Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenecen a Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo veinte

En la vida relativamente corta de Bella, ella había conocido todo tipo de agonía.

Estaba el dolor asqueroso de las heridas que su madre le había provocado. La negligencia y el maltrato de Renée se había instalado en todos los recovecos y grietas del alma de Bella, envenenando y aplastándola con el tiempo. El resentimiento de un padre es peor, su apatía se volvía la definición de la identidad de un niño—un constante recordatorio para Bella que ella de alguna forma era tan mala que ni siquiera podía conseguir el amor de la persona que debía amarla incondicionalmente.

El abuso de James fue mucho más que dolor físico, aunque estaba lejos de ser insignificable. Con cada golpe fuerte y cada palabra cruel, su padrastro había arruinado su autoestima. Él había hecho de su estado mental, su propia realidad, un lugar horrible. Sus heridas fueron las que habían dejado cicatrices permanentes en su psiquis, el tipo de herida que dolía periódicamente como huesos rotos cuando llovía.

Entonces, estaba la angustia desgarradora que era la pérdida de un hijo. La muerte hubiera sido una cosa. La muerte es un cierre. Lo que le pasó al bebé de Bella era una tortura constante y persistente en su corazón. El bebé perdido de Bella era una herida sangrante y punzante. Era como carne desollada y nervios al rojo vivo—un tipo de herida tan inimaginable que al tratar de pensar en ella la llevaba al borde de la demencia cada cierto tiempo.

Pero nada de eso la hubiera preparado para lo que se sentía escuchar el dolor de su hija. Ese era un nivel de agonía para el cual Bella no tenía palabras. Katie se encontraba inconsolable, y Bella jamás se había sentido tan culpable en su vida. Se ahogaba en cada decisión mala que los había llevado allí. Si tan solo no hubiera sido tan estúpida.

Al final, Edward había sacado a Bella de su habitación—la pintura seguía secándose en el cuarto de Katie—y la llevó hacia el suyo. Tenían que dejarla llorar, dijo él. Esto era algo inevitable para lo que Marcus había intentado que estuvieran preparados. Edward envolvió sus brazos alrededor de ella, y se mecieron juntos, llorando tan fuerte como su hija ante la culminación de demasiado dolor y confusión. Los tres lloraron hasta quedarse dormidos.

Ni Edward ni Bella querían que Katie despertara sola. Volvieron al cuarto temprano en la mañana. Edward se sentó en el sillón que Bella había traído de su vieja sala. Bella se acostó en la cama, y por mucho que quería sostener a Katie, tuvo cuidado de no tocarla. Ella no quería empeorar las cosas.

Solo pasó media hora hasta que Katie se despertó. Sus ojos se abrieron e hizo una mueca.

Bella acercó una mano y acarició su cabello tentativamente. Cuando Katie no se quejó, ella acarició su espalda.

—¿Te duele la cabeza, cariño?

El labio inferior de Katie tembló, pero tomó aire profundo y asintió. Bella presionó un pulgar detrás de su oído y masajeó la zona.

—¿Qué tal algo de paracetamol? Sé que probablemente no tenga buen sabor, pero te hará sentir mejor.

Ni bien Katie asintió de nuevo, Edward se puso en marcha. Volvió un minuto después, con paracetamol para niños en una mano y una caja de jugo de manzana en la otra. Bella la ayudó a sentarse, y Katie obedientemente tomó el pequeño vaso de plástico con medicina y dio sorbos de su jugo. Ella no miró a ninguno de los dos.

—¿Cómo te sientes hoy, cariño? —preguntó Edward, rozando sus dedos por la mejilla de ella.

Ante eso, Katie finalmente levantó su mirada. Ella presionó sus labios como si intentara no llorar.

—¿Están enojados conmigo? —preguntó con una voz tan rota que te partía el corazón.

—No —dijo Bella al mismo tiempo que Edward dijo—: Por supuesto que no.

Bella envolvió sus brazos alrededor de Katie y la atrajo hacia ella.

—Hablamos sobre esto, ¿recuerdas? Está bien, Katie. Muchas cosas están cambiando. Es muy aterrador. A veces cuando las cosas están fuera de control, nos molestamos. ¿Estás molesta ahora?

—No —respondió Katie demasiado rápido.

—Está bien si sigues molesta —dijo Edward—. Simplemente habla con nosotros.

Katie torció su boca hacia un lado.

—¿Creen que Emmy y Jasper están enojados?

—Para nada. Nadie está enojado contigo.

La pequeña se mantuvo callada, pensando. Bella apartó su cabello hacia atrás.

—Todavía es temprano. ¿Quieres dormir un poco más?

Katie asintió. Ella dejó que Bella se acurrucara a su lado mientras se acostaban. Edward comenzó a ponerse de pie, pero antes que pudiera alejarse, Katie rodó sobre su espalda y estiró una mano hacia él.

—Tú también duerme —dijo—. Conmigo y con mami.

Los ojos de Edward se movieron hacia Bella. Esta se movió hacia el borde de la cama.

—Sí. Ven, papi. Volvamos a dormir.

Con el permiso de Bella, Edward dejó que Katie lo llevara hacia la cama. Todos soltaron risitas, encontrando una buena posición. La fuerte presión alrededor del corazón de Bella comenzó a suavizarse, al menos lo suficiente como para poder respirar. Katie se acurrucó contra ella, y la esperanza, que se había casi extinguido la noche anterior, volvió a la vida más fuerte que nunca.

Bella cerró los ojos, abrumada por un momento ante la magnitud de este momento. Anoche había sido horrible—junto con lo peor de su vida. Pero aquí estaba, su bebé acurrucada en la seguridad de sus brazos. Era entendible que Katie tuviera sus momentos. Todos los tendrían, pero eso no quería decir que fuera infeliz. Ella había estado lo suficientemente feliz el día anterior. Bueno, ella había estado alternando entre incertidumbre y emoción. Ella había amado elegir su propia cama y sus muebles.

La respiración de Katie se estabilizó después de solo unos minutos, y Bella levantó sus ojos para ver a Edward. La sonrisa de él, mientras le devolvía la mirada, era un reflejo de lo que ella sentía—pacífico y, por el momento, sereno. No habló. Estiró una mano y acarició la mejilla de Bella, pasando su pulgar a lo largo de su rostro.

Su pequeña familia. Bella suspiró, dejando que la felicidad del momento la hiciera dormir.

~0~

Más tarde esa noche, cuando Jasper y Emmett llegaron para cenar, Edward los encontró en la entrada. Ellos parecían tensos, lo cual era entendible. Edward no se sorprendió al ver la mano de Emmett enyesada. Los nudillos en su otra mano también estaban lastimados. Obviamente, había golpeado otra pared en alguna parte.

—Con respecto a anoche —comenzó Edward, pero Emmett agitó su mano sana.

—Quiero contratar a alguien para que te arregle la pared. Si está bien.

—Mejor que pedir perdón, ¿no? —bufó Edward, y siguió antes de que alguno pudiera decir algo—. Lo siento. Eso fue antagónico. —Se cruzó de brazos—. Mira. Ella los quiere. Todos sabemos que los quiere. Pero está comenzando a querernos también. Ella comienza a querer estar con nosotros. Por favor, no se lo hagan más difícil.

—Sabes que eso no es lo que intentamos hacer —dijo Jasper—. Pero escucharla llorar así…

—¿De quién fue la culpa que estuvieran aquí para escuchar eso?

Emmett levantó sus manos de forma pacífica.

—De acuerdo. Tienes razón. —Apretó su mandíbula. Era obvio que no le gustaba tener que admitirlo—. ¿Qué quieres que hagamos?

Antes que pudiera responder, la puerta principal se abrió y Katie salió corriendo. Ella se lanzó al aire, y Jasper la atrapó. La envolvió en un abrazo de oso. Emmett colocó una mano en su hombro y presionó un beso en la frente de Katie.

—Hola, amor —dijo Jasper, echándose un poco hacia atrás.

Katie besó su mejilla y se giró para hacer lo mismo con Emmett. Ella jadeó y señaló su mano.

—¿Estás lastimado? Oh, no.

—No duele mucho —respondió él, levantándola para que ella la inspeccionara.

Katie tomó su enorme mano entre sus pequeñas y la examinó, pasando sus dedos por el yeso. Ella se inclinó y la besó.

—Ya está.

La sonrisa de Emmett fue adorable y su voz brusca cuando habló.

—Gracias, hermosa niña. Se siente mucho mejor ahora.

Jasper se aclaró la garganta, dándole a Katie un brinco para apartar su atención de los ojos llenos de lágrimas de Emmett.

—¿Cómo estuvo hoy y ayer?

Katie echó un vistazo entre él y Emmett, su expresión ahora cauta. Edward flexionó sus puños a sus costados, instantáneamente a la defensa. En la escuela que él trabajaba, a menudo había visto la perspectiva de un niño cambiar rápidamente dependiendo de las reacciones de sus padres. Una actividad que habían disfrutado de repente se volvía aburrida cuando veían el desdén en un padre. Un logro orgulloso sería menospreciado cuando un padre no expresaba entusiasmo o, peor, si le decían que podría haberlo hecho mejor.

—Mis abuelos están armando todas las cosas que el abuelo Carlisle me compró —dijo ella, probando las aguas.

—Eso es increíble —comentó Emmett, sonriéndole—. ¿Quieres contarnos sobre ello?

Ella se alegró.

—Me regalaron muchas cosas geniales. Mi cama es como una litera con escalones en vez de una escalera, porque no me gustan las escaleras. Pero en vez de tener una cama abajo, hay un escritorio.

—Suena sofisticado.

—¿Quieren verla?

—Por supuesto —contestó Jasper, dejándola en el suelo. Ella tomó la mano de él y la de Emmett.

—Vamos. Se las mostraré. La abuela y la tía Alice colocaron planetas y estrellas en el techo. Es muy hermoso. —Había un saltito en sus pasos mientras los llevaba hacia adentro. Y encontré un ventilador que tiene estrellas también. El abuelo Carlisle dice que lo colocará cuando venga de visita la semana que viene.

Edward exhaló profundamente. Los siguió a los tres. Si todo salía bien, cenarían todos juntos. Entonces Emmett y Jasper se irían, y Katie pasaría otra noche con Edward y Bella. Con suerte, sería una noche mejor que la anterior.

~0~

—¿Mami?

Bella levantó su cabeza del lavabo, estaba lavándose los dientes. Escupió y se limpió la boca.

—¿Qué pasa, tesoro?

Katie rio en respuesta, y el sonido de su risa hizo sonreír a Bella. Ella había estado callada desde que todos se fueron. Bella simplemente esperaba una repetición de la noche anterior.

—¿Por qué tienes un cuarto diferente al de mi papi?

Bella casi se atragantó. Esa era una pregunta que había estado temiendo y no había anticipado que llegara tan pronto. Seguramente la mente de Katie estaba ocupada con otras cosas. Ella se recuperó mientras golpeaba su cepillo de dientes contra un borde del lavabo. Se aclaró la garganta.

—Eh…

—¿Tú y mi papi están casados?

—No. No lo estamos.

Katie frunció el ceño, intentando descifrar eso.

—¿Están divorciados?

—No, cariño. Jamás nos casamos.

—¿Por qué? ¿Acaso no amas a mi papi?

Qué pregunta.

—Sí, amo a tu papi. Pero hay diferentes tipos de amor. Hay más del matrimonio que el amor. —Colocó un brazo alrededor de los hombros de Katie y la llevó a sus brazos—. Pero está bien. Los dos estamos aquí contigo, amor. Y vamos a estar aquí para ti.

Katie no respondió nada a esto. Envolvió sus brazos alrededor de ella, descansando su cabeza a su lado.

Después de un momento, Bella tomó a Katie y la sentó en la encimera. Hizo que se cepillara los dientes.

Cuando los dientes de Katie estuvieron limpios y ella en sus pijamas, Bella la tomó de la mano y la llevó hacia el cuarto de Edward, que se encontraba sentado en la cama, leyendo.

En vez de despedirse por la noche como quería hacer, Katie se trepó a la cama, se metió debajo de las mantas y se recostó al lado de la pierna de Edward. La expresión de asombro en su rostro hubiera sido divertida si Bella no se encontrara asombrada también.

—¿Qué haces, cariño? —preguntó Edward, echándole un vistazo.

—Quiero dormir aquí esta noche.

—E-Está bien —dijo él, mirando a Bella para chequear si ella pensaba que fuera una buena idea. Ella se encogió de hombros, ofreciendo una sonrisa pequeña e intentando esconder su decepción. Ella había esperado secretamente que Katie no quisiera dormir sola esta noche.

—Tú y mami.

Bella se estremeció, y observó a su hija.

—Katie, no…

Katie llevó sus grandes ojos hacia ella.

—Por favor, mami. Por favor.

Oh, diablos. La niña tenía un arma secreta. Bella echó un vistazo a Edward, tímida e insegura. Ellos habían dormido en la misma cama esa mañana, pero fue diferente en cierto sentido. Había sido de día.

Bella soltó un bufido. Sintió sus mejillas sonrojarse, y eso era ridículo. ¿Qué diablos iban a hacer ellos con una niña entre ellos?

Fue algo reconfortante que las mejillas de Edward se encontraran tan rojas como las de ella. Pero estaba sonriendo, una sonrisa divertida. Ambos sabían que estaban siendo manipulados. Edward dio unas palmadas a su lado en la cama.

—Vamos, mami. Ven a la cama.

Edward y Bella volvieron su atención hacia Katie por un momento, observándola. La noche anterior ella había comenzado a retroceder de a pasos. Primero estaba esa mirada pensativa—la misma que tenía ahora—entonces, su labio inferior temblaba, y finalmente había rogado ser llevada a casa hasta que volverse loca.

Esperando consolarla antes que todo eso comenzara de nuevo, Bella rascó la cabeza de Katie. Ella tenía recuerdos vagos de cuando se quedaba en la casa de su abuela Marie cuando era muy pequeña. Ella recordaba cómo los dedos de su abuela se movían entre su cabello para tranquilizarla.

Edward, sintiendo que Katie comenzaba alterarse, comenzó a tararear suavemente. Era una canción suave, y le llevó unos minutos a Bella reconocer de dónde venía. Era la canción que Carlisle cantaba para sí mismo cuando pensaba que nadie lo escuchaba.

Ella se preguntaba si era algo que había consolado a Edward de niño. Era extraño y maravilloso pensar que quizás, dentro de muchos años cuando Katie tenga su propio hijo, ella recuerde la forma en que sus padres la consolaban cuando estaba mal. La unión de una familia. Así como ella podía verse a ella misma y a Edward en los rasgos de Katie, ¿sería ella capaz verlos en su personalidad?

La paternidad era algo enorme.

Sus esfuerzos funcionaron. Katie se mantuvo calmada. Ella bostezó, se acurrucó más contra Edward—pateando a Bella en las canillas en el proceso—y se quedó dormida.

—Uf —dijo Edward un minuto después—. La niña se contonea.

—Se sacude, creo que es la palabra correcta. —Bella se encontró con los ojos de Edward—. Puedo volver a mi cama, si quieres. Eso te dejaría lugar. O puedo llevarla a la mía.

—¿Es eso lo que quieres? —Estiró una mano al igual que esa mañana, y colocó un mechón de pelo detrás de la oreja de Bella—. No estoy incómodo. ¿Tú lo estás?

—No. —Eso era lo extraño. Hace tan solo unos meses, ella se había mudado sola, lejos de su padre y de sus hermanos por primera vez en seis años. Era irreal estar aquí en esta cama con Edward y su hija. Irreal, y aun así no era incómodo. Ella estaba cómoda con él.

Bella sonrió.

—Bueno, odiaría pensar qué diría Katie si no le hiciéramos caso.

—Ella sabe lo que quiere.

Ante eso, la sonrisa de Bella se esfumó.

—Creo que desea lo que ella tenía, a sus padres en la misma cama.

—Eso es entendible —dijo Edward, y Bella podía ver que estaba eligiendo sus palabras con cuidado—. Demasiado ha cambiado. Ella busca familiaridad donde sea que pueda encontrarla.

Bella musitó.

—Eso puede volverse interesante.

Edward rio—un sonido amargo.

—Sí. —Rascó el cabello de Bella como ella había hecho con Katie no mucho antes. Ella cerró sus ojos ante la corriente que su contacto emanaba, pero suspiró, tranquila—. Duerme, Bella —dijo él, su voz ronca al susurrar—. Comienzo a darme cuenta que los padres necesitan dormir tanto como pueden. Jamás sabes lo que pueda pasar mañana.