigos?- cuestionó triste -¿Los dejaras?-
-No, ellos vendrán con nosotros- asintió seguro - Tristán, nunca abandonaría a Amaia. Dante, se enamoro de una pirata. Osiris, quería unirse a su primo en la piratería hace tiempo y Gia, bueno... Vendrá aunque no quiera-
-Esta bien- lo besó en los labios -¿Vámonos?- preguntó, inexplicablemente feliz.
-No, nos quedaremos, bonita... Quiero conocerte un poco más-
Comentó divertido, rodando en la cama y besándola.
-¡Eyra!- despertó exaltada, después de una horrible pesadilla -¡Por todos los dioses! ¡Qué sueño más horrible!-
Frotó sus ojos y estiró su cuerpo, miró alrededor y el vidente no estaba. Pero un instrumento en un rincón, llamó su atención. Era un violín, se acercó a él con emoción. Ese pirata, tenía cosas fabulosas en su camarote.
-Despertaste, preciosa- ella se asustó por su repentina intromisión -¿Qué escondes ahí?- había escondido el violín detrás.
-Esto- le enseñó lo que tenía en sus manos -Lo siento, lo escondí sin querer- mordió su lengua por la vergüenza -Yo tengo uno así en casa- lo afinó un poco -Pero esta tan viejo, que ya no suena- rió -Es un gran instrumento, cuidalo mucho- lo tendió hacia él.
-Quedatelo, yo no sé tocarlo-
Ella hiperventiló de la emoción y tocó su pecho, como si le doliera. Era el mejor regalo de la vida jamás.
-¿De verdad?- movía sus manos para darse aire -Discúlpame... Es que, estoy emocionada... Nunca me habían regalado algo como esto- se sentía extraña y no podía contener tanta felicidad -¡Muchas gracias!- lo abrazó con todas sus fuerzas -Pero ya no tocare nada, porque cada cosa que toco, tu me la regalas-
-Todo lo que hay aquí...- abrió sus brazos -Es tuyo, recuerda que ahora vivirás aquí, hasta que lleguemos a Amestris- le entregó una caja -Tu hermana acaba de llegar con Björn y estaba por tomar un baño, tu deberías tomar uno también- cambió su camisa mientras hablaba -Vamos a cenar y luego Ciro, dará un anuncio-
-¿Qué es esto?- sacó un traje de la caja.
-Tu ropa de pirata- la tomó entre sus brazos y comenzó a desvestirla -Lo siento, pero esta ropa de campesina es horrenda- la besaba y le hacía cosquillas -Aunque me gusta más que uses nada- la miró mordiéndose el labio. Ella estaba en ropa interior frente a él -Tengo que irme de aquí, antes de que haga una locura- dijo con la voz rasposa, volteando -Te esperó afuera-
-Adiós, Aren-
Lo despidió con voz cantarina, burlándose de él e ingresando al baño privado que poseía el camarote.
-¿Por qué soy la única que usa falda aquí?- Se quejo enojada, señalando a sus cuatro amigas que llevaban pantalones -¡Se olvidan que soy una cazadora! ¿Verdad?- ellas reían como maniáticas -¿Donde está Deni?-
-Ahí viene- dijo la alquimista, señaló a una joven que cantaba, caminando en su dirección -Siempre esta cantando- mencionó divertida -En eso se parece a mi-
-Siempre voy a donde quiero con una sonrisa, que logre encaminar a todos mis amigos, a la batalla que, se desarrolla entre el bien y el mal... Con valor no nos vencerán, ya verán, se arrepentirán-
Entonaba canciones desconocidos para todos allí, al igual que la cazadora, que la miraba sonriendo. Esa misma canción, cantaba su tía Dea cuando estaba de buen humor.
-Hola, ¿Estas mejor? Pequeño sinsonte cantarín- su prima asintió, sonriendo.
-Si, gracias-
-¿Qué te sucedió?- cuestionó la hechicera.
-Discutí con Dante y como siempre, termine llorando y mandándolo al diablo-
-¿Cómo siempre?- preguntó extrañada -Pero hace muy poco que son novios, eso no es un siempre-
-Eyra, cada relación es un mundo o quieres que hable de la tuya con Björn- indicó su amiga.
Todas sonrieron picaras, ya se imaginaban lo que había pasado entre ellos. Su hermana, estaba feliz por ella. Ese cazador, la había ayudado mucho a superar su trauma con los hombres.
-¡Amaia!-
Exclamó avergonzada y roja cual manzana.
-No tienes porque avergonzarte, amiga ¿Desde cuando ser una golfa es un pecado entre nosotras?- indicó su otra amiga.
Todas rieron, pero tres de las brujas blancas, miraron significativamente a la cuarta integrante del grupo, que se tocaba el pecho, entre ofendida y dolida, pero sobre todo, insultada.
-¡Yo no soy una golfa!- se defendió -Ayudo a las personas en el amor, que es muy diferente-
-Pues, de tanto ayudar... Ya te ganaste el cielo-
La empujo en broma su hermana.
-Yo que tu, dejaba de hacerlo... Como que ya perdió el sentido ¿No?- ironizó apuntándola, su mejor amiga.
-Eso es cierto, como que con ella, ya no hay un limite entre restar o sumar pecados, ¿No creen?- finalizó cómplice con las demás.
Hablaban libremente de su vida privada, como si ella, no estuviera allí y lo peor de todo, que lo estaba, pero no tenía argumentos sólidos para defenderse. Lo único que hacía, era mirar la conversación entre su hermana y sus amigas, sintiéndose, cada vez más ofendida.
Por otro lado, las otras dos jóvenes presentes, lloraban de la risa. Era como estar presenciando una de sus típicas reuniones con sus tías y sus madres, de las que ellas ahora, también eran parte.
-Bien, ¿Terminaron de burlarse de mí?- cuestionó irritada y ellas asintieron -Perfecto, vamos a comer... Muero de hambre-
No terminó de decir eso, que sus amigas, su hermana y ella, corrieron como perros hambrientos por toda la cubierta, en busca de comida. Que todos dioses protejan a cualquier hombre que se interponga en el camino de esas muchachas y su cena, sería su fin.
-Bien, como la cena ya terminado, tripulación. Tengo algo que decirles- el capitán levantó la voz a todos los presentes en la mesa -Caballeros... - miró a su derecha -Dam...- miró a su izquierda y lo que vió, no le gusto en lo absoluto. No sabía si eran mujeres o bestias, lo que había de ese lado de la mesa -Perdón, ¿Ustedes que son?-
Las señaló entre consternado, shockeada y asqueado. Se suponía, que era un pirata, había visto todo tipo de cosas en el mundo, pero esa imagen, lo superó del todo.
-¿Qué?- preguntó la cazadora con la boca llena, golpeando su pecho al tragar -Chicas, ¿Creo qué nos estaba hablando?-
Codeo a la vidente a su lado, que tragaba comida como pato y usaba su dedo meñique, para quitar algo entre los dientes. Sus respecto novios, las observaban, avergonzados.
-¿¡Ahora que quieres!?- preguntó molesta, la hechicera, señalándolo con una pata de pollo -¡Habla rápido! ¡Estamos comiendo y no quiero que se me corte la digestión, por escuchar tu horrible voz!-
-¡Tu! ¡Maldita bruja! ¡Al tablón!-
La señaló con odio, dispuesto a lanzarla al mar y atada a un contrapesó, para que muriera allí.
-¡Pudrete! ¡Camaronero!-
Lo desafío con la mirada. Ellos dos, se odiaban a muerte, ya que una vez, ella le vendió un jabón urticante con esencia de ortiga, que había preparado, exclusivamente, para él.
-¡Suficiente los dos!-
Exclamó Leire golpeando la mesa, advirtiendo a ambos con la mirada y señalandolos con su espada. Ellos acataron la orden y tomaron asiento, muy lentamente, aún matándose con los ojos el uno al otro.
-¡Mas respeto, hechicera!- el mayor de los hermanos ladrones, saltó en defensa del capitán -¡Estas hablando con el capitán de la nave!-
Un plato de comida, aterrizó en la cara de él.
-¿¡Cómo te atreves a levantarle la voz a mi hermana!? ¡Estúpido!- exclamó rabiosa, la hermana de ella -¡La próxima vez que lo hagas! ¡Te transmutare hasta que te quedes calvo!-
Esos dos, no se toleraban desde el primer momento en que se conocieron. Sin mencionar, que cuando su amiga se enamoró de él, lo declaró traición.
-¡Quiero verte intentando! ¡Enana!-
Se abalanzó sobre ella, pero su hermano y su primo, lo detuvieron al vuelo. Ella juntó sus manos preparada para mandarlo a volar, en cualquier momento.
-¡Basta Tristán!- Vocifero su novia y una daga, voló rozandole la oreja, clavandose detrás -¡Cierra la boca y siéntate!- obedeció y la miró con terror -Quieta, Eyra- palmeo la cabeza de su amiga, que intentaba sacar una daga que la mantenía clavada a la mesa, desde el puño de su camisa -Ya puedes hablar, Ciro-
-Gracias- todo el mundo estaba en silencio, esas dos, daban miedo -Mañana al amanecer, partiremos hacia Valtandhers- bebió de su copa de vino -Es todo-
