Todavía hay que escapar de la mansión Agreste y eso Emilie lo sabe. Ni bien Chat Noir escapa con Ladybug, llega su turno para cobrarse por todas las rabias acumuladas en el año. En verdad Gabriel ni se esperaba una reacción en cadena de esta magnitud… Por otra parte, Jade Turtle y Mink esperan explicaciones. ¡GRACIAS POR LEER!
DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Toons y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.
ADVERTENCIAS
ESTAMOS EN ÉPOCA DE PLAGA.EL CORONAVIRUS ENFERMA HORRIBLE Y LOS GRUPOS DE RIESGO SON MÁS VULNERABLES QUE NUNCA. NO HAY SUFICIENTES CAMAS EN LOS HOSPITALES NI VENTILADORES PARA TODOS. QUÉDENSE EN CASA, LÁVENSE LAS MANOS Y CUÍDENSE MUTUAMENTE.
Gabriel es un desgraciado que odio con toda mi alma y en este fic es más desgraciado que nunca y no me voy a cansar de decirlo
Y puede haber spoilers de la tercera temporada.
TENGAN PELOTITA ANTIESTRÉS A MANO
"BARRERA DEL SONIDO"
Capítulo 18: Escape de la mansión
Mansión Agreste. Relicario.
Madrigada del viernes. 2:24 hrs.
La inmensidad blanca desapareció tras un campanazo que le dejó a todo el mundo con un timbre en los oídos. Chat Noir tenía los ojos bien apretados y se tapaba los oídos con fuerza. Volvía a estar sumido en el más profundo de los silencios, pero como que los tímpanos le zumbaban, como si le hubiera dado una otitis de las fuertes. Abrió un ojo con cautela… Papillón y su madre estaban igual que él, cubriéndose los costados de la cabeza. Por el rabillo del ojo vio una sombra que escapaba a toda prisa, siendo seguida por ¿Saule? Eso debía ser Marcel… Recordaba haber escuchado (por bizarro que sonara) que la sombra huiría a la primera oportunidad sin su premio y que el extraño tendría que darle caza.
¡LADYBUG!
Como si fuera un látigo, Chat se giró hacia la heroína, quien estaba hecha un ovillo a su costado. Le sangraba la nariz, cierto, también se tapaba los oídos y sus ojos lo miraban cristalizados, pero ya no se veía tan al borde de la muerte, ni tenía venas dibujadas por su rostro. Se apresuró en agacharse junto a ella, con las orejas de gato achatadas contra su cabeza y la angustia apretándole la garganta comenzó a hacerle algunas señas…
—¿Ma lady?
—Chat... chaton… no me siento bien. ¡Je suis disolée! —Ladybug apenas hizo unas señas y se encogió más sobre sí misma, pero le sonrió de todos modos.
—Miau.
Con cuidado Chat Noir comenzó a levantar a Ladybug en sus brazos cuando el traje le advirtió de un repentino ataque. Dejó a la chica en el suelo y se giró sobre su eje, mostrando los dientes, con los ojos afilados, las garras listas para afilarlas en lo que sea que se le viniera encima y el bastón presto para romper dientes.
Papillón había sacado su estilete de su funda y con fiera mirada lo embestía dispuesto a romperle su mandarina en gajos. ¡ARGH! ¡SUFICIENTE CON ESTO! No sería la primera vez que se enfrentaba a Papillón, pero ahora sí que estaba seguro de que era su padre. ¡Y tenía los medios para enfrentarlo! No se dejaría dar paliza y ansiaba en serio devolverle varios golpes que le debía.
Entonces vio algo.
Emilie lo miraba pálida de la urgencia. La mujer estaba horriblemente angustiada, pero muy en control de la situación.
—Ladybug. Hospital. ¡AHORA! —señaló con tanta autoridad que temió desobedecerla.
Chat Noir bloqueó el ataque de Papillón y se enzarzó brevemente en un intercambio de golpes y estocadas. El villano estaba enfurecido, pero no desesperado. En su mente, había ganado un punto importante y solo quería finiquitar el trabajo. Y quizás confiado de ello no alcanzó a bloquear el arañazo que Chat le dio en toda la cara. ¡Eso iba a dejar cicatriz!
—¡Vas a ver gato roñoso!
—¡ÑYAAAAAAARGH!
—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!
Emilie chilló con toda su fuerza, al mismo tiempo que se agachaba, como presa de un ataque de histeria. Papillón se detuvo en el acto y no dudó en ir corriendo tras ella a ver qué le pasaba. Chat Noir no lo pensó dos veces: tendría otras oportunidades de darle su merecido a su padre, pero ahora tenía que obedecer a su maman. Rápidamente corrió con Ladybug, la levantó en volandas y puso pies en polvorosa por el mismo camino por el que había llegado. ¡Tenía que llevarla al hospital!
Papillón se agachó junto a su esposa, quien lucía angustiadísima. Con lágrimas y todo. La mujer sujetó al villano por los hombros e hizo mil pucheros.
—¡¿Qué está pasando aquí?! ¡¿Dónde está mi esposo?! ¡¿Qué fue todo eso?!
—Calma… te llevaré con tu esposo.
—¡Por Favor! ¡Necesito verlo!
Emilie dejó caer los brazos y sepultó el rostro en sus manos, llorando desolada. Papillón se sintió muy complacido, ¡Nada podría arruinar su noche! Su esposa estaba ahí, despierta y muy viva, llorando porque quería ver a su marido. Olvidó que Marcel había escapado, o que Chat Noir había huido con Ladybug y que al menos el gato sabía dónde encontrarlo. No quiso pensar en aquél extraño resplandor blanco que todo lo encegueció durante unos momentos ni tampoco en el hecho que no veía a Nathalie hacía rato. ¡Había ganado! ¡Su esposa estaba de regreso y no recordaba nada!
—Tranquila. Estás a salvo… te llevaré con Gabriel y Adrien —dijo para probar una teoría. Entre lágrimas, Emilie se limpió el rostro y despejó los cabellos de la cara.
—¿Quién es Adrien?
Papillón sonrió aún más ampliamente.
—Nadie importante.
El hombre tomó a su mujer en brazos y comenzó a caminar hacia la mansión sin prisa. Pasó del Relicario hacia su guarida y de ahí hasta su despacho, encontrándose escombros por doquier. Apretó los dientes: explicar eso iba a estar difícil, pero pensaría en ello a la mañana. Al menos el resto de la mansión parecía estar intacta. Emilie solo se dedicó a lloriquear en sus brazos mientras la llevaba por los corredores hasta el tercer piso. Se dirigió resuelto no a la habitación principal, sino a otra, igual de equipada, pero blindada y a prueba de escapes. Dejó a Emilie sobre la cama y esperó a que se calmase.
Había preparado esa habitación desde hacía muchos años, con todas las comodidades imaginables, pero una vez cerrada no dejaba entrar ni salir a nadie que no tuviera las claves de acceso. Tenía pensado encerrar ahí a su esposa para que no volviera a salir más a la calle y que solo estuviera para complacerlo a él. Emilie, quien miraba recelosa a su alrededor, pero siempre en control del personaje que estaba interpretando, no pudo sino pensar en el monstruo de Amstteten cada vez que entraba ahí.
—¿Estás mejor?
—¡NO! —chilló Emilie angustiada— Me dijiste que me traerías a ver a mi esposo. ¡Pero me trajiste a este cuarto! ¡¿Dónde está Gabriel?! —Papillón le acarició la mejilla como si fuera una muñeca de porcelana. Emilie apartó de un manotazo sus dedos— ¡NO me Toques!
—¿Huh?
—¡Solo me puede tocar *MI* esposo!
Papillón retrocedió y sonrió complacido. Emilie le dedicaba una mirada intensa, pero sumisa. El hombre no daba más de sí de contento: ¡Su plan había funcionado! Su esposa solo quería estar con Gabriel y ni siquiera toleraba la cercanía con Papillón. ¡Y del retrasado no recordaba nada! Sonrió y relajó los hombros.
—¡Transformación fuera!
—¡GABRIEL!
Tal como si fuera un bólido, Emilie se le echó a los brazos con fuerza. Se puso a llorar con histeria mientras el hombre la rodeaba en un abrazo y trataba de mantener el equilibrio. Pasada la emoción inicial, se separaron un poco. Emilie lo sujetó de la solapa y lo miró enamorada, aceptando el beso del hombre sin mayor resquemor.
—¿Qué significa esto, amor? ¿Por qué lucías tan diferente? ¿Cómo cambiaste así? ¡¿Qué magia…?!
—No pienses mi vida —Gabriel le puso el índice sobre los labios— No estás hecha para pensar, solo para verte bonita.
—¿En serio crees que soy bonita? —preguntó Emilie con recato.
—Sobre todo a mi lado.
—¿Me dirás lo que pasó? No entiendo nada —dijo mientras se aferraba más a sus ropas. Gabriel la besó en la frente.
—Calma mi vida, todo está bien. ¡Debes calmarte! Estás débil y necesitas el descanso.
—¿En serio?
—Sí, necesitas descansar.
—No me siento cansada —Emilie reconoció bajando un poco la cabeza, pero pronto le levantó los ojos, sumisa, cohibida— Pero tú sabes lo que es mejor para mi… no podría desobedecerte.
—Así es… Descansa aquí mi amor, preparé esta habitación especialmente para ti.
—¡¿En serio?! ¿Es un regalo? —Emilie sonrió con alegría. Se separó un poco de su esposo y observó su alrededor, como niña en dulcería— ¿Para mí?
—Sí… aquí te quedarás. Por tu propio bien. ¡Descansa! —Gabriel se dispuso a salir.
No le gustaba la idea, hubiera querido quedarse a disfrutar a su esposa más a fondo, confirmar su dominio y enseñarle su lugar, pero todavía tenía algunos cabos sueltos que atar… entre ellos… ¿Dónde estaría Nathalie? Emilie se arrojó a sus brazos una vez más.
—¡NO ME DEJES! ¡NO ME QUIERO QUEDAR SOLA!
—¡Estarás bien! —Gabriel la sujetó con firmeza, pero Emilie no lo soltó.
—¡NO TE VAYAS!
La mujer insistía en sujetar al hombre, y Gabriel tuvo problemas para controlar la histeria de su esposa. Finalmente se las ingenió para sujetarla de un brazo y la abofeteó dos veces seguidas con la suficiente fuerza como para amoratarla. Emilie, impactada, lo miró con angustia, pero sumisamente bajó la cabeza y se fue a sentar en la orilla de la cama.
—Fue mi culpa. Te hice enojar.
—¡Claro que sí! —Gabriel se ajustó la ropa.
Se sentía satisfecho con el resultado: Emilie no recordaba nada, ni a su hijo y por lo visto tampoco parecía recordar los miraculous. Encima se mostraba muy sumisa a sus órdenes. Ahí se había sentado, frágil, como un gorrión asustado, ansioso por complacerlo.
—¿A dónde irás?
—A ver unos asuntos. ¿Puedes quedarte aquí? Volveré lo antes posible.
—¡Claro amor! —Emilie le sonrió con dulzura— Aquí te esperaré.
Ocultando una sonrisa maliciosa, Gabriel giró sobre sus talones y salió de la habitación, sellando con clave la puerta, incluso activando una alarma. Emilie borró la sonrisa al segundo que el hombre hubo salido de la habitación y se puso verde. Se tapó la boca y corrió al baño, llegando justo a tiempo para doblarse sobre el excusado y vomitar hasta la conciencia. ¡QUÉ ASCO DE SITUACIÓN! Creyó que iba a aguantar de mejor manera, pero bueno. Resopló asqueada y tiró de la cadena, levantándose con algo de dificultad para inclinarse sobre el lavamanos y abrir la llave. Hizo algunas gárgaras y se mojó la cara: su cuerpo se sentía débil.
Se secó la piel y caminó resulta hacia la cama, consciente que no tenía mucho tiempo que perder. Se agachó y buscó debajo, entre los recovecos de las tablas hasta que encontró lo que buscaba: el miraculous del pavorreal, justo donde Duusu lo había escondido, según sus propias instrucciones. Lo miró unos instantes antes de rebuscar entre sus mangas… en la otra mano tenía el miraculous de la mariposa.
Por fin tenía los dos miraculous en su poder.
—¡Ni cuenta te diste, Gabriel!
En su histérico afán por demostrar amor eterno a su esposo, Emilie había intercambiado el miraculous de la mariposa con la réplica que tenía en su poder y el hombre ni siquiera se había dado cuenta, más concentrado en controlar su histeria que en pensar que a lo mejor su esposa era más astuta de lo que le daba crédito. ¡El tiempo apremiaba! Por lo que los saludos deberían ser más cortos de lo esperado. Se puso ambos prendedores en la ropa.
—¿Ama Emilie? —preguntó Duusu al aparecer. Al verla una enorme sonrisa decoró su rostro— ¡Nooroo! ¡RESULTÓ!
—¡Ama Emilie! —Nooroo alcanzó a exclamar antes de lanzarse hacia la mujer y tratar de darle un abrazo.
—¡Calma, pequeños! Esto todavía no termina —dijo la mujer con mucha calma, alivio y alegría— ¡No tenemos tiempo!
—¡Muero por ver el plan que tiene, Ama! —confesó Nooroo entusiasmado. Duusu daba botes de alegría.
—¡Qué emocionante! ¡Esto será una gran aventura!
—¿El pequeño amo está a salvo? —preguntó Nooroo preocupado.
—Eso espero, pero no tenemos tiempo que perder. ¡Nooroo, Duusu: Amálgense! ¡Transfórmenme!
Los kwamis alcanzaron a intercambiar miradas cómplices antes que la vorágine de la magia los atrapara y transformaran nuevamente a Emilie Agreste en Hada Madrina. La mujer se puso de pie y alcanzó a verse brevemente en un espejo, satisfecha porque su plan estaba, hasta ahora, resultando a pedir de boca. ¡Pero no podía cantar victoria!
—¿Qué es lo que siento? —murmuró Hada Madrina mientras se veía al espejo— ¿Acaso percibo a una madre que necesita salir de una situación de violencia intrafamiliar junto con su hijo? —Hada Madrina estiró una mano, en donde una mariposa blanca se posó— Ve, pequeño akuma, quédate cerca y dale el poder de escapar a salvo —Acto seguido Emilie miró hacia a la puerta y extendió su abanico, soltando una pluma, a la que le dio un leve soplido— Querido Gorila… necesito tu ayuda. Dale forma a mi decisión de escapar de esta casa. ¡Ayúdame a conseguirlo! —dijo momentos antes de soplarla. Cuando la vio desaparecer, tomó aire— ¡Transformación fuera!
La mujer volvió a la normalidad. Los kwamis la miraban sorprendidos y entusiasmos, pero no dijeron nada. Emilie sonrió traviesa y guardó los miraculous en sus bolsillos. Tomó aire y esperó…
El akuma que había enviado, seguía cerca… podía verlo revoloteando por el techo, a la espera de su oportunidad.
Abajo, en la sala de seguridad, el Gorila dormía sentado frente a los monitores. Abrió los ojos de golpe, mostrándose encendidos como linternas. Una pluma cayó del cielo, pero el guardaespaldas no esperó a que cayera sola, sino que la sujetó en su mano. Entrecerró los ojos y salió de aquella oficina rumbo al tercer piso.
Gabriel no había encontrado a Nathalie por ningún lado. Tuvo que regresar hasta el mismo relicario para buscarla y lo que encontró le dejó los pies helados. Su asistente estaba inconsciente en el suelo y un bate yacía no lejos de ella. Por lo visto le habían dado un buen golpe en la cabeza y solo había una persona que podría haberlo hecho. ¡Imposible!
—¡Se supone que no debería recordar nada!
El hombre tomó a Nathalie en brazos y la dejó sobre la urna de momento. No encontró el arma de la mujer, pero no se preocupó. Regresó a su semidestruido despacho y buscó otra arma que guardaba en su escritorio por si las moscas. Revisó que estuviera en buenas condiciones y se fijó en las municiones. Volvió sobre sus pasos corriendo hasta donde había dejado a Emilie, en la habitación sellada del tercer piso. Se llevó la mano al pecho, sintiendo entre sus dedos el prendedor. ¡No! ¡Todavía tenía su miraculous! Esa rubia tonta no debía recordar nada. ¡No tenía sentido!
Cuando por fin llegó a la puerta, se abalanzó sobre el teclado para ingresar la clave de acceso. Se detuvo unos instantes, sintiéndose observado. Miró hacia atrás. El Gorila estaba al final del pasillo, mirándolo fijo… entrecerró los ojos.
—¡Quieto sentimonstruo!
—¡Huh! —El gorila dejó caer su peso sobre sus manos. No se movió, pero tampoco apartó la mirada.
¡Esto le gustaba cada vez menos! Sabía que el Gorila había sido el último sentimonstruo que Hada Madrina había creado para la exclusiva defensa de su hijo. Durante el último año lo había obedecido a medias, en tanto Adrien estuviera a salvo y solo porque él tenía el miraculous del pavorreal… ¿Acaso Emilie lo había recuperado? ¡Eso era imposible! Él mismo había llevado a la mujer hasta esa habitación, ¡No había tenido tiempo ni oportunidad! ¡La mujer estuvo en una heladera todo ese año, vigilada las veinticuatro horas! ¡IMPOSIBLE!
Furioso, Gabriel abrió la puerta de la habitación.
Emilie no estaba transformada en Hada Madrina. Sí estaba frente al espejo y se giró sobre sí misma, pero lejos de mostrar miedo o sumisión, se encontró con otra cosa. Su esposa lo miraba llena de coraje y desafiante.
—¡¿Qué significa esto?!
—¡¿Qué crees que significa, psicópata enfermo?! ¿Qué me iba a olvidar de todo lo que me hiciste y de cómo jugaste conmigo todos estos años?
—¡Devuélveme mis miraculous! —exclamó Gabriel avanzando peligrosamente hasta ella.
El akuma entonces se posó sobre el reloj de Emilie, fundiéndose con él. Aterrado, Gabriel se detuvo en seco mientras veía como el logo de la mariposa aparecía sobre el rostro de Emilie.
—Emilie Agreste. ¡Soy tu Hada Madrina! —Se escuchó una voz como venida del más allá. —Te concedo el poder de escapar de la mansión hasta que te pongas a salvo junto con tu hijo. ¿Aceptas, Sucker Punch?
—¡¿Cómo es esto posible?! —Gabriel sacó el arma y la apuntó. Miles de preguntas se arremolinaban en su cabeza. ¿Acaso Emilie había usado los miraculous y se estaba autoakumatizando?
—Acepto, Hada Madrina.
Una burbujeante energía blanquecina cubrió a Emilie por completo. Cuando se disipó, estaba akumatizada: había ganado altura, su musculatura estaba tonificada, estaba vestida como boxeadora y llevaba unos guantes de box metálicos. Enfrentó el arma con valentía. Los ojos de Gabriel estaban desorbitados.
—¡¿Cómo te atreves, mujer?!
—¡HUH!
El gorila apareció en la puerta. El logo del pavorreal apareció sobre su rostro, pero lejos de quedarse quieto, le dio un soberbio golpe a la pared, destrozando el marco de la puerta y el panel de acceso. La energía de la pluma volvió a cubrirlo, dándole un aspecto más simiesco de lo esperado.
—¿Qué significa esto? —exigió Gabriel, mientras apuntaba alternadamente entre Sucker Punch y el Gorila— ¡Se Supone que no ibas a recordar nada, mujer! ¿Cómo es esto posible?
Sucker Punch tronó sus nudillos.
—Déjame pasar, Gabriel.
—¡NO! —Gabriel soltó el seguro del arma: prefería cocinarla a balazos a dejar que se fuera— ¡Eres mi esposa! NO me vas a dejar.
—No me des más excusas de las que me has dado. Estás en franca desventaja.
¡BANG!
Sucker Punch esquivó el balazo con facilidad, el cuál fue a detenerse en una de las paredes. Se giró furibunda hacia su marido quien volvía a preparar el arma.
—De aquí no sales. ¡Me tendrás que pasar por encima! —afirmó Gabriel con decisión. Sucker Punch se tronó los nudillos.
—¡Tú lo pediste!
Desde fuera de la mansión, de las residencias cercanas, no pocos se asomaron asombrados a sus ventanas cuando escucharon una seguidilla de balazos que interrumpieron la noche.
Muy lejos de allí, y por mero instinto, Chat Noir se detuvo sobre sus pasos. Miró en dirección de su casa, perdida entre los edificios de París, y se mordió el labio. Esta noche estaba probando ser horrible, pero no tenía mucho tiempo de meditar al respecto. Ladybug estaba sujeta a su espalda, afirmada con toda su débil fuerza, pero despierta y tenía que llevarla al hospital lo antes posible. Sacudió su cabeza y miró hacia el edificio, buscando la ventana de la habitación en la que debería estar Marinette.
—¡Ahí está!
Ayudado por su bastón y cuidando de no dejar caer su preciosa carga, escaló hasta la ventana y la abrió con cuidado. El lugar estaba tranquilo, y lo único que estaba fuera de lugar era la camilla sin paciente. Ladybug comenzó a soltar a Chat Noir ni bien entraron, a medida que este cerraba la ventana. Sus rodillas no la sostuvieron y casi cae de no ser por los reflejos del gato. Éste volvió a levantarla en viandas y la llevó hasta la camilla, en donde la dejó con delicadeza.
—¿Duele todavía? —preguntó el gato.
—He tenido noches mejores —resopló Ladybug, tratando de aliviar los ánimos, con voz rasposa— Siento los tímpanos a punto de estallar…
—Ya estás aquí, mon coeur —dijo Chat con señas amorosas— Estarás bien cuidada. Creo que rompí la maldición.
—Yo sé —Ladybug lo miró a la cara con un puchero— Vi lo que hiciste en la inmensidad blanca. ¡No me podía mover! ¡Tuve mucho miedo!
—Lo haría de nuevo… un millón de veces —Chat le acarició la cabeza, incluso vocalizando algunos maullidos— Tienes que deshacer la transformación…
—También sé —dijo Ladybug con señas débiles— Llévate mi miraculous, seguro me harán mil exámenes y temo que les pase algo. ¡Por favor cuida de Tikki!
—Eso haré.
—¡Le gustan las galletas!
—Yo la cuido, pero… no pierdas tiempo. Mientras antes llamemos a las enfermeras, mejor…
—Creo que… me va a pasar algo. Y me va a doler mucho. ¡Chaton! No te olvides que te amo…
Chat Noir se inclinó sobre ella y la besó en la frente. Ladybug le acarició la mejilla al mismo tiempo que deshacía la transformación. Y de nuevo estaba ahí Marinette, sobre esa camilla, totalmente exhausta y derrotada, sudorosa y con mucho frío. Tikki se dejó caer sobre el pecho de la niña, pero ni siquiera pidió galletas de lo preocupada que estaba. Chat Noir procedió a quitarle los aretes.
—¡Marinette! ¡Por favor sé valiente y resiste! —exclamó Tikki muy preocupada.
Pero la chica apartó el rostro como derrotada por la situación, y pareció hundirse más y más en la camilla. Ya no podía verla. Tikki intercambió una mirada con Chat Noir, quien le mostró que él tenía los aretes y la kwami dejó caer los hombros, luciendo un enorme puchero, segundos antes de taparse la carita para sollozar. Chat la tomó entre sus manos para contenerla, acariciándole la cabecita. Miró una última vez a Marinette… solo para ver como comenzaba una convulsión horrible. ¿Pero y las alarmas?
—¡Marinette está desconectada! —exclamó Tikki, volando hasta donde estaba la alarma de las enfermeras. Apretó el botón con toda su fuerza.
La kwami miró a Chat Noir quien no se había dado cuenta y estaba más concentrado en vigilar que Marinette no se lastimase… ¡Ella no sabía señas! ¿Cómo le advertía? Desesperada voló hasta ponerse frente a frente con él para llamar su atención, cosa que no le fue fácil, pero cuando lo hizo, Tikki fue de lo más insistente en señalarle la alarma y la puerta.
El gato enarcó ambas cejas, intuyendo qué le quería decir la kwami. Miró hacia la puerta el mismo tiempo que el traje parecía advertirle que alguien venía con toda la maldita calma del mundo. De un manotazo Chat tomó la alarma y la apretó de nuevo con toda su fuerza. No pudo escuchar nada, pero algo era algo. Al menos motivó a la enfermera que venía que lo hiciera con más ganas.
En cuanto notó que se abría la puerta, Chat dio cátedra de agilidad y de dos zancadas y un saltó, abrió la ventana y se ocultó por fuera, sujetándose del borde. Si la enfermera se dio cuenta de su presencia nunca lo supo, porque se fijó en seguida en la paciente que convulsionaba sobre la cama como si no hubiera mañana y se abalanzó sobre ella en el acto. Se encendieron las luces y percibió que llegaba más gente. Asomó las orejas para ver qué pasaba, en vista que no escuchaba nada y esperando que nadie estuviera pendiente de la ventana.
Ahí vio a una enfermera joven, tratando de atender a Marinette, mientras parecía estar gritando. Entró otra, quien miró hacia los monitores y por lo visto lanzó varias groserías. Seguro estaban molestas de ver los equipos y monitores desconectados. ¿Culparían a Marinette? ¿A alguna otra persona? Pronto llegó el residente, más dormido que despierto, pero que espabiló ni bien se percató de la situación.
Chat se mordió el labio y decidió irse, con el dolor de su corazón. Ya preguntaría luego lo que había pasado, pero ahora… ¡Necesitaba volver a su casa! A la mansión Agreste. ¡Tenía que volver con su madre.
Dio un salto al infinito y se dispuso a correr de regreso a su casa. ¡No entendía casi nada de lo que estaba pasando! Pero ya obtendría respuestas. De momento, ahora necesitaba asegurarse que su madre estuviera a salvo y… ¡JADE TURTLE!
El anciano llamó su atención al cruzársele por el frente. Por lo visto llevaba un buen rato tratando de llamar su atención. ¡Con razón su traje vibraba! Pero había estado tan concentrado en regresar a la mansión que ni siquiera había querido prestar atención. Chat Noir interrumpió su carrera y aterrizó sobre un techo… A la distancia podía verse su casa.
—¡CHAT NOIR! ¿Qué pasó? Con Mink hemos tratado de rastrearlos toda la noche. ¿Estás bien? ¿Y Ladybug?
Chat tomó aire e hizo un puchero. El anciano se veía muy, muy preocupado y ansioso. ¡¿Cómo no, si lo habían dejado atrás y ni siquiera habían pensado en él toda la noche?! Es que cuando Homme du Sac había secuestrado a Ladybug, no había pensado en otra cosa sino en seguirlo. Mink llegó al techo segundos después e hizo preguntas similares, pero Chat no pudo responderlas. El peso de la situación de pronto le cayó encima y las emociones lo desbordaron. Mink lo ayudó a sentarse y trató de consolarlo, mientras Jade Turtle se aseguraba que no los estuvieran siguiendo ni observando.
Ninguno presionó al muchacho, quien a su tiempo comenzó a contarles lo sucedido, con señas rápidas y muy emocionales. Les contó de Specter, de que Nathalie estaba ahí, que la víctima del akuma había recibido un disparo y más no sabía de él, de que estaba seguro de que su padre era Papillón y que su madre había estado también ahí. ¡Les contó de la inmensidad blanca! Y de cómo había aceptado intercambiarse con Ladybug…
—… Y luego viene este tipo que ni sé de dónde salió diciendo que había roto la maldición, que ma lady viviría, pero que habría consecuencias. Y mi maman… ¡me dijo que huyera! Que tenía un plan y todo eso… me traje a mon coeur de regreso al hospital y ahora está convulsionando tan feo…
Mink le dio palmaditas a Chat en la espalda… El muchacho estaba en serio muy consternado. Jade Turtle se pasó las manos por la cara. ¡Qué Fiasco! ¿En qué momento las cosas habían empeorado…?
Un akuma aterrizó sobre el mismo techo que ellos, acompañado de un sentimonstruo parecido a un gorila. Los tres portadores se pusieron en guardia. Chat Noir erizó el espinazo… el akuma, evidentemente una mujer, se acercó a ellos con cansada elegancia.
—¿Chat Noir? —preguntó con señas. La akuma levantó la mano izquierda y la mariposa abandonó su reloj. Emilie volvió a la normalidad y por el esfuerzo perdió el equilibrio. El Gorila alcanzó a sujetarla.
Jade Turtle abrió los ojos como platos. Mink exclamó sorprendida. Chat Noir avanzó unos pasos. Emilie, sacando fuerzas de flaqueza, no le quitaba los ojos de encima al gato.
—Hijito… sé que eres mi Adrien —La mujer se acercó al muchacho— ¡No sé cómo pedirte perdón!
Los ojos de Chat Noir se le desbordaron de lágrimas y no perdió tiempo en abrazar a su mamá. Ya habría tiempo para explicaciones después, lo importante es que la tenía al frente y se veían bien. El Gorila pareció volver a la normalidad, luciendo más como ser humano que como gorila. Mink intercambió miradas con Jade Turtle, quienes se mantenían muy desconfiados.
—Hijito, ¿Ladybug está a salvo? ¿La llevaste al hospital?
—Sí… la dejé allá… ¡Pero no estaba bien! Comenzó a convulsionar…
Emilie volvió a envolver a Chat Noir entre sus brazos. Madre e hijo se quedaron abrazados por largos minutos, consolándose el uno al otro y sin necesidad de palabras. ¡Tanto que decirse! Había pasado un año, uno muy difícil, y al menos Emilie sabía que se pondría incluso más complicado, si el resto de su plan lograba ponerse en marcha. Finalmente Chat Noir rompió el abrazo y miró a su mamá.
—¡¿Qué pasó?! ¿Qué estabas haciendo en ese lugar? ¡Maman! ¿Por qué estabas akumatizada?
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Jade Turtle avanzando peligroso— ¿Madame Agreste?
Mink no tardó en caminar detrás de Chat Noir, poniendo sus manos sobre los hombros del muchacho. Emilie se metió las manos a los bolsillos y sacó los miraculous de la mariposa y el pavorreal. Aprovechando la sorpresa del grupo, amalgó a sus kwamis y se transformó en Hada Madrina, causando un shock incluso más profundo.
—¡Hada Madrina! ¿Dónde habías estado?
—¡¿Qué pasó con Papillón?! ¿Qué ocurrió contigo?
—¡Maman!
Hada Madrina levantó ambas manos, llamando a la calma. El Gorila bufó detrás de todos, apoyando a la nueva portadora.
—Cometí un error, que puso en riesgo a mi hijo —dijo mientras acariciaba los cabellos de Chat Noir— Y pagué caro todo ello, sin mencionar que mi muchacho sufrió las consecuencias de mi falta de criterio. Estuve en coma un año entero, atrapada en el Relicario que Papillón, o Gabriel Agreste, preparó para mí. Quería revivirme, usando los miraculous… pero yo no necesitaba nada de eso, estaba despertando sola… cuando me pude proyectar astralmente, ideé un plan para escapar, y lo puse en práctica esta noche. Es una larga historia. ¿Tienen tiempo para escucharla?
Chat Noir asintió antes de abrazarla. Jade Turtle y Mink se miraron unos instantes y sonrieron con cariño.
—Tiempo nos sobra, querida amiga —Le aseguró Mink.
Emilie sonrió aliviada.
…
…
…
Dos horas y una explicación después, y de acuerdo con el plan de madame Agreste, Emilie, junto a su hijo Adrien, ambos visiblemente agitados y sacudidos, incluso mostrando marcas de los golpes recibidos, se abalanzaban sobre una patrulla de la policía pidiendo auxilio. Rápidamente explicaron que huían de una situación desesperada y que temían las represalias de Gabriel Agreste, quien los seguía de cerca. Y que estaba armado.
Los policías les creyeron, no tenían motivos ni indicios para no hacerlo, y los llevaron a la comisaría por su propia protección.
Continuará…
Por
Misao–CG
Publicado el miércoles 15 de abril de 2020
Próximo capítulo: La calma que sigue
"Nino dejó el teléfono a un lado. Acababa de cortar la videollamada con Adrien, con quien por fin había logrado comunicarse después de tantos días. Todos los demás lo miraban con atención, esperando a ver qué novedades podía contarle. ¿Acaso no habían estado todos ahí, escuchando la conversación? ¡Bah!
—¿Y bien? —preguntó Alix— ¡Escúpelo!"
Notas finales: Y así como ven este capítulo quedan dos más y se acaba. Si todo sale bien podré dedicar a escribir el siguiente fic. Se acerca el final y espero en serio que no se decepcionen, pues todavía hay que ver como quedó Marinette después de esa crisis. Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. Del mismo modo, estoy aprendiendo esto del uso del guion de diálogo y salí más cabeza dura de lo esperado, así que un poco de paciencia en lo que aprendo. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!
Como leíste, Emilie tenía todas las bases cubiertas con su plan, Larc. No mató a Gabriel, pero sí se dio el gusto de desquitarse por todas las que le hizo. La idea era que reciba el coletazo de la justicia. Ten, galletas de limón libres de coronavirus. ¡GRACIAS POR LEER!
