.
Capítulo 19
—¿Qué? —cuestiono en shock. —¿De dónde sacas eso?
—Sí, sí… Sé que es raro y que bueno yo no es que esté en mis mejores condiciones físicas y mentales para decir tal cosa, pero es que, Katniss, yo estoy normal haciendo mis cosas y de repente siento como esta… vibra extraña.
—A ver primero, tú estás en buenas condiciones físicas y mentales. Y segundo, creo que una vez sentí lo mismo, pero sólo una vez… Recuerdo que fue cuando me devolvía de la casa de los Ganger y pues salí a la calle un poco más tarde. Pero no ocurrió nada.—digo, reflexionando la situación.
—¿Llegaste a casa bien? ¿No te pasó nada? —pregunta mirándome angustiado. Una calidez me recorre al darme cuenta que la mano que le agarré y que antes no se había dignado en agarrar de vuelta, ahora me la sostiene firmemente.
—Sí, llegué. Pero todo el camino sentí que me observaban. —respondo mirando ahora de un lado al otro en busca no sé de qué.
—Escucha, Katniss… Si es verdad que estamos siendo observados, vigilados o lo que sea… Tenemos que actuar precavidos. Yo creo que lo mejor es que… Nos vayamos del 7. —declara entre susurros.
—¿Qué? ¡No! —replico alzando la voz. Al hacerlo asusto un par de palomas que estaban estacionadas encima de nosotros en las ramas— Perdón… —y hablo más bajo.— ¿Y si todo son simples paranoias nuestras? Al fin y al cabo no nos ha pasado absolutamente nada Peeta. Llevamos alrededor de un mes y seguimos bien. Escúchame: Si alguien nos quisiera hacer daño, te aseguro que ya nos lo hubiese hecho. Y te juro que además, aunque lo hubiera intentado, no le hubiera dejado tocarnos un centímetro, y menos a ti. —declaro mirándolo fijamente.
—Pero aun así corremos riesgo Katniss, se supone que vendríamos aquí a relajarnos como parte de la terapia. — Peeta suspira profundamente—. A no pensar más en todo el pasado… Y mira ahora esto.
—Sea lo que sea, es mejor enfrentarlo ahora ¿no? Tal vez hace unos meses no podía… Pero ahora siento que he recuperado algo de mis fuerzas, y no me dejaré acabar por nada.
—Siempre has sido tan valiente, ¿lo sabías? —dice mirándome ahora con cariño y admiración. —Todo lo que has sufrido te ha hecho más fuerte.
—Nos ha hecho más fuertes. Tú eres más fuerte y más valiente ahora también. —lo miro hablándole con sinceridad y determinación.
Nos quedamos un minuto en silencio, en contemplación de nosotros mismos, mientras yo lucho por encontrar el tan familiar brillo en sus ojos para mí. Pero no alcanzo a ver nada porque se aleja de mí.
—Vámonos, es tarde. —y se aleja un paso sin echarme una última mirada.
—Umm sí… —respondo algo decepcionada y avanzo en dirección a la casa con sus pies siguiendo tras de mí.
Caminamos en silencio, algo nerviosos después de tal conversación. Peeta no lo dijo, pero si es verdad todo lo dicho… ¿quién es más probable que esté detrás de todo esto? O mejor dicho, ¿quiénes? La respuesta viene a mí un segundo después. Fieles seguidores del ex—presidente Snow. Un escalofrío me recorre de pies a cabeza y siento naúseas sólo de pensar en él. ¿Será posible? ¿Una última pelea? ¿Me siento lo suficientemente bien como para poder pelear? Detengo de golpe esta línea de pensamientos tan perturbadores. Me obligo a parar y tomar un respiro profundo. Ya estoy pensando en peleas y ni siquiera hay certeza de que alguien nos persiga, y si lo hacen ¿por qué tiene que ser para algo malo? ¿por qué pensar siempre en lo peor? Todo es producto de mi naturaleza escasa de confianza en las cosas. Supongo que siempre seré así. Aunque quisiera algún día poder vivir tranquila y simplemente confiar.
—¿Katniss? —Peeta se acerca a mí y me sacude de mi estado de inercia. —¿Katniss? Reacciona.
—Umm. Sí, sí… Lo siento —despejo mi mente y enfoco mi mirada en él.
—Te has quedado parada y mirando de largo, ¿seguro estás bien? —dice posando su mano en mi hombro.
—Sí, sólo me reposaba. —miento. Debo dejar de pensar tanto. Esa fue una de las cosas que nos recomendó el Dr. Aurelius, "relajarse y no pensar" recuerdo que dijo.
—Bueno… entonces sigamos. —susurra Peeta no muy convencido de mi respuesta. De seguro hasta sabe lo que estaba pensando.
Seguimos caminando y entre miro de un lado a otro en el bosque, no miro una rama que atravesaba el sendero y caigo de bruces en la tierra áspera. Peeta corre a ayudarme y levantarme.
—Parece que hoy Katniss Everdeen es la que está bastante ruidosita. —bromea para aligerar el ambiente.— ¿Estás bien? —musita cuando ya me he levantado.
—Ja, ja y el buen panadero corre a salvarla, hoy se cambiaron los papeles.— digo con una media sonrisa, ignorando por el momento el ambiente pesado de antes—. Y creo que necesito de sus cuidados señor Mellark puesto que de hecho, me duele un poco el tobillo.
—¿Qué? ¿En serio? Déjame ver. —y se agacha para echarle un vistazo a mi tobillo.
—No es nada importante… Un golpe insignificante. —digo para que se tranquilice, porque en realidad, el dolor ya se estaba yendo.— Levántate. —así que me inclino y lo cojo por los hombros suavemente para ayudarlo a levantarse.
—Cuando lleguemos a casa te revisaré, tal vez tengas un morado o algo. —declara poniendo su mano en mi espalda.— Ahora te ayudaré a andar, no quiero que vuelvas a caer.
—Gracias.— susurro, enternecida por su preocupación por mí... Tal vez sí que haya posibilidades de que regrese a mí. Tengo que poner más de mi parte.
Llegamos a la casa sin ningún inconveniente más en el camino, y Peeta me dirige directamente al salón donde hace que me recueste a lo largo en el sillón, luego sale por unos momentos y cuando regresa, trae consigo un tarrito lleno de crema para dolores musculares.
—¿Qué es eso?
—Un ungüento que encontré en el maletín de primero auxilios. —dice cogiendo un banco ubicado en una esquina y colocándose en la zona de mis pies. —Me dices si te duele. —y empieza a aplicar la crema delicadamente en la zona donde alcanzo a ver un moratón verde pero muy difuso.
—No duele para nada, pero tus manos son mágicas. Ya comprendo lo rico de tus panes.— digo sonriendo tratando de ser… divertida, creo.
—Espero que eso sea un cumplido. —dice sonriendo concentrado en su tarea, pero alcanzo a ver el rubor que cubre sus mejillas. Sonrío internamente. De repente toca un punto que no estaba abarcado por el moratón y yo doy un respingo al notar que es la parte que más duele. —Creo que el asunto es un poco más grave que lo que supusimos… Creo que, ¿te gustaría un masaje? Mi papá me enseñó uno muy efectivo para moratones en los tobillos. —dice, levantando la mirada y con un extraño brillo en sus ojos.
—Umm, te lo agradecería enormemente. —respondo cautelosamente. Hablar de sus padres es un tema delicado, así que no le sigo el tema por ese lado.
Increíble, es increíble. Las manos de Peeta en verdad son mágicas, la manera como soba, moviendo los dedos rítmicamente, haciendo círculos… círculos aquí y allá, con fuerza y luego con suavidad. Su padre le enseñó bien. Me levanto con un poco de dificultad para mirar mejor su trabajo.
—Eres mágico.— digo observándolo maravillada. Él levanta su mirada y sonríe. —Es en serio, ya casi no siento nada. ¿Se lo has hecho a alguien más?— pregunto, sumamente curiosa.
—A mi madre, y algunas veces a mis hermanos cuando venían cansados y… ¡ah sí! Delly Cartwright. Una vez cuando se cayó en el colegio.
Una sensación rara me recorre una vez que me imagino a Peeta haciéndole un masaje de éstos a Delly Cartwright… Creo que ella está allá en el 12, pero no la he visto, y honestamente no quiero hacerlo.
—Oh… Eso es genial.— digo desanimada. Peeta lo nota.
—¿Qué pasa? Te estoy lastimando. —y entonces retira sus manos de mi pie.
—No, no… no pasa nada. —digo y sin pensar pongo la mano sobre la suya. —Gracias, me gustaría agradecértelo de alguna manera.
—Tranquila.— dice él, siempre afable.
En un momento de cómodo silencio, lentamente y sin presión, me inclino y deposito un beso en su mejilla. Temí que se apartara en cuanto tocara su mejilla, pero simplemente suspiró, y después de un segundo, me alejé. Por alguna razón, no puedo mirarlo a la cara y por el rabillo de mi ojo, alcanzo a visualizar cómo mueve las manos nerviosamente en su regazo.
—Te traeré un poco del almuerzo del mediodía. —dice con una voz sin ninguna emoción, se levanta rápidamente y se retira del salón.
Siento como si mi corazón se hubiera hundido en un momento. No era esa la respuesta que estaba esperando por parte de él. Era un momento casi íntimo y por la razón que sea, de alguna manera esperaba que con esa muestra de… lo que sea que quiero demostrarle, él reaccionara efusivamente o que al menos, sonriera. Es tan deprimente esperar las cosas y que no salgan como uno desea. Suspiro pesadamente. Tonta de mí.
.
Si no estoy mal, los capítulos a partir del 20 se ponen más largos. ¡Nos leemos entonces!
Review?
