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El Príncipe y el Esclavo

Por Ladygon

Advertencia: Lemon.

Capítulo 20: Deseos poderosos.

Decidió hacer una cena exquisita para su invitado especial. Aprendió muy rápido a cocinar, gracias a los videos de internet, así descubrió que tenía mucho talento para ello, además, le gustaba mucho. También tenía un vino exquisito para celebrar, en realidad lo compró, llevando anotado el nombre de la botella que tomaron la noche anterior, pero aunque no pudo comprarlo, por ser tan caro, el dependiente le recomendó otro más barato y lo compró. Era su trabajo, así que debía saber lo que vendían por eso decidió confiar que llevaba un buen vino barato.

Miguel era tan varonil con ese porte militar. Se intuían unos músculos duros y sexys bajo la chaqueta. Tenía el cabello sedoso, azabache, con algunos mechones ondulados peinados hacia al lado. Esa barbilla con una marcada división era propio de los héroes de las historias épicas. Castiel quedó estático al abrir la puerta, mirando todas estas características fascinantes, las cuales evocaban a alguien especial.

—Te traje unos… Ummh, ¡huele exquisito! —exclamó Miguel cuando sintió el horno en el ambiente.

—Me alegro que te guste —mencionó rápido Castiel, saliendo del trance.

Fue decidido hasta él y le dio un beso en la mejilla mientras tomaba el paquete.

—¿Qué es? —dijo como si nada Castiel.

—Son pasteles de chocolate —respondió Miguel de forma mecánica, a causa del beso que le dieron.

—Me encantan los pasteles. Estos de chocolates son muy ricos.

Miró a Miguel, pero este todavía no se movía de su sitio. Alzó la ceja, extrañado.

—¿Pasa algo? —preguntó Castiel.

—No, no, nada.

Su invitado sonrió afectado, pero avanzó como pudo hacia la cocina.

—La cena estará lista en diez minutos ¿Deseas tomar algo? —preguntó Dean.

—Una cerveza, por favor.

Castiel sacó una botellita de cerveza y se la sirvió helada. Miguel bebió de un tirón más de la mitad, bajo el asombro divertido del otro. Cenaron bajo las luces de las velas, tomaron el vino, el cual no estaba tan bueno como el anterior, entonces hubo una plática sobre los tipos de vinos, los viñedos, con clase magistral de Miguel. Luego lavaron los platos y conversaron acerca de su día, aunque en realidad no hablaron mucho de eso, solo se miraban largamente. Había una suave música ambiental, Castiel contaba sobre su vida y Miguel escuchaba. Cuando fue el turno de Miguel, no dijo mucho, pero se ofreció a secar los platos. Castiel no lo detuvo.

Vieron una película donde las personas volaban, sentados uno al lado del otro en el sofá.

—¿Crees en la magia? —preguntó Castiel.

—Claro, la magia es entretenida.

—No me refiero a los trucos, sino a la magia verdadera.

Miguel quedó en silencio.

—Yo creo en la magia —adelantó Castiel—. Es algo que te salva en momentos de desesperación, cuando ya no hay nada.

—¿En serio?

—Un ejemplo de eso, eres tú. Pensé que no podría soportarlo y apareciste en el momento exacto.

—Yo, este…

—Te agradezco mucho que aparecieras. Cuando Dean se fue, pensé que era lo correcto, pero me equivoqué.

—¿Por qué te equivocaste?

—Porque estaba enamorado de él y no lo sabía. Lo descubrí cuando sentí el peso de su ausencia. Dean dijo que no soportaría estar sin mí, no lo entendí en ese momento, pero lo sentí después. Creí que era exageración de su parte y no era cierto. Él y yo teníamos una relación un tanto complicada, como también confusa. Empezó como algo impuesto, es por eso que no lo sentí cercano, pero después fue algo en iguales condiciones y ahí las cosas cambiaron.

—¿Cómo cambiaron?

—Porque pude ver quién era realmente, sin tanto brillo de su entorno, sino la persona y me gustó. Era alguien que podía hacer cualquier cosa.

—¿Te gustaría tenerlo de regreso?

—Por supuesto.

Los dos se quedaron mirando en ese sofá frente al televisor. Uno perdido en los ojos del otro. Sus rostros se acercaron y los dos se besaron en ese momento: un beso quedo, profundo, lleno de significado. Las miradas volvieron a explorarse de muy de cerca, sintiendo las respiraciones en su rostro.

—Deseo… deseo… —murmuró Castiel.

—¿Qué deseas? —susurró Miguel.

—Deseo que vuelvas —dijo Castiel con seguridad.

Miguel sonrió con dulzura y sus ojos brillaron lleno de alegría.

—Como desees… mi amo —susurró otra vez Miguel.

Una luz iluminó el cuerpo Miguel, haciendo que los ojos abiertos de Castiel fueran tan azules como irreales. La luz se apagó y en su lugar quedó la silueta tan conocida.

—Hola Dean —saludó Castiel con una sonrisa.

—¿Qué tal Cas? —susurró Dean con seriedad, sin dejar de verlo.

Las bocas volvieron a juntarse en un beso. Este comenzó igual que el otro, quedo, muy quedo, despacio para volverse arrebatador en todos los sentidos de la palabra. El balanceo de las cabezas para los lados, trataban de hacerlo profundo muy profundo, como nunca pudieron darse ese beso en el pasado. Por eso querían uno así, uno lleno de promesas hacia adelante. Después comenzaron a darse besos entrecortados y en el rostro.

—Cas… Cas…

—Dean… Dean…

—Te amo Cas.

—Lo sé Dean, yo también te amo.

—¿En serio?

—En serio.

Los dos dejaron los besos y se quedaron mirando a los ojos, buscando respuestas. Miles de respuestas a preguntas que no estaban hechas.

—Te extrañé mucho, casi muero de añoranza —dijo Dean.

—Año… ¿qué? —preguntó Castiel extrañado.

Dean rio a carcajada limpia, tanto que pasó a llorar y después no sabía si reía o lloraba. Castiel se asustó, porque no podía calmarlo.

—Lo siento, Dean —confesó Castiel en su forma de lograr algún equilibrio emocional.

—¡Oh, Cas! —exclamó Dean, abrazándolo con fuerza— ¡Te extrañé tanto, tanto! ¡Me hiciste falta a morir!

—¿Entonces, es lo que significa eso?

—Es lo que significa.

Dean volvió a besarlo y no quería dejar de besarlo. Besarlo todo el santo día, todos los días por toda la eternidad. No solo besarlo, sino abrazarlo, amarlo y no dejarlo ir nunca más, porque el vivir sin él fue lo peor en la existencia.

—Dean, no puedo respirar.

—Lo siento, lo siento, es que no lo puedo creer.

—Cuéntamelo todo.

—Este, no sé por dónde comenzar.

—Comienza desde cuando te mandé a tu mundo —solicitó Castiel un tanto avergonzado.

—Al pasado, me enviaste al pasado.

—Cierto, al pasado, por un momento pensé, que podían ser mundos diferentes. No sé por qué lo pensé —meditó Castiel

—Sí, en el pasado, yo fui el príncipe Dean y cuando me enviaste, cumplí tu deseo —comenzó Dan su historia—. Me volví rey de Winchester, amplié el reino y dejé un heredero. Mi magia… aprendí a controlar mi magia, pero no tenerte a mi lado casi me enloquece, sino fuera por mi hermano, no estaría aquí. Él me dijo que podía volver a verte, que solo necesitaba paciencia y algún día volvería. Esperé todo este tiempo por ti.

—¿Qué me estás tratando de decir? ¿Qué esperaste todos esos siglos? —preguntó Castiel con la boca abierta por la sorpresa.

—Sí, no siempre debo decir —dijo con una punzada de dolor en su rostro—. Me ponía a dormir unos siglos, cuando no soportaba la presión de no tenerte a mi lado y de estar solo en el mundo, pero la esperanza de verte, me daba ánimos para seguir adelante. Soy inmortal, no tenía nada más que el tiempo a mi favor y en mi contra, porque también era mi verdadero enemigo.

Castiel no aguantó todo lo que decían y se puso a llorar. Dean se sintió un poco culpable, pero en el fondo estaba feliz, porque significaba todo ese amor que tenía el chico por él. Lo abrazó con cuidado.

—No debes culparte —le dijo Dean.

—Pe… pero… por mi culpa…

A esta altura hipaba sin control.

—No, porque me alegro que lo hicieras —explicó con cuidado Dean—. Sufrí, pero eso significó que podemos estar juntos ahora. Cas, yo no pertenecía a este lugar, no me daba cuenta, tampoco te lo dije antes, porque no sabía la importancia de eso, pero el mundo estaba cambiando, la historia del presente estaba cambiando mientras permanecía en este lugar. Después, lo pensé mucho y lo investigué, resulta que mi paso por la historia, al ser un rey, era importante, al punto de cambiarlo todo. En tu caso, no lo fue, porque era tu destino desaparecer, pero mi ausencia alteraba el curso de la humanidad. Si no me hubieras enviado al pasado, cosas horribles hubieran pasado, pero lo peor, es que tú no te darías cuenta de lo que significaba yo para ti.

—Lo siento, lo siento.

—No lo sientas, amor mío. Solo, no vuelvas a apartarme de tu lado.

Castiel lo miró con sus ojos llorosos y su rostro sonrojado por las lágrimas. Se veía precioso, ya que los colores lo adornaban.

—Te lo prometo. No volverá a pasar —dijo Castiel—. Además, no lo quiero. No deseo separarme nunca de ti.

Dean sonrió de lado.

—Soy tu genio y tú eres mi amo. Cumplir tus deseos es mi comando, pero lo último lo dijiste mal. Debes aprender a pedir tus deseos.

Castiel sonrió, sabiendo lo que le pedía.

—Deseo, no separarme nunca de ti.

—Como desees mi amo.

Un beso selló el mágico deseo del chico. Sonrieron en el beso con felicidad de una nueva forma para explorarse, así sintieron el amor de ambos.

—¿Estás seguro? —preguntó Dean.

Castiel lo pensó un momento, mirando hacia un lado. Luego fijó su vista en los verdes.

—Estoy seguro —respondió Castiel.

—No quiero…

—Está bien —interrumpe Castiel—. Has esperado miles de años.

—Para ti son solo unas semanas ¿No es demasiado rápido?

—No, no lo creo, es decir… no lo siento así. Puede ser que esto no es por solo unas semanas.

—¿A qué te refieres?

—Puede que me gustaras de antes.

—¿Qué?

—En el pasado, puede ser que me gustabas y no lo sabía o estaba demasiado asustado para verlo.

Dean quedó en silencio con la confesión de Castiel. Entendía lo que estaba sucediendo en esa confesión.

—No te tuve la suficiente paciencia. Fui un príncipe engreído, que solo quería satisfacerse a sí mismo…

—Eso…

—No —interrumpió Dean con la mano en alto—. Todo esto no hubiera pasado, si hubiera sido paciente contigo. Mi hermano me lo dijo y no le hice caso. Fui un idiota.

—Tampoco sabías lo que sentías por mí, solo era un esclavo.

—Eras una persona y no me puse en tu lugar.

—No tenías por qué, eras un príncipe.

—Por eso mismo, debí hacerlo. Un buen gobernante se debe a su pueblo y debe conocer a su pueblo. Por eso mi reino fue lo que fue, un reino exitoso y muy feliz.

—Me alegro por eso y estoy orgulloso de ti.

Castiel lo besó otra vez. Dean respondió con adoración y tristeza.

—Entonces, déjame a mí. Yo lo hago —dijo Castiel.

Dean abrió los ojos con sorpresas.

—¿Harías eso?

—Por supuesto —respondió Castiel—. Creo que tengo el suficiente entrenamiento para intentarlo. Al menos que tú no quieras.

—No, no, me gustaría. Estoy seguro, me gustaría.

Castiel lo miró con mucha intensidad.

—Ven, vamos a la cama.

Castiel lo tiró de la mano hasta su habitación en ese palacio hermoso, que algún día sería de ellos, si es que ya no lo era. Las caricias comenzaron sin mucha anticipación a lo que sucedería, o lo que estaban haciendo. Solo se dejaban llevar. Es cierto que Castiel debía tomar el control, pero nada más lejos de la realidad. Castiel estaba relajado y quería que sucediera todo de forma natural, no estaba ni pizca, temeroso de nada, cosa que lo sorprendió, porque siempre le provocaba cierto terror estar en la cama semidesnudo, siendo tocado por todas partes, principalmente, para sacarle toda la ropa. A diferencia de todos esos momentos, se sentía bien, se sentía bien estar con Dean con todo lo que eso significaba en esos instantes.

Los besos fogosos sobre su piel, calentaron el ambiente de forma tan exquisita. No recordaba eso con algunas de sus odaliscas. Añoraba tanto a Castiel, no solo su cuerpo, sino absolutamente todo de él. Quería más de su amado y estaba dispuesto a hacer lo necesario para obtenerlo, siempre respetándolo como el fantástico ser humano que tenía en sus brazos. Era el momento de demostrar lo enamorado que estaba, por eso su adoración estaba en cada caricia propiciada. Bajo la piel estaba su nombre y de esa forma lo iba a demostrar.

Dean tronó los dedos y apareció un frasquito, el cual se lo pasó a Castiel en sus manos. Castiel sabía, perfectamente, lo que tenía que hacer con él. Sus días de entrenamiento como esclavos serían por fin aprovechados. Embetunó sus dedos y lo dirigió a la entrada de Dean. Este ya estaba desnudo, hace rato estaban desnudos ambos, tocándose con insistencia entre ellos. Ensalivados y todo, Castiel comenzó a preparar a Dean, con bastante seguridad para el alivio del propio Dean. Relajó su trasero todo lo que pudo, para darle el camino necesario a Castiel. Este abrió el paso con mucha anticipación en su mente de lo que estaba sucediendo.

Dean abrió las piernas para seguir con su firme intención de entrega. El dedo siguió con mucho cuidado, tanto así, que dolió muy poco. Por lo que veía, Castiel sabía mucho de estas cosas y lo hacía mejor de como él lo hizo la primera vez que lo tomó, y eso que fue guiado por un experto. Sentía tanto orgullo por su pequeño mágico. Es cierto que él era el genio, pero este chico era mágico a su forma de ver. Tener a Castiel encima de él, sintiendo su peso sobre su cuerpo, fue algo muy nuevo, ya que estaba acostumbrado a estar arriba, no debajo de nadie.

Para Dean, esta fue una nueva y muy grata experiencia. Y también quería que se repitiera muchas veces. El pene dentro de él, abría rincones que dolían, pero que lo llevaban a un placer extremo al mismo tiempo. El ritmo suave marcado por los cuerpos lo hacía sentir tanto, que las lágrimas cayeron por su rostro. Había esperado muchos siglos este momento.

—¿Estás bien? ¿Te duele? —preguntó Castiel, deteniéndose.

Dean pareció salir de un trance.

—No, no, sigue por favor —suplicó Dean.

Castiel no pudo resistirse y le dio un beso a Dean, uno que le mandó el alma a volar. Fue maravilloso, estos besos eran diferente a cualquiera que hubiera recibido. La pasión se encendió otra vez y el ritmo se hizo intenso. Los dos gemían muy fuerte con el placer experimentado. Castiel empujó dos veces profundo y Dean se estremeció. El pene entre los estómagos se vació con fuerza, dejando el líquido escurrir. Castiel demoró un poco, pero pudo hacerlo en un grito sofocado por un beso de Dean.

—Eso fue… eso fue… fabuloso… —dijo Dean entrecortados cuando recuperaban el aliento.

—Lo fue —aseguró Castiel— ¿Cambiamos?

Dean sonrió travieso, porque ahora no tenía duda de que Castiel estaba bien con ser follado por él.

—Yo también quiero ese traserito lindo —dijo Dean.

—El tuyo también es… lindo —respondió medio tartamudo Castiel.

—Lo cuidé para ti —dijo Dean con una malicia, la cual provocó que sus entrañas se contrajeran.

El turno de Dean para tomarlo fue muy cuidadoso también, principalmente, porque sabía los puntos exactos donde Castiel llegaba al clímax. Castiel reconocía esas manos, para él, no había pasado mucho tiempo desde la última vez que fue tomado por Dean. Solo unos meses desde que escapó al mundo de los grandes edificios y era tecnológica. Ahora era diferente, porque los besos fogosos no daban tregua, besos entre ambos, con participación de ambos y correspondidos.

Fue muy tierno, todo lo tierno que no fue cuando era el príncipe Dean y era el amo de Castiel. La vez que lo tomó a la fuerza, estaba muy enojado con Castiel por escaparse. Debió tenerle paciencia y tratarlo mejor, pero no entendía lo enamorado que estaba del chico. Si lo hubiera entendido en ese instante, quizás esto hubiera pasado hace mucho, hace miles de años atrás, cuando en un mundo de esclavitud, un favorito robaba el corazón de un príncipe, llamado a ser rey. Las cosas no se dieron y lejos de sentirse fracasado, en este instante se sentía dichoso, como si conquistara todo un mundo con sus ejércitos.

Lo cierto es que nunca trató de conquistar a nadie, sino que solo se defendió de los ataques extranjeros y terminaba anexando ese reino al suyo. De esta forma logró un imperio, pero eso se lo contaría después a Castiel. Por ahora, solo quería lamerlo y chupetearlo por cada rincón de su cuerpo mientras estaba dentro de él, y con cada embestida, sentir ese tipo de explosión en la cabeza, que le hacía desearlo cada vez más. Así que por eso, el movimiento se hizo delirante dentro del cuerpo de Castiel. Dean a veces perdía la cabeza cuando estaba con él, Castiel en el pasado, nunca estuvo consciente de esto porque se desconectaba de lo que estaba sintiendo, pero ahora, con todos sus sentidos puesto en el otro, veía otra realidad.

Castiel se lo había perdido por poner una pared entre él y Dean. No quiso ver los sentimientos del príncipe y quizás si los hubiera visto, de esta forma tan descarnada, no hubiera huido como lo hizo. Pudo perder un amor verdadero por su tozudez frente a la vida. Creía que sabía lo que quería y en realidad, no sabía que quería esto. Quería a Dean a su lado, lo quería con fuerza y lo experimentado, hizo que abrazara con desesperación ese cuerpo que trataba de controlarse.

Dean reaccionó con el abrazo y pudo mirar a Castiel entremedio de su nube de placer, lo miró a los ojos y ambos se miraron como si fuera la primera vez que lo hacían. Pudieron ver todo lo que no vieron antes, lo que estaba ahí, lo que siempre estuvo ahí y no podían ver por sus mentes cegadas. Sonrieron y se besaron mientras sus manos podían rodearlos con amor.

Aunque estaban cansados por las sesiones de sexo, Dean pasó a contarle sus aventuras en el pasado. En realidad, fue muy sorprendente escuchar eso para Castiel, parecía una película de la cual fue parte, pero que tuvo que abandonarla a mitad de su realización. Sentía extraño, pero la forma como lo decía, no parecía ser una gran alegría vivirlo. Pese a esto, fue maravilloso saber que una de las políticas importante del rey, tenía como finalidad, abolir la esclavitud, y lo logró. No fue nada de fácil, porque la economía de su reino estaba muy ligada a la esclavitud, pero lo hizo. Castiel estaba muy orgulloso.

—No era necesario que te disfrazaras de Miguel o hechizar a Sofía para que nos presentara —dijo Castiel en un momento.

—Quizás, pero no estaba seguro de lo que sentías por mí.

Estaban abrazados en la cama y Dean acariciaba su cabello.

—Tienes razón, no sabía. Tuve que perderte de esa forma para poder procesarlo.

—A mí me pasó algo parecido —dijo Dean—. La primera vez, fue cuando escapaste al desierto, pero ahí no me di cuenta que te amaba, solo estaba furioso de que me desafiaras y de obligarme a cortarte la cabeza para limpiar mi honor. La segunda vez fue desesperado, en esa caverna supe que si no te encontraba, te perdería para siempre y eso fue… fue… decisivo. No podía vivir sin ti.

—Eso no es cierto, pudiste vivir muchos siglos sin mí.

—Fue, porque sabía que te vería en el futuro, que tenía otra oportunidad, quizás la única. Por eso fui cuidadoso y me disfracé, pero me descubriste ¿Fue cuando te salvé, no?

Castiel sonrió y afirmó con la cabeza. En ese momento cuando casi lo atropellan, pudo sentir su esencia, su olor, solo lo supo.

—No tomé en cuenta que tú también sentías lo mismo por mí —siguió Dean con su explicación—. Parecía muy increíble, incluso cuando lo confesaste. No sabes lo asustado que estaba por ser rechazado otra vez.

—No debías asustarte, yo lo entendería.

—¿En serio?

—¿En serio?

Los besos volvieron fogosos.

—Es mejor que durmamos. Mañana tengo que trabajar —dijo Castiel.

—Soy un genio súper poderoso y puedo cumplir, todos los deseos que quiera mi amo —dijo Dean con prepotencia.

—Dean —reprochó Castiel.

—¡Es verdad! Puedo crearte un palacio, un imperio ¡Llenarte de piedras preciosas! ¡Incluso viajar al pasado y al futuro o adónde tú quieras, sin alterar ninguna línea temporal!

Castiel abrió los ojos sorprendidos.

—¿En serio puedes hacer todo eso? —preguntó Castiel con la boca abierta.

—Todo lo que tú desees mi amo. Tuve mucho tiempo de entrenamiento mágico —dijo Dean con las manos abiertas como si le mostrara un mundo imaginario.

Castiel se quedó pensando un momento.

—¿En realidad soy tu amo después de tanto tiempo? ¿No tuviste otros amos? —preguntó Castiel.

—No, tú eres el único. Seré tu genio hasta el día en que mueras, pero como tengo pensado darte varios años, no pasará nunca. Podemos ser inmortales hasta que nos aburremos y queramos ser mortales, tener hijos y…

—Tentador… por el momento solo deseo que te duermas a mi lado —respondió Castiel, cortando al eufórico de felicidad.

Dean le dio un beso en la frente y lo acomodó entre sus brazos, sonriendo divertido.

—Como desees mi amo. Tus deseos son mis órdenes.

Castiel rio quedo con las tonteras que se le ocurrían a Dean. Le daba risa, que ahora ninguno de los dos tenía miedo del otro, ni siquiera Dean, quien no dudaba en cumplirle un deseo, el cual podía devolverlo al pasado de nuevo, pero eso no volvería a pasar nunca. Castiel quería a Dean a su lado, porque lo amaba y así tendría que ser.

Y quizás tal vez, algunas veces, solo algunas veces, le pediría un pequeño deseo como antojo divertido.

Fin.-

Holaaaaa, ¡por fin terminé! Muchas gracias a todos quienes siguieron esta historia y esta serie de fics sobre príncipes caídos por amor. Me alegra mucho poder darles un final bastante mágico. Espero que les guste mucho y gracias por los comentarios tan lindos que dejan.