Disclaimer: Algunos de los personajes no me pertenecen, Stephenie Meyer los creo en su preciosa cabecita, yo solo juego un poquito con ellos. La historia es mía.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)


—¿Segura que tienes que ir? —le preguntó Liam, mientras se vestían esa mañana. Alice suspiró, asintiendo.

A principios de año descubrió que fácilmente podía aprovecharse de los muchos y extenuantes proyectos que le dejaban en la universidad para escaparse toda la noche. Desde ese momento, comenzaron a verse los viernes en las noches y despertar juntos los sábados, eso era suficiente para que los días entre semana no se vieran.

Era perfecto.

—Sí. Sabes lo pesados que se han puesto con los eventos familiares desde la boda —respondió. Pesados era decir lo mínimo. En Navidad y Año Nuevo se habían vuelto locos juntando a tanta familia como les fue posible, aun con el recorte a la lista de invitados para la cena que Isabella había solicitado. ¿Su excusa? Estaba muy embarazada para tolerar a más de doscientas personas en su jardín. Incluso si Liam hubiera estado en la ciudad, no iba a lograr meterlo en la lista porque ya ni siquiera era amigo de Isabella.

Pero, así era mejor. No se arriesgaba a crear sospechas. Iban muy, muy bien, no podían echar a perder todo por una fiesta de sociedad.

Y ahora con la fiesta que Ilaria y Raoul prepararon para que Edward e Isabella anunciaran el sexo de su bebé, menos podía faltar. Estarían los Swan y los Cullen casi al completo, con varios de sus amigos. Que un miembro de la familia faltara era… imposible.

—Bien. Entonces, nos vemos la próxima semana —se despidió Liam, antes de que ella saliera de la habitación.

Debía hacer algo acerca de eso, cada vez era más difícil volver a la vida real después de pasar una noche lejos, pero sentía que no podía dejarla. Era una vida llena de lujos y de oportunidades. Sabía que si les decía que quería crear su propia marca de ropa, ellos lo harían posible, porque era parte de la familia. Ya no le importaba qué tanto de su alma tendría que vender al diablo si con eso podía tener todos esos privilegios.

Jasper estaba sirviendo el desayuno cuando ella llegó a casa. Lo saludó a él, a su hermana y a los niños antes de sentarse a tener un desayuno rápido. La fiesta iba a ser temprano, justo a tiempo para el almuerzo.

Cynthia les habló de cómo iba la universidad, soltando alguna que otra queja sobre sus profesores y lo poco amables que eran algunos de sus compañeros.

—No debería sorprenderte —le dijo Alice—, la mayoría son niños ricos que nunca han compartido nada con nadie.

Cynthia torció el gesto.

—En eso tengo que estar de acuerdo con Alice —musitó Jasper—. Además, hay que tener en cuenta que estás estudiando finanzas, Cynthie. Estás rodeada de muchos futuros empresarios, sé por experiencia, y si no me crees, pregúntale a Edward, que durante la carrera y en sus primeros años laborales, en lo único que piensan es en el dinero. —Cynthia asintió—. De hecho, me sorprendería que tú no lo estés haciendo ya.

—Un poco —confesó, con una sonrisilla traviesa—. Así que con el único que puedo contar es con Seth…

—Sí. Definitivamente —respondió Jasper—. Solo se tienen el uno al otro ahí, son las ventajas de ser familia.

Alice quiso rodarles los ojos, pero tenía que aceptar que sin Seth, Cynthia probablemente se habría vuelto loca ya. Él era su mejor amigo, el que la mantenía con los pies en la tierra, recordándole que la vida era una montaña rusa: algunas veces te encuentras arriba, y otras abajo.

Después de desayunar, subieron a arreglarse para la fiesta. En la invitación, Ilaria y Raoul habían solicitado un código de vestimenta completamente blanco y prohibieron rotundamente los colores rosa y azul en el atuendo. Eran los padrinos más exigentes que se hubiera visto, a Alice no le sorprendió enterarse que la idea del color amarillo para el bautizo de Jacqueline, no fue de Isabella, sino de Ilaria y Raoul.

Así que, Alice se decidió por un ajustado mini vestido con tirantes espagueti y escote cuadrado, que combinó con altas plataformas y un maxi collar con perlas.

Cynthia bajó en un vestido con la falda en dos capas, escote cuadrado, tirantes y un cinturón dorado, sandalias que se ataban a lo largo de la pantorrilla y un collar de perlas con un moño blanco y negro.

Jasper se vistió con unos pantalones, camiseta polo, slippers y, extraño en él, una fedora, similar a la que usaba Tyler con sus bermudas, camiseta y tenis. Con Jacqueline también respetaron el dress code, colocándole un vestidito, zapatitos estilo Jane y moñitos en el cabello.

Cynthia metió a la cajuela el regalo envuelto en papel metálico plateado. Como no sabían si sería niño o niña, decidieron llevarle un kit de cobijas, toallitas, biberones y chupones en un surtido de muchos colores. Ese par gustaban de hacerles la vida imposible.

Como lo hiciera con Jasper y Alice, y Edward e Isabella, Charlie les regaló a Raoul e Ilaria una casa en el Valle de San Fernando, en la que pasaron Navidad con los Cullen y los Parker.

Al llegar, se encontraron con la puerta principal y la del garaje decoradas con globos rosados y azules, con listones de los que colgaban figuritas de chupones, imperdibles y biberones.

Alice presionó el timbre. Una de las dos mucamas que tenían, abrió la puerta, recibiéndolos con una sonrisa.

—Adelante —les dijo, recogiendo los bolsos y el regalo.

—Muchas gracias, Janice —respondió Jasper.

—¡Hola! —los saludó Ilaria, brincando en su vestido de escote en V y sin mangas. Les dio a todos besos en las mejillas. Raoul estaba detrás de ella acomodando una de las bases de globos rosados y azules, acompañados por uno más grande que decía "¿Niño o niña?", igual a los otros que guiaban hacia el jardín.

—¿Cómo están? —preguntó Jasper, saludando a Raoul con un estrechamiento de manos y un rápido abrazo.

—Emocionados —respondió Ilaria—. Tenemos el resultado desde hace una semana. Esto de guardarle el secreto hasta a la Princesa nos está matando.

—No debieron decirles que lo harían… —rio Cynthia, mientras caminaban hacia el jardín.

—¿Y perdernos la oportunidad de saber antes que nadie si vamos a tener un ahijado o ahijada? No, gracias —musitó Raoul.

Los meseros —también vestidos completamente de blanco— entraban y salían del jardín para servir y entregar bebidas a los invitados que ya habían llegado.

El gran jardín de la casa estaba lleno de mesas redondas cubiertas por manteles azul pastel, con sillas blancas que tenían atados moños del mismo tono rosado de las servilletas sobre los platos y las flores. Tomaron el rosado y el azul como tema, representado principalmente con los globos repartidos por todo el lugar. Había dos mesas de dulces, una rosa y otra azul, ambas con su respectivo pastel.

Ilaria los guio hacia una mesa con un mantel bicolor, una pizarra con gises azules y rosados, y un montón de dijes de biberones, imperdibles y chupones colgando de lazos rosas o azules. Junto a la mesa se encontraba un gran globo negro flanqueado por más globos azules y rosas.

—¿Niño o niña? —preguntó Ilaria, ofreciéndoles los gises.

—¡Niño! —gritó Tyler, dando saltitos sin soltar a Cynthia. Todos rieron ante el entusiasmo del pequeño.

—¡Sí! ¡Niño! —exclamó Jacqueline.

—En ese caso, niño —rio Jasper.

—Pónganlo en la pizarra y tomen un listón —les dijo Ilaria, atando un biberoncito azul a la muñeca de Tyler. Hizo lo mismo con Jacqueline después que Jasper dibujara una raya azul en la pizarra y tomara un imperdible.

Ilaria y Raoul eran tan buenos guardando el secreto, que nada en las decoraciones dio una pequeña pista del sexo del bebé, era por eso que, cuando Edward, Bella y Vanessa llegaron, ni ellos supieron cuál sería su voto. Esto era divertido, mucho más que el juego de encontrar las letras que hicieron para Vanessa.

Se suponía que Ilaria y Raoul no se habían permitido votar, pero Edward los animó. Sabiendo por qué lo hacía, Ilaria tomó un chuponcito azul y Raoul uno rosa, haciéndolos reír. ¿A quién le creerían? ¿A la hermana gemela o a su marido?

—Ah, qué interesante —dijo Jasper de repente, mientras servían el almuerzo—. Liam está aquí.

Alice brincó al escuchar el nombre de su amante y se giró rápidamente para verlo tomar un biberoncito rosado de la mesa y votar por "niña". Edward e Isabella se acercaron a saludarlo.

—Sí, ¿no sabías? Estuvo haciendo su internado en la empresa —respondió Kate, la hermana de Edward, jugando con el imperdible rosa que colgaba de su cuello—. Edward nos envió su currículum para darle un puesto en Londres.

—¿En Londres? —inquirió Alice. Kate asintió.

—Nuestro asesor legal se está por jubilar, necesitamos uno urgente. Edward cree que él sería el indicado, pero yo creo que solo lo quiere alejar de aquí —rio—. No sé quién le dijo que estuvo detrás de Bella en la escuela, y, bueno... no lo culpo. Es un arribista.

—Liam no es ningún arribista —reclamó Alice—. Su familia es una de las mejores y más ricas de aquí.

—¿No te ha contado la historia de su familia? —inquirió Irina. Alice sacudió la cabeza. Cuando Heidi y Lauren le preguntaban sobre sus parientes, él siempre cambiaba de tema. Nunca lo encontró extraño, al fin y al cabo era una cuestión privada. Irina suspiró—. Para no hacerte el cuento largo, según las investigaciones que hicimos, el hermano de su bisabuelo era parte de la mafia en los treinta, así hicieron su fortuna. Claro, ahora viven… legalmente, pero no han cambiado su manera de relacionarse. ¿Por qué crees que estuvo atrás de Bella, y se fue a trabajar a Cullen's? Actualmente, los más poderosos de la ciudad son mi hermano y Bella, cualquiera que sea visto a su lado se convierte en un miembro activo de la alta sociedad.

O sea que Liam la estaba… ¿utilizando? Eso era ridículo. ¿Por qué insistiría tanto en seguir guardando el secreto, si le convenía más que supieran como se estaba metiendo en la familia Swan? ¿O es que, en realidad, era más apto para él que no lo vieran como un enemigo sino como un amigo?

—Y si es así, ¿por qué ustedes lo contratarían?

—¿Quién dijo que lo vamos a contratar? —musitó Kate—. Mi hermano lo sugirió, solamente. Hay otros candidatos con más experiencia que él, y definitivamente con más ética. No confiaríamos nuestros asuntos legales a un escalador social cuya familia tiene malos antecedentes.

—¿Edward lo sabe? —preguntó Jasper.

—Algo así —respondió Irina—. Owen le dijo que quiere a alguien con más experiencia, Edward estuvo de acuerdo, obviamente. Los que saben son Raoul y Eric.

—¿Raoul?

—Es el jefe de Recursos Humanos. Él lo contrató para el internado, y Eric es quien se hace cargo de las contrataciones en el exterior.

—Ya no has vuelto a hablar con él, ¿verdad? —le preguntó Jasper a Alice. Ella negó.

—No, para nada. La última vez fue ese día en Nueva York —respondió. Jasper asintió.

—Bien. Mientras más alejado lo mantengamos de la familia, mejor —dijo Charlie—. Dios. Estas amistades que encontraron ustedes dos en la escuela…

Ahora tenía que averiguar qué estaba ocurriendo con Liam. No quería creerles a las hermanas Cullen, pero ¿qué razón tendrían ellas para mentir así? No lo conocían, solo convivieron con él cuando fue parte del cortejo en la boda de Isabella y Edward…

Alice no quería que su familia descubriera su inquietud ante esas revelaciones, por lo que participó del juego que Ilaria y Raoul idearon para dar pistas sobre el sexo del bebé. A lo largo de toda la fiesta, como buenos padrinos, estuvieron soltando algunos acertijos, lo que hacía la espera por la gran revelación un poco más complicada.

La noche estaba comenzando a caer en la fiesta. Ya se habían prendido las luces rosas y azules —sí, hasta ese detalle aprovecharon los padrinos—, con un reflector blanco especial para el gran globo negro. Edward e Isabella ya estaban junto a él, Vanessa en los brazos de Edward.

—¿Listos para el último? —animó Raoul, con su cámara fotográfica profesional colgando del cuello junto al chupón rosado. La última tarjeta rosa y azul estaba en sus manos. Ilaria le dio un pequeño punzón a Vanessa para que ella reventara el globo. Todos se pusieron de pie, algunos, como Jasper y Kate, con las cámaras de los celulares listas para el gran momento—. Atención: Ya no tarda en llegar un nuevo miembro. Un gran león o un bello cisne, no lo sabemos, pero descuida, preciosa princesa Vanessa, que vendrá para ser quien te ayude a cubrir las travesuras que sean necesarias, solo no hagas que sea quien te tenga que disciplinar.

¡Eran referencias de Jasper y Edward como hermanos! Alice miró a Jasper con los ojos abiertos de par en par. ¡Era tan fácil! Solo la familia podría adivinar.

Una gran nube de humo y confeti azul salió del globo, al mismo tiempo que las luces rosas se apagaban y más luces azules se prendían. Tyler y Jacqueline brincaron en las sillas a las que Jasper y Cynthia los habían subido.

Con esa gran celebración llevándose a cabo, Alice pudo pasar desapercibida mientras le enviaba un mensaje a Liam, pidiéndole verlo en el interior de la casa, pero para su sorpresa, él ya se había ido.

Perdona. Olvidé decirte que me eligieron para ir a ese concurso del que te hablé en Holanda. No sé cuándo pueda regresar, recuerda que también haré algunas entrevistas para mi especialidad.

Alice arrojó su celular contra uno de los sillones grises, furiosa. Ni siquiera le había hablado de esa especialidad en el extranjero. No es que hablaran mucho cuando se encontraban, y menos de él, pero hubiera apreciado un poco de comunicación, al menos…

—¿Alice? —musitó Kate desde el pasillo hacia el jardín. Alice la miró, hiperventilando. Kate malinterpretó un poco su molestia—. Por Dios, Alice. Un niño de Bella no te va a afectar a ti, en todo caso, las que deberíamos estar molestas seríamos mi hermana y yo…

Alice rodó los ojos.

—No estoy molesta por eso. En realidad, ni siquiera me importa —soltó, dejándose caer en el sillón.

Kate pareció entender en ese momento el porqué del enojo de Alice. Se acercó a ella, dedicándole una sonrisa de disculpa.

—Lamento que te hayas tenido que enterar así —le dijo—. Sé que él era tu mejor amigo. Pero, teníamos que decirles. Seguir relacionándose con gente así…

—No era solo mi amigo —confesó, interrumpiéndola. Kate la miró con los ojos abiertos de par en par. Alice torció el gesto, asintiendo.

—¿Por qué?

—Porque mi matrimonio es una farsa. Ni siquiera sé si eso me importa ya, solo quería… quiero algo que me haga olvidarlo.

Kate suspiró, sentándose a su lado.

—Mi hermana se va a casar —musitó. Alice rodó los ojos—, pero Edward y Bella no lo saben, ni siquiera conocen al novio. —Alice la miró, sorprendida. Eso estaba… mal. Kate se encogió de hombros—. Él es como nosotros. De buena familia, millonario, es… ideal para la mayor. Quisiera ser capaz de decirles lo que está pasando, pero no me lo permiten, temo que en el momento que vean el comunicado todo explote en mi familia. Somos una máquina, Alice, que en este momento está muy, muy mal aceitada. Si mi mamá se atreve a hacer público ese anuncio sin consultarlo con mi hermano y Bella, todo lo que hemos construido, se va a destruir. Lo mismo ocurriría con ese secreto que te guardaron. No querían controlarte, Alice, créeme, ellos lo único que quieren es que su familia esté unida. Completa. No fue una burla, fue un compromiso.

—¿Sabes qué es lo peor, Kate? Ni siquiera me avergüenza hacerlo. No me siento culpable, no siento que los esté traicionando…

—… aunque lo estés haciendo —completó. Alice asintió—. Todos merecemos un final feliz, Alice, una vida dichosa… Tú no la tienes. Y si continúas siendo parte de los Swan, nunca serás feliz, y tampoco dejarás que Jasper lo sea.

—¿Lo que me estás diciendo es que…?

—Sigas buscando la manera de irte de aquí, para siempre. Busca tu felicidad, Alice.

Pero, Alice no quería irse. Incluso si eso la hacía sacrificar una vida feliz. No iba a deshacerse de todo lo que ser una Swan significaba.

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.

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Alice estaba furiosa.

Ya habían pasado tres semanas y Liam seguía sin devolver sus llamadas, solo le enviaba breves mensajes, diciéndole que estaba ocupado, pero era todo.

Sin Liam, o nadie que la distrajera, comenzó a llegar más temprano a casa, cada vez más enojada. Odiaba estar ahí, con Jasper, con los niños, con Cynthia…

Ese día, al llegar a su casa, se encontró con los niños y Jasper en la sala. Cynthia estaba con una amiga, haciendo tarea en el comedor. Estaba enojada porque tuvo que soportar sus clases todo el día. Sin Liam, no había nadie que recogiera su trabajo con la otra chica, lo que le costó un gran regaño por parte de sus profesores. Como si le importara. Aun así, los Swan le ayudarían a crear su propia marca de ropa y la convertirían en un éxito. No necesitaba la estúpida universidad.

Por eso, cuando vio que tenía casa llena, explotó.

Cynthia subió a los niños en cuanto comenzaron a llorar. Jasper la siguió no muchos minutos después, dejando a Alice sola, bajo la especulativa mirada de la amiga de Cynthia, que se había quedado petrificada al ver eso.

—Diane, siento esto —se disculpó Cynthia, bajando las escaleras—. ¿Te parece si continuamos mañana?

—Claro, no hay problema —respondió la chica, recogiendo sus cosas. Se despidió de Cynthia y se fue, dándole las gracias a Alice por su hospitalidad. Cynthia torció el gesto al escuchar eso.

—¿No que detestabas a tus compañeros? —se burló Alice. Cynthia le sonrió.

—No dije que a todos. Y muchas gracias. Por tu escenita no pudimos terminar este proyecto a tiempo. Espero que el profesor nos dé un día más para hacerlo.

—Solo cásate y ya, Cynthia. Las mujeres de nuestra clase no necesitamos un título.

Cynthia suspiró.

—Yo no quiero ser solo la esposa de alguien, Alice. Si eso es suficiente para ti, está bien, pero yo quiero algo más. Quiero ser como las gemelas, no como tú.

Alice rodó los ojos.

—Ya desearían las gemelas ser como yo.

—Seguro que sí —se burló Cynthia—. Me voy. Jasper está hablando con Charlie y Renée para ver si me puedo quedar esta noche en su casa. Felicidades, Alice. Lograste deshacerte de mí, también.

—Cynthia, mis padres están en Seattle. Pero Ilaria y Raoul te están esperando —le dijo Jasper desde las escaleras.

—Genial. Raoul podría ayudarme con el proyecto —dijo Cynthia. Subió a su habitación para hacer una pequeña maleta—. ¿Seguro que tú te quieres quedar?

—Sí, no puedo sacar a los niños así.

—No les dirás, ¿cierto?

Jasper sacudió la cabeza.

—Es mejor así. Si las chicas se enteran, van a declarar guerra y no nos conviene.

—Jasper, la guerra fue declarada desde que Bella mandó a su detective a seguir a Alice —soltó. Jasper no pudo hacer otra cosa más que abrazar a la chica. Ella no merecía pasar por eso, no merecía estar en el fuego cruzado entre las gemelas y su hermana.

—Siento eso. No debería estar pasando.

—Dejé que lo hiciera, Jasper, porque tú mereces saberlo. Quisiera que se equivocara, que sea solo ella sobreactuando, como siempre, pero sé que no es así. Alice está haciendo algo, y no creo que sea bueno. La manera en la que defendió a Liam el día de la fiesta del bebé… Siento que es en parte mi culpa.

—Cynthia…

—Si yo le pusiera más atención, no estaría pasando esto.

—Es mi culpa. Traje a tu hermana a una vida para la que no estaba lista.

Cynthia le sonrió.

—Lo único que hiciste fue darnos una familia, Jasper. Si mi hermana no quiere ver eso, es una tonta.

Jasper le sonrió.

—Vete ya, antes de que se haga más tarde. Sabes lo que opino acerca de que manejes en las noches.

—Sí, papá, ya voy —soltó la chica, cerrando el zipper de su bolso. Jasper rio por el apelativo. Cynthia no se disculpó, ni se corrigió. Solo… le salió del corazón. Y fue fantástico.

Cynthia se despidió de Jasper con un beso en la mejilla, después bajó apresurada. No le sorprendió no ver a Alice por ningún lado, seguro se había ido en cuanto ellos subieron.

Liam le había enviado un mensaje, avisándole que ya estaba en la ciudad. Con lo que había pasado, ella no perdió la oportunidad de salir de ahí.

Esa noche, Jasper dejó que los niños durmieran con él. Aunque lo intentó, no logró conciliar el sueño, por eso escuchó claramente cuando Alice volvió. Iba a salir a verla, pero no quiso dejar a los niños solos. Le había costado mucho dormirlos, sentía que si se movía de ahí, alguno de los dos despertaría. La vería en la mañana, con los ánimos más fríos.

Eso se convirtió en una rutina. Jasper no dormía hasta que escuchaba a Alice volver y en las mañanas, se aseguraba que desayunara bien por si no la veía a lo largo del día. Aunque Alice siempre llegaba; nunca dejaba que pasaran más de dos días sin estar en su casa para comer y dormir, pero prefería mil veces estar con Liam en Pasadena, ya no solo en la cama. Había días en los que se iban a comer, o a ver una película. Algo normal, algo tranquilo.

Fue el día del cumpleaños número cuatro de Tyler cuando Jasper lo decidió. O, en realidad, lo vio como una verdadera opción.

Su mayor objetivo al casarse con Alice, fue darles una vida feliz y buena a ella, Cynthia y Tyler, pero estaba fallando miserablemente en eso. No solo su vida no era feliz, sino que todo el drama alrededor de ellos, ni siquiera la hacía buena, no lograba que todos los privilegios y las oportunidades valieran la pena.

Por primera —y única— vez en su vida, renegó del apellido con el que había nacido. Renegó de las obligaciones, de las expectativas que él mismo se había impuesto. Sus hermanas habían tenido razón todo este tiempo: nada les habría pasado a Alice y Tyler si no se casaba, al contrario, sus vidas habrían sido más fáciles, más dichosas.

Tenía que hacer algo. Por los niños. Por Alice. Por Cynthia. Y por él mismo.

La noche del 10 de mayo, Alice llegó más temprano que de costumbre, dándole la oportunidad a Jasper de dormir más tiempo del que esperaba. Aunque, como siempre, el destino le tenía preparada una sorpresa.

Pasaban de las dos de la mañana cuando el teléfono sonó. Preocupado de que fuera una emergencia, se apresuró a responder, medio dormido todavía.

Jasper —musitó Ilaria al otro lado de la línea, aliviada.

—¿Illy? ¿Qué ocurre, está todo bien?

¿Por qué no respondes los malditos mensajes? —inquirió. Del otro lado, se escuchó el fuerte sonido de un claxon, lo que alertó más a Jasper. La puerta de su habitación se abrió, revelando a una asustada Cynthia, que lo miraba interrogante.

—Silencio el celular en las noches. ¿Qué pasa, Minerva?

Vístete. Estamos yendo por ti. Belly ya entró en labor.

Jasper apenas pudo entender lo que su hermana le había dicho antes de terminar la llamada sin responderle. Revoloteó por la habitación, buscando algo de ropa.

—¿Algo malo? —preguntó Cynthia.

—En lo absoluto. El bebé ya viene. Quédate con los niños, ¿de acuerdo?

—Por supuesto. Jasper, vas a ser tío de un precioso niño.

Jasper lanzó unas risitas, peleándose con el pants que sacó de su clóset.

—Lo sé —respondió.

En menos de cinco minutos, ya estaba bajando las escaleras mientras el incesante claxon del auto de Raoul interrumpía la dulce quietud de la noche.

Se lanzó al asiento trasero, apenas con tiempo para cerrar la puerta antes que Raoul acelerara hasta el fondo hacia el hospital.

Con la manera en la que Raoul conducía, Jasper se sintió afortunado cuando llegaron sanos y salvos al hospital. En maternidad se dirigieron a la habitación escoltada por dos guardaespaldas, a quienes tuvieron que mostrar sus identificaciones.

—Blindaje peso pesado. Me gusta —soltó Raoul cuando entraron a la habitación.

—Es por la prensa —respondió Edward—. Cuando volvimos a casa después del nacimiento de Vanessa, nos enteramos que algunos reporteros estuvieron acosando a las madres que seguían aquí, buscándonos. No nos íbamos a arriesgar.

—¿Cómo estás? —le preguntó Ilaria a Isabella, que estaba concentrada en firmar los avisos para la familia.

—Agotada, pero la mano me duele más.

Edward se rio de ella, acariciándole el cabello.

—Eso es lo que dice para olvidar las contracciones.

—Y ha estado funcionando muy bien, muchas gracias.

Después de un rato, Jasper tomó el lugar de Edward mientras él intercambiaba unas palabras con el publicista del emporio. Justo cuando él se sentó, Isabella le tomó la mano, apoyándose en él durante una contracción. Jasper se concentró en el monitor a su lado, presionando la mano de su hermana entre las suyas.

—Ya está pasando —musitó, mirando las líneas que cada vez se hacían más estables—. Ya casi, ya casi. Listo. Lo estás haciendo excelente, Princesa —le dijo. Isabella le sonrió.

—Ya necesitas un viaje a la estética —le dijo, pasando la mano libre por los rizos dorados de su hermano. Jasper lanzó unas risitas.

—¿De qué hablas? Todavía no llego a mi lado ideal —respondió. Bella se rio—. Tú también necesitas ya un retoque. Estas mechas moradas cada vez se ven más blancas.

—Creo que ya me las voy a quitar.

—¿Por qué? Se te ven fantásticas.

—¿Cómo crees que se ve la primera dama de Cullen's INC con el cabello morado?

—Pues yo creo que se ve como la primera dama más cool de todos los tiempos.

Isabella notó en ese momento los profundos círculos oscuros debajo de los ojos de Jasper. Frunció el ceño, estirando la mano para tocarlos.

—Olvida el corte. Una noche de sueño te vendría mejor. ¿Todo bien en casa?

No le diría que su familia iba de mal en peor. Al menos no en ese momento.

—Nada de lo que debas preocuparte ahora. Tú concéntrate en traer a ese precioso bebé a este mundo y a esta familia.

—Pobre de mi niño, se va a volver loco rodeado de todos nosotros.

—Pero esa es la magia de los Swan, ¿no crees?

Isabella asintió, con una gran sonrisa.

—No lo cambiaría por nada. ¿Y tú?

—Tampoco.

Sí, su familia estaba demasiado loca, pero era su familia. No tenía por qué negarlo, por qué escapar. Al final, ellos siempre iban a estar a su lado, sin importar nada.

La noche duró un segundo y el amanecer uno más. Cuando Tia dijo que era momento de preparar a Isabella para el parto, Charlie y Jasper salieron de la habitación, ambos muy nerviosos.

Fueron unos minutos tortuosos que terminaron con un fuerte llanto de bebé.

—Guau —exclamó Charlie, al tiempo que Ilaria y Raoul salían de la habitación con el comunicado oficial.

—Es un niño precioso —les dijo Renée—. Tiene toda la cara de Edward. Toda.

—Vamos —animó Charlie.

Joseph Albert Frederick bien podría parecerse a su padre, pero, a juzgar por los demandantes lloriqueos que daba, su carácter era cien por ciento Swan. Eso era bueno. Que todos los niños tuvieran esa personalidad fuerte que tanto distinguía a la familia, era la mejor herencia que les podían dejar. Ni los muchos millones de dólares, ni las casas, ni la impecable educación les iban a ayudar a enfrentarse al mundo.

Vanessa quedó encantada con su hermanito, al igual que Tyler y Jacqueline.

Cuando Jasper pudo cargar por fin a su sobrino, vio algo con lo que no esperaba encontrarse: la decisión. No supo qué lo indicó, cuál fue la acción del pequeño para que él se diera cuenta que sus hijos no podían seguir viviendo así. Tal vez fue el hecho de que compartía fecha de nacimiento con el abuelo Albert, quien durante su niñez fue su guía, el que puso la perspectiva y sus deseos de convertirse en alguien de quien el viejo pudiera sentirse orgulloso.

Joseph tomó el dedo meñique de su tío con su pequeña, aunque fuerte, manita, al tiempo que en su cabeza sonaba la voz del viejo diciéndole: Hazlo.


Chan, chan, chan, chaaaaaaaaaaaaaan...

Estamos llegando a la parte ñaca ñaca de la historia jajaja.

Hola a todas, ¿cómo están? ¿Qué tal la cuarentena? Si todo en la escuela sale tan bien como espero, este capítulo fue el ultimo mensual y volveremos a las actualizaciones quincenales a tiempo para el gran final. A cruzar dedos para que así sea.

Quienes leyeron Realeza..., recuerdan que el nacimiento de Joey fue el momento cumbre para Jasper y Alice: las cosas en casa, por lo que la Princesa decía, ya eran insoportables y toda la familia insistía en que Jasper tomará la decisión, ahora ya sabemos que definitivamente fue Joey y la aparente reencarnación del abuelo lo que lo convenció de que ya era hora.

Gracias a saraipineda44, piligm, Yoliki, Dara, Tecupi por sus reviews en el capítulo anterior y al resto de ustedes por leer.

Estamos llegando poco a poquito al final, espero que los siguientes capítulos resuelvan muchas dudas y sean de su agrado, también. Nos vemos en el siguiente y en los reviews. Siempre con la mejor actitud, chicas, vamos a salir de esta, ya verán.

Annie.