Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is iambeagle, I just translate.
Thank you iambeagle for trusting me with your story!
Capítulo 22
Cuando salgo del bar encuentro a Edward con la espalda recargada en la pared de ladrillo del edificio y las manos en los bolsillos de su chaqueta. Sus ojos inmediatamente me atraviesan.
—Hola. —Me paro frente a él, viéndolo con cuidado—. ¿Apagaste tu teléfono?
—No.
—Se fue a buzón de voz después de que llamé, entonces…
—Creo que estábamos intentando llamarnos al mismo tiempo.
—Oh.
Nos quedamos en silencio y es obvio que él no será el que mantenga la conversación.
—Pensé que te habías ido —digo suavemente—. Estaba preocupada. Pensé…
—No te dejaría nomas porque sí —dice con cara seria—. Pero tampoco quería interrumpir. Te veías… ocupada.
—No lo estaba.
—Estabas platicando con alguien.
Vacilo.
—Era Ben.
Edward ahora sí me mira con los ojos un poco entrecerrados. Así que tal vez no sabía que era Ben.
—No me agrada —dice al fin, apartando la vista.
—No tiene que agradarte. Pero a mí sí. O al menos tengo que ser amigable.
—¿Amigable incluye dejarlo que te compre un trago?
—Edward —digo con suavidad—. No es así.
Su mandíbula se tensa.
—¿Estás segura que él sabe eso?
Pienso de nuevo en la vibra que detecté en Ben, la que me empujó a terminar antes nuestra conversación y añado:
—Incluso si no es inocente de su parte, yo no estoy interesada.
—¿Te coqueteó?
—No. El que un hombre platique conmigo no significa que quiera meterse en mis pantalones.
—Cierto, porque los chicos sólo quieren ser amigos de mujeres atractivas —dice inexpresivamente.
El viento arrecia, soplándome el cabello alrededor de la cara. Me quedo callada ante sus palabras, viéndolo cuidadosamente. En definitiva, está borracho. Quiero decir, yo también lo estoy. Pero nunca lo he visto así antes – visiblemente enojado y frustrado conmigo. Tampoco nunca me ha hablado de esta manera, tan descarado y claramente lleno de enojo. Me desconcierta y estiro el brazo, agarrando su mano. Me deja tomarla, incluso entrelaza con fuerza sus dedos con los míos.
—Ben no es problema, ¿de acuerdo? Las personas pueden ser amigos —murmuro—. Tú y yo fuimos amigos durante años.
Me dedica una mirada penetrante.
—Pregúntamelo.
—¿Preguntarte qué?
Sus facciones se suavizan un poco, su enojo se desvanece ligeramente.
—Pregúntame por cuánto tiempo estuve interesado en ti antes de estar juntos.
—No lo sé —digo, intentando ignorar el latido acelerado en mi pecho—. No quiero saber. —Por supuesto que quiero saber, pero no hay forma en que lo que sea que él vaya a decirme no me vaya a doler. Por la manera en que me mira, va a decir que fue muchísimo tiempo antes de que yo me diera cuenta, y no sé si mi corazón puede escuchar eso justo ahora.
Exhala, una sonrisita tira de sus labios, como si no le sorprendiera que estoy siendo terca respecto a esto.
—Te metiste en mi cabeza desde un inicio. O sea, en los primeros meses que vivimos juntos.
—No lo sabía. —Bajo la vista hacia mis altísimos zapatos—. No actuabas como tal.
—Pues… sí lo hacía. Sólo que tú no te dabas cuenta. Además, no intentaba joder nuestra situación de vivienda. Y ser tu amigo fue suficiente por un tiempo sólo porque te abrías más a mí como amigo que lo que probablemente te hubieras abierto si estuviéramos saliendo —dice con gentileza, de alguna forma me conoce mejor de lo que me conozco a mí misma—. Eso no significa que si hubieras venido por mí hace años, te habría rechazado. Hubiera estado contigo en un latido, si hubieras estado llista en aquel entonces.
—Detente, por favor —murmuro, acercándome y juntando nuestras manos contra su pecho al alzar la vista hacia él.
Agacha la cabeza, mirándome.
—¿Por qué?
—Porque es difícil escucharlo.
Porque me hace querer regresar al principio, cuando recién lo conocí. Quiero rehacer todo, tal vez cambiar el destino. Trabajaría en mis problemas mucho antes de que él entrara a mi vida, así estaría feliz y saludable y emocionalmente estable. Y eso es todo de lo que se trata esto, ¿cierto? Fui yo, todo este tiempo. Mis propios problemas, mi propia inseguridad manteniéndonos separados.
Siento su mano rodearme la cintura al mismo tiempo que el Uber se estaciona junto a la acera.
—Ven a casa conmigo. ¿Por favor? —pregunto, retrocediendo un paso.
—Ese era el plan original, ¿no? Un trago, luego a casa. —Su aliento aparece al exhalar—. No ir a tomarte un segundo trago con el jefe coqueto.
—Te busqué. No te vi, e iba…
—Entonces no estabas buscando con todas tus fuerzas.
Cierro la boca.
—Lo siento. No intentaba hacerte enojar. Ven a casa conmigo, ¿por favor?
Su asentimiento es solemne al separarse de la pared con la mano en la parte baja de mi espalda para guiarme. Cuando llegamos al carro, abre la puerta y me deja meterme primero. Nos sentamos cerca – el chófer está jugueteando con la radio, pidiéndonos que le digamos si queremos cambiar la música.
Luego de un minuto, me giro hacia Edward, viendo cómo las luces de afuera de la ventana parpadean sobre su cara.
—Lamento haberme puesto celoso —dice con los ojos todavía hacia afuera—. Es que… estoy preocupado. Por irme, de que tú sigas adelante. Está jodiendo mi mente.
Aprecio lo honesto que está siendo, lo vulnerable que es. Tiene la habilidad de reconocer sus sentimientos con tanta facilidad, y lo envidio por ello.
—No lo lamentes. Lo entiendo. Yo también estaría molesta —susurro, tan tentada en agarrar su mano de nuevo—. ¿Te divertiste en tu fiesta? —cambio el tema, quiero que platique conmigo y olvide todas las mierdas malas.
—Sí.
—No sabía que le agradabas a tanta gente —musito, burlándome un poco para aligerar más el ambiente.
—Cállate —dice, su voz suena baja pero divertida—. Es muy del estilo de Esme invitar a todos los que conocemos. Siempre ha sido así; cumpleaños, graduaciones. Piensa que cada celebración merece una multitud.
—Tu mamá te ama de verdad, ¿lo sabes? —lo digo bruscamente, para hacerle entender que el que le hicieran una fiesta tan maravillosa fue algo muy considerado. No me doy cuenta que va a generar un dolor tan grande en mi pecho hasta después de decirlo.
Me mira.
—Mi mamá también te ama. —No sé qué responder a esto, así que opto por no decir nada—. El que yo me vaya no significa que no puedas seguir pasando tiempo con mis papás.
—¿No sería raro?
—No. Mis papás todavía quieren que los visites, que les hagas compañía. Si es raro, no tienes que hacerlo. Pero la opción está ahí. Sé que Em seguirá molestándolos, pero más que nada porque ama las comidas gratis.
Asiento.
—Supongo que el próximo año será muy tranquilo para ellos hasta que regreses.
Cuando lo digo, su mirada se vuelve distante.
—Mierda —exhala. Observo su cara, lo veo luchar internamente consigo mismo—. ¿Bella?
—¿Sí?
—No estoy seguro de que eso vaya a suceder.
—¿Qué? —Mi pulso se acelera con una ligera emoción porque por un momento creo que está diciendo que después de todo no se irá. Juzgando por la mirada en su rostro, me doy cuenta que lo que está diciendo no son necesariamente buenas noticias—. Creí… quiero decir, regresarás en un año, ¿cierto?
—Ese era el plan, pero no estoy seguro de tener que estar necesariamente en Seattle de nuevo. Quiero decir, tal vez más adelante. Pero ya no es una prioridad. No cómo lo era cuando estábamos juntos.
—Oh. —Intento mantener un rostro impasible, pero es difícil no permitir que la decepción se muestre. Tiene sentido. De verdad, lo tiene. No estoy segura de por qué asumí que regresaría por mí cuando me he mostrado tan descaradamente asustada de estar con él y lo alejé de mí. Terminamos, y no hemos hablado sobre cómo sería para nosotros cuando – si – el se transfiriera a la oficina de Seattle—. ¿Por qué no me lo dijiste antes?
—¿Cuándo se suponía que debía mencionarlo? No hemos pasado mucho tiempo juntos desde que terminamos.
—Bien. Sí. Está bien —digo, sonando de todo menos bien—. Quédate en LA. Probablemente es mejor así. Es que no me había dado cuenta que el plan cambió, es todo.
—Yo no me había dado cuenta de que tú querías ser parte del plan —dice con tristeza.
—Es que… ya no importa más.
—¿Ya no importa? Me gustaría saber cuándo te importo algo de todo esto.
Lo fulmino con la mirada.
—¿A qué te refieres? Me importó todo entre nosotros. Todo.
—Tienes una manera muy graciosa de mostrarlo. —Me fulmina con la mirada—. El plan cambió sólo cuando terminaste conmigo. De otra forma, me habría transferido por ti. Así que por favor no pienses que todo este tiempo planeaba abandonarte.
—Terminé contigo después de que me mentiste.
—Y yo me disculpé.
—Sólo porque te descubrí.
—Sabes por qué no te lo dije, Bella. Y lo siento mucho; de verdad, pero no puedo seguir atormentándome por un error. Y desearía que tú dejaras de castigarme por ello.
—Y yo —señalo al chófer— ya no quiero seguir hablando sobre esto.
—Me importa una mierda él —dice, pero su voz suena más baja—. Habla conmigo.
Exhalo un suspiro de irritación.
—¿Sobre qué? Te vas a mudar mañana y decidiste no regresar. ¿Qué más hay que hablar?
—No lo sé… carajo. —Se quita el gorro y tira de su cabello, volteando hacia el otro lado por un segundo—. Estoy enojado.
—Yo también.
—Estoy enojado contigo.
—¿Qué?
—Pasamos las últimas semanas separados y en ese limbo tan incómodo. Es una jodida mierda, Bella. Si las cosas fueran al revés, jamás te hubiera tratado de esta forma.
—Pues si las cosas fueran al revés, yo nunca te habría mentido.
—Lo entiendo, lo jodí. Y tú sigues alejándome. Entonces, ¿por qué te sorprende y te lastima que no vaya a regresar luego de un año? —alza las manos al aire, frustrado—. ¿Esperabas que regresara a Seattle, me mudara a nuestra casa de mierda y me arrastrara detrás de ti mientras tú coqueteas con tu jodido jefe? Lo siento, no va a pasar. Ya no más.
—No sé que pensé —replico de golpe, molesta con los dos—. Pensé que… quizá… yo iría a terapia y tú regresarías en un año, y estaríamos bien.
Me regresa la mirada, es inquietante el tiempo que sostiene mi mirada.
—Esas son noticias nuevas para mí.
Aparto la mirada.
—Pues sí.
—No intentes hacerme sentir culpable, por favor.
—No lo intento. Tampoco estoy intentando pelear contigo la noche antes de que te vayas.
—No estamos peleando.
—Pues no estamos felices.
Suelta una exhalación exasperada.
—Esa fue tu decisión. Todo esto es tu decisión, Bella.
—No, no lo es. Esto no es lo que quiero —murmuro—. En absoluto.
—¡Entonces cambia! —casi grita.
Las lágrimas pican en mis ojos.
—Eso intento.
—No, no es verdad.
—Lo intento. Estoy en terapia. La gente no cambia de la noche a la mañana, Edward. —Es un golpe bajo, pero aún así digo—: Mira a Renee.
—La gente puede cambiar, si eso quieren. Renee está eligiendo no cambiar. Tú estás eligiendo no cambiar —resopla, luego se toma un segundo para componerse—. Sólo dime una cosa: si esa mierda con Kate no hubiera pasado y yo sólo me fuera a mudar a LA por un año, ¿seguiríamos juntos?
Lo miro, miro su triste y hermosa cara. Quiero decir que sí con todas mis fuerzas, por supuesto que seguiríamos juntos. Pero no sé si eso sea la verdad. Porque probablemente yo habría encontrado una manera de joderlo. En lugar de admitirlo, no digo nada. Porque el silencio es mejor que mentir.
Pasa un momento y su mirada cae entre nosotros, comprendiéndolo.
—Mira —dice con gentileza— ya no puedo ser tu amigo. No después de conocer lo que es tener algo más contigo.
Me muerdo la parte interna de la mejilla.
—¿Qué estás diciendo?
—No deberíamos seguir hablando luego de que me vaya. Sé que dijiste que él es tu jefe, pero verte platicar con alguien más que está tan obviamente interesado en ti… duele —dice con simpleza, su voz se vuelve tosca—. Dolió. Y en serio no quiero tener que pensar en eso o escuchar sobre eso una vez que me vaya.
Las lágrimas pican mis ojos.
—Bien. Entonces, ¿esto es todo? ¿Pretenderemos que somos desconocidos? ¿Te pierdo por completo?
—Supongo. —Suspira, se ve totalmente derrotado—. No sé qué más hacer, Bella.
Señalarlo no me hace sentir mejor, pero…
—En Acción de Gracias fuiste tú quién dijo que querías que fuéramos amigos.
—Lo sé. Pensé que podría ser tu amigo de nuevo. Resulta que tú no eres la única que necesita protegerse —murmura.
Me giro hacia el otro lado y después de eso ya no hablamos. No puedo discutirle por necesitar el espacio de la misma forma en que yo lo necesité. Y no puedo culparlo por no querer verme de nuevo o escuchar de mí. No le he dado esperanzas para un nosotros. Era sólo cuestión de tiempo antes de que decidiera que ya no quería seguir esperando.
Mi propia protección se activa y decido que tal vez tiene razón. Tal vez no podemos ser amigos porque no debería ser tan difícil. Solía ser fácil y divertido, luego lo jodimos con emociones y sexo. Ahora estamos destinados a ser extraños que alguna vez sintieron algo hasta que el orgullo se atravesó en el camino.
XXX
Al llegar a la casa, le doy más propina de la que normalmente daría al chófer por haber tenido que soportar la incómoda conversación en su asiento trasero. Sus ojos encuentran los míos en el retrovisor cuando murmura un "Buenas noches".
La casa está a oscuras y en silencio cuando entramos. Edward se ocupa sirviéndose un poco de agua de la llave y me doy cuenta que la hora sobre la estufa indica 12:16 a.m. Entonces, mientras los otros celebraban el comienzo de un año nuevo con todas las maravillas y expectativas que éste trae, Edward y yo estábamos discutiendo en el asiento trasero.
Maravilloso.
—Feliz Año Nuevo —murmuro, quitándome los zapatos y dejándolos caer al piso con un golpe.
Los ojos de Edward se mueven al reloj.
—Sí. Supongo.
Me quedo ahí, tal vez con la esperanza de que él comience de nuevo la conversación, quizás cambie de parecer sobre todo este asunto de ser amigos. Pero no lo hace. En lugar de eso, toma su agua y desaparece en su habitación, cerrando la puerta a sus espaldas.
Hago lo mismo, me quito la chaqueta y la lanzo al piso. Cuando capto un vistazo de mi cara en el espejo, veo mis mejillas rojas y mis ojos llorosos. No me veo ni me siento como yo misma, y nada sobre esta noche se siente como nosotros.
Cuando abro el cajón de mi cómoda para cambiarme, encuentro la camiseta de Edward encima de todo. La tomo y me la llevo a la cara. Ya no huele a él, ni tampoco mi cama; nunca más volverán a oler a él. En unas cuantas horas, la casa estará completamente vacía de él. No lo encontraré tomando café en la mesa de la cocina, no lo tendré al final del pasillo para molestarlo. No habrá más cenas juntos, ni maratones de películas. Nada de celebraciones borrachos o salidas de noche sólo porque sí.
No habrá mejor amigo. No Edward. Nada.
De repente, la realidad de todo – de que él se irá y ya no quiere que seamos amigos – me golpea de verdad y me pierdo. Lloro con tanta fuerza, usando su camiseta para ahogar el sonido. Siento que mi garganta está en fuego y mi pecho se siente tan pesado. Me siento en mi cama, temblando y sollozando, y parece que este sentimiento nunca terminará, Y sí, tal vez siento jodida pena por mí misma. Lo cual sé que es estúpido porque todo esto se pudo haber evitado si tan sólo yo hubiera puesto un poco de fe en él por una vez, un poco de fe en mí.
Eventualmente ya no tengo más lágrimas para llorar. Pero mi corazón todavía duele y mi cabeza también, todo duele.
Antes de pensarlo dos veces, me dirijo hacia su habitación por el pasillo. Toco dos veces su puerta y escucho. Cuando no responde, toco de nuevo – más fuerte.
Finalmente se abre y encuentro a un Edward sin camisa y algo molesto parado frente a mí. Su molestia se desvanece inmediatamente cuando nota mi cara manchada por las lágrimas y mi nariz roja.
—Encontré esto —digo, aventándosela al pecho.
Se agacha para recogerla del piso, regresándomela con más gentileza de la que tuve yo.
—Quédatela.
—No la… quiero. —Parpadeo, y el enojo ocupa su lugar. Rose actuó cómo si fuera yo quién está dando señales mixtas, pero él es peor—. No quiero nada de esto; tu jodida camiseta, o tu carro, o tus padres. Deja de darme todas estas cosas si no me quieres a mí.
—Por supuesto que te quiero. Dios. Eso es todo lo que quiero, carajo.
Cruza la habitación y se mete de nuevo en su cama, dejando la puerta abierta. Sólo estoy parada ahí, como en los viejos tiempos cuando platicábamos y coqueteábamos, y él me invitaba a dormir en su cama. Pero nunca pensé que hablara en serio, así que nunca acepté sus invitaciones.
Miro su habitación desnuda. Las repisas y las paredes están vacías – solo hay una solitaria maleta en la esquina. Le va a dejar todos sus muebles al chico nuevo que rentará la habitación. Es tan confuso imaginar a alguien más viviendo y respirando en este espacio.
Edward se mueve en el colchón, sus interrogantes ojos están en mí. Debería regresar por el pasillo, meterme a mi cama y dormir. Pero parte de mí no quiere hacerlo. Parte de mí quiere acercarse a su lado y abrazarlo. No sé si él me dejará, pero tengo que preguntar.
—¿Edward? —murmuro, mi voz suena baja e interrogante. Mis ojos se mueven hacia su cama, hacia él. Debe entenderlo porque, luego de un momento, todo lo que hace es exhalar audiblemente y retirar la cobija lo suficiente para que yo entienda qué es lo que me está ofreciendo.
Mis facciones se suavizan y mi pecho se calienta por su invitación, incluso si fui yo quien la inició.
—¿Puedo…? —hago una pausa, no me importa si sus ojos siguen en mí cuando me bajo el zipper del vestido y agarro la camiseta que él usó está noche, pasándomela por la cabeza.
Me meto cuidadosamente en su cama, acercándome y amoldando mi cuerpo al suyo. Mi estómago revolotea por el contacto. A pesar de la guerra interna que está teniendo consigo mismo, pasan los segundos y su cuerpo se relaja. Me jala más cerca, apretando su agarre a mí alrededor. Mi corazón se eleva ante la facilidad con la que me recibe de regreso.
—Perdón —digo, pero ni siquiera estoy segura de por qué me estoy disculpando—. ¿Está bien esto? —pregunto, desesperada porque diga que sí mientras entierro la cara en su pecho—. Es que… quiero dormir en la misma cama que tú tu última noche. ¿Sí? Eso es todo. Quiero estar cerca de ti.
Luego de un momento, lo siento asentir.
—Bien.
Nuestros cuerpos se quedan entrelazados, muy cerca. Y por el momento más pequeño del mundo, antes de quedarme dormida en su camiseta y en sus brazos, siento que soy suya. Es lo más completa que me he sentido en más de un mes.
Debo admitir que este capítulo, junto con el siguiente, son mis favoritos de toda la historia. Después de tanto andarse con rodeos, finalmente hablan. Obvio no sale cómo esperaban y las cosas no se solucionan en dos segundos, pero al menos ya están siendo honestos entre ellos. Edward también se siente herido y Bella sigue perdida sin saber qué hacer. Esperemos que logren encontrar la forma de estar juntos de nuevo.
Como siempre, no olviden dejarme sus comentarios. Me encanta leer lo qué piensan del capítulo, además de que es una de las cosas que me motivan para seguir traduciendo 😊
Nos leemos el viernes con la siguiente actualización.
