Palabras innecesarias
Tenía la vista puesta en la ventana desde hace ya un buen rato. Sujetaba la pelota de volleyball que le había regalado su padre sobre su regazo, dándola vuelta con sus manos en un ligero gesto de impaciencia a no poder salir a jugar con ella por la fuerte lluvia que caía.
Su madre bebía con parsimonia su té en frente de él, un tono apagado en sus ojos que hizo que desviara la vista de la ventana para verla a ella.
Ya habían pasado algunas semanas desde que su padre se había marchado, desde entonces jugaba en solitario fuera de casa, únicamente acompañado por el ganado alrededor. Su madre era de pocas palabras al igual que su abuela, pero al menos quería saber donde estaba su padre, si volvería o tan solo saber cómo estaba.
—Mamá— Llamó tras un rato, obteniendo la atención de la mayor—. ¿Papá va a volver?
Sus ojos oscuros se abrieron levemente, sus labios formando una línea recta, mostrando su reticencia a la respuesta.
—¡Wakatoshi!
Agachó la cabeza ante el llamado de atención de su abuela, la cual acababa de entrar a la sala y lo observaba molesta.
—Está bien, mamá— Dijo la azabache— Wakatoshi es solo un niño, no sabe de estas cosas.
—Aún así— La mayor se acercó hasta la mesa, sentándose junto al castaño—. Escucha, Wakatoshi, las palabras tienen más poder del que piensas, por lo que solo debes decirlas cuando sea indispensable. Nadie quiere a un niño que hable de más, ¿entendido?
El niño asintió como toda respuesta, viendo con algo de culpa cómo su progenitora se levantaba para irse del salón.
—Sé que puede ser difícil ahora, pero debes mostrarle a tu madre...y a tu padre también, que puedes ser fuerte aún sin él a tu lado— Continuó la anciana suavizando la mirada que le daba— Para eso no necesitas palabras, sino hechos, Wakatoshi.
El menor bajó la mirada hasta el balón en su regazo, acariciándolo con lo que se estaba empezando a transformar en nostalgia.
—Si no estás haciendo nada, ¿por qué no me ayudas con las palabras que me faltan?— Le preguntó, acercando el crucigrama que tenía sobre la mesa— Y deja ese balón, te he dicho que no lo traigas dentro de la casa, está sucio.
—No quiero...— Murmuró aferrándose al objeto con un poco más de fuerza, a lo que la mayor suspiró.
—Bien, solo no ensucies nada.
Wakatoshi volvió a asentir, ayudando con las pocas palabras que entendía, pero evitando escribir nada sabiendo lo mucho que su abuela detestaba verlo usar su mano izquierda.
En silencio...
Las palabras siempre fueron innecesarias.
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—...jima-san...Ushijima-san...¡Ushijima-san!
Se levantó por reflejo al ser llamado, chocando con quien estaba tratando de despertarlo, el mismo que ahora se sujetaba adolorido la frente a un lado de la cama.
—Shirabu, lo siento, ¿estás bien?— Se acercó preocupado al verlo.
—Si, es mi culpa, no se preocupe— Le restó importancia el castaño, aún cuando su frente se había puesto roja por el golpe— Es solo que...hoy no se levantó para ir a trotar, vine a ver si le había pasado algo.
Ushijima vio de reojo el reloj sobre el velador, notando que ya pasaban de las 8, dando cuenta de que efectivamente se había quedado dormido. Se sorprendió de sí mismo, puesto que ello ocurría en muy raras ocasiones, aunque lo atribuía en gran parte a sus problemas para conciliar el sueño el día anterior.
—Parecía tener una pesadilla, así que preferí despertarlo— Contó el más bajo con un brillo preocupado en los ojos—. Siento haber entrado a su habitación sin su permiso— Añadió haciendo una leve reverencia, para después disponerse a salir, pero fue detenido por la mano del mayor.
Shirabu lo vio con sorpresa, la misma que parecían reflejar los ojos de Ushijima por su propia acción.
—No, está bien, gracias— Dijo soltando su mano con algo de torpeza.
El armador lo observó curioso, quedándose en su sitio unos segundos, indeciso a preguntar lo que tenía en mente.
—Hum...¿Qué hay de Oikawa-san? Él...¿se quedará en los Adlers?— Terminó por preguntar, preocupado de que ese sea el motivo por el cual Ushijima se mostraba distraído.
Wakatoshi lo miró confundido por la pregunta, notando un atisbo de inseguridad en los iris contrarios, aunque no alcanzaba a dilucidar el motivo.
—No lo hará.
Los ojos de Shirabu parecieron recorrer distintas emociones hasta llegar a la extrañeza. Buscaba en la voz del mayor el deje de frustración que siempre tenía tras recibir las negativas de Oikawa Tooru en la preparatoria, pero éste ya no estaba.
¿Cuándo fue que cambió?
—¿Pasa algo, Shirabu?— Consultó al ver que el castaño seguía mirándolo perplejo.
—No es...nada— Respondió aún algo aturdido, sintiéndose mal por la sensación de alivio que nació tras sus palabras—. Será mejor que me vaya, se me hace algo tarde.
—¿Tienes que ir a algún lugar?— Preguntó curioso.
—Si, hoy es la bienvenida de la universidad para los de primer año— Refirió algo avergonzado—. ¿Y usted, Ushijima-san? ¿No tiene entrenamiento hoy?
—Tendremos un partido amistoso en la tarde— Contó, pudiendo percatarse del brillo que apareció en sus ojos miel, el mismo que conocía bien desde que lo conoció— ¿No te gustaría venir a verlo?
—¿D-de verdad puedo?— Preguntó tratando de mantener un rostro serio, lo que solo lo hacía verse más adorable para los ojos de Ushijima.
Asintió como respuesta, lo que hizo sonreír al castaño, quien al darse cuenta que ya llevaban un rato solo mirándose, carraspeó nervioso para volver a dirigirse a la salida.
—Shirabu— Lo llamó al percatarse que se había olvidado de decirle algo importante.
—¿Si?— Preguntó el menor, dejando asomar parte de su rostro sobre el umbral.
—Suerte en tu primer día.
Las mejillas del armador se tornaron rojas, más por la ligera sonrisa de Ushijima que por sus mismas palabras, agradeciendo que el mayor no pueda notarlo por la pared que ocultaba la mayoría de su rostro.
—Gracias, Ushijima-san— Dijo, para después agregar algo avergonzado:— Hum...aún no me ha dicho la hora ni el lugar de su partido.
Ushijima parpadeó nuevamente sorprendido por su despiste, a lo que Shirabu negó restándole importancia. Quedaron en que le enviaría un mensaje con la información, ya haciéndosele tarde para salir.
Una vez cerró la puerta del departamento, Ushijima se levantó dispuesto a empezar su día, teniendo como primer objetivo regar la planta del balcón, la cual ya empezaba a dar sus primeras hojas. Pasados unos minutos, identificó aquella cabellera castaña caminar con rapidez por la vereda rumbo a la universidad, haciendo que volviera a tener esa sensación de calidez esparcirse desde su pecho, la misma que tenía cada vez que lo veía sonreír o al solo tenerlo a su lado.
Aunque ahora sabía perfectamente de qué se trataba.
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[18:00 pm, Gimnasio Metropolitano]
Vio el mensaje con concentración, preguntándose si debía agregar algo más. Recordó las figuras que agregaba Tendou en los mensajes, pero nunca se había planteado cómo los conseguía.
Como si le hubiera leído el pensamiento, la pantalla del celular brilló indicándole una llamada entrante del pelirrojo, por lo que se disculpó con sus compañeros y salió a responder fuera de los vestuarios.
—Tendou.
[—Wa-ka-to-shi-kun]— Saludó el contrario divertido— [Te llamo desde las profundidades de los Campos Elíseos para saber cómo va todo entre Blancanieves y Grumpy. Obviamente no tiene nada que ver con lo aburrido que estoy porque Semisemi no me deja ni asomar una uña fuera de la cama]
[—Te estoy escuchando]— Se escuchó otra voz, a lo que Tendou se hizo el desentendido— [Tienes que descansar, nada de movimientos bruscos e hidratación, así que termínate la sopa entre que limpio la cocina, ¿entendido?]
[—Si, esposo mío~]
[—¿Q-quién es tu esposo? Idiota]
Ushijima escuchaba el intercambio con calma, ya acostumbrado en parte a ellos, hasta que Tendou volvió su atención a la llamada, aprovechando de hacerle la pregunta que lo estaba rondando.
—Tendou, ¿cuál técnica utilizas para acompañar los mensajes de la figura circular que va cambiando de accesorios?
[—¿De casualidad hablas de los emoticones?]
—Conque así se llaman— Reflexionó Ushijima.
[—Mira, vas a la esquina de la pantalla, aprietas el botón con la cara feliz y ¡bam! Aparecerán muchos para elegir]— El rematador iba asintiendo a su explicación, tratando de recordarlo para utilizarlo después— [Pero Wakatoshi-kun, no sobreviví al vil ataque de un churro para escucharte hablar como mi abuela con su celular nuevo. ¡Emoción! ¡Drama! ¡Juventud! ¡Eso es lo que busco!]
—Shirabu dijo que fueron tres.
[—¿Qué cosa?]
—Churros.
[—Mejor no hablemos de mi enemigo mortal]– Le restó importancia tomando un sorbo de su sopa— [Cuéntame, ¿qué harán el fin de semana?]
—No recuerdo tener planeado nada en particular.
[—Mi estimado Miracle boy, no tienes idea de lo que se celebra el sábado, ¿no es así?]— Comentó Tendou con un deje divertido en la voz, a lo que rematador se quedó confundido— [Seré tu tinker bell del amor y te daré algunas pistas: 4 de mayo, Kenjiro y 19 años]
Ushijima abrió los ojos en entendimiento. Había estado tan centrado en el entrenamiento y todo lo que conllevaba el descubrimiento a sus sentimientos que se le había olvidado por completo que el cumpleaños de Shirabu ya estaba tan cerca.
—Oh.
[—Eso confirma mis sospechas]— Rió el pelirrojo — [Pensaba decirles a los demás que vengan a Tokio y hacer una gran celebración sorpresa]— Propuso con entusiasmo.
—No estoy seguro de que a Shirabu le guste mucho la idea— Comentó pensativo.
[—Detalles, detalles. Aunque eso cambiaría si me dices que planean celebrarlo en privado]— Añadió con un tono insinuador.
Ushijima no entendió las intenciones ocultas tras el comentario, pero si se puso a pensar en si debería hacerle algún regalo especial a Shirabu, más ahora que se había dado cuenta de sus sentimientos por él.
—¿Tendou?
[—Presente]— Respondió tomando otro sorbo de su sopa.
—¿Cómo sabes qué regalo darle a alguien a quien aprecias mucho?
[—Hum...es algo difícil de saber, se podría decir que uno lo sabe por observar con frecuencia a la otra persona]— Respondió pensativo, para después darse cuenta de la pregunta que le había hecho— [Espera, hablamos de Shirashira, ¿verdad?]
—Si, ayer me di cuenta que estoy enamorado de él.
Hubo mutismo del otro lado de la línea hasta que Tendou lanzó una exclamación ahogada que sonaba a una mezcla de haberse atorado con la sopa y un grito impactado.
[—¡Oh por dios! ¡Emergencia, Semisemi, esto no es un simulacro! ¡Repito, no es un simulacro!]— Comenzó a decir apenas se recompuso.
[—No me asustes así, Satori, tengo que volver a-]
[—¡Es un chisme nivel 3, Semisemi!]
[—¿Qué? ¿Nivel 3?]— La voz de Semi ahora estaba junto al teléfono.
Wakatoshi observaba con algo de extrañeza la pantalla de su celular, preguntándose si aquello era motivo de tal consternación.
[—¡Información! ¿Cómo fue que te diste cuenta? ¡Necesito todos los detalles de este gran evento para la historia de la humanidad, Wakatoshi-kun!]
—Oikawa me lo dijo ayer durante la práctica— Contó con simplicidad, tratando de recordar si había algún otro detalle importante que agregar.
[—¿Oikawa? ¡¿Oikawa Tooru?! ¡Por dios, necesito ver el rostro de Shirashira cuando se entere!]— Tendou trató de contener su risa, para después retornar de a poco a la seriedad— [¿Ya se lo dijiste?]
—¿A quién?
[—A Shirashira]
—¿Qué cosa?
Otro suspiro, esta vez duplicado por la presencia de Semi.
[—Me refiero a tus sentimientos, Wakatoshi-kun, ¿se los haz dicho a Kenjiro?]— Optó por una explicación sencilla, pero el silencio de Ushijima fue suficiente para darle la respuesta— [¿Planeas decírselo?]
Ushijima recordó por unos instantes la espalda de su padre marcharse y aquella silenciosa tarde de lluvia junto a su abuela.
"Escucha, Wakatoshi, las palabras tienen más poder del que piensas, por lo que solo debes decirlas cuando sea indispensable. Nadie quiere a un niño que hable de más, ¿entendido?"
Un repentino miedo a que sus sentimientos no sean suficientes para retener al castaño a su lado pasó por su mente. Nunca había sido bueno con las palabras, siendo testigo de cómo éstas muchas veces lograban un efecto contrario al deseado.
Con esas mismas palabras innecesarias fue que le había hecho daño a Shirabu el día en que se le confesó.
[—¿Hola, Wakatoshi?]— Ahora era la voz de Semi en el teléfono— [No soy un experto en el tema, pero si sientes lo mismo que él, ¿no crees que lo mejor sería decírselo? Fíjate en sus ojos, su boca, sus gestos, esos serán lo que te mostrarán que habrá valido la pena intentarlo]
[—Mi adorado Semisemi tiene razón, Wakatoshi-kun, tienes que intentarlo, estoy seguro que Shirashira se alegrará mucho cuando lo sepa]— Le dijo Tendou con sinceridad, escuchándose de fondo las quejas de Semi por un repentino abrazo del pelirrojo— [Tú solo ve y díselo, así como él lo hizo contigo antes]
Así como él lo hizo contigo antes...
Tendou tenía razón, Shirabu ya se había armado de valor para decirle sus sentimientos hace más de un año y se mantuvo a su lado, aún cuando ni siquiera él estaba seguro de su propia respuesta.
Pagarle con la misma honestidad era lo menos que podía hacer.
—Ya va a empezar el calentamiento— Lo interrumpió Hoshiumi, notando que ya estaban saliendo todos del vestuario.
Asintió, agradeciendo a Tendou y Semi por sus consejos, para después ir a dejar el celular en su bolso. Volvió a ver el mensaje, recordando las instrucciones de Tendou antes de enviarlo.
[18:00 pm, Gimnasio Metropolitano :)]
Al salir de los vestuarios, vio con algo de preocupación la lluvia caer por fuera de las ventanas del gimnasio. No pudiendo culpar al armador si se decidía por no venir e irse directo a casa.
Fue por eso que se sorprendió tanto cuando ya estaba por empezar el partido y lo visualizó en una de las gradas. Sus brazos apoyándose en la baranda y sus ojos marrones viéndolo como si fuera lo más importante de la cancha en ese momento.
Sonrió para sus adentros, porque sus pensamientos no distaban mucho tampoco. Donde, aún con toda esa gente llegando a ver el partido, la única atención que realmente le importaba era la suya.
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—Felicidades por ganar el partido, Ushijima-san.
Fueron las palabras con las que lo recibió Shirabu, aguardándolo a la salida del gimnasio, bajo la protección de un paraguas violeta.
—Gracias— Dijo de vuelta, titubeante a si ubicarse o no bajo el paraguas, sin embargo, Shirabu ya lo estaba cubriendo con éste como si fuera algo habitual.
—¿Sucede algo?— Preguntó al notar su rostro sorprendido, sin embargo, Ushijima negó ligeramente con la cabeza.
Caminaron de vuelta, comentando ciertas jugadas importantes del partido, Shirabu más que nada enfocándose en el desempeño del armador, a lo que Ushijima notaba cómo el brazo del castaño tendía a hacer un esfuerzo extra para mantenerlos a ambos bajo el paraguas. Silenciosamente ubicó su mano por debajo de la contraria, a lo cual Shirabu entendió la idea y soltó el mango para que Ushijima lo llevara.
—¿Qué es?— Preguntó el mayor al notar que Shirabu llevaba un pequeño objeto en su otra mano.
—Ah, esto— Dijo con cierta pesadez, mostrándole que se trataba de una libreta, aunque ésta se hallaba toda mojada y con la tinta corrida— Se me cayó mientras compraba el paraguas a las afueras de la facultad, creí que mejoraría cuando se secara, pero parece que no será así— Concluyó al notar que algunas de las hojas estaban prácticamente ilegibles.
—¿Era importante?— Consultó al fijarse del rostro con que lo miraba.
—No sabría decirle— Respondió con una mueca dudosa— Tenía escritas algunas notas de los equipos a los que nos enfrentamos en preparatoria, también tenía unas cuantas recetas. El diseño de las galletas que le di a probar en una ocasión estaba aquí— Mencionó con una media sonrisa—, pero supongo que ya estaba demasiada gastada.
Aprovechó que había un basurero cercano para depositarla ahí ante la mirada de Ushijima, quien también lo lamentaba de cierta manera.
Siguieron caminando con el sonido de las gotas caer sobre el paraguas acompañando sus pisadas, el zurdo no pudiendo evitar distraerse con el castaño a su lado. Llevaba conociéndolo ya hacía años, lo que solo hacía más sorprendente el que no se hubiera dado cuenta antes de lo atractivo que era. Observó las traviesas gotas de lluvia que lograban alcanzar su cabello, el reflejo de las luces de la calle en sus ojos miel y la sutil línea que formaban sus labios juntos. Se atrevió un poco más, bajando la mirada por su cuello, delineando el reborde de sus clavículas, las cuales se dejaban ver apenas entre la cremallera de su abrigo, sin embargo, cuando volvió a levantar la mirada se vio atrapado por los marrones contrarios.
—¿Pasa algo, Ushijima-san?— Preguntó curioso tocándose la cara, buscando si tenía algo extraño en ella.
—No es nada— Respondió volviendo la vista a la calle, en cierta parte avergonzado por su propio comportamiento.
Las palabras de Tendou y Semi volvieron a su mente por unos instantes, sintiendo una especie de inquietud al pensarlo, ésta incluso superando cualquier clase de nerviosismo, si es que alguna vez tuvo uno, a la antesala de algún partido importante.
"No soy un experto en el tema, pero si sientes lo mismo que él, ¿no crees que lo mejor sería decírselo?"
"Tú solo ve y díselo, así como él lo hizo contigo antes"
—Shirabu— Lo llamó con tono decidido, deteniendo sus pasos, pero aún sin atreverse a voltear la mirada en su dirección— Puede que sea tarde considerando que tú me confesaste tus sentimientos hace más de un año, pero...
No hubo respuesta del castaño, lo que aprovechó para tomar aire y liberar las palabras que tenía en la garganta.
—Me gustas— Terminó por decir, atreviéndose finalmente a mirarlo.
Parpadeó confundido al darse cuenta que, en vez de los iris chocolate que esperaba ver, había una anciana junto a dos niños, quienes lo observaban como si se hubiera vuelto loco.
—Lo siento, joven, pero estoy felizmente casada, para la próxima será— Dijo divertida la mayor antes de indicarle a sus nietos que debían seguir su camino.
—¿Ushijima-san?
El zurdo dirigió la mirada a quien acababa de salir de una tienda y se acercaba con rapidez para volver a cubrirse con el paraguas.
—¿Pasó algo?— Preguntó al notar el rostro aún desconcertado del mayor.
—No estoy seguro— Respondió, viendo con curiosidad la bolsa que cargaba el castaño.
—Ah, n-no es nada— Dijo al percatarse de su atención, aferrándose un poco más a la bolsa, aunque para Ushijima no pasó desapercibido el suave tinte rojizo que se había adueñado de sus mejillas— Avancemos rápido, antes de que se ponga a llover más fuerte.
—Si.
Llegaron algunos minutos después, dejando el paraguas en la entrada para no mojar el suelo, al igual que sus abrigos y zapatos. Shirabu dejó su mochila en el suelo y la bolsa sobre la mesa mientras intentaba disimular un bostezo.
—Creo que lo mejor será que me vaya a dormir, mañana será otro largo día— Dijo con tono adormilado— Buenas noches, Ushjima-san.
—Si, buenas noches— Respondió viéndolo dirigirse a su habitación.
Apenas cerró la puerta, miró con curiosidad en dirección a la bolsa, la cual por la forma que tenía le daba a entender que se trataba de algún libro o revista. Una leve abertura permitió que distinguiera parte de un uniforme de volleyball, pero no le permitía saber a quién pertenecía.
Se dijo a sí mismo que no era de su incumbencia, aunque no podía evitar pensar en quién podría estar en la portada para hacer que Shirabu interrumpiera su camino solo para comprarla.
Volvió a ver la puerta de su habitación, preguntándose si ahora que no había tiendas de por medio podría decirle lo que intentó antes.
Apretó los puños de sus manos, caminando con decisión rumbo a su habitación, dispuesto a cumplir con lo que se había propuesto, después de todo, él no era la clase de persona que se echaba para atrás cuando decidía algo.
—Shira...bu— Salió apenas de sus labios al abrir la puerta y encontrarse al armador a medio vestir, solo con la camisa puesta y parte de la ropa interior que se dejaba ver por debajo de ella.
Ambos se vieron algo sorprendidos hasta que el rostro del menor comenzó a teñirse de rojo y Ushijima reaccionó a cerrar la puerta. Sus mejillas repentinamente cálidas y su corazón latiendo con rapidez.
—Lo siento, Shirabu, no era mi intención...— Se disculpó sin saber muy bien cómo terminar la oración.
—E-está bien, ¿sucede algo, Ushijima-san?— La voz de Shirabu se escuchaba cada vez más cerca de la puerta, lo que hizo que su respiración fuera a un ritmo inconstante de repente.
—Quería decirte algo— La puerta fue abierta levemente, dejando ver parte de su silueta y sus ojos mirándolo interrogantes.
—Claro, ¿de qué se trata?— Preguntó dando un pie fuera de la habitación, a lo que Ushijima se alejó unos centímetros con la mirada puesta en la pared.
Shirabu lo vio extrañado, esperando a su respuesta, sin embargo, pasaban los minutos y Ushijima seguía sin hablar, por lo que optó a acercarse para ver si por lo menos seguía respirando.
El más alto volvió a retroceder, pero para sorpresa del armador no era con el rostro impasible que él esperaba ver.
Ushijima estaba...¿avergonzado?
—Arroz, Shirabu— Dijo de repente, poniendo un rostro de tal concentración que lo hizo parpadear confundido— Hay que comprar arroz para el almuerzo de mañana.
—Pero si solo hace algunos días compramos arroz— Recordó Shirabu.
—Los japoneses necesitamos mucho arroz— Anunció con solemnidad, encaminándose rápidamente a la puerta.
—Pero Ushijima-san está lloviendo, ni siquiera se ha puesto su abrigo— Intentó detenerlo, temiendo en gran parte por la capacidad de su despensa, puesto que ésta seguía repleta de mermelada.
Por descuido propio fue que terminó tropezando con la mochila que se había olvidado de recoger, siendo los fuertes brazos de Ushijima los que impidieron nuevamente que cayera sobre el suelo. Solo que en esta ocasión no estaban sobre un frágil suelo de hielo, no había una amplia pista a su alrededor ni tampoco gruesos abrigos que los separaran, por el contrario, estaban únicamente los dos, tan cerca uno del otro que el tacto de Ushijima sobre la delgada camisa lo hizo sentir un ligero cosquilleo.
—Gracias.
Se extrañó al no recibir respuesta, notando que Ushijima seguía sujetándolo de una forma tan parecida y tan diferente a la vez de lo que fue su abrazo del día de ayer. Levantó su mirada, cayendo nuevamente en la profundidad de los iris avellana del contrario, perdiéndose en ese brillo que no le recordaba haber visto antes.
Sintió su pulso aumentar, sin apartar la mirada de sus ojos, aún cuando una de las manos de Ushijima comenzó a subir lentamente desde su cintura, acariciando con ligereza su cuello hasta detenerse con cuidado en una de sus mejillas. Un tacto tan suave y tranquilo que lo hizo desear perderse en él tan desesperadamente.
—¿Ushijima-san?— Fue lo único que pudo salir de su boca en un tímido murmullo, el mismo que bastó para que el mayor se diera cuenta de sus propias acciones y detuviera sus labios tan peligrosamente cerca de donde estaban.
Alejó su rostro con algo de torpeza, moviendo su mano hasta los cabellos cobrizos del armador, dándole unas ligeras palmadas antes de dirigirse nuevamente a la puerta.
—Iré por el arroz.
Shirabu esta vez lo dejó ir, esperando a que se cerrara la puerta para poner la mano en su pecho, agradeciendo toda la caja torácica que impedía que su corazón escapara con lo rápido que estaba latiendo.
En tanto, del otro lado de la puerta, había otra persona que comenzaba a darse cuenta que decirle sus sentimientos a quien quería era una labor mucho más difícil de lo que había pensado.
¡Hola, hola! Nuevo cap :D
Lo tenía listo desde hace días, pero siempre terminaba distrayéndome mientras lo editaba xD
Fanfiction no me deja utilizar emoticones, así que el ":)" del mensaje es en realidad un emoticon
¡Espero les haya gustado el cap!
¡Gracias a todos los que leen y comentan! Me animan a escribir cada capítulo, se los agradezco mucho ❤️
¡Saluditos virtuales! ❤️
