¡YAHOI! Bien, aquí va el de hoy. Sinceramente, esto de publicar todos los días me deja sin novedades para compartir, así que... ¿buen verano a todos?
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
¡Espero que os guste!
Prompt de hoy: BDSM.
Advertencia: sexo explícito y no convencional.
Sí, amo
Se recostó contra el mullido y cómodo sillón que había en la habitación. Se relamió los labios y posteriormente bebió de una copa de vino, paladeando con deleite el agridulce sabor del vino. Sus ojos azules se recrearon con la hermosa vista que tenía ante sí, justo sobre la enorme cama de dos plazas.
Estaba gratamente sorprendido―y excitado―de que ella estuviese aguantando y cumpliendo sus órdenes a la perfección, solo por el simple deseo de complacerlo. Aunque no se engañaba: porque sabía que ella también lo disfrutaba. A fin de cuentas, así había empezado todo aquello, con un acuerdo mutuo en el que ambos se beneficiaban de la compañía y el tacto del otro. De los besos compartidos y las caricias propinadas entre gemidos, quejidos y suspiros.
Aunque, claro, de eso hacía ya varios años…
Dejó la copa de vino sobre una mesita cercana y se levantó. Sus pies descalzos apenas hicieron ruido sobre la gruesa alfombra que cubría el suelo. Ella no se movió ni un ápice, a pesar de estar seguro de que había percibido su movimiento. Rodeó la cama a pasos lentos, mientras evaluaba con una mirada apreciativa la preciosa imagen que tenía ante él.
Se acercó al borde de la cama y agarró parte del sedoso cabello negro azulado en un puño, haciendo una fuerte presión hacia abajo, para indicarle así lo que deseaba, lo que necesitaba desesperadamente.
―Baja la cabeza. ―Ella lo hizo, siempre obediente. Contempló con marcada satisfacción la coronilla inclinada, el excitante pedazo de tentadora piel blanca en la elegante nuca que el cabello había dejado ante su vista al caer hacia delante por culpa de la bendita gravedad. Se llevó las manos a la cinturilla de los pantalones ya desabrochados y se los bajó. Tomó su miembro hinchado con una mano, acariciándoselo un par de veces. Luego lo acercó a esa sensual y carnosa boca que lo volvía loco. La punta rozó los rosados labios y estos se separaron, anhelantes, mostrando lo que sus ojos vendados no eran capaces de reflejar―. Abre la boca. ―Obedeció y él no tardó en hacer que lo rodeara por completo. Su lengua lo acarició a todo lo largo y él gruñó. Hizo presión con la mano sobre el pelo que todavía mantenía entre sus dedos. Ella quedó completamente quieta y él disfrutó de ese poder que ejercía sobre la fémina. Curvó los labios en una sonrisa de placer al ver que su presa no se movía, ni siquiera trataba de aliviar la incomodidad de estar maniatada de pies y manos, con las cuerdas apretando su piel, dejando seguro un tentador tono rojizo en la blanca piel que le hacía la boca agua solo de imaginárselo―. Chúpala. ―La cabeza bajo él empezó a moverse, adelante y atrás, una y otra vez, a un ritmo lento y regular, poniéndolo a mil como solo ella sabía excitarlo.
Gruñidos salían de la garganta masculina. La joven ajustaba la cadencia de sus movimientos a cada segundo, adivinando lo que él quería. Lo conocía tan bien…
Detuvo su rítmico cabeceo y fue él esta vez el que empezó a empujar con fuerza, con dureza, obligándola a aceptar toda su longitud en el cálido y dulce interior de su boca.
Se separó de ella cuando sintió que llegaba al punto de quiebre. Tiró de su barbilla al tiempo que bajaba la cabeza; le dio un beso arrollador, destinado a desarmarla. Luego la tumbó sobre la cama, boca abajo, pero con la cabeza en la almohada y su redondo y tentador trasero hacia él. Acarició sus nalgas con una mano mientras la otra recorría sus muslos.
Finalmente, azotó la sensible zona, dejando un hermoso tono rojo adornando la lechosa piel. La golpeó de nuevo mientras rozaba su entrada. Ella no protestó, se limitó a aceptar todo lo que él le daba, lo que le hacía sentir, sin dejar escapar un sonido ni un quejido.
Acercó entonces su excitación al punto más caliente del cuerpo femenino y se hundió en este, sin contemplaciones ni miramientos. Empezó a embestir fuerte y duro, disfrutando al máximo del apretado interior que lo acogía una y otra vez, dándole la bienvenida dulcemente en cada envite.
Estaba cerca, podía sentir la sangre y la adrenalina correr por sus venas. Se recostó contra la espalda de su compañera de actividades, apresándola contra el colchón, hasta que su boca rozó su oreja:
―Gime para mí, Hinata. ―Obediente, la joven dejó de reprimirse y empezó a soltar sonoros gemidos que llenaron la habitación, aumentando así la excitación y la diversión―. Eso es, muñeca. Eres mi muñeca, ¿verdad que sí? Mi muñequita perfecta, al que puedo hacerle todo lo que quiera.
―Sí…
―¿Sí, qué?
―¡Sí, amo!―Él sonrió malvadamente y descendió gradualmente el ritmo de sus empujes, haciéndola gemir―. P-por favor, amo…
―¿Te atreves a suplicarme?―Le dio un fuerte golpe en los glúteos que la hizo gritar. Él acarició las marcas rojas de sus manos―. ¿Quién es tu dueño, dime?
―U-usted, amo, so-solo usted… ―Un gemido interrumpió su sexy tartamudeo.
―Eso es, muñeca. Solo yo tengo el derecho de poseerte, de acariciarte, de dejarte disfrutar de tus orgasmos y de mi polla… ―Acercó de nuevo los labios a su oreja para susurrarle―… Y solo yo tengo el privilegio de amarte, ¿no es así?―Le dio una embestida especialmente violenta que la hizo gemir audiblemente, su cuerpo suplicando por la tan ansiada liberación.
―S-sí amo…
―¿Sí, amo qué más?
―¡So-solo le pertenezco a usted! ¡Solo a usted!―Siguió embistiéndola a un ritmo lento, volviéndola cada vez más loca―. ¡Amo… ―El orgasmo estaba cerca, demasiado cerca.
Aumentó el ritmo de su movimiento, provocando la sensible carne de ambos cada vez más, llevándolos a los dos a la locura.
―Estás lista―sentenció él―. Ahora, ¡córrete!―Con un chillido de puro placer femenino, ella al fin alcanzó el clímax, atrapándolo entre sus paredes íntimas y haciendo que él mismo llegase al punto álgido de aquel acto tan placentero, clavándose hasta lo más hondo de su ser para no permitir que ni una gota de su esencia se desperdiciara sobre las blancas sábanas.
Se dejó caer sobre ella entre temblores, tapándola con su cuerpo. Suspirando temblorosamente de satisfacción, movió los brazos hasta alcanzar cada uno de los nudos de las cuerdas que la aprisionaban, soltándolo uno a uno y acariciando y masajeando las enrojecidas y seguramente doloridas zonas.
Cuando terminó de desatar todas las cuerdas, le dio la vuelta. Unos preciosos orbes perlados lo miraron y la boca femenina le sonrió, lánguidamente, denotando así el cansancio que sentía.
Sin decir palabra, la tomó en brazos y la llevó hasta el cuarto de baño privado de la habitación, dónde previamente había preparado un baño bien caliente, con esas sales aromáticas que tanto le gustaban.
Hinata suspiró al sentir que el agua caliente la rodeaba. Él se despojó de su pantalón en segundos y luego se unió a ella, sentándose tras su espalda. Hinata se recostó contra el pecho masculino y él la rodeó inmediatamente con sus brazos, estrechándola fuertemente contra sí.
―¿Estás…
―Estoy bien. ―Él suspiró con alivio. No podía evitarlo. A pesar de que llevaban años practicando sexo de esta forma tan poco convencional, no podía evitar preocuparse.
Al fin y al cabo, Hinata era lo más preciado y lo más importante que tenía en el mundo, lo único por lo que valía la pena levantarse y respirar.
―¿Naruto-kun?―llamó ella, al ver que él se quedaba inusualmente callado. Él le sonrió y le besó la cima de la cabeza, acariciando al tiempo su cintura bajo el agua.
―Te amo―le dijo; entrelazó una de sus manos con una las de ella y la levantó en el aire, moreno contra blanco―. Y quiero pasar el resto de mi vida a tu lado, amándote. Lo sabes, ¿verdad? Si tú… si tú me dejas'ttebayo. ―Hinata se recostó nuevamente contra él con los ojos cerrados, apretando la mano que todavía tenía entre la suya.
―No hay nada que desee más en el mundo que pertenecerle por completo… amo. ―Un escalofrío de excitación recorrió a Naruto.
Porque esas eran las mismas palabras que le había dicho exactamente cuatro años atrás, cuando la chica más dulce del mundo se cruzó en su camino. Quedó subyugado por su belleza y se propuso conquistarla, atraerla al lado oscuro con sensuales promesas de placer y lujuria.
Y ella se dejó arrastrar de buena gana.
Porque también había caído presa de las garras de la atracción… y del amor.
Y pensaba disfrutar cada día del resto de su vida, al lado del hombre al que amaba más que a nada ni nadie en el mundo.
Fin Sí, amo
No tengo idea apenas de BDSM, todo lo que sé es sacado de novelas y de alguna lectura que he hecho por mi cuenta, así que me disculpo si hay alguien aficionado al mundillo que haya visto errores o alguna burrada. Agradeceré cualquier orientación al respecto, de verdad.
¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:
Un review equivale a una sonrisa.
¡Muchísimas gracias por el suyo a: Marys! ¡Gracias, guapísima, por todas y cada una de tus preciosas palabras! ¡Te amodoro!
*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.
Lectores sí.
Acosadores no.
Gracias.
¡Nos leemos!
Ja ne.
bruxi.
