Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18.


Capítulo 18:

Solo nos queda el amor

Edward miró con desesperación cómo la sacaban de su casa, tratándola con poca delicadeza. Era inconcebible, ¡se la estaban llevando!

—¡Bella! —vociferó, destrozado—. ¡Bella!

Ella miraba a los demás, sabiendo que el crimen de la que la estaban acusando era muy diferente a lo que alguna vez haría. Si bien, había robado algunas veces, nunca con el uso de la violencia a personas inocentes, eso no se comparaba a la acusación que estaban ejerciendo en su contra. ¿Asesinar? ¡Ella jamás haría eso!

—Edward —gimió, mirándolo para que entendiera que ella nunca había hecho algo así. Él quiso acercarse pero uno de ellos se lo impidió mientras la mujer la empujaba para subir a la patrulla—. Nunca le he hecho daño a nadie —insistió, mirándola pero ella desvió la atención.

El sheriff quiso seguirla pero simplemente cerraron la puerta e hicieron andar el coche, llevándosela de su lado.

Edward se quedó de piedra, sintiendo su olor en su cuerpo. Hacía solo un rato estaban saboreando la felicidad de su hijo. Todo se había ido al carajo. Recordar el miedo en sus ojos y la insistencia de mirarlo como si le suplicara que no pensara que era una asesina, le hizo liberar un sollozo muy espeso. Pero luego de la sensación de angustia, pensó en el maldito de James y en su afán por hacerle daño con lo que más amaba. ¿Cómo lo había logrado? ¿Qué mierda había encontrado en el coche que requisó?

—Estás manejando la evidencia a tu maldito antojo, pero el sheriff soy yo —gruñó, tomando su abrigo y yendo directamente a su coche para manejar a su lugar de trabajo.

¿Qué mierda le importaba si con este último esfuerzo su carrera se desplomaba? Por Bella iba a hacer hasta lo último, ¡o no iba a perdonárselo!

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Ella recordaba aquellos sucesos como si estuvieran ocurriendo delante de sus ojos. De solo detenerse en sentir el fuerte sentimiento de desesperanza, de perderlo delante de sus ojos y de que estaban acusándola de algo que no correspondía, le hizo llorar. Nunca se había sentido tan asustada en toda su vida.

—¿Qué pasa, abuela? —preguntó su nieta mayor, sentándose a su lado.

Era increíble lo similares que eran sus ojos a los suyos: verdes. De solo verlos su llanto se intensificó, pero decidió sonreírle para que no se preocupara.

—Extraño a tu abuelo —respondió—. Estoy recordando todo… —Suspiró—. A veces, quisiera devolver el tiempo para no cometer esos errores.

Se quedó un momento mirando el brazalete que él le regaló cuando fue su cumpleaños. La piedra seguía estando hermosa. Aquello fue suficiente para remontarse al infierno, como si de pronto lo volviera a vivir, una y otra vez.

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Bella miraba hacia la mesa y escuchaba los pasos tras la puerta. No dejaba de llorar, temerosa. Este lugar no era el mismo sin él. Quería verlo pasearse por el sitio que le pertenecía, siendo serio, autoritario pero siendo Edward al fin y al cabo. Era el único hombre con el que se sentía completamente segura. Cuando alguien se acercaba al lugar, sentía que estaba en peligro.

—Srta. Swan —dijo una voz que le resultó sutilmente conocida.

Frunció el ceño y levantó la cabeza.

El tipo tenía una sonrisa bobalicona, triunfante y tremendamente insoportable, como si disfrutara de tal manera al verla ahí, desprotegida, que podría tener un orgasmo ahora.

—¿Le han comido la lengua? ¿Se la ha comido el sheriff?

—No lo meta en esto, por favor —supliqué.

—El amor es tan ridículo, en especial cuando ve comprometido a alguien medianamente decente con una… Uff, ya sabes lo que eres.

Bella sonrió con suavidad. En otra oportunidad, hubiera sentido que estaba diciendo lo correcto, que un sheriff no podría estar con alguien como ella. Sin embargo, eso ya no era así. Sentía que era mucho más que una ladrona, que tenía principios, futuro y deseos de crecer, no solo por su hijo, sino por ella misma.

—De lo que quiera acusarme, soy inocente —afirmó, levantando la barbilla.

El tipo arrastró la silla y se sentó al frente, jocoso ante el miedo que salía de sus ojos.

—Puede ser —dijo—, pero las pericias dicen lo contrario. Es notorio que el sheriff quería hacer lo posible para quitarla del registro de culpables…

—¡No es así! —interrumpió—. ¡Él nunca haría algo que perjudicara a su condado y a la justicia! Nosotros solo…

—Oh, ¿se enamoraron? —Carcajeó—. Basura tras basura, eso es lo que son ambos, tú… una asesina… una criminal…

Bella alejó sus palabras de su cabeza mientras cerraba los ojos y pensaba en ser fuerte por su hijo y por Edward. No quería que él tuviera que perder todo, si podía librarlo, entonces lo haría.

Pero la voz de ese hombre le resultaba tan conocida. No podía concentrarse para descifrar dónde lo había escuchado antes. Era como si estuviera en un lugar recóndito de su mente, pero uno muy escondido y difícil de encontrar.

—¿Desde hace cuánto participabas en los asesinatos por narcotráfico de Mike Newton? —le preguntó, entrecerrando sus ojos.

—Nunca…

—¿Usabas la navaja junto con él?

—No…

—¿Huiste de su lado cuando supiste que la policía iba a buscarlo por los crímenes de los cuales tú tenías conocimiento?

Negó, apretando los párpados.

—¿Creías que dejando el coche que le robaste ibas a ocultar tu participación en los hechos?

—Nunca lo hice…

—¿Sabes que estarás tras las rejas el resto de tu vida? Narcotráfico y asesinato, una fuerte acusación para una joven como tú. —Se rio—. Edward perderá su cargo, quedará completamente desvalido y ya no será respeto.

—Y alguien como tú tomará el puesto, ¿no? —Bella se rio—. Las personas como tú nunca logran el respeto de su pueblo —susurró. James tragó, muy furioso—. Eso es algo que pocos logran y no de la manera sucia en la que quieres hacerlo.

—Voy a hundirte Isabella Swan, ten cuidado conmigo.

Tragó.

—No vas a intimidarme.

¿Dónde había escuchado su maldita voz? ¡¿Dónde?!

Él se levantó y dejó la silla a un lado y de muy mala manera se dio la vuelta.

—Volveremos a vernos, Isabella. Ten una buena tarde en el calabozo. El fiscal vendrá mañana.

Dos oficiales femeninas se acercaron a ella y la arrastraron con poca delicadeza tras los barrotes, a la espera de su traslado hacia la penitenciaria de California.

Edward corría debajo de la lluvia, recorriendo los pasillos del cuartel para llegar a los calabozos. No le importaba demostrar cuánto la amaba ante sus colegas, ya no tenía manera alguna de hacerlo ni quería, sería inconcebible. Cuando la vio recostada, sujetándose la barriga mientras intentaba dormir, congelada ante el frío que se colaba por la ventana abierta, sintió que se le destrozaba el corazón en diminutos pedazos.

—Cariño —la llamó con un nudo en la garganta.

Bella levantó la mirada, pestañeó un poco y luego sonrió, levantándose con rapidez para llegar hasta él. Puso las manos en los barrotes y Edward hizo lo mismo, tomando las suyas.

—Te sacaré de aquí, lo prometo —afirmó, muy angustiado.

—Edward, tienes que irte de aquí, todos sabrán que…

—No me interesa, Bella, solo quiero sacarte de aquí e irnos lejos. No puedo soportar la idea de que te apresen injustamente, sé que nunca harías nada de lo que acusan, ¡lo sé porque es inconcebible…!

—Yo quiero que te alejes de esto. En unos meses, nuestro hijo nacerá y yo no quiero que tú estés involucrado. ¿Quién lo cuidará cuando yo…? —No pudo seguir hablando, el llanto era inaguantable.

—Nosotros, te lo prometo, ¡nosotros! ¿De acuerdo? —Soltó el aire, queriendo besarla—. James trae algo entre manos, aún soy el sheriff y no dejaré que esto pase con mi pueblo y menos aún con la mujer que amo.

Le besó las manos y se separó, dispuesto a ir a hacer su trabajo. Iba a sacarla, así fuera lo último que hiciera.

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Bella estaba somnolienta y con mucha hambre. El embarazo le arrebataba las energías de tal forma que todo era aún más pesado.

De pronto, notó que alguien la miraba. Era la misma oficial que la había detenido.

—Ten —le dijo. Estaba ofreciéndole algo de comer.

Bella no lo sabía, pero Jessica llevaba escuchando todo el proceso, incluido lo del sheriff. Sabía que estaba embarazada y le era inevitable sentir compasión por la chica, aun cuando era la novia del hombre del que se había enamorado hace tantos años.

Ella se acercó y aprovechó de agradecerle. Necesitaba comer.

—¿Dónde está él? —le preguntó en voz baja.

Jessica sabía que no debía ni podía decirle dónde estaba el sheriff, pero no pudo evitarlo.

—Ha ido a recopilar algo de información. Buscará un abogado para ti.

Bella no quería que se arriesgara, temía que él saliera aún más perjudicado.

—Hará lo que sea por ti, eres muy afortunada.

Escucharon los pasos de alguien más y ella se alejó.

—¡Atrás! —le ordenó, cambiando radicalmente el tono de su voz—. Siga durmiendo.

James venía llegando de forma directa a Isabella. Le dio un par de órdenes a Jessica y esta sacó las llaves para abrir. Finalmente, la llevó hasta la sala de interrogatorio y cerró con él dentro.

—Lamento impedirte el sueño, Swan, pero quiero seguir sacándote información. —Se lamió el labio inferior, fascinado con la idea de seguir torturándola mentalmente—. Acabo de ir con las autoridades para destruir a tu sheriff preciado, ¿no es perfecto?

La manera en que su tono de voz se iba transformando lentamente, comenzó a hacer eco en su cabeza. Y no solo eso, también su manera de gesticular. Lo recordaba, pero ¿de dónde? "Vamos, Bella, piensa, por favor", se dijo, mirándolo reírse por su vulnerabilidad.

—Ahora que estarás tras las rejas, será más fácil entregarte —afirmó.

Y entonces lo hizo, lo recordó por completo.

Este tipo era el antiguo comprador de Mike, uno de los más peligrosos. ¡Lo había visto más de una vez!

—Tú —soltó—. Te recuerdo perfectamente.

James se tensó.

—¡Tú tienes negocios con Mike! ¡Tú eres cómplice…!

—Calla la boca, puta —ordenó, apoyándose en la mesa—. Veo que te acuerdas, qué gran memoria, no te falló cuando Mike te golpeaba, ¿eh?

Ella se arrepintió enseguida de haber soltado aquello.

—Veo que los planes se tendrán que adelantar —asumió, sacando el arma de su pantalón.

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—¿Crees que lleguemos a tiempo? —preguntó Renée Swan, muy nerviosa.

Charlie la abrazó mientras miraban el cielo detrás de la ventana de avión.

—No lo sé, pero es importante que ella vea a su abuela por última vez. No me importa si no nos perdona, al menos quiero que sepa que ella la sigue extrañando como el primer día que se fue —afirmó el hombre.

Ellos sabían que si la abuela Marie se iba sin decirle adiós, Bella jamás se lo iba a perdonar.

Cuando llegaron a destino, recibieron la llamada de un colega abogado. Al confirmar lo que temían, las fuerzas de Renée se fueron al suelo.

—Mi hija está con peligro de ir a prisión y eso es culpa mía —gimió, sosteniéndose de su esposo.

—Tranquila, no irá, así sea lo último que haga —afirmó el padre con convicción—. Tenemos que ver al sheriff, es nuestra única esperanza.

Renée se limpió las lágrimas y asintió, convenciéndose de que debían ayudar a su hija, porque cada cargo que le imponían era imposible viniendo de ella. Bella no era una asesina.

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Edward se había quedado dormido en medio de su escritorio mientras intentaba hacer lo posible por ayudar a su ladrona. Logró despertar gracias al incesante sonido del teléfono, que ya llevaba un buen rato sin callarse. Antes de poder siquiera contestar, Jasper y Jessica entraron al despacho con el rostro pálido y hundido.

—¿Qué ocurre? —inquirió, levantándose de la silla.

—Es Bella —respondió Jasper, muy agitado.

—¿Qué pasó con ella?

—Se la han llevado —exclamó Jessica.

—¡¿Qué…?!

—Fue James.

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Edward alertó a toda la seguridad del condado. No solo habían secuestrado a una prisionera a la espera de traslado hacia la penitenciaría, sino que le habían arrebatado a su Isabella, quien no estaba sola, sino que también debía proteger a su hijo. Estaba desesperado, moviéndose de un lado hacia el otro.

—¡Envíen a todas sus malditas unidades! ¡El oficial James Simon se ha llevado a la acusada sin mi autorización y sin motivo alguno! ¿Cómo espera que no piense que esto está mal? —gritó—. ¡Es una orden! ¡Los demás volverán a traer las evidencias porque está claro que el maldito oficial está por sobre los intereses de la investigación!

Cortó con furia y se pasó las manos por el rostro, cayendo en una de las sillas mientras intentaba respirar.

—Ya está, jefe, relájate —le pidió Jasper, pasándole una mano por la espalda.

—Temo que le haga daño. No sé cómo no sospeché que algo quería ese maldito hijo de puta —bramó—. Le di libertades que no debí, ¿te das cuenta de eso? Ahora… ¡ni siquiera sé cómo encontrarla!

—Tranquilo —insistió.

—Jasper —lo llamó, entrando en pánico—. Bella está embarazada.

Su amigo pestañeó y aunque quería felicitarlo por tan grande noticia, no pudo. Se estaba preocupando mucho más y le costaba fingir que guardaba la calma.

—Perfecto. Esto es grave —susurró, estresado—. Al menos todas las unidades fueron tras ella, tenemos que conservar la fe en que…

—¡Sheriff! —exclamó Jessica, entrando con rapidez junto a dos oficiales más—. Divisaron los coches sospechosos de Mike cerca de la frontera.

Edward se levantó, sujetándose el arma mientras su corazón batallaba en su pecho.

—Jefe, me quedaré a cargo de las demás unidades. Vaya —afirmó.

—No se lo comentes a nadie más, ¿de acuerdo? No confío en nadie más, solo en ustedes.

Los dos asintieron y Edward se fue junto a Jessica. Él iba a hacer lo posible por quitarla de los brazos de James, estaba seguro que algo debía tener que ver con Mike y eso lo desesperaba. No quería que Bella volviera a sufrir a manos de ningún imbécil, lo juraba por el amor que le tenía, por su hijo y por la vida que era capaz de dar por su bienestar.

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Bella temblaba mientras James la empujaba con el arma en la espalda. Estaba aterrada de lo que fuera que planeara este tipo. En cada segundo, fingía no temer pero el movimiento errático en sus manos era difícil de controlar.

—Súbete —le ordenó.

Ella no supo a qué se refería hasta que vio cómo se acercaba un coche. Su corazón comenzó a acelerarse, de tal forma que parte del terror la instaba a correr. Dos tipos altos se bajaron del vehículo y la tomaron con el uso excesivo de su fuerza. Cuando la empujaron, ella acabó golpeándose con los asientos traseros.

—¿Adónde me llevan? —inquirió en voz baja.

Nadie respondió.

—Por favor —suplicó, notando cómo el policía corrupto se marchaba para subirse a su coche.

Uno de los tipos se sentó adelante, se dio la vuelta y la apuntó con el arma.

—Una palabra más y eres plomo, puta.

Bella tragó y se acarició el vientre, juntando fuerzas desde ahí para no largarse a llorar con desesperación. Tenía la esperanza de que Edward llegara.

Miró por la ventana, sin saber hacia qué parte se estaban dirigiendo. Aun así, sabía que algo malo iba a suceder y solo esperaba a que tuviera alguna oportunidad de escapar, fuera donde fuera. En una oportunidad, uno de ellos le puso una venda en la cabeza contra su voluntad y llegado el momento, tiraron de ella, aun con las esposas en sus muñecas.

—Por favor, déjenme ir, no diré nada respecto a ustedes, pero por favor, déjenme ir —suplicó otra vez.

Ninguno la tomó en cuenta y acabó siendo empujada contra una pared. Bella alcanzó a sostenerse y evitar un golpe que pudiera poner en peligro a su hijo.

—Vaya, qué sorpresa —exclamó una voz.

Ella se tensó de tal manera que acabó paralizada.

—No pensé que sería tan pronto para verte, pero te pusiste en peligro con James —añadió.

Sentía que sus pasos se acercaban, lo que comenzó a alterarla hasta el punto en que ella se olvidó por completo cómo había aprendido a defenderse.

—La puta me reconoció. Hazla pagar o le dirá a todos nuestros negocios —bramó el policía.

—Mike —gimió.

Él se agachó y le quitó la venda. Para cuando ella se acostumbró a la luz, lo vio tan cerca que su terror aumentó.

—Hola de nuevo, Bella —saludó, entrecerrando sus ojos con calculada maldad.

—Mike, te lo suplico…

Él la hizo callar, haciendo un chasquido con su lengua mientras le acariciaba la mejilla.

—No se vale suplicar conmigo, lo sabes bien —susurró—. Debiste comprender cuál sería tu destino cuando te atreviste a huir. Eso no era correcto.

Bella apenas podía hablar, sabía que el miedo paralizaba, pero no de esta manera.

—Te marchaste con mi mejor coche, y no solo eso, en ese coche te llevaste diez kilos de mi mercancía. —La tomó desde las mejillas—. ¿Qué hiciste con todo eso? ¿Eh? —El tono de su voz era aún más amenazante.

—Y… yo… ¡Yo no sabía que el coche tenía…!

—¡Mientes! —Le apretó el rostro y luego le dio una bofetada.

Bella se sujetó del suelo, suplicando que se acabara pronto la tortura de tenerlo en frente. Nunca se había arrepentido tanto de haber huido de casa, no hasta que lo conoció a él.

—Me arrebataste miles de dólares por tu maldito capricho de marcharte y hacer de tu vida algo mejor. ¿Sabes lo ridículo que es eso? —le preguntó, tirando de su cabello—. ¡Mírame a la cara!

—Mátala ya, Mike —insistió James, mirándola sin atisbo de empatía o lástima—. Quiero ver sufrir a su noviecito.

Mike sonrió.

—¿Novio? ¿Qué? ¿Has decidido cambiarme? —Se puso a reír—. ¿Crees que no lo sé, Isabella? El sheriff Cullen, ¿eh? Pero qué inteligente fuiste, como una buena puta…

—No me llames así —le pidió, sintiendo la sangre en la comisura de sus labios.

—He estado esperando el momento para hacerte pagar por lo que me robaste, Isabella. Al principio creí que culparte de mis propios crímenes sería buena idea, pero entonces pensé: ¿qué pasa si la perra habla? Y entonces decidí matarte.

El miedo carcomía la espina de Isabella, sentía que debía correr pero que al hacerlo iba a matarla de todas maneras.

Mike sacó una navaja, sus favoritas.

—Te haré lo mismo que hice con todos los que me debían dinero, pero tú serás especial, Isabella, porque fuiste inteligente y por poco me ves la cara. James disfrutará de hacer trizas a Edward y ocupará ese cargo de mierda que tanto desea. Cuando eso ocurra, me tomaré el condado nuevamente.

Pasó la navaja por las mejillas de Bella, mezclándose con el llanto que salía de sus ojos. Tiró aún más fuerte de su cabello para poder tener acceso a su garganta y se dispuso a cortar, sacando la lengua de placer.

—¡Mike, por favor! ¡Estoy esperando un bebé! —gimió.

Todos se quedaron en silencio y a los segundos Mike comenzó a reírse de forma agitada.

—No puedo creerlo, Isabella, ¿de verdad? —Seguía carcajeando—. Eres una sorpresa. Lástima, no me conmueves.

Ella cerró sus ojos, sintiendo el filo de la navaja a punto de cortar su garganta. Iba a darse por vencida, queriendo llorar ante lo mucho que había costado poder librarse de sus malas elecciones y fallando por completo en el intento. En aquellos segundos, solo pensó en la gente que amaba, pero deteniéndose en Edward. Lo único que quería era amar y ser amada.

Pero ¿cómo darse por vencida? ¡Ella quería vivir! Quería a su bebé, ir a la universidad, lograr avanzar en sus habilidades, amar, perdonar…

Por el rabillo del ojo miró el punto débil de Mike y con el corazón en la boca le dio una rápida patada en la entrepierna. Un segundo más tarde, él gruñó de dolor y se encogió en sí mismo. Bella corrió tan rápido como pudo, tomó la navaja y se la clavó, para luego disponerse a correr mientras tenía la oportunidad. Pero tan pronto como vio esa oportunidad, sintió el sonido del arma de James, dispuesto a jalar del gatillo.

—¡Atrapa a esa puta! —le ordenaba Mike, aún adolorido.

—Ni te atrevas a caminar —susurró el policía.

Bella sollozó, sabiendo que era lo último que quedaba.

—¡Mátala! —gruñó Newton—. ¡Hazlo ya!

Cuando James iba a disparar, Bella cerró sus ojos y esperó. Segundos después, el sonido de la bala atravesando la carne le hizo estremecer, pero no era ella a quien habían disparado, sino a alguien más. Al darse la vuelta, vio a James con una herida de bala en el abdomen, sujetándose mientras intentaba torpemente seguir apuntando. Al mirar hacia adelante, Bella notó que quien había disparado era Edward.

Estaba paralizada, no podía moverse. Edward estaba aquí, había venido a ayudarle.

—¡Corre, Bella! —gimió él, abriéndole los brazos.

Ella lo hizo, apurando cada músculo de su cuerpo. Veía a Edward cerca, dispuesto a contenerla, sonriéndole ante la necesidad de asegurarse de que estuviera bien. Pero cuando iba a llegar, él tomó su mano, la puso detrás de su cuerpo y recibió una bala que ella no alcanzó a advertir.

—¡Edward! —gritó, mirándolo caer lentamente al suelo.

Ella temblaba, viendo cómo el hombre de su vida, el único que había sido capaz de darle un hogar, amor y calidez, cerraba sus ojos mientras se desplomaba en el suelo, tras haber recibido el disparo que iba directamente hacia ella.

Le había salvado la vida, a ella y a su bebé.


Buenos días, les traigo el penúltimo capítulo de esta historia. Ya sé, sé que ha sido triste, que ha sido intenso y queda muy poco para decir adiós. ¿Están preparadas para el final? ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas

Agradezco los comentarios de SeguidoraDeChile, ariyasy, rjnavajas, breezeCullenSwan, Fernanda Javiera, ferny, coni, bellscullen8, anabellaCS, pancardo, viridianaconticruz, rosycanul10, iza, vanina Iliana, santa, pam malfoy black, bellawoods13, freedom2604, valentina paez, saraipinera44, Valevalderde57, GabySS501, raque, Liliana macias, cavedaño13, almacullenmasen, nancygov, luisita, florvilly, CCar, Maribel hernandez cullen, Kamille Parzz cullen, ,liz vidal, valentinadelafuente, lys98, catableu, kathlen Ayala, milacaceres11p39, brenda cullenn, Ivette marmokejo, lore562, hearibwinter, Tereyasha Mooz, rero96, santa, vernica, barbya95, LadyRedScarlet, krisr0405, Nichicullen, dominic muoz Leiva, Srta Cullen brandon, debynoe12, twillightter, Tata XOXO, fernanda21, jroblesgaravuto96, pilimg, fallen dark angel 07, joabruno, alejandra1987, ELIZABETH, Selenne88, flor santana, verónica, Elliana11, iluena928, damaris14, monze urie, angel twilighter, nat cullen, anaiza18, Adrianacarrera, gradys Nilda, narmaveg, elmi, morenita88, DanitLuna, melany, Noriitha, mariaL8, Jocelyn, diana, miop, eve Venegas, lunadragneel15, cazadragones, calia19, belli swan dwyer, Elizabeth Marie Cullen, johanna22, somas, morales13roxy, yoliki, indii93, jmma, ale173, Iidee bells, reva 4, Mayraargo25, carlita16, smedina, patymdn, beakis, angelus285, lizmaratzza, esal, stella mio, ceci machin, sool21, malecullen, esme575, cris, camilitha cullen, isabella cullen swan, robaddict18, alyssag19, rose hernandez, lorevab, mela masen, hanna D L, luisa huiniguir, yessyVL13, erika, a Karina s g, miranda24, gan, Abigail, Andrea sl, truefanV, desiblack, luzz c c, gibel, sollpz1305 y Guest, espero volver a leerlas nuevamente, cada gracias que ustedes me dejan es invaluable para mí, han sido días complejos por tantas cosas, que su cariño ha hecho maravillas, de verdad muchas gracias

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