Aclaraciones: Mo Dao Zu Shi no me pertenece.
Esta historia está ambientada en el universo de la novela.
— Capítulo 20 —
Falso
La tensión generada por la sólida acusación de Jiang Cheng no dejó indiferente a los presentes. Miraron a Wei WuXian como si realmente creyeran que fuera quien Jiang Cheng acusaba, y una ola de temor y rechazo se apoderó de todos. Nadie quería señalarlo; ni siquiera citar su nombre, porque tan solo recordarlo erizaba la piel y despertaba los peores recuerdos. Wei WuXian fue un demonio aún más peligroso y catastrófico que el propio Wen RuoHan, y, tras su muerte, tanto su nombre como su existencia se volvieron tabú.
Él era una mancha en la historia de la cultivación, un mal recuerdo, uno que nadie quería recordar ni mencionar.
Lan WangJi presenció la repentina acción de Jiang Cheng sin haber alcanzado a evitarlo y sintió que algo se partía dentro de su pecho y un chasquido retumbaba en su cabeza. El ver a Wei WuXian salir disparado por los aires y luego ser arrastrado por el suelo gatilló en él una furia peligrosa y descontrolada que la secta GusuLan conocía bien, y que Lan XiChen alcanzó a prever.
Lo sujetó rápidamente de los brazos y se interpuso en su campo de visión, forzándolo a ponerle atención.
—¡WangJi! —exclamó preocupado—. ¡WangJi, tranquilo! ¡Mírame!
Sabía que Lan WangJi no lo estaba escuchando y que sus sentidos estaban puestos en Wei WuXian. Si lo soltaba desataría su descontrol —tal como había sucedido el día que dejó Gusu— y lastimaría a Jiang Cheng o a cualquiera que se interpusiera en su camino, como un animal salvaje tras una presa.
La muerte de Wei WuXian lo había cambiado. Su mente nunca más volvió a ser estable, y frente a determinadas situaciones que involucraban directa o indirectamente a Lan HuiYing y Wei WuXian perdía el juicio y se transformaba en un ser completamente irracional. Pocos sabían sobre ello, y si los presentes se daban cuenta, los cuestionamientos y rumores en su contra surgirían.
—WangJi, por favor —suplicó—. Tranquilízate. Yo me haré cargo.
Lan WangJi lo ignoró en su intento por desenfundar Bichen y lanzarse sobre Jiang Cheng, pero la fuerza que Lan XiChen aplicó en sus brazos para inmovilizarlo no se lo permitió.
Jiang Cheng tampoco ayudaba a frenar su cólera. Decidido a desenmascarar a Wei WuXian frente a todos, tiró un poco más de Zidian y logró sacarle un quejido de dolor.
—Tienes un total descaro para presentarte aquí y fingir frente a todos —masculló—. Aún no me has dicho cómo fue que robaste ese cuerpo. ¡¿Qué truco sucio usaste?!
Wei WuXian no dijo nada. El dolor de la espalda por el golpe de Zidian, la punzada constante en su tobillo y el inusitado temor que le infringía Jiang Cheng en ese momento, le obligaron a permanecer en silencio. Pero Jiang Cheng lo interpretó como una provocación, la suficientemente descarada como para tensar una vez más a Zidian y sacarle otro sonoro quejido de dolor.
Lan WangJi no pudo soportarlo y se soltó de Lan XiChen con brusquedad. En solo un parpadeo llegó hasta Wei WuXian y se interpuso entre él y Jiang Cheng. Su postura intimidante y protectora no lo dejó indiferente. Hasta pareció disfrutar de su reacción.
—¿Otra vez interponiéndote en mi camino, Lan WangJi?
Lan XiChen le dio alcance y trató de interceder por él. Su mayor temor era que desatara su locura frente a todos y dejara expuesta su relación con Wei WuXian. Y no era porque le avergonzara que amara a otro hombre, mucho menos porque tuviera un hijo con uno. Se había prometido hacía diez años protegerlo del repudio de los demás y del dolor que esto le pudiera causar.
—Líder de la secta Jiang, por favor —pidió—. Esta competencia ya tuvo demasiada tensión como para iniciar una nueva.
Jiang Cheng lo ignoró y acentuó su sonrisa de satisfacción. Tal como había sucedido en Qinghe, durante la conferencia de discusión, estaba exponiendo la naturaleza de Lan WangJi. Esa era su intención; quería que todos vieran al verdadero segundo maestro de la secta GusuLan, que todos conocieran al desequilibrado, al enfermo, al que había elegido enredarse en la cama con Wei WuXian y tener un hijo con él.
Entornó la mirada de forma intimidante y Lan WangJi le respondió de igual modo, como dos bestias a punto de luchar.
Los testigos del encuentro se dejaron llevar por la tensión y no tardaron en reaccionar.
—¡¿Es eso verdad?! —exclamó envalentonado uno de los de la secta LanLingJin—. ¡¿Ese sujeto es... Wei WuXian?!
Los demás se mostraron alterados.
—¿Está seguro de eso, líder de la secta Jiang? —Otro lucía aún más confundido.
—Esa es una acusación muy seria —señaló otro—. Además, ¿quién es él? ¿De dónde salió?
Jiang Cheng chasqueó la lengua y tiró un poco más de Wei WuXian, logrando que emitiera otro sonoro quejido de dolor.
Lan WangJi desenfundó Bichen.
—Suéltalo —ordenó amenazante, apuntando la fría hoja de la espada en su dirección.
Una nueva sonrisa de burla y confianza se acentuó en los labios de Jiang Cheng.
—¿Me amenazas, HanGuang-Jun? ¿Amenazas a un líder de secta con tu espada? —Entornó la mirada. —¿Por qué no nos explicas tu real interés de protegerlo?
Tiró nuevamente de Zidian y Lan WangJi dio un paso hacia adelante. Lan XiChen se interpuso y sujetó nuevamente a Lan WangJi.
—Tranquilo. Yo me haré cargo. —Volteó hacia Jiang Cheng. —Por favor, líder de la secta Jiang, hablemos de forma civilizada.
—¿Civilizada? —repitió él con enfado—. ¿Acaso no es falta de civilización que un cultivador amenace a un líder de secta? Aunque... viniendo de alguien como HanGuang-Jun no me sorprende. Después de todo, ya conocemos su fascinación por transgredir las reglas y defender lo indefendible.
Un nuevo murmullo se dejó sentir en el lugar y la mirada inquisidora de los presentes se concentró en Lan WangJi. Durante los últimos diez años, fueron muchos los rumores y cuestionamientos sobre su casi sincronizada aparición en los sitios donde se manifestaba el caos, como si fuera atraído a él, y la forma en la que encaraba a quienes estaban a favor de la matanza de cultivadores demoniacos. Algunos podían ver ese acto como el de una persona justa incluso con los que pecaban; otros en cambio cuestionaban su buen juicio y desestimaban su imagen de héroe.
Lan XiChen observó con preocupación la forma en la que habían comenzado a mirar a Lan WangJi y decidió acercarse a Jiang Cheng en un intento por calmarlo. Se plantó frente a él y se atrevió a sujetarle del brazo que controlaba a Zidian.
—Por favor, lo pido no como un líder de secta a otro, sino como un viejo amigo... —Tensó la mano alrededor de su muñeca y susurró: —No sigas con esto... Jiang Cheng.
Él le devolvió la mirada con enfado pero no lo encaró ni intentó liberarse de su agarre. No podía despreciarlo ni mucho menos ignorarlo. Le había tendido una mano en el pasado, cuando Yunmeng cayó a manos de la secta QishanWen, y ese sentimiento de gratitud, aunque lejano, aún permanecía ahí.
Replegó a Zidian, accediendo a la petición, y lo dejó volver a ser un anillo en su dedo. Para Lan WangJi sin embargo eso no fue suficiente y permaneció de pie protegiendo a Wei WuXian sin enfundar a Bichen. Los presentes cuestionaron su actitud desafiante y la desaprobaron entre murmullos. Si aquel don nadie tendido en el suelo era en realidad Wei WuXian, no debía protegerlo con tanto esmero, sino eliminarlo tal como lo había hecho en el pasado.
Desde un costado, Jin Ling presenciaba todo, y un poderoso sentimiento había comenzado a palpitar en sus entrañas. Conocía a Mo XuanYu y la historia de Wei WuXian, y el desprecio que tenía por ambos se equiparaba al mal que los dos habían causado en el pasado. ¿Pero Mo XuanYu era realmente Wei WuXian? ¿Cómo su tío podía estar tan convencido de ello? Lo cierto era que Jiang Cheng tenía una obsesión que rayaba en lo enfermizo, y cualquiera que practicara la cultivación demoniaca o tuviera un vínculo con ella lo creía Wei WuXian y deseaba asesinarlo.
Sabía que estaba mal, que su obsesión lo estaba llevando a la locura y a la desconfianza de sus discípulos que muchas veces murmuraban a sus espaldas, pero no estaba seguro de lograr sacarlo de ese tormentoso y amargo camino. Su furia y rencor contra Wei WuXian lo enceguecía al punto de no distinguir amigos de enemigos, y su trato como tío jamás fue lo suficientemente afectuoso como para aceptar de buena gana sus intervenciones.
Empuñó las manos con frustración y vio en dirección de Wei WuXian, que continuaba tendido en el suelo sin aparente intención de moverse. Si en realidad era quien Jiang Cheng acusaba con tanta convicción, no dudaría en destruirlo con sus propias manos, pero mientras no hubiera certeza de ello y siguiera siendo su tío, mantendría las distancias de su inmoral y cuestionable estilo de vida.
—Y bien, segundo maestro Lan... —Jiang Cheng se cruzó de brazos. —¿Nos explicarás porqué te esmeras tanto en proteger a esa basura? ¿Qué secreto ocultas tras ese imperturbable silencio?
Los comentarios de los cultivadores presentes se reanudaron una vez más ante las preguntas de Jiang Cheng, y mientras algunos se alzaban por sobre otros, algunas miradas de disgusto recaían en Wei WuXian. Él continuaba en el suelo, inmóvil y preocupado. Llevaba un rato sumido en la figura de Lan WangJi frente a sus ojos y que a toda costa quería protegerle. Y a pesar del dolor que experimentaba por causa de Zidian, no podía evitar pensar en todo lo que él arriesgaba al enfrentar a Jiang Cheng. No quería que lo cuestionaran, no quería que dudaran ni juzgaran, ¿pero cómo desviar la atención de los demás hacia su estropeada persona y no hacia Lan WangJi?
Tenía algunas ideas, pero finalmente optó por la más rápida y sencilla.
—Líder de la secta Jiang, ¿por qué insiste en acusarme de ser ese tal Wei WuXian? —exclamó quejumbroso—. Anteriormente me golpeó con ese látigo y probó que no estoy poseído. ¿Acaso no confía en sus armas espirituales y por eso debe castigarme una y otra vez? ¡Eso no es justo para alguien tan débil como yo!
—¡¿Cómo te atreves a mentir con tal descaro, Wei WuXian?! —masculló Jiang Cheng, y Zidian destelló en su dedo.
—Un momento, líder de la secta Jiang. —Uno de los cultivadores de la secta QingheNie le interrumpió. —¿Es cierto lo que dice ese sujeto? ¿Usted ya lo ha atacado con Zidian?
Otro cultivador comentó:
—Si un ser malvado se apodera de un cuerpo, Zidian es capaz de expulsarlo. ¡No hay error en eso!
—¡Es verdad! —exclamó alguien de la secta QishanWen—. Zidian puede expulsar cualquier alma que posea un cuerpo.
Los cultivadores no tardaron en llegar a la misma conclusión. Zidian era reconocida como una de las armas más efectivas y letales dentro del universo de armas espirituales. ¿Entonces cómo dudar de sus capacidades?
Wei WuXian no necesitó decir más y sonrió con disimulo. Jiang Cheng jamás podría probar que había tomado el cuerpo de Mo XuanYu, incluso si lo repetía una y mil veces. Él no había poseído a nadie; el propio Mo XuanYu le había ofrecido su cuerpo sin su consentimiento.
—Además, a pesar de su maldad, Wei WuXian no sería capaz de tomar el cuerpo de un lunático.
—¿Lunático?
Esta vez habló alguien de la secta YunmengJiang.
—¿No lo sabían? Ese es Mo XuanYu. Fue expulsado de la secta LanLingJin por ser un "manga cortada". ¡Se acostaba con hombres!
Todos exclamaron espantados y miraron con repulsión a Wei WuXian, como si estuvieran frente a algo muy desagradable. Hasta ahora, la expulsión de Mo XuanYu se había mantenido como un vergonzoso secreto dentro de la secta LanLingJin y QishanWen. Era una mancha en el historial de ambas sectas, y solo un puñado de personas conocía los detalles de la relación de Wen Yeun y Mo XuanYu y lo que sucedió la noche que quisieron escapar.
—Escuché hace un tiempo acerca de un escándalo entre un miembro de la secta QishanWen y alguien de la secta LanLingJin —continuó el miembro de la secta YunmengJiang—. ¡¿Acaso se referían a esta escoria?! —exclamó señalando a Wei WuXian.
—Yo escuché que se había suicidado y luego volvió a la vida —añadió otro—. ¡Eso es peor!
—¿No es el que apareció durante una cacería nocturna en YiLing junto a HanGuang-Jun? —preguntó otro de la secta YunmengJiang—. Estoy casi seguro... ¡Él fue quien tocó esa horrorosa melodía con una flauta en el momento que apareció esa extraña niebla!
—¡¿Una flauta dices?! —exclamó horrorizado un miembro de la secta LanLingJin.
—Sí, pero lo hizo de forma horrible. No se puede comparar a la flauta fantasma ChenQing.
—Y sigue a todas partes a HanGuang-Jun —añadió otro miembro de la secta YunmengJiang.
—¡¿Ahora acosa a HanGuang-Jun?! ¡¿Cómo es eso posible?!
—HanGuang-Jun lo mantiene vigilado por ser un cultivador demoniaco —soltó alguien de la secta QingheNie.
—¡Es un hereje!
—¡Un desviado!
—¡Debe ser castigado!
Las voces se sumaban y alzaban contra Wei WuXian de forma unánime. No parecía haber consideración alguna incluso si no era Wei WuXian. Pero él prefería ser linchado por hereje que por ser el odiado Patriarca YiLing.
—Y si en realidad fuera Wei WuXian, ¿no habría intentado matar a HanGuang-Jun en venganza? —cuestionó un miembro de la secta QingheNie.
—Significa que no es él —concluyó otro—. Es solo un lunático.
—¡Eso soy! —exclamó Wei WuXian, aún tendido en el suelo—. Sigo a HanGuang-Jun porque es muy atractivo. ¿Acaso tengo que besarlo para demostrarles que me gusta? —Jugueteó con el flequillo de su cabello. —No me molestaría hacerlo sin con eso demuestro mi inocencia, pero sería algo muy vergonzoso para HanGuang-Jun...
Los cultivadores presente abrieron los ojos sorprendidos y exclamaron escandalizados. Jiang Cheng sin embargo no dudó en saltar encolerizado.
—¡Que no los engañe! —bramó—. ¡Es Wei WuXian! ¡Haré que confieses ante todos!
—¿No está claro? —El mayor de los jóvenes de la secta QishanWen se atrevió a hablar. —Zidian no es un arma que fallaría al primer golpe. Él no es Wei WuXian.
—Es cierto, tío. —Jin Ling finalmente se atrevió a intervenir. —Él es Mo XuanYu. Es un enfermo. Tú mismo dijiste que Wei WuXian era alguien poderoso. Este sujeto es un don nadie que ni siquiera tiene núcleo dorado.
—¡Silencio! —exclamó Jiang Cheng enfurecido. ¿Cómo Wei WuXian había logrado revertir la situación a su favor con tan evidente descaro? Conocía mejor que nadie sus artimañas y la innata habilidad con las palabras, pero no imaginó que negaría la verdad ante sus ojos.
Zidian destelló en su dedo. Parecía no estar satisfecho con haberlo atacado una sola vez.
—Aún si tienes el descaro de negar ante mí que eres Wei WuXian, tu herejía como cultivador demoniaco debe ser castigada. No te librarás tan fácil. Haré que confieses por la fuerza y todos sabrán la verdad.
Lan WangJi se puso en guardia nuevamente.
—Por favor, no permitamos que un día tan importante para los jóvenes sea empañado por este mal entendido.
Todos voltearon hacia la entrada del edificio donde se encontraba el líder de la secta LanLingJin. El cultivador en jefe Jin GuangYao.
Finalmente había decidido intervenir.
—Líder de la secta Jiang —Se dirigió a él con una afable sonrisa. —Podemos aclarar esto después. ¿No le parece?
Jiang Cheng no respondió. Ya no había más que hacer si todos estaban convencidos de la inocencia de Wei WuXian. Lo miró una última vez y, tras dar media vuelta, se retiró.
Lan HuiYing no dudó en correr hacia Wei WuXian para asistirle. Había querido acercarse e intervenir desde el principio, pero ante la cólera de Jiang Cheng y el desafortunado primer encuentro que tuvieron en Qinghe, optó finalmente por permanecer cauto y dejar que Lan WangJi se hiciera cargo.
—Maestro Mo. —Examinó sus lesiones y su rostro se contrajo en una mueca de preocupación. —¡Está mal herido!
Wei WuXian vio la lesión en su tobillo y notó que goteaba sangre de este.
—No te preocupes —contestó tranquilo—. Es menos serio de lo que parece.
—Pero...
En ese momento Lan WangJi se volteó y lo observó cuidadosamente. Al detenerse a la altura de su tobillo, frunció el ceño con disgusto, seguido de algo parecido a un gruñido que fue apenas audible para Wei WuXian.
Lan XiChen se acercó y advirtió las lesiones que había provocado Jiang Cheng en Wei WuXian. Miró con preocupación a Lan WangJi y pudo adivinar cuán mal lo estaba pasando y lo que cruzaba por su mente en ese momento.
—WangJi, deberías llevarlo al palacio para que lo atiendan. —Su sugerencia vino acompañada de una pequeña palmada en la espalda para sacarlo del estado absorto en el que se encontraba frente a la herida de Wei WuXian.
—Oh, no es necesario —se apresuró a decir él mientras ocultaba con disimulo su lesión—. No podemos perdernos el banquete. HuiYing ganó el primer lugar y quiero acompañarlo.
Una sonrisa adornó el rostro gentil de Lan XiChen al ver cómo Wei WuXian mostraba un interés y afecto tan natural por Lan HuiYing. Incluso si no sabía la verdad, se podía apreciar el cariño que tenía por su hijo.
—Agradezco sus buenas intenciones... joven maestro Mo. —Le saludó con formalidad. —Pero es importante tratar sus lesiones.
—No se preocupe, maestro Mo. —Lan HuiYing le ofreció una sonrisa. —Debe darle prioridad a sus heridas.
Wei WuXian resopló decepcionado. En mal momento a Jiang Cheng se le había ocurrido molestarlo.
—Está bien —pronunció con algo de molestia—. Deberé agradecerle al líder de la secta Jiang por arruinar mi oportunidad de probar buena comida.
—Si quiere yo le guardo un poco —dijo Lan HuiYing.
Wei WuXian negó e intentó ponerse de pie, pero se dio cuenta que el dolor en su tobillo era más grande de lo que suponía y, tras emitir un pequeño quejido, cayó nuevamente al suelo.
Lan WangJi se inclinó para ayudarle y tuvo un mal presentimiento por ello. La imagen de la cacería nocturna en YiLing apareció de pronto en sus recuerdos.
—HanGuang-Jun, eres muy amable por preocuparte —se apresuró en decir—. Mi pierna no está tan mal como parece. En verdad estoy bi-
Antes de poder terminar de justificarse, su cuerpo se vio alzado por los brazos de Lan WangJi.
—¡HanGuang-Jun! ¡Yo puedo caminar solo! ¡HanGuang-Jun!
Intentó bajarse pero no lo consiguió. Cargado como una delicada señorita, solo pudo ocultar el rostro avergonzado tras sus manos bajo la mirada perpleja de los presentes, que no daban crédito de lo que veían.
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Ajeno a la sugerencia de Lan XiChen, Lan WangJi llevó a Wei WuXian a la posada. Durante el camino a esta y, tras entrar a ella, nadie quedó indiferente al verlo cargándolo como a una princesa, ni siquiera el casero, que dejó caer un vaso cuando los vio cruzar el primer nivel y subir las escaleras. Lan WangJi no lucía en lo absoluto preocupado por las miradas y comentarios indiscretos; él había pulido con los años su indiferencia frente a los demás, motivado por sus propias convicciones y decisiones. Wei WuXian en cambio no podía superar la vergüenza. Aunque fingiera frente a los demás ser un chiflado manga cortada y un descarado, por dentro sentía que iba morir. La forma en la que Lan WangJi le sostenía y contenía entre sus brazos aceleraba su corazón y estremecía su cuerpo de la cabeza a los pies de manera incontenible. Intentaba controlarse pero apenas podía respirar, porque el aroma a sándalo que despedía Lan WangJi se colaba por su nariz y envolvía cada rincón de su cuerpo.
Realmente sentía que estaba muriendo.
Lan WangJi ingresó al dormitorio luego de abrir la puerta con una sólida patada y lo dejó en la cama. Se quitó a Guqin de la espalda, a Bichen de la cintura y, tras depositarlos a ambos sobre la mesa, regresó con él.
Wei WuXian había enmudecido al presenciar el acto más descortés que pudo haber visto en Lan WangJi en toda su vida. Pero todo era tan distinto con él después de tantos años sin compartir la vida juntos, que ya nada debía de sorprenderle.
—HanGuang-Jun, ¿era necesario traerme así? —preguntó Wei WuXian a modo de queja—. Todos te quedaron viendo.
Él lo ignoró. Se arrodilló con una sola pierna frente a él y comenzó a atenderlo. Le retiró la bota derecha y examinó su tobillo. La marca inconfundible de Zidian ardía en un intenso color rojo sangre alrededor de su piel blanca.
—No duele, HanGuang-Jun —expresó con la intención de calmarlo—. De verdad.
La expresión afligida de Lan WangJi lucía apenas contenida. No podía perdonarse por haber dejado que terminara lastimado. Cada golpe e insulto que recibía era como un puñal en su corazón y detonaba algo en su interior, como si algo se quebrara y deshiciera a pedazos por dentro. Sus manos temblaron alrededor de su herida y juró en ese momento que jamás dejaría que algo así le volvería a pasar.
Wei WuXian se sentía un tanto incómodo. Si bien Lan WangJi atendía la herida en su vientre y ya existía la suficiente confianza entre los dos como para no sentir vergüenza, verle de rodillas sosteniéndole le pie le provocaba un ligero cosquilleo en el estómago. Sus manos estaban algo frías y contrastaban con el calor de pie herido, pero la suavidad con la que le sostenía y el roce sutil de la yema de sus dedos le causaban un agradable escalofrío.
—Te agradezco por haberme defendido —dijo de pronto, rompiendo el silencio—. ¿Realmente pensabas atacar al líder de la secta Jiang?
Lan WangJi asintió mientras dejaba su pie y sacaba de entre sus cosas ungüento y vendajes. Wei WuXian se dejó atender sin protestos. Realmente le dolía pero se negaba admitirlo. El dolor punzante le escocía la piel, y culpaba nuevamente al cuerpo débil de Mo XuanYu por resentir algo que en el pasado le habría resultado tan insignificante como un rasguño.
Lan WangJi comenzó a aplicar la medicina sin cruzar palabra. Estaba concentrado en ello para causarle el menor dolor posible. Wei WuXian sin embargo sentía que se estaba ahogando con tanto silencio. Las atenciones de Lan WangJi y su insistencia por tratarlo con tanta consideración, como si fuera lo más importante en su vida, lo estaban enloqueciendo. Pero finalmente fue la forma en la que lo tocaba y el esmero que ponía en ello que le impulsó a romper el silencio y confesar lo que yacía en lo más profundo de su corazón.
—Creo que ahora puedo entender por qué Wei WuXian se enamoró de ti. —Lan WangJi se detuvo y Wei WuXian pensó que se había molestado. Pero al ver que su expresión no había cambiado demasiado y lucía algo expectante, decidió continuar. —Porque detrás de ese riguroso y perfecto rostro que tus padres te heredaron, existe un hombre maravilloso.
Las manos de Lan WangJi temblaron y su garganta se apretó. Eran muchas las ocasiones en las que sentía el amor de Wei WuXian perdido e inalcanzable, pero eran momentos como estos cuando sus esperanzas de recuperarlo cobraban fuerza y vida.
Levantó la cabeza y sus miradas se encontraron. Las mejillas de Wei WuXian se habían ruborizado y lucía algo avergonzado, pero ya era tarde para arrepentimientos. Había dicho lo que realmente sentía en ese momento. Quería consolar a Lan WangJi y hacerle saber que él realmente lo había amado por quien era, aunque estaba seguro que en el pasado ya lo había hecho.
Intentó romper el contacto visual pero le fue imposible. El tiempo se había detenido para los dos y no existía la forma de apartarse de esa mirada que penetraba su alma y la desnudaba. Era tan intensa, tan insondable, tan misteriosa pero a la vez tan honesta y sincera, que lo conmovía y afloraba lo más profundo de su corazón. ¿Pero era ese amor perdido que buscaba recuperar o se trataba de uno nuevo? No estaba realmente seguro, pero todo de Lan WangJi le atraía demasiado como para ignorar los deseos por querer probar sus labios y confirmar si en el pasado era una de las cosas que le gustaba.
Sus ojos se desviaron tan solo un poco y se detuvieron en su boca. Ya sabía de antemano que le llamaba la atención y que anteriormente había deseado probarla. En aquel entonces se había contenido, pero ahora no sabía si podía hacerlo. Quizás eso faltaba para comprender lo que realmente sentía por Lan WangJi. Tal vez besándolo confirmaría sus sentimientos y entendería porqué su cuerpo vibraba cuando estaba con él.
Quiso inclinarse, dispuesto esta vez a no dar marcha atrás como en YiLing, pero un inoportuno llamado de la puerta mató toda intención. Lan WangJi también se mostró algo descompuesto por la interrupción, y pudo verse un atisbo de decepción en sus ojos claros en el momento que se puso de pie y fue a atender.
Wei WuXian aguardó en la cama y se preguntó si de no haber sido interrumpidos, se habrían besado. Resopló frustrado y se tendió boca abajo en la cama. El latigazo en la espalda aún le punzaba.
Lan WangJi se detuvo frente a la puerta y aguardó un momento antes de abrirla. Miró por sobre el hombro en dirección a la cama donde descansaba Wei WuXian y confirmó que el biombo de bambú que separaba el ambiente del dormitorio lo mantenía oculto. Una vez seguro de ello abrió la puerta y, al hacer contacto visual con el recién llegado, su ceño se frunció.
De pie en el pasillo estaba Jin GuangYao.
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Se anunció el inicio del banquete en el salón principal, y los presentes se encaminaron comentando —aún sorprendidos— la confrontación entre Lan WangJi y Jiang Cheng. Algunos culpaban al arrebato de Jiang Cheng; otros la insistencia ya conocida de Lan WangJi por oponerse al asesinato de cultivadores demoniacos. Las opiniones eran visiblemente divididas y los únicos que se abstenían de la conversación eran los miembros de la secta GusuLan. No pronunciaban palabra y lucían como si quisieran volverse invisibles ante los demás. Pero no era extraño que mostraran ese reservado comportamiento. Como secta, eran conocidos por las estrictas reglas que les prohibían incluso alzar la voz, pero desde hacía diez años parecían haber sido callados por completo, como si los hubieran forzado a silenciar incluso sus pensamientos.
Lan HuiYing permaneció a los pies de los escalones y vio a todos retirarse poco a poco. Nadie, aparte de Lan XiChen, se le acercó para felicitarlo. Quienes fueron testigo de su desempeño durante la competencia solo admitieron la aplastante derrota y lo ignoraron. Pero lejos de afectarle la indiferencia y el desprecio de los demás, se sentía más que satisfecho por haber enorgullecido a su padre y tío.
—HuiYing. —Lan XiChen lo llamó desde unos peldaños más arriba. —¿No vienes? Eres el merecido ganador. Debes estar presente.
Lan HuiYing miró en dirección al camino que conectaba con la ciudad.
—Iré en un momento, tío —contestó—. Tengo algo que hacer.
Lan XiChen no necesitaba más explicaciones que esa; sabía perfectamente lo que su pequeño y único sobrino pretendía hacer.
Sonrió y realizó un ademan con la cabeza, permitiéndole marcharse.
—Ve con cuidado.
—¡Lo haré! —contestó Lan HuiYing y se retiró.
La sonrisa gentil de Lan XiChen se acentuó mientras veía cómo Lan HuiYing atravesaba el patio central hasta perderse de vista. Luego miró hacia el palacio y su semblante se ensombreció. Incluso después de diez años, le resultaba imposible olvidar todo el daño que la secta QishanWen había causado, en especial a Lan WangJi y Wei WuXian. Fueron muchas las vidas perdidas y arruinadas por el deseo de un solo hombre, pero le consolaba saber que, después de tanta espera, su hermano finalmente había encontrado al amor de su vida y su sobrino conocería a la persona que le dio la vida.
Miró una última vez en dirección al sitio por el que Lan HuiYing se había marchado y emprendió el camino hacia el palacio.
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A un costado de la ciudad, conectado por un sendero empedrado, un bosque de fresnos se alzaba casi olvidado, y Lan HuiYing entró en él para encontrarse con alguien.
Tras unos minutos de caminata, se detuvo frente a un montículo de arbustos y sonrió expectante. Detrás de este, la figura vacilante de Wen Ning se hizo presente.
—Wen Ning —lo saludó.
Él salió detrás del montículo y se le acercó.
—Te felicito... HuiYing. —Algo parecido a una sonrisa apareció en su rostro pálido—. Obtuviste el primer lugar.
Como respuesta, Lan HuiYing amplió su sonrisa y acortó la distancia que Wen Ning mantenía.
—No seas tan formal, Wen Ning —pidió, y sacó de entre sus ropas el pergamino que le entregaron por su primer lugar—. Esto es tuyo.
Wen Ning dudó. No podía aceptarlo pero no porque no quisiera, sino porque lo consideraba demasiado importante y valioso como para merecerlo.
—Mi logro se debió a tus enseñanzas —continuó Lan HuiYing—. Has sido un muy buen maestro, y por eso quiero que conserves este reconocimiento. Sé que no es mucho pero...
—¡N-no! —exclamó Wen Ning de forma atropellada mientras lo recibía—. Esto es... es...
Su expresión se congestionó, y observó con manos temblorosas el pergamino. Estaba conmovido; más de lo que un cadáver como él podía expresar, y Lan HuiYing se dio cuenta de ello.
—Recordé el relato que me contaste de cómo mi papá y tú se conocieron —comentó para animarlo—. Fue en una competencia como esta, ¿no es así?
Wen Ning asintió.
—Él elogió tu habilidad pese al desprecio de tu propia secta.
Wen Ning recordó con agrado aquel momento, y por un instante sintió que había vuelto al pasado.
—El joven amo Wei siempre fue gentil —declaró—. Por eso le estaré agradecido por siempre.
El semblante de Lan HuiYing pareció iluminarse y sus ojos claros fulguraron. Hasta el más mínimo relato relacionado con Wei WuXian lo emocionaba.
—Mi papá siempre te consideró un amigo, y para mí también lo eres. —Terminó con la distancia que los separaba y lo abrazó. —Eres mi mejor amigo, Wen Ning.
Wen Ning dio un respingo ante el cálido contacto, y por un instante tuvo ganas de llorar aun cuando sabía que aunque lo deseara jamás sucedería. Finalmente correspondió el gesto con un tímido pero firme abrazo, porque el cariño que tenía por Lan HuiYing era inmensurable, y así como había sucedido en el pasado, lo protegería hasta el final de sus días.
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Lan WangJi permaneció inmóvil e inalterable frente a la agradable e inocente figura de Jin GuangYao. Su semblante armonioso y su sonrisa confiada parecieron ampliarse al ser recibido.
—HanGuang-Jun, qué sorpresa —exclamó él, y miró en ambas direcciones con algo de confusión—. Me dijeron que este es el dormitorio de Mo XuanYu... ¿acaso me equivoqué?
—No.
Jin GuangYao forzó una sonrisa nerviosa e intentó mirar hacia el interior de la habitación, pero la estatura de Lan WangJi no le permitió ver más allá de sus hombros.
—¿Qué necesita? —pronunció Lan WangJi al advertir sus intenciones.
—Se debe al incidente de hace un momento —contestó Jin GuangYao—. Vine a disculparme en nombre del líder de la secta Jiang. Él... es muy temperamental, y se sintió abrumado por la competencia. Suele presionar mucho a sus discípulos...
Lan WangJi permaneció en silencio y no se mostró dispuesto a aceptar las disculpas; estas le resultaban irrelevantes, en especial porque Jin GuangYao las pronunciaba. Lo observó fijamente y empuñó las manos con disimulo mientras los recuerdos de aquella noche de hacía diez años volvían a su memoria.
Jin GuangYao notó su incomodidad y se apresuró a cambiar de táctica. Gracias a la aridez con la que Lan WangJi se relacionaba, se había quedado rápidamente sin argumentos que justificaran su visita, y confirmó que, la diferencia con su hermano Lan XiChen, era abismal.
—¿XuanYu se encuentra bien? —se apresuró a decir—. La verdad es que él dejó hace mucho la secta, pero sigue siendo parte importante de nuestra familia.
Lan WangJi sabía que sus palabras estaban llenas de mentira, y que sus verdaderos intereses yacían muy ocultos tras su falsa sonrisa.
—Quisiera saber si es posible verlo y charlar un poco con él. Ha pasado tanto tiempo que...
—No es posible —le atajó Lan WangJi.
Jin GuangYao abrió los ojos con sorpresa y los desvió nuevamente al interior del dormitorio. Quizá si se mostraba más insistente conseguiría su cometido.
—Oh, ¿y puedo saber el motivo? Acaso...
—Está descansando.
—Entiendo. —Sonrió. —Espero que sus lesiones no hayan sido graves. Quisiera que asistiera al banquete.
—No lo hará.
La parquedad con la que Lan WangJi le respondía no era inusual, pero Jin GuangYao se sentía atacado y algo ofendido. Su semblante se mortificó y dio un paso hacia atrás.
—Lamento mucho haber interrumpido. Sé que XuanYu no lo ha pasado bien, y me alegro que alguien como tú lo esté cuidando.
Lan WangJi asintió y aguardó a que se marchara. Jin GuangYao dio media vuelta y, tras esbozar una sonrisa, se retiró. Mientras se alejaba, los puños de Lan WangJi se cerraron al punto de empalidecer sus nudillos y enterrarse las uñas en las palmas, haciéndolas sangrar. No quería que Jin GuangYao pusiera sus ojos sobre Wei WuXian. Incluso si tenía que impedirlo con sus propias manos, lo protegería de él.
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El banquete dio inicio y los participantes fueron los comensales de honor. La comida y las bebidas circulaban por las mesas, pero parecía haber cierta tensión en el ambiente. Después del incidente durante la competencia, los rumores de un nuevo enemigo asechando despertaron las alarmas en las sectas. Se miraban con preocupación y murmuraban con disimulo, hasta que un cultivador de la secta LanLingJin encontró al culpable.
—¿Acaso no es obvio quién lo hizo? —exclamó—. ¡Fue Wei WuXian! ¡Ese monstruo no nos dará descanso hasta acabarnos!
Jiang Cheng frunció el ceño. No podía desmentir semejante acusación pero tampoco validarla. Durante la competencia se había mantenido muy pendiente de los movimientos de Wei WuXian, y aunque jamás lo vio realizando algo extraño, tampoco lo consideraba del todo inocente.
—Pero él hacía cosas aún más espectaculares que asustar adolescentes —señaló otro de la secta QingheNie—. Si quisiera perturbarnos habría hecho algo mucho más aterrador.
—¿Y quién más haría algo así?
—Existen muchos cultivadores. Cualquiera...
—Cualquiera que sea demoniaco.
—¡Por eso hay que cazarlos a todos y exterminarlos!
La tensión subía de tono y, desde un rincón del salón, Lan HuiYing escuchaba conteniendo el impulso de callarlos a todos y decir lo que sabía. No se consideraba impulsivo ni irreflexivo; había aprendido muy bien lo que significaba la mesura y el respeto bajo las estrictas y disciplinadas enseñanzas de la secta GusuLan, pero lo olvidaba todo cuando alguien acusaba o insultaba a Wei WuXian por todo lo malo del mundo.
Lan XiChen se percató de su molestia y palmeó con disimulo su hombro derecho, conteniéndolo. Después que lo vio llegar al salón tras su encuentro con Wen Ning y se mostró incómodo por las habladurías en contra de Wei WuXian, no quiso apartarse de su lado. Los miembros de la secta que le acompañaban protestaron por su evidente favoritismo, pero nada podían hacer sabiendo que compartían la misma sangre.
—Tranquilo —le dijo, manteniendo la mano sobre su hombro—. Solo es un mal entendido.
Lan HuiYing asintió cabizbajo. Agradecía el afecto de Lan XiChen y sus palabras, pero en ese momento solo quería estar junto a Lan WangJi y Wei WuXian.
—Quisiera volver con mi papá —contestó.
Lan XiChen asintió con tristeza.
—Entiendo tu malestar —confesó—. Tampoco me agrada que después de tanto tiempo sigan culpando injustamente a la misma persona.
El rostro de Lan HuiYing se contrajo en una mueca de abatimiento y empuñó las manos. Le dolía el corazón ver cuánto odio le tenían a la persona que había sacrificado su vida por amor. Sabía bien que Wei WuXian había cometido errores en el pasado, pero no se le hacía justo que continuaran apuntándolo con el dedo como el único ser capaz de hacerle daño a lo demás, incluso después de tantos años.
—No es justo —murmuró con la voz algo quebrada—. Mi papá no ha hecho nada malo.
—Lo sé, HuiYing. Lo sé...
—El odio y la ignorancia les ha nublado la mente.
—Debes entender que las cosas no fueron tan simples en el pasado —explicó Lan XiChen.
Lan HuiYing negó con la cabeza y alzó la mirada.
—¿Pero por qué no investigan como lo estamos haciendo nosotros? ¿Por qué nadie hace nada? —Miró con enojo al grupo de cultivadores que continuaba discutiendo. —Han muerto personas inocentes, y ellos prefieren realizar banquetes ostentosos y culpar a mi papá...
Lan XiChen se paró frente a él y apoyó ambas manos sobre sus hombros.
—HuiYing, se paciente —le pidió—. La verdad es poderosa, y pronto saldrá a la luz.
Sus palabras de consuelo parecieron no ser suficientes, aun así Lan HuiYing asintió y apartó la mirada de los cultivadores que continuaban discutiendo.
De pronto se les acercó un miembro de la secta QishanWen. Era el mayor de los jóvenes que participaron en la competencia. Los miró a ambos con una expresión gentil y reverenció con propiedad a Lan XiChen.
—Buenas noches, líder de la secta Lan. —Lan XiChen le respondió con agrado. —Es un honor para mí poder saludarle y darle la apropiada bienvenida a nuestra ciudad.
—Agradezco tu recepción —respondió él.
El joven asintió y miró por un instante a Lan HuiYing.
—Líder de la secta Lan, quisiera saber si es posible que me permita hablar con el ganador de la competencia.
Lan XiChen miró a Lan HuiYing. Desconocía las intenciones de tan cordial joven, pero tampoco podía negarse gratuitamente. Se mantendría cerca y estudiaría la reacción de Lan HuiYing. Si Lan WangJi no se encontraba en el palacio por cuidar a Wei WuXian, él procuraría vigilar y cuidar a su pequeño sobrino.
—Claro, como jóvenes que son, deben relacionarse.
Miró una última vez a Lan HuiYing y se retiró.
Lan HuiYing esperó paciente por la interpelación del joven. No le parecía incómoda su presencia; más bien le daba curiosidad su inesperado interés por hablarle.
—Quisiera partir por agradecerte, Lan HuiYing. —El joven hizo un gesto con las manos a modo de reverencia. —De no haber sido por ti, muchos habríamos resultado heridos.
Su inesperado agradecimiento sorprendió a Lan HuiYing. Hasta ahora nadie se le había acercado para reconocer su intervención en la competencia. No lo esperaba ni deseaba, pero el gesto le resultaba de algún modo satisfactorio.
—No necesitas darme las gracias —respondió con honestidad—. Todos colaboramos para salir de allí.
—Pero fue gracias a ti que lo conseguimos —insistió el joven—. Dime, ¿cómo supiste dónde dispararle a los fantasmas?
Los labios de Lan HuiYing se tensaron un poco y aguardó silencio un momento. Quería ser cuidadoso con las palabras y parecer lo más corriente posible.
—Solo fue intuición —contestó.
El joven se mostró algo decepcionado. Esperaba una explicación más sobresaliente que solo una coincidencia, pero no insistiría en ello.
—Hay... otra cosa de la que quisiera hablar, si me lo permites —pronunció con un tono más reservado—. La persona que fue atacada por el líder de la secta Jiang, es el joven maestro Mo XuanYu, ¿verdad?
—Sí —contestó—. ¿Lo conoces? —preguntó curioso.
—Tuve el agrado de conocerlo hace unos años. Mi hermano y él... —La expresión del joven se tornó incómoda y miró a los costados con algo de nerviosismo. Se dio cuenta que había hablado sin medir consecuencias.
Lan HuiYing advirtió su inquietud y le ayudó.
—Sé lo del maestro Mo —declaró.
El joven pareció suspirar aliviado.
—No es fácil mencionarlo en un tema de conversación —confesó—. No es que me moleste, pero para los demás no es agradable...
—Lo sé —asintió Lan HuiYing—. Solo son prejuicios.
—Él... ¿es tu maestro?
Lan HuiYing asintió.
—¿Y se encuentra bien? La última vez que supe de él... —Su expresión se tornó acongojada, como si fuera a ponerse a llorar.
—¿Por qué no se lo preguntas directamente? —preguntó Lan HuiYing—. Si se conocen de seguro le dará gusto verte.
Una sonrisa apareció en los labios del joven y animó su expresión.
—Lo haré.
Miró un momento hacia el salón y resopló algo molesto. La discusión acusando a Wei WuXian continuaba y de pronto se calentaba. Volvió el rostro hacia Lan HuiYing y reparó en su expresión incómoda.
—También te molesta que hablen mal del joven maestro Wei, ¿verdad?
—Bastante —contesto Lan HuiYing.
—No entiendo por qué insisten en culparlo por todo —espetó el joven—. Él... fue una buena persona.
Lan HuiYing reaccionó a su comentario.
—¡¿Lo conociste?! —preguntó precipitado.
El joven asintió con una sonrisa.
—Él nos salvó... a mi familia y a mí durante la campaña de "La caída del sol" —explicó—. Fuimos capturados por nuestra propia secta y él nos ayudó. Nos dio refugio en la colina LuanZang luego de sacarnos en persona de aquí.
Los ojos claros de Lan HuiYing fulguraron emocionados y su semblante abrumado cambió por completo. Había encontrado finalmente a alguien —además de Lan WangJi y Wen Ning— con quien hablar de Wei WuXian.
Quería conocerlo un poco más; saber todo lo que había compartido con Wei WuXian. Hasta el más mínimo detalle.
—¿Es posible que me cuentes más de eso? —preguntó enérgico—. Tu experiencia de haber compartido con el Patriarca YiLing.
El rostro del joven pareció iluminarse con la idea. Hasta ahora no había encontrado personas con las cuales hablar de Wei WuXian, y el tener una en frente reavivaba en su memoria valiosos momentos de su tiempo en YiLing.
—¿De verdad te interesa? —La voz del joven recuperó algo de viveza. —No tengo problema...
—¡Claro que sí! —contestó Lan HuiYing con entusiasmo—. Quiero saber todo sobre él.
—No es común encontrar personas interesadas... —comentó el joven con algo de agobio—. Pero... ¿por qué quieres que te hable de él?
Lan HuiYing dudó un momento. No era simple explicar la razón, pero podía ser honesto.
—Porque no tuve la oportunidad de conocerlo —respondió.
La respuesta fue más que suficiente.
—De acuerdo. —El joven aceptó. —Podemos charlar mañana.
Una sonrisa afloró en los labios de Lan HuiYing. De pronto reparó en algo que hasta el momento no había preguntado.
—Por cierto, ¿cómo te llamas?
—Oh, lamento no haberme presentado apropiadamente. —El joven reverenció. —Mi nombre es Wen Yuan; nombre de cortesía: Wen Sizhui.
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A pesar del ambiente distendido y de cómo con el correr de las horas habían olvidado a Wei WuXian, Jiang Cheng no estaba contento. Miraba en dirección de Lan HuiYing y arrugaba el ceño, como si estuviera viendo lo peor del mundo. Aún resentía su bochornosa y malograda acusación contra Wei WuXian hace unas horas atrás, y tan solo saber que ese niño era su hijo, más lo incordiaba.
Desde un costado, ocultando la mitad de su rostro tras un vistoso abanico, Nie HuaiSang lo observaba con disimulo. No le había quitado la mirada de encima desde que llegaron al salón y, tras el incidente en las afueras del palacio, se preguntaba cómo podía estar tan seguro de que Mo XuanYu era en realidad Wei WuXian. ¿Qué pruebas tenía para afirmarlo al punto de dejarlo al descubierto frente a todos? Sabía mejor que nadie que Jiang Cheng estaba obsesionado con encontrar a Wei WuXian solo para matarlo. Con el correr de los años había notado los cambios en su personalidad y precisamente esos cambios los habían distanciado. Ya no eran amigos. Apenas y se dirigían la palabra a menos que fuera necesario. La muerte de Wei WuXian lo había amargado y podía notarlo en sus gestos y acciones, incluso en lo que salía de su boca.
De algún modo u otro se sentía culpable por no haber tenido el coraje para apoyarlo, pero sus visiones eran distintas en ese entonces y ahora. Durante la persecución que las sectas organizaron para tomar la cabeza de Wei WuXian, él fue uno de los pocos que se reusó a participar, aun cuando su hermano y líder en aquel entonces, lo había amenazado con golpearlo si no accedía. Pero tenía sus principios claros. Conocía demasiado bien a Wei WuXian como para haberle dado la espalda solo por ser un cultivador demoniaco.
Después de todo... él conoció su secreto.
Jin GuangYao reparó en lo solitario que lucía Jiang Cheng en una de las mesas y se atrevió a acercársele para indagar en el motivo de su enojo.
—Líder de secta Jiang, ¿por qué parece no estar disfrutando de la velada? Jin Ling obtuvo el segundo lugar; es motivo de celebración.
La molestia en el rostro de Jiang Cheng se acentuó. No estaba contento en lo absoluto con el desempeño de Jin Ling, y la proximidad de Jin GuangYao solo empeoraba su disgusto. No le simpatizaba y jamás lo haría. Había algo en su rostro y manera de hablar que no le gustaba, y lamentaba compartir a Jin Ling con él.
—Eso no merece celebración —espetó mientras se llevaba su vaso de licor a los labios—. Está claro que el primer lugar fue tomado por alguien inadecuado.
Jin GuangYao parpadeó confundido.
—¿Por qué lo dice? —quiso saber—. El discípulo de la secta Lan fue el ganador de forma justa. ¿O su queja va más allá de la competitividad?
Con un brusco movimiento, Jiang Cheng dejó caer de golpe el vaso en la mesa y se puso de pie con la intención de marcharse.
—Aguarde, líder de la secta Jiang. —Jin GuangYao se apresuró en detenerlo. —Hay algo que quisiera preguntarle.
Aguardando por la consulta, los ojos de Jiang Cheng se entrecerraron con molestia.
—Se trata de su acusación contra Mo XuanYu. —Hizo una pausa y luego añadió: —¿Por qué aseguró que se trataba de Wei WuXian?
Jiang Cheng no pudo evitar mirarle con desagrado. Revivir ese momento lo sulfuró todavía más.
—Saque sus propias conclusiones —espetó.
Dio media vuelta y se retiró.
Jin GuangYao suspiró resignado frente al temperamento irritable de Jiang Cheng. Reacciones tan vehementes como aquellas siempre le generaban sobresaltos, por lo que prefería mantener las distancias para evitar cualquier mal rato. Pero el parentesco político que compartían por Jin Ling y sus títulos de líderes de secta lo forzaban a relacionarse y tolerarlo.
Lo observó retirarse del salón y luego su mirada se desvió hacia Lan HuiYing, que en ese momento charlaba con Wen Sizhui. Lo contempló detenidamente y entrecerró los ojos al repasar la explicación que tuvo de cómo habían logrado librarse de los fantasmas alterados.
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Wei WuXian abrió los ojos y vio el dormitorio en penumbras. Después que cruzó por su mente la idea de besar a Lan WangJi y fueron interrumpidos, se tendió en la cama y cerró los ojos un momento en busca de un alivio para sus heridas. No sabía en qué minuto se había rendido al agotamiento, pero el descanso le había resultado reparador pues ya no le punzaba cada rincón del cuerpo.
Se removió en la cama y descubrió a Lan WangJi sentado frente a la mesa, acompañado por un par de velas. Estaba escribiendo.
—¿Me dormí? —Su pregunta fue más bien una confirmación.
—Lo suficiente para que recuperes tus fuerzas —contestó Lan WangJi sin desatender su escritura.
Wei WuXian se sentó despacio. La espalda le punzaba un poco, pero no se quejó.
—¿Y el banquete? —preguntó—. ¿No asististe?
—No hace falta.
Lo cierto era que Lan WangJi no quería dejarlo solo. La visita inesperada e inoportuna de Jin GuangYao le había dejado una incómoda sensación, y que solo junto a Wei WuXian se disipaba.
El silencioso ambiente se rompió de pronto por el sonoro gruñido del estómago de Wei WuXian demandando comida.
—¿Ya cenaste? —preguntó a Lan WangJi mientras se estiraba un poco.
—Te estaba esperando —respondió.
Una sonrisa involuntaria apareció en los labios de Wei WuXian al escucharle. Caminó brincando en un pie hasta la mesa y se sentó frente a él.
—¿Cenaremos aquí o en el comedor? —Sus ojos se posaron un instante en su rostro y sus mejillas se encendieron un poco. Incluso bajo la luz de una vela él lucía hermoso.
—Aquí —dijo Lan WangJi sin mirarle.
—¿Solos... tú y yo?
Esta vez Lan WangJi alzó la mirada y se encontró con la de Wei WuXian. Asintió en silencio y retomó su escritura. Wei WuXian sintió un ligero sobresalto en el pecho ante el encuentro de sus miradas y concentró su atención en la libreta en la cual apuntaba tan concentradamente. Apoyó la cabeza en los antebrazos cruzados sobre la mesa y lo observó con detenimiento.
—¿Qué escribes? —curioseó, intentando leer lo escrito.
Como respuesta, Lan WangJi cerró la libreta y la guardó entre sus pertenencias. Se puso de pie y caminó hacia la puerta. Wei WuXian no le prestó demasiada importancia; no era primera vez que lo sorprendía escribiendo en esa libreta, y supuso que no había dejado atrás sus viejos hábitos quisquillosos de juventud.
—Iré a pedir la cena.
—Oh, está bien. —Wei WuXian posó los codos sobre la mesa y descansó el mentón en sus palmas. —¿Y HuiYing?
—Está en el banquete... al cuidado de mi hermano.
Wei WuXian alzó la cabeza.
—Él sabe de HuiYing, ¿no es así?
Lan WangJi asintió.
—¿No se opone?
—No.
El rostro de Wei WuXian reflejó su sorpresa. Ya se había acostumbrado a que Lan WangJi aceptara la naturaleza de Lan HuiYing, pero que alguien como Lan XiChen lo hiciera del mismo modo no era normal.
Vio a Lan WangJi salir del dormitorio y regresó el mentón a sus palmas. Su atención se desvió hacia la ventana entreabierta y observó el cielo oscuro y estrellado. Podía sentir cierta nostalgia del lugar, pero el dolor por el pasado que experimentó a causa de la secta QishanWen solo le atenazaba el corazón. Podía recordar perfectamente cuando Yunmeng cayó, el dolor de Jiang Cheng al perder a sus padres y el sacrificio que hizo por él para no dejarlo morir. Recordaba el tormento que soportó bajo las manos de Wen Chao y sus hombres. También el infierno que vivió en YiLing cuando fue consumido por la energía resentida y cómo finalmente fue por la cabeza de Wen RuoHan. Pero después de tomar su cabeza ¿qué hizo? Pensó en la posibilidad de que sus pasos le hubieran llevado hasta Lan WangJi, pero no recordaba en ese entonces haber tenido una relación con él más que la de viejos amigos. Entonces ¿qué sucedió después?
Se miró las manos, como si la respuesta estuviera en ellas, y suspiró. Cada día se convencía que ese vacío en sus recuerdos en realidad no tenía un propósito. Sentía que sus recuerdos habían sido deliberadamente arrancados porque no podía simplemente haber olvidado la mitad de su vida, menos siendo tan importante la última parte de ella. Y si Lan WangJi lo amó tanto como admitió Wen Ning, quería recuperar ese recuerdo, quería recordar lo que se sentía ser amado por Lan WangJi y entender por qué murió por su mano. Él no estaba dispuesto a decirle el motivo y no podía preguntarle a cualquiera.
El único testigo era Lan WangJi.
—Entonces cómo todos aseguran que él me mató.
La duda se plantó en su corazón al creer que Lan WangJi le había mentido. ¿Pero con qué propósito lo haría? Él mismo había admitido ser su asesino, pero al verlo a los ojos parecía una víctima de su capricho.
—Yo le pedí que me asesinara... ¿por qué? —De pronto llegó a su mente la figura del sello del tigre Estigio, y supuso que eso tenía la culpa.
Su semblante se ensombreció al creer en esa posibilidad, y se culpó una vez más por haber creado un objeto tan siniestro como poderoso. Le aliviaba sin embargo saber que actualmente había desaparecido, al menos una mitad de este. Ya no representaba ninguna amenaza, y la parte sobreviviente estaba en el lugar más seguro del mundo.
—Es mejor así... —murmuró.
Escuchó que se abría la puerta y alzó la mirada. Lan WangJi cruzaba en ese momento el umbral, y esbozó una sonrisa al reconocerlo.
Sabía que no sería sencillo afrontar su pasado perdido, pero ya había tomado la decisión de recuperarlo. Estaba dispuesto a buscar cada pista necesaria para volver a enamorarse de Lan WangJi.
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Lan HuiYing sintió que ya debía volver a la posada, por lo que se despidió de Lan XiChen y dejó el salón poco antes del término del banquete. Se sentía cansado pero satisfecho, no solo por el haber ganado la competencia y con ello enorgullecer a Lan WangJi, sino porque había conocido a una persona con la cual hablar de Wei WuXian. Wen Sizhui había acordado conversar mañana antes del comienzo del quinto día de conferencia de discusión, y las ansias por conocer detalles que quizá Lan WangJi desconocía o había omitido en sus relatos lo llenaban de ansiedad. Había mucho aún por descubrir y conocer de la persona que le había dado la vida, y eso desbordaba su corazón.
Se detuvo junto a los escalones exteriores que daban una amplia visual del vasto terreno de la secta QishanWen y observó el paisaje nocturno. Conocía en detalle la historia que allí había sucedido durante la campaña de "La caída del sol" y las vidas que se perdieron en ella, incluyendo la de Wen Ning. Pisar el suelo donde se derramó tanta sangre inocente como culpable le generaba diversos sentimientos. Conocía también los detalles de cómo Wei WuXian había acabado con la vida de Wen RuoHan y lo que hizo después de empalar su cabeza frente a las puertas del palacio.
De pronto se sintió observado y volteó curioso.
Era Jin GuangYao.
—Eres... Lan HuiYing, ¿verdad?
Con un ademán con la cabeza, Lan HuiYing se inclinó en reverencia. Sabía que él era importante y merecía respeto.
—No tuve la oportunidad de felicitarte personalmente por tu participación en la competencia. —Una sonrisa cordial le siguió al halago de Jin GuangYao. —Fuiste el más joven de los participantes y obtuviste el primer lugar.
—Tuve un buen maestro —respondió Lan HuiYing con tono cordial.
La expresión de Jin GuangYao se mostró distendida y la acompañó con una postura relajada, que no delataba a un líder de secta de su posición y prestigio.
—Felicita a tu maestro de mi parte —pronunció con agrado—. Debe ser alguien muy hábil sin duda. —Hizo una pausa y luego añadió con inquietud. —También quisiera disculparme por el incidente que se suscitó durante la competencia. Fue un evento desafortunado.
Lan HuiYing negó, restándole importancia.
—Fue una suerte que hayan logrado enfrentar la situación —continuó Jin GuangYao.
—Todos ayudaron —aclaró Lan HuiYing.
Jin GuangYao asintió.
—Es la esencia de las competencias —señaló—. Aunque algunos aprovechen estos encuentros para incrementar el prestigio de sus sectas, lo principal es la confianza y colaboración por un bien común.
Aunque había algo en su mirada y sonrisa que a Lan HuiYing no le hacía sentir completamente cómodo, podía apreciar con agrado su visión como jefe de los cultivadores.
Quiso responder a su comentario pero la afable sonrisa Jin GuangYao cambió de pronto y mostró un semblante preocupado, como si algo lo hubiera perturbado.
—Espero que para una próxima competencia un incidente como el que ustedes vivieron no se vuelva a repetir —declaró de forma convincente—. No descansaremos hasta averiguar lo que sucedió, y si alguien tuvo que ver en ello.
—Espero lo logren —dijo Lan HuiYing.
—Sin duda lo haremos —aseguró—. Y si alguien estuvo detrás lo atraparemos, porque cometió un error al dejarnos una pista de sus intenciones. —Rebuscó entre sus ropas y sacó unos trozos de papel. —Estos talismanes los encontraron en el bosque de piedra, donde ustedes quedaron atrapados. ¿Los reconoces?
Lan HuiYing los observó. Lucían como cualquier talismán de control, pero sabía que detrás de los trazos visibles había otros ocultos, y que solo con sus ojos de cultivador demoniaco podía verlos.
Alzó la vista para responder, pero enmudeció un instante al darse cuenta que Jin GuangYao lo miraba fijamente.
—Sí —contestó al fin—. Pertenecen a los fantasmas alterados.
—Resulta extraño que estos talismanes de control pudieran ser responsables —comentó Jin GuangYao con tono gentil—. La investigación inicial no detectó nada extraño en ellos.
—Quien los haya alterado, quiso asegurarse de que nadie detectara su intervención —advirtió Lan HuiYing.
Jin GuangYao entornó la mirada y observó los trozos de papel con detención, como si intentara encontrar algo en ellos.
—Lucen tan normales... —expresó reflexivo, y desvió su atención a Lan HuiYing—. Me dijeron que tú pudiste encontrar el punto débil de los fantasmas debido a estos talismanes. ¿Es eso cierto?
Lan HuiYing miró de reojo los trozos de papel y dudó un momento antes de responder.
—Solo fue coincidencia. —Mintió. No podía simplemente dejar en evidencia su poder como cultivador demoniaco. —Al ver que no funcionaba disparar al blanco correcto, supuse que el comportamiento errático de los fantasmas estaba relacionado con la capacidad de control sobre ellos. El resto fue trabajo en equipo.
Con una expresión casi neutral, Jin GuangYao permaneció silencio y decidió regresar los talismanes al bolsillo.
—Con esto confirmo el por qué obtuviste el primer lugar de la competencia. —Posó una mano sobre el hombro derecho de Lan HuiYing y acompañó el gesto con una sonrisa. —Tienes un futuro prometedor en la cultivación, y sin duda traerás orgullo a tu secta.
Jin GuangYao actuaba con tanta amabilidad que abrumaba, pero fue el toque de su mano y el calor de esta sobre su hombro, que incomodó a Lan HuiYing. No le agradaba la confianza con la que se atrevía a tratarle, pero tampoco había motivo para despreciarle.
—HuiYing.
El llamado repentino de Lan WangJi proveniente de unos escalones más abajo los interrumpió.
—HanGuang-Jun. —Jin GuangYao se sintió un poco expuesto. Retiró la mano del hombro de Lan HuiYing y mantuvo la sonrisa en los labios. —Qué grata sorpresa. Creí que no vendrías, aunque el banquete está por finalizar.
Él pareció ignorarle y se acercó a Lan HuiYing. Lo asió de un brazo y lo apartó con disimulo de Jin GuangYao.
—Vamos —le ordenó.
Lan HuiYing no se opuso y se despidió de Jin GuangYao con un ademán cortés.
—Espero que la estancia en Buyetian les sea satisfactoria el resto de la conferencia de discusión —dijo él—. Y espero que XuanYu se encuentre mejor. Nuevamente me disculpo en nombre del líder de la secta Jiang.
Lan WangJi apenas reverenció y se retiró con Lan HuiYing. Jin GuangYao los observó fijamente mientras se alejaban. Una vez a solas, su sonrisa se borró y una mirada sombría apareció en sus ojos. Sabía que Lan HuiYing le había mentido y necesitaba conocer el motivo.
Desde un costado, una sombra surgió. Jin GuangYao advirtió su presencia y le dio una sola instrucción:
—Vigila a ese niño.
...Continuará...
