LAS CRONICAS DE NARNIA: EL RETORNO DE LA REINA.

Disclaimer: Las Crónicas de Narnia no me pertenecen.

(NOTA: De nueva cuenta les pido no me maldigan y espero disfruten el capítulo, nos leemos abajo).

Capítulo 19: El Consejo de Guerra

Susan pareció perder las fuerzas hasta para llorar al escuchar el grito de su hijo, desde que este le había dicho que quería un nuevo nombre acorde con la nueva vida que tendría con ella como su madre nunca más volvió a usar el nombre que Prunaprismia le dio al nacer: Tyron. Incluso aunque su hijo consideraba el nombre de Caspian como extraño y hasta extravagante, desde el primer momento en que lo nombro así no renegó de él, al contrario, siempre se presentaba como Caspian, aunque su hermano y después todos comenzaron a llamarlo Ian.

Paralizada debido al grito de su primogénito Susan a penas y noto como este se abalanzaba de nueva cuenta contra Caspian X, golpeándolo con sus débiles puños. Caspian no sabia muy bien que hacer, el niño no le hacia realmente daño, pero sabia que debía detener sus embistes. Pronto Edmund se apresuro a tomar a Ian en un fuerte abrazo por la espalda, atrapando sus brazos para que dejara de golpear al hombre.

-Ian- llamo entonces Susan, colocándose frente a su hermano con su hijo en brazos -Cálmate por favor, te explicare todo.

-NO QUIERO QUE ME EXPLIQUES NADA- negó a gritos Ian, apartando su rostro de las manos de Susan quien pretendía tomar su pequeño rostro entre sus manos -ERES UNA MENTIROSA, UNA TRAIDORA… RILIAN TENIA RAZON ERES MALA.

Al instante todas las miradas, excepto las de Susan y su hijo, se dirigieron a Rilian quien miro a los altos techos de la habitación para no ver el reproche que se hizo presente en los ojos de los demás.

-¿Por qué me dices eso?- cuestiono Susan mirando a su hijo herida, quien dejo de luchar en los brazos de Edmund, por lo que la benévola soltó suavemente los brazos de su hermano del cuerpo de su hijo, para después tomar el rostro del niño quien ya no se resistió.

-Rilian lo dijo, traicionaste a Narnia y a tus hermanos y por eso no regresaste a Narnia con ellos- explico Ian, con los ojos anegados en lagrimas y el rostro sonrojado por la furia -Y ahora me traicionaste a mí, me mentiste, todo este tiempo me mentiste.

Susan miro a su hijo con lagrimas en los ojos, tal y como Ian la miraba ahora.

-¿Recuerdas esa tarde en la playa? Tu mirabas un punto lejano en el mar y cuando pregunte porque me dijiste que en esa dirección tu madre había desaparecido, me dijiste que te aferraste a la idea de encontrarla porque era lo único que te motivaba a vivir- susurro Susan en una conversación que todos sabían solo debía de ser para Susan y su hijo pero ninguno se sentía capaz de despegar su mirada de ellos -Ese día aceptaste que tu madre había muerto y yo, aunque no te lo dije renuncie a la idea de volver a Narnia, con la esperanza de ver a mis hermanos. Decidí dejar todo eso atrás para ser la madre que necesitabas, para cuidarte. Y si no te hable de Narnia fue porque al igual que tu decidí dejar atrás todo lo que me hacia daño, una nueva vida, era lo que deseabas y yo también.

Ian comenzó a derramar lagrimas que Susan intentaba limpiar con los pulgares de su mano, el pequeño se veía tan desvalido que Caspian sintió una punzada de culpa tan solo por el hecho de haber sido escuchado, después de todo Susan le había pedido que guardara silencio y él en medio de su furia no lo hizo.

-Perdóname, tal vez debí haberte explicado todo y estaba dispuesta a hacerlo, el día en que pensara que estabas listo- susurro de nuevo Susan, abrazando fuertemente a Ian, después rompió el abrazo y tomando sus manos lo miro a los ojos -Yo no soy mala, soy una simple mujer que quiso ser tu madre, aun sin saber cómo debía hacerlo, sin estar lista para la maternidad, sin ser siquiera feliz pretendí hacerte feliz a ti… perdón. Perdón de todo corazón.

Ian no dijo nada por largos minutos, solo se quedo en su lugar hasta que su madre soltó sus manos que cayeron inertes a los costados de su cuerpo. Solo entonces el pequeño príncipe dio media vuelta y desapareció corriendo de la habitación. Todos permanecieron en silencio, aguardando que Susan dijera algo, pero esta permanecía inmóvil en su lugar sin tan siquiera llorar. Solo viendo el punto por el que Ian se fue corriendo.

-¿Cómo rayos se te ocurrió decirle a Ian que Susan es mala?- reclamo Lucy con el reproche brillando en los ojos que mantenía clavados en el príncipe narniano.

-No fue así- negó Rilian sintiendo la mente embotada ante las nuevas revelaciones que estaban surgiendo -Yo no le dije que Susan era mala solo que…

Rilian guardo silencio sin completar su frase, pensando que explicando sus verdaderas palabras solo se condenaría más.

-¿Ahora te das cuenta del enorme error que cometiste?- pregunto Caspian mirando a Susan aunque sin duda dirigiéndose a su único hijo -¿Cómo pudiste creer en las palabras de esa mujer? ¿Por qué no me cuestionaste? Yo lo habría negado enseguida.

-Y yo no te habría creído- afirmo Rilian, en su mente la confusión era enfrentada con enojo, aunque no sabía hacia quien iba dirigida su molestia -Pueden pensar que lo que hice no estaba justificado ahora que saben la verdad y lo cierto es que aun no se si las palabras de Susan lo son, todos podrían estar mintiendo para protegerse y que yo quede como el malo aquí.

-¿Cómo puedes decir eso?- pregunto en un susurro furioso Susan, aun arrodillada en el suelo -¿No vez acaso lo que decir la verdad me ha costado?

-Pues nada de esto habría pasado si hubieras dicho la verdad desde un comienzo- exclamo Rilian mirando con enojo a la benévola quien al escuchar sus palabras se coloco de pie con la furia brillando en sus ojos.

-¿TE ATREVES A CULPARME?- cuestiono Susan, quien furiosa estampo su mano contra la mejilla del príncipe narniano antes de que Edmund la retuviera para que parara su ataque al hijo de Caspian X -No intentes justificar tus pecados con las culpas de otros que en este y todos los mundos cada quien paga sus propias culpas.

-Susan tiene razón Rilian- intervino Edmund soltando a su hermana esperando que esta no se lanzara de nueva cuenta contra el joven -Nadie te obligo a hacer lo que hiciste, decidiste confiar en una desconocida antes que en tu familia. Y ahora todos pagamos las consecuencias.

-No hubiera confiado en ella si esta familia como te llenas la boca de llamar a todos en esta sala que no somos mas que conocidos casuales, no estuviera llena de mentiras- exclamo Rilian con rabia desatada -La Destructora puede ser despreciable pero siempre ha mostrado lo que es, no como todos nosotros.

-Eso es lo que tu piensas- intervino Kattherinn con pose pensativa -Pero se han preguntado que sacaba ella de todo esto ¿Por qué mentir? Esa mujer no tenia manera de saber que Ian era el hijo de Miraz, así que no podemos sino suponer que todo fue una historia sacada de la manga, pero ¿Con que objetivo?

-Tal parece…- murmuro Peter frunciendo el ceño pensativo -…que todo era una trampa.

-¿Una trampa?- cuestiono Rilian confundido.

-Si, una trampa…era una trampa y tu caíste en ella- la voz provenía de la puerta que Ian había dejado abierta, antes de girarse todos sabían que en la puerta encontrarían a Narina.

Ninguno de ellos a excepción de Peter había visto a Narina después de que fuera herida en la invasión a Cair Paravel, por lo que no fue extraño que todos se sorprendieran de la apariencia de la mujer. Su cabello habitualmente encrespado y de un vivo color rojo ahora se veía extrañamente aplacado, casi lacio con leves chinos en las puntas y su color antes rojo como la sangre ahora era de un rojo más oscuro dando la apariencia de que este estuviera mojado, pero al verla mas de cerca se podía observar que en realidad su cabello se encontraba seco. Además, los ojos dorados siempre chispeantes de picardía, enfado o a veces alegría ahora estaban opacos de un tono cobrizo y rojos e hinchados por el llanto que la invadiera durante las horas pasadas.

Narina iba descalza, pero con un largo vestido blanco sin ningún estampado, liso y de mangas largas, sin escote en el frente, pero en la espalda el escote terminaba en la espalda baja. Iba flanqueada por las dos estrellas, Zaccaria y Zafira, ambos luciendo mortalmente serios y en el caso de Zafira triste y apagada. La reina pelirroja camino hasta sentarse en la silla que antes ocupará Rilian quien la miraba con la mayor de las sorpresas, pues había imaginado que la reina narniana ya se encontraba totalmente repuesta de las heridas que Ophidia le ocasionará y que nada imaginaba las consecuencias que la fatal herida tuvo en la esposa del Gran Rey Peter.

-Narina ¿Qué haces fuera de la cama?- cuestiono Peter, acercándose solicito a su esposa -Tienes que descansar.

-No podía faltar al juicio Aequum de Rilian- respondió Narina, pese a su apariencia débil se veía imponente en la humilde silla de madera, rodeada de Zafira, Zaccaria y ahora Peter y Kattherinn que se acercaron a ella como si quisieran protegerla de todo mal que pudiera pasar.

-¿Sabes algo que nosotros no, Narina?- cuestiono Kattherinn retomando la charla que mantenían antes de la inesperada aparición de Narina -¿Acaso sabes porque la Destructora engañaría a Rilian?

-Creí que este era un juicio Aequum para Rilian no para Susan o la Destructora, se han desviado demasiado del tema- murmuro Narina mirando al hijo de Caspian como si lo atravesara con sus ojos brillantes como el cobre -Ya escuchamos la historia de Susan, y de Lucy, pero no te he escuchado a ti Rilian ¿Qué paso después de que los rescatamos a ti, a Lucy, a Eustace y a Jill del barco de esa mujer?

Rilian quiso abrir la boca para cuestionar a Narina como es que sabia todo lo que se había dicho en esas cuatro paredes, pero de algún modo sabia que no le convenía, así que mantuvo la boca cerrada.

-Habla Rilian- repitió Narina mirando al joven con aun mas insistencia -Defiende tu caso. Cuenta tu versión de los hechos.

Y Rilian conto todo. Fue como si se hubieran abierto las compuertas de su mente y dijera todo lo que antes no pudo decir. Repitió la historia vivida por el y Lucy a bordo del barco de la Destructora, sus dudas después de eso, como espió la conversación entre la reina valiente y la reina sabia, lo que pensó al por fin ver a Ian, su encuentro con la Destructora y Ophidia, los planes y después como Lucy fue herida por el caballo y el tuvo que improvisar el nuevo plan. Hablo incluso de como dejo a Narina inconsciente y se llevó a Ian, su posterior pelea con la reina abnegada y su huida con Ophidia al Centinela. Conto todo lo que paso a bordo del barco, lo que escucho detrás de la puerta, como huyo de este y sus esfuerzos por salvar a Ian de la muerte. Dijo todo de manera desordenada y al finalizar supo que había omitido detalles que tal ves eran importantes o quizás no, pero decidió permanecer en silencio.

-Esto me sigue pareciendo muy extraño- murmuro Kattherinn -¿Por qué los Centinelas de la Destructora cambiaron su nombre? ¿Por qué tender esta trampa? ¿Fue para matar a Ian? ¿Por qué hacerlo?

Todos permanecieron en silencio hasta que Narina se puso de pie medio tambaleante.

-He pasado tiempo con Zaccaria y Zafira intentando responder estas preguntas- murmuro Narina mirando a la que alguna vez llamo hija -Pero te olvidas de una de las preguntas más importantes ¿Quién es esa mujer que se hace llamar Destructora?

-Algo me dice que tu ya tienes esa respuesta- intervino Eustace mirando de manera sospechosa a las tres figuras centrales en la habitación: Narina, Zafira y Zaccaria.

-Así es- asintió Narina mirando de uno a uno de los presentes, y después, miro a Kattherinn como si solo ella la comprendiera -Ayla.

-¿Ayla?- cuestionaron todos, solo algunos reconociendo el nombre.

-¿La mujer que invadió Nayka cuando fuiste secuestrada por Jadis hace años?- pregunto Peter extrañado -¿No estaba muerta?

-La vencí más nunca la mate- exclamo Narina y suspirando fuertemente procedió a sentarse pesadamente en la silla y miro a ambas estrellas, instándolas a contar la triste historia que ella ya no tenía fuerzas para narrar.

-Siglos atrás, unos años después de que mi padre me entregara a Narina para mi entrenamiento, Nayka comenzó a pasar por una situación difícil. Estábamos sobrepoblados y los recursos escaseaban. El pueblo pasaba hambre- inicio contando Zaccaria, recordando todo como si hubiera sido ayer y no tantísimos años antes -Narina planeaba la lenta expansión de Nayka para conseguir recursos, pero algunos no querían esperar tanto tiempo, exigían una solución rápida. Fue entonces cuando apareció Caleido. Era un centauro, versado en la magia quien sugirió invadir Narnia para obtener los recursos necesarios.

-¿Invadir Narnia?- cuestiono Lucy sorprendida.

-Narina se negó pero a sus espaldas Caleido reunió todo un ejercito planeando derrocarla y una noche el castillo de Reignis fue silenciosamente tomado, todos los fieles a la reina hechos prisioneros y guardias fueron enviados a matar a Narina y a Kattherinn mientras dormían- prosiguió la estrella, sin prestar atención a las expresiones confusas de todos a su alrededor que desconocían esta parte de la historia de ahora su mas fiel aliado -Sin embargo estas descubrieron el ataque y se salvaron a si mismas y de paso a mí. Reignis había caído y puesto que nos era imposible salvarlo rescatamos a los fieles y abandonamos el castillo. Esa noche Caleido voló el pueblo de Reignis y así se inició una guerra civil de cien años.

-La Era Sangrienta- murmuro Edmund -La guerra en Nayka que coincidió con la invasión telmarina a Narnia. He leído sobre ella, aunque hay muy poca información sobre esta.

-Nadie quiere recordar momentos tan devastadores, y tan confusos- suspiro Narina con la mirada lejana, recordando esos momentos dolorosos de los que hablaba -En la historia popular se le conoció como Era Sangrienta pero los que participamos en el contrataque usábamos el nombre clave de Mascarada para llamarla, pues nadie sabia quienes eran fieles a mi y quienes a Caleido.

-Los Guardianes se dividieron, la población, el ejercito y los dirigentes, las familias incluso y eso fue lo verdaderamente doloroso y lo que alargo la guerra- prosiguió Zaccaria con expresión entristecida -Cuando la guerra acabo los muertos se contaban por montones, había huérfanos por todos lados y nos tomo mas de cien años recuperarnos de las pérdidas materiales.

-Uno de esos huérfanos fue Ayla, sus padres eran Guardianes, su padre fiel a mi y su madre fiel a Caleido, Ayla siempre me lo reprocho pero nunca actuó en mi contra abiertamente, incluso ocupo un lugar como Guardian- continuo con la historia la hija de Aslan -Pero supongo que solo aguardaba el momento ideal… ella dejo entrar a Jadis a Nayka para que me trajera de regreso a Narnia y cuando Kattherinn y Zaccaria, las dos personas que eran mas fieles a mi cruzaron el portal también Ayla puso en marcha su plan. Pero fallo porque no calculo que ella no contaba con el encanto que en sus días tuvo Caleido así que sus adeptos fueron demasiado pocos, y cuando yo regresé y me puse al mando de mi ejército, Ayla no tuvo oportunidad. Fue vencida fácilmente.

-Pero no esta en Nayka- afirmo Edumund, quien aun siendo rey de Nayka nadie le había informado que Ayla no estaba muerta -Si no la mataste ¿Qué fue de ella? ¿Y porque todos en Nayka afirman que la mataste?

-Es porque en Nayka los culpables de traición eran llevados ante la reina y ella aplicaba el castigo a puerta cerrada- respondió Kattherinn por su madre -Cuando el traidor no salía de la sala después de que Narina aplicara el castigo todos suponían que ella los asesinaba, pero lo cierto es que pocas veces Narina consideraba que el castigo por los actos de un traidor era la muerte.

-Ayla pagaría su traición viviendo el resto de su vida en Garey Who, un mundo en el Bosque Entre los Mundos yermo y sin habitantes, donde la comida escasea y los pocos seres vivos no hablan, de ese modo su castigo seria la soledad- agrego Narina mirando un punto lejano en la sala recordando el inmenso mundo donde solo había desierto y nada más -La deje ahí sin posibilidades de escapar, pero nunca espere que su magia creciera tanto que encontró la manera de escapar y regresar a Narnia buscando venganza.

-¿Cómo sabes que la Destructora es Ayla?- cuestiono Kattherinn sorprendida.

-Yo la vi- afirmo Zaccaria adelantándose un paso para responder a la reina de Nayka -Cuando fuimos al rescate de Ian, me quedé en el cielo cuando el ataque del barco Centinela comenzó y desde ahí pude ver como Ayla levantaba con su magia el barco entero hasta hacerlo volar y surcar el cielo. Y antes en la isla de Galma sentí una extraña magia que alimentaba a los Destructores y que los manejaba a su antojo, no reconocí esa magia, malformada después de crecer tanto, pero cuando vi a Ayla supe que era de ella.

-Y el día en que la Bruja Blanca ataco la isla Maior, yo no pude ver que Jadis se encontraba en Nayka debido a una magia extraña que las oculto todo el tiempo- hablo por primera vez Zafira con la voz ronca como si llevara meses sin usarla -La misma magia que Zaccaria y también yo, sentí en Galma.

-Y cuando Susan llego a Narnia, la lluvia antinatural que se sentía cayendo en el cielo ¿La recuerdas Kattherinn?- cuestiono Narina mirando a la mujer pelinegra quien asintió pensativa -Era ella, usando el hechizo de Memoria, de esa manera hiso que toda la isla de Galma pensara que Cristhian llevaba años viviendo en la isla cuando en realidad se infiltro en ese momento para tener acceso a Susan.

-¿Cómo sabes eso?- cuestiono Susan sorprendida, recordando al amable guardia de Galma que la salvo y que todos en la isla parecían adorar y respetar.

-Zafira sintió los restos de la magia cuando estuvo en la batalla en Galma- respondió Zaccaria rápidamente -No supo exactamente que era, pero después de una consulta en el cielo obtuvo la respuesta: Cristhian jamás vivió en Galma sino hasta el día de la llegada de Susan a Narnia y esa misma magia fue lo que hizo que lo nombraran duque.

-Hay algo que aun no entiendo- dijo Jill levantando la mano como si se encontrara en un salón de clases -¿Por qué cambiar sus nombres? ¿Por qué no presentarse con su nombre real?

-No tuve eso claro hasta que Zaccaria me mostro esto- con un ademan de la mano señalo a Zafira que saco de su espalda cinco flechas con un largo listón rojo con letras negras -Las lanzaron los Centinelas.

-¿De donde rayos las sacaste?- cuestiono Eustace a la estrella, intentando asomarse tras ella queriendo averiguar de donde habían aparecido las flechas misteriosas, sin embargo nadie le hiso caso a su pregunta.

-Cada flecha tiene uno o hasta dos nombres grabados en letras negras- explico Zaccaria para aquellos que no habían revisado con anterioridad las flechas, mientras Zafira pasaba las mismas a Peter, mientras Zaccaria enumero cada uno de los nombres escritos en las flechas -Príncipe Caspian XI, Eustace Líder de los Guardianes y Jill Su Fiel Acompañante, Reina Kattherinn de Nayka "La Sabia", Grandes Reyes de Narnia: Peter "El Magnífico" y Narina "La Abnegada". Y Zaccaria, Hijo de Stefan, duque de Mágissa, Amante de la Reina Narina "La Abnegada".

-Me encanto la parte de "Amante de la Reina"- murmuro Peter sarcástico -Pero ¿Qué tienen estas flechas que ver con todo esto?

-Esos son los nombres de sus víctimas, aquellos que deberemos de morir para que la Destructora y sus Centinelas cobren su venganza- murmuro Narina suspirando mientras miraba penetrantemente las flechas ahora en manos de Kattherinn -Cada uno de los que ahí se nombran hemos hecho algo a uno de esos individuos, algo de lo que ansían tomarse la revancha o bien son una piedra en el camino para que los otros podamos pagar nuestra deuda.

-¿Hacerles algo?- pregunto Susan mirando a Narina con el ceño fruncido -¿Morir para que consigan lo que quieren? ¿Cómo sabes todo eso?

-De la misma manera por la cual se quienes son esos famosos Centinelas, que tuvieron que cambiar su nombre para que no supiéramos quienes eran- respondió Narina sacando de la manga de su vestido una flecha más. Esta sin embargo tenía un largo listón negro colgando con letras en color rojo grabadas, como si fueran escritas con sangre, en la inscripción se leía: Príncipe Vital I, hijo del Gran Rey Peter "El Magnífico" y la Gran Reina Narina "La Abnegada" -Se clavo en el piso de piedra del balcón de nuestra habitación. Señalando su primera víctima.

Por un momento nadie hablo, pero entonces el silencio fue roto por Peter con el rostro mortalmente serio.

-Es obvio que esta es una pésima broma Narina- murmuro Peter, acercándose a su esposa, pero de algún modo no se atrevió a tocarla -Nuestro…nuestro hi-hijo no tenía aun… un nombre ni sabíamos si quiera si seria un ni-niño o una niña.

-¿De que hablan?- cuestiono Rilian captando que ahí sucedía algo que todos sabían menos él, como si fuera un secreto que nadie confiara que el pudiera guardar -¿Qué está pasando?

Todos lo miraron como si ninguno se atreviera a pronunciar en voz alta el terrible secreto que guardaban.

-El hijo que Narina y yo esperábamos no sobrevivió- pronuncio Peter mirando a Rilian con gran frialdad, sin reproche alguno, pero con lo frio de sus ojos y sus palabras Rilian supo que lo culpaba por el trágico suceso -Murió debido a la herida que esa mujer le provoco a Narina.

Rilian quiso abrir la boca de nuevo y disculparse, pero dentro de su mente una voz desconocida acallaba su corazón, diciendo que no había sido su culpa. Que el camino hacia la verdad no podía ser seguido por todos.

-¿Te suena este nombre Kattherinn?- cuestiono Narina, ignorando a Rilian y a Peter y a todos los demás en pos de hacerse entender por la reina de Nayka.

Kattherinn frunció el ceño intentando recordar, y a su mente vino un recuerdo desteñido como un viejo pergamino. Un recuerdo lleno de melancolía de una guerra que se acababa y de tristeza ante las vidas perdidas, pero de alegría y esperanza ante una vida nueva que iniciaba, una nueva etapa que resarciría todos los daños que la guerra había traído con ella, aunque había perdidas que ni todo el tiempo del mundo podían ser borradas. Un recuerdo tan antiguo que Kattherinn no supo cómo podía recordarlo.

-Por Aslan- murmuro Kattherinn tapándose la boca con la mano derecha, mortalmente sorprendida.

-Cuando la Mascarada termino los huérfanos duplicaban a los muertos y de todos los Guardianes solo Zaccaria sobrevivió, Ayla era la mayor de los 6 huérfanos que los Guardianes dejaron, yo les di albergue en Reignis debido al servicio que sus padres me prestaron alguna vez, lo irónico es que sus padres murieron siendo leales a mí, a excepción de la madre de Ayla, claro- explico Narina sabiendo que nadie mas que Kattherinn y las dos estrellas presentes, sabían de que hablaba -Un día mientras desayunábamos una de las huérfanas me miro y dijo: si Kattherinn hubiera sido un niño en lugar de una chica ¿Qué nombre le hubieras puesto?. ¿Alguno adivina que respondí?

Ninguno respondió, concentrados en procesar la información.

-Vital- respondió la reina de Nayka mirando de manera penetrante a la que antes llamaba madre -Le dijiste que lo llamarías Vital, porque sería la pieza faltante de tu vida.

-Nunca se lo dije a nadie más, días después mandé a todos los huérfanos a Avie para que fueran cuidados y protegidos pues Avie fue mi centro de mando durante la guerra, no supe nada de ellos después y no volví a pensar en ellos- continuo Narina ahora con la mirada en la flecha con el listón negro, acariciando el nombre grabado en el -Ninguno regreso a Reignis, solo Ayla cuando tuvo la edad suficiente y el duque de Maior la anexo a los Guardianes.

-¿Cómo es que no reconocí a Alighieri? La cicatriz en su rostro ya la tenia cuando era niño, se la hicieron el día en que Karmel fue asesinada- cuestiono Kattherinn sumamente impresionada recordando a su vez a la madre del huérfano que alguna vez conoció- ¿Eso quiere decir que… la mujer que te ataco…? No puede ser ¿Era Dia?

-Así es, la misma dulce niña que con cuatro años me miro y pregunto cómo llamaría yo a un hijo varón- respondió Narina aun sin ver a las personas que la rodeaban.

-¿Cómo rayos no los reconocieron?- cuestiono Edmund sorprendido.

-Un momento- interrumpió Jill -Dijiste que eran seis huérfanos ¿Qué paso con el sexto? ¿Dónde está? Si esto es cierto solo hemos conocido a cinco de ellos.

-Había una niña más, de cabello rubio y ojos grises, era sumamente hermosa y fragil su nombre era Hizra- respondió Narina intercambiando una breve mirada con Zaccaria -Era la menor de todos, y la única aparte de Ayla que era una estrella. Como a los demás no volví a saber de ella y si no está con Ayla no sé qué fue de ella.

-Ellos no van contra Narnia o Nayka, quieren acabar con aquellos que aparecen en estas flechas- murmuro Zaccaria, retirando de las manos de Jill las flechas con listones rojos, a quien Kattherinn se las había pasado -Kattherinn, Narina y yo somos para ellos los culpables de la muerte de sus padres, Ayla nos odiaba a los tres. Y cuando Narina se casó contigo Peter, te volviste su arma mas poderosa pues así se volvió al fin reina de Narnia y pudo echar mano del ejercito narniano volviéndose casi invencible. Y Eustace y Jill casi matan a Zenón en Reignis, por lo que ahora este debe estarlos odiando más que nunca.

-Aun no entiendo como sobrevivió a nuestro enfrentamiento- murmuro Eustace pensativo recordando al gigantón pelirrojo caer por el volcán.

-Ayla fue un Guardian, sabe perfectamente el funcionamiento del volcán y a alcanzado poderes con los que tu no puedes ni soñar- respondió Zaccaria mirando a su sucesor.

-¿Y mi hijo?- pregunto Susan nerviosa -¿Por qué quiere matarlo?

-¿No has entendido aun los alcances de la trampa de Ayla?- cuestiono Narina parándose pesadamente -He pasado por innumerables guerras, fuera y dentro de Narnia y siempre salí victoriosa ¿Saben porque?

-No estabas sola- respondió Kattherinn, mirando a la pelirroja como si recordara un momento del extenso pasado que compartían.

-Es mas que eso, fue porque confiaba en las personas que me rodeaban, y por ello trabajábamos juntos- contradijo Narina mirando a la mujer pelinegra severamente -Vencí a la Bruja Blanca porque confiaba en Aslan con mi vida y le servía lealmente, vencí a Caleido confiando mi espalda a Kattherinn y Zaccaria, sabiendo que me protegerían como yo a ellos y vencí a Ayla con la confianza de mi pueblo intacta y con todas sus esperanzas puestas en mí. Ahora no tengo nada de eso y ella quería acabar con lo que sea que hubiera conseguido crear.

-Ayla no cree mucho en el amor, pero nunca ha subestimado el amor de una madre por sus hijos- conjeturo Kattherinn, mirando uno por uno a los presentes, al fin entendiendo lo que Narina y las dos estrellas les querían dar a entender -Sabia del odio de Rilian a Susan y cuando Susan regreso le mando a su sirviente para que averiguara todo de ella, y cuando supo de sus hijos se le ocurrió la idea así que dejo a Eaton para ello, solo le basto esperar a que los hijos estuvieran en Narnia y entonces tiro el anzuelo. Mintió a Rilian y luego lo dejo ir, queriendo que después regresara a ella atrapada en su red lleno de desconfianza, entonces solo debía matar a Ian y todos culparíamos a Rilian.

-Ayla siempre supo aprovechar el eslabón débil de la cadena y en esta ocasión fuiste tu Rilian- murmuro Zaccaria mirando al príncipe que lo miraba sin expresión -Cuando llegáramos a rescatarte y encontráramos a Ian muerto Susan exigiría tu muerte.

-Pero Ian no murió- negó Susan mirando a la puerta, como si quisiera correr a través de ella y encontrar a su hijo.

-Pero tampoco lo intento mucho una vez que supo que Ian era familiar sanguíneo de Ian, era mejor dejarlo vivo a muerto, y que todos supieran que Ian era hijo de Caspian, ella no sabía que no lo era pero sabia lo que algo así ocasionaría si se supiera, su plan salió mejor de lo que ella misma esperaba- continuo la estrella las conjeturas de Kattherinn -Y la carta de la madre furiosa por la muerte de su hijo ya lo iba a ocupar Narina, después de que Ophidia la atacara sin duda con ese plan en su mente.

-Pero nadie sabia que Narina estaba embarazada- intervino Peter -No fue anunciado aun al pueblo.

-Pero nosotros lo sabíamos- susurro Narina dando un repaso rápido en la habitación -Todos los presentes lo sabíamos.

-Nosotros jamás lo divulgaríamos- negó Eustace rápidamente, pero todas las miradas se centraban en Rilian, quien sin responder a las miradas centraba sus ojos en el suelo.

-¿Se lo dijiste Rilian?- cuestiono Caspian mirando a su hijo aún más decepcionado de lo que ya estaba-¿Le dijiste a la Destructora que Narina estaba embarazada?

-Si- acepto el príncipe, provocando una olea de gemidos ahogados en los presentes que lo orillo a querer explicarse -Les dije que el plan para sacar a Ian de Cair Paravel no funcionaria porque Narina no se iría a Galma con los demás por su embarazo. Por eso se planeó que también se atacara Cair Paravel para que ella respondiera al…

-Cállate Rilian- ordeno Caspian apretando los puños con enojo.

-Así, Ian volvería con vida junto a Rilian, quien reclamaría el secreto de la paternidad del niño generando la desconfianza y Narina exigiría la muerte de Rilian como castigo por la muerte de su hijo nonato- prosiguió Zaccaria con tono grave, mirando al príncipe con frialdad -Caspian defendería a su hijo y pronto la familia real de Narnia se vería dividida. Y nadie seria capaz de enfrentarse a Ayla.

-Ayla podría traer a la vida de nueva cuenta a la Bruja Blanca que devastaría a Narnia y entregaría a Narina a ella para que pudiera vengarse tranquilamente- dijo Kattherinn mirando a su madre con preocupación.

-Y pretende traer a Caleido de regreso usando tu varita- completo Zafira mirando a Kattherinn penetrantemente ocasionando que la reina de Nayka la viera alarmada al igual que todos los demás.

-Tampoco mataste a Caleido- afirmo Peter mirando a su esposa como si quisiera sacudirla.

-No y cuando Ayla se hiso con el poder en Nayka debió averiguarlo, aunque aún no sé cómo- respondió Narina sentándose de nuevo con la ayuda de Zafira -Es de conocimiento común entre todos los que la practicamos que la magia siempre sigue a la magia y cuando alguien lanza un hechizo o crea algo con su magia una parte de la esencia de esta persona es imprimida en el hechizo. Por eso robo la varita de Kattherinn, para rastrear a Caleido.

-No entiendo- negó Caspian -¿Cómo usara la varita de Kattherinn para eso?

-Cuando Narina creo cada uno de los regalos que nos ha dado una parte de ella quedo en ellos, así que con el hechizo adecuado en alguno de ellos puedes saber donde se encuentran los otros- explico Kattherinn con una mirada de profunda preocupación -Pero ningún objeto tiene tanta magia de Narina como mi varita, si Ayla la usa como debe ser puede rastrear cada rastro de magia dejado por Narina a lo largo de toda su vida. El esfuerzo podría matarla, pero así podría saber dónde está Caleido y liberarlo.

-¿Entonces podría usar cualquier objeto de los que Narina nos ha regalado?- cuestiono Lucy, acariciando con su mano derecha su daga que colgaba de su cinto.

-No exactamente, cuando los conocí les dije que algunos de los regalos de Narina no tenían magia, eran ordinarios, así que los únicos que servirían a Ayla para este objetivo serian la espada de Peter, la poción de Edmund, el cuerno de Susan, la poción de Lucy, la brújula de Caspian y mi varita- respondió la reina de Nayka -Sin embargo la magia que estos objetos contienen es mínima, Ayla no podría rastrear la magia de Narina dado que esta es casi indetectable en estos objetos pero en mi varita es mucho mayor, dado que es el objeto mágico mas poderoso que se puede crear.

-¿Cómo fuiste tan irresponsable de crear algo así?- reprocho Susan a Narina que le respondió con una mirada triste.

-Jamás había conocido a alguien que tuviera tanta magia, ni Caleido podía hacer algo así, y es más que claro que solo le confié la varita a Kattherinn porque pensé que ella podría proteger un objeto tan importante- respondió Narina, haciendo que la pelinegra agachara la mirada sintiéndose culpable.

-Como dije la guerra de Ayla no es contra Narnia ni Nayka, pero si libera a Caleido y a Jadis estos devastaran Narnia y Nayka con tal de hacerse con el poder- hablo Zaccaria con tono grave, queriendo que comprendieran la situación precaria en la que se encontraban -Ayla ha actuado con la mayor astucia y si al fin nos mostro su cara es porque esta convencida de habernos vencido. De haberlos vencido.

El silencio se extendió rápidamente, congelando la habitación y a cada uno de sus ocupantes. Cuando Kattherinn se acerco a Narina esta la miro con ese frio reflejado en sus ojos.

-Ayla se equivoca- murmuro Kattherinn -Tienes todo lo que tenias en el pasado que te hizo vencer a esos enemigos y tienes mucho más.

-No es verdad- negó Narina alzando la cabeza con orgullo -Ya no confió en Aslan y el no confía en mí. Nayka ya no me es fiel como antaño, su pueblo se siente abandonado por mí por haberlos dejado para ser reina de Narnia y Narnia no me sirve como alguna vez lo hiso pues a penas y me conoce. Traicione a Zaccaria quitándolo como líder de los Guardianes porque su amor me era incomodo y el juro amor a alguien mas y tu ya no me eres totalmente fiel.

-Claro que lo soy- afirmo Kattherinn con toda la determinación de la que era capaz -Siempre te seré fiel madre.

-Hacia años que no me decías madre y es porque ya no lo soy para ti, hace mucho que deje de serlo- afirmo Narina mirando a la que fue su hija con la misma determinación -¿Crees que en el pasado te negué el trono de Narnia solo porque te enamoraste? ¿Qué no confiaba en que una mujer podía gobernar bien sola?

Kattherinn se sorprendió ante sus preguntas pues no sabia a lo que Narina quería llegar.

-Sabía que gobernarías tan bien como yo pero cuando te enamoraste… yo ya lo había estado alguna vez y sabia que el amor cambia tus lealtades, por eso puse a Edmund en el trono para que se fueran leales el uno al otro y así sacaran adelante Nayka y ahora que eres madre se que lo sientes…- prosiguió Narina, contestando sus preguntas ella misma -Matarías a todos en esta habitación si ello fuera la diferencia entre la vida y la muerte de tu hijo.

Kattherinn no respondió, quería decirle que le seguía siendo tan fiel como hacia mil años, pero en su corazón sabia que no era así. Ella vivía para la familia que había creado con Edmund, pero Narina era parte de esa familia y quiso hacerle entender eso a la pelirroja por medio de su mirada, pero esta le devolvió un mensaje muy diferente. Un mensaje que entendió tan bien como lo hacia en un campo de batalla siglos atrás, cuando su vida dependía de la otra.

-Rilian solo tenía razón en algo de toda la sarta de tonterías que dijo- murmuro Narina mirando a cada uno de los integrantes de esa habitación -Y es que nunca confiamos del todo en cada uno de nosotros y después de esto no volveremos a hacerlo.

Todos intercambiaron miradas confundidas. Ninguno quiso darle la razón a Narina, pero tampoco pudieron negárselo.

-Ayla gano esta batalla, pero moriré antes de que gane la guerra- continuó Narina con firmeza en su mirada, un leve rastro de la mujer que todos conocían.

-Si trae de regreso a la Bruja Blanca y a Caleido estamos perdidos- murmuro Zaccaria con pesar.

-Hay que impedirlo, la varita de la Bruja Blanca esta a salvo en Mágissa hay que duplicar la seguridad- ordeno Peter, su mente centrada en la guerra que parecía iniciar -Y en cuanto a Caleido ¿Dónde se encuentra?

-No esperaras que lo diga ¿No?- cuestiono Narina frunciendo las cejas -Es un secreto que me llevare a la tumba, y quizás muera protegiendo ese secreto, y no exagero al afirmar que todos los que sean participes de él correrían riesgo desde hoy.

-¿Alguien mas lo sabe?- cuestiono Peter, sabiendo que Narina no estaba dispuesta a decir el paradero de Caleido y menos frente a tantas personas, pero intuyendo por sus palabras que Narina no era la única que conocía la respuesta a su pregunta.

Entonces ocurrió la cosa más extraña. Narina giro a mirar a Kattherinn con una mirada sumamente significativa y Kattherinn bajo la mirada con nerviosismo dudosa de lo que debía hacer, debió de tomar una rápida decisión porque levanto la mirada y dio un paso al frente, o al menos lo intento, pues Zaccaria le dirigió una mirada severa que acallo cualquier cosa que fuera a decir. El intercambio no duro mas que un par de segundos, pero cada persona en esa habitación se percató de él, aunque ninguno quiso hacerlo notar.

-No- negó Narina dando un rápido vistazo a Kattherinn para después clavar su mirada en Peter con gran confianza -Nadie mas que yo lo sabe.

Cada uno de los presentes tuvo el mismo fugaz pensamiento: Kattherinn también sabia el paradero de Caleido. Aunque de nuevo nadie dijo nada. Mientras algunos como Edmund, Lucy y Jill pensaron que lo ocultaba preocupada por el bienestar de la reina, otros como Rilian, Caspian, Susan y Eustace supusieron que era porque no confiaba en ellos para mantener el secreto. Peter solo tenia una mala sensación, sabia que pocas cosas eran echas por Narina sin tener un plan de respaldo. Pero por la razón que fuera el silencio se extendió por un par de minutos en los que Peter y Narina se sostenían la mirada y Kattherinn en cambio miraba a Zaccaria con una mezcla de sentimientos que solo ellos dos entendían y que hizo a Edmund sentirse incómodo.

-Una guerra esta a punto de empezar- suspiro Edmund con pesar -Y debemos estar listos.

-No esta por empezar, ya empezó- afirmo Narina sentándose de nuevo en la silla como si la sola idea la agotara -La Destructora declaro la guerra en el momento en que su esclava mato a mi hijo.

-Parece ser que esto dejo de ser un Juicio Aequum para volverse un Consejo de Guerra- afirmo Peter sintiendo la tensión en sus hombros tras la afirmación de su esposa.

-Antes de que esto deje de ser un Aequum debe ser impuesto un castigo- intervino Narina, atravesando a Rilian con una mirada filosa -Me gustaría sugerir el castigo ¿Alguien está en contra?

Nadie respondió, en su mente solo esperando que Narina no pidiera la muerte de Rilian pues, aunque comprendían su dolor, Rilian era una persona apreciada por todos en menor o mayor medida.

Peter no quería intervenir en la decisión de su esposa, pues compartía su angustia ante la perdida de su hijo nonato y al mismo tiempo la desaprobación por la terquedad e ingenuidad de Rilian al creer en las palabras de esa mujer y aunque le pesara se daba cuenta que Narina sentía mucho mas la perdida del niño. Para todos Narina había perdido a un bebé que ni siquiera deseaba, pero él sabía que había más en esa historia. Sabia que había miedo y añoranza, y que ahora Narina se culpaba de la perdida del bebé por su reacción al enterarse y por no haber impedido que la lastimaran. Y por otro lado estaba todo el asunto de la Destructora.

En múltiples ocasiones en el pasado Narina dejo ver en su presencia como los hechos ocurridos en Nayka siglos atrás la atormentaban, y ahora ese pasado volvía para atormentarla aún más. Peter había luchado por años por el amor de Narina, y aunque sabia que al final lo consiguió el hecho de saberse amado no era suficiente si su esposa no podía demostrarle dicho amor, así que Peter vivía de los escasos momentos en los cuales Narina dejaba caer la guardia y le dejaba ver no a la reina guerrera que siempre demostraba a todos, sino la mujer vulnerable que realmente era.

Después de lo que acababa de pasar Peter no estaba seguro si volvería a ver a esa mujer, era como si una nueva Narina hubiera nacido frente a sus ojos, una mas herida y mas terrible que la Narina que había llegado a ser como reina de Narnia.

-Se que no lo merece- intervino Caspian con los ojos velados de alguien que perdía algo muy importante -Pero te pido que seas piadosa, dejo en tus manos la justicia para con mi único hijo.

Narina miro por un momento a Caspian, tan intensamente que algunos pensaron que comenzaría a recriminarle, pero después de unos momentos en silencio, la reina narniana solo aparto su mirada, centrándose ahora en Rilian, y hablando aun sin despegar su mirada de la mirada baja del príncipe de Narnia.

-¿Cuántos muertos hubo en la invasión a Cair Paravel?- cuestiono Narina sin dirigirse a nadie en particular.

-Solo uno- contesto Peter, recordando al centauro joven e inexperto que perdió la vida después de solo una semana de comenzar con su labor de vigilante del gran castillo, cuyo cuerpo sin vida fue encontrado al amanecer.

Rilian levanto la mirada y contuvo el aliento, había tomado todas las preocupaciones posibles para que eso no ocurriera y aun así fallo en su propósito.

-Una muerte resultada de como planeaste invadir Cair Paravel para sacar a Ian del castillo- murmuro Narina aun con la mirada puesta en Rilian, quien agacho la suya al contacto de sus ojos dorados -¿Cuántas bajas hubo en Galma?

-Cuarenta y seis solados, cinco sirvientes y setenta aldeanos entre hombres, mujeres y niños de Galma, y once soldados de Narnia- respondió esta vez Zaccaria mirando con furia contenida al príncipe de Narnia que pareció desaparecer de lo blanca que se torno su piel ante el recuento de los daños que ahora enfrentaba.

-Muertes ejecutadas por la "necesidad" de distraernos para que tu pudieras entrar a Cair Paravel- exclamo de nuevo Narina rompiendo el silencio de la respiración contenida de todos en la habitación ante el gran numero de vidas perdidas en Galma -¿Cuántos muertos en el ataque al barco de la Destructora?

-Cuatro soldados caídos por mi parte- contesto esta vez Eustace, luciendo culpable de haberlos llevado a su muerte.

-Un soldado caído por nuestra parte- contesto Edmund con la misma mirada de Eustace, al recordar al enano muerto debido a las flechas disparadas por el enemigo.

-Muertes que pudieron evitarse si no te hubieras llevado a Ian y si el ataque a Galma no se hubiera ejecutado- contesto Narina cerrando los ojos fuertemente -Y además debo sumar a las vidas perdidas la de mi hijo, cuya prematura muerte se hubiera evitado si no hubieras planeado el ataque a Cair Paravel, si no hubieras acabado tu mismo con nuestras defensas si no me hubieras enfrentado para llevarte al hijo de Susan.

Lucy sentía el corazón dividido, partido en cientos de pedazos que ahora le arañaban las entrañas gritándole desde el interior de su cuerpo que saliera en defensa del príncipe narniano, que ella con su amor podía al fin conseguir que cambiara su actitud. Pero una parte de su corazón, una pequeña que se aferraba a quedarse en su lugar, aun conectada con el resto de su cuerpo, le recordaba que ya lo había intentado por mucho tiempo, y que ninguna clase de amor cambiarían a nadie que no lo quisiera, que el cambio debía de surgir de él.

Mientras su corazón y el resto de su cuerpo luchaban por envolver en sus brazos a Rilian, su mente se mantenía contando. Uno, dos, tres, cuatro y así hasta llegar a ciento veintiocho, entonces se dio cuenta de que era lo que contaba con tanta concentración: las muertes que resultaron del plan fatal de Rilian y la Destructora. Y supo que no podía intervenir, que, así como el tomo su decisión solo, solo enfrentaría su castigo. Aunque perdiera el resto de su corazón al verlo sufrir. Rilian no merecía su amor, tal vez nunca lo mereció.

-He escuchado tu historia y las razones por las cuales actuaste en contra de Narnia, pero no encuentro en dichas razones un motivo para disculparte, tus acciones tienen como consecuencia la muerte de decenas de narnianos y de mi hijo- hablo Narina con sus ojos brillando como antaño, con furia y desesperación -Aunque no fueran tus intenciones, te hago directamente responsable de cada una de esas muertes. Ciento veintiocho vidas perdidas porque no pudiste confiar en nosotros, por tu odio a Susan, porque no puedes superar la muerte de tu madre o el desamor de tu padre. Ciento veintiocho vidas segadas por tu egoísmo que te impidió ver más allá de tus narices. No mereces la piedad que pide tu padre.

Al escuchar las palabras llenas de rencor y dolor de Narina todos pensaron que su mayor miedo se cumpliría y Narina pediría la vida de Rilian como restitución por todas las muertes que inconscientemente Rilian provoco. Solo Kattherinn, Zafira y Zaccaria supieron que no lo haría, porque habían visto su furia antes y sabían de lo que era capaz.

-No temas- negó Narina poniéndose de pie y acercándose a Rilian hasta que estuvieron a solo centímetros de distancia, tan cerca que Rilian sentía la respiración de Narina en su rostro -No complaceré a Ayla pidiendo tu vida, no le daré esa satisfacción. Aunque la muerte parece ser el castigo mas justo dado las vidas que destruiste. Los niños huérfanos, los padres llorando a sus hijos. Mereces la muerte y no quiero que lo olvides jamás.

Rilian sentía su cuerpo paralizado, completamente frio como si en su corazón se abriera una grieta que liberaba aire helado al resto de su cuerpo. Un frio que helaba sus entrañas y de una extraña manera grababa a fuego las palabras de Narina y un número. Un único número: 128. El número de su condena.

-Quiero que me mires a los ojos, enfréntame cara a cara, como lo hiciste antes con tu espada- al principio Rilian se mantuvo firme con los ojos clavados en el suelo de piedra, pero entonces sintió el tacto frio de la mano de Narina tomando su barbilla y obligándolo a levantar su rostro hasta que sus ojos hicieron contacto -Quiero que jamás olvides el rostro de todas las vidas que tomaste.

Y como si de magia se tratara los ojos de Narina brillaron al igual que los de Rilian, y en la mente del príncipe narniano desfilaron multitud de rostros desconocidos y del mismo modo la forma en la que encontraron la muerte a manos de los Destructores, de la Policía Secreta o de los Centinelas de Ayla. En solo unos cuantos segundos Rilian miro ciento veintiocho muertes que como Narina predijo, jamás olvidaría.

Las imágenes se repitieron en la mente de Rilian hasta que Narina lo libero, alejándose de el hasta volver a tomar asiento en la silla que ocupaba antes. Rilian se dejo caer pesadamente al suelo, llevándose las manos a la cabeza intentando arrancar de su mente lo que Narina había sembrado.

-Este será tu castigo- exclamo Narina, a quien Rilian miro con ojos inexpresivos, ojos que habían presenciado un dolor infinito -Perderás tu título de príncipe y todos los derechos de este, nunca te convertirás en rey de Narnia así te cases con Lucy o con cualquier otra reina de Narnia. Tu castigo será el exilio.

Al decir el castigo de Rilian, todos se dieron cuenta de lo predecible que era dado las pasadas confesiones de Narina y al mismo tiempo en lo terrorífico que resultaba el no volver a ver a uno de los suyos, aun sabiendo que no estaba muerto, solo lejos y sin posibilidades de regresar.

-No podrás volver a pisar Narnia o Nayka o alguno de sus aliados so pena de muerte, jamás volverás a ponerte en contacto con alguno de nosotros ni siquiera con tu padre, no podrás volver a nombrarte como hijo de Caspian o de Liliandil y tu castigo se perpetuara a tus hijos y a los hijos de tus hijos hasta que alguien de mi descendencia directa decida perdonarte y aun así tu línea de sangre no volverá a ocupar un trono en Cair Paravel- Rilian entreabrió ligeramente los labios queriendo protestar pero sus labios parecían haber sido sellados para la eternidad -¿Hay alguien que este en contra del castigo que he propuesto?

-No- hablo Peter quien solo podía pensar en el hijo que ni él ni su esposa conocerían jamás, no sabrían siquiera si era un niño o una niña, aunque Narina lo hubiera nombrado ya.

-No- negó Kattherinn mirando los ojos opacos, la piel pálida, el cabello apagado de la mujer que conoció como su madre y que estaba viviendo un dolor aun mas atroz que aquel que ella misma vivió al saber que nunca más podría ser madre, el dolor de un hijo tangible que se esfumo llevándose el color de la vida.

-No- negó Lucy con el corazón echo pedazos por su amor infinito al hombre al que estaba aceptando que alejaran para siempre de su vida, pero sabiendo que nunca más podría volver a pensar en Rilian sin que la imagen de esa mujer atravesando a Narina con su brazo vinieran a su mente. El recuerdo de Narina en un charco de sangre siempre la atormentaría.

-No- negó Edmund, su mirada centrada en Peter quien a su vez miraba a su esposa, reconociendo en ellos un dolor enorme que cargarían como pareja para siempre y que siendo sincero consigo mismo no sabía si podrían cargar, si su amor aguantaría lo que el destino les deparaba. Después miro a Rilian, y pensó en como el propio Aslan había perdonado su traición durante su primera visita a Narnia, y preguntándose porque no hacer lo mismo el por aquel a quien consideraba un amigo. La respuesta fue instantánea. Su corazón y su sentido de la justicia le decían que la lección que el aprendió en sus días como prisionero de la Bruja Blanca, Rilian aun tenia que aprenderla por su cuenta.

-No- negó Susan, su mente centrada en su hijo. En la angustia que vivió cuando Rilian se lo llevo, en su dolor al encontrar a Ian herido, en como este dolor hubiera sido mil veces peor si la Destructora hubiera conseguido su objetivo y en los ojos de Ian al descubrir el secreto que había guardado sobre su historia en Narnia. Y es que por mas que comprendiera los sentimientos que orillaron a Rilian a actuar de la manera en que lo hiso no podía justificarlo y por ahora tampoco perdonarlo. Pensó en su propio exilio en su mundo debido a sus malas decisiones y pensó que Rilian debía pagar con lo mismo, así tal vez lograría cambiar como ella lo hiso. Confiaba en que lo consiguiera por el bien de Caspian y Lucy, pero en lo que no tenia confianza era en que Narina lograra perdonarlo pues comprendía su propio sentir. Después de todo y pese a lo que todos los demás pensaran, ella también era madre.

Rilian no giro a mirar a ninguno de los presentes hasta que solo su padre falto de responder, entonces clavo sus ojos idénticos a los de su progenitor en él, pero esos ojos iguales a los suyos no le devolvieron la mirada por lo que a el le pareció una eternidad.

Caspian recordó poco a poco una vida que en realidad no fue suya, sino de su hijo. El día en que Liliandil le dijo que serian padres, los mejores momentos de su embarazo, añorando al que seria su heredero, vio de nuevo a Rilian crecer, siendo primero un dulce e inocente niño que poco a poco se fue amargando hasta volverse rebelde y sarcástico para después volverse un adolescente nostálgico y perdido tras la muerte de su madre. Su hijo se había equivocado una y otra vez y el siempre dio la cara por él, diciéndose que era su culpa que fuera así, después culpo a Liliandil y ahora en cambio comprendía que esta decisión que su hijo tomo no fue su culpa, ni de Liliandil, ni de Susan ni de ninguno de los presentes. Solo de Rilian.

Muchas veces en el pasado Peter, Narina y muchos otros le advirtieron que debía dejar a su hijo madurar al pagar por sus errores, solo así aprendería que todo acto tiene consecuencias. Ahora se daba cuenta de la importante lección que no le enseño a su hijo. La de reparar lo que rompía. Mal momento para darse cuenta de algo tan vital, cuando su hijo acababa de romper algo que no podría reparar. Ahora solo le tocaba asumir las consecuencias.

-No- negó Caspian, sintiendo la boca seca, la mente embotada, el corazón paralizado y el alma fuera de su cuerpo. Sabía que se arrepentiría de su decisión, pero esperaba que Rilian pudiera sacar lo mejor de su castigo, y que este no durara tanto como Narina lo dejo entrever, que alguna vez el pudiera volver a ver a su hijo, convertido en el hombre que siempre debió ser y que entonces este pudiera perdonarlo por lo que acababa de hacer, porque, aunque no lo supiera el castigo también seria para él. Y nadie sabia tanto como Caspian X sobre lo que era que alguien que amabas estuviera lejos de ti. Nadie.

Eustace, Jill, Zafira y Zaccaria permanecieron en silencio, sin emitir opinión, pues sabían que la decisión de exiliar a alguien de la familia real de Narnia solo concernía a ellos, los reyes y reinas de Narnia. Y ellos pese a su cercanía con ellos, no tenían una corona que les permitiera ir en contra de sus decisiones. Pese a ser parte del Aequum sabían que solo ellos se podrían enfrentar, solo ellos para decidir el destino de uno de los suyos. Y aunque su opinión se tomara en cuenta al final el peso de las decisiones recaería en ellos, por lo que se sentían aliviados de no tener que llevar algo así en la conciencia.

-Está hecho entonces- murmuro Narina, después de mirar a las dos estrellas y a los dos Guardianes de la habitación, que no parecían dispuestos a hablar -Yo, la reina Narina te condeno al exilio en las condiciones que he enumerado, como castigo por tus crímenes contra Narnia, Rilian hijo de nadie, ni Aslan podrá revocar mi castigo. Has teñido de traición y vergüenza la historia de Narnia por siempre.

Rilian aun continuaba mirando a su padre, quien le sostuvo la mirada solo por breves segundos para darle una mirada que sin saberlo Rilian pasaría años intentando descifrar.

-Te daré 24 horas para abandonar Cair Paravel, te concederé poder llevarte todo lo que quieras de tu habitación, pero no del resto del castillo, y podrás tomar alguno de los barcos, el que quieras siempre y cuando seas capaz de navegarlo tu solo por supuesto- prosiguió Narina consiguiendo que al fin Rilian centrara su mirada en ella -Vete ahora Rilian y nunca mas te presentes ante mí.

El corazón de todos en la habitación se paralizo mientras Rilian y Narina intercambiaban miradas, la de Rilian que no decía nada y la de Narina que lo decía todo. Su mirada era una más que Rilian iría descifrando a través de los años, ahora solo le dejaba ver su ira y su dolor, y al mismo tiempo le exigían algo, aunque Rilian no sabia que. Tal vez su vida.

Incorporándose poco a poco Rilian se giro sobre sus pies, observando el rostro de cada uno de los presentes, sabiendo que seria la ultima vez que los viera.

Grabo en su mente la apariencia apagada de Narina, flanqueada por Zaccaria con expresión feroz siempre dispuesto a proteger a su reina, y por la triste figura de Zafira. Observo a Peter, siempre fuerte y con infinita mirada de amor a su esposa, a Kattherinn lo mas cerca de su madre que podía, a Edmund uno de los únicos que lo miraba teniendo compasión en sus ojos. También miro a Susan, el ceño fruncido de una madre protegiendo a sus hijos, llevaran o no su sangre, a Eustace y Jill, ambos con tristeza en sus ojos y en su rostro, los únicos que no escondían el dolor de verlo partir.

Y miro a Lucy y su corazón que siempre latía más rápido al verla esta vez no reacciono. Bebió de su imagen lo mas que pudo y después salió de la habitación sin mirar una ultima vez a su padre. Realmente no sabía que sentir ahora que sabia que Ian no era hijo de su padre.

No paraba de decirse que sus acciones, por mas que Narina y todos pensaran lo contrario, estaban justificadas. De verdad creyó en las palabras de la Destructora, en esos momentos todo parecía tan real y los secretos guardados por Susan no ayudaron a calmar sus dudas. El jamás quiso lastimar a nadie y sabia que los recuerdos que Narina le transmitió nunca se borrarían de su mente.

En silencio Rilian abandono la habitación, al cerrar la puerta recargo la espalda en la gruesa madera, y suspiro fuertemente. Sus pensamientos eran una revolución. Siempre supo que sus acciones tendrían consecuencias, pero confió en que ninguno se atrevería a actuar en su contra después de revelar lo que él pensó era la verdad, y aun cuando Susan revelo la verdad confió en el cariño de su padre hacia él, así como en el amor de Lucy, y el afecto que pensó se ganó de los demás para que el escarmiento no fuera tan severo. Se equivoco y ahora pagaba las consecuencias de haberse confiado.

¿Acaso había algo que omitió hacer que le gano el castigo impuesto por Narina? ¿Había podido hacer algo para ser perdonado? La mirada expectante de Narina aun lo atormentaba y con ella la negativa de todos para intervenir a su favor. ¿No merecía él misericordia? Al parecer no. Y aun pese a todos sus errores pasados si había algo que aún le quedaba intacto a Rilian era el orgullo.

Impulsado por eso Rilian corrió por los pasillos del castillo recibiendo a su paso las miradas insidiosas de todo aquel que se encontraba. Al llegar a su habitación no perdió tiempo, empaco en un bolso algunos cambios de ropa, todo el oro que guardaba y guardo un preciado lienzo que mantenía oculto en uno de sus cajones: era un bello dibujo a carbón del rostro de su madre, pintado años atrás como el borrador de la bella pintura de la estrella azul que permanecía en el antiguo castillo telmarino.

Antes de salir de la habitación escondió en sus botas dos cuchillos y el anillo de compromiso que Lucy le devolviera horas antes, un ultimo vestigio de lo que pudo ser su vida si Narina no lo hubiera condenado al exilio. Asegurando su espada en su cinturón siguió el camino mas solitario que pudo encontrar hacia el puerto de Cair Paravel, ocultándose de las miradas indiscretas, y guiado por su orgullo abordo una pequeña embarcación que era utilizada por pescadores, sabía que no podría llevarlo muy lejos, pero no pensó en nada mas que en poner distancia del castillo. No quería más miradas de lastima o ira.

Al irse alejando del puerto dirigió una ultima mirada a su hogar. El castillo de Cair Paravel era iluminado con la luz de la luna, otorgándole al castillo un aire místico que Rilian, como tantas otras cosas que ocurrieron ese día, nunca olvidaría.

Narina se consideraba una experta en crear estrategias para la guerra, esto en consecuencia a su basta experiencia en batalla, mas de la que quisiera tener. Pero esta guerra era sin duda la mas amarga que viviría. Sabia que las futuras generaciones relatarían como la guerra había iniciado con el asesinato del príncipe nonato del rey Peter y la reina Narina, y hablarían de la traición que se vivió en la familia real y de como un Juicio Aequum se transformo en un Consejo de Guerra.

Después de la salida de Rilian, el silencio rondo la habitación tensándolos a todos sin saber que pensar.

-Ayla se centrará ahora en traer de vuelta a Jadis y a Caleido y actuara más activamente ahora que ya no tiene que ocultar su identidad- exclamo Narina cortando la tensión que inundaba la habitación, pero sin poder hacer nada por los acelerados corazones de todos -Dado que la guerra esta comenzando tenemos que centrarnos en defender nuestros activos. Debemos proteger Reignis, sede del gobierno de Nayka, la isla Mágissa donde se encuentra la varita de la Bruja Blanca y Cair Paravel, sede del gobierno de Narnia.

-¿Y la ubicación de Caleido quien la protegerá?- cuestiono Peter, dado que Narina no menciono tan relevante dato.

-Dado que solo yo se donde se encuentra y no hay otra manera de que Ayla lo averigüe la protección de Caleido recae en mi- respondió Narina, restándole importancia al asunto -No podemos permanecer todos en Cair Paravel, seriamos un blanco muy fácil si todos los monarcas de Narnia nos concentramos en un mismo lugar.

-Tendremos que repartirnos en las tres ubicaciones que mencionaste- agrego Edmund pensativo.

-¿Eustace?- llamo Narina dirigiendo una significativa mirada al primo de los Reyes de Antaño -Solo te daré la oportunidad esta vez, si aun quieres irte de Narnia será mejor que lo digas ahora. Te mandare a tu mundo ahora mismo, pero asumirás las consecuencias que esto acarree con el resto de los guardianes.

Ahora todas las miradas se dirigieron a Eustace. Con todo lo que había pasado olvidaron la ambición del líder de los Guardianes de volver a su mundo, sin embargo, Eustace solo tenia ojos para Jill. Sus temores, aunque disminuyeron después de que Jill y él se sinceraron aún permanecían dentro de él, pero sabía que ahora con la partida de Rilian y Narnia dentro de una guerra silenciosa nunca se perdonaría si algo le pasaba a alguno de los presentes. El si los veía como familia y aunque confiaba en ellos no sabía si podrían salir de todas las complicaciones que sabía estaban por venir.

-Me quedare- afirmo Eustace mirando eta vez a Narina. Se quedaría no por Jill o por él, sino por la familia que había formado.

-Bien, te encargaras de "limpiar" los Guardianes, degrada a todo aquel al cual no le confiarías tu vida- ordeno Narina, su voz sin admitir replicas -Dividirás a los Guardianes entre custodiar Mágissa, Reignis y Galma.

-¿Galma?- cuestiono Jill sorprendida.

-Es la isla mas cercana a Cair Paravel, si cae en manos de la Destructora se volvería en su base de operaciones para atacar el castillo- contesto Peter como si pudiera leer los pensamientos de su esposa -Debemos asegurar la isla del mismo modo que tenemos que asegurar el territorio de Cair Paravel de aquí a Beruna y buscar tener nuestra propia sede que respalde Cair Paravel, en caso de que decidan atacar de nuevo el castillo.

-He estado reformando Telmar desde hace algunos años- murmuro Caspian con aire ausente, como había estado desde que Rilian se marchara -Esta casi listo y a solo dos días de camino, sin embargo, por mar podría llegar en menos de un día con buena marea. Si me permiten puedo llevarme algunos soldados y civiles y repoblar Telmar.

-¿Estarías dispuesto a abandonar Cair Paravel?- cuestiono Peter mirando a Caspian con seriedad.

-Como Narina ya lo dijo antes no podemos estar todos en Cair Paravel, no es seguro- respondió Caspian sin dudar -Puedo actuar desde Telmar y al mismo tiempo asegurar la vía marítima hacia Cair Paravel desde el oeste.

-Kattherinn y Edmund tendrán que encargarse de Reignis, aseguren Iacta, Prima y Maior serian los primeros puntos de ataque para Ayla, Stefan puede asegurar la vía marítima y creo que los gobernantes de las islas aun son fieles a Nayka- intervino de nuevo la reina pelirroja -No olviden que Ayla conoce como la palma de su mano Nayka y a buena parte de su población actual. Sabe sus puntos débiles.

-Conoce la Nayka que tu alguna vez gobernaste, pero no la Nayka que Kattherinn y yo hemos formado- aseguro Edmund -Podremos enfrentar lo que venga.

-Susan aseguraras el castillo de Beruna y los accesos terrestres a Cair Paravel- prosiguió Peter, mirando a su triste hermana que solo asintió con la cabeza -Y tu Lucy ayuda a Zaccaria a asegurar la varita de la Bruja Blanca, hoy más que nunca necesitamos tenerla protegida.

-Zafira tu vuelve al cielo, y vigila desde arriba cualquier movimiento sospechoso, intenta rastrear a Ayla y repórtame a mi personalmente- ordeno Narina mirando a Zafira con ojos penetrantes -Convocaremos otra sesión del Consejo de Guerra en dos días, convoquen a sus hombres de confianza y Eustace asegura con los Guardianes los puntos que quedaran solos durante esta sesión.

Las palabras de Narina daban por terminada la reunión, algo que la mayoría ansiaba después de todo lo que había pasado sin embargo cuando se proponían a salir del lugar un gesto de Narina los detuvo.

-Antes de dar por terminado esto quiero que nos digas que depara el futuro Zafira- hablo Narina sin despegar los ojos de la estrella, una mirada furiosa que parecía decir mil cosas que nadie mas que la estrella podía interpretar -¿Qué ves en nuestro futuro Zafira? Tu que todo lo puedes ver ¿Qué nos depara en esta guerra el destino?

Zafira brillo tenuemente, su mirada centrada en Narina al principio ahora los escaneaba uno a uno, los ojos velados que indicaban que en realidad no los miraba a ellos, miraba algo mas muy lejos de ahí, algo que ninguno de ellos podría hacer jamás. Su mirada se detuvo en Susan, la ultima de la fila de izquierda a derecha, dejo de brillar sus ojos se anegaron en lagrimas y solo entonces miro de nuevo a Narina.

- Doce corazones una guerra enfrentaran, el primero un largo viaje emprenderá, el segundo entre dos almas destinadas se entrometerá, el tercero entre dos amores dividido se encontrara, el cuarto al amor renunciara, el quinto una dura decisión sus pasos guiaran, el sexto a la soledad se enfrentara, el séptimo y el octavo el uno en el otro un consuelo encontraran, al noveno los secretos y el engaño del décimo corazón alejaran y la muerte del penúltimo corazón al último de ellos el verdadero amor demostrara- susurro Zafira, en un tono bajo y melodioso que en realidad no inspiraba sino temor en sus oyentes -Doce almas su destino enfrentaran, uno de ellos muy lejos se ira, seis de ellos en una misión sus vidas peligraran, dos mas tras los traidores irán, y los dos que restan un lugar seguro tendrán que encontrar para el peligro poder ocultar. Solo entonces la ultima batalla comenzara y si juntos al enemigo no enfrentan muertos estarán. En el cielo el encierro.

-¿En el cielo el encierro?- pregunto Edmund sorprendido -No entiendo nada.

-Que importa el cielo ahora- exclamo Eustace sorprendido -¿Acabas de decir que uno de nosotros morirá? ¿Quién?

-No lo sé- negó Zafira con tristeza -Los designios del cielo no son claros.

-¿Entonces esperamos pacientemente la muerte?- exclamo Peter frunciendo el ceño -¿No puedes decirnos nada más?

-Escuchen- hablo Kattherinn con firmeza -El futuro nunca es claro, está en nosotros descifrarlo, pero entiendan que aun si supiéramos con exactitud el futuro no podemos cambiarlo. Siempre lo que haces para evitar cumplir una profecía es lo que te lleva a cumplirla.

Nadie mas protesto y Susan abandono primero la habitación, en pos de ir con su hijo Ian. Caspian la siguió, pero tomo el camino contrario, no importaba cuantas cosas tenían que hablar, en esos momentos su mente y su ser completo estaban en una gran revolución.

Pronto uno a uno fueron abandonando la habitación, primero Zafira luego Eustace y Jill seguidos de Lucy, Zaccaria y Edmund y Kattherinn tomados de la mano. Al final solo Peter y Narina quedaron en el lugar.

-Debes descansar- murmuro Peter arrodillándose frente a Narina que estaba sentada en la silla, acaricio con parsimonia el cabello casi largo de su esposa.

Como si no lo escuchara Narina saco de nuevo la flecha con el listón negro y lo acaricio en silencio.

-No fue tu culpa- negó Peter con suavidad queriendo llegar al corazón de la mujer -Ojalá pudiera hacer algo que te hiciera sentir mejor, haría lo que fuera.

-Pero no puedes- negó Narina mirándolo a los ojos con los suyos tan oscuros que ya no parecían de oro -Si fue mi culpa, no debí haber ido tras Rilian, no debí haberme descuidado, no debí renegar de mi estado. Y ya no digamos todo lo que pude hacer por Ayla, pero no lo hice.

-¿Qué podías hacer tu?- cuestiono Peter -Perdió a sus padres y no fue por ti fue porque cada uno decidió defender sus ideales, correctos o equivocados, pero suyos no tuyos.

-Yo lo vi Peter, vi como poco a poco Ayla se llenaba de rencor hacia mí, vi que me odiaba y peque de arrogante sintiéndome tan inalcanzable que jamás podría herirme- explico la pelirroja con ira contra si misma -Pero ahora lo hiso, me hiso sangrar y pronto llegaran los depredadores queriendo alimentarse de mis heridas.

-Aquí estarás a salvo- aseguro Peter tomando entre sus manos las de Narina y apretándolas entre las suyas -Yo te protegeré, nada te pasara.

-No necesito tu protección, al contrario- negó Narina, separando sus manos de las de su esposo y mirándolo con ojos penetrantes -Protege a nuestras hijas Peter, porque ahora estaré mas lejos de ellas que nunca, y también de ti, porque no descansare hasta acabar con Ayla.

-Sera mejor que descanses- negó Peter poniéndose de pie y ayudando a Narina a incorporarse también -Ya no sabes lo que dices.

Narina no le respondió, pero sabía que Peter se equivocaba, su mente estaba mas clara que nunca. Y no descansaría hasta encontrar a Ayla y sus Centinelas. Solo entonces podría estar en paz. Juntos abandonaron la habitación.

Susan busco a Ian por todas partes y al final lo encontró en la playa mirando un punto fijo a lo lejos mar adentro.

-Hijo- lo llamo con suavidad, sentándose a su lado e intentando rodearlo con su brazo en un abrazo como le hacía siempre que quería consolarlo sin embargo este la aparto rápidamente -Quiero contarte algo sobre Narnia, algo que nunca le dije ni a ti ni a tus hermanos. ¿Puedes al menos concederme eso?

Ian no la miro, pero asintió lentamente, dispuesto a escuchar lo que fuera que su madre adoptiva quisiera decirle. Y Susan le conto como tantas otras veces la historia de los cuatro hermanos Pevensie y como a través de un armario encontraron el maravilloso mundo de Narnia, pero esta vez se centro en ella, en sus sentimientos, en como ella para mal o para bien veía las cosas.

Su hijo tenía solo 10 años, pero era la edad que tenia Edmund cuando viajaron a Narnia por primera vez y por ello era consciente de que sabría entender su historia y de la importancia de no alimentar los sentimientos negativos que sabia que Ian guardaba en su interior desde que Prunaprismia vivía. Edmund era la clara muestra de lo que un niño podía llegar a hacer si no se le guiaba de manera adecuada. Su hijo no seria un traidor en Narnia, como Miraz, como Edmund, como Rilian, como ella misma. Algo en su corazón le decía que llegaría a ser un sabio rey para Narnia.

Susan le hablo por primera vez de Miraz y de lo que había hecho y de como Caspian lo tuvo que enfrentar por el bien de los narnianos. Apelo al buen corazón que sabia que tenia su hijo para conmoverlo y al fin le explico cómo creyó a sus hermanos muertos y su travesía hasta Cair Paravel al regresar para que Aslan trajera a sus hijos. A esos hijos que el destino puso en su camino.

Al final de la historia Susan intento abrazar de nuevo a Ian y esta vez el no la aparto solo coloco su rostro entre el cuello y el hombro de su madre y Susan sintió como poco a poco su vestido se humedecía con las lágrimas de su hijo. Pasaron largos minutos abrazados sintiendo las olas del mar chocar contra la arena. Al separarse Ian limpio su rostro con las mangas de su traje y miro a Susan con seriedad.

-Se que me amas y sabes que siempre te amare, nos elegimos mutuamente, pero me mentiste y sabiendo que tú amas a Caspian no se si me estas mintiendo solo para protegerlo- Ian agacho la cabeza con las mejillas sonrojadas, como avergonzado de no creer en su madre -Mi verdadera madre me dijo que mi padre falleció por él, y ella murió intentando corregir nuestro destino que el descontrolo. Ya no sé qué creer.

-Eres solo un niño, se que tu madre te amaba, pero no puedes cargar en tu espalda el peso de culpas por actos que ocurrieron muchos años atrás- murmuro Susan, acariciando el cabello de su hijo -El tiempo se encargara de poner todo en su lugar y cuando tu seas mayor podrás darte cuenta que los adultos tenemos sentimientos muy complicados y que en ocasiones confundimos las cosas mas de lo que deberíamos. Solo espera y lo veras.

Ian quedo pensativo mirando el mar de nueva cuenta y sintiendo las caricias de su madre en el cabello, al final dirigió de nuevo sus oscuros ojos a los azules de su madre.

-Tal vez tienes razón- susurro el pequeño, y agachando la mirada por algunos segundos la volvió a alzar con gran determinación -Pero quiero que ese tiempo del que hablas transcurra lejos de aquí. Ya no quiero estar en Narnia. Pídele a Aslan que nos regrese a nuestro mundo.

Susan entreabrió los labios sorprendida, jamás imagino que su hijo le pediría algo así. La idea de dejar Narnia cuando acababa de regresar parecía revolucionar algo en su interior, algo que le decía que no se fuera, que por fin estaba en casa con su familia, pero los ojos firmes de su hijo le afirmaban que no cambiaría de opinión.

-Si quieres estar lejos de aquí no tenemos que irnos de Narnia, es más mañana mismo nos iremos a Beruna no está muy lejos de aquí, pero seriamos solo tus hermanos, tú y yo- murmuro Susan con la voz algo entrecortada intentando convencer a su hijo -Y de hecho Caspian se ira también de Cair Paravel, se marchara a Telmar y no tendrás que verlo más.

-Entiendo que no quieras irte ahora que te has reencontrado con tus hermanos, yo tampoco lo haría si estuviera en tu lugar- respondió Ian suspirando -Pero de verdad no podría quedarme sin que sintiera la necesidad de vengar a mi padre.

-Podemos irnos más lejos- insistió la reina Benévola, sintiendo que sus ojos comenzaban a humedecerse -Regresar a Nayka y nunca volverías a Cair Paravel, yo me asegurare de ello, te lo prometo.

-Pero Caspian siempre estará al alcance de mi mano ¿no? Solo tomando un barco o un caballo, siempre sabré donde esta- contesto Ian, esta vez viendo al cielo estrellado -Se que soy solo un niño, pero me he llegado a conocer muy bien, se el daño que puedo llegar a hacer y no quisiera convertirme en alguien como Rilian.

Susan siempre había sabido que su hijo era alguien muy maduro para su edad, pero hasta ese momento no veía realmente la sabiduría que guardaba en su pequeño cuerpo. Ian no quería irse por razones egoístas sino para evitar dejarse llevar por los sentimientos negativos que Caspian despertaba en él.

-Te quiero mucho Susan Pevensie, a pesar de lo que tu misma crees de ti misma eres una persona realmente buena y siento si antes te lastime con mis palabras, sabes que tú siempre serás mi madre- susurro Ian acariciando la mejilla de la mujer que comenzó a llorar ante las tiernas palabras de su hijo mayor -Pero se que no puedo permanecer en Narnia y no puedo obligarte a irte conmigo cuando se que tu familia esta aquí. Por eso creo que lo mejor es que yo regrese solo a casa.

Ian se levantó rápidamente como queriendo huir de la reacción de su madre, pero Susan lo tomo de la mano con la misma velocidad impidiendo que se marchara, sus ojos anegados en lágrimas.

-Tu también eres mi familia- afirmo Susan poniéndose lentamente de pie y envolviendo a su hijo en un fuerte abrazo -Todo estará bien. Yo lo arreglare, pero permaneceremos juntos siempre.

En la torre mas alta de Cair Paravel se encontraba Eustace sentado en el alfeizar de la ventana mirando el cielo nocturno, los ligeros pasos de alguien acercándose le informaron que no estaba más solo, pero decidió permanecer en su posición esperando que la recién llegada explicara su presencia en el lugar.

-Gracias- hablo Jill, de pie a lado de Eustace y al igual que el observando las estrellas -Por permanecer en Narnia, sabes cuánto lo aprecio.

-No me pareció lo correcto irme con una guerra estallando sobre nuestras cabezas, mi lugar es aquí a lado de mi familia- respondió Eustace mirando ahora el fino rostro de Jill -Sobre todo ahora que Rilian ya no estara.

-Aun no puedo creer lo que hiso- murmuro Jill suspirando pesadamente -Me alegro de no haber que tenido que emitir una opinión acerca de su exilio porque sinceramente no sé qué creer.

Ambos recordaron al joven que en el pasado salvaron de la Bruja de la Saya Verde y la fuerte amistad que surgió de tan terrible experiencia y les costaba relacionarla con alguien que hiso tanto mal.

-No se que fue lo que lo motivo a hacer algo así- prosiguió Jill frunciendo el ceño con pesadumbre -Digo sabia el rencor ciego que le guardaba a Susan, pero no entiendo en que momento eso dejo paso a una desconfianza tan grande hacia todos y a hacer estas tonterías.

-Yo si se que lo motivo- afirmo Eustace, aun mirando el rostro de Jill que ahora le devolvía la mirada -Hay sentimientos que son tan hermosos como terribles y personas que simplemente no saben dejar el pasado atrás en lugar de irlo cargando a cuestas, y cuando estas dos cosas se unen las acciones que dejan a su paso solo son resultados de una mente confundida y un corazón débil. El amor por sus padres y su incapacidad para deslindarse de un pasado que ni siquiera le correspondía llevaron a Rilian a hacer lo que hiso.

Jill miro a Eustace penetrantemente intuyendo que las palabras de Eustace tenían un significado mas grande que el que se veía a simple vista.

-Espero de corazón que estando lejos Rilian encuentre el camino- murmuro el líder de los Guardianes con gran tristeza en su voz -Pero ahora hay cosas mas importantes en las cuales pensar y decisiones difíciles que tomar.

-¿Qué decisiones?- cuestiono Jill frunciendo el ceño de nueva cuenta.

-Escuchaste en el Consejo lo importante que es asegurar la isla de Galma, así que hable con Edmund y pensamos que lo mejor es mandar a algunos Guardianes que estén permanentemente en la isla- explico Eustace desviando la mirada de nuevo al cielo -Decidí que tu lideres ese grupo de Guardianes.

-¿Me estas diciendo que ya no volveré a Nayka?- cuestiono Jill sorprendida -¿Me quedare en Galma para siempre?

-Hasta que sea necesario- murmuro Eustace volviendo a ver a Jill con firmeza en los ojos esta vez para que supiera que la decisión era inapelable -Dejare que tu elijas a los Guardianes que se quedaran contigo en Galma, pero debes ocupar tu posición lo más pronto posible.

-Esto no es por la guerra ¿Verdad?- cuestiono Jill con gran enojo -¿Es por ti cierto? Quieres que este lejos de ti por todo lo que me dijiste, por todos tus miedos.

-Tienes razón- asintió Eustace poniéndose de pie -Por el bien de nuestra amistad, de nosotros mismos es mejor que estemos alejados por un tiempo. Y de verdad necesito asegurar la isla de Galma.

-¿Por qué me haces esto Eustace? Te dices mi amigo pero quieres que este lejos de lo que conozco de mi hogar, eso no es amor- exclamo Jill ya sin contener su enojo -¿NO TE IMPORTAN ACASO MIS SENTIMIENTOS?

-Me importan mucho tus sentimientos, pero también los míos- respondió Eustace sin alterarse ante los gritos de Jill -Y aunque ahora no lo veas así es lo mejor.

-¿Es acaso una clase de venganza?- pregunto Jill con los ojos llorosos y la cara sonrojada -¿Te estas vengando de mi porque no correspondí tus sentimientos como tu querías?

-Claro que no- negó Eustace sorprendido -¿Cómo puedes creer eso de mí?

-¿Qué quieres que piense cuando decides por mí? ¿Cuándo usas tu posición para alejarme no solo de ti sino de mi hogar, de mi familia?- cuestiono Jill aun enfadada y bastante decepcionada -¿Crees que porque Galma esta cerca de Cair Paravel no sentiré la falta de las personas que me han rodeado durante los últimos ocho años? Creí que éramos amigos.

-Y lo somos, siempre lo seremos, pero ahora debo ordenar mis sentimientos, mi mente es un caos- exclamo Eustace llevándose las manos a la cabeza con desesperación -Necesito estar solo para pensar.

-¿Y si quieres alejarte de mi porque no te marchas tu?- pregunto la Guardian con las manos en la cintura -¿Por qué tengo que ser yo la que se vaya? ¿Por qué quieres que sea yo quien pierde aquí?

-Todos perderemos con esto, pero como líder de los Guardianes no puedo abandonar Nayka y lo sabes- intento razonar Eustace, pero Jill solo negaba con la cabeza, renuente a escuchar las explicaciones de su amigo -No será por mucho tiempo Jill, pronto podremos recuperar nuestra amistad.

-Nunca volveré a ser tu amiga Eustace, si me alejas de ti no esperes volver alguna vez- negó Jill con tristeza -Te conté mis mayores miedos y al final los estas haciendo realidad. Yo me voy y tu te quedas con tu familia. Siempre supe que esto sucedería al final.

-Jill- la llamo Eustace desesperado, pero Jill ya había dado la media vuelta y se marchaba de la torre con paso decidido -JILL.

Pero Jill no regreso y aunque Eustace sabía que podía ir tras ella no estaba dispuesto a cambiar de opinión.

La única verdad que importaba es que el amaba a Jill y que esta tenia un miedo muy grande a la soledad. No quería vengarse de ella al alejarla ni volver sus miedos realidad condenándola a un futuro en soledad, simplemente quería que ambos experimentaran una Narnia sin el otro.

Tenían que dejar de depender de la amistad del otro, crear su propia historia solos, únicamente así descubrirían su propia identidad como persona y dejarían de temer, porque se darían cuenta que tienen su propio valor. Eustace temía que si no se alejaban ahora sus propios miedos se volverían realidad y se convertiría en una persona que no podría reconocer. En esa versión de si mismo que todos tememos exteriorizar.

Sabía que ambos sufrirían con su separación y quizás en un futuro se arrepintiera, pero Eustace sabía que no podía pasar el resto de su vida esperando en la puerta de Jill para que esta correspondiera sus sentimientos. Debía tomar su destino en sus manos. Solo esperaba que algún día Jill pudiera perdonarlo.

Suspirando pesadamente Eustace se sentó de nueva cuenta en el alfeizar de la ventana.

Una torre más allá de donde Eustace se encontraba, Zafira lo contemplaba desde su propia ventana, grabándose su rostro entristecido para después ver las estrellas intentando ver mas del futuro del joven Guardian en ellas, pero nada venía a su mente.

-Quería hablar contigo- murmuro una voz detrás de ella, Zafira se giro lentamente y con un ademan le indico a Zaccaria que lo escuchaba -La profecía que dijiste en el Consejo inquieto a muchos, y de alguna manera creo que no nos dijiste todo lo que sabias sobre ella ¿Qué es lo que sabes?

-Veo que piensas como Narina- sonrió Zafira tristemente -No me lo ha dicho, pero sé que ella me culpa por lo que paso con su hijo, lo veo en sus ojos, cree que yo sabia lo que iba a pasar y se lo oculte.

-¿Cómo quieres que confié en ti?- respondió Zaccaria sonriendo de manera irónica -Se supone que todo lo vez y aun así no eres capaz de evitar ninguna de las atrocidades que predices.

-Que cerrado de mente eres para ser una estrella- suspiro Zafira acariciando el cabello de Zaccaria quien aprisiono rápidamente su mano con un gesto feroz.

-Te fuiste durante años y nadie supo nada de ti- murmuro la estrella entre dientes -La confianza que antes tenías se esfumo.

-Antes cuando me mirabas no podía descifrar lo que tus ojos me querían decir, pensé que al volver ahora al fin podría hacerlo- susurro Zafira zafando lentamente su mano y traspasando con sus ojos azules los de Zaccaria -Pero ahora en tus ojos solo veo rencor.

-No siento nada más por ti- negó la estrella con gran seriedad -Nunca podre entender tus decisiones y ya ni siquiera busco explicarlas. Ya no eres nada en mi vida.

Zafira se giró rápidamente a ver el cielo, dándole la espalda a su interlocutor para que este no viera las lagrimas que se formaban en sus ojos.

-No he podido descifrar mucho de la profecía, todo poder tiene sus límites, sobre todo cuando de ver el futuro se trata- explico Zafira con lentitud queriendo enmascarar sus lagrimas -Se que los doce corazones representaban a cada uno de los que estábamos presentes en esa sala y a Rilian. Y creo saber que corazón me representa en dicha profecía, pero solo eso.

-Espero que no ocultes información- respondió Zaccaria cruzando los brazos con actitud severa -Narina quiere que permanezcas en Mágissa donde pueda protegerte, espero que esta vez no salgas huyendo.

Zaccaria no se quedo para escuchar la respuesta de Zafira simplemente se marcho marcando fuertemente sus pasos en la dura piedra del castillo. Sin darse cuenta sus pies lo llevaron a uno de los balcones de Cair Paravel donde Lucy permanecía recargada en la dura piedra con los ojos puestos en el oscuro océano.

-¿Estas bien?- cuestiono Zaccaria, acercándose lentamente a la valiente.

-Dado que ninguno cenamos por el Juicio Aequum, Peter ordeno que se sirviera una cena tardía en el comedor- respondió Lucy girando a mirarlo brevemente -Supongo que solo hago tiempo mientras se sirve.

-Se lo que estas sintiendo- suspiro la estrella, recargándose en la baranda de piedra del balcón -Estas decepcionada y te preguntas si volverás a verlo.

-No es así- negó Lucy respirando lentamente -Me siento culpable. Cuando se enumeraron todas esas muertes no pude evitar pensar que si yo hubiera hablado sobre lo que Rilian planeaba todo esto se hubiera evitado. Se que mis hermanos lo piensan.

-Claro que no- negó Zaccaria firmemente -No puedes culparte por dejar que alguien tome sus propias decisiones, por confiar en que alguien que amas hiciera lo correcto.

-Supongo que ese fue el problema ¿No?- rio Lucy sarcásticamente -Mi exceso de confianza y la falta de ella de Rilian.

Mirando aun el mar la respiración de Lucy se aceleró llamando la atención de Zaccaria.

-Es solo… no puedo creer…- poco a poco los sollozos de Lucy resonaron en la fría noche -Ya no se que sentir… siento que.. que..

Zaccaria envolvió lentamente a Lucy en un abrazo, queriendo consolarla.

-¿Sientes que el corazón se rompió en miles de pedazos y que las esquirlas raspan lo que queda de tu alma?- cuestiono Zaccaria en lo que a Lucy le pareció un lejano susurro -Yo sentí lo mismo hace mucho, pero con el tiempo dejas de sangrar y la herida se cierra y aunque queda una horrenda cicatriz mantienes la esperanza de que alguien pueda amar lo que quedo de tu corazón.

Lucy se separo de la estrella lo suficiente para verlo a los ojos.

-Quiero ser valiente, de verdad y demostrar que no me importa pero es que ¡Si me importa!- exclamo Lucy entre sollozos -Y sé que Rilian actuó mal y que no se merece mi amor o compasión pero no puedo evitarlo ¡El corazón no entiende de razones!

-Pero por ese afán del corazón de no entender de lógica o razón es por lo que se equivoca tanto- explico Zaccaria con el mismo tono triste que Lucy empleaba -Eres una mujer fuerte y aunque te hagas pedazos por dentro sé que seguirás adelante. Porque a menos que pienses dejar a tus hermanos y unirte a Rilian en su exilio nada mas se puede hacer. Narina no perdonara jamás a Rilian. Tienes que asumirlo.

Con esas ultimas palabras resonando en el balcón Zaccaria dejo sola a Lucy que miraba el oscuro mar con lo dicho por la estrella grabado en su corazón. Amaba a Rilian, pero sabía que era culpable de traición, que le había asestado una puñalada a ella y a toda su familia y era por eso que no se había negado a su exilio. Por ello, porque sentía la herida abierta de su puñalada, era que ni siquiera se planteaba el irse con el a su exilio.

Lucy viviría para siempre con esa duda en el corazón. La duda de si hubiera sido capaz de seguir al amor sin importar a donde fuera.

La cena se sirvió minutos después y transcurría en un mortal silencio. No habían visto a Rilian al salir y según los empleados del castillo se encerró en su habitación nada mas salir del Aequum. Eustace y Jill permanecían con ellos solo para cenar, al amanecer partirían de regreso a Galma para seguir vigilando la situación, y volver dentro de unos días para el nuevo Consejo de Guerra.

Narina no comía, solo miraba fijamente el plato y los cubiertos, como aguardando algo, tal vez los reclamos de Caspian o de Lucy por haber decidido exiliar a Rilian, pero en realidad ninguno de los dos tenía pensado hacer algo así. Al contrario, entendían el actuar de Narina y el porqué de su decisión. Caspian se sentía especialmente responsable de las acciones de su hijo, pensaba que de él mismo haber actuado de manera diferente su hijo no hubiera tomado tantas decisiones equivocadas.

La mente de Caspian era un revoltijo que iba y venia entre su hijo, Susan y el hijo de su tío Miraz. El prefería pensar en su hijo y culparse por su comportamiento pero su mente volvía a la historia de Susan con lo cual se sentía aun mas culpable con su hijo pero aunque quería volver a pensar en el su mente seguía de frente y recordaba los reproches del pequeño que ahora llevaba su nombre para después recordar a Rilian y como estúpidamente pensó que Ian era hijo suyo, con lo que el ciclo volvía a comenzar.

Años atrás cuando Rilian fue secuestrado luego de la muerte de Liliandil, Caspian había sufrido un dolor enorme que nunca le deseo a nadie. La incertidumbre de no saber si su hijo estaba vivo o muerto, la impotencia de no haber podido protegerlo y la sensación de haber perdido algo importante, algo vital para sobrevivir. La perspectiva de volver a pasar por algo similar le partía el corazón. No sabría nunca más de Rilian, él podría morir ahí afuera enfrentando al mundo y el jamás lo sabría. Ante tan sombríos pensamientos sintió que se le iba la respiración.

-¿Caspian estas bien?- cuestiono Edmund al verlo respirar agitado y llevarse una mano al pecho.

-Solo necesito…- Caspian no completo sus palabras en su lugar se puso en pie queriendo salir de la habitación, pero la sorpresiva aparición de Susan se lo impidió.

-Narina- murmuro Susan con la mirada gacha, sin responder a la insistencia de las miradas de sus hermanos -Necesito pedirte algo.

Narina no respondió, pero dejo de mirar su copa de vino y traspaso con sus ojos la frágil figura de la reina benévola.

-Deseo regresar a mi mundo- la petición de Susan corto la respiración de todos los comensales -Por favor, se que puedes hacerlo. Devuélveme a mi mundo, a mi y a mis hijos.

-Susan… ¿Pero que…?- cuestiono Peter poniéndose de pie sorprendido.

-Ian no me perdonara si me quedo en Narnia- afirmo Susan, levantando la mirada con determinación -Se que ustedes piensan que no son mis hijos de verdad por que no tuve a ninguno en mi vientre, pero yo los elegí, fueron la mejor elección de mi vida, se que los amo mas que si realmente llevaran mi sangre porque ellos me salvaron.

-Susan- murmuro Lucy viendo las lagrimas formarse en los ojos de su hermana que se negaba a dejarlas salir.

-Ellos estuvieron ahí cuando no tenia a nadie, cuando pensaba que estaban muertos y las únicas personas que compartían mi sangre me despreciaban- siguió explicando la benévola, ignorando la voz de su hermana -Se que tal vez piensen que hago mal en irme cuando Narnia está en guerra, pero ahora mi hijo me necesita, el necesita de verdad irse de aquí hasta conciliar en su mente los descubrimientos de esta noche. Y solo encontrara esta paz lejos de aquí.

-Esta bien- murmuro Narina asintiendo lentamente, mirando a Susan sin verla -Hare lo que me pides, te regresare a tu mundo.

-Alto- ordeno Peter poniéndose de pie bruscamente -Nadie hará nada, Susan hay que hablar en privado.

-Creo que los cuatro debemos hablar- dijo Edmund dirigiendo miradas significativas a sus hermanos para que supieran a cuáles cuatro se refería.

Lucy se puso de pie al igual que Edmund y los cuatro hermanos Pevensie abandonaron el comedor en dirección al despacho de Peter, a fin de tener privacidad en una charla tan importante.

Al entrar en la habitación los cuatro tomaron asiento en torno al escritorio de Peter, y con miradas serias se preguntaban quien hablaría primero.

-Susan está por demás decir lo mucho que nos ha decepcionado que no hayas hablado con la verdad al llegar a Narnia- decidió hablar Peter primero -Debiste contarnos toda la historia sobre tus hijos al encontrarnos de nuevo.

-Se que debí sincerarme, pero ya viste la forma en la que Caspian e Ian reaccionaron, no fue por ustedes que guarde silencio sino porque quería evitar que mi hijo sufriera justamente lo que hoy sufre- se explico Susan con pesar -No espere nunca que Rilian guardara un rencor tan grande hacia mí que lo orillaría a hacer algo como esto.

-¿Acaso no confiabas en nosotros para guardar el secreto?- cuestiono Edmund con tristeza -Pudimos haber comprendido tu situación.

Susan guardo silencio esta vez y recargando su espalda en el respaldo de la silla cruzo los brazos y miro el techo pensativa.

-Dinos lo que piensas Susan- pidió Lucy casi suplicante -Es hora de hablar con la verdad.

-Cuando regrese a Narnia quise centrarme en lo maravilloso que era que estuvieran vivos y olvidar las lagrimas pasadas que derrame en sus tumbas pero aun así no pude..- Susan suspiro y después miro a sus hermanos con los ojos húmedos -Una de las razones por las que me aparte de ustedes después de lo de mis padres fue que ustedes eran muy unidos y solían hacerme aun lado aunque no fuera conscientemente y sentirme sola aun estando con ustedes era un sentimiento que me lastimaba mucho.

-Fue porque tu te apartaste de nosotros después de que regresáramos de Narnia sabiendo que tú y yo jamás volveríamos- reclamo Peter exasperado -Narnia siempre nos unió y de pronto tu huías de nosotros siempre que lo mencionábamos y nos tratabas como idiotas. Dejaste de querer pasar tiempo con nosotros así que llego un punto en el cual simplemente nos acostumbramos.

-¡Ustedes me veían con lástima! Lo veía en sus ojos cada vez que hablaban delante de mí de Narnia dirigían miradas lastimosas hacia mi- exclamo Susan con una lagrima rodando por su tersa mejilla -Por eso les pedía que ya no mencionaran a Narnia en mi presencia, para que dejaran de verme como la víctima. Pero pareció que no solo alejaron de mi el tema de Narnia sino todo lo demás, ya no hablaban de nada conmigo y pasaban su tiempo solo entre ustedes.

-Nunca quisimos que te sintieras sola Susan, supongo que todos fuimos culpables, ninguno supo lidiar con la situación sobre todo después de que murieran nuestros padres- intervino Edmund tratando de conciliar la situación entre sus dos hermanos mayores -Todos estábamos tan centrados en nuestro dolor que nunca vimos el dolor de los demás.

-Cuando regresé a Narnia casi había olvidado el sentimiento de verme hecha a un lado por una hermandad aun mayor que ustedes compartían, pero pronto me di cuenta de que ahora esa hermandad, esa unidad entre ustedes era aun mayor ¿Y porque no? Pasaron ocho años solo ustedes- las lagrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Susan que se esforzaba en limpiarlas con sus manos temblorosas -¿Alguna vez pensaron en mí? ¿Se preguntaron acaso que sentiría yo pensando que estaban muertos? ¡No saben la culpa y el dolor que arrastre durante años!

-Claro que pensábamos en ti, siempre lo hacíamos- afirmo Lucy con vehemencia -Siempre con la esperanza de que algún día regresarías a Narnia.

-De verdad que no los culpo por nada y si algo había que perdonar el perdón fue otorgado hace mucho, pero quiero que entiendan porque guarde silencio- explico la benévola controlando su llanto -Durante el tiempo que no nos hemos visto han entablado nuevas relaciones, hay nuevas personas en su vida en las cuales confían tal vez mas de lo que confían en mí.

-Pensaste que después de decírnoslo pese a pedirnos guardar silencio nosotros se lo confiaríamos a alguien mas pidiendo lo mismo y al final a alguien se le escaparía- afirmo Edmund asintiendo en comprensión -No debes pensar así Susan, si no confiamos en los que amamos ¿En quién lo haremos?

-En realidad- intervino la valiente con expresión triste -Creíste que le diría a Rilian ¿No es así?

-Lo siento Lu, pero te veía tan enamorada que confiabas ciegamente en él y no sabía si en algún impulso se lo dirías- se disculpó Susan posando su mano en el hombro de Lucy, que comenzó a temblar en su esfuerzo por no llorar.

-No te equivocaste en no confiar en mi- murmuro Lucy tristemente -Les falle. Parte de esas muertes de las que responsabilizaron a Rilian en realidad son mi responsabilidad, si yo hubiera hablado.

-El amor es complicado- susurro Peter con expresión ausente -Depositamos todo el amor y la confianza en una persona confiando en que devolverá los mismos sentimientos que le entregas y con la misma intensidad, pero en realidad son pocos los afortunados en encontrar algo así. No te culpes por actuar como cualquier otra persona lo haría.

-Perdóname Peter- suplico Lucy derramando lagrimas incontenibles -Tu y Narina perdieron a su hijo por mi culpa… debí confiar en ustedes, debí saber que jamás nos ocultarían algo así a Edmund y a mi y no puedo dejar de preguntarme ¿Cómo es que me deje convencer por la Destructora? ¿Cómo pude dudar?

-No te culpo por lo que paso Lucy- negó Peter con ojos tristes -Me duele mucho lo que paso y lo cierto es que ahora mismo dudo de muchas cosas, yo mismo pude quedarme a cuidar a mi esposa embarazada pero no lo hice, pero de ti no. Confió con mi alma en cada uno de ustedes ¡Lo juro!

-Yo también confió en ustedes con mi vida- afirmo Edmund con vehemencia -Y se que lo que paso no fue culpa de ninguno de nosotros, ni siquiera del idiota de Rilian. La culpa solo la tiene esa mujer que lastimo a Narina. Ella y solo ella.

-Se que este es el peor momento para irme, cuentan conmigo para esta guerra, pero Ian de verdad desea irse, dice que si se queda tendrá siempre presente a Miraz y a Caspian y nunca vivirá en paz- explico Susan con expresión apenada -No puedo permitir que mi hijo se convierta en una versión de Rilian mucho peor.

-Somos hermanos Susan y siempre lo seremos- afirmo Peter estirando su mano sobre el escritorio para afirmar la de su hermana -Pero cuando tienes hijos ellos se vuelven tu prioridad. Si crees que el bienestar de tu hijo depende de que te marches lo entendemos.

-Eso no significa que no te extrañaremos, pero como padre sé que yo haría lo mismo si me encontrara en tu lugar- agrego el rey justo colocando su mano sobre la de sus dos hermanos mayores, que continuaban unidas sobre el escritorio de gruesa madera -Y quiero que sepas que no nos importa si en realidad tus hijos no nacieron de tu vientre, si tú los amas como hijos para nosotros no será diferente nunca.

Susan sonrió tiernamente a su hermano, agradecido por sus palabras.

-Es que…- murmuro Lucy entrecortadamente -Acabas de regresar, no puedo creer que te vayas tan pronto.

-Tranquila Lucy- reacciono Susan abrazando de nuevo a su hermana -Estarás bien, estaremos bien, y si me necesitan puedes tocar mi cuerno y yo aun desafiando al mismo Aslan vendré en su ayuda, no me importa cómo, pero regresare a Narnia si es por ti.

-Te voy a extrañar mucho Su- exclamo la valiente devolviéndole el abrazo a su hermana con gran fuerza -Espero que nos volvamos a ver. Que algún día podamos estar todos juntos de nuevo.

-Y lo estaremos Lu- intervino Peter, acercándose a sus hermanas y uniéndose al abrazo siendo seguido por Edmund.

En su abrazo los hermanos Pevensie se transmitieron miles de sentimientos, pero sobre todo la certeza de que nunca más desconfiarían del otro. Si abría algo seguro en esa guerra es que siempre estarían el uno para el otro aun en la distancia.

Cuando salieron de la habitación se dirigieron de nueva cuenta al comedor, que parecía igual a cuando se habían marchado.

-Narina- llamo Peter calmadamente -Puedes regresar a Susan y a sus hijos a nuestro mundo.

-Lo hare al amanecer- afirmo Narina poniéndose lentamente de pie dispuesta a retirarse de la habitación, pero Susan corto su camino rápidamente.

-No sé si todos estarán cuando me marche así que quiero aprovechar para agradecerles las atenciones que tuvieron conmigo y con mis hijos en este tiempo- comenzó Susan dirigiéndoles una mirada de afecto a todos -Se que en estos momentos todos están asustados, tristes y dolidos, y que se preguntan que nos depara el futuro y si acaso será la muerte.

Narina se sentó lentamente de nuevo, al igual que el resto de los hermanos Pevensie dispuestos a escuchar a su hermana.

-No he vivido tantas cosas con ustedes, soy nueva entre ustedes en realidad, pero a pesar de lo que muchos digan ustedes son una familia, una verdadera y hermosa familia que sabrá enfrentar lo que venga- prosiguió Susan queriendo transmitirle todos los sentimientos que guardaba en esos momentos en su corazón -No se ver el futuro como Zafira y tal vez sea por eso que pienso ingenuamente que el destino de cada quien solo el lo puede decidir. Olvídense de la profecía de Zafira y construyan su propio futuro.

Susan suspiro fuertemente, como si con ese suspiro se tragara todas sus lagrimas impidiendo que los demás las vieran, queriendo mantener la apariencia de mujer fuerte y piadosa.

-Tengo fe en ustedes y me voy con la tranquilidad de que ustedes protegerán este lugar que tanto amo- confeso la benévola con una sonrisa tranquilizadora -Y si alguna vez les hice daño de corazón, yo lo lamento.

Susan abandono poco a poco el comedor, despidiéndose de todos ellos, esperando el amanecer para marcharse de Narnia esta vez por voluntad propia, aunque sin abandonar las esperanzas de volver algún día o de que sus hijos lo hicieran ya con todas sus emociones en orden.

-Jill y yo nos iremos mañana luego de la partida de Susan- exclamo Eustace rompiendo el tenso silencio que quedo después de que la benévola se marchará -Iremos a verificar que todo este en orden, el consejo de Galma tendrá que elegir pronto un nuevo duque.

-Zafira y yo nos iremos hoy mismo de regreso a Mágissa- hablo esta vez Zaccaria -No debemos estar mucho tiempo ausentes, solo arreglare unas cosas y después nos iremos, claro esta que volveremos para el próximo Consejo de Guerra.

-Si nadie más se ira nos veremos mañana al amanecer- se despidió Narina, levantándose pesadamente de la silla y esta vez nada le impidió salir del comedor.

Esa fue la señal para que todos los demás comenzaran a retirarse del lugar después de todo era pasada la medianoche.

Narina se encontraba en el enorme balcón de su habitación contemplando ida la grieta que había ocasionado la flecha funesta que anunciaba la muerte de su hijo.

Mas temprano esa noche al encontrar la flecha y leer la inscripción en el listón negro la desesperación la invadió. Sentía un enorme hoyo en el abdomen, ahí donde poco antes estaba su hijo. Un hoyo negro que parecía succionar toda la alegría y la vitalidad de su cuerpo dejando atrás un inmenso vacío que la atormentaba, que por el resto de su vida la atormentaría.

Cuando Zafira y Zaccaria la encontraron Narina permanecía de rodillas en el frio suelo de piedra, la flecha en sus manos y la mirada en la grieta, justo como se encontraba en esos momentos. No estaba llorando ni antes ni ahora, pero la mirada que oscurecía sus ojos les decía que las lágrimas no le salían no por falta de dolor sino por exceso de este.

Esta vez quien la encontró en tan vulnerable posición fue de nueva cuenta Zafira, quien se arrodillo a su lado contemplándola en silencio.

-¿Lo sabias?- cuestiono Narina sin levantar la mirada -¿Sabias que mi hijo no se lograría?

-No, cuando vi que estabas embarazada no vi nada más, pero tampoco busque el saber el futuro del bebé que esperabas- respondió Zafira apoyando en el hombro de Narina una de sus pálidas manos -Discúlpame por eso, esta desgracia me tomo desprevenida.

Narina no respondió nada, lo único que había querido saber ya Zafira le respondió.

-Entiendo la agonía que estás viviendo y solo puedo asegurarte de que el tiempo te ayudara a sanar poco a poco, Peter, Kattherinn, tus hijas, todos estarán ahí para ti para cuando lo necesites- continuo la estrella, tratando de ofrecer alguna clase de consuelo -No tienes porque pasar esto sola, sé que nada te hará olvidarlo, pero solo quería que supieras que no fue tu culpa. Cuando vi lo que pasaría estando en Galma también vi que nada podías hacer para evitar tan terrible destino.

-Tienes razón- asintió la pelirroja lentamente, dirigiéndole una mirada abrasadora a través de sus pestañas -Jamás podre olvidar lo que paso, pero tú nunca lo entenderás porque no eres madre. No comprendes el dolor que estoy pasando.

-Ahora soy yo quien reconozco que tú tienes razón- asintió la estrella sin demostrar sentimiento alguno -Pero espero que encuentres consuelo en tus hijas y después de todo aun puedes tener más descendencia, sé que nunca un nuevo hijo suplirá al que perdiste, pero el amor siempre reparara un corazón roto.

Narina rio sarcásticamente alzando los ojos al cielo, mirando con atención a las estrellas.

-Mira a tus hermanas allá arriba- ordeno Narina, tomando el mentón de la estrella y alzándolo con brusquedad para que también contemplara el cielo -Dime que vez ¡Dime el futuro que me deparan las estrellas!

Zafira miro el cielo atentamente obligada por la mano de acero de Narina que se cerraba casi dolorosamente contra su barbilla, sus ojos brillaron cada vez mas hasta que de un fuerte movimiento Zafira se soltó del agarre de Narina y cayo de lado en el frio suelo.

-¿Zafira?- cuestiono Narina reaccionando de pronto al ver a Zafira tendida en el suelo. Al acercarse aun de rodillas en el suelo Narina se pudo percatar que Zafira continuaba con los ojos abiertos, aunque el brillo de sus ojos había desaparecido -Reacciona, Zafira.

-Alguien que ha vivido tantos años siempre ha tenido que adaptarse para sobrevivir- susurro Zafira mirando los ojos oscuros de la reina -Eres muchas mujeres en una sola Narina, muchas personalidades peleando por el poder dentro de ti. Pero hay una en especial, la Narina original, que perdió hace mucho la batalla, que espero que regrese pronto al mando porque si dejas que tus emociones mas oscuras te dominen, terminaras por perder la razón.

Poco a poco Zafira se fue incorporando hasta quedar de pie, mirando hacia abajo a Narina que seguía arrodillada en el suelo.

-Solo el amor te puede salvar- continuo Zafira con una mirada compasiva en su rostro -Busca tu fuente de amor. Y se fuerte, muy fuerte Narina.

En un deslumbrante brillo Zafira subió al cielo solo para bajar momentos después sobre Cair Paravel, pero esta vez en un lugar distinto.

-Hola Susan- saludo Zafira a la figura de la benévola sentada en el alfeizar del balcón que giro a verla alarmada -Se que no era a mi a quien esperabas, pero quise venir a verte antes de irme hacia Mágissa.

-Eres muy considerada- murmuro Susan mientras la estrella se sentaba a su lado -Caspian me está evitando.

-No esta listo para tener esa conversación contigo Susan, ahora solo puede pensar en su hijo- intento consolarla Zafira -Simplemente no era su tiempo aun Susan, pero créeme que si están destinados a estar juntos lo estarán.

-Esa es una idea del amor muy infantil- rio Susan con tristeza -Hace mucho que deje de pensar así. Mi amor con Caspian siempre será algo platónico, yo sabía que de ver de nuevo a Caspian con Ian a mi lado no recibiría mas que reproches de su parte. Pensé que era un escenario imposible dado que jamás regresaría a Narnia, pero ya vez, regrese.

-Hace mucho yo le pronostique a Caspian que regresarías a Narnia y sigo firme en esa profecía, pero creo que no se refería a esta vuelta- susurro Zafira pensativa, oteando el cielo en busca de alguna clase de señal divina -Regresaras de nuevo a Narnia estoy segura, para entonces tu conversión en una mejor mujer habrá terminado y las personas a tu alrededor también habrán terminado su propio proceso.

-Ya no importa- negó la benévola suspirando -Cuando decidí ser la madre de Ian decidí renunciar también a toda posibilidad de mantener alguna relación romántica, estar aquí me hizo olvidar esa promesa. Pero ahora se que solo debo concentrarme en ser madre. Ese es mi futuro.

-Ya lo dijiste antes en el comedor, tu no sabes ver el futuro yo sí, y sé que no es el final de los romances para ti- negó Zafira dirigiéndole una sonrisa a la benévola -Al contrario, solo abre bien los ojos para que puedas ver el amor que hay en los demás. Y recuerda que si quieres ser una buena madre debes ser alguien feliz, y aunque no todas las mujeres necesitan el amor de un hombre para serlo, tu no eres ese tipo de mujer. Necesitas del amor para florecer, un amor que tus hijos no te pueden dar.

Susan solo asintió, grabándose las palabras de la estrella aun sin creer en ellas. A punto de despedirse, ambas escucharon un alboroto venir de los pasillos y ambas abandonaron el balcón para averiguar que era lo que estaba pasando.

En el pasillo se encontraban Edmund, Kattherinn y Caspian junto con algunos guardias en lo que parecía ser una acalorada discusión.

-¿Qué pasa?- cuestiono Susan preocupada.

-Parece ser que Rilian se ha marchado ya- respondió Edmund en voz baja -No lo encontramos, faltan cosas en su habitación y uno de los veleros.

-Pueden retirarse- ordeno Kattherinn a los guardias quienes les informaron de la falta de la embarcación.

-Supongo que no quería alargar mas su despedida- murmuro Zafira intentando consolar a Caspian quien parecía bastante compungido por la partida de su hijo -Debes comprender que ahora mismo es un joven muy confundido, vamos Caspian acompáñame a buscar a Zaccaria debemos marcharnos ya.

Desganado Caspian ofreció su brazo a la estrella y juntos abandonaron el pasillo dejando solo a Susan, Edmund y su esposa.

-Iré a avisarle a Peter sobre la partida de Rilian- suspiro Edmund y con poco animo abandono el pasillo dejando solas a las dos mujeres.

-Susan quería hacerte algunas preguntas- hablo la reina de Nayka llamando la atención de la reina de Narnia quien asintió algo confundida y guio a su cuñada al balcón donde momentos antes hablaba con la estrella -Escucha se que te parecerá extraño que quiera hablar contigo pero.. no sé cómo preguntarte esto.

-Puedes preguntarme lo que quieras- murmuro Susan frunciendo el ceño extrañada por la duda de la otra mujer -Lo que sea quedara entre nosotras si así lo quieres.

-Es sobre tus hijos- soltó Kattherinn de pronto -Quiero decirte que admiro de verdad que adoptaras a esos niños, pero, se que no tienes con que comparar, pero ¿Cómo sabes que es lo correcto? ¿Cómo sabes que los amas tanto como si fueran sangre de tu sangre?

-No se explicarte ese sentimiento Kattherinn, pero cuando vi a Ian sufriendo por una madre que ya no estaba, necesitando amor, me pregunté ¿Por qué no darle todo ese amor que yo tenia guardado? ¿Por qué no compartir nuestros dos mundos llenos de soledad?- respondió Susan recordando aquellos momentos de incertidumbre -No es necesario que un niño sea sangre de tu sangre para volcar en el todo tu amor maternal. Es algo maravilloso porque, aunque sabes que no estuvieron en tu vientre tú los elegiste.

Kattherinn se recargo en la baranda de piedra del balcón y cruzada de brazos alzo la mirada al cielo aun intentando comprender el sentimiento de Susan.

-Hay algo mágico en la mirada de un niño cuyo hogar a sido roto o que ni siquiera a conocido lo que es el amor de una madre, y al que tu amas con toda tu fuerza y poco a poco va creando un lazo contigo y te va amando- siguió explicando Susan ahora haciendo memoria de la relación que poco a poco fue construyendo con sus hijos -Es ese amor puro y sincero lo que te hace saber que no serias capaz de amarlo más, que del mismo modo amarías a un hijo salido de tu vientre, porque ellos te quieren tanto como si fueras su verdadera madre.

-Yo siempre quise una gran familia- hablo Kattherinn mirando ahora a la hermana de su esposo -Pero después de tener a Cedric pensé que mi sueño quedaría solo en eso, pero después de escuchar tu historia la esperanza de volver ese sueño realidad revivió. Tal vez no sea la familia que siempre imagine, pero me pregunto si tu eres capaz de querer así a tus hijos, aunque no sean tu sangre ¿Por qué yo no?

-Kattherinn en Narnia se que hay muchos niños que darían lo que fuera por tener una madre como tu- murmuro Susan enternecida ante las palabras de su cuñada, colocando una mano sobre su hombro dándole su apoyo -Se que aquí no es muy común el adoptar pero que eso no te detenga. Ahí afuera hay un niño solo, ansioso de amor maternal y tu tienes mucho por dar.

-¿Pero qué pensaría Edmund? ¿Qué pensaría Cedric?- cuestiono Kattherinn enderezando su postura y externando sus miedos -¿Qué pasa si ellos no lo aceptan? ¿Y si al final ese niño hipotético del que hablas no es capaz de adaptarse a mi familia? ¿Qué pasa si no puedo hacer que esto funcione?

-Yo también tenia muchas dudas cuando la idea de adoptar a Ian surgió en mi mente pero nada de eso importa, solo hay una pregunta que debes hacerte ¿Vale la pena?- pregunto Susan con ojos determinados -Si todo sale bien obtendrás el amor incondicional de un hijo y una familia aun mas grande, si algo sale mal sabrás solucionarlo. Solo necesitas amor para que esto funcione.

Kattherinn no respondió aun insegura ante la situación.

-Conozco a Edmund y se que te ama, no seria capaz de negarse a compartir esta nueva experiencia de amor contigo, y en cuanto a Cedric si tu se lo explicas el entenderá que no es que le vayas a quitar amor, al contrario le darás un nuevo miembro a su familia que siempre estará a su lado- continuo Susan intentando apaciguar los temores de la reina sabia -Habla con Edmund y si piensan que pueden intentarlo juntos explíquenle a Cedric. Créeme que aquí nadie pierde. Nadie es mas agradecido que un niño al cual le das un techo sobre su cabeza, una comida caliente en su mesa y mucho amor en su corazón.

Cuando Susan abandono el balcón Kattherinn se dirigió a la habitación de su hijo y lo observo dormir tan apaciblemente, aun a veces se preguntaba como alguien tan perfecto fue creado por ella y por Edmund. Minutos después Kattherinn entro en una habitación cuatro puertas después de la de Cedric. En esta se encontraban los dos hermanos aparentemente huérfanos que rescato de la isla de Galma. En la oscuridad se cuestiono si esos pequeños podrían ser parte de su familia. Si ella seria capaz de crear una familia como la de Susan.

Caspian y Zafira caminaron por largos minutos a través de los largos y laberinticos pasillos de Cair Paravel, el rey telmarino expresaba a la estrella su desconcierto mientras que esta se mantenía en silencio, dándole consuelo aun sin palabras.

-Alguna vez me dijiste que una mujer transformaría a Rilian en el rey que estaba destinado a ser- suspiro Caspian con enorme desazón ante un futuro que veía como imposible.

-Aun creo que eso sucederá- afirmo Zafira deteniendo su caminar y girando levemente su cuerpo hasta estar frente a frente con el rey.

-Narina lo dijo ¿Lo olvidas? Aunque ella o alguien de su descendencia perdonara a Rilian su línea de sangre jamás será de nuevo parte de la realeza- objeto Caspian con una mueca triste -Se que debería sentirme aliviado ante la posibilidad de que al menos a Rilian se le permita regresar a Narnia, pero hasta ahora me doy cuenta de cuanto me hacía ilusión verlo como mi sucesor.

-A veces las cosas que predigo tardan años en cumplirse, la primera profecía que le hice a Narina tardo mas de 1000 años en volverse realidad, pero eso no significa que no se cumplirán- respondió la estrella sonriendo tranquilizadoramente a Caspian -No se que pasara para que mi profecía se cumpla, pero ten por seguro que esta se realizara. Solo se paciente.

Cuando Zafira se marcho Caspian camino solo hasta la playa desde donde aprecio como Zaccaria y Zafira se elevaban en dos esplendorosas luces hacia el cielo, y aun así se quedó en la playa hasta que el amanecer llego solo entonces decidió ingresar al castillo en espera de que despertaran los demás habitantes del castillo.

En el pasillo hacia las habitaciones frente a un enorme ventanal se encontraba Susan observando el hermoso paisaje que las primeras luces del sol dejaban ver, su expresión ausente iluminada por la luz escasa del amanecer le daban una apariencia etérea que destacaba aún más su belleza.

Caspian se detuvo a pocos pasos de ella en su mente grabándose la imagen de la benévola iluminada por el amanecer con un sencillo vestido color azul que destacaba sus ojos. Durante toda la noche el rey telmarino había procurado no encontrarse con la benévola con el fin de rehuir los sentimientos contradictorios que ahora sentía por Susan.

Si un sentimiento siempre había prevalecido en su corazón cuando pensaba en Susan era el amor naciente que nunca pudo llegar a ser, el que hubiera pasado siempre lo atormento, pero ahora era mucho más consciente que nunca conoció del todo a Susan, su amor fue algo más, muchos lo llamarían amor a primera vista, pero no Caspian.

Lo suyo fue mas un llamado del corazón, algo que comenzó como un sentimiento que poco a poco se convirtió en algo más. Nunca supo que fue lo que Susan Pevensie hizo que lo enamoro en un instante y mucho menos que fue lo que él mismo hizo que consiguió que ella le correspondiera.

Ese amor que ardió con intensidad en su juventud poco a poco fue apagando su llama y ese amor se mantuvo aun con la misma intensidad, pero acompañado de un velo de tristeza que al volver Susan se volvió esperanza. Ahora Caspian no sabia que sentir. No se alegraba de que Susan se fuera, y ciertamente no le deseaba el mal, solo no sabia que sentir, no sabia que pensar. Ahora mismo no era un hombre enamorado de una mujer, era solo un padre que había perdido a su hijo en algo más que la muerte.

Susan sintió su penetrante mirada y giro hasta estar cara a cara con él, quedando ambos bañados por la tenue luz del sol. La cara de Susan no mostro sus sentimientos y Caspian estaba seguro de que la suya tampoco los dejo ver. Solo quedaron mirándose, diciéndose tantas cosas con la mirada como lo hicieron la ultima vez que se despidieron tantos años atrás.

-Si soy sincera no sé qué podría decirte en estos momentos- rompió el silencio la benévola -Tengo tantas cosas que decirte, pero no creo que me alcance el tiempo.

-No quiero que te disculpes si es lo que querías hacer- señalo Caspian suspirando con cansancio.

-No pensaba hacerlo- negó Susan frunciendo el ceño levemente -No tengo porque disculparme por haber adoptado al hijo de Miraz, tal vez para ti es algo bizarro pero para mi fue lo mejor que he hecho en mi vida, tal vez pienses que nunca debí ponerle tu nombre pero tenía una buena razón para ello, algo que podría intentar explicarlo pero no estoy segura de que lo entenderías o quizás pienses que debí decirlo al llegar aquí pero en esos momentos solo pude pensar en tener a mis hijos conmigo y después nunca encontré el momento adecuado..

-¿No encontraste el momento?- cuestiono Caspian con seriedad y cierto disgusto -Cualquier momento es adecuado para decir la verdad, si lo hubieras hecho podrías haber evitado muchas desgracias.

-¿Me culpas de la decisión que Rilian tomo?- cuestiono Susan subiendo la voz con indignación -Lo que Rilian hizo fue solo su culpa, aunque el hubiera estado en lo cierto con sus sospechas lo que hizo estuvo mal y nada lo puede justificar.

-Rilian fue convencido por la Destructora con palabras venenosas que nunca hubiera creído si hubieras sido sincera desde el principio- exclamo Caspian en el mismo tono que su interlocutora -Tu con tus secretos solo alimentaste las inseguridades de Rilian.

Susan abrió la boca dispuesta a replicar las acusaciones de Caspian, pero al final respiro hondo y prefirió no alargar más la discusión.

-Cuando llegue aquí y comprobé que tu hijo me odiaba mientras tu parecías quererme sabía que si yo dejaba que pasara terminaríamos así, discutiendo porque tu estarías entre la espada y la pared- murmuro Susan tristemente -Veo que no me equivoque.

Caspian guardo silencio por un momento reflexionando en todos sus sentimientos.

-Lo nuestro, lo que sea que fuera, nunca estuvo destinado a ser, ambos debemos aceptarlo esta vez- afirmo Caspian mirando a Susan apaciblemente y con mucha firmeza -Estoy condenado a estar sin mi hijo y sin ti. Todo por un amor que jamás pudo ser. Deseo que estés bien Susan, sigue tu vida sin rencores que yo haré lo mismo.

Susan asintió incapaz de expresar alguna palabra sin romper en llanto, lentamente se dio media vuelta y camino a través del pasillo casi con pereza como si la invadiera un gran dolor físico, casi con la esperanza de que Caspian le pidiera que se quedara. Pero no podía engañarse a sí misma, así era mejor porque ambos habían tenido que elegir entre el amor por el otro y el amor por sus hijos. Al menos ella aún tenía a su hijo.

Cuando el sol termino de salir en el horizonte Susan con sus cuatro hijos, los tres hermanos Pevensie, Jill, Eustace, Narina, Kattherinn, Lily, Anna y Cedric se dieron cita en la playa desde donde Narina pretendía transportar a Susan y sus hijos a su mundo.

Caspian observaba la escena desde el enorme ventanal donde se despidió de Susan, negándose a acercarse para presenciar la partida de la Benévola a corta distancia, queriendo comprobarse a si mismo que estaba dispuesto a cumplir con las palabras que le dijo a Susan.

Anna, Lily y Cedric se despedían de sus primos quienes al igual que ellos se encontraban confundidos, solo Ian entendía el porque de su partida y no estaba dispuesto a hablar del tema por el momento. Aunque Anna y Cedric suponían que las recientes acciones de Rilian eran las culpables.

Después de que Ian fue traído a salvo todos estuvieron listos para recibir explicaciones, pero solo Edmund se sentó con ellos a explicarles que Rilian había sido engañado por un enemigo para que hiciera lo que hizo. Les aseguro que Rilian no era malo y nunca quiso lastimarlos, y que este seria castigado. Desde entonces ninguno había visto a Rilian y aunque Marco y Lily quedaron conformes con la explicación Leah, Anna y Cedric no estaban del todo convencidos, pero se consolaban diciéndose que pronto podrían saber más.

Cerca de los niños intercambiando sus despedidas la propia Susan se despedía con la pequeña Emma en lo brazos. Abrazo a sus hermanos y a Jill con fuerza, quienes le expresaban lo mucho que la extrañarían.

-Susan se que mis padres son difíciles y que no te lo ponen fácil, pero te los encargo, aunque sea a la distancia- murmuro Eustace cuando fue su turno de despedirse. Susan asintió prometiéndole intentar acercarse a sus padres.

-No olvides lo que te dije, persigue ese sueño- susurro Susan al oído de Kattherinn al despedirse -Y cuida a mi hermano y a mi sobrino.

Kattherinn asintió volviendo a abrazar fuertemente a Susan, aferrándose a los consejos que pocas horas antes esta le diera. Cuando fue el turno de Narina para despedirse ambas mujeres se quedaron viendo a los ojos apreciando algo roto en el fondo del alma de la otra.

-Narina se que puedes pensar que no se lo que es ser madre porque nunca he estado embarazada pero quiero que sepas que entiendo lo que estas pasando- explico Susan a pocos centímetros de la abnegada pero sin tocarla -Y quiero que sepas que aunque tuve mis motivos para no haber revelado mi verdad antes si hay alguien con quien tenga que disculparme por no haber hablado es contigo, de verdad lo siento y te agradezco infinitamente tu esfuerzo para traerme de vuelta.

-Aslan me advirtió que cosas malas podían pasar si forzaba al destino- murmuro Narina sin apartar su mirada de la benévola -Yo decidí enfrentar lo que viniera, no fue tu culpa. Ve en paz reina Susan, la benévola.

Cuando las despedidas terminaron Narina se acerco a la orilla de la playa lo mas que pudo, hasta que el agua salada le rozo los pies desnudos y entonces comenzó a mover su mano derecha en círculos hasta que lo que parecía un espejo grande y circular apareció a orillas del mar.

-Volveremos a vernos- prometió Susan con Emma en brazos y tomando con su mano libre la mano de Marco quien a su vez tomaba a Leah de una de sus manitas. Entonces Susan atravesó el portal y ante ellos solo quedo Ian.

-Cuida de tu madre- pidió Peter mirando los ojos oscuros del niño -Y espero que encuentres lo que estás buscando.

Ian solo miro hacia el castillo, recortado contra un ventanal se apreciaba la figura de Caspian, sin decir nada el niño atravesó el portal y este se cerró. Al instante Narina cayo desmayada al suelo.

-Narina- se alarmo Peter levantándola de la arena de un solo movimiento siendo pronto rodeado por sus hermanos y sus hijas.

-Es normal, uso casi toda su magia para llevarlos de regreso- hablo Kattherinn intentando tranquilizar a todos -Solo necesita dormir y entonces estará bien.

Narina dormía apaciblemente cuando Peter la llevo de regreso a Cair Paravel y a su habitación y la tendió sobre la cama arropándola con cuidado. Después se quedo mirando el aspecto deslucido de la reina que resaltaba aun mas mientras dormía, se veía frágil en esos momentos. El sonido de la puerta al abrirse lo saco de su ensoñación.

-Papá- llamo Lily ingresando por la puerta con Anna que parecía igual de decaída que su madre.

-Acérquense- pidió Peter suavemente llamándolas aun sentado en la cama, ambas niñas se apresuraron en silencio a lado de su padre y se sentaron a su lado procurando no hacer mucho movimiento para no molestar a su madre.

-¿Ella estará bien?- cuestiono Lily acariciando el cabello de su madre.

-Solo necesita descansar- declaro Peter sonriendo tranquilizadoramente intentando que las niñas no se angustiaran.

-Nadie quiere decirnos nada, pero sabemos que algo no esta bien- declaro Anna mirando a su padre con el ceño fruncido pidiendo explicaciones -Se que Rilian le hizo daño a nuestra madre y por eso tuvo que irse.

Peter tomo aire hondamente y pensó en como explicarle lo sucedido a sus amadas hijas sin crearles malos sentimientos.

-Rilian sufrió mucho cuando niño, y mas con la muerte de su madre, eso y otras cosas le hicieron tomar una muy mala decisión y por eso se tuvo que ir- intento explicar Peter pensando detenidamente cada palabra pues por mucho que en su mente resintiera las acciones de Rilian no quería envenenar el alma de sus hijas -El no hirió a su madre fue alguien más.

-¿Por eso madre parece tan triste?- cuestiono Lily con los ojos inundados de tristeza.

Peter hubiera querido explicarles a sus hijas que su madre estaba triste, al igual que él, porque había perdido al hermanito que esperaba, pero lo cierto es que él y Narina habían retrasado el momento de darle la buena nueva a todo Narnia y eso incluía a sus hijas por lo que no muchos sabían en realidad la grandeza de la perdida que ahora inundaba a la familia real de Narnia. Con eso en mente a Peter no le parecía adecuado el contar ahora la noticia pues no consideraba prudente agrandar aun mas el rencor de sus hijas hacia Rilian creyéndolas aún muy jóvenes para cargar con sentimientos tan oscuros.

-Su madre estará bien, tendremos que ser muy comprensivos con ella por ahora pero pronto volverá a ser como antes- intento tranquilizarlas Peter, pero hasta para él sus palabras sonaban falsas -Sera mejor que se vayan a desayunar. No han comido aun nada.

-¿Podrías desayunar con nosotros?- pidió Anna sin querer mostrarse vulnerable pero añorando un poco de la antigua cotidianidad de su vida.

-Claro que si- asintió Peter suspirando, pero esforzándose en componer una sonrisa alentadora.

Peter se puso de pie y ayudo a Anna a bajarse de la cama, Lily en cambio acaricio un momento el rostro dormido de su madre y deposito un beso en su pálida mejilla.

-Que la madre Narnia te consuele- susurro Lily con una bella sonrisa para después bajarse de un brinco de la cama.

A Peter le sorprendía siempre la dulzura de su hija Lily, pero mas aun la manera en que se había aferrado y creído de manera ciega todas las historias que Narina contaba acerca de Narnia y Aslan. Anna en cambio era fortaleza en si y aunque escuchaba las historias de su madre constantemente tenia mas y mas dudas, confiar no se le daba de manera natural, igual que a Narina.

Cuando padre e hijas abandonaron el lugar todo quedo en silencio y Narina siguió con su apacible sueño.

En su sueño Narina se veía recostada en una colina viéndose sorprendentemente joven, tal vez de uno años. El cielo brillaba hermosamente y las estrellas eran ocultas por las nubes, a su lado Aslan miraba el cielo y suspiraba de vez en cuando, ninguno de los dos decía nada, como tantas noches que pasaron juntos en su lejana infancia, pero pese a la distancia Narina sabia que en ese momento era feliz, supremamente feliz y se sentía mas segura de lo que nunca jamás se había sentido.

En sueños Narina deseaba volver a ser esa niña feliz y confiada que era antes de que Aslan la forjara como la mujer dura que era ahora, pero decidió no caer en pensamientos oscuros y concentrarse en la felicidad de su recuerdo. Cuando la noche llego a Cair Paravel y Narina despertó sintió de inmediato su presencia y se puso de pie caminando hasta el balcón.

El balcón de la habitación se encontraba a bastantes metros de altura lejos del suelo, pero sin tomarle importancia Narina se puso de pie sobre la barda de piedra y se dejó caer al vacío, cayendo perfectamente de pie sobre el piso de tierra y cubierta por la penumbra de la noche se acerco a su lugar de nacimiento donde bajo las ramas de un árbol se encontraba Aslan, sentado mirándola con sus enormes ojos dorados.

Narina no dijo nada, pero se recostó a lado de Aslan mirando el cielo tal y como se encontraba en su sueño solo que esta vez los sentimientos que la inundaban eran otros, se sentía triste, desolada y sobre todo perdida. Ese momento de su sueño nunca podría repetirse y los sentimientos era muy posible que tampoco.

-Nada sucede dos veces de la misma manera- murmuro Aslan con la frase que mas le gustaba repetir pues la consideraba una verdad absoluta -Narnia siente tu tristeza, el mar esta agitado, la tierra se estremece y las flores se marchitan.

Narina no dijo nada, como Aslan, ella también podía sentir la tristeza de su madre.

-¿Tu sabias que esto pasaría?- cuestiono Narina sin dejar de mirar el cielo.

-Aun en el mundo de los Reyes de Antaño nunca pierdo de vista a aquellos que han sido elegidos por Narnia, siempre supe que el hijo de Miraz pertenecía aquí, cuando su madre se lo llevo no dude que regresaría y cuando Susan no regreso con sus hermanos de alguna manera sus destinos se cruzaron- explico Aslan apaciblemente -Cuando me pediste que la trajera de regreso lo intente de muchas maneras, a través de sueños pero nunca manipule su vida, ella sola llego con el hijo de Miraz y supe que si traía a Susan con sus hijos algo malo pasaría aunque nunca imagine algo como esto.

-Me lo advertiste y no quise escucharte- se entristeció la reina pelirroja.

-Lo siento, no fue tu culpa ni yo supe ver que algo tan grande como esto ocurriría- negó Aslan no queriendo que su hija se atormentara mas con algo que nunca podría cambiar -El sol brillara nuevamente hija mía.

Narina quiso reír irónicamente de las palabras de su padre, pero no tuvo fuerzas para hacerlo en su lugar permaneció en silencio esperando recuperar su confianza y seguridad, pero cuando se dio cuenta que lo que buscaba no lo encontraría ahí a lado de Aslan se puso de pie y sin decir nada regreso a Cair Paravel.

El rugido atronador de Aslan la alcanzo cuando ingresaba de nuevo por el balcón de piedra de su habitación, desde las puertas del mismo su esposo le devolvía una mirada preocupada.

Una nueva historia se escribiría en Narnia a partir de ese día.

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¡HOLAAA! Ya se que me tardé mucho pero primero tenía cero inspiración y cuando al fin me puse a escribir me salieron mil pendientes por hacer pero me alegro al fin traerles el final de esta historia recordándoles que falta un capitulo que es una especie de epilogo en el cual tendremos un vistazo a lo que será la continuación de esta historia "La Caída de un Imperio".

Ahora se que les sorprendí con el capitulo anterior y creo que me querrán matar con este capítulo jaja perdón, pero todo es necesario, desde un principio planee regresar a Susan a su mundo pues ahora son sus hijos los que deben aprender algo y de la misma manera servirá para que Rilian reflexione sobre varias cosas.

Algunos sé que estarán de acuerdo con la sentencia de Rilian otros querrán matar a Narina pero créanme que no encontré otra cosa que hacer. Desde el principio Rilian fue inmaduro y siempre supe que perdería la cabeza cuando Susan regresara, digamos que el chico tiene un severo trauma generado por su madre, y después de lo que hizo no podía hacerlo cambiar de golpe, a mi parecer la actitud sobreprotectora de Caspian ha hecho que Rilian nunca se responsabilice de sus actos ahora tendrá que hacer frente a las consecuencias y la culpa pesara en su corazón por bastante tiempo.

Ahora otra cosa que los desconcertó quizás es el cambio de Narina, la verdad ella es mi personaje favorito porque con tantos años de vida tiene muchos matices, pero por ahora simplemente no sabe que hacer con ella misma, la culpa, la tristeza y la perdida es todo lo que ve y si piensan que ella se recuperara pronto les adelanto que están equivocados nos vamos a topar con una Narina mucho mas irreverente y manipuladora en su búsqueda de venganza.

Pero ya fue mucho rollo les dejo el ultimo adelanto de los personajes para la próxima historia, espero traerles el epilogo pronto y que hayan disfrutado de este capítulo.

Próximamente:

Las Crónicas de Narnia: La Caída de un Imperio

Años atrás se había marchado de Nayka derrotada y obligada a dejar la tierra donde había nacido por Narina. Sin embargo, Ayla se había llevado lo mas importante, su magia y su sed de venganza en contra de quien destruyo su familia. Tardo años en crear el plan perfecto para acabar con la hija de Aslan y arrebatarle a su hijo solo había sido el inicio. Pronto haciendo alusión a su nuevo nombre destruiría todo y comenzaría poco a poco. Era una promesa que Ayla se hacia a menudo, hoy ante las torres humeantes de lo que alguna vez fue el castillo de Mágissa.

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Tyrone tenia dos nombres. Aunque solo su familia lo sabía. Tyrone como lo había nombrado su madre de nacimiento, un nombre que hablaba de sus orígenes nobles y de la esperanza de Prunaprismia de que recuperara el trono que le perteneció alguna vez a su padre: Miraz. El otro nombre era Caspian un nombre aun mas extraño que Tyrone, un nombre puesto por la madre que lo había adoptado cuando era un triste ladronzuelo huérfano en Puerto Rico. Para su madre ese nombre significaba amor, para el solo significaba dolor. Y ahora cuando tenia de nuevo frente a el al Caspian original y a su hijo Rilian, el sentía de nuevo esa familiar ira burbujeando en su estómago.

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Bueno hasta aquí quedamos, dejen sus review y espero que todos se encuentren bien en estos tiempos de dificultad. Disculpen si soy breve, pero quiero subirles el capítulo cuanto antes.

Nos vemos en el epilogo titulado "El Sentir de los Traidores". Pásenla a salvo…

Fanny