Fandom: Final Fantasy VI (Square-Enix)
Personajes: Kefka Palazzo, Terra Branford
Prompt: Getting married
+ Inconsciente +
Aunque Cid no hubiese dado su visto bueno al proyecto que llevaría a la elaboración del artefacto surgido de la retorcida brillantez de Kefka, había sido tan cómplice como éste, conocedor de los efectos que produciría habiéndole sido mostrado algunos humildes diseños esbozados por las propias manos del mago, pero nadie podía permitirse el lujo de ir en contra de la palabra del Emperador Gestahl, imponiendo su favor cual sentencia en una carta que orgullosamente Kefka había exhibido, forzando la preparación de un pequeño grupo de ayudantes con conocimientos y habilidades para la tarea.
Habiendo quedado rezagado a propósito, en silencio se limitó a observar al hombre con el que había atravesado gran parte de la enorme área, en la planta correspondiente a los laboratorios. Sus pasos resonando en su aproximación al deseado objeto colocado sobre un pequeño soporte en mitad de la lisa superficie de apartada mesa metálica, casi evocando en su mente la imagen de una pieza de arte expuesta en una exclusiva sala de museo. Su blanca mano derecha, a menudo la carente de guante pero adornada mediante resplandecientes anillos, se posó sobre su pecho, vagamente visible bajo tanto colorido pañuelo, abrumado por la mera visión de cuanto hasta ese momento habían sido sólo trazos sobre papel. Una recreación que tomaba forma intangible en sus fantasías, aferrándose a esos sueños en días de especial desesperación.
Una corona digna de una princesa de ensueño. Sus ojos azules se entornaron al pensar en la afortunada en ser coronada a la vez que su sonrisa se ampliaba. Con esa espeluznante expresión en su rostro, principalmente intensificada por el uso de la pintura roja sobre ojos y labios, Kefka procedió a tomar el circular objeto frente a él para sentirlo entre sus alargados dedos, sosteniéndolo cuidadosamente como si en vez de realizado en metal bañado en oro se tratase de cristal.
-Es sencillamente perfecta. -Dijo, trascurrido considerable rato de examinación, observando cada componente, girando la circunferencia despacio con sus dedos.
-Bueno para ser un prototipo no está nada mal pero... -Quiso explicar el maduro científico cubierto por un atuendo color canario, dando unos pasos adelante.
-Vamos, no le quites merito, es incluso mejor de lo que había imaginado. -Fue rápidamente silenciado por el rubio quien separó sus ojos del sofisticado artilugio un instante, lo justo para lanzar una mirada mortífera al científico que calló. -Me la llevo.-Agregó envolviéndola en un pañuelo de seda hasta encontrar una caja adecuada en la que guardarla. Deseoso de verla funcionar se marchó.
Terra ajena a los planes del arlequinado mago apenas había tenido tiempo para procesar el repentino cese de la actividad, siendo obligada a abandonar su posición en la vasta zona de entrenamiento, agarrado su brazo por la ruda mano enguantada de un soldado lo que causó que su arma cayese al suelo. En lo que llevó de trayecto, cualquier pregunta proveniente de la chica obtuvo el mismo resultado, un sonoro ¡Silencio! hasta finalmente alcanzar la meta.
Resoplando, aún siendo separados los dedos del desagradable hombre, Terra aún podía sentir la presión sobre la parte apretada y frotando las yemas de sus pálidos dedos, cerrando sus preciosos ojos aguamarina se concentró en que la magia suavizase dicho efecto. ¡Cómo si la pesadez de la espada no fuese suficiente mientras repetía sus ejercicios!
Cruzándose de hombros, el impaciente militar abrió la boca nuevamente, sacándola de su ensimismamiento.
-¡¿A qué esperas?! ¡Llama de una maldita vez a la puerta! -Le gritó malhumorado.
La rubia molesta volvió a soplar entre dientes, dirigió su mirada a la puerta de apariencia pesada y cerrando una mano, obedeció anunciando su presencia. Sabiendo que ese era el único modo de deshacerse del hombre.
Era el portal que daba paso a los aposentos ocupados por Kefka Palazzo. Todo cobró rápidamente sentido pero ya no tenía más remedio que entrar, oyendo el mecanismo, desde dentro, moverse para que así la gruesa puerta se abriese pero fue al adentrarse, dando un paso adelante la ausencia en la sala principal del hombre en cuestión que sí causó una impresión de desconcierto, saliendo de lo acostumbrado y por tanto, esperado. Mirándolo todo, avanzó con lentitud por la amplia habitación muy atenta a cuanto le rodeaba. Inhalando con profundidad, continuando con su caminar, la rubia trataba de dar sentido a lo que no comprendía apretando un mano cerrada contra su pecho. Quizás, reflexionó de haber algo extraño para ella, no era visible sino perceptible mediante otro sentido. No sería descabellado pensar que una sorpresa estaba a punto de sucederse. A Terra no solían gustarle las sorpresas, no cuando la persona responsable era Kefka. Esnifando por la nariz cual animal salvaje, Terra probó suerte y aunque a menudo el olor más predominante era el de cera de velas derretida, por sutil que fuese, algo captó su atención. Una esencia floral. Frunciendo el ceño, la joven se dirigió hacia la dirección que creía le llevaría hasta las rosas.
-Señor, ¿puedo preguntar que hace en mi dormitorio? -Terra manifestó su incomprensión tras abrir la puerta y dar finalmente con el mago. Los momentos de intimidad solían sucederse en los de él.
Una suave risa se produjo entre pintados labios curvados, previo giro para encarar a la recién llegada, sus telas danzando tras de sí cuales banderas de alegres combinaciones. Sus ojos de color índigo brillaban denotando unas intenciones que ella no podía ni imaginar al mismo tiempo que sus dedos no cesaban de presionar suavemente un pétalo de tantas rosas componiendo el ramo.
-Por supuesto, querida mía, estoy aquí para celebrar una unión. -Fue la críptica respuesta que obtuvo. Sin apartar un instante su mirada de ella, Kefka se movió hacia ella, dejando apartado el doble que el espejo del tocador mostraba. -Nuestra unión. -Añadió, colocando con una mano las de ellas para poder entregarle las hermosas flores.
Aquello sonó extremadamente perturbador, si Terra abrió la boca fue para agradecer las flores, con la intención de marcharse pero fue detenida por una veloz mano del mago que dijo:
-Espera, espera, hay algo más que quiero entregarte. -
Era el objeto de mayor importancia en esa celebración y desde luego, a la ingenua chica mitad humana mitad Esper también se lo pareció.
-Parece una joya, ¿Realmente todo esto es para mí? -Incluso, había preguntado, arrugando la frente e incapaz de apartar los ojos de su luminosa orbe rubí. A lo que él había aprovechado para engañarla:
-Sólo y exclusivamente para mi princesa... ¿Te gustaría verla puesta? -
Justo y como en tantos años atrás, su corazón se encogió como un pequeño animal dolorido, agonizando por una emoción que siempre le perseguía.
Y como en tantos otros aspectos en su vida, Terra comprendió que ni siquiera podía negarse a ello. Él la pondría sobre su cabeza, de igual modo. Su negación quizás sólo posponiendo lo inevitable unos días...
