Pareja: SaiSaku.
Pinceles de Sakura
Sakura se echó a reír cuando rozó con el índice la pintura antes de posarla en su mejilla. Sai le devolvió el gesto en el cuello y luego se lo besó. Ella rio, encogiéndose. Se sentó sobre sus piernas y miró el cuadro que faltaba por terminar.
—Cada vez te superas más. Deberías abrir una galería de arte.
Sai le siguió la mirada al cuadro. Apoyó la barbilla en su hombro y negó.
—No, mi arte es también mi arma. Sería extraño.
Ella se miró. Desnuda, con señales de pintura ahí donde sus dedos la habían tocado mientras hacían el amor.
—En mi cuerpo parece arte —puntualizó.
Sai la miró.
—Tu carácter sigue siendo de mierda, pero tu cuerpo es arte —puntualizó él muy tranquilo.
Sakura gruñó una respuesta, pero suspiró cuando apretó uno de sus senos entre sus dedos. Su boca volvió a presionar contra su piel y notó la dureza formarse en sus pantalones.
—Deberías de hacerme caso, Sai —susurró—. Debes de demostrar tu arte más allá de la batalla. Vales mucho.
Sai lo sopesó.
—Lo pensaré un poco más. Por ahora, terminaré éste cuadro y te lo daré.
Ella lo miró. Era un árbol de cerezos, con sus hojas cayendo en una lluvia silenciosa. Bajo él, una chica extendía el brazo para coger algunos de ellos. Justo el que caía en su palma tenía forma de corazón.
—¿Estás seguro? Es demasiado hermoso para terminar en el salón de nuestra casa.
Sai asintió y luego la miró. Sakura se hizo la loca por un instante, hasta que le miró, sonrojándose.
—Quiero vivir contigo. Despertarme cada mañana contigo. Acostarme contigo. Que pintes mi cuerpo con tu pincel.
Sai sonrió pícaramente.
—Eso puedo hacerlo. Todos los días.
Le tomó la mano y se la llevó a su ingle. Sakura se echó a reír.
—¡Eres imposible!
Y la besó. La acalló a besos, se tragó sus jadeos. La llevó al cielo.
Próxima pareja: KakaSaku.
