EL CENTINELA

LIBRO TERCERO

PARTE II: ÉL Y ELLA

Capítulo 19

Un camino propio

Tal vez elegir...

... un nuevo destino...

... ¿sería tan malo?

Una vida distinta... un camino diferente... un deseo realizado...

... vivir en paz...

... no suena tan malo.

Kay abre los ojos y se ve en una habitación. La luz del sol entraba ya por la ventana y el día le parecía más claro que de costumbre. "¿Dónde estoy? Yo... no recuerdo... pero hay algo en mi mente que... ", pensaba.

—¡Feliz día!

La puerta se abre de par en par y dos figuras aparecen tras ella. Eso obliga a Kay a levantarse precipitadamente y ponerse en guardia. Y al instante la sorpresa supera la precaución. Allí estaban ellas.

—Saily, no puede ser...

—Buenos días, caballero. ¿Ya te levantabas? Casi arruinas la sorpresa.

—¡Feliz día, papá! —Kay casi se restriega los ojos porque su hija Mikina estaba allí entregándole un obsequio—. ¡Lo hice yo misma!

Él se sienta sobre la cama sin saber qué hacer.

—¿Todavía estas dormido, papá? Yo te lo abriré...

La niña abre el regalo y Kay ve un tosco portaplumas hecho de palitos de helado. Él se queda en silencio y la niña lo mira algo seria.

—¿No te gusta?

—Yo... es lo más hermoso que me han regalado. Gracias, hija, solo que no sabía que era mi cumpleaños.

—No es tu cumpleaños. Es el día del padre, tonto.

—Eso me recuerda que tus padres nos esperan —dijo Saily—. Les dije que iríamos temprano.

—¿Mis papás? Te refieres a... Asuka y...

—Sí. Asuka Langley y Lisandro Namura. ¿No recuerdas el nombre de tus padres?

—Yo...

—Tu hermana llamó y dice que pasará por aquí primero. Luego nos acompañará a casa de tus papás.

—¿Gretchen?

—Sí, ella. ¿Acaso tienes otra hermana? Vamos, Mikina, dejemos que tu papá termine de despertarse y se aliste. Te esperamos abajo. Ojalá alcances a desayunar.

Kay se dio un baño y se vistió lentamente tratando de asimilar lo que estaba viviendo. Notó que su camisa beige y sus jeans azules estaban recién planchados, y que sus zapatos marrones lucían impecables y recién lustrados. Curiosamente no recordaba nada de antes. Algo que lo relacionara con el pasado o con lo que él creía pasado ya que solo era un montón de imágenes vagas.

"¿Fue un sueño? ¿O estoy soñando ahora?", pensó. Al terminar sale de su cuarto y ve unas escaleras que conducían al primer piso. Mientras trata de familiarizarse con el lugar, todo le parecía extraño. Baja y escucha voces que charlaban.

—Hola, hermano. ¿Ya estás listo?

—¿Gretchen?

—Sí. ¿No me recuerdas?

La viva imagen de su madre. Era inequívocamente ella.

—Discúlpalo, Gretchen, amaneció medio ido —dijo Saily.

—Ah, y yo que creía que era su estado natural. Vamos, Kay, ya sabes que a mamá no le gusta esperar.

Kay no dijo nada y empezó a actuar más naturalmente pero aún todo le parecía extraño. Saily condujo hasta la casa de sus suegros. El muchacho de pelo castaño largo baja lentamente como tratando de medir sus pasos.

—Vaya, ya era hora. Apuesto a que los demoró Gretchen.

Allí estaba. Era ella, su madre. Su imagen parecía tan lejana pero era evidente que se veían a menudo. Lentamente las cosas empezaron a hacérsele más familiares.

—Mamá...

—Feliz día, hijo —le dijo dándole un beso en la mejilla—. Como esta mi... vaya, hasta ahora me cuesta decirle nieta.

—Bueno, no la culpo —repuso Saily—. Se ve demasiado joven para ser abuela.

—¡No digas esa palabra! Vamos, ¡pasen! Tu padre está esperando.

—¿Mi papá?

—Claro. Supongo que será extraño que los dos se den el feliz día. Gretchen, ayúdame en la cocina.

—¿Tú cocinando, mamá?

—Es el día del padre, ¿no? Me toca a mí.

Kay entra y una figura los esperaba en la sala que se pone de pie al verlos entrar. Era Lisandro.

—¿Papá?

—Feliz día, hijo.

Kay no pudo reprimir un abrazo muy efusivo a su padre. Sin querer unas lágrimas le saltaron de los ojos.

—Vaya, parece que no nos viéramos en años, hijo.

—Yo... papá, lo siento...

—Ven, vamos a la terraza. Tu tío Aioros con Jiné y Mana vendrán dentro de una hora. Traerán a tus abuelos así que no hace falta que los recojas tú.

—¿Mis abuelos? ¿Shaina e Ikki?

—Claro, ¿qué otros abuelos tienes?

...

Para Cort amanecía un nuevo día cuando se levanta y se alista para un nuevo día de clases.

—¡Mamá! ¿Ya está el desayuno?

—Te está esperando en la mesa.

—¿Y tú?

—Lo que te comes llena toda la mesa. Comeré después.

Él baja y se devora todo lo que hay en la mesa. Curiosamente se sentía de buen humor y en eso una mujer madura sale de la cocina. Era hermosa, de cabello negro y con unos hermosos ojos azul cielo. Iguales a los de Cort.

—Vaya, estamos de buen humor hoy. ¿Qué pasó anoche?

—Bueno. ¿No me dijiste que ya era hora que formalizara con Tika*?

—Sí, no me digas que...

—Me dio el sí. ¡Ya estamos comprometidos!

—Vaya. Te felicito, hijo, pero...

—Ya se lo que dirás. Terminen los estudios. Trabaja. No te preocupes, mamá. Nos casaremos apenas terminemos la universidad.

—Cort, aún son muy jóvenes.

—Y nos conocemos desde la secundaria. Vamos, mamá. Todavía falta mucho, ¿sí?

—Bueno, supongo que ser irresponsable es parte de ser saiyajin.

—Mamá, tú eres una saiyajin.

—Soy la excepción, hijo. Apúrate, Goten debe estar esperándote.

—Ya, después de la preparatoria voy a ir a la casa de Gohan con Goten. Quiero contarles esto.

—Gohan te dirá lo mismo que yo.

—¿Ah, sí? ¿No fue él quien se casó joven?

—Jeje, tienes razón. ¡Ya apúrate!

Cort sale y mira el panorama ante él. Todo parecía distinto pero le gustaba.

—¡Apúrate, Cort! ¡No me gusta darte ventaja!

—¡Aunque volaras con una hora de ventaja te alcanzaría, Goten!

—¿Ah, sí? ¡Pruébalo!

Los dos saiyajins remontan vuelo hacia la universidad. Ya en el camino, Cort le cuenta su compromiso y Goten le seguía preguntando.

—¿Y estás seguro?

—¿Por qué no estarlo? ¿No te comprometerás tú con Paris?

—Es muy pronto. Además, no sería justo.

—¿Justo? ¿Para quién?

—Para todas las chicas del mundo. No puedo quitarles el derecho de seguir disfrutándome. Tú deberías hacer lo mismo.

—¡Ja! Que gracioso. A propósito, ¿no deberías presentarle alguna de tus amigas a Trunks?

—¡Bah! Ya lo conoces.

...

—¿Te gusta la nueva casa, Dash?

El joven de pelo verde se vuelve hacia su madre con expresión seria. Era una mujer hermosa que aparentaría estar casi terminando los treinta años. De precioso pelo verde oscuro, tez clara sin ningún tipo de arrugas y ojos castaños. Finalmente, él le habla:

—¿Qué tenía de malo la antigua?

—Nada. Pero siempre hay que cambiar, ¿no te parece?

—Pero, ¿vivir aquí?

—Ya lo discutimos, Dash. ¿Vas a seguir con eso?

—No, tienes razón. Creo que con unos arreglos quedará bien.

—Sí, y tenemos muchos vecinos… y vecinas.

—¿Vas a comenzar de nuevo?

—Vamos, hijo. Eres bien parecido y las jóvenes del barrio te han estado mirando.

—Todo a su tiempo, mamá. Preocupémonos en instalarnos, ¿no te parece?

Dash y su mamá desempacan en poco tiempo. Es cuando algunos vecinos y vecinas curioseaban a los recién llegados. Dash, solo en pantalones cortos, se encargaba de sacar los objetos pesados. Casi al final, dos chicas se le acercan. Una de ellas era rubia, de tez clara y ojos verdes, en tanto que la otra era morena, de ojos y cabello negros. Es la segunda la que se anima a hablarle:

—Hola, ¿eres el nuevo vecino?

—¿Parezco otra cosa?

—Ja, tienes razón. Te trajimos un refresco. Hace calor —dijo la rubia, animándose a charlar.

—Gracias... —Dash recibió el vaso con aplomo pero después coge la jarra y toma directamente de ella—. Estaba buena.

—Oh, sí. Ejem, ¿cómo te llamas? —preguntó la morena.

—Dash.

—Dash... ¿Dash qué? —repreguntó la rubia.

—Solo Dash.

—Bueno, yo soy Naomi y ella es Aki. Me pregunto si... —decía la chica de tez más oscura.

—Me preguntaba lo mismo. ¿Quieren pasear? Necesito que me muestren la ciudad

—Este... bueno, yo... nosotras... —dijo Aki.

—¡Vamos! ¿Acaso no vinieron para conseguir una cita? Salgamos los tres.

Las dos sonríen nerviosamente y asienten con la cabeza. Dash ríe para sus adentros y entra para vestirse.

—Siempre asustando a las jovencitas —le reconvino su madre.

—Vamos, mamá. ¿No querías que saliera con chicas?

—Sí, pero...

—No te preocupes. No te daré nietos todavía.

...

Kay estaba mirando por la ventana los juegos de su hija mientras su padre lo miraba a él.

—¿Te sucede algo, Kay?

—Papá, solo es que... pareciera esto un sueño.

—¿No eres feliz?

—Lo soy. Quien no lo sería... solo que...

—¿Qué?

—Nada, olvídalo. Voy a salir un momento.

—¿A dónde?

—Solo caminaré. Estaré aqui a la hora del almuerzo.

Él sale y en el camino se tropieza con Saily. No puede evitar sentirse feliz al verla. Sus cabellos y ojos castaños, tan brillantes y hermosos. Su piel clara y su rostro como si fuera una muñeca de porcelana.

—¿A dónde vas?

—Yo... necesito caminar un rato.

—Te acompaño.

—No, quédate con mi madre. Quisiera estar solo.

—Kay, ¿qué tienes?

—No lo sé pero... te amo, Saily. Este momento es demasiado dichoso y me cuesta asimilarlo.

—Esta es tu vida, Kay.

—Lo sé. Regresaré pronto.

Kay sale rápido y apenas llega a la calle toma un taxi. Necesitaba alejarse un rato.

...

Cort estaba en casa de Gohan hablando animadamente.

—¿Realmente quieres casarte?

—¿Por qué no? ¿No lo hiciste tú antes de terminar la universidad?

—Bueno, es cierto pero no somos iguales.

—Lo sé. Vamos, Gohan, brindemos por mi felicidad.

—Salud.

Ambos chocan sus vasos y beben. Cort abraza a Gohan, y luego hace el ademán de irse.

—¿Te vas ya?

—Sí, le prometí a mi madre volver temprano pero en la noche tengo una cita. Y quiero comprarle a Tika un buen regalo. Pasaré antes por el centro.

—Adiós, Cort. Saluda a Ezined de mi parte.

Cort sale y se encamina al centro de la ciudad.

...

Kay llega al centro y entra a un snack bar para tomar algo mientras no dejaba de reflexionar. "¿Por qué todo me parece tan extraño? ¿No debería ser feliz? Y en realidad lo soy, pero es como si algo no encajara", pensaba Kay.

¿No tenía todo lo que él siempre había aspirado? ¿Por qué habría de preocuparse teniendo una esposa e hija que ahora lo necesitaban como él las necesitaba a ellas? ¿Por qué no aceptar las cosas como son?

—Deme tres —sonó una voz y Kay se vuelve adonde provenía.

Ve al joven de pelo verde con sus dos acompañantes. Una rubia y otra morena. Las dos se sientan a su lado. Kay les quita la mirada y sigue en sus pensamientos. Sin embargo, nuevamente vuelve su mirada al joven.

—Vamos al baño, Dash, ya regresamos.

—Aquí las espero.

Dash se sienta al lado de Kay y también lo mira por un instante.

—Si quieres te presto una —le dijo a Kay.

—¿Perdón? —Kay se volvió y miró a Dash con seriedad.

—Bueno, estás solo y de repente quieres compañía.

—¿Son acaso damas de compañía?

—No. Olvídalo.

Kay siente deseos de irse pero se arrepiente y mira a Dash.

—Lo siento, no capté la broma.

—Lo siento más yo. No tenía por qué bromear contigo.

—Bueno, los miré por un rato. De repente te molestó.

—No, ¿por qué habría de molestarme?

—Me llamaste la atención. Eso es todo.

—¿No quieres que te las presente?

—Soy casado.

—¿Casado? Vaya, y somos casi de la misma edad. Yo aún no tengo intenciones de casarme. Ni siquiera tengo novia.

Y otra voz llama la atención de ambos muchachos.

—Deme un helado doble. ¡Mejor triple! —Cort entraba con un paquete y se sentaba al lado de Dash para comerse el helado que prácticamente se lo traga de un bocado y pide otro.

—Vaya apetito... —le murmuró Dash a Kay.

Es cuando Cort se da cuenta.

—¿Perdón?

—Lo siento, es que nunca había visto a nadie comer así.

—Es que estoy de buen humor.

—¿Cita con una chica?

—Sí.

—¿Lo ves? —intervino Kay—. No siempre se tiene cita con dos.

—¿Dos? —preguntó Cort.

—Es que el amigo vino con dos chicas. Acaparador, ¿no crees?

—Bueno, de repente no está enamorado.

—¿Y tú lo estás? —preguntó Dash.

—Sí. Es más, nos casaremos pronto.

—Vaya. Un casado, un futuro casado y un soltero empedernido. ¿Qué combinación? ¿Qué opinas? —dijo Dash.

—Bueno, yo me casé a los dieciséis.

—¿Qué? —preguntó Dash sorprendido.

—Cuando amas, la edad no importa.

Naomi y Aki salen y se ponen al lado de Dash quien se despide, mientras Cort se queda con Kay.

—Cada quien tiene un camino diferente, ¿verdad? —preguntó Cort.

—Es cierto, y es lo lógico.

—¿Y qué me sugieres?

—¿No estás seguro de lo que vas a hacer?

—Sí, pero no se a lo que me enfrentaré.

—La vida es un continuo reto, amigo. El matrimonio lo es también. Aquel amigo ama su libertad y el matrimonio te ata con las cadenas más doradas del mundo. Pero son cadenas que no pesan y si estás al lado de quien amas no las sientes. Sin embargo, para el que gusta de la libertad siguen siendo cadenas.

—Y la vida cambia.

—Obviamente, dejarás de hacer muchas cosas que antes podías porque ya no eres tú solo.

Cort paga su helado y se levanta.

—Me pregunto una cosa. ¿Qué habríamos dejado de hacer?

—Si nos preguntamos eso, nunca podremos ser felices. Ve con tu chica. Ámala, aprovecha el tiempo y disfruta lo que tienes. Lo que hagas, de ahora en adelante, será con alguien a tu lado.

El saiyajin asiente con la cabeza y se va. Kay se queda pensativo pensando si lo que le dijo era lo que él realmente sentía para sí mismo.

...

Era el cumpleaños de Mikina y Kay caminaba por la ciudad pensando en qué comprarle. Ya había pasado un mes de aquél encuentro en el snack bar. Y Kay no dejaba de pensar en aquella vez. "¿Dónde los he visto antes? Me da la impresión que los conocía", pensó. Pese a la felicidad que sentía Kay, sentía que algo había quedado pendiente.

El sonido del freno llamó su atención. Corrió junto con la gente a ver qué había pasado. Los comentarios lo hicieron saber pronto de los sucesos.

—Se lanzó para salvar al niño.

—Estos conductores están todos locos y encima se dio a la fuga.

—El niño está bien pero necesitamos una ambulancia para ella.

Kay se abre paso y en eso llega la ambulancia. Él ve el cuerpo tendido y sangrante que ya empezaba a ser atendido. "¿Ella? ¿Quién es ella? Yo... ¿la conozco?", pensaba él. La chica abre levemente los ojos y lo mira.

—Kay...

La suben sin dar tiempo a nada más. Y la ambulancia parte, dejando la mente de Kay en un mar de confusión.

—Ella... ella es... ¿Krina?

—Me pregunto quién sería capaz de morir por alguien que no conoce —sonó una voz a su espalda—. De arriesgar a perder todo por un desconocido.

Aquel comentario llegó a los oídos de Kay quien no se vuelve y solo corre hacia su hogar.

...

Cort llegaba a casa siendo recibido por su madre.

—¿Dónde estabas?

—Estuve con Tika después de la universidad.

—Hay alguien que te espera. Y luego quiero que me expliques que significa.

Ezined lo deja solo y él entra a la sala. Una chica estaba sentada y se pone de pie al verlo entrar. La chica vestía una playera y pantalones jean con el pelo largo castaño que pasaba los hombros. Demás estaba decir que se veía bien.

—Hola, ¿te conozco?

—¡No te hagas el idiota, Cort! Sabes bien quien soy.

—No entiendo.

—¿Cómo puedes hacer esto? ¡Sé que eres tú!

—¿De qué diablos hablas? Por favor, si no me aclaras nada te pediré que te vayas.

—¿Olvidas lo que vivimos juntos? ¿Olvidas lo que hicimos?

—¿Hicimos qué? Oye, yo estoy comprometido y...

—¡Cort! ¡Soy Teela!

—¿Teela?

—¿No me recuerdas acaso? Construiste una nueva vida y me metiste aquí. Pero tú tienes otra. Solo imagíname nuevamente, Cort. Yo no soy este tipo de chica. Ayúdame.

Cort cierra los ojos y luego los abre. Allí estaba ella pero vestía diferente. Una malla y un traje de combate eran las prendas que usaba. El saiyajin se restriega los ojos y vuelve a verla como estaba antes.

—Cort, esto no está bien. ¡No puedes obviar lo que eres!

...

No hacía mucho que Dash había viajado a Grecia con su madre. Ella decidió quedarse en el hotel. El muchacho de pelo verde aprovechó para caminar solo a ver las ruinas y escuchaba a la guía hablar sobre los lugares históricos.

—Dígame —preguntó Dash—, ¿y dónde está el Santuario?

—¿Santuario? Bueno, aquí había muchos.

—El de Atena. Donde están los llamados Caballeros de Atena. ¿Llegaremos allí?

—No, eso no existe.

—¿Cómo que no existe? Eso no es cierto... allí... allí...

Él se aparta del grupo y su mente se llena de imágenes. "No, no puede ser que no exista. ¿De qué sirve el sacrificio de tantos si el Santuario nunca existió? Esto no puede ser verdad porque esa imagen está en mi cabeza", pensó aun sin poder asimilar lo que la guía turística le dijo.

—¡No! ¡El Santuario existe! ¡¿Cómo pueden olvidar lo que representó para la humanidad?! ¡¿Cómo olvidar a los doce Caballeros de Oro?! ¡Ellos han defendido la Tierra! ¡No puede ser que jamás existieron!

—Creo que está loco —murmuró un turista mientras le toma una foto—. Nunca faltan.

—¿Caballeros? Grecia no floreció en la edad media, jovencito —le dijo un viejo—. Estudie un poco más.

—Creo que leyó el Quijote y de tanto hacerlo enloqueció —le dijo un hombre a su esposa.

—O Ivanhoe... —murmuró otro, sentado detrás del anterior, con una sonrisa.

No soporta más y sale de allí corriendo. No para de correr hasta que llega a un promontorio. "No, el Santuario existe. Ha existido siempre", pensaba. En eso, ve una imagen que le es familiar. Era una hermosa chica de largo cabello violeta, ojos azul verdosos y tez clara. Estaba vestida con una playera y un pantalón ceñido pero Dash reconoció su rostro.

—¿Saori? ¡Saori Kido! ¿Eres tú?

Dash corre hacia ella y la toma de las manos.

—Oye, ¿qué te pasa?

—Saori, ¿no me reconoces? Soy Dash.

—¿Dash? Pero yo no...

—Saori, ¡tú eres Atena! Tú...

—¡Aléjate de ella!

Un muchacho vestido formalmente y usando gafas se acerca a ambos rápidamente. Y la expresión que tenía era la de una cara de pocos amigos.

—¿Seiya? ¿Eres tú?

—Sí, no sé cómo sabes mi nombre pero te lo diré una vez. ¡Aléjate de mi novia!

—Tu... ¿tu novia? Pero... ¡ella es Atena!

—Saori, ven conmigo. Creo que está loco.

—¡No! — exclama Dash

Saori avanza hacia Seiya pero Dash la sujeta del brazo. Es cuando Seiya le aplica un puñetazo en el rostro que lo hace caer. El chico de pelo verde se levanta rápido y se arroja sobre Seiya derribándolo.

Ambos se revuelcan en el suelo dándose de golpes entre sí mientras Saori clamaba auxilio. Seiya y Dash hubiera seguido así pero unos brazos vigorosos los separan. Es cuando Dash ve a los tres muchachos que los separaban. Le costó trabajo reconocerlos.

—¿Shiryu? ¿Shun? ¿Hyoga?

Y vaya que le costó trabajo porque Dash nunca hubiera imaginado verlos así. Shiryu no usaba su camisa china y tenía el pelo corto. Del mismo modo, Hyoga tenía el cabello corto además que usaba una chamarra. Y en cuanto a Shun... estaba gordo, con una papada y panza enormes además de grasa pronunciada en sus extremidades.

—¿Pero qué es esto? —alcanzó a preguntar Dash sin salir de aquella impresión.

Esto es antes de que Shiryu le golpeara en el estómago de un derechazo. Luego de ello, una patada de Hyoga le da de lleno en el rostro, cayendo al suelo. Y estando ya en el piso, fue rematado por Shun que se arroja sobre él, aplastándolo.

—Vaya loco, ¿están bien? —preguntó Shiryu.

—Sí —dijo Seiya, rematando a Dash con otra patada—, es un loco peligroso. Hay que denunciarlo.

—Pero nos conoce —añadió Saori.

—Olvídalo, vamos —dijo Shun—. Avisemos a los guardias de aquí. Ya no quiero desperdiciar más comida y tengo hambre.

—Sí, aquí hace frío —comentó Hyoga.

—Hasta en Hawai te daría frío —replicó Shun burlándose.

—Claro, si con la grasa que llevas encima siempre estás caliente.

—Vamos, ya sabía yo que dejarte sola era una mala idea, Saori —le dijo Shiryu—. Siempre te metes en problemas y tenemos que salvarte ya que no matas ni una mosca.

—¡Oye! ¿Qué querías que hiciera?

—Arañarlo aunque sea —respondió Seiya.

—¡Idiota! Por lo menos no puedes quejarte que mientras Shunrei y Miho esperan en el hotel porque se les rompió una uña yo vine contigo.

—No te metas con mi novia —dijo Hyoga, aludiendo a Shunrei.

Los cinco se alejan hablando. Dash trata de ponerse de pie y estira la mano hacia ellos.

—¿Necesitas ayuda? Sí que te dieron duro. ¿Fue por la chica?

Dash levanta la vista y mira el rostro de un hombre que lo miraba y casi lanza una exclamación.

Era Saga.

...

Kay entra a su casa y se dirige a su cuarto y comienza a abrir los cajones mientras revuelve y busca desesperadamente. "Debe haber algo. Alguna cosa que me diga", pensaba. Un álbum familiar llega a sus manos y comienza a revisarlo. Solo hay fotos de todos esos días pasados desde que despertó en su habitación.

—Kay, ¿qué sucede?

—Saily, dime. ¿Dónde hay fotos de nosotros?

—Las tienes en la mano.

—¡No! Quiero ver fotos de nuestro matrimonio. De mi niñez al lado de mis padres. ¡De Mikina siendo más niña! Solo hay fotos de hace unos días.

—No sé. Deben de estar por ahí. ¿Por qué?

—¡Porque no existen! ¡No podría haberlas porque no las recuerdo! Yo no tengo recuerdos y no podría recordar algo que jamás viví. Mi niñez, nuestra vida juntos, Mikina. Esto no. Esto no estaba antes y no puedo recordar qué había en lugar de esto.

—¿Acaso no eres feliz, Kay? Desde hace tiempo estas como preocupado por algo.

—Porque no encaja. Esta vida no encaja. Saily, yo te sueño. Siempre te he soñado porque tú no estabas conmigo y ahora despierto nuevamente y estas aquí. ¿Acaso viví un sueño?

—¿En tu sueño estaba muerta?

—Sí y no. Era como tenerte a mi lado sin verte.

La chica se sienta a su lado y lo abraza.

—Dicen que a veces los sueños son nuestras vidas paralelas que se comunican con nosotros. ¿Qué posibilidad hay de que esto sea también un sueño de otra vida? Tal vez yo misma este soñando pero lo importante es que siempre nos llevamos en el interior de cada uno.

—Saily.

—No importa que vida sea, Kay. O esta o la otra. Mi amor estará contigo siempre. Mira esto, ¿no es lo que soñamos juntos? Esto es lo que llevas contigo. No importa que sea una casa o una caverna. Donde quiera que vayas estaré contigo.

—Pero...

—Kay, ve. No importa. Tal vez yo esté dormida o tú. Pero al despertar nos enfrentaremos a otra realidad donde hemos dejado algo pendiente.

—No quiero separarme de ti.

—Nunca lo has hecho.

Saily lo besa largamente y Kay se pone de pie sin saber adónde ir. Sale de la casa y mira alrededor suyo. Ve a Mikina sentada sobre el césped y él se le acerca.

—¿Qué haces?

—Espero a mi papá.

—¿Qué dices? Yo soy tu papá.

Mikina se vuelve a él y lo mira.

—Mi padre es Kay Namura, guerrero Centinela.

Kay siente que las piernas se le doblan. Todo se pone oscuro y pierde la sensación del piso. Y luego siente que todo alrededor de él estaba oscuro.

...

Cort daba vueltas en la habitación mientras esa chica seguía hablándole.

—¡Cort!

—¡No te conozco! ¿Qué es lo que quieres? ¡Vete!

—¡No me iré!

—¡Entonces te echaré de aquí!

Él la sujeta del brazo pero Teela se resiste.

—¡Suéltala, Cort! —le gritó Ezined—. ¿Qué significa esto?

—Mamá, yo no la conozco.

—Pues ella parece conocerte muy bien. Quiero una explicación.

—Señora, lo siento. Yo no sé qué pensar. Hace un rato luchaba junto a él y ahora estoy aquí. Viéndolos a ambos. Cort, no sé qué pasó pero esto es una vida que no estabas viviendo antes.

—¿Qué quieres decir?

—Me dijiste que eras huérfano. Ya ni siquiera recuerdo bien, pero te criaste en el planeta llamado Ohzaru. Alguien llamado Sett te cuidó.

—¿Sett? Pero él... mamá, él se fue hace tiempo. ¡Tú me criaste!

—Sí, pero entonces...

—¡Tú madre murió cuando naciste! ¡Tú te dedicaste a luchar y eso estábamos haciendo hasta que acabamos aquí! ¡Esto es una ilusión, Cort!

—No la es. ¡Esta es mi vida!

—¡La vida que tal vez hubieses querido vivir! Señora, usted sabe que no miento.

—No lo sé. He visto muchas cosas increíbles pero me cuesta creer que me digas que yo no existo y que mi hijo vive una vida de ilusiones creadas por él.

—Esto es un truco. Debes de ser una maniaca que se ha obsesionado conmigo y quiere separarme de mi compromiso.

Teela baja la cabeza y la sacude.

—Es inútil. No eres tan gran guerrero como creía Cort. Podrás luchar contra todo y todos pero no puedes luchar contra ti mismo. Ese es el gran desafío de todo guerrero. No puedes escapar de la vida que te creaste.

—Tal vez haya una forma. —dijo Ezined.

—¿De qué habla?

—Quiero que ambos se tomen de la mano y crucen esa puerta.

—¿Qué? —preguntó el saiyajin.

—Quiero que lo hagan pensando que esto no es cierto. Que nada de esto existe y que es verdad lo que dice esta chica. Hazlo, Cort. Cree en ella y cruza el umbral. Si todo es como es ahora date vuelta y deja a esta chica afuera. Si no, debes decidir.

—Mamá, yo no puedo pensar que no existes.

—Yo tampoco. Y deseo que no sea así pero tienes que solucionar esto. No eres el único que vio a esta chica vestida de combatiente porque yo también lo hice.

—¿Que?

—Hazlo ahora. Cruza el umbral con ella.

Cort decide obedecer a su madre y toma la mano de Teela pero se vuelve hacia ella.

—Te quiero, mamá.

—Yo también, Cort.

Ambos se acercan a la puerta y Cort la abre lentamente. Cierra los ojos dando un paso adelante. Cuando los abre solo atina a sujetar fuerte la mano de su compañera.

Todo estaba oscuro.

...

Dash estaba sentado en el suelo mientras Saga le ofrecía un pañuelo antes de hablar:

—Escuché que hablabas del Santuario. ¿A qué te referías?

—No lo sé. No sé nada. Aquella chica era Atena pero resulta que en realidad es una chiquilla enamorada de ese Seiya que se supone es un Caballero de su escolta. Aquí nada es lo que creía que era.

—¿Y yo?

—Fuiste mi maestro. Luchaste en las Doce Casas y contra Hades. ¡Te sacrificaste por la causa del Santuario!

Saga se sienta también y mira a Dash.

—A veces sueño con el Santuario. Tal como tú lo dices. ¿Es el mundo que sueñas un mundo sin santuario? Yo sueño aquí que existe. Tal vez tú soñabas que no.

—Porque el Santuario arruinó mi vida. Ahora voy recordando. Mi madre, tú y muchos murieron por él.

—¿Y así lo reclamas?

—¡No! ¡Odiaba al Santuario pero ahora siento que es una necesidad para mí! ¡Representaste mucho en mi vida, Saga! Fuiste quien me dio en la lucha la esperanza de seguir adelante.

—Suena a locura. Si bien podría decir que es la primera vez que te veo, no podría jurarlo. Suenas tan convencido de lo que dices que cualquiera podría creerte. Pero si es cierto, ¿qué pasó? ¿Qué haces aquí?

—Yo... no recuerdo.

—Pues piensa en ello. Ven, sígueme.

Saga se pone de pie y avanza siendo seguido por Dash. Este lo conduce a través de senderos y llegan hasta una estatua que Saga le muestra.

—Tal vez esto te ayude.

Dash la mira y ve que antes la había visto. "Pero, ¿dónde? ¿Y ese signo en su frente?", se decía a sí mismo el muchacho de pelo verdoso.

—Es el mismo que el que llevas tú en la tuya —dijo Saga como adivinando lo que pensaba.

Él cierra los ojos y luego los abre pero no siente su cuerpo. Y tiene la impresión de que flota y se sumerge en un túnel oscuro. En el extremo, podía ver aún a Saga al lado de la estatua y mirándolo como despidiéndose.

...

No parecía más que un extenso paisaje donde todos empezaron a encontrarse.

—Veo que estamos todos —dijo Dash.

—No sé exactamente qué significa esto —repuso Cort nuevamente solo—. Pero todo lo que he estado viviendo lo he dejado atrás y no sé si realmente quiero lo que nos espera adelante.

—Creo que solo lo sabremos si damos juntos el paso. Tal vez recordemos que realmente nos conocimos —respondió Kay.

—Adelante, entonces —añadió Dash antes de avanzar.

Fue como nacer de nuevo. Aquella estrechez y luego dejar el líquido para emerger y llenarse de aire. Un nuevo aire...

... una vida vieja...

... que podría acabarse.

...

—¿Qué pasó? —Kay abrió los ojos y se ve donde estaba antes.

Era la caverna en el interior de la montaña, y a su lado estaban Dash y Cort.

—Fueron, fueron meses. Fue bastante tiempo —dijo Cort jadeante—. Estuvimos allí mucho tiempo.

—Dejando la vida que queríamos. ¿Era eso realmente? —inquirió Dash.

De la oscuridad surgen las figuras de Krina y Teela.

—Ustedes... —hablaba Kay.

—Estuvimos aquí —dijo Krina—. Vivimos parte de esa vida. Ustedes eligieron nuevamente y ahora están de regreso.

—¿Qué fue eso realmente? —preguntó Teela antes de hablar—. Para mí fue como un parpadeo.

—El tiempo no existe —repuso Dash—. Pudimos envejecer allí pero igual podríamos regresar al mismo momento que abandonamos este lugar.

Todos se callan al sentir el poder emerger nuevamente. La presencia de Él y Ella estaba aún invisible pero omnipresente para ellos. La voz de Él se hizo notar otra vez:

—¿Acaso han elegido volver? ¿Acaso quieren continuar con la vida que no quieren? Son unos tontos. Cada una de estas almas que se han ofrendado por mí ahora disfruta de su propio paraíso. No era irreal ni mentira. Era una nueva realidad, de las infinitas que pueden formarse con solo el pensamiento. Ustedes forman parte de una. ¿Qué les hace pensar que este no es el pensamiento de alguien más? ¿Qué les hace pensar que ustedes no son solo instrumentos de un destino?

—Hablo por mí, pero estoy seguro que todos aqui pensamos lo mismo —dijo Kay—. Es cierto, puede ser como tú dices. La realidad que vivimos realmente puede existir porque nuestro pensamiento la creó pero no podemos olvidar que existe esta y eso fue lo que pasó con nosotros.

Kay siguió explicando luego de ver que el resto de sus compañeros asentía con él:

—Pese a la felicidad que pudimos vivir, siempre quedaba un rezago de la vida que habríamos dejado aquí. Eso fue lo que nos trajo de vuelta. El sentido del deber porque nuestra misión no ha terminado. Es muy sencillo crearse una realidad en la que puedes ser feliz pero por esta luchaste y viste morir a tus compañeros e incluso mataste. No es algo que se pueda abandonar, Kron. ¿Acaso no aprendiste nada en Mystacor? ¡Si solo somos instrumentos entonces tenemos una misión aqui que todavía no termina!

Una luz se forma en medio de ellos y un rostro se forma en él. Estaba tan contorsionado que no pueden distinguir sus facciones.

—Rechazaron el Vortex. ¡Entonces acepten esto! ¡Death Hurricane!

El enorme poder liberado los envuelve a todos. Cort solo tiene tiempo de sujetar a Teela para protegerla, pero la fuerza los atrapa a ellos al igual que a todos.

...

Jesús Ferrer estaba vuelto hacia el enorme pilar y sonreía.

—Estúpida máquina. Realmente creíste que te obedecería. ¡El sueño es mío y tú no formas parte de él porque eres una abominación!

—¿Acaso te atreves a traicionarme? —inquirió esa voz metálica desde el pilar.

—No hay traición. ¡Jamás te acepté! ¡Águila de Trueno!

El ataque va directo al pilar pero este lo contiene y ataca a Jesús que elude todas esas descargas de energía.

—¡No puedes usar el poder! ¡Solo a través de alguien y ese alguien no está!

—Te equivocas. Mira atrás de ti.

La criatura resultado de la fusión de los tripulantes se elevaba con su cuerpo de un rojo tenue.

—Ellos no soportarán ese poder. Los matarás...

—¡No importa siempre y cuando mueras tú! —rugió la criatura de tres rostros.

—Los dominaron por completo... —Jesús trató de hacer estallar todo el sistema usando su control sobre la electricidad pero no puede ya que algo parece bloquearlo.

La horrorosa entidad ataca y Jesús la evita moviéndose hacia un costado. Pero el ser trifaz consigue sujetarle la pierna. El príncipe no puede evitar sentir la quemadura, carbonizando parte de la tela de su prenda y llegando hasta su tobillo.

Él lanza una descarga forzando a esa entidad horrible a soltarlo. La criatura vuelve a atacar, en medio de chillidos horribles, pero esta vez su ataque es desviado por Burgun quien interviene y se pone entre la criatura y Jesús.

—¡Lo que tengas que hacer, hazlo ahora! —exclamó el Caballero.

Jesús no contesta y vuela hacia el pilar extendiendo los brazos mientras Burgun se enfrentaba a la criatura que se hacía más roja por todo su cuerpo.

—Esto te enfriará un poco. ¡Garra Gélida!

El viento congelante que rodeaba aquél aluvión de zarpazos se evapora en la mano del monstruo. Y ese ente horroroso se lanzó al ataque forzando al Caballero a una maniobra evasiva.

...

—¡Qué has hecho! —exclamó la figura de Aicila—. ¡Mary!

—¡Eres un monstruo! ¡Jamás fui tuya! ¡Fue la única forma en la que él podría llegar aquí y destruirte!

—Me engañaste. ¡Pero aún sigues siendo mía!

—De lo que sirve ahora. Solo es cuestión de segundos, ¿no lo sientes?

—¡Nooo!

Los sistemas comienzan a fallar y la entidad que tomaba la figura de Aicila queda en un momento de duda sin saber qué hacer. Luego, no tarda lanzarse sobre el suelo y disolverse de una forma horrible. Todo su cuerpo se derretía, deshaciéndose de a pocos. Y su rostro se cuarteaba primero, para luego presentar rajaduras e ir derritiéndose en metal líquido.

—No disfrutarán esto. ¡Lo juro! —gritó antes de desaparecer.

Mary coge la mano de Simón y corre hacia la salida.

—¡Debemos de salir!

La puerta se abre y consiguen pasar. Sin embargo, las partes de la nave comienzan a cambiar y a formar apéndices que tratan de atraparlos.

...

Kiwishin rompe el contacto mental que tenía con la "Galaxia" mientras no podía dejar de extrañarse ante lo que percibía. "Sus pensamientos son ahora erráticos. Tal parece que algo ha alterado a la nave", se dijo a sí mismo.

En eso, ve que las formas de los muros de esa astronave están cambiando así como su consistencia. "¿Qué está pasando? No puede ser. Eso significa que esta nave no es realmente lo que... ¡Oh, no! ¡Tengo que salir de aquí!", razonó.

Burgun recibe el llamado mental de Kiwishin.

—¿Supremo Kaiosama? ¿Qué sucede?

—"Deben salir de allí apenas puedan. La "Galaxia" está cambiando su materia o mejor dicho, está retornando a lo que era antes."

—¿A qué se refiere?

—"A que esta nave dejo de tener consistencia cuando pasó hacia esa otra dimensión. Por eso pudo absorber a los tripulantes. Lo que está pasando es que la "Galaxia" está retornando a ese estado de la materia. Si no salen, les pasará lo mismo."

El Caballero de Capricornio se vuelve para atacar nuevamente a la criatura y le lanza el Impulso Azul. El ataque la estrella contra la superficie, pero ciertamente como le dijo Kiwishin, desaparece en el piso.

—¡Príncipe! ¡No toque nada de la nave o lo absorberá! ¡Debemos de salir de aquí!

—¡Aún no! ¡Tengo que asegurarme que esta nave no regrese!

—Nuo... ncaaaa... pou... dreaás... nuuuu... teee... nes... eiiil... couuunntrooll —sonó una voz distorsionada entre rugidos.

—¡Por lo visto tú tampoco!

—¡Ninguno saldrá de aquí! —Ahora era una voz chillona y agudísima.

—¡No lo creo! —exclamó Burgun—. ¡Impulso Azul!

Ese orbe azulado estalla da de lleno en el pilar, el cual sufre daño lo que le permite a Jesús atacar.

—¡Ahora! —indicó el príncipe.

Todos los sistemas comienzan a fallar y Jesús toma el control de la computadora por unos segundos. Eso le permite apagar la emisión de ondas y detener el control sobre el núcleo del planeta.

—¡Vámonos! —gritó Burgun y ambos salen volando del lugar.

—¡Noooo... noooo... no moriré! ¡No lo lograrán!

Fue lo último que escucharon antes de que el pilar estalle.

...

Mary y Simón corrían por los pasillos pero la "Galaxia" les iba cerrando camino. Simón tiene que usar sus poderes para abrirse paso a punta de descargas de energía. En eso, los cables vuelven a cobrar vida y tratan de atraparlos. Sin embargo, el meganiano resiste de manera férrea rompiendo en mil pedazos esos apéndices metálicos pero ya no pueden avanzar.

—Simón, la nave quiere absorberte. No dejes que te toquen.

—No te preocupes. No lo logrará.

—El tiempo se acorta, Simón. La nave está cambiando pero Aicila ha perdido el control absoluto de ella. Ahora son entidades independientes y yo...

—¿Qué dices?

—Yo no puedo abandonar esta nave, Simón.

—¿De qué estás hablando?

—Soy parte de ella como ella lo es de mí. ¡Somos uno, Simón! Siento pena por ella porque quiere vivir. Sé que su muerte es necesaria y lo menos que puedo hacer es... no dejarla morir sola.

—¡Mary! ¿Qué dices?

—Lo siento, Simón, una vida contigo es ahora imposible. Yo ya no soy Mary y no sabes lo que soy porque ni yo misma lo sé. Tal vez el germen de la esencia de esta nave sigue en mí. ¿Qué podría pasar si regresara contigo? Quizá me convierta en algo que podría dañarte y no quiero eso.

—No, no te dejaré.

—Perdóname, la nave me espera. Déjame darle el último consuelo antes de que desaparezca. Deja que muera tranquila.

—¡No!

Simón trata de cogerla pero ella se tira contra la pared y desaparece. De inmediato, el piso cambia y traza un sendero.

—No quiero que mueras, mi amor. Vive por mí. Dame ese consuelo ahora tú. Vete. ¡Ahora!

Él corre sobre el sendero formado. Tras un corto trecho, llega al hangar donde la nave de los Centinelas estaba esperando junto con lo que quedaba del grupo de meganianos y endorianos.

—¡Simón! —exclamó Kiwishin.

—¡Rápido! ¡Debemos irnos de aquí!

—Jesús y Burgun aún no llegan...

La nave comienza a comprimir el hangar y la voz de Mary se escucha en la mente de ambos.

—"Es Aicila. Aún está aquí. No puedo detenerla más. ¡Váyanse!"

Kiwishin se ve obligado a despegar mientras la puerta se abre y la nave sale disparada. Simón pega su cara al cristal y mira hacia la "Galaxia".

—Adiós, Mary.

—"Adiós, Simón."

...

Jesús levita junto a Burgun y ambos llegan hasta una compuerta cuando Kiwishin les habla directo a sus cabezas.

—"¡No vayan al hangar! He tenido que salir de allí."

—¿Supremo Kaiosama? ¿Dónde está? —preguntó el Caballero de Capricornio.

—"Mira por la compuerta."

A través de la escotilla, Burgun y Jesús ven a la nave.

—"Trataré de usar la teletransportación para sacarlos de allí."

—De acuerdo. Veo que fue listo, príncipe. Engañó a la nave.

—Vaya, espero que no te haya maltratado mucho.

—¡Ja! Fui yo quien espero no haberle golpeado muy fuerte.

—Ni siquiera me tocaste pero tenía que engañar a la "Galaxia". Sabía que tus poderes de congelamiento podrían disminuir su poder e incluso asustarla.

—¿Realmente no consideró la alianza con esta nave? Le ofrecía muchísimo.

—Era un poder engañoso. Ella buscaba el control de todo. Si dejaba que adquiriera demasiado poder, sería imposible detenerla.

—¿No lo pensó?

—Para serte franco, lo pensé y dudé pero solo fueron cinco nanociclos.

—¡Ja! Creo que fue bastante.

En eso, ambos se percatan de un objeto en el suelo y Burgun lo levanta antes de preguntar:

—¿No esto una de las cargas subatómicas?

—Sí. Uno de mis hombres debe haberla tirado pero no tengo el control. Se activará manualmente. ¿Por qué demora tanto Kiwishin?

Las paredes de la "Galaxia" vuelven a cambiar y Jesús se da cuenta que la astronave volvía a atacar.

—Parece que algo está retomando el control nuevamente pero siento que la computadora esta vez se resiste. No nos queda mucho tiempo.

—"No puedo, Burgun."

—¿Qué? ¿Qué pasa?

—"La nave ha generado un campo alrededor de ella. No puedo sacarlos."

—¡Maldición! ¡Tiene que haber una salida!

—Hay una —dijo Jesús—. Podemos romper esto y llegar volando hasta la nave.

—Es absurdo, moriríamos.

—No, yo puedo sobrevivir en el espacio. Solo un tiempo antes de que el frío nos mate.

—Yo no. Soy humano. Un terrestre. El frío podré resistirlo pero no la falta de aire y la atmósfera cero. Reventará mis pulmones.

—Puedes resistir el tiempo suficiente.

—Y aún si fuera así, no podríamos pasar el campo. Es incandescente. Nos quemaría.

—¿Tu armadura no lo resistiría?

—Sí, pero solamente me protegería a mí.

Burgun se quedó pensando. En él mismo y en Asuka a quien no había dejado de amar. En la vida en la Tierra. En la aceptación de Gretchen y en que tal vez podría cumplir la promesa de entregarle Kay a Asuka.

Todo eso contrapuesto con la vida que tenía en frente. Fue como un soplo clarividente el sentir que la vida de Jesús Ferrer era demasiado valiosa para lo que vendría. El futuro de un universo que no era el suyo al cual tal vez jamás regresaría.

—El sentido del deber. Vaya, no sabía que esto era tan contagioso.

—¿De qué hablas?

—De nada en especial, príncipe. Hay que intentarlo. ¡La armadura lo protegerá! ¡Hacia atrás! ¡Garra Cortante del Tigre!

La técnica de Burgun parte el muro metálico y este comienza a resquebrajarse.

—¡Dame la mano para hacerlo juntos! —dijo Jesús—. Eso se partirá en cualquier momento.

De pronto Jesús siente que algo lo envuelve. Cuando la pared se parte el alcanza a ver a Burgun sonriéndole haciéndole una señal de despedida mientras la succión lo arrastraba a él. El Caballero de Capricornio se sujetaba de un cable.

—¡Dígale a Kay que me despida de su madre! —gritó.

Es cuando el príncipe se da cuenta. Burgun no llevaba la Armadura de Capricornio. Quien la tenía puesta Jesús Ferrer.

—¡Burgun! ¡Nooo! —Jesús Ferrer atraviesa el campo e inmediatamente es teletransportado por Kiwishin—. ¡Debemos de regresar! ¡No podemos dejarlo!

—"No, Supremo Kaiosama. Adiós."

Burgun acciona la carga y esta estalla en sus manos. Toda la nave se deshace en medio de la explosión.

—¡Noooo! ¡Burgun! ¡¿Por qué?! —exclamó el príncipe.

Kiwishin solo baja la cabeza mirando el suelo. "Adiós, Burgun. Digno Caballero de Capricornio. Asuka sabrá lo que hiciste. Descansa en paz", fueron los pensamientos que le dedicó la deidad.

Fin del capítulo 19

Notas del autor:

* Tika es el nombre que usó Julian Soullard para una pareja que le puso a Trunks en "Pasado, Presente e Incertidumbre"

Notas del editor:

Dando a conocer algunas adiciones hechas. La apariencia de la madre de Dash fue proporcionada en gran medida por Sliver, a quien se agradece por colaborar con esto. Las ropas casuales de Kay fueron cosa del editor, así como el detalle de la descripción de Naomi y Aki (las chicas que salieron con Dash) y algunas precisiones extra sobre la descripción del Shun de esta, llamémosle, realidad.