Buenas!

Semana complicada tuve, pero ya está el capítulo listo.

La señorita que siempre se cambia el nombre: Si, lo único que falta es que Jerry y Anna la adopten.

Christine: La tendrás.

Sakura: Le pareció mejor que matarlo. Ya va a ver que hace Chris.

Wolf: No sé si hice lo correcto al poner partes del libro en lugar de hacer mi propia narración, pero bueno, a vos te gustó, ¿no?

Bueno, ese clase de tipos son los más cobardes.

Cucaracha no, escarabajo, pero bien lo pudo haber hecho.

No, así no pasa en el libro porque hasta el septimo libro no se entera Harry, así que no.

¿Que le viven ocultando cosas? Bienvenido al fandom de Harry Potter XD

Capítulo veinte

Harry

El saber que el sanador Snape había sido amigo de su madre tuvo a Harry muy ansioso. Solía pasar por el primer piso y quedarse mirando la puerta de su despacho, por si había regresado. No fue hasta el martes por la noche, cuando lo vio sentado en la mesa de profesores, cenando al lado del profesor Snape. Parecía que había un poco de tensión entre ellos.

Con el corazón martilleándole con fuerza en el pecho y el sudor frío corriéndole por la espalda, esperó a que el sanador se retirara para levantarse él también. Le dijo a Ron y Hermione que tenía que hablar con el sanador Snape y que era un asunto muy privado. Ellos pusieron sus peros, pero al final lo dejaron ir, advirtiéndole que no fuera demasiado duro con él.

Harry subió las escaleras y se quedó en frente del despacho del sanador. Al principio dudó, había llegado hoy y seguramente lo único que quería era dormir, pero se animó y golpeó la puerta.

—Adelante.

Harry abrió la puerta y se encontró al sanador Snape en el sillón, tocando la guitarra. La chimenea estaba encendida y estaba muy cálido

—Estaba dándole un concierto a Loki —le dijo, señalando a su gato negro, quien estaba acurrucado a su lado, mirandolo—. Normalmente es el único público que tengo, además de Severus. ¿Me permite? Quiero tocar esta canción.

Antes de que Harry pudiera responder, el sanador comenzó a rasgar las cuerdas de la guitarra.

Tu sonrisa ilumina cualquier lugar

Pero tú solo piensas como me vas a usar

Esta vida es sólo un toma y daca

Yo he confiado ciegamente en ti

¿Y que has hecho tú por mi?

De tus promesas, solo he recibido las migajas

Con la misma piedra me tropiezo

Y otra vez comienzo

No es la primera vez que pasa

Esta es solo una de tantas

Mañana seguirás mintiendo con tus palabras

Te ves como una persona normal

Pero sé quién eres al final

No quiero verte nunca más la cara

Ya lentamente estoy aprendiendo

Que eres un ser horrendo

El sanador dejó de cantar y le sonrió.

—Creo que ya ha tenido suficiente de mis canciones políticas—apartó la guitarra a un lado y le señaló una silla para que Harry se sentara—. Remus me dijo que me estaba buscando. ¿Hay algún problema?

Harry no se sentó. Caminó hacia él y le extendió la foto que había sacado del álbum. El sanador la tomó y examinó la foto, sorprendido. Incluso acarició la foto con los dedos por un momento

—¿De donde sacó esto? —preguntó, después de unos segundos de silencio.

—¿Es usted? —le preguntó.

El sanador Snape apartó la mirada de la foto hacia Harry.

—No voy a insultar su inteligencia, Potter, así que le diré que sí, soy yo el de la foto.

—Usted me mintió. Me dijo que apenas había conocido a mis padres —lo acusó.

El sanador cerró los ojos, casi con dolor.

—Lo siento —mumuró

—¿Por qué lo hizo?

El sanador evitó su mirada.

—No quería que nadie pensara que tenía un favoritismo hacia usted —dijo.

Harry tuvo la sensación que no era del todo cierto, pero decidió callarse.

—Cuenteme de ella, por favor. Nadie me ha dicho mucho sobre ellos.

El sanador pareció pensarlo por unos momentos antes de hablar.

—Era talentosa, popular, con mucha energía —el sanador echó la cabeza hacia atrás, recordando el pasado—. Tenía una especie de carisma que atraía a todo el mundo, ¿sabe? Muy amable, con ideales sólidos, pero también tenía su carácter. Cuando estaba de mal genio, había que esconderse, porque tenía una lengua afilada y era una excelente duelista —hizo una pausa y luego miró a Harry a los ojos, con melancolía—. Sé que fue una excelente madre el poco tiempo que te tuvo. Te amaba, Harry.

A Harry no se le escapó que el sanador lo había llamado por su nombre. Se sentó a su lado, manteniendo la distancia.

—En los últimos años la he visto muy poco, pero estuvimos en contacto durante la guerra a través de cartas. Estaba feliz de que estuviera en San Mungo estudiando, pero preocupada por lo que me podía llegar a pasar. No quería que yo fuera un número más de la lista de muertos. Al final sobreviví, pero… —dejó morir la frase y se quedó en silencio, mirando al techo.

—¿Usted también conoció a mi padre? —preguntó Harry, con cautela. Sabía que el profesor Snape y James Potter se odiaban a muerte.

El sanador volvió a cerrar los ojos, como si intentara contener algo en su interior.

—Si —su tono de voz fue bastante seco.

—Dumbledore me dijo que mi padre y el profesor Snape se odiaban.

—Si, es cierto.

—¿Usted también lo odiaba, verdad?

El sanador Snape aspiró profundamente por la nariz.

—Me estás haciendo preguntas que no quiero responder, Harry.

Harry consideró esa respuesta como un sí.

—No hace falta que responda…

—De todos modos creo que ya sabes la respuesta —el sanador sonrió con tristeza.

—Si conoció a mi padre, conoció a Sirius Black, ¿no?

El sanador asintió.

—Si, lo conocí en el colegio.

—¿Usted sabía que era mi padrino?

El sanador, que había estado muy tranquilo, se giró de manera brusca hacia él, entrecerrando los ojos.

—Ron y Hermione escucharon la conversación del sábado en las Tres Escobas —aclaró Harry, apresurado. El sanador asintió en señal de que le creía, pero no parecía del todo convencido.

—Era cuestión de tiempo que lo supieras —le dijo—. Si, lo sabía. Tu madre me lo dijo.

—¿Por qué todo el mundo me oculta cosas? —estalló Harry—. ¡Mis padres murieron por culpa de un traidor!

—No querían causarte dolor —explicó el sanador—. Dado a que pareces ser bastante impulsivo, seguramente querrías atraparlo tú mismo para vengarte, ¿me equivoco?

Harry no dijo nada, pero le temblaban las manos. El sanador Snape continuó

—Harry, entiendo que quieras hacer justicia por mano propia, pero tus padres no sacrificaron su vida para que mueras a los trece años en busca de un psicópata que los traicionó. Esto es odioso de decir para mí, pero deja que los adultos se encarguen de esto.

—Los adultos no han sido de gran ayuda —gruñó Harry—. Lo único que han hecho es mentirme, ocultarme cosas y no creerme cuando les digo que las cosas van mal.

—Así que realmente quieres ir a buscar a Sirius Black, ¿eh? —le dijo, en un tono burlón que a Harry le molestó.

—¿Y qué si quiero hacerlo? —le respondió Harry, frunciendo el ceño.

El sanador se levantó del sillón y le sonrió de manera torcida.

—Si te crees con la capacidad suficiente para atrapar a un convicto de Azkaban, creo que enfrentarte a un sanador será pan comido para ti — lo desafió, con tono casual. Se alejó unos pasos, con la varita en la mano—. Adelante.

—¿A que se refiere, sanador? —preguntó Harry, confundido.

—Tengamos un duelo. Si eres capaz de desarmarme, yo mismo te ayudaré a vengarte de Sirius Black. Levántate y toma tu varita.

Harry lo miró como si estuviera loco.

—Sanador, yo no…

—Insisto. Será una buena práctica para ti. Dudo que el club de duelo de Lockhart haya sido de mucha utilidad —se burló.

Harry se levantó, muy despacio. El sanador Snape era profesor de Encantamientos y sabía que no tenía ninguna oportunidad, pero había sido retado y ya no podía echarse atrás. Se puso a distancia de él y empuñó la varita.

—¿Listo? Intenta desarmarme —lo animó el sanador.

Harry intentó usar el expelliarmus, pero antes de pronunciar siquiera la segunda sílaba, el sanador hizo un movimiento con la varita y se la arrancó de las manos. Su varita cruzó el despacho y terminó en la mano izquierda del sanador.

—Felicidades, estás muerto —le dijo alegremente—. Todo el esfuerzo que hicieron tus padres para que vivieras se han ido por el caño. ¿Estás satisfecho?

Harry sabía que tenía razón, pero no quería rendirse.

—El no tiene una varita —dijo Harry de golpe, en un intento por justificarse—. Podría reducirlo fácilmente.

El sanador le arrojó su varita, con una sonrisa que a Harry no le gustó.

—¿Ah, si? —el sanador dejó su varita encima del escritorio y volvió a su lugar—. Tienes razón. Ahora intenta atacarme. Adelante, estoy desarmado

—Pero sanador…

—Hazlo —le ordenó, dejando a un lado su tono risueño y burlón.

Harry se concentró. Intentó usar Petrificus Totalus para inmovilizarlo, pero el sanador movió la mano, dijo palalingua y la lengua se le pegó al paladar, impidiéndole lanzar el hechizo.

—Un mago hábil puede hacer un hechizo no verbal o incluso sin la varita —recitó el sanador Snape, como si estuviera dando una clase. Hizo otro movimiento con la mano y la varita de Harry voló hacia el profesor—. Has muerto otra vez. ¡Finite incantatem!

La lengua de Harry se despegó del paladar con un chasquido. El sanador Snape lo miró, ya con más seriedad.

—Sirius Black era un mago habilidoso en el colegio y vaya a saber las cosas que pudo haber aprendido en el Lado Oscuro. ¿Quieres ir a buscar tu propia muerte? Ve, supongo que el hecho de que tus padres hayan dado su vida por ti es menos importante que tus deseos de venganza.

A Harry se le formó un nudo en la garganta.

—Él me está buscando —le dijo, con la respiración entrecortada.

—Y tú quieres ir corriendo a su encuentro. No lograrás nada, excepto que te mate y eso es exactamente lo que Black quiere, matarte. El Ministerio… hay mucha gente capacitada que lo meterá en Azkaban.

—¡Azkaban no le afecta! ¡Usted sabe eso!

El sanador frunció los labios.

—El Ministerio sabrá qué hacer con él cuando lo capturen —dijo, con un tono muy neutro haciéndole parecer al profesor Snape.

—¡NADA VA A SER SUFICIENTE! —estalló Harry—. ¡POR SU CULPA NO TENGO PADRES Y HE TENIDO UNA EXISTENCIA MISERABLE! ¡USTED NO TIENE IDEA POR LO QUE YO HE PASADO!

El sanador asintió.

—Tienes razón. No tengo idea por lo que has pasado en tu vida. Lilly me habló de su hermana, creo que se llamaba Petunia. No se llevaban muy bien, que yo sepa. Creo que tenía envidia porque ella quería ser una bruja.

—Pero ella odia la magia…

—Envidia a los que tienen el don para hacer magia —el sanador caminó lentamente hacia él.

—Como sea, quiero enfrentarme a Sirius Black.

El sanador lo tomó de los hombros y lo miró de manera tan amenazadora que quiso retroceder.

—Si yo quisiera, Harry, podría matarte ahora mismo, con o sin magia… Soy sanador, sé todos los puntos débiles del cuerpo y bastaría un solo golpe preciso para romperte el cuello como si fuera un escarbadientes. Imagina lo que podría llegar a hacerte Sirius Black ¿Es que aún no lo entiendes? ¡Piensa! Te lo he repetido varias veces, pero lo único que te importa es querer morir como un héroe en lugar de vivir como tus padres hubieran querido.

—¡Nunca sabré lo que querían porque no los conocí!

—¡Pues yo sí y puedo decirte que ellos te hubieran querido a salvo! ¡Deja de actuar como si no tuvieras nada por qué vivir! Aquí tienes unos amigos que te quieren y no desean verte muerto. Entienden tu dolor y yo también lo hago pero, ya seas el Elegido o no, eres un niño, ¿entiendes eso? Un niño que tendría que estar aprovechando las vacaciones de Navidad y no en salir en busca de un traidor. Eso es lo que ellos querían para ti.

No supo en que parte del discurso del sanador sucedió, pero Harry estaba llorando. El sanador aflojó un poco la presión sobre los hombros y lo atrajo hacia él en un abrazo. El profesor de Encantamientos era bastante alto, así que su cabeza solo llegaba al estómago. Solo Hermione y la señora Weasley lo habían abrazado, pero esta era la primera vez que alguien lo hacía para reconfortarlo. Sintió sus dedos delgados acariciando su espalda y su cabello. Nadie había hecho eso con él, jamás. Si lloraba lo golpeaban más fuerte y lo encerraban en la alacena, pero el sanador no haría nada de eso.

Harry se aferró al sanador y lloró como nunca había llorado, apretando su cara contra él, lastimándose con el marco de sus anteojos. Años de represión de sus emociones salieron a borbotones y no podía frenarlas. El sanador no pronunció ni una sola palabra y se quedó allí, reconfortándolo. Pasaron minutos o tal vez horas hasta que finalmente se separaron.

—¿Quieres tomar algo, Harry? —le preguntó, como si no hubiera pasado nada. Le agradó.

—Por favor.

El sanador Snape fue hasta un armario y sacó una lata de ginger ale. La abrió y se la dio a Harry. Este la tomó casi de un solo trago. Estaba natural, pero aún así calmó el ardor en su garganta.

—Te acompañaré a la sala común —dijo, cuando se terminó la lata—. Hay poca gente en el castillo y no es bueno que estés dando vueltas tu solo.

Salieron del despacho y subieron las escaleras despacio, como si el sanador Snape se estuviera tomando su tiempo.

—Gracias por todo su apoyo, sanador.

El profesor soltó una leve risa.

—Sanador esto, sanador lo otro… cuando estemos solos, me puedes llamar Christopher. Habiendo sido amigo de tu madre, creo que me lo he ganado.

Harry le sonrió, un poco incómodo.

—Es un poco raro llamarlo por su nombre.

—Lo sé. No tienes por qué hacerlo si no quieres. ¿Te molesta que te llame Harry?

—No, claro que no —se apresuró a decir—. El profesor Lupin también lo hace.

—Entonces te seguiré llamando Harry.

Harry pensó en la foto que le había mostrado.

—Oiga, sanador… ¿Quiénes eran los demás que estaban en esa foto?

—A una ya la has conocido. Fue la profesora suplente de Pociones cuando yo estuve enfermo. Mi hermano y yo todavía somos muy amigos de Amaranta.

—¿Y la otra chica? Elizabeth.

—Elizabeth murió hace años, antes de siquiera terminar el colegio.

—¿Fue por la guerra?

—No. Se suicidó.

La tensión que hubo después de eso hizo pensar a Harry que tal vez no debió preguntarle.

—Lo lamento mucho.

—No te preocupes por eso.

Harry quiso cambiar un poco el tema.

—Si usted era amigo de mi madre, ¿quiere decir que el profesor Snape y ella se conocieron?

Los pasos del sanador se hicieron más largos.

—Apenas —murmuró

Llegaron a la torre. El sanador se acomodó la cola de caballo y dijo:

—No te metas en problemas, ¿si?

—De acuerdo.

El sanador Snape se alejó y Harry se lo quedó mirando. Había descubierto más de lo que creía, no solo sobre su madre, sino del sanador Snape. Si antes había sentido simpatía por él, ahora le agradaba mucho más


Christopher llegó a su despacho. Había subido y bajado varios pisos y no estaba agitado como hacía un par de meses atrás, cuando sentía que iba a morir en las escaleras. Abrió la puerta de su despacho y se encontró con Severus sentado en el sillón, con Loki en su regazo.

—Severus, ¿sabes lo que es la privacidad, verdad?

—Dejaste la puerta sin ningún hechizo de protección, idiota.

Christopher lanzó un bufido y se sentó a su lado.

—¿Qué quieres? ¿Regalo de Navidad por adelantado?

—Hablé con Dumbledore hace un momento. El padre de Larson desapareció.

—¿Ah, si? Debe estar borracho por ahí en casa de alguna amante…

Severus levantó la varita y conjuró un muffliato.

—¿Qué le hiciste?

Christopher se rió.

—Nada.

—Jerry y tú estaban planeando hacer algo. ¿Lo mataron?

—No está muerto.

—¿Entonces que hiciste con él?

—Nada.

—¿Qué. Le hiciste? — dijo Severus, en forma pausada.

—Mientras menos sepas, mejor. Conténtate con que no está muerto.

—Te van a meter en Azkaban.

—Mientras no lo sepan, da igual lo que haya hecho con él.

—Christopher…

—De acuerdo, de acuerdo. Lo transformé en un escarabajo y lo tengo encerrado en una caja de vidrio irrompible en un armario. ¿Feliz?

—¿Qué hiciste qué? ¿Y lo tienes aquí?

—Nadie sospechará de mi, Severus. Soy solo el profesor de Larson, ni siquiera somos de la misma casa. Soy un sanador respetable y profesor de Hogwarts y están todos ocupados con Sirius Black. ¿Qué van a hacer? ¿Requisarme el despacho?

—Puede ser peligroso. Si por alguna casualidad se llega a escapar…

—Terminará aplastado por algun estudiante, dudo que alguien se de cuenta que es un humano —Christopher estiró los brazos, relajándose—. Te estás preocupando de más.

—Solo no quiero que termines en Azkaban.

—Descuida, todo saldrá bien. Si al final del año escolar siguen sin encontrarlo, Jerry podría quedársela.

—No se la darían a un squib.

—Un squib con influencias en el ministerio y una esposa sanadora. No es que vaya a haber una fila de gente para adoptarla.

Severus se tapó los ojos con una mano.

—Estás loco, Chris.

—Lo sé. Relájate.

—¿Me puedes mostrar al tipo?

—Por supuesto.

Christopher se levantó, abrió el armario, sacó la pecera y la apoyó sobre el escritorio. Era una caja pequeña de vidrio en realidad, de unos veinte centímetros de largo. Tenía tierra, un par de hojas, una tapita con agua y unos pequeños pedazos de fruta cortada. El escarabajo negro se apresuró a esconderse bajo las hojas.

—Aquí tienes al prisionero —le dijo Christopher—. ¿Te gusta? Tiene todas las comodidades. Todos los días le cambio el agua, vigilo que coma, aunque si se deja morir de hambre ya es cosa suya.

—Pudiste habérselo dejado a Jerry —comentó Severus.

—Jerry lo hubiera aplastado cinco minutos después de dejárselo, así que preferí hacerme cargo. La muerte es demasiada piedad, ¿no te parece?

—Si, estoy de acuerdo.

Christopher volvió a guardar al escarabajo dentro del armario y luego le preguntó:

—Severus, ¿Larson vivirá lo mismo que un humano o tendrá la esperanza de vida de un escarabajo?

—Hasta donde yo sé, los humanos transformados tienen la misma esperanza de vida de un humano, pero no estoy seguro, la transformación no es precisamente mi fuerte. ¿Sabes cuanto tiempo vive un escarabajo?

—Me fijé en algunos libros de la biblioteca de Jerry y dicen que es depende de la especie. No estoy seguro en que tipo de escarabajo lo transformé. Lo que sí se es que mientras más tiempo esté transformado, su mentalidad se volverá más como la de un insecto. Olvidará que es humano muy pronto.

—¿Cuánto tomará eso?

—Un par de semanas. Si lo hubiera transformado en una rata, habría sido aún más rápido.

Se quedaron en silencio, solo con el ruido de los ronroneos de Loki sobre las piernas de Severus. Para cambiar de tema, Christopher dijo:

—Lori y Gary están pasando las vacaciones de Navidad por primera vez aquí.

—Nosotros nos quedamos aquí, no tienen motivos para irse. Será la primera Navidad que no pasamos en casa —comentó Severus.

—Lastima que están muy ocupados estudiando.

—No perderán la oportunidad de entrar en nuestros despachos, no te preocupes por la falta de atención.

Christopher hizo un gesto como si se hiciera el ofendido.

—¿Acaso me crees que soy una diva?

—Eres una diva.

Christopher le dio la espalda.

—Espero que haya un buen regalo bajo el árbol de Navidad por este agravio.

—Si, si, tendrás el vestido de lentejuelas que querías.

Christopher se le tiró encima, espantando a Loki, intentando hacerle cosquillas. En menos de un minuto los dos se estaban revolcando en el suelo, jugando como cuando eran niños, olvidándose por una vez que eran adultos.