Dedicado a KiKaLioncourty un gran agradecimiento por su ayuda.
Una mención para LuzAlvz y su sitio.
XXII
Después del beso, Logan y Peter se levantaron y enfilaron hacia la casa, tranquilos y sonrientes. El resto de los comensales ya se había levantado de la mesa. Laura y Kurt se habían retirado a sus aposentos, Sharon estaba en su salón privado escribiendo algunas cartas que quería que se despacharan al día siguiente a primera hora. Se trataba de las invitaciones para el célebre baile de disfraces del año siguiente, que eran enviadas con meses de anticipación. Había discutido con su hijo el invitar a Stryker o no, y al final el Duque había decidido que sería conveniente hacerlo así el militar se sentiría honrado y no les guardaría rencor. De última, si asistía y cualquiera de ellos corría peligro, otra vez le borraría la memoria.
Charles y Erik se habían retirado a la sala para jugar una partida de ajedrez.
Al entrar en la casa, Logan apoyó cariñosamente la mano sobre el hombro del joven y caminaron juntos hasta la habitación donde se hallaba la pareja. El lobo golpeó a la puerta despacio y oyeron la voz de Charles autorizándolos a pasar.
─Vamos, mocoso ─ lo invitó Howlett antes de bajar el picaporte. Entraron los dos juntos.
Erik y Charles se encontraban enfrentados junto a la mesita donde estaba desplegado el tablero. El Duque leyó la alegría en la mente de los recién llegados.
─Buenas noches ─ los saludó con una sonrisa.
─Buenas noches, Charles ─ contestó Logan y volteó hacia Magneto ─. ¿Podemos platicar en privado, Erik?
─De acuerdo ─ aceptó el mutante y se puso de pie. Salió de la sala y el lobo salió detrás.
Peter se metió las manos en los bolsillos para moderar la ansiedad. Charles lo invitó a sentarse en el asiento de su padre.
─ ¿Sabes jugar, Peter?
─Sí, papá me enseñó hace años pero me aburre ─ confesó con sinceridad. Se rascó la nuca y dirigió la mirada hacia la puerta cerrada.
Charles ya había entendido lo que había ocurrido en el jardín y le sonrió con indulgencia.
─ ¿Te gustaría jugar una partida ahora? ─ propuso para distraerlo.
Peter volteó hacia el Duque y asintió. Charles lo invitó a que reacomodaran las piezas para comenzar y se dispusieron a matar el tiempo de ese modo.
Entretanto, Erik y Logan entraron en la biblioteca. Magneto intuía lo que podía haber pasado porque la sonrisa que Howlett trataba de contener y la que había visto en su hijo eran evidencias suficientes.
Se sentaron junto a la mesa, donde estaban ubicados el tintero cargado y las plumas de Laura y Peter para la clase del día siguiente. Erik tamborileó los dedos contra la madera y enseguida se detuvo.
Logan sacó dos habanos de su bolsillo y le ofreció uno pero Magneto desistió educadamente. El lobo se levantó para buscar un jarrón para que le sirviera de cenicero y regresó con él a la mesa.
─Mira, Erik ─ comenzó Logan encendiendo uno con una de las velas del candelabro ─. Voy a ir directo al grano. Peter es especial para mí, lo fue primero por su tragedia porque me daba pena y en cierta forma empaticé con su pérdida por la muerte de mi esposa. Congeniamos, nos ayudamos mutuamente a salir adelante y, bueno, hoy comprendí que lo amo.
Erik volteó por instinto hacia los costados buscando una licorera pero la biblioteca era una de las pocas salas que no contenían una. Logan volvió a ofrecerle su cigarro y, esta vez, Magneto aceptó. Lo encendió y le dio una pitada, todo en silencio, manteniéndose pensativo pero calmo.
─Son buenos, ¿cierto? ─ se jactó el lobo para romper el hielo.
─ ¿Cómo ocurrió todo? ─ interrogó Erik en un tono tranquilo pero distante, mientras observaba su cigarro.
Howlett deseaba anteponer la sinceridad ante todo así que decidió no mentirle.
─Salí a buscarlo al jardín y lo encontré en un banco. Me senté a su lado y durante la plática, Peter me besó, yo respondí al beso y fue una sensación de alivio para mí porque mis sentimientos hacia él databan ya de hace meses, solo que no podía explicarme a mí mismo lo que me pasaba.
─ ¿Cómo sabes que lo amas? ─ Erik siguió su interrogatorio.
─ ¡Vamos, Erik! ─ exclamó Logan y sonrió como si se tratara de una broma pero su interlocutor lo miró con una expresión severa. Howlett volvió a ponerse serio ─. Lo sé porque siento lo mismo que sentía por mi esposa. No puedo explicarlo pero quiero que Peter sea feliz y ser yo quien lo haga feliz. Él me llena con su sola presencia como nadie. Amo mi casa en Edimburgo pero pensé, ahora lo confieso, que si voy a pasar tantos días allí, lo extrañaría, por eso me gustó que Laura lo hubiese invitado. No sé, Erik, simplemente siento que lo amo.
─Peter tiene veinte años.
─No es un niño y sabe lo que quiere.
─Lo sé ─ contestó Erik con orgullo paternal ─. ¿Viajará a Edimburgo contigo?
─Bueno ─ sonrió Logan para sí y sacudió un poco de la ceniza en el jarrón ─. Después del beso olvidamos el asunto pero supongo que sí. De igual forma, te prometo, tienes mi palabra, Erik, de que deseo que las cosas con tu hijo marchen lentas y tranquilas. Lo trataré con el mayor respeto como hasta ahora y aunque Peter ya sea mayor, si tú no autorizas a que él vaya, viajaré solo con Laura como lo había planeado desde el principio.
Erik apoyó los codos en la mesa y cruzó las manos con el cigarro entre sus dedos. Estuvo unos segundos recordando cuánto lo había afectado la discusión con Lady Xavier porque no apoyaba su relación con su hijo. Ahora se le presentaba una situación similar en la que su papel había sido invertido: en esta ocasión era Howlett, al que respetaba pero no congeniaba, quien ocupaba su lugar. Al igual que Sharon, Erik tenía la opción de oponerse pero, ¿qué provocaría sino dolor en su hijo que estaba sanando? Además él no podía juzgar a otros cuando había soportado el juicio de su propia suegra. Sin embargo, quería dejar su postura despejada.
─Peter, Charles y el hijo que esperamos son mi vida ─ declaró finalmente ─. Lo único que me importa es que sean felices, no puedo evitarles todos los sufrimientos que alguna vez deberán pasar pero quiero estar con ellos para apoyarlos y consolarlos, también disfrutarlos y vivir en paz con a su lado. Si Peter es feliz, yo también lo seré pero si sufre por culpa de alguien, ese alguien se volverá mi enemigo.
Era una forma frontal de ponerlo en aviso y dejar el asunto en claro. Logan lo aceptó.
─Entiendo, Erik ─ asintió ─. Y te agradezco el apoyo. Solo quería contar con tu aprobación, ¿la tengo?
Erik asintió. Howlett le pasó la mano a modo de cierre. Magneto se la estrechó y se levantaron. Fue una plática breve y directa de caballeros. Erik salió para buscar a su hijo para platicar con él. Logan lo acompañó.
Charles sonrió y Peter soltó un suspiro de alivio cuando los vieron entrar a los dos con el semblante tranquilo.
─Acompáñame, Peter ─ pidió su padre.
El muchacho se rascó la nuca y salió al corredor. Logan cerró la puerta para darles intimidad y quedó adentro de la sala con el telépata. En el pasillo, Erik apoyó las manos en el hombro de su hijo y lo miró directo a los ojos.
─ ¿Amas a Howlett?
─Sí, papá ─ contestó el joven decidido.
─Howlett tuvo el valor de confesármelo y pedirme mi autorización.
─Sí ─ replicó Peter conteniendo el aliento.
Erik sonrió con indulgencia, pensando en lo difícil que tenía que ser para el ansioso Peter contenerse en estos momentos.
─ ¿Estás seguro de que lo amas, Peter?
─Sí ─ no soportó más la espera ─. ¿Apruebas nuestra relación, papá?
─La apruebo.
El joven abrazó a su padre con todas sus fuerzas. Soltó un suspiro largo de alivio y rio con ganas. Erik sonrió otra vez y le masajeó la espalda con cariño.
─Lo que más me importa es verte mejor ─ admitió Erik ─. Si una relación con Howlett te hace feliz, voy a apoyarla.
Peter rio más. Su padre le palmeó el omóplato con fuerza y se separaron. Regresaron a la sala y el muchacho se despidió de Charles y de Magneto porque a la mañana siguiente tendría clases y debía descansar. Aunque lo de descansar fue un decir porque pasó la noche en vela entre la excitación y la alegría. Logan lo acompañó hasta los pies de la escalera para despedirlo con un beso suave y lo observó subir con una mirada boba. Después se encerró en una sala a solas para fumar un cigarro, también alegre y ansioso. Sentía un alivio inconmensurable y una fuerza en el pecho que percibió como esperanza. Tenía fe en una relación con Peter y tenía fe en compartir su vida con él. Hasta hacía poco no se había planteado el volver a amar, convencido de que Kayla había sido la única persona de la que se enamorara, pero este jovencito con un pasado especial y complicado, que aun así conservaba su candor y entusiasmo, había cambiado su perspectiva.
Erik y Charles terminaron la partida y antes de subir, el Duque fue a buscar a su madre y la esperó a que terminara su correspondencia para acompañarla a sus aposentos.
Erik subió solo y al pasar junto a la puerta de Peter, suspiró. Su hijo ya no era un niño y aunque le costara como padre, tenía que dejarlo crecer.
…..
Dos días después, el carruaje de Logan estaba listo para partir a la ciudad. Peter se sentía extraño porque era la primera vez en seis meses que abandonaría Westchester y después de todo lo que había vivido, le costaba adaptarse a la idea de dejar atrás el ambiente donde había aprendido a superar su tragedia. Antes de irse, quiso despedirse de su potrillo, al que había apodado Lobo, y le pidió a su padre que lo visitara con frecuencia. Erik sonrió con ternura porque Peter actuaba como si se fuera a ausentar por un año cuando eran apenas unos días, pero lo entendía porque esa casa se había convertido en su hogar.
Después de las despedidas y los buenos deseos, el joven subió finalmente en el coche y se sentó junto a Logan. Laura quedó ubicada frente a ellos y era todas risas de entusiasmo. El cochero puso el vehículo en movimiento y Peter observó por la ventanilla a su padre, a Sharon, a Kurt y a Charles, que les decían adiós sacudiendo la mano. Dejarlos atrás le provocaba nostalgia pero estaba ilusionado ante la expectativa de pasar un tiempo a solas con Logan. A medida que se adentraban más en la naturaleza y llegaban a los límites de Westchester, Peter pensó en la tarde en que su padre lo trajo desesperado a la mansión para salvarle la vida. Él no recordaba nada porque había estado inconsciente. Suspiró y se restregó los ojos. De repente, sintió que Logan le apretaba la mano que mantenía sobre el tapizado, tal vez intuyendo lo que pasaba por su mente. Sonrió y volteó hacia él. Sin pensar en la presencia de Laura, lo besó con suavidad en los labios. Logan sonrió también y lo atrapó de la nuca para apretarlo más mientras lo besaba. Se separaron entre risas y fue recién entonces, cuando el joven volteó y vio la mirada desencajada de su amiguita.
─ ¡Laura! ─ exclamó Peter sin saber qué decir. Howlett también cayó en la cuenta de lo que había ocurrido ─. Mira, estábamos esperando este viaje para explicarte lo nuestro.
─ ¿Papá? ─ balbuceó la pequeña y miraba ya a su padre y ya a su amigo ─. Peter… ¿Desde cuándo? ¿Cómo?
─Escucha, lobita ─ intervino Logan, serio y calmado ─. Todo comenzó dos noches atrás. Fue algo espontáneo porque Peter y yo lo sentíamos sin entenderlo. Estos días estuvimos ocupados en el viaje y queríamos platicar contigo tranquilos así que elegimos decírtelo cuando llegáramos. Pero ─ sonrió al joven con complicidad ─, no pensamos mucho cuando nos besamos recién.
Los dos adultos observaron a la niña, expectantes. Ella soltó un suspiro de asombro y estudió a ambos con atención.
─ ¿Y bien, Laura? ─ preguntó Peter, que estaba demasiado ansioso ─. ¿Qué opinas?
─Está bien ─ respondió la pequeña sin ganas y volteó hacia la ventanilla.
─ ¿Laura? ─ insistió el joven ─. ¿Qué piensas? Cuando lleguemos vamos a conversar. Mira, ya lo habíamos planeado con Logan: llegar a la casa, descansar y, relajados y felices, darte la noticia.
─Ya dije que está bien, Peter ─ replicó la niña con un suspiro cansino. Ubicó las manos contra el marco y pegó la nariz al vidrio. Solo quería concentrarse en el paisaje ─. Necesito distraerme.
El muchacho no estaba conforme pero el lobo conocía a su hija y le hizo un gesto para que desistiera. Peter se arrellanó en el mullido asiento sin dejar de observar a su amiguita. Logan le pasó la mano por la espalda y lo atrajo hacia él. Laura notó el movimiento y suspiró bajito sin despegar la cara de la ventanilla.
Entraron en Edimburgo pasado el mediodía. La vigilancia estaba relajada y los centinelas no pidieron más datos que el de Logan. Estaban convencidos, gracias a la intervención mental de Charles, de que Magneto ya se encontraba alejado de allí y no representaba más un peligro próximo para los ciudadanos. Además MacTaggert y Stryker regresarían recién al día siguiente de Londres, y los guardias sentían que no tenían que cumplir el protocolo de manera tan estricta.
Peter estudió con curiosidad las calles De Edimburgo y a la gente que se aglomeraba en ellas. Había pasado siete meses en Westchester recuperándose y ahora volvía encontrar personas extrañas, ruido, bullicio y lugares nuevos. Lo intrigaban los diferentes estilos en las edificaciones a medida que iban atravesando las distintas zonas de la ciudad, los negocios repletos y el movimiento constante. Laura olvidó su confusión para observar a su amigo divertida porque el joven hacía gestos de asombro y sus ojos oscuros escudriñaban cada detalle a través del vidrio de la ventana.
Howlett había avisado con antelación al señor Hyde de su llegada y también que vendrían con él Laura y Peter. Por lo tanto, cuando arribaron a la casa, ya estaban preparadas las habitaciones de los tres junto con un almuerzo suculento y caliente. El mayordomo acompañó a Peter a sus aposentos. El joven se lo agradeció con una sonrisa y el anciano pensó que el muchacho era una persona agradable.
Cuando quedó solo, Peter se arrojó en la cama y se ubicó boca arriba, con las manos cruzadas en la nuca. Soltó un suspiro profundo mientras observaba el cielorraso porque este lecho no tenía dosel. Pensó en la ansiada aventura que estaba por vivir por varios días solo con Logan y su hija.
Golpearon a la puerta. Se levantó para abrir y se encontró con Laura. La niña tenía una mirada seria y el ceño fruncido, además se estrujaba los dedos, nerviosa.
─ ¿Puedo pasar, Peter?
─Por supuesto ─ respondió el joven y le hizo lugar para que entrara.
La recámara que le habían preparado era amplia y cómoda. Mientras que la cama estaba ubicada en el fondo, junto a los armarios, la chimenea y el ventanal, había cerca de la entrada dos sillones enfrentados. La niña se sentó en uno y Peter se echó en el otro.
─Supongo que vienes para adelantar la plática que habíamos planeado con tu padre ─ anticipó el joven para romper el hielo.
─Me sorprendieron hoy ─ confesó la niña ─. Pero ya me había dado cuenta de que algo le ocurría a mi padre porque lo notaba diferente: no solo cambió de ánimo sino que sentía en él tu olor. Ayer olí tu aroma en su ropa cuando lo despedí antes de acostarme.
Peter se sonrojó. La noche anterior, antes de cenar, solo se habían dado un beso pero seguramente con el abrazo y las caricias, lo había impregnado con su esencia, algo que una mutante con las habilidades olfativas de Laura podría percibir.
La niña sonrió al ver sus mejillas rojas. Ya se sentía cómoda y alegre.
─Sabes, Peter. Yo crecí con la idea de que mi madre era un ángel porque así mi padre me la presentaba. Muchas veces me pregunté por qué ella tuvo que partir tan pronto porque tanto él como yo la necesitamos mucho ─ se frotó los ojos con emoción ─. Me dolía ver lo triste y solo que estuvo mi papá desde su partida y si tú vas a ayudarlo para que sea feliz, tienes mi apoyo.
─ ¿En serio? ─ rio Peter y saltó del sillón ─. ¿Eso quiere decir que aceptas lo nuestro?
─Ya te dije en el coche que por mí está bien ─ le recordó ella.
─Sí, claro ─ respondió el joven sin salir de su grato asombro ─. Eres muy buena, Laura. De verdad, la forma en que me hablaste ahora, la manera en que aceptaste esto, vaya. ¡Eres más madura que yo!
Laura sonrió condescendiente.
─Solo prométeme que cuando salgan de paseo estos días, me llevarán con ustedes.
Peter rio creyendo que bromeaba pero la niña hablaba en serio. Carraspeó y le aseguró:
─Por supuesto que vendrás con nosotros.
La pequeña se levantó para abrazarlo de la cintura. El muchacho la estrechó con fuerza. Después se separaron y Laura comentó:
─Aquí no suena ninguna campanilla como en Westchester así que debemos bajar a almorzar enseguida. Además tengo hambre.
─Yo también ─ contestó Peter y se frotó el estómago.
Bajaron juntos y al atravesar el pasillo para llegar al comedor, el muchacho reparó en el retrato de Kayla. La curiosidad lo llevó a detenerse para observarla. Se notaba que se había tratado de una dama muy bella y que Laura guardaba un parecido. Como su padre cuando la descubrió durante su breve estadía en esa casa, Peter notó la ternura que transmitía su mirada. Debía haber sido una mujer noble y bondadosa. Se preguntó qué seguiría sintiendo Logan hacia ella ahora que estaba iniciando una relación con él. Pudo sentir un calorcito incómodo producto de los celos. Pero todo se evaporó cuando percibió el jalón de la niña.
─Vamos, Peter. ¡De veras tengo hambre y no comí nada desde el desayuno! ─ apremió, excitada.
El joven se dejó llevar. Ya Logan estaba instalado en la cabecera de la mesa larga, esperándolos. Vio entrar a los dos, a Peter con mirada seria y a Laura apenas conteniendo la risa. Sabía de la complicidad traviesa que ambos compartían y tuvo que preguntar.
─ ¿Qué se traen los dos entre manos?
─Nada, papá ─ contestó la niña y se apretó la boca para contener la risa. Se sentó a la izquierda de su padre.
El muchacho se ubicó a la derecha sin contestar ninguna palabra. Pero al ver la alegría de su amiguita, no pudo contener la sonrisa y se le dibujaron los hoyuelos.
Howlett sacudió la cabeza, sonriendo también. Pensó que esos días en Edimburgo serían especiales y divertidos.
…..
En Westchester, pasaron los días tranquilos refugiándose dentro del calor de la mansión porque la llegada del invierno se hacía cada vez más evidente. Una mañana habían acabado de almorzar y mientras que Erik se había retirado a sus aposentos, Charles acompañó a su madre hasta su salón privado y estaban disputando una partida de naipes. La pronunciación de su vientre era notoria. Sin embargo, por precaución, nadie de la servidumbre conocía el estado del Duque, solo podían pensar que estaba aumentando de peso. Charles se encontraba abrumado con las atenciones de su madre y los cuidados especiales de Erik, que aunque ahora se encontrara en su dormitorio, pasaba la mayor parte del tiempo con él. Hank se encargaba de controlar el progreso del embarazo y les había propuesto a un médico renombrado que había sido profesor suyo en la universidad y que, además, era mutante, para que lo examinara y, de ser posible, lo acompañara en el parto. Charles, que tenía sus miedos lógicos por el alumbramiento, había aceptado gustoso pero Erik se encontraba renuente. De cualquier forma, ese médico llegaría a Westchester la semana entrante.
Sharon ahora pensaba en cuánto Erik había ayudado a su hijo, y notaba lo entregado que estaba y cuánto velaba por él y la criatura. Le costaba aun concebir lo que Magneto había hecho pero comenzaba a entender que Charles era feliz a su lado y su nieto lo necesitaba para sobrevivir ahora y más adelante para crecer. No podía aprobar los métodos de su yerno pero tenía que aceptar que era un hombre devoto a su familia.
Durante la segunda partida, el Duque sintió frío y se levantó para avivar el fuego de la chimenea. Sharon lo observó en silencio mientras se inclinaba con cuidado y removía las brasas con el atizador. Después notó que apoyaba una mano sobre su abultado vientre mientras arrojaba algunas piñas a la hoguera. Charles no se dio cuenta del examen de su madre y regresó a su asiento.
─ Sabes que por la forma que tienes llevas un niño ─ advirtió la dama, concentrándose en su juego de cartas.
Charles rio con incredulidad.
─Si tú lo dices, madre.
Sharon lo miró con severidad.
─No crees en los dichos de las señoras, Charles, pero la sabiduría milenaria no se equivoca. De cualquier forma, cuando nazca me darás la razón.
El Duque siguió sonriendo.
─El tiempo te dará la razón, madre ─ opinó en tono conciliador. De repente, sintió un cosquilleo y se masajeó un costado, frunciendo el ceño ─. Es raro ─ musitó para sí ─. ¿No se estará moviendo?
Sharon dejó las cartas y extendió la mano a través de la mesa para apretarle el brazo.
─ ¿Qué sentiste, hijo?
Charles se masajeó el costado otra vez y cerró los ojos para concentrarse. No usaba su poder para conectarse con la mente de la criatura porque temía lastimarla así que solo se concentró en su propio cuerpo. Volvió a sentir el aleteo peculiar y abrió los ojos, sonriente.
─Se movió ─ avisó a su madre.
La dama se levantó veloz y se ubicó de pie junto a la silla. Él la tomó de la muñeca para llevarle la mano hacia la zona. Apretó apenas y Sharon percibió el temblor.
─ ¡Charles! ─ se emocionó ─. ¡Es maravilloso!
Ella se llevó la otra mano a la boca, riendo y llorando. Recordó la discusión que había tenido con Erik y después con su hijo, y su deseo de que Magneto se alejara. Fue solo un instante pero la afectó.
Charles no percibió su conmoción porque estaba pensando que su amante tenía que enterarse ahora mismo. Se encontraba feliz y excitado.
Los interrumpieron golpes en la puerta. Sharon retiró rápido la mano y su hijo se puso de pie para abrir la puerta. Se trataba de un paje que venía con la correspondencia que acababa de arribar. Charles se la agradeció y volvió a encerrarse en el saloncito con su progenitora. Regresó a su asiento mientras leía los remitentes. Uno captó su atención: se trataba de una carta de Lord Worthington.
─Lo siento, madre ─ se excusó rápido ─. Tengo que enseñarle una carta a Erik.
─ ¿Todo está bien? ─ se preocupó la dama.
Charles le sonrió para tranquilizarla.
─Sí, solo se trata de una carta que estábamos esperando ─ suspiró, ansioso ─. Es parte de la ayuda que pensamos darles a los mutantes desprotegidos como Kurt, madre. Disculpa, seguiremos con la partida más tarde ─ se inclinó para besarle la mejilla.
Sharon lo atajó de la mano.
─Charles, cuídate ─ pidió con cautela ─. Piensa si el plan puede ser peligroso.
─No te preocupes ─ la tranquilizó ─. Te pedí que confiaras en mí y en mi poder hace un tiempo. Erik no intentará nada peligroso, al contrario, sé que va a protegernos y este plan es parte de una ayuda para la gente como nosotros.
Su madre lo liberó. Aunque se daba cuenta de que Erik no era el demonio que temía, aun guardaba reservas. No aprobaba sus métodos y, por lo tanto, tenía reparos de cualquier plan que concibiera con su hijo.
Charles se retiró y subió las escaleras hacia sus aposentos. Al llegar a la planta alta, volvió a sentir el aleteo en el vientre. Sonriendo se lo masajeó mientras pensaba qué noticia le daría primero a su amante.
Erik se había acostado sin dormir aun. Oyó que Charles entraba a la antesala y se levantó del lecho antes de que llegara al dormitorio.
─Erik ─ lo llamó tranquilo pero con una sonrisa que no le cabía en la cara ─. Nuestro hijo se movió.
Magneto corrió hasta él. Charles lo tomó de la muñeca como a su madre y le apretó la mano contra la piel, sin embargo, esta vez no percibió nada. Probó diferentes zonas sin resultado ante la mirada paciente de Erik. El Duque sintió una honda frustración, su amante también lo estaba pero trató de consolarlo.
─Así sucede, a veces se mueven mucho y otras no ─ explicó Erik y añadió a modo de broma ─. Además, si heredó tu carácter, lo hará cuando lo desee y no habrá forma de hacerlo cambiar de opinión.
─ ¿Nos estás llamando obstinados?
Erik sonrió. Comprendía lo frustrado que debía encontrarse Charles y quiso remediarlo, siguiéndole el juego.
─ ¿De qué otra manera podría describir al duque que se impuso ante todos para terminar en los brazos de un apuesto plebeyo?
Fue inevitable que Charles riera. Soltó la mano de su amante para enseñarle la carta.
─Lord Worthington me ha escrito.
Erik tomó el sobre y lo abrió, mientras enfilaba hacia la antecámara donde había pluma y tintero para englobar con un círculo cada inicial del segundo párrafo y entender el mensaje cifrado con mayor rapidez. Charles lo acompañó y leyó por arriba del hombro de su amante, mientras este se sentaba junto a la mesita para marcar cada letra.
─"Reina y Banshee en Curloss" ─ leyó el Duque en voz alta ─. Curloss está cerca de aquí. ¿La Reina y Banshee? Me imagino que Reina debe ser el alias de Emma, ¿no?
─Así es, amor ─ respondió Erik sin quitar la vista del papel ─. Su alias es Reina de Hielo y Banhsee es el de su hijo, Sean Cassidy, porque así lo llama ella afectuosamente.
─Entonces, tiene un hijo.
─Sí, es dos años mayor que Peter, y los dos son grandes amigos ─ replicó Magneto y encendió una vela para quemar la carta ─. Peter se alegrará de verlo.
Charles se mordió el labio. Él era un noble educado para guardar las apariencias y enseñar una calma fría y distante pero los celos le ganaron. Una mujer viuda amiga de su amante, que utilizaba el término Reina como alias, que tenía un hijo un poco mayor que el de Erik, todas estas cuestiones le dieron vuelta la cabeza. Había sabido contenerse antes pero ahora sintió un revoloteo incómodo en el estómago.
Erik, ajeno a sus celos, terminó de quemar la misiva y sopló para extinguir la llama. Estaba excitado con la visita de su amiga porque pondrían en movimiento el plan para ayudar a su gente.
─Emma estará aquí en un par de días, es una lástima que Peter siga en Edimburgo para cuando llegue su amigo pero se reencontrarán a su regreso. Sean lo ayudará más a reestablecerse ─ suspiró ─. ¿Cómo van las refacciones que piensas hacerle a tu casa en Irlanda? Porque estoy convencido de que Emma ya debe tener mutantes necesitados para refugiarse allí.
Charles se sentó a su lado con una mano apoyada en el vientre. Su orgullo lo hacía sentirse estúpido con los celos pero así se encontraba: estaba lleno de recelos punzantes hacia esa mujer desconocida y amiga de su amor. No se atrevía a preguntar por arrogancia hasta que finalmente soltó la pregunta.
─Emma fue siempre tu amiga, ¿cierto?
Erik lo miró contrariado al principio. Después se llenó de ternura y sonrió. Lo tomó de las manos para observarlo directo a los ojos.
─Emma siempre fue una amiga entrañable para mí, Charles, casi una hermana ─ le aseguró con plena sinceridad ─. No desconfíes de ella. La elegí porque sé que es la mutante adecuada para ayudarnos. Jamás traería a esta casa a alguien que pudiera provocarles malestar a ti o a tu madre.
Charles suspiró, sintiéndose un tonto. Desvió la mirada de la de Erik y se preguntó de dónde había sacado ideas tan absurdas como que su amante traería a una antigua relación a su propio techo con él a punto de darle un hijo.
Magneto notó su confusión y le acarició la mejilla cariñosamente.
─Charles, olvida tus miedos porque no son más que la inseguridad que estás sintiendo ─ pidió con suavidad ─. Te ves pesado por la gestación y eso hace que no te sientas atractivo.
El Duque lo miró como si fuera a devorarlo de la furia. Erik rio, dándose cuenta de que sus palabras no habían sido las apropiadas.
─Disculpa, Charles ─ solicitó entre risas ─. Dije que no te sentías, no que yo ya no te viera atractivo ─ aclaró veloz y antes de que su amante vacilara, lo besó con determinación ─. Sigues siendo el único mutante para el que tengo ojos, cuerpo y me excitas.
Charles quiso apartarse pero los labios de Magneto eran demasiado seductores y se dejó besar. Era inquietante porque efectivamente él no se sentía atractivo como antes y pensaba que en poco tiempo ya no podría seducir a su amante como lo venía haciendo. Erik le ronroneó al oído como invitación para llevarlo a la cama y volvió a besarlo. El Duque aceptó porque quería demostrarle que aun pesado como estaba los dos encontrarían placer. Se levantaron sincronizando los movimientos para no cortar el beso, cuando el aleteo en el vientre resurgió.
─ ¡Erik! ─ interrumpió Charles, rompiendo el encanto. Le atrapó una mano para apoyarla en la zona ─. Allí está.
Magneto percibió el temblor serpenteante contra la piel y rio. Sin retirar la mano, lo envolvió con el otro brazo para estrecharlo y lo besó con más pasión. Si Charles seguía teniendo dudas en cuanto a Emma, estas se evaporaron porque nadie que amara a otra persona podía besarle con el amor y entrega con que Erik lo estaba haciendo ahora.
….
Gracias por leer.
Midhiel
