Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenece a Stephenie Meyer y esta historia a JAnnMcCole. Yo solo traduzco.
Capítulo 14.5
"Un mentiroso sabe que es un mentiroso, pero uno que dice partes de la verdad para poder engañar es un artesano de la destrucción." ~Criss Jami
ALICE
Mientras caminaba hacia la recepción, mantuve mi cabeza en alto. Intenté negar el hecho que mi corazón estuviera latiendo aceleradamente, tanto que podía sentir el martilleo en mis oídos. Pero no podía quebrarme ahora. Iba a tener que contener el pánico que amenazaba con aparecer. Sacando la insignia falsa, la sostuve sobre el escáner, soltando un suspiro de alivio cuando no se me tiraron tres oficiales encima.
—Pulgar —demandó el guardia, sin molestarse en mirarme, lo cual es una lástima en realidad. Puse mucha dedicación en esto.
—Está bien, Alice —dijo Jasper en mi oído.
Presioné mi pulgar en la pantalla verde, sintiéndome mejor con la reafirmación de Jasper.
—Gracias, que tenga un buen día —murmuró el guardia mientras pasaba por el resto de los controles de seguridad que tenían.
—Van a hacer un cacheo. No hagas contacto visual, simplemente camina como si fuera normal —comentó Jasper.
No le respondí, sino que seguí sus instrucciones y coloqué mi bolso sobre la cinta transportadora. Me recordaba a una fila en el aeropuerto; un equipo de rayos X, un detector de metales y una fila de expresiones estoicas esperaban por su turno. Una vez del otro lado del detector de metales, tomé mi cartera y caminé hacia el ascensor. No dije nada al entrar, sostuve mi bolso fuertemente mientras los otros ocupantes se hacían a un costado, permitiéndole entrar al conserje. Abrí mi cartera sin llamar la atención. Observé por el rabillo de mi ojo cómo el conserje metía una navaja, también sin llamar la atención de los demás pasajeros.
Ni bien su parte estuvo completa, se bajó en el piso siguiente.
—Jacob te buscara en el último piso. —Escucho la voz de Jasper en el auricular.
Otra vez, no respondí. En cambio, elegí mirar los botones enumerados frente a mí; había dieciséis pisos accesibles en el ascensor y solo me encontraba en el cuarto…
Al decimo, él volvió a hablar.
—Alice, bájate del ascensor en el próximo piso. Estoy viendo las cámaras de seguridad y hay guardias en todas partes. Vamos a tener que cancelar esto.
Eché un vistazo a mi alrededor y vi que solo quedaba un último hombre, uno que seguía mirándome extrañamente. Se encontró con mi mirada y la mantuvo.
—¿Qué piso?
—No respondas —me dijo Jasper.
—¿Qué nivel? —preguntó con más fuerza, llevando una mano detrás de él al hacerlo.
Mierda.
—Alice, bájate cuando las puertas se abran.
—Esto es propiedad federal y es zona prohibida. Los civiles no son permitidos más allá del piso nueve —anunció el hombre.
—¡Alice! —gritó Jasper.
Me quité el auricular y lo enfrenté.
—Lo siento, ¿me hablas a mí?
—¿Quién eres?
—¿Disculpa? —espeté—. No es tu asunto saber quién soy yo, Agente Neal, así como no respondo a ti, ¿está claro?
Él se quedó quieto, observándome con una expresión sorprendida.
—Yo…
—Este es tu piso —le dije cuando se abrieron las puertas.
Él parecía confundido cuando salió.
—Agente Neal —llamé—. Si desea avanzar en esta carrera, será mejor que recuerdes tu lugar y quiénes te superan en rango.
Le mostré la insignia falsa mientras las puertas se cerraban. Cuando lo hicieron, tomé aire profundo antes de inclinarme contra la pared.
—¿Cómo diablos supiste qué decir? —preguntó Jasper cuando volví a colocarme el auricular.
—Vi su teléfono cuando chequeaba su correo, tenía información que usé para determinar su posición. Y, como Bella dice, si demandas respeto, lo obtendrás. —Estaba segura que Bella no hubiera dudado ni por un segundo.
Jasper no dijo nada y cuando se abrieron las puertas, bajé en el piso dieciséis.
—Jacob debería estar allí ahora —dijo mientras Jacob salía de otro ascensor, vestido en un traje. Aparentemente, decidió dejar el disfraz de conserje para esta parte del plan.
—¿Estás lista? —me preguntó.
—¿Lo estás tú? —respondí antes de sacar el arma de mi bolso.
Asintiendo, caminamos por las grandes puertas dobles de cristal, todo el piso estaba lleno de discos duros y otros aparatos electrónicos. La única oficina en el fondo resaltaba y nos indicaba el camino.
—No la maten —anunció Jasper.
Jacob se ubicó a mi lado mientras llevaba la insignia a la cerradura electrónica. Todo el cuarto olía a sexo y a perfume rancio. Mientras nos adentramos, la atención de la agente, la misma que estoy copiando, se centró en nosotros y no en el hombre que tenía al frente, al cual estaba cogiendo.
EMMETT
—Estoy contenta de que hayamos hecho esto —dijo Rosalie, colocando su mano sobre la mía.
Forzando una sonrisa, asentí.
—Necesitábamos salir.
—¿Dónde encontraste este restaurante? —Ella miró por la ventana donde era capaz de ver el Capitolio.
—Edward y Bella acaban de comprarlo. Creo que planean hacer este su nueva sede o algo así. Van a venir aquí después de su noche en la Casa Blanca —mentí, bebiendo de mi brandy.
Frunció el ceño por un instante, y entonces sonrió.
—Debería haberlo sabido por la decoración, es muy Bella.
—¿Ustedes dos jamás se llevarán bien? —Me contuve de poner los ojos en blanco.
Ella bufó antes de beber su vino tinto.
—¿Cómo uno puede llevarse bien con Bella Perra? Ella es la persona más grosera y creída que he conocido. A ella solo le importa ella misma, me siento mal por Edward.
—Edward es un imbécil, se la merece. Un día… —Me detuve.
Ella sonrió.
—¿Un día qué?
—Nada. Él simplemente me hace enfadar. El karma es una perra y todos obtendrán lo que se merecen algún día.
—Mejor que sea él que tú.
—Tú dirías eso. —Sonreí—. Pero, honestamente, creo que Orlando les puede ganar… nos. Él ha estado arruinando personas como nosotros por Dios sabe cuánto tiempo. Seguramente ve sus planes a una milla de distancia.
—Su vanidad y orgullo serán el fin de ellos, Emmett —susurró y dio un apretón a mi mano—. Podemos salvarnos nosotros, deberíamos irnos. Después que todo esto acabe, podemos volver y retomarlo de donde lo dejamos.
—Rose, no seas ridícula. Orlando irá tras nosotros. Nosotros no abandonamos a la familia.
—¿Entonces ellos pueden llevarnos a la muerte y simplemente debemos aceptarlo? —espetó.
—¿Qué quieres que haga, Rosalie? —Fruncí el ceño.
Ella me fulminó con la mirada y se puso de pie.
—A veces no sé por qué me molesto. Ya vuelvo.
Haciéndole señas al mesero, me trajeron el cheque antes de sacar mi teléfono. Rose no lo sabía, ni podría saberlo, pero inserté un troyano en sus teléfonos… Ella jamás notará que sabía de los dos teléfonos. Ella los mantiene encima todo el tiempo, pero fue fácil sacárselos cuando dormía. Llevé mi teléfono a mi oído y escuché toda su conversación.
—Quiero escuchar el acuerdo de nuevo.
—No estoy de humor para juegos, Rosalie —respondió un hombre viejo.
—Este no es un jodido juego, Orlando. Es mi vida. Quieres información y la tengo, pero necesito saber que no estoy martillando los clavos de mi puto cajón.
—Soy un hombre de palabra. Te juro que tú, tu marido y el pequeño estarán a salvo. No me gusta repetirme. Así que, si sigues deseando vivir, porque soy tu único amigo ahora mismo, habla.
—Bella y Edward son dueños de un nuevo restaurante llamado Blue Garden, planean reunirse aquí después de su noche en la Casa Blanca. Creo que es algo grande.
—¿Eso crees?
—No quiero presionar a Emmett, todos están algo tensos. Bella y Edward siguen creyendo que hay un infiltrado.
—¿Saben que eres tú?
—No. Yo solo soy la molesta y celosa descerebrada. No me dan demasiado crédito.
—Por tu bien, deberías estar agradecida de eso.
Esperé a que terminaran la llamada antes de hacer lo mismo. Terminando mi bebida, disfruté del ardor mientras el líquido bajaba. ¿Ella iba a salvar a Ethan y a mí? ¿Qué se suponía que debíamos decir? ¿Gracias? ¿Gracias por borrar a toda la familia? ¿A nuestro legado? Si ella me conociera, hubiera sabido que estaba muerto sin mi familia. ¿Mi padre? ¿Mi madre? A ella no le importaba nada.
—¿Cariño? —Rose colocó una mano sobre mi hombro y me sobresalté ligeramente—. ¿Estás bien?
—No. Lo siento, el Rey Edward nos necesita de vuelta en casa.
—No puedo esperar a que esta mierda termine. —Bebió el resto de su vino.
—Yo también —murmuré, tomando de su brazo.
Eres una perra, Rosalie Hale. Una maldita perra.
