Con el fin de distraer y sacar a Gabriel de su despacho, Adrien y Marinette acuden a la mansión Agreste junto con Minnie para tener una reunión familiar con el viejo diseñador. Sin embargo, una súbita advertencia los saca de la casa a las carreras y pronto se ven en una situación de peligro… ¡GRACIAS POR LEER!
DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Toons y quienes hayan comprado las respectivas licencias. Assassin's Creed es del mismo modo, propiedad de UBISOFT. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.
ADVERTENCIAS
La plaga todavía no ha sido purgada de estas tierras.
Cuídense y cuiden de otros. Mantengan la distancia, lávense las manos y a resistir como mejor podamos.
Abróchense los cinturones.
Puede haber spoilers de la tercera temporada.
MIRACULOUS CREED
Capítulo 20: Investigación interrumpida
Mansión Agreste. París.
Cinco días después.Viernes, 13:16 hrs.
Desde que casi fuese akumatizada, habían pasado prácticamente dos meses, poco más o menos. Todo ese tiempo había sido sabiamente invertido por los asesinos, quienes no perdieron la oportunidad de enseñarle a Marinette todo lo que sabían. Bueno, no digamos que la diseñadora era una novata, que 10 años siendo la heroína de París alguna experiencia deja. Julián se reía solo, contando que cuando conoció a Adrien la primera vez y los pusieron a entrenar juntos, rápidamente quedó claro quién de los dos tenía más destrezas, aún sin usar el prodigio. Si bien él había sido entrenado toda su vida como asesino, Adrien tenía a todas luces mucha más experiencia de calle debido a su papel como Chat Noir.
Instruir a Marinette no estaba resultando nada difícil, aunque aprender lo de la vista del águila se le iba a hacer cuesta arriba, pues ya de por sí la heroína era buena jueza de carácter y se apoyaba mucho más en sus habilidades de observación que en destrezas que rayaban en lo sobrenatural.
Julián también había comentado que Adrien también tuvo problemas con la vista del águila. Y los seguía teniendo cada tanto, pero eso era transversal a todos los asesinos.
—Cambia la cara, Adrien, ¡tenemos una misión!
—¡Argh, ya sé!
Marinette le dio un codazo a Adrien, quien tenía a Minnie en sus brazos. La relación entre ambos había crecido mucho los últimos meses y como pareja todavía no tenían una pelea significativa. Discusiones menores ya habían tenido un montón, pero nada grave que no se solucionara en el momento. En cuanto a Marinette y Minnie, Adrien le estaba confiando mucho más a su hija y ambas estaban pasando cada vez más tiempo juntas, aunque todavía no llegaban al nivel de que la niña pasara la noche al cuidado de Marinette… iba a pasar pronto, pero no todavía.
—No debimos traer a Minnie. ¡No la quiero cerca de Gabriel! Menos si resulta ser Papillón —rezongó Adrien con bastante aprensión— No me gusta estar aquí.
—Chaton. Tenemos que salvar apariencias. Dijiste que traerías a tu hija y aquí estamos. —Marinette se sopló el flequillo— Incluso dijiste que estarías aquí conmigo y ¡mírame nada más!
¿Recuerdan la cena que Adrien había cancelado gracias a la casi akumatización de Marinette? Bueno, a la final nunca reagendó, pero conforme avanzaron en la investigación de Papillón, se hizo necesaria una excusa para ir a la mansión. Ergo, se había dado a la tarea de retomar la reunión familiar y reagendar la cena… que tras muchos malabares terminó siendo un almuerzo, al que había accedido a asistir con Minnie y con su novia.
—Te pudiste haber negado a venir y nadie te habría culpado.
—Eso solo si no hubiéramos estado en medio de una investigación. ¡Es mi misión inaugural, chaton! De lo contrario no hubiera venido. Tenemos un papel qué…
—¡¿Me habrías dejado solo?! ¡¿Con Gabriel?! —exclamó Adrien impactado, quien se volvió indignado a su hija— ¿Puedes creer a tu madrina, Minnie? ¡Me iba a dejar solo con ese tipo!
—¡Gato dramático! ¡Y no dudes que sí te habría dejado solo! —Marinette lo miró divertida— Sobrevivirías, ¡Eres un gato fuerte!
—Gracias. Supongo.
La pareja finalmente se animó a llamar a la puerta para anunciar que estaban ahí y que los dejaran pasar. En aquellos días habían tenido la oportunidad de poner sobre la mesa tanto las pistas de Marinette como las de Adrien, y si bien no llegaban a nada conclusivo, era evidente la dirección que tomaban. Gabriel era Papillón, solo necesitaban las pruebas que lo confirmasen y que no fuese evidencia circunstancial. Para conseguirla, necesitaban infiltrarse en la mansión Agreste, sin dejarse en evidencia y teniendo entre manos una muy buena coartada…
… por eso, mientras Adrien, Marinette y Minnie jugaban a la familia feliz, Julián y Mariya se infiltrarían en la mansión, específicamente en el despacho de Gabriel y verían qué podrían averiguar. Estaban convencidos que por ahí debía estar la entrada a una habitación secreta y no saldrían de la mansión hasta encontrarla, por lo que necesitaban que Marinette y Adrien mantuvieran a Gabriel lejos de su despacho todo lo que pudieran. ¿Y qué mejor que una visita familiar después de AÑOS sin verse? ¿Por mucho que hubiera costado reagendarla y coordinarla?
—Mansión Agreste. Identifíquese —se escuchó la voz de Suzanne mientras la cámara de seguridad se activaba. La pareja puso su mejor sonrisa.
—Soy Adrien Agreste y familia. Tenemos una cita con Gabriel Agreste.
—¡Ah, Joven Agreste! Lo estábamos esperando.Un momento.
La cámara se cerró y la puerta se abrió casi de inmediato, dejándolos pasar. Marinette tuvo que sofocar la risita nerviosa que le provocó el anuncio de Adrien, pero bueno. Mientras cruzaban el portón y caminaban hacia la entrada de la mansión, rápidamente observó sus alrededores.
¡La mansión estaba tal como la recordaba! Como si no hubiera pasado ni un solo día. Quizás los cambios más notorios es que había mejores cámaras de vigilancia y que la seguridad estaba mucho más actualizada que antes, lo que no era de sorprender. Cuando por fin entraron en el edificio, la luz del hall pareció consumirlos por momentos y se sintieron como si hubieran retrocedido en el tiempo, pero no. Allí estaba Gabriel, a media escalera, algo más encorvado de que costumbre, esperando con clínica paciencia. Todo rastro de Adrien en esa casa, que era bastante mínimo cuando él vivía ahí, había desaparecido (incluso el cuadro familiar). Cuando dejaron de mirar a su alrededor, el Gorila cerró la puertas tras de ellos, vieron a Gabriel a los pies de la escalinata, y junto a él, en lugar de Nathalie, estaba Suzanne junto con quien supusieron que era la niñera. Caminaron en silencio hasta llegar frente al diseñador.
—Adrien.
—Gabriel.
—Me alegra que hayas podido venir —la mirada de Gabriel se detuvo unos instantes en ambas Marinettes— ¿Mademoiselle Dupain–Cheng?
—Monsieur Agreste. Es un gusto verlo.
—Usted se hizo humo. Prometía mucho tras su graduación del colegio, pero nunca más vi sus diseños —comentó con algo de cizaña, muy propia en él. Marinette tuvo que darle un discreto codazo a Adrien para evitar que se enfrascara en una discusión con su padre tan pronto. Gabriel fijó su mirada en la pequeña en brazos de su hijo y que se chupaba una mano— Y sin embargo noto un aire especial en este vestido… ¿Su trabajo?
—Oui Monsieur. Minnie ha probado ser una estupenda modelo —dijo Marinette con orgullo mientras le arreglaba algunos flecos a la niña —No reclama por los vestidos que le pongo.
Minnie estaba en su pose usual, apoyada en el pecho de su papá muy tranquila. SE quedó viendo a Gabriel con ojos muy atentos, mientras chupaba su mano. Era la primera vez que estaba ante ese hombre y en ese lugar: se sentía un poco tímida.
—Se nota que ha dedicado esfuerzo en diseñar: lástima que no exhiba su talento —Gabriel miró a Adrien, quien estaba en silencio, aunque era evidente que contaba hasta un millón en su mente— Todo parece indicar que es mi nieta, Adrien. ¿Me equivoco?
Adrien tomó una bocanada de aire y la contuvo. No estaba para nada contento con la situación, pero tenía que ser profesional. Se acomodó a Minnie en los brazos y se dejó seducir por la imagen de Marinette quien le arreglaba el vestido a la pequeña, mirándolo amenazadoramente cada tanto para que se portara bien. Suspiró… ¡cierto! Todavía ni siquiera presentaba a su familia como era debido…
—Sí, Gabriel: esta pequeña es mi hija, Marinette Agreste Tsurugi —se apresuró en decir Adrien—Y aquí Marinette es ma petite amie.
—Curiosa coincidencia de nombre. Sin mencionar que cambiaste rápido a la madre de la pequeña.
Marinette tuvo que darle otro codazo a Adrien, esta vez no tan discreto, para evitar que se peleara con su padre y arruinara la misión. ¿A qué estaba jugando Gabriel? ¿Era de normal así de amargado o se estaba esforzando? Por su parte el diseñador sintió algo en el pecho, quizás un latido rancio de corazón, que le dejó en evidencia que sí había extrañado a su hijo y que la presencia de su nieta sí le provocaba algo. Mejor dejaba de antagonizarlo y pasaban a la sala.
Quizás era envidia lo que sentía… había extrañado a su hijo, de pronto le dolió no ser parte de su vida, pero verlo con una linda novia del brazo y con su propio retoño le causó mucha envidia. Como que le daban ganas de destruirlo y…
—Señores, por favor, la sala está por aquí: ahí estarán más cómodos —intervino Suzanne, antes de volverse a la chica que la acompañaba— Ella es mademoiselle Lucy Bleu, la niñera… se hará cargo de la niña durante la jornada.
—Buenas tardes, es un gusto.
—¿Dejarla? —Adrien ajustó su agarre.
—¡No seas aprensivo, mon petit ami! —exclamó Marinette, mientras tomaba a Minnie en sus brazos y la aseguraba— Quisiera revisarle el pañal y ver donde van a estar… ¿Es posible, Monsieur Agreste?
Marinette miró a Gabriel con una sonrisa capaz de iluminar la ciudad. Adrien tuvo que reprimir un tic en el ojo: sabía que el plan de su novia consistía en echar un vistazo, aunque eso significase dejarlo a solas con su padre. ¡Por si fuera poco Gabriel asintió!
—La niñera le indicará donde. Sus antecedentes fueron revisados: pueden confiarle a la pequeña.
—¡Genial!
—Por aquí mademoiselle.
Tras intercambiar unas rápidas formalidades, Gabriel y Adrien fueron guiados a la sala por Suzanne mientras Marinette y Minnie fueron llevadas por Lucy a la que había sido la antigua habitación de Adrien, ahora convertida en una habitación de invitados y desprovista de todos los detalles que habrían indicado que por años había sido el cuarto de un adolescente. Lucy Bleu resultó ser una chica encantadora y Minnie rápidamente congenió con ella. Su pañal fue revisado y la dejaron a cargo de la niñera, que por una vez no le dio mala espina a Marinette.
—¡Qué casa tan extraña! Aquí hay gato encerrado… —pensó Marinette mientras caminaba de regreso hacia la sala —Me pregunto si les estará yendo bien a Julián y a Mariya —pensó segundos antes de volver con su gato.
En honor a la verdad, el almuerzo estuvo perfecto: el chef se lució preparando la comida y cuidado hasta el más mínimo detalle. No hubo quejas en ese sentido, pero la conversación fue bastante más tensa de lo esperado y requirió un enorme esfuerzo por parte de Adrien (y varias amenazas veladas en la forma de puntapiés y codazos) de no retirarse tempestivamente y prometer no volver nunca más en la vida. Esas ganas de salir corriendo se aliviaban en parte cuando le tocaba ir a ver como estaba Minnie: la caminata le permitía desestresarse un poco y ver a su hija en buenas manos, en serio la niñera tampoco le causaba mala espina, lo aliviaba. Incluso esas escapadas le dieron la oportunidad de poder saludar al Gorila, quien estaba genuinamente feliz de volver a verlo.
El asesino, por cierto, estaba inquieto. Aun con todos los paseos hacia su ex habitación (tomaba turnos con Marinette) sentía que lo único bueno y puro en esa casa era su hija y la niñera. ¡Algo no le cuadraba! Y se notaba en su actitud, que rivalizaba con la antipatía que mostraba Gabriel en esos momentos.
¡Normal que lo hicieran! Pues Gabriel había hecho la inevitable pregunta sobre el origen de su nieta y Adrien se la terminó contando… claro, la versión endulcorada de la realidad, pero técnicamente ninguna mentira. ¡Obvio que la situación se iba a poner peliaguda!
—Mon Dieu! ¡Tienen el mal carácter calcado estos dos! —pensó Marinette mientras veía como padre e hijo se miraban igual de feo— ¡Se nota que son padre e hijo!
—Entonces, te encontraste a Kagami Tsurugi en quizás qué antro en Suiza y la embarazaste…
—Pfffff. ¡No empieces Gabriel! —rezongó Adrien rodando los ojos— Como haya sido lo evidente, terminé con Minnie en los brazos y no me arrepiento. ¡No voy a discutir nada sobre Kagami contigo o en esta ocasión…!
—¿Qué acaso le estás ocultando información a mademoiselle Dupain–Cheng?
—Marinette sabe todo lo que pasó entre Kagami y yo. ¡No le he ocultado nada! También lo sabe madame Tsurugi y al menos ella me apoya. Es una excelente abuela. No es información lo que le estoy ocultando a ma princesse, solo respeto la memoria de la madre de mi hija.
—No te crié así. Uno no va por la vida sembrando hijos en relaciones de una noche, menos cuando se carece de estabilidad laboral… ¡Eso es de mal gusto! ¿Y si mademoiselle Tsurugi no te hubiera dicho sobre la pequeña? ¿Si te la hubiera negado? ¡Qué par de irresponsables!
—Argh, por favor, Gabriel: ¡Cómo si nunca hubieras tenido rollos de una noche con mujeres!
Gabriel se quedó en pétreo silencio y quizás tuvo un tic nervioso. Marinette moría de ganas de palmearse la cara y se revolvió en su asiento, inquieta. Adrien abrió los ojos de sorpresa al cabo de unos segundos al notar la ausencia de sarcasmo por parte de su padre.
—¡¿Maman Fue La Única Que Te Dio Bola?! —preguntó horrorizado— Qué mal gusto tenía la pobre… ¡Y tú no me criaste!
—¡No seas insolente, Adrien! Y sí, te crié, te guste o no.
—Si le llamas criar a encerrar a la bendición en su cuarto… pues sí. —Adrien se sopló el flequillo— Como sea, me estoy haciendo cargo de mi hija y espero de corazón… —el gato le dedicó una dulce mirada a Marinette— … que mi novia aquí presente forme parte de nuestras vidas. ¡Ya es su madrina! Solo espero…
Marinette se tapó las mejillas y rió nerviosa, quizás por distender la situación, porque no lo pudo evitar o por querer cambiar el foco de la atención. Cada vez que Adrien le insinuaba cuál era su rol respecto de Minnie sentía una explosión de mariposas en el estómago. Y el gato lo sabía, conste. Con recato y disimulo, Marinette miró su reloj… fue en eso que notó un aroma muy… peculiar… casi imperceptible. ¿Acaso alguien estaba fumando?
—¡Uy! Miren eso: hora del biberón de Minnie…
—Voy a…
—¡Ni hablar! Me toca a mí,mon minou —ordenó Marinette con firmeza— Si me disculpa, Monsieur Agreste: tengo que atender a mi ahijada…
—¡Hay biberones en el bolso! —recordó Adrien, sin querer resignarse a pasar otro rato a solas con su padre.
—¡Yo me encargo!
Marinette no se tardó en salir de la sala y cruzar casi a zancadas hasta llegar a donde jugaba su ahijada. Arrugó la nariz al pasar cerca del despacho: el olor a cigarro parecía estar más intenso ahí, pero ni de casualidad miró en dirección de la oficina de Gabriel, para no elevar suspicacias. Curioso. Últimamente el olor a cigarro, junto con otros olores muy fuertes, se le estaba tornando muy desagradable y parecía notarlo incluso antes que otros.
Hubiera jurado que Gabriel no toleraba que se fumara dentro de la mansión.
—¿Pasa algo Marinette? —se aventuró en preguntar Tikki.
—Non. Ideas mías.
La chica siguió su camino y llegó sin mayor novedad a donde estaba Minnie. Entró en silencio, encontrándose que la pequeña dormía en un cómodo moisés provisto por la mansión y que Lucy leía sentada junto a ella. La chica sonrió al verla y bajó su lectura.
—Mademoiselle Dupain–Cheng. ¿Otra vez aquí?
—Sí, venía a ver cómo está Minnie.
—Su pequeña duerme muy bien, aunque debería ya estar despertando —Lucy se sopló el flequillo— Sospeché que es hora de un biberón, así que me tomé la libertad de enviar a calentar uno: ya deberían traerlo.
—¡Gracias Lucy! Ya me estaba preguntando cómo lo iba a hacer —Marinette se asomó al moisés solo para ver a la niña apenas comenzando a despertar— ¿Me das tu tarjeta? Para futuras ocasiones.
—¡Por supuesto! Le dejaré una en el bolso —Lucy sonrió con orgullo— Minnie es una peque muy buena, mañosa, pero bien cuidada. Se nota el que joven Agreste se ha esforzado. ¡Lástima lo de su mamá!
—Yo sé, pero hay que seguir adelante —dijo Marinette mientras le acariciaba las manitas a Minnie.
—Es una peque con suerte… y se nota que usted la quiere mucho. ¡Les irá bien!
Marinette hubiera querido contestarle algo a Lucy, pero en ese momento llamaron a la puerta. Cuando permitieron entrar, el Gorila le abrió paso al mayordomo, que traía en una bandeja el biberón de Minnie, envuelto en una servilleta de algodón. Lucy rápidamente tomó las riendas de la situación, tomando a Minnie en brazos y dejándola en los de su madrina, a quien ayudó a acomodarse mientras probaba que la temperatura del biberón fuera la correcta. Una vez que se lo pasó y la pequeña se hubo prendido, se apresuró en correr las cortinas para que no entrara tanta luz y en despedir al mayordomo para que las dejara en paz. ¡Un servicio de lujo! Y mejor aprovechaba que seguro los honorarios de Lucy eran carísimos, por lo que esto sería cosa de una sola vez, sobre todo con su sueldo y el de Adrien combinados.
¡Eso no importaba! Marinette se concentró en acunar a Minnie mientras le daba de comer, incluso aprovechando para tararearle una melodía. Como que sentía un calorcito especial en las tripas cuando tenía estos momentos con su ahijada, algo dentro suyo parecía derretirse… se sentía feliz.
—Tú tienes que ser menos ansiosa para comer: en dos suspiros te tragaste todo el biberón. ¡Tardaron más en calentarlo que tú en comerlo! —reclamó Marinette muy divertida, una vez que Minnie hubo succionado toda la leche.
—¡Agú!
—Suele pasar con los pequeños —Lucy confesó mientras tomaba a la niña en brazos y comenzaba a sobarle la espaldita— es cosa de darles tranquilidad… ah, por cierto… ¡ese sobre estaba dirigido a usted!
Marinette miró en la dirección que Lucy le señalaba: no lejos, sobre una mesita, había un sobre sellado con su nombre manuscrito. Enarcó una ceja y se acercó para tomarlo, deteniéndose unos instantes en revisar su naturaleza, solo para descubrir que se trataba de un triste papel… que se tornó más interesante al revisar el reverso: en vez del remitente, tenía una nota también manuscrita.
—Abrir después que termine de alimentar al bebé —leyó Marinette en voz alta— ¿Quién trajo esto?
—Err… No lo sé. —confesó Lucy— Venía en la bandeja: el mayordomo no supo en qué momento lo dejaron junto al biberón y como el Gorila no se alteró… supuse que estaba bien… ¿Sucede algo malo?
—Non, ¡solo es curioso! —un escalofrío le recorrió la espalda a Marinette. Bien podría tratarse de algo malo o quizás algún mensaje de Julián o Mariya comentándoles novedades, pero… no reconocía la letra. Con manos firmes, la abrió la leyó.
…
—GASP—
Marinette debió tener mucha autodisciplina para que sus facciones no se tornaran en horror.
De regreso con Adrien y Gabriel, el par de inmaduros no había hecho más que ser muy pasivo agresivos el uno con el otro. Suzanne, quien se mantenía lo bastante cerca como para escuchar, pero lo suficientemente lejos como para darles privacidad, simplemente no lo comprendía. ¿Acaso su jefe no tenía ganas de recuperar la relación con su hijo? ¿Y entonces porqué lo trataba así? Se sopló el flequillo, comenzando a considerar que el Chef y el Gorila habían tenido la razón todo ese tiempo cuando le contaban que Gabriel nunca tuvo exactamente una relación filial con su único hijo. A juzgar por lo que había visto hasta ahora, no le sorprendía mucho que digamos.
—En serio no puedo creer que hayas querido hacerte cargo de tu hija. ¿En serio no consideraste dejarla con su abuela?
—Gabriel: ¡Minnie es mi hija! MI responsabilidad. ¡No la iba a dejar con su abuela nada más porque podría estorbarme!
—Para criar están las mujeres. Además no sé qué tipo de trabajo tendrás en ese laboratorio del que hablas, pero si quieres llegar a alguna parte…
—… A donde sea que vaya, voy con mi hija. ¡Y con Marinette! Pfff. ¿En serio? ¡Con razón prácticamente me crió mi maman!
—Era su trabajo. Yo traía dinero, tu madre se encargaría de ti. ¡No podía hacer las dos cosas! ¡Sabes bien que no me gusta la gente!
—Lindo saber que solo fui un estorbo.
Gabriel tomó aire para retrucar, pero algo en su fuero interno lo detuvo. Era una voz al fondo de su cerebro que le decía que mejor tuviera cuidado con sus palabras, si quería recuperar a su hijo. Tenía que dominar su mal genio y tratar de ganar su confianza. Después de todo, eventualmente obtendría los miraculous de Ladybug y Chat Noir algún día y podría pedir su deseo… y para eso necesitaba a Adrien para ofrecerlo en sacrificio. Mejor trataba de encontrarle la razón o…
—¿Huh? —el teléfono de Adrien vibró y de inmediato le prestó atención— Disculpa, es del trabajo…
—¿Eso como lo sabes?
—Porque mi teléfono personal está en el bolso de Marinette —gruñó Adrien mientras abría la mensajería. Enarcó ambas cejas con sorpresa.
—¿Ocurre algo? —preguntó Gabriel al ver como su hijo erizó la espalda y palideció un poco.
En verdad sí pasaba algo: era un mensaje de Marinette, una simple palabra. ABORTA.
—Hablando del trabajo… hay una emergencia en el laboratorio —Adrien se puso de pie y enfiló rápidamente hacia la salida— Tengo que atenderlo…
Antes de que Gabriel pudiera reclamar, su hijo cruzó la sala dando varias zancadas y enfiló hacia la puerta principal. Por instinto, Gabriel lo siguió lleno de curiosidad. ¿Qué podría ser tan importante? A medio camino Adrien se encontró con Marinette, quien venía con Minnie en los brazos, como si no pasara nada.
—¡Adrien! ¡Vieras lo que hizo Minnie! —exclamó la diseñadora como si no tuviera otra preocupación en la vida —¿Le muestras a tu papi?
—¡Mis amores! Luego me muestran… tenemos que irnos. —dijo Adrien mientras sujetaba a Marinette del brazo y enfilaba hacia la salida más cercana.
—¿Qué pasó? —preguntó Marinette fingiendo inocencia.
—Emergencia en el laboratorio. ¡Nos vamos!
—¡Pero las cosas de Minnie!
—¡Luego!
—¡Puedo pedirle al Gorila que los lleve y…!
—No gracias: una colega nos recogerá a unas cuadras de aquí. Viene en camino.
Aunque hubiese querido, Gabriel no logró sacarle más información a Adrien: éste tenía bien sujeta a Marinette del brazo y la arrastraba fuera de la mansión hacia la calle. Gabriel se quedó ahí en la entrada de la mansión con ganas de rascarse la cabeza lleno de curiosidad, sobre todo cuando se fijó que la pareja había tomado una ruta muy poco probable. ¿Qué había sido todo eso?
—¿Monsieur? —preguntó Suzanne parpadeando. Junto a ella estaba la niñera y el Gorila.
—Supongo que tuvo que atender una urgencia en el trabajo —explicó Gabriel recuperando la compostura— Suzanne, encárgate de que le hagan llegar las cosas de mi nieta a mi hijo o a su novia.
—Así se hará señor.
—Me retiro a mi despacho. Que no me molesten por lo que queda de la tarde.
—Respecto a eso, Monsieur —comenzó a decir Suzanne— Me informó el mayordomo que hizo pasar a su despacho a una comitiva de industrias Abstergo. Lo esperan desde hace media hora para conversar con usted.
La sorpresa en el rostro de Gabriel fue evidente.
—¡Creí haber dicho que no quería a esa gentuza de vuelta en la mansión!
—Por eso usted debía saberlo. Fueron muy convincentes y no hay forma de sacarlos de ahí. —explicó Suzanne algo aprensiva. Gabriel apretó los puños.
—¿Es que tengo que hacerlo todo yo? —el hombro enfiló hacia su despacho a pisotones, dispuesto a sacar a los de Abstergo de su casa a como diera lugar— Yo me encargo de esto. ¡Y Despide al mayordomo!
Mientras tanto, Adrien y Marinette trataban de alejarse lo más posible de la mansión, privilegiando los callejones más que las calles principales. Ni bien se perdieron de vista, Marinette le entregó el mensaje que había recibido a Adrien, quien gruñó asustado ni bien lo leyó. "Abstergo está en el despacho. Los van a emboscar: ¡salgan lo antes posible!". ¿Cómo fue que no se habían dado cuenta que los templarios los estaban cercando? ¿Tan concentrados habían estado en atrapar a Papillón que no se percataron de aquello? ¡Que Chasco! ¿Y quién diantres habría enviado ese mensaje? La posibilidad que fuera tan solo un ardid para sacarlos de la casa y llevarlos directo a una trampa estaba latente y ambos estaban muy asustados, no tanto por ellos, o por Julián y Mariya, esos dos sabían cuidarse, ¡Sino porque Minnie estaba con ellos! La niña en esos momentos estaba en los brazos de su papá y no entendía mucho. Ver y sentir a su papá tan nervioso comenzaba a asustarla, y añadir a eso que su madrina estaba de los nervios tampoco la hacía feliz. Aferró sus manitas a las ropas de su papá e hizo pucheros.
—¿Alguna noticia de Julián o Mariya?
—¡Ninguna! A estas alturas ya deberían habernos contactado. A menos que…
—¡No Digas Nada! Tan solo se retrasaron.
—¡Eso espero en verdad! Saben cuidarse bien, pero… —Adrien se acomodó a Minnie. Caminaba acelerado por aquellos callejones, con la vista muy afilada en busca de algún sitio en donde transformarse en forma segura— ¿Percibiste algo diferente en la mansión?
—Olor a cigarro.
—¡Gabriel no fuma y no permite…!
—¡Justamente! —Marinette también tenía toda la adrenalina a full por su sistema. Por instantes miró hacia arriba— Adrien, tenemos que subir a un punto más alto —sugirió como buena catarina que era— Estamos muy expuestos ¡Tenemos que transformarnos antes que…!
—¡Lo sé! ¡Tenemos que hacerlo ahor…!
Adrien se detuvo de golpe y retrocedió un paso cuando se encontró de narices con una pistola apuntándole a la cabeza. Sintió como Marinette pegó su espalda contra la suya y levantaba los brazos. Él aferró a Minnie con más ahínco y la pequeña comenzó a amenazar llanto. Antes que se dieran cuenta estaban rodeados por templarios que les bloqueaban todas las salidas posibles, incluso desde lo alto. Y no eran los usuales tres.
—¡Ya basta de hacerme correr! —reclamó Lila de pronto— ¡Se van a quedar quietecitos los dos y nos van a acompañar!
—¡Ya quisieras, Volpina! —se burló Adrien frunciendo el ceño.
Lila solo apretó los dientes, entrecerrando los ojos con fiereza, pero sin bajar el arma. Se notaba que la habían hecho correr, lo cual los llevaba a pensar que el mensaje no había sido una elaborada treta para sacarlos a la calle y así atraparlos mejor, sino que en efecto había sido una advertencia. Y era verdad: Lila nunca se esperó que Adrien y Marinette salieran como alma que lleva el diablo de la mansión y había tenido que hacer malabares para procurar la captura de esos dos.
—No me hagas reír, Adrichou, tengo los labios partidos —protestó Lila quitando el seguro del arma— Ya que estamos aquí, van a venir conmigo o…
—NO queremos —interrumpió Marinette— Nos vamos, que no tenemos nada que hacer con ustedes.
—¡Fuera De Nuestro Camino! —siseó Adrien, pensando a mil por hora como enzarzarse a golpes teniendo a su hija en brazos. Minnie estaba gimiendo asustada.
No, estaban en clara desventaja, pero ¡No se iban a dejar llevar así nada más!
—¡No están en posición para discutir! —exclamó Lila, al tiempo que los demás templarios se preparaban para disparar. La cacofonía de seguros que se soltaban les erizó el espinazo—. Vienen por las buenas… O por las malas.
Adrien irguió la cabeza desafiante y sintió como a sus espaldas, Marinette bajaba los brazos a una posición defensiva, dispuesta a pelear. Esto iba en serio: estaban entre la espada y la pared y no parecían tener una salida clara. Lila tuvo un tic en el ojo: esto iba a ser más difícil de lo planeado, pero si este par de imbéciles estaba dispuesto a hacerle la vida de a cuadros, ella podía ponerse bastante más maldita incluso.
—¡Tú lo pediste, Agreste! —exclamó segundos antes de dejar de apuntarlo, solo para bajar el arma a la cabeza de Minnie…
—¿Agú?
—¡Esto Estorba De Todos Modos!
Lila se dispuso a jalar del gatillo. La adrenalina nubló los sentidos de Adrien, quien vio en rojo y antes de darse cuenta, su musculatura pareció actuar por sí sola y se dispuso a proteger a su familia.
¡BANG, BANG!
Resonaron sordos balazos en aquél callejón, mientras el caos se desataba.
Continuará.
Por
Misao–CG
Publicado el sábado 25 de julio de 2020
Próximo capítulo: Tour Montparnasse
"… Maldijo en ruso y golpeó la pared cuando vio a los vehículos alejarse. Julián se dejó caer al suelo: tenía raspones en la cara y también parecía haber estado en aprietos muy graves. Supo que habían fallado cuando vio el estado de Mariya y la desesperación en sus ojos…
… la ansiedad se les instaló en el cuerpo cuando de pronto vieron las manchas de sangre en el piso.
—¡Me lleva la…!
—¡Deja eso para luego, Julián! Tenemos que ayudarlos y…
—¿Mariya Korsakova? —preguntó alguien de pronto a sus espaldas— ¿Julián Blanchet?
Los delicados pasos apenas fueron percibidos, pero tanto Julián como Mariya desplegaron sus hojas ocultas y se giraron sobre sus talones, dispuestos a enfrentar a quien se les había acercado tanto. Se quedaron de una pieza al ver a Nathalie, acompañada de su esposo y del Gorila…"
Notas finales: Pues… sí, el adelanto del capítulo pasado era justo el final de este capítulo, que como ven… terminó de una manera bastante abrupta. Lo dicho, espero que este capítulo les haya entretenido lo suficiente y agradezco que le hayan hecho juicio a la recomendación de ajustar el cinturón de seguridad. Traten de no aflojarlo.
LO QUE ME RECUERDA… Lean el fic Apariencia y Realidad de Abby Lockhart1, que les aseguro que los va a tener en la punta de la silla. =D … Y tengo franco miedo de lo que se nos avecina en ese fic.
Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. Del mismo modo, estoy aprendiendo esto del uso del guion de diálogo y salí más cabeza dura de lo esperado, así que un poco de paciencia en lo que aprendo. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!
Haces bien en abrocharte ese cinturón, Buttercup77, mira que fueron los últimos capítulos tranquilos en mucho tiempo. Ten, croissants para resistir la plaga y ¡GRACIAS POR LEER!
