Hola bellas damas, aquí les dejo uno más, espero sea de su agrado. Muchas gracias por los comentarios que hacen de la historia, me alegra saber que les gusta, cuídense mucho por favor. Los personajes no me corresponden, lo hago sin fines de lucro y es solo para personas mayores de edad. COMENZAMOS.

EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ

"Te invito a celebrar a mi lado el nacimiento de nuestra historia, a celebrar la alegría que nuestros corazones despiden, te invito a celebrar la vida que comenzaremos juntos. Brindemos por lo que fue, por lo que está y por lo que vendrá, la vida es una fiesta que merece la pena celebrar cada día a tu lado".

CELEBRACIÓN

CAPITULO XXII

Candy se levantó muy de mañana emocionada por la celebración que se llevaría a cabo aquella tarde, sus amigas aún dormían cada una en sus respectivas camas, las observó a cada una de ellas y a pesar del cansancio que sentía se levantó para comenzar su día.

-Buenos días señorita Ponny, hermana María. – Saludo con una flojera que ya era característica en ella, sin embargo aquel día era combinado con el cansancio que sentía su cuerpo.

-Buenos días Candy, me parece que ya se te está haciendo una costumbre levantarte temprano. – Le dijo la señorita Ponny al verla sentada en la mesa con los ojos cerrados. - ¿Por qué no intentas dormir un poco más? Se nota que estás cansada aún, Tonny no vendrá hasta más tarde. – Dijo para animarla a que se retirara a descansar.

-Ya no tengo sueño señorita Ponny. – Le decía sin abrir los ojos. - Sin embargo me siento cansada.

-Es que no paras Candy, ayer te la pasaste todo el día jugando con los niños, por la tarde ayudaste a las muchachas en la cocina, y después estuviste con Tonny platicando hasta tarde ¿Cómo no vas a sentir cansancio? – Decía la hermana María quien siempre estaba atenta a los movimientos de Candy. – Y eso es solo de un día.

-Tiene razón hermana María, creo que ya no estoy para andar correteando con los niños. – Dijo con flojera.

-¿Tienes hambre? – Preguntó la señorita Ponny, quien era la que preparaba el desayuno para todos. Candy negó.

-¿Te encuentras bien Candy? – Preguntó la hermana María.

-Sí, solo que aún no tengo hambre, creo que me cayó mal la cena de anoche. – Dijo la rubia.

-Te dije que si comías sopa de col no te haría muy bien, ya era muy noche. – Le reprochó la reverenda.

-Tenía ganas de comerla. – Dijo en su defensa. La religiosa se acercó a ella para tocar su frente y verificar si no tenía fiebre.

-Tienes la temperatura un poco alta. – Le dijo la hermana María. – Ve y recuéstate otro poco por favor. – Le dijo como una orden.

-Pero no tengo sueño, además me siento bien. – Decía un poco necia.

-Si no te recuestas un poco por la tarde no estarás bien para la cena de compromiso. – Le dijo para convencerla de irse a recostar, sin querer hacer mucho caso terminó por regresarse a su cuarto otro rato, total eran las seis de la mañana y todavía faltaban más de doce horas para su cena de compromiso.

Annie y Patty ya se habían levantado mientras observaban que la rubia iba de regreso a la habitación.

-¿Sucede algo Candy? –Preguntó Patricia al verla que iba de regreso.

-La hermana María dice que tengo la temperatura un poco alta, así que voy a recostarme otro rato para estar bien para esa noche.

-Te dije que la sopa de col era muy pesada para cenar Candy. – La reprendió Annie.

-¿¡No entienden que se me antojó!? – Dijo Candy insistente en ese punto. Las chicas ya no dijeron nada solo la acompañaron para que se recostara y salieron a desayunar junto con las dos mujeres.

Candy se recostó otro rato más quedándose dormida una hora más.

Tonny llegaba al hogar de Ponny con ganas de desayunar con su pecosa, al entrar se le hizo extraño no encontrarla como siempre ayudando a sus madres en la cocina, desde que se habían hecho novios ese era su ritual diario, desayunaban juntos y por la tarde cenaban juntos.

-Buenos días. – Saludó con su hermosa sonrisa a las mujeres que estaban en aquella humilde cocina.

-Buenos días Tonny. – Respondieron todas casi al mismo tiempo y veían como Anthony buscaba a alguien más dentro del cuarto.

-Si buscas a Candy no está. – Dijo Annie al ver que el rubio no se atrevía mucho a preguntar.

-¿Sigue dormida? – Preguntó extrañado. Annie asintió.

-Lo que sucede es que Candy tiene un poco elevada la temperatura, le digo que no debió cenar sopa de repollo tan tarde. – Dijo la señorita Ponny.

-Tonny también cenó lo mismo. – Dijo Patty quien había recordado que Anthony y Candy habían dicho que tenían ganas de cenar lo mismo. -¿Tú no te sientes mal?

-No. – Dijo Anthony tranquilo. – Pero tienen razón es muy pesada de digerir. – Dijo sintiéndose mal por no pensar que tal vez a su novia le haría daño cenarla, para él era algo muy normal ya estaba acostumbrado, pero sabía que la rubia cenaba más ligero. - ¿Puedo pasar a verla? – Le preguntó directamente a la señorita Ponny para obtener su permiso.

-Adelante Tonny. – Le dijo la buena mujer al muchacho. – Tal vez ya se siente mejor. - Anthony se dirigió al cuarto de la rubia, tocó la puerta solo por educación, sin embargo al no obtener respuesta abrió con cuidado la puerta y se adentró a la habitación, una hermosa imagen apareció ante sus ojos. Candy se encontraba dormida con sus rizos alborotados a través de la almohada, su rostro tenía una paz y una tranquilidad que la hacían parecer un ángel dormido. Se sentó con mucho cuidado cerca de ella para observarla con detenimiento. Observó su respiración en silencio y veía como su pecho subía y bajaba con total calma.

-Hasta dormida te ves hermosa, mi amor. – Susurró para no despertarla. Pasó buen rato observándola dormir, sin tener necesidad de despertarla, podía pasarse horas y horas observándola simplemente dormir y no cansarse de ello, observaba sus labios tan bien definidos y rosados que lo invitaban a ser besados, sus largas y abundantes pestañas que adornaban ese par de bellos ojos y las cejas tan bien delineadas que los enmarcaban, observaba su perfil, esa nariz respingada que hacía juego con sus facciones y sus pecas, esas pecas que lo hacían perder la razón cuando las veía de cerca, era un chico verdaderamente enamorado. De pronto Candy comenzó a moverse en la cama y a buscar su cuerpo la manera de estirarse, sus ojos comenzaron a parpadear para poder abrirse una vez más y de pronto sintió su presencia.

-¡Anthony! – Dijo de golpe olvidándose por completo de su mote. -¿Tienes mucho aquí? – Preguntó sorprendida y apenada porque hubiera visto su mala posición para dormir. Anthony asintió.

-Tengo como media hora observándote en silencio. – Le dijo con una sonrisa tierna. Candy se llevó ambas manos a su rostro coloreándose de rojo. – No te apenes conmigo mi vida, hasta dormida eres la mujer más bella que han visto mis ojos. – Le dijo sentándose junto a ella en la cama. - ¿Cómo te sientes? – Le preguntó mientras con su mano le tocaba la frente de una manera muy delicada, cosa que hizo que Candy se pusiera un poco nerviosa.

-Me siento bien. – Dijo simplemente, viéndolo a los ojos buscando sus intenciones en ello.

-Estás un poco irritada, sin embargo no tienes fiebre. – Le dijo seguro.

-Yo no siento que tenga la temperatura elevada, yo me siento bien, lo único que le dije a la señorita Ponny que no tenía hambre y que me sentía muy cansada. – Fue lo único que dijo para defenderse ante su amado.

-¿Y aún sigues sin tener hambre? – Preguntó su príncipe.

-Ahora si tengo. –Dijo tímida.

-Bien vamos, yo tampoco he desayunado. – Le dijo tomando su mano para ayudarla a levantarse. Candy se colocó sus botas y se levantó sintiendo de nuevo un mareo, sin embargo fue tan leve que Anthony no lo advirtió.

-Debe ser el hambre que de repente me ha asaltado. – Dijo Candy al sentir que sus tripas hacían una revolución en su estómago al reclamar alimento. Anthony volteó a verla divertido. – Perdón. – Dijo Candy apenada.

-No te preocupes amor, yo también muero de hambre. – Dijo el rubio para que no se sintiera apenada. Le dio un largo beso en sus labios antes de llegar a la cocina porque sabía bien que ya no tendría tiempo de hacerlo. El beso fue tan apasionado y húmedo que Candy quedó sin aliento. – Tenía tantas ganas de besarte mientras estabas dormida. – Le dijo en un susurro cerca de su boca. Candy le sonrió complacida.

Llegaron a la cocina nuevamente y las mujeres que los esperaban ahí ya comenzaban a impacientarse.

-Pensé que te habías dormido también tú Tonny. – Dijo la hermana María.

-Lo siento, lo que sucede que Candy aún dormía y me quedé a velar su sueño hasta que despertó. –Dijo explicando el porqué de su retraso.

-¿Ya te sientes mejor Candy? – Preguntó la señorita Ponny. Candy asintió. – Ya está listo el desayuno hija, puedes atender a Tonny. – Le dijo su madre.

-Gracias. – Dijo Candy y se dispuso a servir una porción de desayuno para su príncipe y otra para ella, sirvió un poco de jugo de naranja y leche para acompañarlo y un poco de pan.

-Gracias amor. – Le dijo tomando su mano para besarla como siempre lo hacía cuando lo atendía ella. Las demás los veían enternecidas porque era todo un espectáculo ver como Candy se desvivía por atenderlo y como Anthony se desvivía por agradecerle sus atenciones. -¿Ya desayunaron? – Preguntó un poco apenado porque no se había preocupado por las demás.

-No te preocupes Tonny, nosotras ya desayunamos. – Le dijo la señorita Ponny con una sonrisa.

Candy comenzó a desayunar con muchas ganas, y cuando Anthony iba a comenzar a desayunar sintió asco del desayuno.

-¿No tienes hambre amor? – Le preguntó Candy confundida al ver que no comenzaba a desayunar.

-Sí amor, no te preocupes. – Le dijo con una sonrisa aguantando las náuseas que le había provocado aquel delicioso desayuno, porque se veía delicioso ante sus ojos, pero no sabía por qué no tenía ganas de desayunar aquello que le había ofrecido su pecosa. Tomó un poco de jugo de naranja antes de comenzar a desayunar y la acidez del jugo lo ayudaron a pasarse el malestar, comenzando a desayunar sin mayor problema. Ambos terminaron casi al mismo tiempo. – Muchas gracias señorita Ponny, como siempre le quedó delicioso. – Le decía Tonny sincero a la señorita Ponny, ella siempre esperaba los cumplidos de Tonny quien era el único que siempre le agradecía de esa manera su desayuno.

-No hay de qué Tonny, ya sabes que aquí siempre serás bien recibido. – Le decía la buena mujer encantada con el muchacho y más porque sería pronto el esposo de su pequeña favorita. -¿Cómo sigue Tom? – Preguntó a Tonny por aquel muchacho que tenía días de no pararse a desayunar por el hogar, cosa que era sumamente extraña, pero lo hacía porque no quería que le preguntaran acerca de la mujer que lo había dejado. Anthony se sintió mal por tener que mentir de nuevo a aquellas mujeres, pero sabía que él no podía decir nada de lo que le ocurría a su hermano, aun así ellas fueran sus madres.

-Tom esta muy atareado con las labores del campo, dice que mientras yo ando de novio feliz y contento él tiene que avanzar lo que yo no hago. – Dijo para excusarlo, las mujeres sabían que no era del todo verdad lo que decía ya que Anthony siempre había sido responsable y nunca dejaba que nadie hiciera su trabajo, pero respetarían el silencio de su hijo y la fidelidad que aquel joven guardaba por su hermano.

-Lo entiendo. – Decía la señorita Ponny. – Pero dile que puede enfermarse por trabajar tanto. – Le dijo como recado para aquel testarudo que tenía también por hijo.

-No se preocupe señorita Ponny usted puede decírselo esta misma tarde. –Le dijo para recordarles que esa misma tarde sería el anuncio de compromiso de ellos.

-Tienes razón Tonny, tenemos que ponernos a trabajar. – Decía emocionada la buena mujer levantándose de pronto para poder tener todo listo a tiempo.

-Bueno bellas damas yo me retiro. – Dijo Anthony haciendo una reverencia a las mujeres presentes. Tomó la mano de Candy y la jaló hacía él para que lo acompañara a la salida. – Con permiso.

-Nos vemos más tarde Tonny. –Le dijo la hermana María mientras la señorita Ponny iba con prisa a buscar lo necesario para preparar la cena.

-Tranquilícese señorita Ponny que nosotras la ayudaremos. – Decían Annie y Patty quienes eran unas verdaderas maravillas en la cocina, Patty después de haberle dado a comer aquel tenedor a Stear había aprendido mucho de sus amigas, sobre todo de Annie, así que ahora estaba segura que el inventor no saldría herido o lastimado una vez más.

-No has querido hablarme de lo que sucede con Tom. – Le dijo Candy a Anthony una vez que ya estaban afuera.

-No puedo hacerlo mi vida. – Le dijo él acercándola por la cintura a su cuerpo. – Tom está sufriendo por alguien una vez más y no me corresponde a mí decirlo.

-Sabía que era por una mujer. – Dijo Candy. – Está bien no te voy a obligar a que hables de ello. – Le dijo rodeando su cuello y Anthony se sintió mejor de estarle ocultando la verdad a Candy. – Pero si te voy a obligar a que me des un beso antes de verte esta noche. – Le dijo traviesa, mientras Anthony sonreía complacido y volteaba a todos lados como buscando que nadie los viera por lo que iba a hacer. La tomó más firme de la cintura y con la otra mano acercó su rostro con una caricia por la mejilla y tomó sus labios lentamente, profundamente, buscando con su lengua invadir su boca y recorrerla toda, sus besos se mezclaban con su saliva la cual era el dulce más delicioso que ambos hubieran probado, ambos se abandonaban a esos besos apasionados mientras se concentraban en el sonido que hacían sus bocas al besarse, el beso cada vez era más intenso, más profundo y sus manos se sentían hirviendo en su cuerpo, Anthony sintió que la temperatura del cuerpo de Candy era cada vez mayor y eso le agradaba.

-Que beso tan intenso. – Dijo Patricia suspirando, quien los veía por la ventana junto a Annie.

-Sí. – Decía la otra chica también suspirando por aquel beso que se veía ambos estaban disfrutando bastante. – Archie nunca me ha besado con esa intensidad. – Dijo la chica rozando sus labios para recordar los besos de su amado, que si bien eran largos eran más recatados.

-A mí tampoco. – Decía patricia deseosa de tomar de la misma forma que Candy tenía agarrada a Tonny por la espalda, ya que ella lo acariciaba deleitándose con la fuerza de sus músculos.

Candy y Anthony seguían en aquella deliciosa muestra de su amor concentrados en lo que estaban haciendo, escuchando solo el sonido de aquellos besos, perdidos en su sabor y deleitándose uno al otro con esa maravillosa y cálida caricia, mientras las dos chicas los observaban con ganas de ser ellas las que estuvieran así en los brazos de sus respectivos novios.

-¿Qué tanto miran niñas? – Preguntó la hermana María al verlas tan concentradas en la ventana.

-¡Nada! – Dijeron ambas al mismo tiempo que cerraban la cortina para evitar que retaran a Candy por esa demostración tan intensa de su amor.

-Bien, entonces vamos a la cocina para que ayuden a la señorita Ponny. – Dijo de nuevo esperando a que se quitaran de la ventana.

-Si hermana María. – Dijo Annie, quien era seguida por Patty para irse de inmediato a la cocina.

Candy y Anthony seguían con lo suyo mientras las chicas eran retadas por la hermana María. Anthony tomó con ambas manos el rostro de Candy y beso su frente antes de retirarse.

-Espero aguantar con ese beso hasta la noche. – Le dijo ya cuando iba un poco retirado de ella.

-Yo también espero lo mismo. – Le decía Candy enamorada, diciéndole adiós con su mano, cuando la hermana María se asomaba por la ventana y veía como Anthony ya iba lejos del hogar.

-¡Candy! – Le pegó un grito.

-¡Si hermana María! – Contestó Candy al momento.

-Ven a ayudar aquí niña que apenas hay tiempo. – Le dijo tranquila ya que no había visto los besos que se habían entregado aquel par de rubios.

-Ahora voy. – Contestó Candy enamorada.

Patty y Annie veían la cara de satisfacción de Candy y ambas querían preguntarle tantas cosas a la rubia, pero sabían que no iban a poder hacerlo en presencia de las otras dos damas. En cuanto quedaron solas se acercaron a Candy emocionadas.

-¡Candy! ¿¡Qué se siente que te besen así!? - Preguntó Annie curiosa, era la que más se animaba a preguntar porque Patty tenía miedo que la escucharan. Candy se sorprendió por la pregunta y se puso de mil colores al darse cuenta que los habían visto, a pesar de que ellos creían que no había nadie observándolos. - ¡Vamos Candy que te hemos visto! – Insistió la pelinegra al ver que Candy se ponía de mil colores.

-SSSHH – Le hizo una seña con su índice para indicarles que guardaran silencio. Las dos mujeres entraban a la cocina y recogían algunas cosas para volver a salir, sin reparar que las tres chicas hacían como que avanzaban en la preparación de la cena.

-¡Vamos Candy! – Se animó Patty a motivarla para que les dijera.

-¿A ustedes no las han besado sus novios? – Preguntó Candy defendiéndose ya sabía que ambas se daban su besos con sus novios.

-No de esa manera. – Dijo Patty avergonzada, mientras Annie bajaba la mirada igual de colorada que Patty.

-No de esa manera. – Dijo apenada. Candy se sorprendió porque pensaba que sus primos eran igual de apasionados que su amado Anthony, aunque tenía que reconocer que Anthony había pasado mucho tiempo fuera de los regímenes de los Andrew y tanto como Stear y Archie habían sido educados más tiempo por ellos. Recordó que cuando Anthony era un adolescente no se había atrevido a darle un solo beso en los labios, simplemente la había abrazado, tomado de la mano y besado en su mejilla dos veces y había sido muy rápido con un poco de temor, sin embargo siempre respetó sus labios a pesar de que ya le había confesado que se moría por hacerlo. Candy sonrió con su sonrisa de enamorada y dejó lo que estaba haciendo para cerrar los ojos y revivir la experiencia que había vivido con su príncipe, por supuesto que no les diría hasta donde habían llegado, sino ellas se enojarían con ella y de seguro la retarían, pero no podía evitar sentir la necesidad de volver a estar en los brazos del rubio, solo habían estado juntos dos veces y su cuerpo le exigía de nuevo ese contacto.

-Hay chicas, se siente maravilloso. – Dijo volteando los ojos hacia el techo mientras suspiraba enamorada, animándose a hablar un poco de lo que se sentía ser besada con esa intensidad. – Sientes que las piernas pierden su fuerza, que el corazón se acelera y que la temperatura de tu cuerpo se incrementa a cada movimiento, mientras que un montón de mariposas revolotean en tu interior.

-¡Candy! – Decían las chicas emocionadas y a la vez tímidas al escuchar lo que Candy decía.

-¿Ese es un beso francés? – Preguntaba una tímida Patty quien solo había escuchado en el colegio hablar de ellos, más nunca había experimentado uno.

-¿Beso francés? – Preguntó Candy dudosa. Patty asintió.

-Cuando estaba en el colegio las chicas decían que era uno de los besos más apasionados que existía. – Decía Patty con cuidado de que nadie la escuchara.

-¡Patty! – Decía Annie sorprendida.

-¿¡Qué!? Yo solo escuchaba lo que decían las otras chicas. – Decía completamente roja.

-¿Y cómo es ese? – Preguntó Candy, ya que ella solo se dejaba llevar por los labios y la pasión de su prometido.

-Pues yo no sé, solo escuché una vez que decían que se incluía la lengua en ese beso. – Decía bajando más la voz provocando que tanto Annie como Candy se acercaran más a ella. Candy se puso completamente roja recordando como su amado Anthony la besaba y le acariciaba sus labios y su boca con su lengua buscando fundirse con la de ella. Annie notó el color en el rostro de Candy.

-¿Es verdad Candy? – Preguntó Annie al ver el rostro de su amiga. Candy asintió.

-Pues yo no sé cómo se llama, pero les puedo asegurar que es maravilloso un beso así. – Les dijo una vez más suspirando y sentándose al mismo tiempo en la mesa para colocar su rostro entre sus manos. Ambas chicas suspiraron, no se habían dado cuenta del tipo de beso de Candy y su novio, solo habían visto que era muy apasionado y soñaban con que sus novios las tomaran así en sus brazos.

-Lástima que Archie no se anime. – Decía Annie decepcionada.

-Tampoco Stear se animaría. – Decía Patty igual que Annie.

-¿Y por qué ustedes no toman la iniciativa? – Preguntó Candy ante el asombro de las chicas.

-¡Candy! ¿Cómo se te ocurre? – Preguntó Annie sorprendida. - ¿Acaso tú…? – Preguntó con los ojos abiertos de par en par. Candy negó.

-No, no fue necesario. Tonny es muy apasionado, pero mis primos tienen otra educación y tal vez piensen que las ofenderían si las besan de ese modo.

-O no saben cómo hacerlo. – Dijo Patty.

-No tienen que saber Patty, simplemente te dejas llevar por lo que sientes por él. – Les decía a ambas chicas, ellas la escuchaban atentas, sin embargo sabían bien que no se animarían a besar así a su chico.

Siguieron con sus labores ese día sin hacer más comentarios al respecto, cada una sumida en sus propios pensamientos, Patricia se preguntaba si ella sería capaz de hacer eso con Stear y Annie estaba segura que ella no se animaría a hacerlo con Archie, mientras Candy seguía pensando en los besos y caricias que tanto añoraba volver a sentir de su rubio, efectivamente su temperatura se sentía un poco más elevada pero tenía que reconocer que no se sentía enferma.

-¿Ya está todo listo? – Preguntó la señorita Pony quien llegaba con el ánimo de comenzar a preparar la cena.

-Ya. – Dijeron las tres chicas al mismo tiempo.

-Bien, entonces vamos a comenzar. – Dijo la señorita Ponny al ver que las chicas estaban dispuestas a ayudarles, mientras la hermana María se hacía cargo de los demás niños, la señorita Ponny y las muchachas le ayudaban en la cocina una vez terminado de preparar todo solo quedaba esperar que estuviera listo para que Jhon pasara por la comida y se la llevaran al rancho de Tonny.

-Bien niñas, ahora es necesario que se arreglen ustedes, falta poco tiempo para que sea la cena.

En ese momento llegaban los protagonistas de los deseos de Annie y Patty, llegaban a ver si hacía falta algo y de paso ver un poco a sus novias.

-Buenas tardes señoritas. –Saludaron como todo unos caballeros.

-¡Archie!

-¡Stear! – Dijeron las chicas abalanzándose a los brazos de sus novios, gustosas de verlos.

-¡Vaya que buen recibimiento! – Decía Stear contento. – Creo que vendré más seguido sin avisar.

-¿Necesitan algo? – Pregunto Candy al verlos ahí.

-Nada Candy, solo quería saber si ustedes necesitaban algo.

-Muchas gracias jóvenes, todo está listo. – Dijo la señorita Ponny mientras se limpiaba las manos con una servilleta. – Solo falta que una hora más llegue Jhon por la comida y que estas niñas se arreglen. – Dijo de nuevo.

-¡Ah por cierto! – Dijo Archie refiriéndose a Candy. – Tonny me dijo que si podías arreglarte en el rancho Candy. – Dijo ante la mirada de confusión de las presentes.

-¿Sucede algo? –Preguntó la señorita Ponny.

-No, lo que sucede es que Tonny le tiene una sorpresa a Candy y es necesario que la vea antes de la cena de esta noche. – Dijo Archie.

-Entiendo. – Dijo la señorita Ponny. – Entonces ve para allá hija, así el baño queda libre de una menos. – Dijo con una sonrisa.

-¿Tonny me tiene una sorpresa? – Preguntaba Candy a sus primos. -¿Pero a qué hora? – Preguntaba confundida. Los chicos solo atinaron a levantar sus hombros en señal de que no sabían nada. -¿Ya llegó Tonny?

-No él llegará más tarde para arreglarse, primero tenía que hacer algunas vueltas del rancho. – Fue lo único que obtuvo de respuesta por parte de sus primos.

Se quedaron un rato más platicando y poco después se dirigieron al rancho de Tonny, Candy llegaba con sus primos y ellos le indicaban cuál era su habitación. La rubia sabía que tenía una habitación en el rancho, sabía que estaba frente a la de su amado, pero nunca había entrado a ella, no porque no tuviera curiosidad de hacerlo sino porque no se había presentado la oportunidad.

Entró al cuarto tímida, se sentía un poco extraña entrando a esa habitación, más cuando observó la decoración de aquella alcoba sus recuerdos volvieron a su mente transportándose a aquella hermosa habitación que tenía en Lakewood, Candy nunca se había enterado que aquella habitación que le había sido otorgada en Lakewood había sido elegida por Anthony y también había sido decorada por él mismo, por eso había podido hacer una réplica casi exacta de la misma incluido el acomodo de los muebles.

-¡Es hermosa! – Dijo Candy sorprendida.

-Sí, Anthony se esmeró en todo, nuestras habitaciones también son iguales que las de Lakewood. – Dijo Stear viendo a su prima.

-¿De verdad? – Ambos chicos asintieron.

-Yo tengo hasta un restirador donde realizaba mis inventos. – Dijo Stear emocionado. Candy lo veía sorprendida, era maravilloso darse cuenta del amor que guardaba Anthony en su corazón.

-Bueno gatita, te dejamos para que te comiences a alistar. – Ambos chicos se retiraron a sus habitaciones y dejaron a la rubia que comenzara su arreglo, mientras ellos se dedicaban a hacer lo mismo.

Candy en ese momento sintió hambre viendo que era ya muy tarde y no había vuelto a probar alimento, se había mantenido ocupada con las muchachas platicando y con la elaboración de la comida. Se dirigió a la cocina para prepararse un emparedado, buscando pan, salami y una gran variedad de carnes frías que sabía que había en el lugar, recordaba que cuando había estado en aquella cocina había visto de todo. Rápidamente encontró lo necesario y se llevó el emparedado a su habitación, quitándose las botas para descansar sus pies y acercándose a la cama de pronto vio que había una caja envuelta como regalo. Se acercó a ella y pudo ver que estaba un sobre encima de ella.

-"Espero que sea de tu agrado, lo elegí para ti en uno de los tantos viajes que he hecho en estos años. Te amo princesa, siempre tuyo Anthony".

Candy sonrió al pensar que su amado siempre la había llevado en sus pensamientos y que hasta le había comprado ropa en sus viajes. Sonrió con dulzura y abrió el regalo antes de comerse su delicioso emparedado.

Abrió la caja lentamente y sacó un hermoso vestido de seda color rosa pálido, era largo hasta media espinilla y tenía el escote de hombros caídos, sin mangas, en el centro del mismo lo adornaba un discreto moño de la misma tela, era hermoso y verdaderamente de buen gusto, dentro de la caja había otras dos cajas más una más pequeña que la otra y debajo del vestido estaba la ropa interior, un corsé, las pantys bombachas de le época, un fondo, medias y un liguero para sujetarlas, Candy se sonrojó al ver lo femenino de las prendas, una de las cajas llevaba unos zapatos de tacón alto que hacían juego con el vestido y la caja más pequeña era la joyería para el atuendo. Candy estaba sorprendida con el buen gusto y el buen ojo de Anthony de saber sus medidas, no sabía que Tom lo tenía bien informado de todo eso, además él siempre estaba al pendiente de ella cuando iba al hogar y los buenos consejos recibidos un día de Archie habían logrado que él no se equivocara en la talla.

De pronto recordó que su cuerpo le pedía alimento al escuchar un ruido nuevamente provenir de él. Se sentó en la salita que adornaba el lugar para no ensuciar su atuendo, se comió el emparedado rápidamente pensando que era el más delicioso que se había comido en su vida.

Una vez que terminó de comerlo se metió al baño de la habitación fascinada de nueva cuenta por la semejanza del que había tenido, se sintió en confianza y se dio un baño con mucha tranquilidad y cuidado de todas formas tenía tiempo de realizarlo, al salir de la tina supo dónde estaría la bata de baño y las toallas sin dudarlo y efectivamente todo estaba en el lugar donde ella lo había predicho.

Anthony llegaba sin que ella se diera cuenta, todo el día se la había pasado fuera del rancho dando vueltas para esa noche, Jhon ya había llevado la comida y la señora Romina se encargaba de preparar la mesa para los invitados, así como una mesa más pequeña para todos los niños del hogar. Todo estaba prácticamente listo.

-Hola muchachos. – Decía Anthony al llegar. - ¿Ya está todo listo? – Preguntaba mientras observaba el salón completamente decorado y el comedor listo para recibir a los invitados.

-Juzga por ti mismo. – Le dijo Archie sintiéndose orgulloso por cómo había dejado el lugar.

-Gracias muchachos, no sé qué hubiera hecho sin ustedes.

-Y nosotros sin las rosas, lo bueno que tienes bastantes. – Le dijo Stear provocando la risa de los tres.

-¿Y Candy? – Preguntó ilusionado al nombrar a su chica.

-Está en su habitación justo como querías. – Le contestó Archie.

-Muy bien entonces iré a cambiarme. – Dijo dando unas palmadas en las espaldas de sus primos mientras se dirigía emocionado a su habitación.

-Nosotros haremos lo mismo. – Decían mientras iban a sus respectivos cuartos.

Anthony observaba el traje que usaría esa noche, era uno completamente diferente al que venía usando los últimos seis años, tenía tanto tiempo que no usaba un traje así que hasta sintió nostalgia por su antigua vida, sin embargo la felicidad que lo embargaba no haría que nada la empañara.

Candy comenzaba a vestirse colocando primero las pantys y después el corsé ajustándolo con mucho cuidado, la ventaja que ese se ajustaba por el frente y no necesitaba quien le ayudara a hacerlo, de pronto vio que sus pechos se veían un poco más abultados al terminar de ponérselo.

-Debo haberlo ajustado de más. – Se decía a sí misma mientras trataba de acomodarlos sin éxito alguno, se veían más grandes, siguió arreglándose sin darle importancia a la talla de sus senos, se colocó el liguero ajustando las medias y después los zapatos tipo María Antonieta, le parecían tan hermosos, estaban forrados con la misma tela del vestido haciendo que hicieran el juego perfecto. Al frente de ellos los adornaba una pequeña mariposa que los hacía ver más coquetos, se los calzó y se miró al espejo, se sentía atractiva en ese atuendo y sonreía al pensar la cara que pondría el rubio si la viera vestida así.

Se colocó el vestido encima de todo lo que llevaba, poniéndose antes el fondo para ampliar un poco más la falda la cual consistía de varias capas de tela entre holanes y encajes de seda. Su cabello caía suelto a los lados y no se decidía cómo peinarse, siempre se le había complicado mucho esa tarea optando siempre por sus dos coletas y cuando volvió a ver a Anthony se había decidido por recoger su cabello en una cola alta, mientras los rizos se le caían a los lados de su rostro. No tenía idea alguna de cómo peinarse esa vez, era un día muy especial y tenía que hacerse un peinado igual de especial sobre todo uno para usar esa peineta que le había regalado su príncipe.

Su cabeza no le daba para más y el reloj seguía avanzando pronto llegaría la hora de la cena y ella seguía en las mismas. Optó por hacerse una trenza de cinco nudos y en el nacimiento de esta colocó aquella hermosa peineta, se acomodó los rizos que caían al lado de su rostro con mucho cuidado, buscando la manera que lucieran peinados y en su lugar, la ventaja de tener mucho cabello, largo y rizado era que no se apreciaba bien si estaba mal peinada. Se colocó los pendientes y el delicado collar que hacía conjunto con el brazalete y cuando terminó de sacar todo lo de la caja observó que había una pequeña bolsa atada con un listón que no había reparado en ella, dentro de la bolsita al deshacer el moño encontró unos cosméticos que le ayudarían a complementar su atuendo, era un brillo labial, un delineador de ojos, maquillaje, rubor y un rímel, se sintió sorprendida por todo los detalles que había pensado su novio.

Se comenzó a maquillar con mucho cuidado para no cargarse mucho de pintura, le gustaba su rostro al natural sin embargo darle un poco de color no le vendría mal, se pintó las mejillas con sumo cuidado no queriendo abusar del rubor, un poco de rímel, se delineó los ojos con mucho cuidado porque nunca lo había hecho y se pintó los labios con aquel brillo que solo daba eso, brillo a su boca. Una vez al haber terminado de arreglarse escucho que tocaban la puerta.

-Adelante. – Dijo feliz con los resultados.

-¡Candy! ¡Te ves hermosa! – Eran sus amigas quienes entraban para avisarle que ya habían llegado todos los invitados.

-¡Gracias ustedes también! – Decía Candy.

-¿Se puede? – Preguntó Anthony quien estaba ansioso por ver a su novia.

-Tu prometido también se ve muy guapo. – Dijo Patty por lo bajito, haciendo reír a Annie y a Candy en el momento que Anthony entraba por ella.

-Adelante amor. – Le dijo Candy para que entrara con confianza, quedándose el rubio de pie observando detenidamente la imagen de su pecosa. Recorría con su mirada el cuerpo de ella, siendo observado por las chicas, quienes optaron por salir para no interrumpir a la joven pareja. - ¿Cómo me veo? – Preguntó con una sonrisa de satisfacción al ver la reacción de su prometido, el cual no podía ni hablar de lo hermosa que la veía, Candy también observaba lo guapo que se veía su novio y recordaba su primer baile en Lakewood, recordaba lo elegante que estaba aquella noche y se sentía feliz de verlo una vez más así, su traje era de un tono gris satinado, su camisa era del mismo color que el vestido de ella y la corbata era a rayas blancas satinadas con gris. Simplemente impecable.

-Eres la misma imagen de la perfección mi vida. – Le dijo acercándose a ella enamorado.

-Tu también te ves muy guapo mi príncipe. – Le dijo antes de salir de la habitación.

Ambos chicos salieron de la habitación de Candy tomados de la mano mientras se observaban uno al otro sin perder detalle.

-¡Vaya hasta que aparecen! – Dijo Tom cuando vio a sus hermanos. – Eran los únicos que faltaban.

-Casi todos. – Dijo Anthony, al ver a Candy le guiñó un ojo sin comprender ella a quien esperaba.

-¿Esperas a alguien más? – Preguntó Candy, Anthony asintió. – Una sorpresa para ti amor. – Le dijo dándole un beso en su mejilla.

-¿Otra? -Preguntó sorprendida y su amado asentía.

Candy observaba a cada uno de los invitados dedicándoles una sonrisa de agradecimiento a cada uno de ellos, veía a la señorita Ponny, la hermana María, Tom, Stear, Archie, Annie, Patty, Jhon, Dayanna, Jimmy, el señor Cartwright, el señor March, la señora Romina y su esposo, así como los pequeños del hogar y se preguntaba quien más podría llegar. En eso tocaron la puerta, dirigiéndose la señora Romina a abrir la puerta.

-Buenas noches. – Saludo amable, cediendo el paso al par de personas que ingresaban a la mansión. – Adelante.

-¡Albert! ¡George! – Dijo Candy emocionada de verlos llegar.

-¿Creías que celebraríamos nuestro compromiso sin el permiso de tu padre? – Le dijo Anthony al oído mientras Candy lo abrazaba feliz por la sorpresa.

Continuará…

Bueno hasta aquí la celebración espero que les haya gustado mucho y si no de todas formas espero sus comentarios jajajaja

Bendiciones y saludos para todas!

Cuídense mucho por favor y lávense bien las manos.