Ella conducía en silencio en camino a la casa de Maura mientras Constance, en el asiento de pasajero, confirmaba en el celular los planes que tenían para la siguiente semana. Su mirada volvió al retrovisor al detenerse en una luz roja, observando las dos mujeres en el asiento trasero; ninguna de las dos había pronunciado ni una sola palabra desde que subieron en el auto. ¿Acaso Jane le había hablado a Maura sobre lo ocurrido? ¿Ya sabía? La luz cambió a verde y tuvo que contener un suspiro de cansancio.

Las dos tenían sus propias razones para mantenerse en silencio. Desde el momento que puso pie fuera de la habitación de Gabriel, la mente de Maura no había dejado de intentar procesar todo lo que había visto y escuchado.

No quería sacar suposiciones -lo cual se le estaba haciendo extremadamente difícil- si Gabriel había sido realmente capaz de traicionar a Jane de esa forma. En lo más profundo de su mente sabía que no eran realmente suposiciones; la conocía lo suficiente para saber que la mirada de Jane hablaba por sí misma.

Las palabras eran innecesarias y, aun así, no lograba comprenderlo.

Flashback

Su mirada volvió al rostro de la rubia una vez más. Su respiración había permanecido lenta y constante con los labios parcialmente separados desde que volvió a la habitación. "Por fin está descansando... algo bueno de todo esto" -pensó.

Sin poder evitarlo volvió a mirar la venda alrededor del brazo. La sangre le hervía de solo pensar en lo ocurrido. La simple idea de que Gabriel haya considerado que estaba lista para una misión encubierto hacía que viera rojo.

Maura le había asegurado que no era nada grave, que el doctor había hecho un excelente trabajo para que la cicatrización fuera mínima. "Apenas lo notarás" fueron sus palabras. Pero ella llevaba en su cuerpo más de una de esas cicatrices y sabía que no sería así. No todas las cicatrices eran físicas.

Maura se quejó con un gruñido y abrió los ojos lentamente.

—Jane… —sonó sorprendida de verla— ¿Cuánto tiempo ha pasado?

—Para no ser de tu agrado quedarte en un hospital estabas durmiendo como un ángel.

—¿Cómo duerme un ángel? —preguntó aun con voz adormilada y una leve sonrisa.

—¿Me dirás que no existen?

Maura enarcó una de sus perfectas cejas antes de sonreír y mover la cabeza de un lado a otro.

—No se lo digas a mi madre.

—Te lo prometo.

Sonrió ya que era imposible no hacerlo cuando la sonrisa de Maura era tan contagiante. No podía evitar pensar en el cansancio que sentía, ya que era indiscutiblemente visible en su rostro. Comenzaba a pensar que de verdad no había dormido prácticamente nada en los últimos tres días, justo como Ella y Constance le habían comentado:

"No ha regresado a su departamento en dos días" —había dicho Constance con preocupación.

"Estoy segura que ha dormido en su oficina. Tenía una manta en el sofá cuando fui a visitarla. No se está cuidando tampoco; estaba deshidratada cuando llegó al hospital" agregó Ella.

Había escuchado esas palabras sintiéndose culpable por no haber insistido más, por no haberla llamado, aunque sea una vez más. Tal vez eso hubiera cambiado algo.

—¿Ya puedo irme? —preguntó Maura sacándola de sus pensamientos y comenzó a incorporarse lentamente, estirando el brazo que no tenía lastimado.

—Hace horas. Un agente ha traído tus cosas. ¿Estás segura que no es mejor que te quedes la noche?

—Segura. No es nada serio y prefiero descansar en mi propia cama. —Hizo una mueca al ver que su vestido estaba completamente arruinado por la sangre. Aceptó la ayuda de la morena que le sostuvo el brazo ileso mientras se bajaba de la cama para caminar hasta la silla donde estaba la bolsa transparente. El celular aún estaba apagado, así que lo encendió antes de avisarle a Jane que se cambiaría de ropa.

Entrecerró los ojos cuando finalmente abrió el mensaje que Jane le había enviado horas atrás. "Necesito hablar esta noche contigo". Su corazón dio un vuelco y volvió a leerlo.

—¿Todo bien?

—Sí. —Le lanzó una mirada fugaz y Jane sonrió automáticamente cuando sus miradas se encontraron. No, ese no era el momento para preguntar de qué quería hablar...

Jane se apresuró a apoyarse en la puerta para que nadie entrara, aunque no había sido necesario porque en menos de un minuto ya se había puesto la ropa que su madre había dejado preparada.

—¿Me ayudas? Se me hace difícil hacerlo con el brazo —explicó, volteándose para mostrarle el broche del vestido que estaba abierto hasta la espalda baja.

—Claro. —Se acercó tomando el zipper entre sus dedos, subiéndolo lentamente. Maura no necesitaba decirle que la herida le dolía siempre que movía el brazo o cuando su piel se estiraba cada vez que su músculo se contrae—. Respira —susurró y Maura exhaló indeliberadamente—. No tienes que ocultar el dolor conmigo. ¿Has notado la cicatriz que tengo? Bueno, la del brazo. Fue un accidente en el campo de tiro hace años. Sé cómo te sientes, aunque haya sido un roce es muy doloroso.

Maura asintió con una leve sonrisa, aunque las dos eran conscientes de que seguirá intentando ocultarlo para no preocuparla de más. De la misma forma que las dos eran conscientes de que Jane seguiría preocupándose.

—Pensé que estarías con Gabriel —farfulló aun dándole la espalda. Aunque haya estado durmiendo estaba segura que había permanecido a su lado con excepción de cuando su madre la visitó—. Su condición es mucho más crítica... y es tu marido.

—Te dije que está bien. No tienes que preocuparte por él.

Maura la miró por encima del hombro al escuchar aquel tono frío y se giró para mirarla cara a cara.

—Me gustaría verlo antes de irme. No he hablado con él desde… que pasó todo.

Jane hizo una mueca y Maura no se pudo contener un segundo más.

—¿Qué es lo que está pasando, Jane? No estés molesta con él por lo ocurrido. Me protegió. Yo decidí ayudarlo. Soy adulta y tomo responsabilidad de mis acciones.

Jane entrecerró los ojos, observándola en silencio por varios instantes antes de hablar.

—Si no te hubiera involucrado no hubiera necesitado protegerte. No estarías herida y adolorida ahora —repuso.

El rostro de la rubia se enrojeció. No estaba segura si era por la irritación que comenzaba a sentir o porque sentía que Jane le estaba ocultando algo.

—Yo me puse en esa situación —volvió a repetir—. No tienes que culpar a Gabriel de absolutamente nada.

—Eres la única que no lo hace —dijo con amargura y las dos se quedaron inmóviles, mirándose a los ojos con solo unos centímetros de por medio. Jane fue la primera en darse por vencida al cerrar los ojos y frotarse la frente con los dedos.

—Está bien… te acompañaré —suspiró.

—Bien —convino cuando estuvo segura que lo decía en serio.

Jane abrió la puerta después de haber agarrado las bolsas con la pertenecías de la rubia y la siguió en silencio.

Entre más se acercaban más ansiosa se ponía y comenzaba a arrepentirse de su decisión de acompañarla. Rogaba para que Diana se hubiera marchado. Lo habría hecho si tuviera la dignidad suficiente y un poco de respeto propio. A unos metros de la habitación 401, la puerta se abrió y una mujer salió. Jane aguantó la respiración y suspiró aliviada al notar que se trataba de Karla.

Maura la miró de reojo al escuchar su suspiro.

—Doctora Isles, me alegra verla de pie.

—Gracias, Karla.

—Detective Rizzoli —saludó nuevamente, evitando mirarla directamente a los ojos.

—¿Podemos visitar a mi esposo? —intentó sonar lo más normal posible.

La enfermera permaneció en silencio mirándola perpleja. Jane entendió su confusión; si estuviera en su posición la estaría mirando del mismo modo.

—Karla, ¿Gabriel tiene alguna visita? —especificó y la enfermera reaccionó, comprendiendo.

—¡No! —Se aclaró la garganta—. Pueden pasar.

Jane sonrió agradecida y entró primero. La rubia miró a la enfermera que evitó su mirada y se disculpó antes de seguir haciendo su trabajo.

Maura abrió la puerta y Gabriel la recibió con una sonrisa antes de comenzar a disculparse. Maura lo escuchaba, pero su mirada escaneaba la habitación en busca de Jane hasta encontrarla en el rincón con los brazos cruzados, mirándola fijamente. Maura alternó la mirada entre los dos y comenzó a sentirse extrañamente incómoda.

—Yo decidí ser parte de esa operación —dijo, decidiendo dejar a lado las tantas preguntas que tenía sobre algunos detalles que no se le fueron informados antes de comenzar con la misión—. No te preocupes, por favor. Ya hablaré con investigaciones interna.

Gabriel asintió y Jane tuvo que morderse el labio para no llamarlo descarado en su cara. Maura era demasiada buena y él se estaba aprovechando de su bondad.

—Haría cualquier cosa por Jane. —Los dos la miraron sorprendidos—. Sé que esta situación la está afectando, aunque ya le he dicho que no debe preocuparse.

Jane abrió la boca para objetar, pero no dijo nada.

Gabriel le lanzó una mirada a su esposa y, en ese momento, cayó en cuenta que no le había dicho.

—Maura, no… —intentó explicar Gabriel, pero la puerta se abrió.

Jane lo miró entrecerrando los ojos y Gabriel tragó en seco; ella aún no podía ver de quién se trataba porque la puerta se abrió en su dirección, cubriéndola y casi golpeándola a su vez. Pero ahí permaneció, en silencio, aguantando la respiración hasta que el hombre la volvió a mirar, palideciendo.

Ahora estaba segura que algunas mujeres no tenían ni una sola pizca de dignidad.

—Gab… Oh. Hola.

Maura permaneció en silencio antes de dar unos pasos hasta la mujer y saludarla aceptando su mano.

—Doctora Isles.

—Agente Bennett. ¿Y el doctor Mit?

—Oh no. No soy la doctora de Gabriel.

—Es Maura —dijo el hombre y la mujer soltó un largo "Ooooh"

—He escuchado mucho de usted. Cosas buenas, claro —sonrió amablemente.

—Yo no. —Intentó sonreír del mismo modo, pero no lo logró—. Digo, no he escuchado de usted. —No pudo evitar bajar la mirada hacia las manos de la mujer que ahora cubrían su vientre.

—Trabajamos juntos en Washington —explicó.

—Oh —Mauro buscó con la mirada a Jane que había permanecido en silencio durante todo el intercambio. ¿Qué era lo que estaba pasando?

—Yo me retiro. Estaré esperando afuera, Maura.

Diana se quedó boquiabierta al escucharla; no había notado su presencia y tampoco la había visto al entrar. Se hizo a un lado cuando Jane caminó hacia la salida, e intentó mantenerse inafectada ante la confusión plasmada en el rostro de Maura.

—¿Se encuentra bien, Agente Bennett? —preguntó la doctora al ver lo pálida que estaba.

—Sí, claro. Gracias por preguntar…

—Jane te necesita más que yo en estos momentos —dijo Gabriel, mirándola a los ojos—. Por favor...

Maura no preguntó por qué estaba diciendo eso. Ni siquiera se lo cuestionó a sí misma. Sus pies comenzaron a moverse por sí solos y salió. Salió de la habitación con el ceño fruncido, sintiéndose perturbada. No quería sacar suposiciones; estaba en contra de su naturaleza y aunque lo hiciera no haría otra cosa que frustrarse por la incerteza que se quedaría con ella. Cerró la puerta detrás de ella y suspiró sacudiendo la cabeza de un lado a otro como si así se deshiciera de los pensamientos insistentes que rondaban en su cabeza. Tenía que ser un error. No podía ser. ¿Cómo era posible? Había presenciado a Jane y a Gabriel juntos; eran felices. Al menos así se veían. Tenía que confirmarlo de alguna forma.

No tuvo que esperar mucho.

Al alzar la mirada se encontró con los ojos vacíos de Jane que estaba apoyada en la pared al otro extremo del salón de espera. Esa mirada fue suficiente para confirmar todas sus sospechas.

Fin de Flashback

—¿Cuándo regresarás a Boston, Jane? —preguntó Constance sin dejar de mirar el teléfono.

—Mañana si es posible.

—Oh.

Jane apartó la mirada de la ventana al percibir algo de decepción en su tono.

—¿Por qué?

Ella y Maura, que permanecieron en silencio, compartieron una mirada a través del retrovisor.

—Por nada. Pensé que te quedarías unos días más por la condición de Dean. Tengo entendido que tiene que quedarse en el hospital un par de días más.

Jane permaneció en silencio, sorprendida. Había estado segura que Ella le habría dicho. Ella apartó la mirada del tráfico para mirarla por el espejo. No, no le había dicho y eso la hacía sentirse agradecida con la mujer.

—Él estará bien.

Constance se sintió tentada a girarse y mirarla, pero se contuvo manteniéndose en silencio y enfocada en el tráfico.

—¿Ella, puedes detenerte en la esquina?

—¿Qué?

—Caminaremos a casa.

—Hija, estamos muy lejos de tu casa.

—Tomaremos un taxi si es necesario—miró hacia la morena que asintió un poco confundida.

—Estaremos bien —le aseguró Jane a Constance.

—No llamen un taxi, pueden llamarme si necesitan transporte —dijo Ella cuando detuvo el auto.

—Hija —llamó Constance, bajando la ventanilla y Maura se acercó—. Me gustaría que mañana pasaras por mi oficina. Tengo algo que mostrarte. —Le lanzó una mirada a Jane que esperaba con los brazos cruzados y la mirada perdida en las personas que caminaban por la acera—. Cuídala —le susurró a su hija.

Maura se quedó muda, mirándola boquiabierta antes de asentir.

—Buenas noches, Maura.

—Gracias, Ella.

—Entonces… ¿Me invitas a una copa, doc? —bromeó.

—Esa es mi intención, detective Rizzoli.

Jane rio divertida. La cara que ponía siempre que la llamaba "Detective Rizzoli" con ese tono juguetón era extremadamente adorable.

—Este es uno de mis lugares favoritos. El ambiente es tranquilo y tienen una selección de bebidas exquisitas.

—¿Tienen cerveza? Aunque he adquirido mejores gustos gracias a ti. Puedo beber uno de tus vinos. Cualquier cosa esta noche estaría bien en realidad.

—Estoy segura que sí —aseguró, abriendo la puerta y sosteniéndola para que pasara.

—Sé lo que estás haciendo —dijo en un tono lo suficiente alto como para que Maura, que estaba sentada a su lado, pudiera escucharla a pesar del suave jazz que sonaba de fondo.

—¿Y qué sería eso? —Rozaba el filo de la copa de vino con el dedo índice.

—Distraerme. —Maura la miró a los ojos—. En su momento… cuando esté lista… han sido muchas cosas para procesar en un solo día. Ahora solo quiero estar aquí, tranquila y disfrutando de esta cerveza contigo.

—¿Por qué no te quedas en Nueva York? Aunque sea un día o los que quieras. Puedes descansar mañana y si deseas puedes quedarte en mi casa. —Jane contempló la proposición—. Cualquier cosa que decidas tienes todo mi apoyo.

—Lo sé. Lo sé, Maur. —Se hundió en el asiento, cerrando los ojos y dejando que un largo suspiro escapara de sus labios—. ¿Te puedo llevar conmigo a Boston? Todo es más tranquilo contigo. Con solo tu presencia me haces olvidar toda la mierda en mi vida.

—Siempre estaremos en contacto —susurró, al notar cómo Jane apoyaba la cabeza sobre su bícep ileso, sintiéndola asentir lentamente.

—Creo que mejor bebo agua… no quiero ponerme muy emocional y hacer el ridículo… —Se separó tan rápido como se había acercado.

Maura le hizo una seña a la mesera que en un minuto había regresado con otra copa de vino.

—Gracias, Kathy. Un vaso de agua también.

—¿Conoces a las meseras? —preguntó cuando la joven se alejó lo suficiente.

—Te dije que era uno de mis lugares favoritos. El servicio es estupendo. ¿Quieres algo de comer?

—No tengo mucho apetito.

—Podemos comer algo después. ¿Desde cuándo no comes?

—Esta mañana.

—¿Café?

Jane sacudió los hombros y Maura aprovechó cuando la mesera dejó el vaso de agua y ordenó algo de comer antes de que Jane pudiera negarse. Jane la observó sin protestar mientras pedía una hamburguesa doble con tocino y papas fritas. La comida no demoró mucho, aunque estaba segura que en parte era por haber perdido noción del tiempo mientras hablaban.

—Pensaba que te desagradaba este tipo de comida.

Maura le guiñó un ojo a la vez que le daba un mordisco a una de las papas.

—Se pueden hacer excepciones por ti.

—Te estoy corrompiendo, Maura Isles.

—No me he quejado. —No pudo contener la pequeña carcajada que se le escapó al ver la cara que Jane puso cuando se comió otra de sus papas.

Jane iba a protestar pero permaneció callada, contemplándola. ¿Era así de hermosa siempre que sonreía? Cuando sus mejillas se sonrojaban un poco –casi imperceptible- después de beberse una copa de vino. Maura es hermosa. Siempre lo ha sido y desde que la conoció lo pensó así, pero había momentos específicos -como aquel- que lo inconcebible ocurría: se volvía aún más hermosa. Los mismos momentos específicos en que se cuestionaba si los pensamientos que esa sonrisa causaba eran apropiados para una amiga. ¿Amigas? ¿Podría seguir siendo eso siendo consciente de la atracción que sentía? ¿De sus sentimientos?

—Maura… —pensó en voz alta.

La rubia la miró a los ojos, limpiándose los labios con una servilleta y Jane se quedó en blanco recordando las palabras que le había dicho a Ella: "La quiero" esas dos simples palabras la golpearon como un tren.

"¿Acaso le dijiste algo en el aeropuerto?" la voz de su hermano resonó en su cabeza y se quedó tiesa con media papa entre los labios.

"Te quiero... le dije que la quería" —pensó— "Maura me gusta…" era la primera vez que se lo admitía a sí misma de esa forma y sintió cómo su pulso se aceleró, seguido por un desagradable sentir en su estómago. ¿Culpabilidad? "¿Acaso soy como Gabriel? Aún estoy casada y siento algo por ella... no debería sentir esto con una amiga. Y Maura... ¿de verdad ha estado tan ocupada o solo me ha estado evitando?

—¿Jane?

Jane la miró en blanco con la boca seca.

—Yo…

Maura ladeó la cabeza, dejando la copa de vino sobre la mesa, comenzando a preocuparse.

—Te adoro —tartamudeó, nerviosa— Eres lo mejor que tengo… que me queda… yo… —tragó en seco y reaccionó cuando Maura cubrió sus labios con el dedo índice. Apenas había sido un roce y su mirada fue suficiente para que todo lo que pensaba decirle se esfumara en el aire.

—Siempre estaré contigo, Jane. En las buenas y en las malas —se mordió el interior de la mejilla cuando se dio cuenta que no podía decirle que la adoraba. ¿Cómo hacerlo cuando sentía mucho más que adoración?

Jane inhaló y exhaló con fuerza antes de volver a apoyar su cabeza en el hombro de Maura. Esas palabras habían tranquilizado un poco sus miedos.

—Gracias, Maur…

—Para eso están las amigas —susurró girando la cabeza hacia el lado contrario, cerrando los ojos con fuerza intentando deshacerse del amargo sabor que esas palabras dejaban a su paso.