Stiles se tapó los oídos con fuerza, en un vano intento por no oír el grito de Derek.
Estaba en el otro extremo de los sótanos. Lo más alejado posible de la celda donde Helena le seguía torturando. Y aunque creía que sería más fácil, ahora que no era él quien le estaba infringiendo daño al hombre; se había equivocado.
Porque oírle gritar de dolor, saber que estaba a metros de distancia, y tener que quedarse de brazos cruzados, era casi peor.
Era tan horrible, que Stiles temía que fuera a volverse loco.
Pero, de momento, no podía hacer nada más.
El chico se sentó en el frío suelo del sótano, la espalda apoyada en la pared y las rodillas pegadas al pecho. Se sujetó ambas piernas con los brazos y agachó la cabeza, creando una especie de barrera con su propio cuerpo frente a la realidad.
A lo lejos, el grito de Derek retumbó en las paredes, y Stiles empezó a temblar.
Cerró los ojos con fuerza, obligándose a no hacer una locura que acabara con todos antes de tiempo, e inspiró con fuerza. Lo hizo un par de veces, la nariz pegada a la ropa, y poco a poco sintió que iba recuperando el control.
Aunque ello no significaba que fuera más fácil oír los gritos del hombre, ni la risa repugnante de aquella mujer.
De su Alfa.
Era recordarse una vez más que ella era su Alfa, y Stiles sentía verdadero asco por sí mismo. Sobre todo al rememorar lo absurdamente fácil que había caído en su trampa. Y más cuando Derek fue el primero en avisarle que se equivocaba con ella. Que era peligrosa.
- Dios. Soy un estúpido
- No lo eres.
Stiles levantó la vista y se encontró con uno de los Betas de Helena. Kevin, si no le fallaba la memoria. No es que hubieran tenido mucho tiempo para charlar, la verdad, y las presentaciones habían brillado por su ausencia.
Porque apenas llegó Stiles al bosque, siguiendo la llamada de su Alfa, y se encontró con que los demás estaban allí y tenían intención de matar a Helena…, todo había ocurrido demasiado rápido.
Demasiado rápido y demasiado lento a un tiempo.
Stiles veía las cosas como si estuvieran ocurriendo a cámara lenta, y como si estuviera fuera de su propio cuerpo. Porque cuando Helena le miró y le habló, ordenándole que le contara a Derek que había sido él quien mató al Omega, no pudo hacer otra cosa que obedecer.
Y quedarse a su lado.
Cuando aquello era justo lo último que quería hacer, sabiendo que en el otro extremo estaba Derek.
Pero no pudo hacerlo… Su instinto. Su unión con su Alfa se lo impedía.
Y así fue como se encontró recorriendo el bosque junto a un Alfa que le había engañado y manipulado, y junto a tres Betas que acababa de saber que existían y que apenas dijeron una palabra. Solamente dijeron sus nombres y le dieron la bienvenida a la manada. Como si aquello fuera lo que Stiles hubiera deseado hacer desde que le mordieron: Unirse a una panda de críos que, a diferencia de los que seguían a Derek, no tenían ningún problema en causar daño a gente inocente.
Entonces, cuando les conoció, Stiles dio por hecho que la falta de comunicación era debido a la propia forma de ser de los Betas. Y que, al parecer, eran más del tipo de Derek, pues disfrutaban del silencio como nadie.
Pero estaba claro que se había equivocado.
- Quieres algo – preguntó Stiles en tono seco, sin moverse del sitio. Lo cierto es que no tenía ningunas ganas de charlar con nadie, y menos aún con otro Beta de aquella manipuladora… Pero tampoco es que pudiera decirlo: No dejaba de ser el amigo de su enemigo.
- No te culpes por lo que has hecho – le dijo el Beta – Ella es muy inteligente. Te hizo caer en su trampa sin que tú mismo te dieras cuenta.
El Beta, Kevin, se sentó al lado de Stiles, dejando medio metro de distancia entre ellos. Stiles se fijó detenidamente en el chico, y se dio cuenta de que debería tener la misma edad que él. De ojos claros y cabello castaño, casi rubio, se parecía un poco a Isaac… Aunque la sonrisa que le estaba ofreciendo este chico era bastante menos espeluznante que la que solía mostrar su amigo.
Sobre todo porque la de Kevin era una sonrisa un tanto triste. Como si entendiera muy bien por lo que Stiles estaba pasando, y quisiera mostrar un poco de empatía.
Y aunque en el fondo Stiles sabía que era una locura arriesgarse tanto, era ahora o nunca.
Porque cabía la posibilidad de que aquel Kevin no fuera el amigo de su enemigo, sino justo lo contrario.
- ¿Lo dices por experiencia? – preguntó en voz muy baja, no queriendo que Helena le oyera. Aunque los gritos de Derek, que no habían parado un segundo, le indicaban que la mujer seguía ocupada.
Kevin no respondió. Se limitó a asentir con ojos tristes, tras lo que apoyó la cabeza en la pared, en gesto cansado.
- ¿Cuánto tiempo llevas con ella?
- Toda la vida – susurró – Vivía con mis padres en un pueblo a las afueras de Philadelphia. Un día llegó ella, pidiendo ayuda. Poco a poco se hizo un hueco en la manada, casi sin que nos diéramos cuenta… Hasta que un día mató a mis padres y a todos los lobos que eran convertidos – tragó con dificultad – Los pocos que quedamos, tuvimos que jurarle fidelidad como nuevo Alfa, a riesgo de morir.
- Nunca has pensado en…
- ¿Rebelarme? – Stiles asintió – Sería un suicidio… Además, cuanto más tiempo estoy con ella, más fácil resulta seguir sus órdenes sin siquiera plantearme las cosas.
- Pero piensas que está mal – se mojó los labios - Lo que hace.
- Queréis callaros de una vez.
El que habló fue Dylan, el otro de los Betas de Helena, y prácticamente de la misma edad de Kevin. Pero a diferencia de él, su pelo era negro como el carbón, y sus ojos de un marrón oscuro. Y sus rasgos faciales, sobre todo ahora que les estaba mirando con el ceño fruncido, eran mucho más duros que los de Kevin, tan delicados que parecían femeninos.
Kevin y Stiles observaron al Beta entrar en el sótano, cerrando la puerta tras él.
- Vais a conseguir que os oiga – siguió Dylan, hablando en susurros pero la molestia evidente en la voz – Y que nos mate a todos.
El miedo que había en la voz y en la actitud del chico, eran más que evidentes.
Y Stiles sería un estúpido si desaprovechaba aquella ocasión caída del cielo.
- Los otros dos Betas. ¿Piensan igual que vosotros?
- ¿Es que estás sordo? Te he dicho que lo dejes.
- Responde sí o no. Sólo eso.
- Sí – respondió Kevin por él – Todos lo pensamos.
- ¿Y por qué no hacéis nada? – preguntó con un aspaviento de las manos, recuperando por unos segundos su tradicional forma de ser.
- ¿He de recordarte la parte de que ella es mucho más poderosa que todos nosotros juntos? ¿Qué he visto como desollaba a hombres, mujeres y niños, sólo para obtener un poco de información?
Stiles tragó con dificultad.
- Pero sabéis que está mal lo que hace. No podéis permitir que siga.
- Mejor la vida de ellos que la mía – musitó Dylan para sí mismo.
Y aquella fue, definitivamente, la gota que colmó el vaso de la paciencia de Stilinski.
- ¿Oyes esos gritos? – preguntó cuando Derek volvió a gritar a lo lejos – Son del hombre del que estoy enamorado – casi gritó - Con el que soñé tener un futuro. Darle algo que nunca antes había tenido, porque lleva toda su vida sufriendo sólo por ser un hombre lobo – se mordió el labio – Y por culpa de una mujer que ni siquiera conocía, sólo porque sus antepasados fueron masacrados por las crueldades que cometió… probablemente jamás pueda vivir esa vida – tragó con dificultad - Y puede que sea una putada para mí, porque te aseguro que Derek es la persona más increíble que he conocido en toda mi vida, pero… Pero para él era la última oportunidad que tenía de vivir una vida normal. De dejar atrás el pasado y empezar de cero – dio un respingo para alejar las lágrimas – Y ya no podrá hacerlo por culpa de Helena.
Los Betas de Helena se miraron en silencio durante unos segundos.
Finalmente, fue Dylan quien se atrevió a hablar.
- Lo siento mucho. En serio – colocó una mano sobre el hombro de Stiles – Cuando nos contó lo que tenía intención de hacer en Beacon Hills, contigo y con el Alfa de la zona… no nos gustó la idea. Era especialmente cruel pero…
- ¿Pero?
- Había dos Betas más por aquel entonces… Brenda – pronunció el nombre con dificultad – Ella se negó a obedecerla.
- ¿Qué le pasó? – preguntó Stiles antes de darse cuenta de que había hablado.
- Nos obligó a matarla – respondió Kevin en un susurro – Entre todos la matamos – negó con la cabeza – Intentamos negarnos pero… No podíamos desobedecerla. Era imposible.
- Dios mío – Stiles no podía creerse que un Alfa pudiera obligar a algo así a sus propios Betas. A los que eran parte de ella – Dices que había dos más… Quién…
- Se llamaba Mark – habló Dylan – Le tuvo encerrado durante semanas, sin comer ni beber, y luego le soltó en mitad del bosque – miró fijamente a Stiles - Era el chico al que mataste.
Stiles sintió un nudo en el estómago tan grande, que le resultaba increíble que aún no hubiera vomitado.
- No… No lo sabía… Yo…
- Lo sabemos – trató de tranquilizarle Dylan – Y por aquel entonces, Mark era más una bestia que no sabía lo que hacia. Hambriento y abandonado – se sentó al otro lado de Stiles, apoyando la cabeza en la pared en gesto cansado - No dudo que no quieras a ese hombre – susurró con los ojos cerrados – Pero por tu propio bien, es mejor que aceptes el hecho de que tu anterior vida se acabó. Y que tarde o temprano, él morirá.
