La historia es una adaptación del libro de Tijan y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Veintiuno

—Hola.

El saludo de Jasper no debería haber destacado con todo el ruido en el pasillo, pero lo hacía como si me hubiera sintonizado a su voz, a su cuerpo, a él. El resto de la escuela, toda ella se fundía en el fondo y me giré, sabiendo que estaría ahí parado, observándome con la tranquila preocupación que tal vez no debería haber tenido. La tensión de aflojo en mi cuerpo.

Esto estaba mal.

No debería de estar dependiendo tanto de él, pero me acerco. Mi cuerpo ya traicionándome.

—Tu hermana sabe. —Tenía la intensión de decir más, explicar, pero la necesidad de sacar a Irina de mi mente me hizo olvidar.

Caminé hacia él y me imitó. Es como si nos moviéramos como una unidad. Mi espalda se colocó contra los casilleros y él se paró frente a mí, su mano descansando contra el casillero junto a mí. No pude detenerme. Me incliné hacia su mano y me estiré por el broche de sus jeans. Reaccionó a mi toque, tomando una respiración y lo vi ponerse rígido, pero no lo jalé hacia mí. Me aferré a ese broche. Era un adjunto de él.

—¿Qué? —Sus cejas se levantaron.

—Sobre yo escabulléndome —clarifiqué—. Que grité anoche, no ella.

—Oh. —Sus hombros se desplomaron—. No sobre la otra cosa, ¿cierto?

—No. Eso no.

—Mierda, Bella. —Me dio una sonrisa torcida—. Me diste un ligero ataque al corazón.

Sonreí.

—Sí. Eso no.

—No hablamos después de... bueno, después de nosotros y después de la cosa en el baño —dijo.

Cierto.

Bajé la morada, sintiendo todo tipo de incomodidad de nuevo.

Me había sostenido hasta que ambos nos quedamos dormidos. Su primera alarma me despertó y le dije que podría apurarme a llegar a mi casa sola. Había comenzado a traer ropa a su casa y viceversa, pero nunca era la misma que alistarte en tu propia casa. Necesitaba algo de espacio esta mañana y cuando había pasado por mí una hora más tarde, había sido la Chica Evasiva.

Evadí la charla de sexo. Evadí la crisis del baño. Evadí. Evadí. Evadí.

Sentí las paredes cerrándose sobre mí y sabía que no podía seguir evadiendo por siempre, pero iba a hacer mi mejor esfuerzo. Llámenme la Superestrella de la Evasión. Llevaría ese botón orgullosamente, si tuviera que hacerlo.

Negué, una pequeña señal de que todavía no quería hablar sobre ello y mi dedo se movió contra su estómago.

Sus ojos se calentaron y una cuerda invisible se tensó entre nosotros, jalándonos el uno hacia el otro. Se inclinó más cerca y me sentí alejándome de la puerta del casillero.

La siguiente campana iba a sonar. Tendríamos que irnos a nuestra clase, pero no quería apartarme. No quería estar con otras personas. Quería quedarme aquí, quedarme con él o ir a algún otro lugar y simplemente estar a solas con Jasper.

Quería saltarme las clases.

No me había saltado las clases desde ese primer día y una parte de mí no quería hacerlo de nuevo. Si lo hacía, no sabía si sería capaz de detenerme más tarde. Ya apenas podía manejar la tentación de desaparecer solo con él. Podía callar a todos los demás, callar al mundo y sí, callar a Irina. Era la principal a quien quería callar.

También te amo, idiota.

Eso era todo lo que necesitaba.

—Vayámonos de aquí.

—¿Sí?

Asentí, evaluando el pasillo de arriba abajo. Los otros estaban empezando a dirigirse a clase. Si nos íbamos a ir... vi a Emmett y a Edward moviéndose en nuestra dirección. Sus ojos estaban justo sobre nosotros como si fuéramos los objetivos y ellos estuvieran dirigidos hacia acá.

—Olvídalo.

Jasper miró alrededor y maldijo por lo bajo antes de moverse, medio bloqueándome de sus miradas.

—Hola, chicos.

Los ojos de Edward se estrecharon sospechosamente, pero él se quedó atrás mientras Emmett se detenía frente a nosotros.

—Hay que saltarnos clase —dijo.

Jasper y yo nos enderezamos con sorpresa.

—¿Qué? —preguntó Jasper.

Fue justo en ese momento que noté cómo los ojos de Emmett estaban destellando. Un fruncimiento firmemente colocado y todo acerca de él irradiaba enojo. Metió sus manos en los bolsillos de su chaqueta negra, jalándola ajustadamente alrededor de su cuerpo.

—Tengo que irme de aquí. Hay que saltarnos clase. —Miró alrededor de todos nosotros—. ¿Están dentro?

Edward no dijo nada, pero Jasper me miró.

—Estoy dentro —dije.

Jasper me estudió por un momento.

—¿Vas a ir? —pregunté a Edward.

Emmett se movió, lanzando su brazo alrededor de los hombros de Edward.

—Demonios, sí, lo hará. —Golpeó su brazo dos veces—. Él vendrá.

—Sí. Seguro.

Su tono no sugería que estuviera ansioso.

Entonces Jasper me jaló para apartarme de mi casillero, lo abrió y guardó sus libros. Tomando mi mano, cerró la puerta y asintió.

—Muestra el camino, Emm. Tú tienes la última palabra en esto.

—Genial. Vámonos.

Algunos cuantos de los otros nos vieron irnos, pero Emmett se escabulló por una puerta lateral y trotamos por el patio, dirigiéndonos hacia el lote del estacionamiento. Edward y Emmett fueron por su camioneta, pero Jasper tomó mi brazo y me jaló en una dirección diferente.

—Los seguiremos en el mío —llamó.

Edward parecía como si fuera a decir algo, pero Emmett levantó su brazo. No miró atrás y si algo, su paso se apresuró. Después de un par de segundos, Edward se giró y se apresuró a ir tras él.

Jasper y yo serpenteamos a través de algunas filas de vehículos, acercándose a donde estaba estacionado. Sin hablar el uno con el otro, nos separamos, yendo hacia nuestras puertas. Esperé hasta que desbloqueara la camioneta y luego entré y me coloqué el cinturón de seguridad.

Él entró y un momento después estábamos saliendo del lugar, esperando por la camioneta de Emmett, la cual no tomó mucho tiempo. Un SUV negra pasó junto a nosotros, solo deteniéndose un segundo en la salida antes de arrancar.

Jasper no fue tan rápido, pero los alcanzó después de una calle.

—¿A dónde vamos?

—No lo sé; Emmett elegirá un lugar.

Recordé esa mirada casi demente en sus ojos.

—¿Sucedió algo? ¿Sabes?

—Quien sabe. Emmett se pone así. Necesita espacio o tiene que entretener su mente en algo.

—¿Qué hacen cuando eso sucede?

Jasper se encogió de hombros, encendiendo su luz de vuelta y deteniéndose en una intersección.

—Honestamente, esto no es así de normal. Quiero decir, lo es para Emmett y para mí, pero desde que regresó, ha estado con los otros más de lo que lo estuvo antes. Solíamos ser él y yo.

Leí entre las líneas ahí.

—Y ahora tú estás conmigo la mayoría del tiempo.

—Sí. —Comenzó a recorrer la intersección, mirándome mientras nos movíamos detrás de la SUV de Emmett.

—¿Estás bien? —preguntó momentos después cuando nos detuvimos en una entrada.

Nos estacionamos detrás de la camioneta de Emmett, pero no vi que nadie siguiera en el interior.

—¿Dónde estamos?

—En casa de Emmett.

—¿Sus padres no...?

Jasper se rio.

—Su papá trabaja en la ciudad como los tuyos y el personal no dirá nada. Emmett saltándose clases es normal.

Genial. Otra anormalidad que se estaba convirtiendo en normal. Estaba en el camino rápido hacia convertirme en una delincuente juvenil.

—Está bien.

Jasper se rio un poco y luego suspiró.

—No hablamos sobre anoche.

Trajo este tema a colación más temprano. Quise esquivarlo entonces y todavía quiero hacerlo.

En la vida normal, la Isabella normal se habría asustado. Habría llamado o enviado mensajes de texto a Irina desde el baño. Me habría quedado despierta durante el resto de la noche, preguntándome si había hecho todo bien. ¿Si debería haberme bañado o estaba lo suficientemente limpia? ¿Cómo se suponía que me acostara con él? Cualquier movimiento que hiciera, lo habría analizado. O ¿quién sabe? Quizás estaba canalizando a Irina de nuevo, porque eso es lo que ella hubiera hecho.

Irina me contó todo sobre su primera vez. Se asustó, pero nunca lo demostró. No frente a su novio, no frente al tipo con quien había salido en ese tiempo, ni siquiera frente a sus amigos. Vi cuando se alteraba. Sucedían detrás de puertas cerradas. Siempre detrás de puertas cerradas.

Maldita sea. Los abdominales de Mike eran como un pastel de siete capas. Podía lamerlos todo el día, pero era tan tonto como las pesas que utilizaba en el gimnasio.

Casi suspiré y pensé para ella: Gracias, Iri, por recordarme.

Feliz de ayudar. Eres tú la que va en este viaje a través de la memoria. Quiero aclararlo, asegúrate de utilizar mi lenguaje y no el tuyo.

Sí. Gracias. No hablaba en serio.

Irina resopló.

—¿Bella?

Un flujo de calor me recorrió. Jasper me había estado observando fijamente durante todo el tiempo que hablé con Irina en mi cabeza.

—Lo siento. ¿Qué?

—¿Estás bien?

Me estaba volviendo loca.

—Totalmente bien. Vamos. —Abriendo mi puerta y saliendo, observé la casa de Emmett.

El camino de la entrada se curvaba hacia arriba y alrededor de una colina y había una cerca estilo español delineando un gran patio. La casa también lucía española y tenía baldosas de colores brillantes y un barandal en el frente. Arbustos altos y cuidadosamente arreglados corrían de arriba abajo por la longitud del jardín.

La casa de Emmett era enorme, pero no estaba sorprendida. Tenían una señora de la limpieza y un mayordomo y como Jasper predijo, ninguno pareció sorprendido o que desaprobara cuando todos entramos.

—Gracias, Mitchell. —Emmett palmeó al mayordomo en el hombro.

Su traje azul oscuro no pareció moverse bajo el toque y apenas si parpadeó. Tenía uno de esos rostros que podría haber sido cálidos y amigables si sonriera. No lo hizo. Su rostro parecía envuelto en plástico, como que si sonriera fuera a romperlo todo. Lo ubiqué alrededor de los sesenta años, con plateado cabello canoso, perfectamente peinado en su lugar.

—¿Sus invitados se quedarán para la cena? —preguntó.

Jasper abrió su boca, pero Emmett dijo:

—Sí y nos gustaría tener una comida hecha por Joann.

Eso obtuvo una reacción.

Mitchell parpadeó unas cuantas veces. El músculo cerca de su boca se frunció y entonces... nada. La máscara estaba de vuelta en su lugar, como si mágicamente hubiera obtenido una dosis de Botox.

—Muy bien. —Desapareció por un pasillo.

Lo observé irse. Vi sus zapatos tocar el piso de baldosas, pero no escuché ni un sonido. ¿Cómo siquiera era eso posible? Irina podría tomar lección de cacería con él.

Ella resopló. Ese estirado no me gana en nada.

Emmett mostró el camino hacia la parte de atrás. Presionó un botón y dos paredes del final se abrieron, revelando la piscina. Partes del patio estaba en el exterior, pero partes estaban en el interior con paredes de cristal separándolas.

Había bancas hechas de baldosas azules y blancas, pero también había sillones y sofás con cojines en ellos. Dos diferentes parillas estaba en lados apuestos del patio y toda la cosa estaba cubierta por adoquines.

El patio trasero era enorme.

Emmett fue hacia el refrigerador y gritó por encima de su hombro:

—¿Quién quiere una cerveza?

Edward pasó junto a mí, gruñendo.

—Si vamos a saltarnos clases, hay que hacerlo de la manera adecuada.

Emmett le mostró una sonrisa casi malvada y me sorprendió ver los ojos de Edward oscurecerse, poniéndose a juego con la sonrisa.

Guardando la cerveza, Emmett sacó una botella de tequila en cambio. Tomando cinco vasos para tragos, la sostuvo en el aire.

—Tequila será.

Jasper gruñó.

—Esa no es una buena idea.

—Vamos, chico enamorado. —Los ojos de Emmett se entrecerraron, pasando por mí antes de regresar hacia su mejor amigo—. ¿Qué? ¿Crees que eres el único que puede ser el chico malo? Hazte a un lado, amigo. Yo era tu compañero de crímenes antes. Estoy reclamando mi lugar de nuevo.

Jasper se rio. Estaba lo suficientemente cerca que pude sentir la tensión emanando de su cuerpo.

—Me parece justo. —Se movió hacia adelante, su brazo rozando el mío—. Está bien. Vamos a hacer esto de la manera adecuada, ¿eh?

Edward frunció el ceño.

—¿Cuál es la manera adecuada de tomar un trago de tequila?

Emmett y Jasper compartieron una sonrisa mientras Emmett se agachaba, sacando la sal y los limones del refrigerador.

Jasper narró mientras Emmett servía el tequila en cinco vasos.

—Pones sal en esa mano.

Emmett puso sal.

—Lámela.

Emmett lamió.

—Tómate el trago.

Emmett se lo bebió de un trago.

—Y chupa el limón.

Emmett chupó.

—¡Santa mierda! —Emmett escupió el limón, haciendo gestos y sacudiendo su cabeza—. Ahora, esa es la manera correcta de hacer un trago. —Empujó todos los ingredientes hacia Edward—. Eres el siguiente.

Edward miró todo cautelosamente.

—Nos va a terminar doliendo todo para el final de la noche, ¿cierto?

Jasper se rio.

—¿Realmente viste cualquier otro final para uno de los días de saltarse clases de Emmett?

Edward gruñó mientras se estiraba por la sal.

—Tienes razón. Dios. Esto va a doler. —La espolvoreó sobre su mano y miró a Jasper al mismo tiempo—. Tú no estás en el equipo de fútbol americano, pero yo sí. Se supone que tenía práctica hoy.

—Conviértete. Únete al equipo de básquetbol conmigo.

Emmett comenzó a reírse.

Edward gruñó antes de lamer su mano.

—También estoy en ese. —Hizo un gesto mientras tomaba el trago, se lo bebía y plantaba un limón en su boca—. Maldición. Eso quema.

Retrocedió, todavía haciendo gestos y entonces fue el turno de Jasper.

No hubo palabras, ni pausas. Tomó el trago como un profesional y no hubo reacción después. Fue como si bebiera agua. No podía decidir si eso era alarmante o si me excitaba. De cualquier manera, era mi turno.

Tres pares de ojos masculinos se fijaron en mí.

Esto es lo que quería: otra manera de escapar de mi vida.

Me estiré por la sal y el mundo se derritió.

Esta escena debería ponerme nerviosa, ¿cierto? ¿Beber tequila en mitad del día con tres chicos que apenas conocía? Esto nunca hubiera sucedido hacía un año. Habría estado en la escuela, hablando con amigas y quejándome sobre la práctica de fútbol.

Pero eso era entonces y las cosas habían cambiado.

Quería hacer esto.

Sentí a Irina junto a mí. Vamos, Bella. Esto es estúpido. ¿Emborracharte? ¿En serio? Ya tuviste sexo. Quiero decir, ¿de cuántas más formas clichés puedes rebelarte contra...?

La callé, sirviendo la sal. Lamiéndola y luego tomé el trago. Jasper me ofreció un limón, pero lo ignoré. En cambio, me estiré por él y fusioné mi boca con la suya.

¡Sí! Ahí estaba la quemadura que quería y después de un exhaustivo beso, me estiré por la sal de nuevo.

Escuché a los chicos diciendo algo y sentí la sorpresa de Jasper, pero estaba detrás de mí. Su mano cayó hasta mi cintura y la apretó ahí. Pude sentirlo pensando en decir algo para detenerme, pero negué y su agarre se suavizó.

Tomé un segundo trago, ignorando el limón una vez más y girándome completamente en los brazos de Jasper.

Esta vez me estaba esperando y cuando su boca se abrió sobre la mía, fui consciente de él alejándome de los otros. Siguió besándome, lamiéndome, probándome, provocándome hasta que repentinamente los sonidos del agua, de Emmett y Edward, todo se desvaneció. La oscuridad nos rodeó. Estábamos en un edificio y cuando Jasper se estiró para encender la luz, lo detuve.

—No. —Lo agarré, jalándolo de vuelta y me presionó contra una pared.

Su boca se volvió más urgente, más demandante.

Mi cuerpo se volvió más caliente y mientras mi cabeza caía hacia atrás, jadeando por aire, supe que esto era lo que había esperado hacer hoy, en lugar de sentarme en clase.

Quería perderme en la sensación de él y quería más tequila.

No quería a Emmett y a Edward ahí. Quería estar a solas con Jasper y mientras su boca caía a mi garganta, pude decir que se sentía de la misma forma. Sus caderas se presionaron contra la mías y pude sentirlo deseándome.

Con un gruñido, sus manos atraparon mis caderas y se pegó a mí.