Ese día Kotoko pudo descansar el día completo. Su mente era un completo torbellino. Sabía que aislarse en esos momentos podría ser incluso peor, pero necesitaba unos minutos para encontrarse consigo misma. Estaba cansada, mentamente cansada. Lo único que deseaba era poder estar sola. Agradecía al cielo y, la directora, que su habitación no fuera compartida. Su pieza era pequeña, pero le daba la tranquilidad que ella necesitaba.
No sabe ni cómo ni cuando se durmió. Solo pudo darse cuenta al despertar, que había dormido más de la cuenta. Su telefóno acusaba el hecho. Tenía varas llamadas perdidas y varios mensajes sin leer.
Media dormida aún, comenzó a ver quien la había llamado. Su suegra, su padre, un número desconocido, y otra vez su suegra, su suegra y su suegra. Por último Yuuki. De seguro su suegra lo había hostigado para que la llamara también.
Luego comenzó a leer los mensajes y tenía varios. Los recorrió rápidamente, como si buscara algo importante. No sabía por qué, pero creía que algo importante encontraría entre ellos.
Se detuvo en un nombre: Irie.
-Kotoko, ¿vamos a cenar con mis padres?, nos esperan en el hotel… dime a qué hora paso por ti. Sabes que mi madre es imposible de disuadir.
-Por hoy paso, quiero descansar. Dile que los veré mañana – contestó Kotoko decidida. No estaba de ánimo para otra salida y regreso junto a Irie.
-¿Alguna posibilidad de hacerte cambiar de parecer? Tengo algo importante comunicarles y que quiero conversar contigo.
-¿Mañana si?
Vio como éste escribía y borraba una y otra vez, seguramente estaba redactando algo para convercerla, pero luego de un par de minutos, finalmente desistió.
-Esta bien Kotoko, yo le diré, pero será mejor que apagues tu celular… porque de seguro mi madre comenzará a llamarte como loca.
-Sí, lo haré, que pasen una linda velada- escribió para dar por concluida la conversación.
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Irie había quedado tremendamente apesadumbrado. Quería que Kotoko se enterara por él que se quedaría en la escuela junto a ella. De seguro, ahora se enteraría por Daniel. Quería ver su reacción, quería ver si es que ella se ponía feliz al saberlo o no… debía reconocer que su estómago se había comprimido al detenerse a pensar en eso. Para él era un gran noticia, pero no tenía muy claro si para Kotoko sería así o no.
La madre de Irie se puso como loca de felicidad al saber que su Naoki podría quedarse en la escuela de medicina y que no tendría que volver con ellos. Se sentía triste al ver que Kotoko no había querido ido a cenar con ellos, pero bueno, aún quedaban unos días antes de volver… ella se encargaría de acercarlos más. Sabía que las cosas estaban mejor entre ellos, y haría todo lo que estuviera en sus manos para lograrlo.
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-¿Pudiste descansar ayer?- le preguntó Daniel a Kotoko.
-Siii, fue increíble poder dormir y descansar – respondió ella estirándose a no más poder.
-Me alegro- dijo sonriendo al verla tan relajada, estirándose y bostezando.
Hubo un silencio algo incómodo. Daniel quería conversar con ella respecto a Irie, quería saber qué sentía Kotoko ahora que él se quedaba.
-Kotoko, ¿y no me vas a decir nada respecto a Irie?
Kotoko palideció. De seguro Irie le había dicho algo del beso. Ella no quería hablar de eso con él.
-¿Por qué colocas esa cara? – preguntó él asombrado, Kotoko parecía haber dejado de respirar. -¿No era acaso lo que tú querías?
-Yo no tengo claro nada aún Daniel, no sé que quiero – respodió ella afligida.
-Deberías empezar a decidirte, si mal que mal desde que llegó su familia, andan siempre juntos, el otro día hasta te desmayaste en sus brazos… ¡qué suerte que pudiera atraparte justo! ¿no?
Con ese comentario tan sarcástico por parte de Daniel, a Kotoko no le quedaron dudas de que él sabía al respecto. Se sentía avergonzada. Daniel saldría lastimado después de todo y ella no quería eso. A ella él le atraía sobremanera. Estaba demasiado confunfida, pero sabía que le debía una explicación.
-Daniel, fue él quien me besó- le dijo con los puños apretados. -Yo no supe que hacer, no me resistí es verdad, estoy confundida… no sé qué hacer, mis sentimientos por primera vez en mi vida están confundidos… aún quiero a Irie, pero también te quiero a ti… no sé qué hac…
Hasta ahí pudo pronunciar la chica, Daniel se movió lo más rápido que pudo y con un gesto un tanto posesivo (que llegó a ser incluso demasiado seductor, viniendo de él) posó con fuerza sus labios en los de ella.
Daniel la comenzó a besar con pasión, deseo y amor. Era un beso apasionado, fuerte, varonil. La sujetaba con ambas manos en forma delicada a pesar de todo. Sus manos eran suaves y cálidas, su aliento envolvente y su aroma alucinante.
Kotoko se sentía desvalida ante ese beso. Intentó recordar un beso anterior con esas características, pero simplemente no pudo recordar. Naoki no solía besarla así, no era que no le gustaran los besos de su marido, claramente los adoraba a su manera, pero ese beso de Daniel la había dejado en las nubes. Su estómago le estaba clavando tremendas estocadas en su interior.
Kotoko lo miraba totalmente sonrojada y con los ojos brillantes. Su corazón latía a mil por horas. Al terminar el beso, sus miradas se enfocaron en los labios del contrario. Querían continuar, no querían deternerse. Daniel había querido parar. Se había dejado llevar por el impulso y los celos, pero Kotoko le había correspondido. Daniel hizo un leve movimiento y Kotoko saltó a sus labios. Lo deseaba, deseaba sentir ese beso nuevamente, esa pasión, esa espontáneidad al besar, ese deseo.
No se midieron, se besaron de una forma poco decorosa. No se detuvieron a mirar donde estaban, quienes estaban a su alrededor, nada. Por eso fue una toda una sorpresa cuando Daniel fue quitado a la fuerza de los brazos de Kotoko y lanzado contra la pared por una persona que había podido observar todo y cuánto había sucedido ahí.
-¡Maldito bastardo!- ¡Deja a mi esposa!- le gritó Irie desesperado con la respiración agitada. Todo estaba borroso a su alrededor. No podía creer lo que había visto, el pecho se le había comprimido. Tenía ganas de vomitar, estaba sudando frío. Nada en el mundo lo hubiera podido preparar para ver eso… ver a Kotoko besándose así con otro hombre. Eso significaba que había perdido la batalla. Kotoko había deseado continuar el beso, ella se había lanzado prácticamente a sus brazos. Ellos estaban casados aún, separados, distanciados, pero casados. Kotoko le estaba siendo infiel frente a sus narices aún cuando él había decidido congelar su carrera por ella.
Las lágrimas salían sin parar por sus ojos, lo tenían completamente cegado. Se sentía patético. Toda su astucia, intelegencia, elegancia y buena apariencia (de la cual el tanto se jactaba) no le habían servido absolutamente de nada, al contrario, solo lo había terminado de apartar de la mujer que amaba, se había dejado solo.
Si quizás hubiera dejado al lado su orgullo apenas Kotoko había abandonado la casa y no se hubiera demorado tanto en ir a buscarla, sino hubiese sido tan idiota… pero ya estaba, las cosas ya eran como eran, al parecer, Kotoko había elegido y no podía custionar su elección, sin dudas había perdido ante el mejor hombre.
Kotoko nunca se imaginó poder ver a Irie así. Toda su arrogancia, prepotencia e incluso su mal genio, habían sido doblegados. Parecía estar en shock mientras las lágrimas corrían por sus mejillas sin parar.
La escena que se vivía era terrible. Nadie decía nada. Kotoko lloraba en silencio al verlo, Daniel se paseaba por la habitación alterado, hubiera sido feliz si Irie lo hubiera golpeado sin parar y hasta agotarse, eso hubiera sido mucho mejor que verlo así, derrotado, llorando en silencio, totalmente shockeado y derrumbado.
El ambiente estaba muy tenso, parecían haberse abstraído completamente de lo que sucedía en el mundo real. Ninguno de los 3 puedo percatarse de lo que sucedía a su alrededor. La alarma de alerta roja del hospital estaba sonando así como el comunicador de Daniel. Sino hubiera sido por la enfermera en jefe que llegó corriendo a la sala a buscarlo, quizás no se hubieran percatado de nada.
-¡Doctor! ¿Por qué está aquí?, ¡todas las alarmas están activadas!- le gritó desesperada.
-¿Qué pasó?- le preguntó Daniel mirando su comunicador y mirando a su alrededor (tenía como 30 mensajes).
-Hubo un accidente, un muy grave accidente. Los pacientes vienen llegando, al parecer un bus se volcó con muchos pasajeros. Hay fallecidos y unos muy grave. Están por llegar.
-¡Santo cielo!- exclamó Daniel arreglándose su bata médica - ¿Quiénes están de turno?
-No hay muchos médicos, está el doctor Yamamoto y Satsuko, pero ya llamé a los demás, todos se habían enterado por las noticias al parecer, necesitaremos mucha ayuda, dicen que son más de 40 personas.
-¿40?- exclamó aturdido, claramente el hospital no estaba preparado para algo así – Enfermera, llame a los estudiantes de último año, deberán apoyar con lo que puedan. -curaciones, vendajes, fracturas, coseduras, lo que sea. Voy de inmediato.
-Si doctor- dijo la enfermera corriendo a ejecutar la orden recién recibida.
-Creo que esto deberá quedar para otro momento – dijo hablándole a ambos con una fuerza y carácter típica de Daniel cuando entraba en modo "médico en jefe residente". – Enfermera Kotoko, favor acompáñeme a urgencias, prepárese para una dura jornada. – Naoki Irie como alumno insigne de esta facultad su deber está en la sala de recepción de los pacientes. De ser necesario deberá asistir a los médicos titulares.
-No sé si pueda hacer algo así ahora – contestó Irie no pudiendo entrar en razón.
-¡Doctor Irie!- le reprendió fuertemente. (Irie lo miró en forma taciturna) -Esto es una real urgencia, deje sus emociones de lado y vaya a salvar las vidas que ha jurado salvar.
-Sí- contestó Irie viendo como tanto Daniel y Kotoko salían corriendo en dirección a la sala de urgencias. Irie se apoyó en la mesa de café por unos segundos, se secó las lágrimas que aún corrían por sus mejillas, sonrió amargamente y se serenó. Él estaba ahí por dos motivos: una era claramente por Kotoko y la otra era para continuar con su carrera de doctor. Él estaba ahí para titularse y lograr su sueño: "el salvar vidas humanas", pero ¿por qué eso ya no parecía ser importante?, sabía que era el momento para lamentaciones personales, pero aún así estaba en una especie de trance.
Irie comenzó a caminar hacia la sala de recepción. A fuera ya podían verse las luces de las ambulacias las cuales iluminaban todo el primer piso. Se acercó a mirar por una de las ventanas y estaba lleno de carros policiales, carros bomba, autos particulares que de suguro serían de los familiares, mucha gente gritando y llorando. Los paramédicos corrían bajando gente de las camillas. La escena se puso escalofriante, había mucha sangre. Realmente estaba el caos. Su corazón comenzó a latir fuertemente, tuvo una sensación horrible en el pecho. Comenzó a correr, debía ir a ayudar cuánto antes. Esa sería su primera experiencia en casos de urgencia real. Estaba asustado.
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Aun cuando ya estaba familiarizado con la sangre y cuerpos humanos, el escenario que le tocó observar fue desgarrador. La sala de urgencias estaba repleta. Por todos lados veía gente corriendo, llorando, se escuchaban gritos angustiantes de personas pidiendo ayuda, quejándose por el dolor.
Todos corrían. Todos estaban cumpliendo un rol. Se detuvo a escuchar. Habían muchos quemados graves. Al parecer el bus al volcar, había explosionado en algún lugar, logrando provocar quemaduras graves en los accidentados.
Irie en esos momentos, parecía un alma en pena. Era un mero observador.
Siguó caminando y fue al box de reanimaciones. Miró hacia dentro y vió como Kotoko estaba trabajando al lado de Daniel.
-¡Kotoko desfribilador! ¡ahora!- gritaba Daniel y Kotoko ejecutava. Estaban en plena reanimación de ese paciente. Daniel confiaba plenamente en las capacidades de ella. Kotoko había adquirido una seguridad impresionante a su lado. Se había convertido en una enfermera muy eficiente.
-¡Doctor, no funciona!- gritaba otra enferma.
-¡Vamos Kotoko una vez más!... ¡Aumenta la frecuencia!... ¡Ok, ahora!- y otra vez Kotoko ejecutaba.
-¡Tiene pulso doctor!- gritaba feliz la otra enfermera.
-Bien, continuemos, esto no acaba- decía Daniel secándose el sudor. -Kotoko, prepara el material quirúrgico, me asistirás, hay que sacarle esos fragmentos de vidrio de inmediato, están por perforar el pulmón.
-Si doctor- respondía ella corriendo.
Irie sentía que tenía que huir de ahí. Todas sus fuerzas y ganas lo habían abandonado. Todo era demasiado abrumador, en esos momentos en nada le importaba su carrera. Sentía que no podía ayudar, no así como estaba. Era mejor abandonar el lugar y dejar que los demás se hicieran cargo.
Quiso gritar pero se contubo, necesitaba hacerlo. Buscó la salida y corrió hacia ella. Al lograr salir, sintió como una mano se aferraba a la suya en forma frenética. Se detuvo de sobresalto. Iba en uncompleto trance. Miró y trató de enfocar a la persona que lo había detenido. Le costó reconocerlo por unos segundos, su mente realmente estaba nublada.
-¿Qué haces aquí?- le preguntó cuando pudo reconocer al esposo de Mikami.
-¿Dónde están todos?- le gritó desesperado. -Es Mikami… de pronto convulsionó. Dicen que está grave, por favor … ¡tienes que salvarla!
