Capítulo 29
Seis días.
Un par de golpes en la puerta a punto estuvieron de hacerla escupir el café sobre la pantalla de su ordenador. —¿Sí?
—Discúlpame, Rachel—era Trevor quien abría la puerta de su despacho, y la buscaba con la mirada— Disculpa si te interrumpo.
—No te preocupes ¿Qué sucede? ¿Necesitas algo?
—Gio me ha pedido que venga a buscarte, te necesita en el escenario.
—¿No están ensayando?
—Sí, pero por lo visto sucede algo, y necesita que vayas. ¿Puedes ir?
—Eh, sí claro. Voy enseguida.
Eran casi las 5 de la tarde del viernes 21 de diciembre, y a falta de pulsar la tecla de envío del último email que había redactado, todo el trabajo estaba hecho en aquel día en el que empezaban sus pequeñas vacaciones. La petición de Gio rompía la calma que había logrado recuperar después de tantas semanas colapsada por el estrés.
Se había concentrado en cumplir estrictamente con su trabajo, focalizándose exclusivamente en lo que a ella le correspondía, y permitiendo que todos los que formaban parte del proyecto, hicieran lo suyo.
Fue complicado, por supuesto, su personalidad no le permitía mantenerse ajena sobre algo tan importante para ella, pero sabía que tenía que hacer aquel esfuerzo. Por el bien de sus compañeros, por el suyo propio, y muy a su pesar, por el de Quinn.
Seis días, 144 horas, 8640 minutos habían pasado desde que habló con ella por última vez. Seis días en los que esquivó todo tipo de interacción, con la intención de darle ese espacio y el tiempo que creía que merecía, a pesar de ser decisión suya. Seis días en los que cambió sus propios horarios para evitar coincidir en el teatro con ella, aunque en algunas ocasiones la estuviese vigilando desde los palcos del patio de butacas. Seis días en los que la observó cantar, actuar, reír, hablar, e incluso boxear sin que ella fuera consciente. Rachel había llegado a variar el trayecto que realizaba todos los días para acudir al teatro, y hacerlo coincidir con la calle donde se hallaba el gimnasio. Una cafetería situada frente al mismo se convirtió en la trinchera perfecta para evitar que la descubrieran.
El lunes, Quinn fortalecía sus piernas, el miércoles toda la carga de entrenamiento se la llevaban sus abdominales y espalda. El viernes, como último día de entreno, siempre la descubría subida a una bicicleta o en la cinta de caminar. Y todos y cada uno de esos días que acudía al gimnasio, terminaba su rutina acompañándolo a él, a Matt, en la sala de boxeo. Golpeando, machacando el saco de arena a base de puñetazos, y mostrándole una nueva faceta de su persona.
Regalarse una cierta distancia debería calmar sus pensamientos, y los sentimientos que incluso estaban modificando sus horas de sueño, y destrozando su estado de ánimo. Pero no solo lo hacía por ella misma, sino también por Quinn. Quería apartarla de todo lo que estaba sintiendo, quería que tuviese una vida tranquila, que disfrutase de su vuelta a Nueva York sin tener que sufrir continuamente sus desplantes, o esas escenas dramáticas tan típicas suyas. Y verla compartir todos aquellos momentos con Matt, a pesar del vuelco en su estómago cada vez que los veía juntos, parecía ser la solución perfecta.
Matt era un buen chico. Un buen hombre, sensato, consecuente de sus actos y respetuoso. Mucho, de hecho.
Le bastaba observarlos por algunos minutos para saber que la conexión entre ellos había logrado que su amistad se afianzara, o eso quería creer. A pesar de la continua contradicción que sentía, que Quinn tuviese apoyo en el chico era la mejor solución a sus quebraderos de cabeza.
Por supuesto no había llevado a cabo el consejo de Kate para restablecer la relación, no porque no quisiera tenerla en su vida. Sino porque no se sentía preparada para tenerla como una amiga más.
Por su parte, Quinn, tomaba esa distancia como respuesta de su enfado.
No iba a ceder. No otra vez.
Llevar tantos días sin hablar con ella le estaba afectando, pero había llegado a un punto en el que casi incluso le venía bien aceptar aquella extraña separación.
Era plenamente consciente de que su obsesión por estar en la vida de Rachel, no tenía nada que ver con la amistad o el cariño que le profesaba. Había algo más, algo que incomprensiblemente había logrado asumir sin crearle ningún conflicto interno, pero que sabía que no debía salir a la luz. Siempre había tenido secretos, siempre había guardado sentimientos a lo largo de su vida. Hacerlo en ese instante no iba a suponerle un reto demasiado complicado.
Centrarse en el trabajo, acudir al gimnasio varios días a la semana, y recuperar el contacto con varias de sus compañeras de universidad que aún permanecían en la ciudad. Ese era su plan para no pensar en ella, y no caer en la tentación de tragarse su orgullo y buscarla.
Seis días sin saber absolutamente nada de ella, más que acudía al teatro, se metía en su despacho y trabajaba. En algún que otro ensayo trató de buscarla entre la oscuridad de los asientos, pero ni siquiera de ese modo supo de ella. Sabía que estaba bien porque había coincidido un par de veces con Kate, y con Emily, su perdición. Tener que perder el contacto con Emily era probablemente lo que peor llevaba de toda aquella situación, pero que la pelirroja viviese en su mismo edificio, se había convertido en su salvoconducto para poder seguir viendo a la pequeña, aunque fuese por un par de minutos en cada ocasión, y según le había comentado Kate, con el consentimiento de su madre.
Aquel último día de ensayos antes de las pequeñas vacaciones, Quinn ya había asimilado que no iba a volver a verla hasta que acabasen las mismas, hasta ese preciso instante en el que el director de la obra tomaba la decisión de pedirle ayuda.
Rachel no lo sabía, pero la historia le tenía preparada un papel para su propia obra. No tardó en dar por finalizado su día de trabajo, y acudir al reclamo de Gio, aferrándose al bolso que colgaba de su hombro, y un leve temblor de piernas que delataba su estado de nervios.
La oscuridad del pasillo que la llevaba hasta el escenario le permitió tomarse un par de minutos para tratar de templar su estado, y dejar escapar los nervios en varios suspiros que lograban relajar su espalda.
Creyó estar viviendo un Deja Vú cuando puso un pie frente al escenario, y descubría la escena que se vivía encima del mismo. Broke, sentada en el suelo, Gio junto a los técnicos de iluminación, varios bailarines charlando entre ellos en el extremo opuesto, y Quinn sentada sobre una caja cubriéndose el rostro con las manos.
—Gio—su voz la hizo reaccionar. A Quinn y a todo el grupo.
—Oh dios, estás aquí…
—¿Qué ocurre?
—Pensaba que ya te habías ido, estamos salvados.
—Estaba a punto de marcharme, ¿qué sucede? Creía que estabais ensayando—le dijo lanzando una fugaz mirada hacia el escenario, donde pudo comprobar que Quinn ya había abandonado su improvisado asiento, y merodeaba por el escenario dándole la espalda.
—Ha surgido un inconveniente, y necesito tu ayuda.
—¿Qué inconveniente?
—Matt.
—¿Matt? —cuestionó lanzando la mirada de nuevo hacia el escenario—¿Dónde está?
—Ese es el problema, que no está. Se tuvo que ir hace un par de horas, porque no se encontraba bien. Tenía fiebre y la voz… Bueno, ya sabes que tenemos un virus rondando por el elenco, y me temo que él es otra víctima.
—No me lo puedo creer—se lamentó— No podemos seguir así, tenemos que buscar ya a los actores suplentes. Hemos perdido más ensayos en un mes, que en todos los años que llevo actuando.
—Lo sé, y si, es verdad que tenemos que solucionar ya el problema de los sustitutos, pero ahora mismo no podemos hacer nada—le replicó el director—Con estas vacaciones es probable que logremos cortar la cadena de contagios.
—Espero que sea así, porque si no vamos a tener un problema bastante serio.
—Bueno, tranquilízate, Rachel. Ahora lo que necesito es tu ayuda.
—Ok. ¿Qué necesitas?
—Pues, hemos logrado hacer parte del ensayo desde que Matt se fue con la colaboración de uno de los chicos del cuerpo de baile, porque prácticamente ha hecho de figurante, pero tenemos una escena ahora que él no puede hacer, porque no es actor y ni siquiera se sabe el guion.
—Y quieres que yo lo haga…
—Es el último ensayo Rachel, y lo tenemos casi perfecto. Hemos estado intentando hacerlo, pero es imposible. Solo tú te sabes las líneas —se excusó—Están cansados de esperar, han hecho un esfuerzo brutal hoy, y me gustaría acabar el día con un ensayo completo de la escena. Ellos se irán más tranquilos, también.
Resopló.
Rachel se cubría el rostro con sus manos y se lamentaba.
—Ok ¿Qué escena es? —preguntó cuando Gio le ofrecía su libreto
—Pagina 27—Le indicó— Edward descubre que Holy ha ocupado el cuerpo de Shay y la repudia. Quinn tiene que cantar, y necesita que le hagan la réplica, no cantarle a una estatua.
—Perfecto—murmuró lamentándose.
—¿Lo haces?
—¿Quién si no? —respondía dejando caer el bolso sobre una de las butacas.
—Genial, gracias Rachel… ¡Chicos!—llamó la atención del grupo—Tenemos a Edward—les informó—Vamos a hacer la escena de una vez, lo quiero jodidamente perfecto para no tener que repetir, y cuando acabemos, no os quiero ver el pelo hasta dentro de dos semanas… ¿Entendido? —añadió con su particular tono de humor, y recibiendo el beneplácito del grupo al completo. De todos menos de Quinn, que seguía sin querer mirar hacia ellos.
Empezó a ser víctima de los nervios, y no era buena señal.
Tener que actuar directamente con Rachel no era lo que deseaba después de todos aquellos días evitándose. Sabía que podía colapsarse, que algo podría salir mal y no quería seguir demorando aquel ensayo. Ver como sus compañeros comenzaban a prepararse la puso aún más nerviosa. Llegó incluso a pensar en un posible sabotaje y provocar la cancelación del ensayo, pero ni siquiera algo así era capaz de hacer en su estado.
No tenía escapatoria.
—¿Estás de acuerdo? —escuchó tras ella, y sintió como la bola en su garganta descendía rápidamente hasta su estómago.
—Es lo que hay—le respondió sin siquiera mirarla a los ojos, dispuesta a ocupar su lugar en el escenario.
—Estúpido Matt—susurró Rachel alejándose hacia el backstage—Tenías que enfermar hoy —Masculló cuando Gio comenzaba a dar las órdenes para preparar el ensayo.
El guion era claro.
Holy volvía a tomar el cuerpo de Shay mientras dormía, y Edward se adentraba en la habitación. Pero esta vez buscaba a Shay, no a Holy. La frustración del fantasma la llevaba a mantener un enfrentamiento con Edward, mientras cantaba una de las pocas canciones que ella tenía como solista en aquel musical.
Cinco minutos más tarde todo estaba predispuesto para la señal del director, que ya avisaba a los técnicos de iluminación.
—¿Todos en sus puestos? ¡Genial! ¡Escena 3, acto 4! ¡Adelante!
Rachel escuchaba la voz y esperaba impaciente tras el telón que servía de puerta. Esa vez, al igual que las otras, se limitó a deshacerse de los zapatos y la chaqueta, más por comodidad que por involucrarse en la escena.
Ver como la luz del escenario se apagaba, le hacía indicar que la primera de las escenas se había producido. Quinn ya tendría que haber besado a Broke mientras dormía, y poseído su cuerpo. Si todo iba como debía ir, la rubia estaría sobre la cama y Broke a punto de desaparecer del escenario.
Y así fue.
Rachel descubría a Broke justo en el extremo opuesto del backstage, y esa era su señal para aparecer en escena. Contó hasta tres tras ver como la luz se restablecía, y llenando sus pulmones con una gran bocanada de aire, salió al escenario metida de lleno en el personaje.
O eso creía.
Quinn la esperaba dormida sobre la cama. Sus pasos, lentos y pesados, tal y como le exigía el guion, camuflaban los nervios que se apoderaban de ella. Tocar la espalda de la rubia nunca supuso un gesto tan extraño para ella.
—Shay—susurró notando como la piel de Quinn reaccionaba al roce—¿Estás dormida? —añadió justo cuando Quinn se giraba hacia ella, y se producía el primer cruce de miradas— ¿Holy? —balbuceó con el temblor adueñándose de su voz.
—Mi querido Edward—replicó Quinn—soy yo, tu amor.
—¡No, no! —exclamaba Rachel alejándose—devuélveme a Shay.
—Ella no te ama, soy yo quien te ama—remarcó Quinn persiguiéndola—soy yo el amor de tu vida y tú me perteneces.
—Basta, Holy. Déjanos vivir en paz, este no es tu lugar—le replicó con la voz temblorosa, tratando de aguantar su mirada y no salir del personaje.
—¿Por qué temes mi amor? ¿Acaso ya no me amas? —cuestionaba Quinn acercándose a Rachel hasta acorralarla contra uno de los paneles que simulaban ser paredes—¿Ya no quieres enloquecer junto a mí?
—Tú no eres real, y yo amo a Shay—sonó sin apenas convicción.
Le costaba mantener la firmeza del personaje teniéndola a escasos centímetros de ella, y sabiendo lo que estaba por llegar.
—No, mi amor, tú me amas—susurró Quinn acariciando su cuello—Estás aquí por mí, yo te estaba esperando y has vuelto. Vamos a estar juntos, para siempre.
—¡Basta! —exclamó la morena apartando la mano de Quinn, siguiendo las pautas del guion, pero con algo de verdad en sus palabras—Sal de Shay, ella y yo nos marchamos de aquí.
—¡No! —exclamó logrando que su voz ronca y amenazante retumbara en todo el teatro, mientras se alejaba de ella y recuperaba su lugar en el centro del escenario—¡No! no voy a dejar que te marches, tú me perteneces—sentenció.
—No pertenezco a nadie. Tú, tú estás muerta—respondía Rachel recuperando el aire tras aquel primer enfrentamiento. Era la frase que el técnico de sonido esperaba para que los primeros acordes de la canción comenzaran a sonar.
Quinn, con un haz de luz proyectándose sobre ella, volvía a buscarla con la mirada, y el escenario se llenó de magia.
I don't know if I can yell any louder
How many times I've kicked you outta here?
Or said something insulting?
I can be so mean when I wanna be
La voz. La intensidad con la que Quinn cantó aquella primera estrofa hipnotizó por completo a Rachel, que ya solo tenía que esperar a que ella llevase a cabo toda la escena. Solo había algo que tenía que hacer, mostrarse fría. Algo complicado.
Quinn no tardaba en destruir los metros que las separaban, y le cantaba directamente mientras caminaba a su alrededor. Rachel aguantó como pudo aquel segundo acto, hasta que la concentración le falló. Le bastó sentirla tras ella, con sus manos deslizándose por su cintura, para estremecerse como nunca lo había hecho. Para sentir que toda su piel se erizaba y su mente se diera por vencida, deseando que aquellas palabras que entonaba con dulzura mientras la abrazaba, fuesen una realidad.
Please, don´t leave me
Please, don´t leave me
Palabras que seguían brindándole la oportunidad de disfrutarla, a pesar de la tensión que se había apoderado de ella. Quinn destruía el abrazo para colocarse frente a ella, y para Rachel todo volvía a tener sentido. La miraba a los ojos, incluso cuando la cercanía era tan extrema que llegaba a rozar su frente. Quinn tenía que reaccionar, y tardó unos segundos más en hacerlo por culpa de aquel instante. De aquel segundo en el que ambas se sostuvieron la mirada. Fue la música la que la hizo recuperar su papel, y de nuevo, volvía a acorralarla contra la pared. Ahora sí. Ahora la tenía frente a ella y llegaba el momento culmen de la canción. Unas letras que ella misma hizo propias e incluso, terminó por cambiarle algunas palabras sin poder evitarlo.
forgot to say out loud how
beautiful you really are to me.
Hermosa. Quinn se había referido a ella no a Matt, ni a Edward. La había llamado hermosa, y Rachel volvió a estremecerse, a dejarse llevar por la dulzura con la que Quinn le estaba cantando.
I can't be without,
you're my perfect little punching bag
And I need you,
I'm sorry.
Era ahora o nunca.
Quinn avanzó para intentar besarla tras regalarle la última estrofa, esperando que Rachel la esquivara dejándola frustrada, para terminar aquella escena sabiendo que el sueño de Holy había fracasado, tal y como indicaba el guion.
Pero Rachel no lo hizo. No pudo hacerlo.
Observó como Quinn se llenaba de valor lanzándose hacia sus labios, y no se apartó. Permaneció inmóvil, esperando a que éstos llegaran a posarse sobre los suyos.
Quinn lo sabía. Le bastó mirarla por un solo segundo para saber que no iba a apartarse, y, aun así, continuó. Rachel se había saltado el guion, había destruido su intachable curriculum profesional por un beso. Por un beso suyo. Y no fue un beso cualquiera.
Los bailarines, Gio, los técnicos, Broke desde el backstage, todos, absolutamente todos los que estaban presente en el ensayo, se miraron incrédulos al presenciar la escena.
Al ver como Rachel y Quinn se besaban durante varios segundos rompiendo el guion establecido. Un beso que duró lo que tardó Quinn en reaccionar, y se apartaba de ella para regresar al centro del escenario, donde se dejaba caer de rodillas y lanzaba una última mirada a Rachel, que, gracias al desvanecimiento de la luz, desaparecía del escenario para dejarla a solas.
—¡Perfecto!—exclamó Gio cortando el ensayo—¡Por fin! —Añadió emprendiendo un aplauso que rápidamente imitaron el resto del equipo, y que devolvía la normalidad al escenario.
Con los bailarines abandonando sus posiciones, Broke apareciendo de nuevo en escena, y Quinn tratando de recuperar el aire y no perder la consciencia sentada en el suelo. Todos menos Rachel, que, tras el telón, sentía aún el calor en sus labios y trataba de contener las lágrimas.
Aquello latía con fuerzas. Fuera lo que fuese lo que estaba aprisionándole en el pecho, le resultaba imposible contenerlo. Pensaba en todo lo que rodeaba a Quinn, pensaba en su rostro, en sus ojos mirándola y en ese "hermosa" que susurró a escasos milímetros de sus labios, y en cómo fue incapaz de controlarse. Y eso la estaba destrozando.
Le rondó la idea de abandonar el escenario desde allí mismo, sin que nadie pudiese volver a verla, pero la voz de Gio reclamándola lo evitó.
—¡Rachel!, ya puedes salir—le dijo y la morena llenó sus pulmones con una gran bocanada de aire. —¿Rachel?
—Ya, ya estoy—balbuceó regresando al escenario, descubriendo como Quinn permanecía sentada en el suelo. No tuvo el valor de enfrentarse a su mirada.
Un error por su parte.
Quinn deseaba más que nunca que la mirase. Aquel beso acababa con todas las dudas que tenía acerca de lo que podía llegar a sentir o no. Habían sido suficiente seis días de absoluto mutismo entre ambas, para ser consciente de que algo se había instalado en su interior. Y la mejor prueba de ello fue aquel beso.
—Rachel, gracias, gracias, gracias—espetó Gio entregándole un abrazo, tras bajar hasta el patio de butacas y recoger sus pertenencias— Es increíble. Si no fuera por ti, no habríamos podido acabar.
—Ya, ya está, Gio. Estoy aquí para eso.
—No, no estás para eso, pero aun así lo haces. Acabas de salvarnos el día, aunque te hayas saltado el guion.
—¿Cómo? —reaccionó con un fingido desconcierto. —¿Me he saltado el guion?
—Me temo que sí, Edward tiene que esquivar el beso de Holy.
—No, no lo sabía, me he debido confundir—Se excusó. Y sonó tan poco convincente, que Gio no la creyó.
—No importa, Quinn ha reaccionado bien y hemos podido continuar, así que hemos salvado la situación. Es más, creo que ese beso le ha dado más dramatismo a la escena, tal vez debamos meterlo.
—Bueno, eso mejor hablarlo con Joseph también. Ahora deberíamos tomarnos un descanso, ¿no crees?
—Pues sí.
—¿Habéis acabado ya el ensayo?
—Si, ya se acabó el ensayo por hoy—le dijo segundos antes de dirigirse al grupo, que ya esperaban en el escenario para abandonarlo—¡Chicos! Gracias por vuestro esfuerzo. ¡C´est fini! —exclamó y de nuevo un aplauso conjunto ponía el punto y final al día. Rachel aguardó un par de minutos antes de abandonar la sala, los suficientes para concretar un par de datos con Gio, y recuperar sus pertenencias, pero alguien estaba a punto de evitar que su huida, porque era eso lo que estaba haciendo, huir, pasara desapercibida. Y lo hizo quien menos esperaba que lo hiciera.
—Hey, ¡jefa! —fue Broke quien reclamaba su presencia desde el escenario, y Rachel la miró extrañada. —¿Dónde vas?
—Pues, si nada me lo impide, a mi casa.
—¿Así, sin más? ¿Ni siquiera te vas a despedir? —añadió la chica recortando distancias con ella, y provocando la sorpresa en el resto del grupo—Vamos a ir a tomarnos una copa para celebrar las vacaciones, vienes ¿no?
—Eh, pues… Lo siento, pero no puedo. Tengo cosas que hacer.
—Si acabas de decir que te vas a tu casa, ¡vamos! No seas aburrida, es hora de que la jefa se mezcle con los trabajadores—le dijo divertida.
—No, no, lo siento, Broke. Yo te agradezco muchísimo la invitación—respondió lanzando una mirada de reojo hacia Quinn, que era la única del grupo que se mantenía ajena a la conversación, o al menos así parecía ser. —Pero no puedo. En casa tengo más trabajo que hacer, y quisiera llegar pronto y tener al menos de un poco de relax.
—Mal, muy mal, jefa, pero bueno… No seré yo quien se meta en los asuntos de los productores, no sea que dejen de pagarme—volvió a bromear y Rachel le agradeció con sinceridad el trato que le estaba regalando. —En otra ocasión ¿tal vez?
—Por supuesto.
—Genial, bueno pues, que pases una feliz navidad y todas esas cosas que se dicen ahora—le dijo, y justo cuando Rachel estaba dispuesta a responderle, la chica avanzó hacia ella para abrazarla, provocando la sorpresa en todo el equipo, y por supuesto en ella misma. Incluso Quinn no pudo evitar contemplar la escena.
Broke no fue la única que quiso romper esa barrera que había creado para mantener las distancias con los actores. Ella dio el paso, fue la primera en abrazarla y despedirse de ella como una más del grupo, pero tras ella fueron acercándose el resto, desde bailarines hasta los técnicos, que ya se esmeraban en recoger los equipos y el escaso atrezo con el contaban en ese instante.
Todos menos ella. Menos Quinn, por supuesto.
Rachel lo supo.
Le bastó verla mirar de reojo mientras abrazaba al último de los bailarines, para saber que hasta allí había llegado aquella locura de mantenerse alejada de ella. Quinn parecía alargar su estancia en el escenario con la excusa de deshacerse de los nudos que adornaban las mangas de su vestido, algo que siempre hacía en su camerino, pero que en ese instante decidió llevar a cabo allí mismo.
Y Rachel decidió que debía ser ella quien tenía que el paso, tras aguardar unos minutos en los que el grueso del equipo abandonaba la sala. Solo quedaban Gio y un par de técnicos cuando lo hizo. Cuando regresó al escenario y se acercó a ella, que, a pesar de mantener la mirada fija en sus manos, supo lo que estaba haciendo. Rachel se detuvo a un metro escaso de ella, y fue entonces cuando Quinn alzó su mirada para encontrarse de bruces con ella.
Y el silencio las inundó.
Fueron bastante los segundos que estuvieron así, cara a cara, mirándose y sin mencionar palabra alguna, hasta que Rachel venció los nervios y rompió la distancia para abrazarla. Sin más. Sin permiso, sin palabras, más que una última mirada y el valor.
La abrazó. Rachel la abrazó sin temor, y la respuesta a su gesto llegó como deseaba, a pesar de unos instantes de dudas que Quinn trató de contener.
Sus brazos rodeándola, el calor de su cuerpo y un susurro que la hizo estremecer, y aferrarse aún más a ella.
—Te echo de menos.
Y el silencio, la oscuridad del teatro las envolvió durante algunos minutos, o tal vez simplemente fueron segundos, no importaba. Fue el tiempo suficiente, el necesario para perdonarse la una a la otra, sin tener que usar palabras. Para disculparse por algo que no podía evitar, y que en ese instante las estaba delatando.
Fue Gio quien las sacó de aquel abrazo, y las hizo reaccionar para descubrir como todo a su alrededor seguía igual.
—¿Rachel? —le dijo el director algo confuso por la escena—Perdona que te interrumpa, ¿deberíamos ver eso que hemos hablado antes de que te marches?
—Sí, sí, tienes razón—le respondió tras deshacer el abrazo, y sus ojos fueron de nuevo hacia ella—Gracias—le susurró y Quinn esbozó una tímida sonrisa a modo de respuesta.
No hubo más. Rachel atendía a la llamada de Gio y seguía sus pasos para abandonar la sala, mientras Quinn aguardaba en el mismo lugar, observándola.
Aún podía sentir el beso en sus labios y se lamentaba por haber llegado a una situación tan tensa como aquella. Pero si había algo de lo que no se arrepentía era de haberle expresado sus sentimientos, haberle confesado que la echaba de menos, ignorando el orgullo que una vez más había vuelto a su vida.
Que la quería no era algo que tuviese que decirle, era algo evidente. Lo que no podía expresarle era lo que se había instalado en su interior sin ni siquiera pedirle permiso. Algo que aún no se atrevía ni siquiera a pronunciar.
