Dudas, odio y una sensación desconocida, pero tan estúpidamente necesaria, estaban predominando en la ajetreada mente del pequeño ex-invasor, quien aún se mantenía estupefacto frente a la gigantesca e imponente computadora. Su mirada inmersa a la tenue pantalla, esperando con una inusual paciencia, a estas alturas solo podía culparse por darle tanta importancia a un gesto totalmente innecesario, se recargo plácidamente sobre su confortable silla, completamente absorto en sus singulares pensamientos, no podía evitar sentirse frustrado y confundido por la acción que optó en tomar el humano, su cerebro procesaba la información, intentando torpemente buscar un motivo probable para tan aborrecible acto... Lo había besado, en un total e imperdonable descuido, pudieron unir sus labios por primera vez, eso de por sí ya era malo.. ¿Lo peor? Es que en lo más recóndito e obscuro de su ser, al sentir ese repentino tacto ajeno, fue algo tan electrizante y adictivo, que por un breve lapso de tiempo, se sintió gratamente seducido por las transitorias sensaciones que se instalaron involuntariamente, en cada rincón de su cuerpo.

Ahora no hacía otra cosa, más que solo pensar en su viejo némesis, y en el duro error que se atrevió en cometer.

Claramente después de tal atrocidad, no tardo absolutamente nada en reaccionar, alejando con brusquedad al despreciable terrícola, que fuertemente se resistía a romper las distancia, algo tan inútil en cuanto sus despiadadas garras de metal entraron en acción, cortesía de su confiable pak, trayendo como consecuencia que el humano salga gravemente herido, al ser atravesado en su hombro derecho por el frío acero incrustándose sin piedad, en su propia carne. Unos cuantos quejidos escaparon como ahogados gritos, debido el reciente dolor suministrado, mientras que era expulsado inmediatamente de la propiedad del irken. Luego de arremeter contra su enemigo, cerró con fuerza la puerta, dando la orden a su computadora para que reforzara la seguridad, ignorando cada insistente grito, desbordada súplica y despiadados golpes que le regalaba el amante de lo paranormal, tras esa impenetrable puerta.

Definitivamente ya no podía confiar más en el, si tenia que ser sincero consigo mismo, nunca pudo ni siquiera soportar escucharlo, no podía esperarse nada bueno viniendo de él, era imposible tenerlo en frente y mantener en línea sus intenciones de aniquilarlo pero... ¿A qué punto? Ni siquiera él mismo estaba seguro de eso, fue capaz sin ninguna dificultad, de despertar sus reprimidos sentimientos, que más de una vez mantuvo en secreto, sin entender en ese tiempo lo que realmente significaba.. ¡Eran rivales! ¡Ley del invasor n°1, NO fraternizar con el enemigo! Llegados a este punto, era más obvio que el repudiable gesto del de lentes confirmaba su descabellada teoría, ambos sentían lo mismo. Luego de tantos años, seguían unidos de alguna forma, por un lazo inesperado. ¿Como engañar y burlarse del destino? Fácil, alejándose lo más rápido de todo tipo de contacto que lo conectará a él, ya no se sentía seguro en ese planeta, mucho menos ahora, que su verdadera naturaleza podría ser expuesta...

"No se que asuntos estés tratando con él, pero ten cuidado Zim. Ese imbécil no es como Dib, es peligroso."

La antigua advertencia de parte de la aterradora humana Gaz, lo hizo extrañamente titubear, las crecientes sospechas sobre la genuina personalidad e identidad de ese peculiar castaño, estaba derrumbando moralmente la notoria confianza que empezó a desarrollar con él, un profundo miedo de ser utilizado para fines horribles, lo hacían especular las peores y más ruines planes, sobretodo el método táctico que podría estar ejecutando, no era absurdo el viejo truco de acercarse de manera "amistosa" a un posible enemigo, para descubrir sus debilidades, esto aumentaba de manera exorbital, cuando en más de una ocasión, explicó estar ligado a todo ese estúpido embrollo de lo paranormal, al saber que esto era realmente seguro, daba pie a que una obsesión malsana naciera, para volver a empezar una relación tan tóxica como vivió hace unos cuantos años atrás... Algo que detestaba pero tenía que admitir, era que ese humano cabezón podría tener razón, no conocía del todo bien al muchacho extravagante y cautivador, con ojeras.

Con todas esas dudas recorriendo su mente, conservaba el bien merecido cariño que desarrolló con el de ojos azules, sentía una sincera y fuerte conexión entre ellos, dando la ligera impresión que el mismo universo quiso reunirlos para que mutuamente se conocieran, sería algo rebuscado sí, pero la posibilidad de un entendimiento por su mutuo dolor, era factible. La sinceridad ante temas personales es solo cuestión de lealtad, pero quizás también su inusual relación era demasiado casual como para entablar una discusión profunda pero...

"Escucha bien, Zim. Quiero que sepas que estoy de tu lado, te aprecio mucho, eres mi único amigo en el cual puedo confiar."

Esas palabras resonaban con demasiada fuerza en su cabeza, la sincera voz del de gabardina azul se colaba con firmeza dentro de su mente, provocando únicamente que se confundiera mas y mas... Necesitaba elaborar cuanto antes un plan, porque si de verdad era cierta la advertencia de su némesis, tenía como prioridad prepararse, sea cual sea la elección principal que elija el de ojeras, no tendría misericordia, ni siquiera dudas. No permitiría que absolutamente nadie le robase su nuevo hogar, ni mucho menos que le robaran la poca paz que se esforzaba en conservar... Aunque eso significara sacrificar la vida de un su primer e único amigo humano.

- ¿Zim? -lo llamó con insistencia desde el computador- ¿Estás ahí, invasor?

La repentina y aguda voz del vortiano, lo aturdió por unos cuantos segundos, trayéndolo nuevamente a la realidad, lo miró anonadado tratando de acostumbrarse a la reciente comunicación, se acomodo ligeramente en su silla, para acto seguido, mover disimuladamente su cabeza, a lo que solo asintió devolviendo el saludo, cambiando en el proceso sus expresiones faciales, dispuesto a entablar una larga y tediosa conversación con su amigo de cuernos de cabra.

[...]

[...]

[...]

Un constante pero intenso dolor, solo traía penuria a un humano cabezón, al que con esfuerzo mordía sus labios, intentando no gritar, todo era producto, al sentir ese insoportable ardor que provocaba un líquido ácido y transparente, en donde este mismo cumplía la misión de desinfectar sus graves heridas, que iban desde su hombro derecho el cual se llevó la peor parte, perforando gran parte de su carne, hasta su torso que estaba seriamente lastimado por los rasguños profundos, gracias a ese metal cortante, mientras que su brazo derecho simplemente tenía hematomas alrededor del mismo, debido a los contundentes y diversos golpes. A su alrededor esparcidos sobre su cama, descansaban múltiples vendas, tijeras, cintas y algún que otro raro analgésico, era en estos casos que agradecía tener siempre un kit de primero auxilios, lo implemento a los pocos días que conoció a Zim, ya que por sus peleas diarias, de alguna u otra forma salió siempre lastimado, así que no era ninguna novedad lo que estaba haciendo justo ahora, hasta podría considerarse nostálgico.. Había pasado mucho tiempo desde la vez que tuvo que hacer algo como eso, retomo indirectamente sus infantiles batallas, aunque esto era una sucia mentira, ocultando una verdad, aún más amarga.

Lamentándose a sí mismo, solo se concentraba en colocarse con cuidado sus vendajes, mientras que era preso por un terrorífico miedo, la incógnita duda era la peor forma de tortura, a estas alturas la incertidumbre de asegurarse sobre la información que obtendrá su "hermanastro", lo estaba matando, se sentía impotente, por cualquier punto de vista por donde se lo mire, no tenía los elementos necesarios para ayudar al irken, aunque este mismo tampoco lo aceptaría, mucho menos con la estupidez que hizo... Negó con insistencia su gigantesca cabeza, forzando que el leve rubor en su rostro desapareciera, ahora si sentía que lo había arruinado, culpo totalmente a sus malditas hormonas.

Desde hace tiempo tenía que lidiar con ellas, insistió que eran las principales causantes de esos reprimidos sentimientos que alguna vez tuvo por el invasor.. "¿Qué pudo haber pasado, si tan solo hubiera sido sincero consigo mismo?" Ya no podía engañarse con una patética farsa, aun lo amaba.. "¿Pudo siquiera ser correspondido?" No podía soportarlo, se levantó tomando su camiseta manchada con su sangre, para luego arrojarla a un rincón de la habitación, busco entre los bolsillos de su gabardina, sacando un paquete de cigarros y su viejo encendedor, necesitaba desconectarse del mundo por un rato, a lo que simplemente se recargo en su ventana, a la vez que prendía su actual vicio. La noche era bastante hermosa, acompañada de pequeñas y alejadas estrellas, raramente no se cansaba de verlas, después de todo, a partir de lo experimentado en el espacio, se habían vuelto sus compañeras.

- Elimina ese asqueroso y pútrido humo, antes de que te mate.

Al escuchar tan fría pero severa amenaza, comenzó a toser repetidamente, sumamente nervioso, al darse cuenta que su pequeña hermana estaba recargada en su puerta. Solo unos instantes bastaron, para que liberara de sus pulmones, la reciente tentadora toxicidad de la nicotina, exhalando todo el humo, para acto seguido, apagar inmediatamente el cigarro, y luego deshacerse de él. Temblando un poco, se dio media vuelta encarando a la pelimorada, ahora sentada ordenando lo que anteriormente utilizó para poder curarse, ahora si estaba aterrado, no tendría escapatoria o excusa creíble para decirle a Gaz. Estaba condenado, si Zim no lo había matado, su hermana menor con gusto terminaría el trabajo.

- G-Gaz. -saludo simulando tranquilidad- ¿Q-Que pasa? -intento hablar lo más "casual" posible.

- Solo quería saber a que se deben tus patéticos lloriqueos. -respondió de manera glacial- Estaba a punto de pasarme el último nivel, cuando te oí quejarte como una niña. -explicó cerrando sus puños con enfado.

- Lo siento. -se excuso con sinceridad- Es que me lastime de camino a casa. -informo rascando su nuca, nervioso.

- No me importan tus estúpidos problemas. -lo miro de manera amenazante- Así que habla de una vez. -ordenó cruzándose de brazos- ¿Quien te dio una paliza?

- ¡Eso..! -desvió su mirada, incapaz de confrontar a su hermana- No importa ahora. -se acercó hasta la cama, tomando sus cosas- Dejaré todo esto para que puedas continuar con tu juego, así que por favor déjame en paz. -pidió guardando el kit en un cajón.

- Escúchame bien, imbécil. -se levantó de la cama, dirigiéndose a su hermano- Detesto que hagas ese numerito de "víctima", siempre jugando a ser el incomprendido que nadie quiere. -bufo dándole un golpe en el pecho del contrario- Estoy harta de verte o escuchar tus insoportables quejas por Zim, si de verdad estas arrepentido por todo, enmiende de alguna forma tu patético error.

- No es tan sencillo, Gaz. -suspiro sobándose el golpe- Es imposible que Zim pueda perdonarme por todo el daño que le he hecho. -explicó con tristeza en su voz- Tiene todo el derecho del universo al odiarme, bueno mucho más de lo usual.

- Nunca dije que busques su perdón, inútil. -corrigió molesta la pelimorada- Seguramente has hecho algo terriblemente malo, para que el te odie como lo hace a ahora. -dedujo viendo el vendaje de su hermano- Solo diré que deberías redimirte, para que nadie más lo lastime como lo has hecho tu.

- ¡Gaz el me odia! -refuto alzando su voz- ¿¡Tu soportarías que alguien te hiciera daño, para que luego esa misma persona, vuelva buscando tu perdón?!

- La haría sufrir de muchas formas. -encogió sus hombros- Para comprobar hasta dónde sería capaz de llegar por mi. -respondió dándole la espalda al de lentes- Al menos, eso sería considerado como una oportunidad.

- Eso es tortura.. ¿Sabes? -contradijo con sarcasmo- ¿¡Quieres que esa lagartija espacial me mate?!

- No sería mala idea. -se burló sacando de los bolsillos su consola- Zim no va a matarte. -aclaro prendiendo el dispositivo- Te odia, pero solo quiere lastimarte, si te quisiera ver muerto ya lo hubiera hecho. -finalizó saliendo de la habitación.

El sonido de la puerta cerrándose hizo que el de gabardina negra saliera del trance, se sentía seriamente confundido, a lo que solo se dejo caer en su mullida cama, las palabras de su pequeña hermana lograron sacarlo de contexto, meditando tontamente sobre cómo debería actuar a partir de ahora. Jamás pudo imaginar estar metido en este tipo de situación, no contaba con nadie quien pudiera ayudarlo, pero no estaba tan solo como en un principio creía, al parecer Gaz en todo este tiempo, tal vez había cambiado un poco... Simplemente dio una sonrisa amarga, lentamente cerro sus ojos, estaba sumamente exhausto necesitaba dormir...

"Voy a recuperarte, Zim."

Llevo tanto el dedo índice como el pulgar, para tocar torpemente sus labios, recordando el suave tacto que tuvo con anterioridad, con su alíen.