Pov. Shikamaru
—Algo no anda bien con Sai.
Apoyé el vaso con furia y respondí:
—¿A qué te referís?
—Está trabajando por su cuenta. No le he dado órdenes explícitas de tomar otro rumbo. ¿Qué es lo que sabés de él?
—Estamos tras la sombra de Obito Uchiha. Estoy tratando de infiltrarme en su vida, pero aún no logré toparme con él directamente.
—¿Qué lograste recopilar?
En ese momento, Guy estaba mirándome fijamente. Con sus dedos entrecruzados y un tono de voz intimidante.
Su traje estaba húmedo por el primer vaso de cerveza que se le había caído.
Sin embargo, trataba de no mostrar su principio de ebriedad.
—Tiene un negocio lo suficientemente avanzado como para inaugurarlo a unos días. Al parecer, eso será en Suna. Él está envolviendo a su mujer para que sea la dueña del lugar. Sai se encuentra allí y me brindó detalles de hace poco tiempo.
Quité de mi bolsillo el celular y busqué la imagen de Obito y Rin.
—Esta joven era su legítima esposa. Durante su último viaje, él permaneció en su antiguo hogar.
Por circunstancias que desconozco, él la asesinó.
Guy miraba con detenimiento la fotografía.
—¿Acaso ella es...?
—En efecto.
—Entonces, la información que me dieron acerca de un tal Nagato... ¿Es falsa?
Saqué un cigarrillo de la caja y, antes de encenderlo, pregunté:
—¿Qué clase de información?
—Me dijeron que Nagato Uzumaki es líder de una banda de narcotraficantes en la zona suburbana de Suna.
Si bien todas las pruebas en su contra son bastante factibles, el asesinato de la chica no tiene nada que ver con él.
—Así es. Todo indica que el autor material del crimen es Obito Uchiha y no dudo de que exista un motivo mayor que éste para hacerlo.
—¿Por qué pensás eso?-llamó al mesero para pedir una botella de whisky.
Apoyé los codos sobre la mesa, dejé el celular a un lado y continué:
—Porque él no hace las cosas porque sí. Es bastante meticuloso con su trabajo y éste no forma parte de su naturaleza. Estoy seguro que no lo planeó y por eso precisa la ayuda de los delincuentes de la zona para ocultarse entre las sombras—exhalé una buena bocanada de humo. Se sintió como si me hubiera quitado un gran peso de encima.
—Es muy rebuscada tu teoría, pero dada tu lógica, no podría poner en duda tu hipótesis.
Llegó el mesero con el pedido y Guy agradeció. Tomó la botella y sirvió.
—Cuando venía hasta acá, no imaginaba encontrarte aquí—reía.
—Siempre vengo a este lugar—respondí escuetamente.
—Lo sé, lo sé. Sólo era una broma, Shikamaru.
Él no era de los tipos que bromeaba con sus subordinados. Eso me llamó la atención y comencé a tomar con pinzas cada palabra.
Acabé mi trago y cuando me disponía a irme, me sujetó del brazo, impidiéndolo.
—Aún no terminamos la conversación..
Fruncí el entrecejo. Algo no marchaba bien...
Supuse que tendría que ver con Sai y la poca información que le brindé.
—¿Qué es lo que realmente querés saber?—exclamé en un tono avasallante.
—¿Hay algo más detrás de tu misión?
Su mirada era fría e intensa, se sentía como si me amenazara con una navaja.
—NADA—me solté y guardé mis manos en los bolsillos.
—Tarde o temprano sabré qué ocultás, Shikamaru Nara—amenazó.
Bufé y me retiré del bar. Frustrado y enfurecido.
¿Qué pretendía saber?
¿Acaso es que...? No, IMPOSIBLE.
Los nervios poseyeron mi mente.
Estaba seguro que en el fondo de ese encuentro "casual", existía otro motivo sustancial para extraerme algún tipo de información.
Mi trabajo comenzaba a desvirtuarse. Debía actuar con cautela (Inclusive ante mis superiores).
Mientras caminaba con desgano hacia el edificio, recordaba las palabras de Temari.
—Si sos un gatito curioso, te veré en mi departamento a las 22hs...
En mi celular marcaban las 21:40hs.
Dudaba. Realmente quería ir pero...
¿Sería lo correcto?
Tenía dos mujeres con quiénes me divertía sin compromiso. Pero desde que comencé este juego, ya no soy yo el que toma las riendas...
Son pensamientos vagos que salen en este momento, tambaleando mi lógica y razón.
Dejá de perder el tiempo y dedicate a trabajar...
Esas serían las palabras de Sai.
Me senté en la banca de una parada de autobuses y trataba de ordenar las piezas perdidas.
Tayuya planea algo contra mí, pero...
¿Qué podría ganar? ¿Desprestigiarme? ¿Que quede desempleado por ser acusado por violento?
No. Eso no debe ser...
Guy actuaba de forma extraña, buscando sacarme información con la excusa de embriagarnos.
Por más que le diera vueltas al asunto, nada cuadraba.
Quería fumar. El problema era que ya no tenía más.
Suspiré. Había demasiadas presiones sobre mi espalda.
Me desperecé y coloqué mis brazos detrás de la nuca, mirando hacia el cielo.
Era reconfortante y sereno...
Estuve sólo unos minutos hasta que una hipótesis llegó a mi mente.
Tal vez todo esté relacionado. Sólo debía poner en práctica mi hipótesis para ello.
Pensaba en las opciones que me quedaban para pasar el momento.
Tenía menos de media hora para decidir si quería ir con Temari o quedarme en casa.
A paso lento y sin perder de vista el camino que tomaba, regresé al edificio.
Tomé el ascensor y miraba al suelo.
Tenía un extraño presentimiento...
Me dirigí hasta el departamento de Temari. Toqué el timbre y esperé.
Al mismo tiempo que abría la puerta, una voz conocida captó mi atención.
—Shika, amor. Pensé que no te encontraría aquí.
No quité la vista de la rubia. Sus ojos estaban exaltados y con algo de tristeza.
Mi corazón se estrellaba contra mi pecho. Maldito momento...
Desvié la mirada hacia la que me hablaba.
—¿Quién sos?—Llámenme caradura pero debía zafar de la situación.
Soy Kin. Es decir, no te hagas el tonto, vine a verte...
—Perdoname pero no tengo idea de lo que me hablás... —volteé a ver a Temari, con una mirada de desconcierto y, en el fondo, victoriosa.
—¿Vas a entrar?—Pareciera que entendió mi prisa por salir de esa situación.
—Claro—entré y no miré hacia atrás.
La rubia cerró inmediatamente la puerta y quedó parada frente a él, con los brazos cruzados.
—Te debo una,Temari.
—Si, una explicación me debés—golpeaba con sus tacos.
—Esperá, esperá. Creí que sólo éramos amantes, ¿No es así?
Chasqueó la lengua y giró su cabeza. Sabía que había perdido la batalla pero no daba el brazo a torcer.
—¿No te alegra tenerme en tu casa?—me acerqué de forma seductora a ella.
Esbozó una sonrisa ladina y respondió:
—Pensé que irías con esa...
—No sabía que eras celosa—tomé su mejilla y la besé suavemente.
—No, para nada. Sólo que vos habías llegado hasta mi departamento y... bueno, cuando escuché que ella te llamó amor, creí que me dejarías solita—musitó.
—¿Y perderme de tu hermosa figura que tan loco me trae? Sería un completo idiota... —la abracé.
—Shikamaru—su voz cambió a un tono más serio.
La miré. Sus ojos me mostraban un deje de preocupación que me desconcertaba.
—¿Qué sucede?
—¿Hasta cuando creés que aguantaremos esta situación?—bajó su mirada.
—¿Cuál situación? Te recuerdo que fuiste vos la que propuso que seamos amantes. No me digas que...
—Olvidate lo que te dije y vamos al grano—tomó mi rostro y me besó apasionadamente.
No lograba concentrarme. Sus palabras salieron desde lo más profundo de su corazón. Ella comenzaba a dudar. Estoy seguro.
—Esperá...—corté bruscamente su beso.
—¿Ahora qué?—respondió con fastidio.
—Si en algún momento, esto se nos va de las manos, prometeme que me lo plantearás. No deseo que salgás lastimada y mucho menos quisiera meterte en problemas.
—No te preocupes. Así será—sonrió.
Pero podría aseverar que era una sonrisa tan falsa como su promesa. Su orgullo no le permitiría admitir que se sentía confundida.
Esa noche, la que creía que terminaría bien, no me sentía conforme.
Ella besaba mi cuerpo, también lo estremecía. Me gustaba, sí. Pero yo estaba con la mente en otro lado.
Mi corazón estaba desorientado y disconforme.
Estábamos en la cama, a punto de pasar a la última fase de las relaciones sexuales.
Ella se subió sobre mí, moviéndose con mucha sutileza y femineidad.
Sentía su mirada curiosa, inquisidora en cuanto a mis acciones.
Pese a gozar del momento, no podía dejar de pensar...
Por un momento, logré deshacerme de esos vagos pensamientos para enfocarme en la mujer que estaba conmigo.
Llegamos al final de nuestro encuentro furtivo.
Ambos estábamos exhaustos. Habíamos saciado nuestros bajos instintos cuán animales salvajes.
Ella se acostó a mi lado, sin decir nada, mirando al techo.
La observé de reojo, tratando de adivinar qué era lo que pensaba en ese instante.
—Temari—capté su atención automáticamente.
—Estabas raro... no eras el mismo que hace unas horas atrás—respondió sin dirigirme la mirada.
—Es que... ¿Te acordás de lo que estuvimos hablando hace un rato?
—Si. ¿Qué tiene?
—Lo que me dijiste antes, quedó resonando en mi cabeza. Perdón por no concentrarme ahora pero... creo que se me está yendo de las manos, ¿Entendés?
Giró su cabeza y fijó sus orbes en mi rostro. Notaba su angustia, sus ganas de hablar de sus sentimientos. Era imposible que los ocultara.
-—No deberías... es decir, no tendrías que pensar en eso.
—Lo sé-me senté para mirarla a los ojos—. Pero esto está yéndose de mi alcance. Creí que podría divertirme, como lo hice miles de veces pero algo me lo impide...
—Shikamaru... volvé a tu casa. Es posible que esa chica siga allí—me destapó y cambió su rostro gentil a uno furioso.
—No es por ella. Es por vos...—la tomé de la mano.
Sus ojos estaban cargados de sufrimiento.
—No estamos en posición de pedir que seamos algo más que esto. Me da mucha pena pero me gustás demasiado... tanto que no puedo dejar de pensarte. Quisiera invitarte a salir, a cenar, al cine pero...—me avergonzaba a cada palabra que salía de mi boca.
—No podemos—sus orbes aguamarinas desbordaban un sentimiento oculto tras una gran muralla.
—¿Por qué? ¿Por qué tuvo que ser así?
—Yo también estoy furiosa...perdoname Shikamaru, pero quiero estar a solas.
Antes de levantarme, la observé. Tragaba saliva a cada momento. Ella contenía sus palabras por miedo.
—Si así lo deseás, me iré. Pero como dije alguna vez, si me voy de tu casa, lo haré también de tu vida.
Se levantó, buscó su bata y se paró frente a mí.
—Quiero estar sola.
Suspiré. Sabía que si insistía con el asunto, acabaríamos muy mal.
Tomé mis pertenencias y me retiré.
Grabé su imagen antes de cerrar la puerta...
Nada sería igual a partir de ahora.
