Tocado por un ángel

.

.

Capítulo 19

.

.

Edward Pov.

¿Todo está bien, Edward?

La voz de Jasper al otro lado de la línea llamó mi atención.

—No. Nada está bien—respondí cansado.

Las noticias no eran un problema para mí, podía ignorar sus tontos titulares con respecto a sus falsas acusaciones, pero mi familia era otro problema que tenía que resolver. Y eso era más problemático que cualquier periódico amarillista.

Habían paparazzis que deseaban fotografías que pudieran alimentar sus carreras, pero eso era algo insignificante, no iba a desperdiciar mi energía en ellos.

Así lo imaginé. ¿Qué harás con respecto a Esme?

Mi madre se había empeñado a destruirme, por lo que ella llamaba rebeldía, creía que yo simplemente intentaba llevar su contraria.

A mi mente llegó el recuerdo de la última discusión.

Flashback.

La puerta de mi oficina se abrió de repente, mostrándome la imagen de mi madre caminando hacia mí.

Dejé de escribir en la computadora para acomodarme en la silla y prestar atención a lo que vendría a reclamarme.

¿Qué deseas ahora madre? —pregunté.

Ella se sentó en el sofá enfrente de mi escritorio y acomodándose como la dueña del imperio Markopoulou, dejó que el poder de su presencia inundará la habitación.

Creo que los buenos modales que inculque en ti, se han ido. Es una pena. —dijo con pesar.

No respondí, iba a esperar que ella dijera lo que había venido hacer en mi oficina.

Leo llamó para decirme que los socios habían empezado a dudar de tu capacidad como el presidente de la naviera.

Leo Christakis, padre de Tanya y socio desde hace mucho tiempo de la naviera.

Sus opiniones son irrelevantes para mí. —dije sin tomarle mucha importancia.

Ella sonrió—Eso es un error Edward, porque él también se preocupa por el bienestar y los intereses de nuestro imperio.

¿Tanto lo admiras? —cuestioné.

Si, por eso siempre creí que nuestras familias debían estar unidas.

Una risa sarcástica salió de mí, para impresionar a mi madre.

¿Por qué no uniste a la familia casándote con él después de que mi padre murió? —pregunté con sorna—¡Oh, ya recuerdo! Mi padre murió muy tarde ya que Leo ya estaba casado, y ser su amante es algo imperdonable para la gran señora de los Markopoulou.

¿Quieres perder tu cargo, Edward?

La sonrisa desapareció y dio paso a mi arrogancia.

¿Estás amenazándome, madre? —interrogué.

Ella mostró una sonrisa de suficiencia, como si sus ideas fueran a surtir efecto en mí.

Por supuesto que no, es algo que tú mismo te has buscado con tu propia actitud.

Está bien, dime el nombre de la persona que sea capaz de relevarme de mi cargo—dije al mismo tiempo que cerraba la laptop y tomaba mi saco del espaldar de la silla—Y con gusto dejaré de ser el presidente de la naviera Markopoulou.

Me puse el saco y caminé hacia la puerta.

Puedes quedarte cuanto gustes, madre—dije, zanjando la discusión y saliendo de mi oficina.

.

Fin del flashback

.

.

Mis recuerdos desaparecieron trayéndome nuevamente a la realidad.

Espero que puedas solucionar las cosas pronto.

La voz de Jasper me recordó que aún se encontraba en la línea sin que yo lo recordara.

—Se resolverá. —dije—No permitiré que esto afecte a Bella y sus hermanos.

Ten cuidado con los pasos que da tu madre, no nos conviene que se adentre al origen de tu supuesto hijo biológico.

Dejé ir un golpe sobre el escritorio, Jasper tenía razón, era lo que más cuidaba, porque no podía permitir que mi madre o la persona que había utilizado a Bella en mi contra, al mostrar esas fotos a los periódicos, descubriera ese secreto.

Mi madre no lo revelaría, pero no me convenía que lo supiera, y la otra persona tendría algo muy a su favor para destruirme.

¿Edward, sigues en la línea?

—Sí Jasper, pero debo terminar unas cosas, hablamos después.

Colgué, no podía mantener una conversación si seguía divagando en mis pensamientos.

—¡Maldición! —dije furioso.

.

.

.

Bella Pov.

Marqué el piso al cual me dirigía en el ascensor y recostándome sobre la pared de este, esperé hasta llegar.

Cerré mis ojos durante unos segundos, de repente el sonido parecido a una campanita, me indico que ya me encontraba en el lugar que deseaba, las puertas se abrieron y yo di unos pasos al frente.

Caminé la distancia que me separaba del mostrador de color caoba y esquinas blancas.

Había dos chicas sentadas detrás del mostrador de recepción. Ellas elevaron la mirada hasta mí, y despectivamente una de ellas preguntó:

—Buenas tardes, ¿Le podemos ayudar en algo, señorita?

Sonreí amablemente, sin importar la manera en cómo sonó su pregunta.

—Buscó la oficina de Edward Markopoulou. Serían tan amables de decirme dónde está.

Una de ellas elevó su ceja con incredulidad, y río por lo bajo de manera burlona.

—¿Tiene cita? —preguntó la otra, mientras revisaba en su computadora.

—No—respondí sin perder la compostura, cuando ella iba a decir algo más, la interrumpí agregando—No creo necesitar una. Dígame por favor qué camino seguir hacia la oficina.

—No puedo hacer eso, usted no tiene permiso de llegar a su oficina, no tiene una cita y no está autorizada…

—No necesito de ninguna cita para ver a mi esposo. ¿Lo ha entendido? —dije cortando sus palabras.

Ambas se sorprendieron.

—¿Usted es…? —preguntaron las dos al unísono.

—Isabella Markopoulou.

Una joven que iba pasando en ese momento, se detuvo.

—¿La esposa del presidente?

Yo me giré para verla y al mismo tiempo asentí.

—Si.

—Es un gusto conocerla, señora. Mi nombre es Irina y soy la secretaría del señor Markopoulou. —ella tendió una mano frente a mí saludándome, la tomé y ella continúo — hágame el favor de seguirme, la llevaré hasta allí.

Irina se volvió a ver a las dos recepcionistas y con actitud molesta, les dijo:

—Si vuelven a comportarse así en otra ocasión, entonces podrán irse despidiendo de sus puestos, porque lo reportare a los superiores.

Luego de ese inesperado regaño, seguí a la rubia secretaria a unos dos pasos de distancia.

—Lamento el inconveniente señora. —ella se disculpó mientras caminábamos en un amplio pasillo de paredes blancas con negro.

—No es necesario disculparse tanto, ya pasó. —respondí sin tomarle tanta importancia.

Pasamos otros pasillos a los lados, en donde a lo lejos pude ver puertas que me imaginaba llevaban a otras oficinas de los que trabajaban allí.

Cuando nos detuvimos, pude ver frente a mí, dos grandes puertas dobles cerradas.

—Señora, esta es la oficina del presidente, ahora sí me permite.

—Por supuesto, y gracias Irina—dije y ella asintió al mismo tiempo que se marchaba dejándome sola.

Inmóvil me quedé durante varios minutos, pensando en cómo decirle lo que acababa de confirmar.

Podía intentar empezar con una conversación tranquila y luego ir llevando el tema hasta donde quería, o podía utilizar la manera directa.

Edward, hace unos días el doctor llegó a la casa porque me sentía un poco mal, me hicieron unos exámenes y hoy llegaron los resultados.

Adivina… ¡Estoy embarazada!

Negué rápidamente ante el pensamiento con un gesto de mi cabeza.

¿Cómo reaccionará cuando se lo diga?

Suspiré sintiéndome nerviosa.

Me acerqué a las puertas y tomando el pomo de una de ellas la empujé suavemente, pero al abrirse un poco, lo suficiente, para poder escuchar unas voces desde adentro.

—Escuché que mi padre se ha propuesto a hacerte las cosas difíciles en las juntas con los accionistas.

La voz femenina que escuchaba provenía de Tanya Christakis.

—¿Solo has venido a decirme eso? —preguntó Edward.

—Por supuesto que no, venía a disculparme en su nombre.

—No es necesario—dijo Edward en un tono cortante.

—Edward, ¿podrías dejar de ser tan tosco conmigo?. No soy tu enemiga.

No hubo respuesta de él.

—¿Vas a ignorarme? —ella preguntó.

—Lastimosamente te escucho, pero siento que esta conversación solo está impidiendo que vuelvas a trabajar a tu oficina.

—Antes de comprometernos éramos amigos, solíamos llevarnos bien, tu confiabas en mí, ¿Que hice para que eso cambiará? Para que tú me alejaras de tu lado—ella dijo con tristeza.

—Las personas cambian, Tanya. —él se limitó a decir.

—Eso es una tontería, una pobre excusa por no aceptar la realidad.

—Y según tu perspectiva, ¿Cuál es esa realidad? —Edward preguntó con escepticismo.

—Que tu vida se vino abajo desde que esa niña entró en ella. La relación con tu familia es precaria, y demasiado distante, no discutías con Esme antes, y no tenías problemas personales que atentara con tu capacidad en tu cargo de presidente.

¿Yo estaba afectando su vida hasta ese extremo?

— Mírate ahora Edward, siempre debes estarla defendiendo por todo. ¿No crees que eso es cansado? Ella más parece un problema en tu vida que alguien con quien puedas compartirla. —exclamó elevando un poco el tono, sin llegar a ser ofensivo solo mostrando preocupación.

Me quedé pensando en lo que ella había dicho, y de cierta manera era verdad.

—¿Has terminado? —Edward preguntó impaciente.

—¡Eres tan terco! —Tanya exclamó exasperada.

Retrocedí un poco porque imaginé que ella saldría en cualquier momento, mi movimiento me hizo chocar con algo detrás de mí.

Me giré con sorpresa y un hombre alto y de piel bronceada apareció en mi vista.

—Lo siento—dije al mismo tiempo que me alejaba.

—¿Escuchando conversaciones ajenas? —preguntó él divertido.

—No, yo...simplemente...—mi voz se cortó.

—Tranquila, a todos nos pasa en su momento. Soy Leo Christakis. Es un gusto.

Christakis, debía ser el padre de Tanya.

—Mucho gusto—respondí con recelo.

Su presencia me incomodaba, y no me sentía nada bien después de haber escuchado la conversación de Edward con su ex prometida, ahora me encontraba frente a su ex suegro.

Mi suerte era completamente mala. Jamás debí haber venido aquí.

—¿No vas a entrar? —preguntó él con una sonrisa en sus labios.

—Eh... creo que mejor me iré. —dije haciéndome a un lado para poder pasar a su lado y así marcharme, pero Leo Christakis se interpuso en mi camino.

—Si te irás, porque no mejor te invito a comer algo. Y así podemos charlar un rato, ¿Qué te parece la idea?

—No—contesté al instante.

—¿A qué le tienes miedo Isabella?

—No tengo miedo, solo no tengo nada de qué hablar con usted, señor. —respondí con dureza.

No iba lograr intimidarme, si era eso lo que quería.

—Yo diría que sí, ¿Acaso no te gustaría saber más sobre Edward?

Iba respóndele que no necesitaba que él me dijera nada de mi esposo, pero de repente la puerta de la oficina de Edward se abrió abruptamente, asustándome en el proceso.

Me giré con demasiada fuerza provocando un mareo que me hizo sentir débil al instante. Todo frente a mí se volvió negro, me agarré de Edward, intentando sostenerme para no caer.

—Bella, ¿Qué pasa? —preguntó realmente preocupado.

—Edward, ¿Qué hace ella aquí?

Me sentía mal aún, pero pude distinguir la voz de Tanya detrás de Edward.

—Eso es algo que no te importa, ahora lárgate de mi oficina. —la brusquedad de Edward era tan evidente que, al momento de abrir más la puerta, está se estampó con la pared.

No la vi salir, pero cuando entramos, ella ya no estaba allí, él me llevó directamente a uno de los sofás frente a un escritorio de caoba.

Él se alejó de mí para ir a la puerta que se encontraba abierta, y tomarla del pomo para luego cerrarla con fuerza.

Sirvió agua en un vaso y me lo tendió.

—¿Te encuentras mejor? —su voz tenía la alarma de querer llamar a un médico para cerciorarse mejor.

Tomé un poco de agua y luego dejé el vaso en la mesita de vidrio frente a mí.

—Estoy mejor, solo me mareé por el giro, lo hice demasiado fuerte. —traté de tranquilizarlo.

Él no parecía muy convencido.

Caminó hacia su escritorio para apoyarse sobre él, y desde ahí mirarme detenidamente.

—¿Por qué has venido?

Su pregunta me molestó tanto que mi mano derecha se hizo puño, arrugando la falda del vestido sobre mis piernas.

—Porque no existe otra manera en la cual pueda ver a mi esposo—respondí conteniéndome de explotar todo lo que tenía guardado durante todo este tiempo.

—¿De qué hablas? —dijo él sin entender.

—¿Es en serio? —pregunté incrédula.

—Sí Bella, no sé de qué estás hablando.

Imaginaba la expresión que debía tener mi rostro al ver su perplejidad al no saber a lo que me refería.

—Edward, todo este tiempo lo has estado pasando muy mal, con todos los problemas que tienes, pero ¿Porque no me dijiste? —cuestioné dolida.

No quería reclamarle porque no quería ser más problema para él, pero Edward no había contado conmigo para todo lo que estaba sucediendo. Era su esposa, o por lo menos eso pensaba hasta hace poco.

—Puedo solucionarlo, Bella; No hay necesidad que te preocupes por eso.

No era esa respuesta la que deseaba escuchar, en donde yo no debía entrometerme.

—Pero soy el problema del que todos hablan, sin que esté presente. Hasta tú haces lo mismo que ellos. Me excluyen.

Él iba hablar, pero levanté mi mano deteniéndolo.

—Desde que volvimos de Creta, me he estado preguntando si tu respuesta al apoyarme había sido sincera.

—¡Por supuesto que sí! —exclamó

—Tu comportamiento no concuerda con tus palabras. —dije y continúe—¿Te imaginas lo sola que me he sentido? No te veo por las mañanas, y en las noches regresas tarde, que por más que intento esperarte, siempre termino fallando.

—He tenido demasiado trabajo—se excusó.

—Y lo entiendo, pero yo también siento Edward, y por más que intenté callarme, ya no puedo seguir así.

Él frunció el ceño.

—No hay persona que esté en tu vida que no me acusé por todo lo que estás pasando, pero sabes qué es lo que más duele, que tú no hayas contado conmigo para apoyarte, debíamos haberlo afrontado juntos desde el principio, pero me alejaste de ti.

Edward bajó su mirada y luego volviendo sus ojos verdes a los míos, dijo:

—Solo quería protegerte, la idea de casarnos en un principio fue mía, y yo sabía que habría consecuencias, por eso no quería que te involucraras, porque no era tu culpa.

Él caminó hacia mí y tomó mi rostro entre sus manos.

—No he dudado de ti por el viaje en el yate con Hale, no puedo negar que no me gustó, y que cuando lo supe temí que algo así sucediera, pero ya estaba hecho, y al final terminaron usando tu imagen para dañarme.

—Es mi culpa que estés así...—dije mientras las lágrimas empezaban a correr por mis mejillas.

—No es tu culpa. —insistió.

—Si lo es— repetí —Porque mis hermanos y yo, no éramos tu problema.

Sus manos soltaron mi rostro y retrocedió, su expresión se endureció.

—Estas diciendo, ¿Que debí de haberte dejado sola en el hospital con tus hermanos?

No respondí, solo sentí que con cada minuto que pasaba me sentía más culpable.

—Tal vez sí...—susurré —No tendrías tantos problemas.

Edward lo escuchó y alejó su mirada de mí.

—Creo que tú negatividad es lo que menos necesito ahora.

Él caminó hacía los ventanales que se encontraban detrás de su escritorio y que mostraban la ciudad de Atenas.

Me levanté del sofá y limpiando mis lágrimas, me disponía a marcharme. Caminé despacio hasta la puerta y al momento que la abrí, me giré hacia Edward para ver su fuerte semblante solitario.

No quería dejarlo solo. Pero en este lugar tan frío, sentía que solo estorbaba.

Abrí la puerta un poco, pero de repente una mano impidió que se abriera más y la cerró.

Su respiración agitada, por acercarse a mí deprisa, rozaba mi cuello.

—No te vayas. —Edward suplicó detrás de mí.

Una de sus manos rodeó mi cintura y me acercó a su cuerpo.

Mis lágrimas empezaron a caer nuevamente por mis mejillas.

—Lo siento. —dije por todo lo que había causado.

—Soy yo quien debe disculparse, hice que te preocuparas demasiado. —la suave voz aterciopelada y tierna de Edward me hizo sonreír un poco.

Me giré entre sus brazos para quedar frente a él. Elevé una de mis manos hasta su rostro y lo toqué, sintiendo su calidez.

—¿Quién diría que podías tener una expresión tan linda cómo está? — dije guardando la imagen en mi mente.

Él se sorprendió.

—Siento haberte dejado sola sin darme cuenta. No tengo excusa para ello, solo que antes, encerrarme en mi trabajo era habitual. —lo dijo con toda la sinceridad de su corazón, eso podía sentirlo.

—Edward...—dije dudando.

—¿Qué sucede, Bella? Te ves preocupada. ¿Hay algo más que deba saber?

Era mi oportunidad para decirlo, Edward merecía saberlo, pero ¿y si le ocasionaba más problemas?

Ocultarlo no haría la diferencia. Siempre lo sabría tarde o temprano.

Inspiré todo el aire que pude para luego dejarlo salir en un suspiro. ¿Cómo se lo digo? Me pregunté, pero no había ninguna respuesta para esa pregunta.

Frustrante, recalque en mi interior.

—¿Bella? —llamó frunciendo el ceño ante mi silencio.

—No sé si esto que te diré, será otro problema para ti— empecé.

—¿Qué es lo que no puedes decirme con facilidad? —cuestionó preocupado.

Limpie el rastro de mis lágrimas en un intento de tomar algo de tiempo del silencio que se había creado, pero Edward tomó mis muñecas y las alejó de mí rostro.

—Habla. —dijo impacientemente.

Mirando sus ojos tan verdes, me perdí en ellos, teniéndolo tan cerca, era difícil concentrarse.

—No divagues, Bella. —dijo interrumpiendo mis pensamientos.

— Está bien— contesté y luego proseguí—Hace varios días, Alec insistió que un doctor llegará a la casa y me revisará.

Su preocupación volvió.

—¿Hay algo mal contigo?

Negué con un movimiento de mi cabeza.

—Entonces no te quedes callada, dime que dijo el doctor. — había desesperación en su voz.

Me solté de su agarre y tomé su rostro entre mis manos y con la voz más dulce dije:

—No es nada malo, solo que...— me detuve y él frunció el ceño— Edward Markopoulou, tú serás padre. —solté finalmente. —¿Edward…? —pregunté al ver su perplejidad.

—Estás embarazada— dijo.

.

.

.

Holaaaa, ¡ya lo supo! Creo que ahora es mejor que vaya escribir el siguiente para no dejarlas mucho tiempo con el suspenso.

Gracias por sus reviews.

Bendiciones a todas.